Hace unos días leí una entrevista a Roberto Heras. Evidentemente le preguntaban sobre Armstrong, evidentemente le preguntaban sobre doping. No entraba al trapo, claro. Me llamó la atención el espíritu que se desprendía de sus palabras, el de nostalgia de recuerdos irrepetibles. Las concentraciones en Texas, los inicios de la preparación invernal del Tour junto a uno de los ciclistas más grandes de la historia,,en etapas ya por entonces demasiado largas; cuando, congelados por el frío de los Alpes, completaban hasta tres ascensiones consecutivas a puertos estrellas final de etapa.
Lo relacioné con otras declaraciones de Rijs, cuando en rueda de prensa reconoció ir dopado cuando ganó su Tour (ese del que ya no le pueden desposeer), pero que nada le privaría de aquellos maravillosos recuerdos, culminados por la coronación en París.
Me dio la impresión de que Heras explicaba sin explicar que puede haber drogas -que no queda otra, es deporte profesional-, pero que aún así, para ganar una vez, más para ganar cada año, hay que entrenar más que nadie y convivir con el dolor y el esfuerzo como compañeros. Estoico es una palabra "escasa" para definirlos. Imagínate hasta dónde llega el mérito si has superado un grave cáncer.
Se desprendía una admiración sin límite por Armstrong como atleta físicamente privilegiado, pero sobre todo con una mente portentosamente metódica y orientada cada momento de su vida hacia un único fin: el que se define en apenas el minuto que dura un himno en los Campos Elíseos. Fue un honor cabalgar junto él y convertirse en parte de una leyenda.
Hay lo que hay pero siempre digo que no entiendo por qué cuando todo ha acabado, no cuentan la verdad sobre un deporte maldito, los bajos fondos tras el oropel. Yo no me siento legitimado para criticar comportamientos ajenos pero me gustaría conocer la verdad en boca de su protagonistas. Tal vez en una década sea normal leer retratos sobre el lado oscuro.
No hablemos de la política de España sobre estos temas porque clama al cielo que un país democrático, utilice el deporte como la propaganda de los antiguos países del bloque soviético. A fe mía, bien ganada es nuestra fama fuera de nuestras fronteras. Sangrante que la Operación Puerto solo sirviera para sancionar a Ullrich en Alemania, Basso y Valverde en Italia. Aunque duela, hay que reconocerlo, aquí sigue existiendo tolerancia con el dopaje. Ejemplos hay muchos y si queréis entramos en materia; tal vez por eso aquí venía (¿sigue viniendo?) a pillar la mandanga todo cristo.
Por razones de trabajo y real falta de interés, apenas veo el tour; sé cómo van de milagro. Vi el final de etapa de ayer mientras me echaba una buena siesta y sí, al ver esos cuerpos tan castigados durante meses hasta el punto justo que les permite seguir mejorando sin romperse, tan al límite de sus capacidades, tan finos (la madre de Susana siempre dice que ha ganado uno "mu delgaíno"), los admiro por pundonor, capacidad de sufrimiento, constancia y hacer bien un trabajo tan despiadado que comienza muchos meses atrás. Para ser ciclista hay que ser duro, para ser un élite hay que ser realmente Clint Eastwood. "Los ciclistas estás hechos de otra pasta" no es una frase vacía de contenido, es muy justa.
Sobre el uso de sustancias prohibidas hoy, soy bastante escéptico (ese Sky en plan locomotora Festina, donde no existen gregarios porque todos son purasangres, es sospechoso). La verdad es que lo veo todo negro. Rolling Stones. Cincuenta años desde que los amigos se subieron a un escenario. Casi nada. Al loro con Brian Jones tocando el sitar. Un virtuoso arrogante y que sin embargo se mostró incompetente para la composición, cuando las iniciales versiones "blueseras", fueron progresivamente sustituidas por las incómodas y legendarias canciones del tándem Jagger-Richards.
Vale.