Anoche llegué de trabajar a las nueve y media. Me fui a correr a 45 minutos y cuando me
senté a cenar, me quedé como un clavo viendo el documental sobre la movida madrileña, "Frenesí en la Gran Ciudad", que emitía La 2.
La verdad que me encantó. Muy
interesante.
En general, estas interpretaciones a posteriori suelen ser
bastante sospechosas por poco rigurosas. Creo que la tentación de mitificación
es una constante y en muchas ocasiones se nos muestra más de lo que realmente
había. Por otro lado, es bastante evidente, como varias veces se pone de
manifiesto en el documental, que no
existía una escena homogénea y los nexos de unión, a menudo eran bastante laxos. Por no hablar de la gente que a estas alturas trata de subirse al carro.
Yo nací en 1970. Mi interés por la música explotó violentamente a los catorce ó quince años, justo cuando de común acuerdo, es costumbre firmar
el acta de defunción de la movida. Ya había tenido lugar la selección
natural y los grupos bandera habían perdido inocencia y espontaneidad en beneficio de profesionalidad, conquistando las cabezas de puente del éxito masivo.
Sin embargo, sí tengo recuerdos de chaval de actuaciones en
televisión de Ramóncín o Alaska mientras mi padre espetaba aquello tan
previsible de “drogaos” o “maricones” –
no os creáis, todavía lleva mal eso de hombres con pendientes-.
Justo cuando empezaba a salir por los bares, Gabinete Caligari con “Camino Soria”, Radio
Futura con “La canción de Juan Perro” y Loquillo con “Mis problemas con las
mujeres” se encontraban en la cima de su éxito.
Llegamos tarde pero rápidamente nos pusimos manos a la obra,
a investigar la discografía anterior. Aunque mi naturaleza siempre tenderá a la
búsqueda de caminos nuevos y a la contaminación, entonces aún no me conocía y trataba de ser otra persona. Yo quería, tenía que ser ”rocker” –tenía pelo y hasta gastaba tupé-,
buscaba una ortodoxia en la que nunca me acabé de sentir cómodo. Por eso andaba
yo más identificado con toda la obra de Loquillo, Gabinete –más por estética
que sonido- y Rebeldes o Desperados que no encajaban para nada en la escena.
Supongo que gracias a ello, algo pillé por los pelos y todo
lo que se cuenta sobre la movida no me resulta completamente ajeno. Llegué a los estertores. Aunque no era lo
mismo, recuerdo un tiempo donde todo parecía más excitante y libre, todo lo que podía ser en un pueblo del lejano oeste español. Ahora que
en Valladolid se plantean sancionar a las personas que vayan en bañador y
chanclas por la calle, recuerdo un tiempo donde no éramos tan europeos y todo estaba menos compartimentado, regulado y esterilizado por una sinfín de normas.
Supongo que debió ser maravilloso vivir aquel estado de efervescencia en Madrid aunque seguro que todos conocéis las víctimas de la
experimentación sin control, todos esos un poquito mayores que yo que se quedaron por el camino o a duras penas consiguieron volver del infierno. Resultaba curioso ver en el documental a los protagonistas en la actualidad. Cómo unos estaban machacados, cómo Ana Curra seguía estando fenómena o cómo Sabino, con eso de que ahora es medio “facha”, luce pinta de aristócrata y es dueño del mismo verbo fácil que le llevó a escribir algunas de las mejores canciones del rock español.
El documental se cerraba con una canción que recuerdo me
voló la cabeza en tercero de B.U.P., “Las
Calles de Madrid” de Loquillo. Además,
una de mis canciones favoritas de la época, “Más dura será la caída” de
Gabinete Caligari en interpretación reciente. Lástima que no haya econtrado concierto de la época.