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martes, 8 de mayo de 2018

Roma vincit


Buscando razones  para los sorpendentes resultados de las seminifinales de conferencia del este en los playoffs de la NBA, un 3-0 de Boston sobre Philadelphia, un 4-0 de Cleveland sobre Toronto. Por qué el errático Cleveland de toda la temporada barre a uno de los equipos revelación, por qué un Philadelphia destinado a dar más guerra, quiere pero no puede, brega para morir en la orilla.Si no será el rango de una franquicia como Boston o el de un jugador como Lebron lo que realmente pesa en el momento decisivo.

Ese intangible llamado galones, historia, ADN,  ascendencia, gen competitivo o aura que bendice a determinados equipos o franquicias además de a algunos competidores, ese casi destino que influye en los propios jugadores o en sus aficiones que solo se conforman con todo, también en los rivales y sus seguidores arrastrando perennes  frustraciones algo pueriles desde demasiados años, en los arbitrajes, en el entorno, en la simple suerte. Porque al final, la grandeza es lo que tiene, que te obliga a vencer y a aprender que en caso de caminar en el filo, el grande siempre gana.

Un tipo como Lebron o o Jordan se autoprograman para competir, y entonces, cuando se acerca el final de partido igualado, imagino al defensor algo vencido de antemano, sabiendo que ese perro, como ya ha hecho tantas veces, haga lo que haga por evitarlo la víctima,la va a volver a clavar en el último segundo.  Es lo que contaba el otro día Quique Villalobos en el documental sobre Petrovic, que nunca había tenido esa sensación, la seguridad de saber que jugando al lado de aquel prodigio, jugaras bien, mal o regular, ibas a ganar porque al final se la ibas a pasar a Petrovic y él la iba a meter.

Salir a jugar una final de copa contra el Barça de Messi o pelear contra Nadal en un partido por el título debe ser algo complejo de afrontar, debes aceptarte como un Sísifo ladera arriba, porque aunque te coprometas a muerte en la lucha por la victoria, siempre quedará un resquicio mental que socave tu fortaleza, un leve susurro amenazante que te diga que si no ganas tampoco pasa nada, que le ha ocurrido a casi todos; al final es Messi, al final es Nadal, nombres casi asociados a la invencibilidad de las águilas romanas en el campo de batalla, lo que al final les proporciona una gran ventaja antes de comenzar la contienda.

No veo fútbol, me aburre, solo algunos partidos de vuelta de los últimas rondas de la Liga de campeones, cuando se juegan algo de verdad,pero no hay más que ver el recorrido del Madrid hasta la final  este año para hacerse cargo de lo que quiero decir, de lo mucho que implica un nombre como el del Real Madrid. O aquella liga que ganó el úlitmo Capello -este sí daba el papel de centurión- en la que el Madrid, sin jugar a nada, ganando todos los partidos del final de temporada en el último minuto, fue capaz de recortarle una  diferencia al Barça que se antojaba casi definitiva para trincar una liga sorprendente. Ese intangible difícil de explicar y justificar que obliga a esas camisetas a algo más, a pelear hasta el último instante aunque ya no sirva para nada, aunque nadie entienda la razón.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Fútbol y sol, esas modas pasajeras


Visionario de la construcción europea o del poder iletrado de la masa, en otros temas estuvo acertado más en el diagnóstico que en sus previsiones. 

"Yo creo que esta reivindicación del cuerpo es una de las normas mejores de "nuestro tiempo". De ella han venido los llamados deportes y no tengo nada que decir contra éstos. Pero tras los deportes ha venido la exageración de los deportes, y contra ésta sí hay mucho que decir. Es uno de los vicios, de las enormidades contra la norma de "nuestro tiempo", es una de sus falsificaciones./Está bien alguna dosis de fútbol. Pero ya tanto es intolerable"

"Todo eso va a irse con mayor celeridad que vino. Todo, desde la manía del deporte físico (la manía, no el deporte mismo) hasta la violencia en política; desde el "arte nuevo" hasta los baños de sol en las ridículas playas a la moda".

(Ortega y Gasset, años treinta del siglo XX)

viernes, 9 de agosto de 2013

Las ansiadas Olimpiadas



Resta un mes para el gran día y progresivamente el tema se irá convirtiendo en el agujero negro que absorberá todo lo demás, en una de esas periódicas campañas atolondradoras que tanto disfrutamos. Unas palabras de aguafiestas, unas palabras a contracorriente.

La crisis ya se cuenta en años, todos los que llevan tratándonos de convencer de que debemos comportarnos como un país serio, de que olvidemos las ínfulas de antaño ("España va bien", "La Champions League de la economía", "el mejor sistema financiero del mundo") pero he aquí el intocable disparate que todo lo puede.

No me trago el mantra con el que nos bombardean a diario según la cual los Juegos no costarán un duro, que ya que está todo hecho. Organizar unos Juegos, lo mires por dónde lo mires, requiere dinero a espuertas, la habilitación de todas esas partidas que se recortan o eliminan a diario, ese dinero que se regatea a los más golpeados por la crisis cuyas condiciones debían ser el desvelo de nuestros gobernantes, ese dinero por el que claman nuestros investigadores en una forma de haraquiri retardado, ese dinero  que, en Madrid además, obliga a privatizar la Sanidad, a liquidar un sistema privilegiado que nunca volverá, porque nos han hecho asumir que no queda otra.

