Mostrando entradas con la etiqueta Trail. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Trail. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de marzo de 2016

Descubriendo la senda de Buñuel


Desde hace años andaba yo preguntando si no se podía seguir  camino desde El Gasco para llegar hasta el mismo Nuñomoral, y no solo hasta La Fragosa. Unos me decían que solo por carretera, alguno me indicaba que  por pistas altas aunque era un poco lioso. Pero he aquí que hace unas semanas vi un cartel nuevo en Nuñomoral indicando la "Senda de Buñuel". Ya fui a investigar y ha quedado un camino de 7 kilómetros duro y precioso, que todavía no he visto anunciado en forma. Otro fin de semana voy a investigar hacia la otra parte hasta llegar a Cabezo, ya en el valle del Ladrillar, al que creo separan 12 kilómetros. Lo que no me deja de parecer curioso es el nombre "comercial" del camino, teniendo tan mala prensa el director aragonés en estas tierras extremeñas.

Ya tengo casi hilado el recorrido del II Ultratrail de Hurdes, que, me temo, este año tocará hacer casi todo andando a buen paso para cuidar mi rodilla antes del medio ironman de Salamanca. Ya iré consultando con los que sé interesados para ir cuadrando fechas, aunque casi seguro será a principios de junio, después de los exámenes. Distancia entre 50 y 60 kms con probable salida en Vegas de Domingo Rey.

sábado, 24 de enero de 2015

Trail Tres Valles, entre el cielo y el suelo





Hay lugares propicios para buscar y encontrarse, para la mística, sea la de verdad o la de saldo, la de estos tiempos raros en que se demanda profundidad inmediata y accesible; lugares para la experiencia de lo divino o trascendente que hay en nosotros, y pocos los habrá tan adecuados como ese escalón entre la Sierra de Francia y Batuecas, una de esas tierras en las que las fuerzas telúricas pugnan por elevarse y empapar todo lo que habita sobre ella. 

La ascesis son las reglas y prácticas encaminadas para la liberación del espíritu y alcanzar la virtud. El éxtasis del místico requiere disciplina, apartarse de todo, vaciarse para llegar al no ser y así, alcanzar la plenitud, ser. El camino es largo y exige convicción, voluntad y sacrificio. También el nuestro.

Un camino que comienza dejando atrás La Alberca, internándonos en el Valle del Lera. Entrante del día en forma de fácil pista atravesando un pinar, ensamblada por la unión de dos pequeños tramos, uno de ascenso y otro de descenso hasta  cruzar nuestro primer río. Entonces encararemos de forma franca, sin engaños, la Peña de Francia que se muestra majestuosa y desafiante allá a los lejos, obligándonos siempre a fijar  allá arriba la mirada.


Volvemos a unos cientos de metros de pista, después camino, más tarde la todavía inofensiva puñalada de un pequeño y recio tramo de cortafuegos para enlazar con el sendero que nos llevará a la cima. Al final, el vía crucis, aquí camino de cruces en sentido literal, dejando cruces de piedra atrás a nuestro paso, y vía crucis en sentido figurado con un trecho final especialmente exigente, más de lo que parece, el precio para llegar a una cima que se adivina especial y mágica desde el principio, desde el principio de la carrera, desde el principio de la vida; porque para mí, que subo cada año en tantas ocasiones entrenando, paseando o en bicicleta, que incluso me casé alli, sigue manteniendo inmaculado su encanto. Una estación del vía crucis es el “Encuentro con la Virgen” y aquí, después de completar la ascensión, pasaremos junto a la puerta de unos de los santuarios marianos más visitados y renombrados, justo unos metros antes de comenzar el descenso.



Bien, ha sido duro, pero todo marcha bien, somos felices, hemos completado la subida de más altura, la que parece más larga, y ahora toca descender por un camino con la dificultad justa para ser divertido, para que los prudentes se lo tomen con calma, para que los más arrojados puedan volar sin peligro hasta el valle que conduce a Monsagro. A la vera del Agadón, comenzaremos a ir deprisa, cada zancada un poco más rápido, porque el terreno invita, tira de nosotros y aunque hay estrechamientos, giros y pequeños obstáculos motivados por afloraciones rocosas o cambios de relieve, todo se nos antoja fácil, poca cosa. El contraste ente el frío de las zonas de umbría con el reconfortante sol de invierno, el fugaz tránsito entre  luz y sombra motivada por la alternancia de zonas descubiertas y los  árboles de galería que crecen junto en la ribera, junto al mullido y acogedor terreno, acrecienta nuestra percepción de velocidad, mientras sentimos que los helechos o hierbas que dejamos a nuestro paso adhieren a nuestras zapatillas y prendas pedazos de noche en forma de gotas de rocío o esquirlas de hielo.



