El inquietante disco rosa
Ayer concierto. Un apunte para el telonero, Pierre Bastien, un señor que hace música valiéndose de mecanismos como motores, gomas, alambres, cintas, juguetes, etc. Creaba una base de ritmos con los sonidos de esos cachivaches y después con una trompeta o un teclado de juguete practicaba algo parecido al jazz. Era curioso pero, ostras, dagal, ver a este fulano durante una hora te deja noqueado, mosqueado. ¿De dónde sale esta gente? Los hermanos Coen o Woody Allen, ¿cómo retratarían esto?. Si es que no soy moderno. Entrañable cuando el hombre preguntó si queríamos otra. Yo estaba al lado haciéndole una foto y le contesté. “Sí, hombre”. Es que soy muy buena persona. Ale, diez minutos más.
Hacía mucho tiempo que no veía a Corcobado. De hecho, no tengo los últimos discos. Cualquiera que lo vea o escuche por primera vez pensara que es un tipo raro, raro, dueño de una poesía visceral donde las referencias a la muerte, al sexo, al amor son continuas. Intimida. En un mundo como el del rock donde casi todo son actitudes miméticas, la existencia de estos guerrilleros, es síntoma de salud. Lo descubrí cuando comandaba el grupo Demonios tus ojos (Igual que “Kamikazes enamorados” me parece un título precioso, el nombre del grupo me parece genial...¿el mejor después de Rolling Stones?) Entonces éramos chavales y nos gustaba ser y aparentar ser radicales. Después seguimos su carrera cuando Corcobado giró con su nuevo grupo “Los chatarreros de sangre y cielo” (al loro con los nombres) hacia un sonido menos arisco, abriéndose a otras influencias, llegando a ese gran colección que son los “boleros enfermos de amor”. La mayoría de canciones que tocó ayer no las conocía pero me encantaron. Una primera parte más tranquila, una segunda más rockera. Javier sangra cada verso que canta, una suerte de “crooner” maldito al que le gusta potenciar esa imagen oscura que proyecta o tal vez simplemente sea así, un tipo peculiar sin impostación alguna. Por allí estábamos muchos viejunos, alguno incluso con sus vástagos (en la vida se me ocurriría llevar una cría a soportar esa carga de decibelios);ahora que ésta monada gozó y bailó más que yo.
Como buen rockero, soy fetichista y como en otras ocasiones, tras el concierto me hice con el “set list” que siguen los músicos. Leyendo los títulos os dais una idea.
Curiosidad: el bajo lo tocaba Fino Oyonarte, componente delos míticos Enemigos, productor de algunos importantes discos del pop español como “Super 8” de los Planetas y a la sazón, miembro de Clovis.
Atalanta y Javier frente a frente. Habían pasado muchos años, entonces los dos teníamos pelo. Detrás, Fino.
No tocó la canción que más me impactó de toda su obra, la “Ladrada del afilador”, un cuento que relatado por la amenazante voz de Javier, da miedo de verdad; es para oírla a oscuras. No sé si está basado en alguna historia ajena. Siempre la he asociado a la figura de un trovador yendo de pueblo en pueblo contando esta historia de crímenes y venganza. Él, además de músico poeta, es poeta a secas con varios libros publicados. Aquí os dejo un par letras para que apreciéis el pelaje del personaje. Joder, iba a escribir cuatro letras pero siempre se me va la mano. Bueno, como el fin de semana casi no lee nadie aprovecho para cosas más raras. Mañana un beso de Ingrid Bergman.
Corazón roto en 2000 pedazos
Corazón roto en 2000 pedazos
Está bien, tengo el corazón roto en 2.000 pedazos.
Alguien metió un coche bomba en mi corazón,creo que fue una mujer.
Ellas son las que ponen bombas en los coches
después de conducirlos con ternura
por las venas de los hombres débiles.
Está bien, tengo el corazón roto en 2.000 pedazos,
unas piernas y una carretera para caminar,
porque alguien puso una bomba en mi coche,
quizá fue una mujer,
Ellas son las que ponen bombas en los coches
después de conducirlos con ternura
por las carreteras asfaltadas
de los hombres débiles.
Está bien, tengo el corazón roto en 2.000 pedazos,
y estoy caminando esta noche por la carretera,
hay un coche que viene hacia mí,
lo conduce una mujer,
quizá quiere meterlo en mi corazón,
no se imagina que ya está roto en 2.000 pedazos.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
Fumando espero la navaja automática de tu voz
mientras un sueño dibuja en mi piel con sus uñas.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
cociendo en mi hombro una falsa caricia.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
urdiendo un latido en estas tristes ventanas.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
triturando el vidrio de mis pensamientos,
de mis pensamientos.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
evocando la hez de oro que silbaba tu aliento.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
horadando con mis ojos el terror del silencio.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
lanzando flechas de amor a los culos de los besos.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
con la negra voz de Dios escupiendo sucios versos,
escupiendo sucios versos.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
siento que tus tacones van apareciendo.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
que inyectará en mi oído el más largo de los besos.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
que ya me está cortando con el traidor de tu aliento.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
que ya me está cortando con el traidor de tu aliento,
el traidor de tu aliento.
Fumando espero la navaja automática de tu voz
que ya me está cortando con el traidor de tu aliento,
el traidor de tu aliento.
Esta mañana dejé al Ironmanu y a Kela en Barajas en su camino a Dublín. Hermanos por nuestros frágiles gemelos, el lunes no podrá correr el maratón pero seguro que se lo pasan fenómeno. Descanso merecido tras es trajín de vida que llevan.
Esta mañana dejé al Ironmanu y a Kela en Barajas en su camino a Dublín. Hermanos por nuestros frágiles gemelos, el lunes no podrá correr el maratón pero seguro que se lo pasan fenómeno. Descanso merecido tras es trajín de vida que llevan.