Nos cuentan que los Juegos son rentables; no se me alcanza cómo la han de ser para las cuentas públicas. Si se han investido a las cifras de déficit público del carácter de sacrosanto, no entiendo la justa excepción , el dispendio en instalaciones para la élite, de las que nunca se podrá beneficiar el deporte real -que luce poco-, el del vecino de a pie, el del chaval de barrio y cuyo mantenimiento ha de ser costoso por naturaleza y probablemente poco utilizado; no más que para  fastos de teles, los que le gustan al político, el deporte de las medallas, himnos y banderas, el de incluso proteger al atleta tramposo.

Se afirma sin sonrojo  que los Juegos prácticamente es lo que necesita España, lo que va a solucionar muchos problemas (!?), que es el estímulo que necesitamos. Construir futuros a base de parches se nos viene convirtiendo en todo un arte desde hace siglos. Cuando el tenderete se desarma, no cabe arrepentimientos sino la familiar búsqueda del culpable y el propósito de enmienda de corto alcance.

Somos un país pequeño que lucha por sobrevivir. No hay más. Sin embargo, aún no queremos creernos que la fiesta se acabó. Roma renunció a su candidatura. Nosotros seguimos en las mismas. El hecho de que los organizadores del guateque, con Botella a la cabeza, sean precisamente los que llevan años responsabilizando a la sociedad de vivir por encima de sus posibilidades, resulta sangrante. Pero hay que vivir, somos un país mediterráneo, alegre, presto a organizar Exposiciones Universales y payasadas del estilo, uno de nuestros grandes logros, cuyos desiertos de hormigón, pagados a buen precio a los de siempre, al reverso del político, son ya la mejor seña de identidad de España.

lunes, 18 de marzo de 2013

Héroes sin glamour

Quique González, en la estupenda entrevista que le hace Fernando Navarro, sin dramas ni resentimientos nos da cuenta del reverso de un par de personajes públicos que él admiraba y que en mayor o menor medida, le decepcionaron. Por un lado Johnny  Cifuentes de Burning, por otro Antonio Vega. Son hombres, es lo que hay.

A cuenta de ello unos párrafos sobre esa extraña relación con los ídolos, con esos tipos a los que una mayoría admira de forma incondicional. Esa absurda forma de interiorizar la dimensión pública de un personaje, trasponer su vida pública a su intimidad y considerarlos de una pieza.

En los días que vivimos, es el deporte el campo más fértil del que se nutre ese imaginario colectivo de héroes fuertes e indestructibles, pretendida fuente de valores de ley para  la sociedad de un país,   espejo para las generaciones en formación. 

Por principio, considero más que discutible la afirmación . Si eres honesto y mínimamente reflexivo, si consigues permanecer por momentos ajeno a todo el ritual de consagración diario de los medios de comunicación, a medida que dejes de ser un chaval, tus años y experiencia restarán brillo a esa pátina que cubría a ciertos personajes y que en algunos momentos llegó a parecer sobrenatural e inextinguible. Por mucho himno y medalla que me vendan, sabrás que las banderas no son más que trapos que no significan una mierda.

Sin embargo, me reto a mí mismo y me salen nombres del mundo del deporte a los que sí admiro desde la distancia, que bien podrían ser modelos. Alguno de primera línea, otros casi desconocidos.

Superpaco, del que ya he escrito en alguna ocasión, el rocoso abuelo andaluz que  a punto de cumplir 75 años , sigue puntual a su cita con los kilómetros de montaña. Este fin de semana en Cádiz tuve el privilegio de asistir verlo en acción. No lo conozco personalmente pero imagino  la incomprensión de su entorno cuando comenzó con estas aficiones. Nosotros somos pocos pero de la gente de su generación, ya me dirás. Una pasión que solo puede volar sobre una personalidad y una seguridad pétrea. 


Si tuviera que elegir alguien del Olimpo, elegiría a Del Bosque porque precisamente me parece un tipo capaz de mantener la cabeza fría en el centro de un mundo donde todo es vanidad y tentación. Nunca le he escuchado una declaración que no esté inspirada por el sentido común; ni entrar al trapo en los momentos difíciles, cuando las hienas afilan los cuchillos, ni mostrarse arrogante y vengativo, ni siquiera mínimamente reivindicativo cuando bien podía, a la luz de incontestables e irrepetibles triunfos. Lo despidieron del Madrid por no ser suficientemente "moderno" y ahora allí disfrutan de su antítesis, el tipo más engreído y vanidoso del mundillo -y ya es difícil-. Al menos la justicia poética existe y nada le privará de convertirse desde la sencillez, en un tipo legendario.


No sé si cabe incluirlo en el mundo del deporte popular, pero leyendo este fin de semana acerca del documental estrenado sobre Albert Casals, el chaval catalán parapléjico que recorre el mundo en su silla de ruedas, me trajo a la memoria a un participante anónimo con el que coincidí hace años en el Medio Ironman de Buelna. Para los profanos, esta es una carrera muy dura: casi dos kilómetros nadando en el mar, un quebrado recorrido de 90 kilómetros de bicicleta y una media maratón para terminar. Bien, la peculiaridad de este chico era que tenía un solo brazo. A menudo me acuerdo de él y pienso en a todo lo que tuvo que vencer  a lo largo de su vida para lograr colocarse ese dorsal.