Pero todo lo bueno se acaba, cambiamos de dirección mientras fruncimos el ceño pensando que puede que hayamos marchado demasiado aprisa, que hayamos dilapidado de fuerzas que más tarde necesitaremos. Sin embargo, vemos el punto kilométrico: 16. No importa, casi la mitad  de carrera y  nos seguimos encontrando bien. Buen momento para alimentarse y repostar mientras afrontamos lo que resta, que aunque aquel kilómetro nos quiera embaucar, es casi todo.

Justo en la mitad del recorrido, toca afrontar una ascensión sin complicaciones, ni por dureza, ni por dificultades técnicas. Es el paraje más convencional, más humano, donde todo parece menos especial. Sí, todo a tu alrededor son montañas y trotas o caminas por un precioso valle, pero quieres salir de esa vía porque sientes que en algo traiciona el alma del lugar, el espíritu de la prueba, solo apta para motores conscientes, no para fríos motores de explosión.  El terreno no es exigente y comienzas a trotar, el perfil lo permite y no tarda más de dos kilómetros llegar al escalón que te sacará de allí y que ya adivinabas complicado. El verdadero trailero huye de las pistas y ahora, mientras tienes lo que quieres, mientras sufres y negocias con el desordenado aluvión de pedruscos que es la rampa que acometes, dónde colocar cada pie, y sientes en tus riñones la verdadera diferencia entre el desnivel asumible para el que solo necesitas pulmones, corazón y piernas, del que exige algo más en forma de riñones y decisión; la voluntad que te empuja a no bajar el ritmo porque sabes que la ascensión apenas llega a un kilómetro y puedes arriesgar. Es la purga que determinará si eres lo bastante duro para apostar en pos de la purificación o casi una forma de seppuku si  llegas al final tocado. Arriba el premio, el paraje de “Los puertitos”,  el balcón entre Castilla y Extremadura en el que se adivina el sendero que, en apenas unos pocos metros de desnivel pronunciado, completados mientras recuperamos aliento, nos conducirá a otro lugar encantado que ya promete sin haber visto.

Vayas sangrando o confiando en tu fortaleza, vuelve a alimentarte, porque tu cuerpo lo exigirá para llegar y disfrutar de verdad de la recompensa que buscamos desde que nuestro camino comenzó. El tramo de descenso inicial es más acusado, tiene los pasos más complicados de afrontar de toda la prueba, donde hay que pararse y atender a los avisos de los colaboradores que por allí se distribuirán. No existe riesgo grave, más que el de algún molesto resbalón por los suave de unas rocas pulidas por siglos de crecidas del río Batuecas, caída que nos obligue a llevarnos algún pequeño recuerdo en forma de muesca roja o violácea. Bastará atender y hacer uso de las medidas de seguridad  para que toda transcurra según el feliz guión. Aprovecha la ralentización, los segundos de pausa para levantar la vista mientras se recupera sosiego y adivina lo que se ofrece río abajo, entre las siluetas de las pequeñas encinas que se aferran a la vida en cada puñado de tierra. Empieza a hacer calor y sientes que todo está cambiando, que estás muy lejos de aquella mañana entre pinares en la que salías de La Alberca camino de La Peña,  que solo valiéndote de tus fuerzas has abierto la puerta a un mundo aparte, que son dos primaveras distintas al alcance de la mano, dos luces distintas, entre el hielo y el fuego.

Después de atravesar los pasos más complicados, toca volver a correr. Como camino de Monsagro, el silencio lo albergas en tu interior, porque en alto sigue hablando el cauce de agua en la misma lengua que te cantaba el Agadón, pero este río, el Batuecas, es diferente, porque a medida que avanzas y te internas en un vergel mediterráneo fuera de lugar, repleto de robles, encinas, madroños o acebo, el cauce acoge más agua y las pozas de agua cristalina se alternan con lisas y verticales paredes donde hombres de más allá de la historia firmaron algo del legado que leemos miles de años después. Este era su mundo, en el que decidieron quedarse a vivir, como aquella tribu apache que utiliza la palabra “Bosque” para referirse al mundo. El que también eligieron aprendices de eremitas para recluirse y no salir jamás de este bosque, porque puede que no se necesite más mundo por descubrir que el interior.

