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viernes, 5 de febrero de 2010

Recuerdos de Discoplay

El miércoles San Blas. "Por San Blas, la cigüeña verás". La pareja de Villasrubias, la que tengo justo enfrente del Ayuntamiento, llegó la semana pasada. Ahí andan los dos, yendo y viniendo, de reparaciones, de acondicionamiento de la casa de verano, sin parar de acudir a ese gran Ikea natural que son la dehesa, el robledal. Iba a hacerles una foto en su nido sobre la bonita espadaña pero se me escapan. Al llegar a las ocho de la mañana se acaban de levantar, cuando saco la camara ya han marchado. Me gusta ver los preparativos, asistir cual "voyeur" al frenesí sexual y después de una buena temporada dándole al asunto, intuir los huevos, llegados directamente desde París; ahora, que lo mejor de todo son los inicios de las prácticas de vuelo de los dagalis, dale que te pego torpemente a esas alas encantadas, levantándose apenas un metro... hasta que se lanzan a su primer vuelo. Eso es purita magia.


Como ya os relaté el año pasado, en Ciudad Rodrigo, el día de San Blas se marcha en romería a La Caridad, un monasterio que hay a cinco kilómetros, a buscar la gargantilla que te protegerá de cualquier catarro y que deberás llevar al cuello hasta el Míercoles de Ceniza, día en que se quemará. Las meriendas de San Blas siempre estuvieron unidas a importantes melopeas, muchas risas y algún beso robado. Aunque de otra forma, es de las pocas tradiciones en las que sigo participando con entusiasmo.
Ahora aprovechas la tarde para charlar con los amigos y ponerte al día con los que ves menos a menudo. Con los años, algunos con menos pelo y todos más arrugados, cambian los temas, aunque seguro volvemos a contar por enésima vez aquel "San Blas" tan descacharrante. Unos cuantos jaramugos llevamos juntos desde muy, muy chiquitos, casi como hermanos. No importa que pierdas el contacto durante unos meses, nos conocemos tan bien que al instante te da la sensación de que mañana nos volveremos a encontrar en clase. De la merienda, ya os imagináis, dieta deportiva a tope: cayeron chorizo, morcilla, salchichón, huevos fritos con farinato, queso, tortilla.... Menos mal que ya hemos empezado a quemarlo.
Una de las conversaciones que surgió fue sobre el Discoplay. La mayoría de los que pasáis por aquí ya tenéis una edad así que imagino sabéis de qué hablo. Para los demás, someramente señalar que el Discoplay era una boletín de venta, fundamentalmente de discos, que llegaba a casa cada mes. Con esa edad, éramos terreno propicio para la siembra; deseabas que llegara y te costaba horrores decidirte por alguno de los discos ya que el bolsillo no daba para más. Todos en el insti comentábamos las publicaciones, llegábamos a acuerdos para abarcar lo máximo posible, pedir juntos para ahorrar gastos de envío y posteriormente hacer el pertinente mercadeo de cintas grabadas en las míticas cadenas o minicadenas de doble pletina.

En aquellos tiempos, ya tenía hambre por la música y me empollaba sus breves reseñas informativas. Aprendí mucho. Además era muy didáctico porque veías las portadas de todos los discos y ya los identificabas para siempre jamás.

En la actualidad en que un dagal tiene acceso a toda la música del mundo con un click, resultaría imposible explicarle lo excitante que era hojear sus páginas, echar cuentas, decidir, esperar una semana, mirar el buzón cada mañana , recibir el aviso del correo, llamar a los colegas y tener que esperar todavía un día más para ir a recoger el paquete. Recuerdo que en una ocasión se equivocaron y nos mandaron por error el "Too fast for love" de Motley Crue. Joder, lo íbamos a devolver pero al final aquello no sonaba nada mal. Alguna vez pedíamos alguna camiseta, en una ocasión tres del grupo de rockabilly, King Kurt. Nunca los llegamos a escuchar pero la prenda era muy graciosa, un perro borracho. Ya os podéis imaginar de qué ibamos, gamberros con buenas notas.


Sí, sí, cualquier tiempo pasado fue mejor, qué bonito y romántico, qué auténtico era todo.... hasta que volvemos a la realidad. En la huerta de los Risueños, lugar final de la merendola de SAn Blas, tienen radiocasette y unas cuantas cintas. El miércoles, una de ellas de pronto dejó de sonar, abrimos la tapa y... joder, ya estamos.... se había desmadejado toda...esto hace años hubiera sido un drama. Cuando hubo que enrollarla, ya no te parece todo tan guay.

Este impresentable es "El líder" (apodo de los años mozos) y a la sazón, jurista de prestigio. A mí parece que me ha dao un aire porque el Phaeton me dijo que me quedara quieto por lo del flash del móvil.

No sabía qué música poner, hay tantos discos de aquella época que descubrí con asombro, que me marcaron, que me hicieron bailar, que me llegaron tan dentro... Iba a poner el "Camino Soria" de Gabinete, alguna de los Smiths.... no sé, al final me decido por una canción de The Long Ryders que me encantaba. Además cuando llegó la cinta, recuerdo que también enviaron una chapa de la bandera de la confederación sudista (yo en tiempos era todo un rocker).

En aquélla época andaba yo muy metido en el NRA (Nuevo Rock Americano). Otro de los grupos era Green on Red. Como un día le dedicaré una entrada al movimiento, ya pondré una canción suya; hoy dejo una maravillosa pieza de Chuck Prophet, su líder, ya en solitario, muchos años después. "No other love". Cuatro sencillas frases, un suave y hermoso mantra para explicar qué es estar enamorado se repiten sin más o lo que es lo mismo: cómo encontrar la perfección con ligero equipaje, casi, casi sin buscarla. ¿Por qué somos capaces de ver tanto detrás de tan poco?

No other love
Mamma, I´m flyin´
I can go anywhere
Nobody can take me there


Aquí la de los Long Ryders, botos, tirantes camisas de cuadros, los más rurales de todo el movimiento. Ya habláré de ellos más detenidamente. Bufff... qué recuerdos. "Te quiero, te quiero mala"