Vivimos cercados por la consigna de que siempre hay que ser positivos, de que en nuestras manos está la felicidad, que no necesitamos más que actitud..  A grandes rasgos puedo estar de acuerdo, aunque a menudo, tanta filosofía de mercadillo, me carga. Hay un tiempo y un lugar para cada estado y hay veces en que el lado malo de la vida debe doler para aprender y seguir adelante.. Sin embargo actitudes como la de Albert Casals o ese triatleta anónimo no pueden ser más que inspiradoras para nuestra vida diaria. Nuestra vida es un continuo bregar con problemas  que a veces parecen asfixiarnos. Sin embargo, asistir a los ecos de esas vidas, me hace preguntarme si disponemos de las medidas adecuadas para calibrar la magnitud de los obstáculos que nos rodean. Me pregunto si yo tengo algún derecho a quejarme, si lo tengo a quedarme sentado y no pelear para poder cruzar la mirada en una zona de transición con un tipo duro de verdad, de de los de tebeo, con casi un Guerrero del Antifaz. 

Puede que la respuesta a la pregunta sea simplemente un poco de fe, esa que todos podemos rastrear.

po

sábado, 24 de noviembre de 2012

Tu otro corazón


Mientras corres, tu corazón poco a poco se convertirá en más grande,
Mientras pedaleas, tu corazón se hará fuerte para en cada latido, enviar más y más lejos cada gota de sangre,
Mientras nadas, tu corazón se frenará porque hace tiempo que no necesita volar como antes,
Mientras jadeas la montaña, tu sangre aprenderá a abrirse camino inventando vías y vasos, abrazando lejanos músculos que nunca imaginó

Mas no basta.

Mientras corres, mientras pedaleas, mientras nadas, mientras jadeas la montaña, necesitarás ese otro corazón,  esa otra sangre  que será la que te llevará más lejos aún, hasta esas metas con las que se sueña cada noche de invierno.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Yo fui hincha de River



Alguna noche, entre bromas, le planteaba a algún amigo futbolero una ocurrencia absurda, como siempre son las de madrugada entre cervezas: la de poner en marcha una tertulia sobre fútbol en la que requisito imprescindible para participar fuera el de no ver fútbol. La atención,  la sobreexposición, la cobertura es tan asfixiante y  desmedida que no es necesario ver partido alguno para defenderse charlando sobre el tema e incluso hasta pasar por experto.

Desarrollando la idea, se me ha ocurrido crear una sección en el blog: "Yo fui hincha de River".  Cuando se tercie, escribiré sobre deporte profesional, el que la sociedad considera deporte de verdad pero que yo entiendo más alejado del real, para mí, siempre el popular. Sinceramente, el deportista que más admiro es este.

Durante los últimos años he cambiado mucho en mi forma de pensar en muchos ámbitos, espero que para bien. Uno de los cambios más drásticos fue el de mi relación con el fútbol y  en los últimos tiempos, con cualquier retransmisión deportiva. Hace ya más de una década yo fui forofo al uso, blanco, para más señas. No me perdía ni un partido y siempre estaba pensando en el siguiente compromiso. Por eso entiendo perfectamente la creciente histeria colectiva y esas reacciones desaforadas que a veces sorprenden pero que la sociedad ha terminado por aceptar como normales.  No sé muy bien cuál fue la tecla que me apartó de ese absorbente mundo. Paradójicamente, cuanto más deporte practicaba, menos veía. Lo que cada día tengo más claro es que el tiempo del que dispongo lo prefiero emplear en otras aficiones por las que sí siento realmente pasión.

Durante los últimos tiempos, no es que no vea fútbol, es que el proceso se ha agudizado. Ya no veo nada. Yo procedo del baloncesto, en teoría estoy enamorado de este deporte y nunca creí que me desvincularía por completo de sus competiciones. Ni ciclismo, ni atletismo, ni tenis. No os digo ya de deportes de motor. En las Olimpiadas vi los 100 metros lisos porque menos de diez segundos efectivamente no te hacen perder mucho tiempo y la final de baloncesto. El último partido de fútbol, la final del Campeonato de Europa porque te sientes casi obligado. He de reconocer que disfruté porque ambos equipos jugaron como nunca imaginé que vería a selecciones españolas. 

Sin embargo, a pesar de situarme al margen, estoy al tanto.  Francamente es imposible no estarlo. No leo artículos de prensa deportiva forofa (tipo Marca y demás) cuyo sesgo en los últimos tiempos se me antoja hasta peligroso pero disfruto de verdad con artículos sobre el tema de gente que respeto, como Segurola o John Carlin.  Por no hablar de Nick Hornby, escritor alma gemela y que me hizo pasar tan buenos ratos con ese biblia del ultra futbolero que es "Fiebre en las gradas". Y es que el deporte es terreno fértil para extraer buen material o debería serlo. Es curioso que en el cine, si exceptuamos el subgénero del boxeo -que bien merecería un post-, no se hayan facturado grandes obras de verdad. 