Estás cansado, llevas ya muchos kilómetros, horas y cuestas, pero te si sientes bien. Parece que las piernas en las ligeras o pronunciadas rampas, todas ellas cortas, pesan algo más, pero estamos tan cerca de meta que qué importa lanzarse al vacío, hasta el monasterio; después ya veremos. Si, ya es Km. 28 y solo me quedan 7 hasta meta. Ay, hermano, “¡Tente, bala!”…, y mejor, repiénsalo por un instante.

Expulsados del paraíso a las llamas del infierno. Dejas atrás Batuecas, reflejado mejor que nada en la imagen del Monasterio del Santo Desierto de San José de las Batuecas que se resiste a desaparecer y alejarse en cada giro del camino, hoy con una enorme tela alusiva al de la ilustre carmelita descalza que decía aquello de que la vida aquí abajo no es más que una mala noche en una mala posada. Ya intuyes que algo de lo malo te espera, mientras dejas atrás tierras de misterios o encantos como Batuecas o las linderas Hurdes, esa tierra algo inventada por los hombres, “Hija de los hombres” que decía Unamuno, te acoges a tirar de lo que haya, lo que se albergue dentro de ti, del maldito milagro, porque por primera vez eres consciente de que no marchas tan fino y suave como pensabas. La confianza, clave de bóveda en el fondo, comienza a resquebrajarse.

Empiezas a pensar que tal vez deberías haber comido más o corrido menos, pero al fin caes en la cuenta que estos aspirantes a ascetas que habitaban en La Peña o en Batuecas saben que el verdadero camino no es el feliz al paraíso sino el de la cruz y el dolor, la ascensión al Calvario, al Gólgota. Y o mucho me equivoco o estas palabras serán proféticas para ti también: esta ascensión será una muerte prolongada y artera porque te engañará varias veces pensando que ya llega el final, que la pasión terminó, que puede que al final fueran menos de los cuatro kilómetros que marcaba el rutómetro, y que cuando viste el perfil el día que te apuntaste sentado frente al ordenador de tu habitación,  no te parecieron tantos. Mas tenían razón: son 4 kilómetros, pero ahora que casi voy llegando a la cima sin haber podido trotar más que unos metros, me parecen muchos más.

Llegas arriba, al Portillo, al descampado atravesado por  la carretera. Aunque nunca fue tu intención cuando comenzaste ni cuando volabas hacia Batuecas, piensas que podías parar un instante para ver el paisaje o  comer algo o qué sé yo, pero para Alberca, para meta, solo faltan 2 kilómetros. Duelen las piernas aunque me niegue a creerlo.

Comienzo a bajar hacia La Alberca. Se trata de cuesta abajo y   terreno fácil pero me cuesta coger ritmo y pensar en meta, pienso más en que estoy agotado y algo derrotado. Todo es  fugaz, irreal, trato racionalizar, pensar que todo está terminado, pero me parece tan largo lo que resta…, hasta que diviso las casas de La Alberca y despierto del sueño: ya estoy aquí y decido acelerar, puede que mis piernas hagan caso, puede que no. Ahora lo entiendo, ahora recuerdo que la última estación del vía crucis era la “Resurrección” y una cosa me queda clara: la travesía ha concluido pero quiero volver a embarcarme para encontrar lo que busco.

He seguido el camino, he llegado al vacío, pero aún no he logrado entender su valor, el que  Tao Te King le atribuye, el de la rueda, el de la vasija, lo verdaderamente importante. No he logrado liberarme. He corrido si dorsal, con amigos, hablando pero cada uno protegido por su propio silencio. El 29 de marzo lo volveré a hacer con dorsal, rodeado de sueños y miedos, de la agonía en silencio, la del camino que nunca termina. Pero entiendo una vez más al loco de Alex Supertramp, entiendo al eremita, entiendo por qué Jesús siempre iba al monte a orar, a encontrarse con esa gota de eterno que habita en nosotros, con la consciencia, al fin el sentido oculto del ser humano, que se persigue en estas tierras desde antaño, generación tras generación.


El Trail 3 Valles, si estás empezando en el trail, será la exigente piedra de toque para demostrar y descubrir si has progresado tanto como crees; si eres perro viejo, una muesca obligatorio en el curriculum, porque te aseguro que de estas tienes pocas, en las que la relación kilómetros-belleza se ofrece al peso, nunca tan justa la balanza. Si tienes dudas sobre tu preparación, condiciones o temple, tienes la posibilidad de dar el primer paso: el cross de 18 kilometros. 

Nos vemos el 29 de marzo
 

domingo, 13 de mayo de 2012

Trail Oh Meu Deus, la primera en la frente.


