Un mes sin escribir en el blog, algo que nunca había ocurrido desde que a finales de 2008 decidí comenzar con lo que ahora considero atolondrados artículos. Durante este tiempo, tampoco he escrito gran cosa fuera de este cauce. Después de los exámenes y de apresurados entrenamientos antes del Ironman, me enganché, desordenado y vicioso, a leer páginas y páginas del más variado pelaje, dejando de lado, de forma algo inesperada y sorprendente, por considerarlo ya algo consustancial a mí, mis ganas de contar.
Puede que fuera el inconsciente deseo de unas plácidas semanas de descanso antes de que el río se desbordara. A estas alturas la presa ya cedió y braceo en el torrente: ocho asignaturas, fin de grado, trabajo, curso de administración, portugués, entrenos... y subiendo.
Por si fuera poco, ahí seguimos, a falta de rematar un librillo y comenzar otros proyectos relacionados que me reconcomen y cuya comezón me impide dejar de rascar. No quiero que el blog se muera porque le tengo mucho cariño, porque me descubrió todo un mundo de amigos, me enseñó que escribir y compartir me ayudaba y de hecho fue parte de la terapia para salir del atolladero en el que durante años quedé atrapado.
Tengo algunos temas pendientes que tratar de forma inmediata y tal vez no muy escueta, como mi maratón cincuenta como punto y aparte en mi relación con el deporte, el Ironman de Huelva, el recorrido del Ultratail de las Hurdes, en grandes líneas ya decidido -que finalmente se nos irá a primavera-, algunos libros, películas, discos y demás temas clásicos por estas tierras, pero en general el propósito de este post es hacer saber mi intención de tratar de mantener el blog operativo tratando de escribir de forma regular pero con textos quizá más concisos, puede que poco más que apresuradas reflexiones sobre algún asunto. Por otro lado, es el signo de nuestro tiempo, acorde con lo que nuestro mundo demanda, en una peligrosa querencia por lo breve, separado por una difusa línea de lo que no exija esfuerzo o simplemente lo superficial.
Antes de dar el primer paso, sé que mis objetivos son utópicos, que mis planes y estrategias nunca llegan a buen fin, pero también sé que cuanto más quiero, más hago y que si bajo el ritmo, simplemente me detengo. Sin embargo, confío en que mantener esta ventana abierta sea una línea innegociable en mi vida.
Vale.