A lo que iba, en esta sección escribiré sobre lo que me apetezca o lo que me sugiera alguna competición, deportista, cuestión, aunque siempre desde un punto de vista tramposo, sin haber sido testigo directo sino a partir de lo que me llega a cómo percibo algún sucedido, de esos que tienen tanto eco en nuestros medios periódicamente. Así que bien me podéis decir que no tengo ni idea y que no sé de qué hablo, aunque yo creo que la cosa puede dar juego.

Os dejo a un verdadero militante de trinchera, un vídeo descacharrante que la mayoría habéis visto pero con el que es imposible no reírse una vez más.

Vale.

viernes, 13 de julio de 2012

Cuando éramos reyes


Hace unos días leí una entrevista a Roberto Heras. Evidentemente le preguntaban sobre Armstrong, evidentemente le preguntaban sobre doping. No entraba al trapo, claro. Me llamó la atención el espíritu que se desprendía de sus palabras, el de  nostalgia de recuerdos irrepetibles. Las concentraciones en Texas, los inicios de la preparación invernal del Tour junto a uno de los ciclistas más grandes de la historia,,en etapas ya por entonces demasiado largas; cuando, congelados por el frío de los Alpes, completaban  hasta tres ascensiones consecutivas a puertos estrellas final de etapa.

Lo relacioné con otras declaraciones de Rijs, cuando en rueda de prensa reconoció  ir dopado cuando ganó su Tour (ese del que ya no le pueden desposeer), pero que nada le privaría de aquellos maravillosos recuerdos, culminados por la coronación en París. 

Me dio la impresión de que Heras explicaba sin explicar que puede haber drogas -que no queda otra, es deporte profesional-, pero que aún así, para ganar una vez, más para ganar cada año, hay que entrenar más que nadie y convivir con el dolor y el esfuerzo como compañeros. Estoico es una palabra "escasa" para definirlos. Imagínate hasta dónde llega el mérito si has superado un grave cáncer.

Se desprendía una admiración sin límite por Armstrong como atleta físicamente privilegiado, pero sobre todo con una mente portentosamente metódica y orientada cada momento de su vida  hacia un único fin: el que se define en apenas el minuto que dura un himno en los Campos Elíseos. Fue un honor cabalgar junto él y convertirse en parte de una leyenda.


Hay lo que hay pero siempre digo que no entiendo por qué cuando todo ha acabado, no cuentan la verdad sobre un deporte maldito, los bajos fondos tras el oropel. Yo no me siento legitimado para criticar comportamientos ajenos pero me gustaría conocer la verdad en boca de su protagonistas. Tal vez en una década sea normal leer retratos sobre el lado oscuro.

No hablemos de la política de España sobre estos temas porque clama al cielo que un país democrático, utilice el deporte como la propaganda de los antiguos países del bloque soviético. A fe mía, bien ganada es nuestra fama fuera de nuestras fronteras.  Sangrante que la Operación Puerto solo sirviera para sancionar a Ullrich en Alemania, Basso y Valverde en Italia. Aunque duela, hay que reconocerlo, aquí sigue existiendo tolerancia con el dopaje. Ejemplos hay muchos y si queréis entramos en materia; tal vez por eso aquí venía (¿sigue viniendo?) a pillar la mandanga todo cristo. 

Por razones de trabajo y real falta de interés, apenas veo el tour; sé cómo van de milagro. Vi el final de etapa de ayer mientras me echaba una buena siesta y sí, al ver esos cuerpos tan castigados durante meses hasta el punto justo que les permite seguir mejorando sin romperse, tan al límite de sus capacidades, tan finos (la madre de Susana siempre dice que ha ganado uno "mu delgaíno"),  los admiro por pundonor, capacidad de sufrimiento, constancia y hacer bien un trabajo tan despiadado que comienza muchos meses atrás. Para ser ciclista hay que ser duro, para ser un élite hay que ser realmente Clint Eastwood. "Los ciclistas estás hechos de otra pasta" no es una frase vacía de contenido, es muy justa. 

Sobre el uso de sustancias prohibidas hoy, soy bastante escéptico (ese Sky en plan locomotora Festina, donde no existen gregarios porque todos son purasangres es sospechoso). La verdad es que lo veo todo negro. Rolling Stones. Cincuenta años desde que los amigos se subieron a un escenario. Casi nada. Al loro con Brian Jones tocando el sitar. Un virtuoso arrogante y que sin embargo se mostró incompetente para la composición, cuando las iniciales versiones "blueseras", fueron progresivamente sustituidas por las incómodas y legendarias canciones del tándem Jagger-Richards. 

Vale.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Bajo los focos


“¡¡ESE PORTUGUÉS QUÉ HIJO DE PUTA ES!!...¡¡ESE PORTUGUÉS QUÉ HIJO DE PUTA ES!!”, atrona el estadio, miles de voces al unísono, miles de personas que en su inmensa mayoría no son violentos, ni vándalos ni pertenecen a los sectores marginales o desarraigados de la sociedad donde se incuba la delincuencia. Si están en un estadio y han pagado el elevado precio de una entrada de un partido de la Primera División del fútbol español, se les suponen fuentes de ingresos regulares, vidas estructuradas, acogedores hogares habitados por familias integradas. Doy gracias por no tener aún el espíritu suficientemente encallecido para que no me afecte y me siga inquietando la violencia que se desprenden de los amenazantes gritos proferidos contra una persona. Supongo que todo forma parte del circo y no hay que darle más importancia pero en el fondo creo que aflora la peor parte de la naturaleza del ser humano. El mensaje subyacente me parece equiparable al de alguna de las pancartas “ultras” obligadas a retirarse de una grada, repleta de niños por otra parte.

Parto de este ejemplo porque es el que me hizo reflexionar y me motivó a escribir estas líneas pero es evidente que se podía aplicar a miles de casos, la mayoría de ellos relacionados con el deporte profesional. Prácticamente no veo retransmisiones deportivas y hace más de dos años que no veo un partido de fútbol completo –miento, vi las semis y la final del mundial; no puedes luchar frente a la histeria colectiva-. Sin embargo es imposible sustraerse al eco de los medios y estar al día. Y sí, también percibo la figura de Cristiano Ronaldo como la de un chico tonto y vanidoso, aunque probablemente eso le convierta en mejor atleta. Dejando eso aparte, me preguntaba cómo te debe afectar un odio aparentemente tan intenso y visceral, demostrado de una forma tan desatada y supuestamente inocua. Me pregunto por las reacciones internas de un hombre acosado en una suerte de función entre inofensiva y despiadada.

Hojeando un periódico deportivo este verano, el sesgo que se le proporcionaba a ciertas noticias me asustó. De todas formas, calificar de periódico, noticia o artículo a los productos relacionados con este tipo de prensa se me antoja excesivo. En un par de ocasiones he leído artículos redactados por forofos de intención aviesa sobre supuestas noticias sin fundamento, pregones de consignas o artículos de opinión con el evidente y claro propósito de fomentar o transmitir un estado de opinión sobre algún tema latente para enconar una cuestión, crear más polémica y pescar en río revuelto o lo que es lo mismo, aumentar el número de lectores. Sé que puedo parecer alarmista pero me parece un terreno peligroso. En ciertos momentos y eventos puntuales, un verdadero campo de minas; me parece peligroso extender regueros de pólvora entre sectores de la población cada vez más amplios, prestos a provocar chispas, alineados y alienados, para mí incomprensiblemente cada vez más permeables a estos absurdos debates que súbitamente tornan capitales en la dinámica diaria de una sociedad.

El engañoso y errático rumbo inicial de este texto continúa a la búsqueda de la naturaleza del vínculo que existe entre la realidad y la visión que nos proporcionan los medios. Tal vez sea cierta esa afirmación de que la verdad no existe y de que cuando tomas la decisión de contar algo, ya estás recreando, interpretando el hecho. Nunca serás capaz de reflejar exactamente lo que ocurrió.

No quiero escribir sobre la manida, agotada y hasta a veces sonrojante tutela aleccionadora de los grandes grupos mediático-empresariales sobre la perezosa y dormida sociedad. El manejo de las más importante cuestiones de calado social, siempre mediatizado por los intereses económicos y políticos presentes es afirmación estéril y de Perogrullo. Prefiero centrarme en los individuos, en esas figuras bendecidas o condenadas por la fama ¿Cómo son? ¿Tiene realmente algo que ver la imagen que proyecta ese personaje público con la persona real? Probablemente nos llevaríamos una sorpresa si conociéramos cara a cara a las personas ocultas tras los personajes. Los apropiamos, los hacemos nuestros. Su dimensión pública se nos ajusta por completo y con facilidad al contorno que previamente hemos diseñado. Nos resulta cómodo y nos negamos a aceptar a alguien distinto. Además nos consideramos con derecho a juzgarlos. Los medios nos suministran una imagen, en la mayoría de los casos mediatizada bien por la promoción, bien por la crítica o la denuncia y nosotros interpretamos con arreglo a nuestro bagaje de referencias, nutrido por toda una vida de experiencias, gustos o preferencias, cultura o prejuicios. Interpretamos sus manifestaciones, sus comportamientos y los hechos que acaecen en sus vidas, sean importantes o no, a la luz de nuestras vivencias o simplemente de lo que queremos creer. Es difícil retractarnos y verlos a través de otro prisma.

Es el espectáculo que nos entretiene, nos indigna, nos alivia. Son nuestras pantallas las que nos proporcionan el alimento del que ya no podemos prescindir, el combustible de nuestro motor. Pagamos por ello, para que bailen los famosos con cierto peso real y en los últimos tiempos, los de opereta o cartón piedra, los que carecen de valor intrínseco alguno, cuyo fenómeno resulta aún más incomprensible y absurdo.

Ahora que estamos expuestos, interconectados… ¿vigilados? sin pausa, cualquiera de nosotros tiene más cerca y accesible que nunca nuestro derecho a los quince minutos de fama “warholianos”. Últimamente se une a la especie, la del chalado a la búsqueda de su momento de gloria por cometer una estupidez, permaneciendo para siempre inmortalizado en el imaginario colectivo a través de un disparate colgado en “youtube”.

Hasta alguno de nosotros que utilizamos internet, que escribimos en blogs o mostramos nuestras fotos en Facebook, pretendemos mostrar o compartir una proyección de nuestra imagen que probablemente sea muy distinta a la que recibe el lector o receptor. La concepción que nosotros interiorizamos como propia no tiene por qué ser la correcta, ni la que transmitimos ¿Cuál es la real? Tal vez no exista esa realidad y estemos formados por una argamasa de efectos o impresiones, la nuestra y la de los demás.

Puede que fruto de la indiscreta apertura de las ventanas de millones de personas, recientemente surge otro nuevo fenómeno, enmarcado dentro del vertiginoso mundo de la globalización tecnológica. A veces la fama se muestra celosa de la era de la comunicación paradójicamente más impersonal y quiere acercarse a los mortales. Es entonces cuando alguno de los famosos más inquietos, trata de suprimir las barreras que acotan al personaje e intenta mostrarse más cercano a sus fieles. Quiere ser “corriente” y decide mostrarse tal y como es en todo momento. Como última vanguardia, utiliza los 140 caracteres del twitter para contarnos TODO. No le basta con su trabajo público, quiere sentirse como los demás y demostrarnos que no somos diferentes, exponer sus ideas sobre problemas políticos, contarnos si le gusta echarse la siesta, el disco que últimamente le apasiona o quejarse de que no deja de llover.

Terreno pantanoso. No creo que haya nada interesante ni digno de mención en la vida privada y en las opiniones del que no tiene más legitimación o autoridad que cualquiera de nosotros. Es difícil que no te veas defraudado por alguien a quien idolatras. Cualquiera comete errores y tiene despistes. Si colocas un foco y un micrófono sobre tu existencia, llegará el desliz que te impondrá la pena más severa, por otra parte sin condonación posible, la de la burla y el desprecio virtual generalizado, de lo que pueden dar fe alguna de las nuestras vacas sagradas. Mejor calladitos.

El misterio o la imaginación siempre serán mejores. Soy de la vieja escuela, casi todas las personas que realmente venero suelen ser gente bastante especial o extraña. Quizá por eso creo que siempre es más fácil adorar o sintonizar con el icono de un poster o una camiseta. Son pura fantasía. Convertirlos en personas normales acaba con las leyendas, con esos personajes inspiradores que aunque sabemos que no existen, pueden convertirse en metas a alcanzar o en figuras inspiradoras.

martes, 5 de octubre de 2010

¿La nueva RDA?



De unos años a esta parte nos estamos acostumbrando al goteo lento e incesante de positivos en el deporte profesional español, sobre todo en ciclismo. Hace relativamente poco tiempo, estas noticias ocupaban portadas. Hoy ya no. Es algo que se ha aceptado como normal. El hecho de que cacen al segundo clasificado en la Vuelta a España prácticamente no es noticia. Sí tiene más repercusión la búsqueda del rastro del solomillo culpable de la caída en desgracia de nuestro campeón. Sin comentarios.

Más allá de casos puntuales, creo que el presidente de la UCI tiene razón cuando apunta que España debe reconocer que tiene un problema con el doping. Con la llegada de internet, tenemos acceso a medios de información extranjeros o alternativos a los clásicos encarnados en el descacharrante y patriotero tratamiento de los grandes medios, leáse prensa, radio o televisión.

Aparte de los positivos de españoles, lo más preocupante es que gran parte de los atletas extranjeros cazados, residen aquí o vienen a pillar el material a nuestro país. Antes conocías a un médico, ahora ya sabes que son varios los encargados del control y el suministro a esa corte de deportistas que abonan grandes cantidades para convertirse en purasangres. Tal vez debimos darnos cuenta de que algo fallaba cuando la figura del médico se convierte en pública, cuando todos sabíamos cómo se llamaba el médico de Indurain o Martín Fiz.

Recientemente se aprobó una ley antidopaje que luce lozana y amenazante pero que aún no se ha utilizado para imponer alguna de las penas previstas a pesar de que existen evidencias suficientes como transferencias bancarias o mensajes grabados. Soy firme partidario de ejemplerizantes sanciones deportivas para el deportista así como penales para la figura del inductor o suministrador.

No es que me preocupe demasiado el estado del deporte profesional español más que nada porque no lo considero símbolo de nada pero tal vez deberíamos tener en cuenta la imagen que estamos proyectando fuera de nuestras fronteras. Nos mostramos orgullosos de nuestros resultados deportivos y sin embargo deberíamos ser más autocríticos y pensar que no es bueno que se nos asocie con el país del doping, con el país de los tramposos. No estoy hablando sólo de ciclismo. Es evidente que los focos se ensañan con este hermoso deporte pero no creo que haya más proporción de gente limpia en el mundo del atletismo o la natación.

Ya sé que el título del post es exagerado y sensacionalista pero es una forma de captar la atención. ¿Sois conscientes de la imagen que tienen los éxitos deportivos de la antigua República Democrática Alemana? Tal vez, al igual que ellos, descubramos dentro de unos años las terribles consecuencias del uso generalizado y sistemático de las sustancias dopantes.


De música, "Las drogas no funcionan" , la versión acústica de la preciosa canción de "Urban Hymns", el último disco de The Verve. Iba a decir que Richard Ashcroft es un gran frontman para una banda pero ya se encarga de decirlo él mismo: "Soy uno de los mejores frontmen de la historia pero la gente no se da cuenta". Eso sí que es autoestima... o gilipollez.


miércoles, 16 de junio de 2010

En el punto de mira

Es imposible sustraerse a la epidemia. Algo había que escribir de fútbol. Cuando esta tarde recorría la ciudad con el coche durante el partido, no puedes dejar de asombrarte ante el estado semidesierto de las calles en un día laboral, las cada vez más numerosas banderas en los balcones entre los que se incluye el del imbécil de mi vecino, los gritos de mi vecina -ésta sí, ésta muy maja-cuando llego a casa; normalmente son las voces de sus cuatro hijos los que atraviesan las paredes, sin embargo esta tarde es ella la que suelta tacos cada vez que los nuestros rondan la portería.
No sé si es una impresión personal pero me parece que esta locura colectiva tiende a más con los años. La cobertura de los medios, a todos luces desmedida, contribuye a un estado de alucinación colectiva que a veces me parece hasta preocupante. Según en que lugares, no podrías manifestar ciertas opiniones, porque en las circunstancias propicias, hasta te podrías llevar una hostia. En algunos aspectos, se asemeja a los retratos novelescos de ambientes prebélicos.
Después de este lugar común tan previsible en un blog de estas características, cuento lo que realmente quería. Me pregunto cómo soportan los futbolistas, los protagonistas al fin y al cabo del espectáculo, toda esa presión. A estas alturas, a nadie le puede parecer un disparate afirmar que las victorias de un equipo de fútbol, proporcionan una extraña felicidad a miles de seguidores. Digno de estudio sociológico -los habrá a cientos- es la identificación de los intereses de una persona con la de un grupo de deportistas, en principio completamente ajenos. Sé de que hablo porque yo tuve una etapa de mi juventud muy ultra en la que no me perdía ni un partido... ¡del Real Madrid!... no te lo pierdas. Cada vez más a menudo se comprueba que los jugadores deben cuidarse de algunas declaraciones o actitudes, que son muy cautos respecto a cierto tipo de expresiones sobre su compromiso con la bandera o con el país. Ya sé que muchos me vais a contar que a ellos le da lo mismo, que todos son profesionales multimillonarios y les importa una higa ganar o perder. Bien, no me lo creo. Para llegar a jugar un mundial, aparte de tener talento innato, debes ser extremadamente competitivo. Ganar lo debe ser todo. Si a ello le unes el grado de vinculación emocional de millones de personas, se debe hacer duro no hacer bien tu trabajo, no cumplir con lo que se espera de ti. Todos sueñan con jugar la final de un mundial. Pero.... ¿y si ese día cometes el fallo más increíble de tu vida? Tu existencia quedará marcada para siempre. Nunca te podrás desprender de aquel segundo en el que defraudaste a tu país. Cuando el domingo vi la cantada del portero inglés, me dio pena. Me dije: Dios, como los elimimen por ese gol, a éste se lo cargan. La gente con algo de sentido común deberíamos ser mayoría pero empiezo a dudarlo.

El colombiano Escobar perdió su vida por meterse un gol en propia puerta.


Porteros ingleses, la estirpe maldita. Mal de muchos... ¿Quién teme a los hooligans?


El gol de Cardeñosa, "el gol que nunca fue" más famoso de nuestra Historia.

Salinas frente a Italia. Tuvo la oportunidad de pasar a la Historia... pero falló.

Ya sabéis que yo soy más de otros deportes. Veré los partidos más seriamente si pasamos la primera fase pero con poca pasión, la verdad. El deportista que más admiro -y no precisamente por ser un "élite"- y al que un día dedicaré una entrada es éste, un tipo nada "fashion".

"Recuerdo un amanecer en el Mont Blanc, con el sol iluminando la montaña. Una sensación bellísima, pero no sé si exactamente era poesía. Tal vez era sólo alivio. Si había corrido durante doce horas, quería decir que quedaban apenas nueve para el final" (Marco Olmo)

Yo conozco esa sensación, la de ver amanecer en el Valle de los Glaciares. Verdaderamente no se puede explicar.
Como he escrito sobre el mundial, de música dejo algo africano, el senegalés Ismaël Lô - iba a poner el "Tajabone" que usó Almodóvar en "Todo sobre mi madre" pero elijo algo más animado- y el anuncio tan bueno de la Visa que seguro habéis visto mil veces, el que usa la música de los Pixies más desatados y absurdos. Me recordó mis años también más desatados y absurdos de piso universitario.


miércoles, 5 de mayo de 2010

La jugada perfecta, la droga perfecta

Momentos estelares del doping para los de mi quinta:

La mirada de asombro del "Hijo del viento" en la meta de los cien metros lisos de Seul



Rijs subiendo Hautacam con el plato cargado

Landis, con toda una etapa de montaña del Tour por delante, subiendo y bajando puertos "hors categorie" en solitario, frente al grupo de los elegidos, sin parar de aumentar diferencias.

La mitica subida a Alpe D´huez, pulverizando el mejor tiempo de ascensión, en el Tour del duelo Pantani-Ullrich.

Ahora que el doping dejó de ser noticia, que una semana sí y otra también "deportistas" profesionales son cazados, que hace tiempo que sólo hojeo las noticias de deportes porque no veo nada admirable en los héroes del cronómetro y sí en cambio en el abuelo que cruza la meta del Maratón de Madrid, mira tú por dónde, el otro día llamó mi atención una noticia sobre droga y deporte.
Se trata de un episodio que en Estados Unidos debió ser "mu mentao" en su momento. En 1970, Dock Ellis, pitcher de los Pittsburg Pirates, logró un "no hitter" que traduciendo significa que ningún bateador del equipo contrario consiguió golpear la bola. Lo alucinante -nunca el término estuvo mejor empleado- es que el amigo estaba puesto hasta arriba de LSD. Aquella mañana, después de dos días de fiesta, lo despertaron y le dijeron que tenía que jugar esa misma tarde. Todo el equipo sabía en qué condiciones se encontraba su compañero. No era capaz de fijar la mirada e incluso el "catcher" tuvo que colocarse cinta fosforescente en los dedos para mostrarle una referencia y atender a las señales.
El asunto ha vuelto a primera plana porque James Blagden confeccionó una historieta de cuatro minutos sobre el sucedido. La pequeña película ha sido nominadada a los premios Webby, algo así como los Oscar de la red. Aunque no controléis inglés, creo que se entiende bien y merece la pena. Los dibujos y la forma de narrar "tarantiniana" es genial. Sencilla, eficaz y graciosa. Este tipo debió ser un fenómeno. Claro, murió de cirrosis.
¿Esto es hacer trampa?

lunes, 2 de febrero de 2009

Héroes

Ver a Federer llorar después de la final del Open de Australia resultó bastante triste. Me pregunto porqué ver hundirse a los grandes campeones, a los que hasta que hace poco considerábamos infalibles, indestructibles, nos resulta tan incómodo. Me refiero a los grandes de verdad, a Bubka, a Carl Lewis, a Jordan, a Armstrong, a Indurain.
No es que yo sea un mitómano o un seguidor empedernido del deporte. Ya lo he comentado en alguno ocasión; a pesar de progresivamente practicar más deporte, soy un seguidor cada vez más ocasional del ámbito profesional. Pienso seriamente que el hecho de que gran parte de los niños sueñen con dedicarse profesionalmente a un deporte es síntoma de que esta sociedad está enferma. Cada vez se me antoja más antipática esa creación mediática de semidioses y si alguien me llega a resultar atractivo lo es porque percibo su desesperado intento de mantener el sentido común y la sensatez en un mundo que por principio demanda exceso, ridículo y locura. La mayoría de estos personajes no pueden ser ejemplos de nada. En cambio, quizá mi madre sí y nunca será portada de un diario. Esto me ha recordado a la clase de "Soldados de Salamina" de Javier Cercas, el momento en que la profesora protagonista recuerda la frase de John le Carré, "Se necesita el temple de un héroe para ser una persona decente".
Dentro de las estrellas que cada año llegan a este ya atestado firmamento, existen unos pocos elegidos que están un punto por encima de los mortales, aquellos que año tras año demuestran su superioridad y acumulan sus victorias sin aparentes complicaciones. Supongo que la lista que antes enumeraba es elocuente. Sí, son poseedores de unas cualidades físicas extraordinarias pero no creo que ellas los conviertan en cuasieternos campeones. Tienen algo más, una fuerza de voluntad, una fortaleza mental para aguantar tanto los entrenamientos como la continua e insana presión de la competición que les convierte en una especie de héroes homéricos. Pero el tiempo es implacable y finalmente llega ese momento de la derrota en el que Héctor, en el que el mismísimo Aquiles cae abatido y parece que todo el teatro, todos los espectadores sentimos un extraño pesar por una persona que no conocemos y que sin embargo, de forma engañosa, sentimos cercana.
Esta reflexión nada tiene que ver con ese absurdo nacionalismo, cada vez más acusado, en el que el objetivo no es vencer en una hermosa pugna de igual a igual, sino que lo que demanda el público, la masa, es que venza nuestro campeón, mi bandera, en un repulsivo y ciego clamor estúpido por encima de cualquier otra consideración. Es algo más.
En la actual era de la información paradójicamente cada vez es más patente que esta sobredosis de datos y hechos, en lecturas siempre sesgadas, permanentemente manipuladas, implica que sepamos menos qué ocurre realmente. Nosotros no conocemos, aunque en ocasiones lo creamos, a Armstrong o a Federer; percibimos algo de sus rasgos a través de la visión interesada de los medios pero, aun sin querer, los consideramos algo nuestros. Quizá por eso es triste cuando los sientes vulnerables, cuando ves llorar a Federer o cuando ves arrastrarse a Indurain por el Vallo de Santa Cristina. La humanidad siempre ha admirado a sus héroes, en tiempos se compusieron poemas o canciones a gestas bélicas. Ahora se vomitan palabras en pantallas y páginas. Muchas cosas han cambiado pero el momento en que el héroe dobla la rodilla es triste, tal vez porque nos recuerda nuestra condición de mortales.
"Inquieta es la cabeza que lleva una corona"