Previsible. Si  sabes, sin lugar a error, que no estás preparado para algo, mejor no intentarlo. Si lo haces, no te pueden sorprender las consecuencias que básicamente se reducen a un cuerpo dolorido que sentía a cada movimiento, mientras escribía el lunes en la cama. Sería mi primera salida a la montaña este año.  Debut serio: 52 kms - 2.325 metros de desnivel positivo.

Aunque los días anteriores miraba el parte meteorológico buscando lluvias torrenciales que me sirvieran de excusa para no acudir a la cita, sobre todo teniendo en cuenta que no perdía importe de cuota de inscripción al haber sido gratuita por haber quedado tercero el pasado año -éramos 30, no os creáis-, finalmente allí me planté. En fin, pensé que dentro de quince días tenía los 112 del Soplao así que era un primer entrenamiento de categoría, con la distancia y fecha adecuadas. Además, como decía Chuchi Caridad en la reunión posterior a la Media, cuando nos planteábamos ampliar el cupo de atletas inscritos: "¿Quién dijo miedo teniendo hospitales?


Depués de dormir mal, me levanté a las cinco de la mañana para, en hora y media, llegar al corazón de la Serra da Estrela. Nada más pasar la frontera, ya tuve que parar a tomarme un "galao" -café con leche largo-, con mi primera nata del día, mi pastel preferido del planeta, ya que me estaba quedando dormido al volante. Poco antes de empezar, repetí menú en una pastelería-panadería henchida de ese maravilloso olor a pan y pasteles recién hechos -ojo, no soy goloso pero cuando cruzo la frontera, me transformo-. De hecho, llegué tarde a la salida.


La carrera. No recordaba que el año pasado se había cambiado el recorrido a última hora por el mal tiempo. Llevaba en mente un trail bastante soso, lleno de pistas y muy poco técnico, sorprendente teniendo en cuenta el atractivo de la zona.

Este año se realizaba el recorrido original y me percaté de mi error alrededor de la mitad del recorrido, cuando ya iba bastante tocado. Hasta entonces, marchamos por pistas y senderos con ritmo animado. Me encontraba bien, fuerte y sin problemas. Ritmo medio porque sabía que no estaba preparado para hacer ningún alarde. De hecho, tras mi lesión en la Media de Salamanca a principios de Marzo, lo más que había corrido eran cuarenta minutos el viernes anterior al trail. Después seis días de descanso completo.

El año pasado veía en los carteles de Manteigas el cartel con la ruta de ascensión a Torre, la montaña más alta del Portugal continental y había decidido acercarme algún día a hacerla porque parecía muy atractiva. Se recorre un hermoso trayecto a través del valle del antiguo glaciar hasta la ascensión propiamente dicha. Lo conocía del largo descenso en bicicleta a través de la carretera paralela. El puerto de Torre es muy duro. Nosotros subimos desde el otro lado de la sierra, desde Seia, en una ascensión de casi treinta kilómetros que se terminan haciendo muy largos, sobre todo si lo haces un día de resaca como me ocurrió a mí antaño, cuando era algo más arrojado.

Bien, cuando nos íbamos acercando a través del glaciar, yo ya veía que se iban acercando todos los males. Empecé a sentirme flojo. Corría todos los llanos junto a los tres portugueses con los que marchaba pero cada paso me costaba más seguirlos. Íbamos empapados por las lluvias intermitentes y por el pesado suelo completamente encharcado. Al final, justo antes de empezar el sendero de ascensión, mi cuerpo me decía que no pero yo seguía trotando, sabiendo que la gasolina me iba a durar bien poco y que después ya veríamos.

Estar a los pies de Torre es un espectáculo. Es un macizo aislado, imponente. Una pena no llevar cámara porque a la vista de la carrera de 2011, creí que no merecía la pena. Tras un primer tramo de subida, llegamos a una larga pradera completamente llena de agua. Traté de trotar tras mis compañeros pero ya no me era posible. Tenía amagos de calambres. Mi cuerpo no estaba preparado para la empresa y me estaba avisando. La subida a la parte final es dura pero no cinco estrellas. Aunque durante los últimos kilómetros ya he ido comiendo regularmente barritas, la sensación de vacío en el estómago regresa cada media hora. Parezco una caldera consumiendo calorías. Cuando ya falta poco para llegar a la cima y el frío ya no es soportable -hasta ese momento he ido aguantando en marga corta a pesar de las lluvias-, paro para ponerme la chaqueta y tomarme un gel que me ayuda en mi penosa ascensión. Cuando estoy agotado, al subir montañas, me ataca el sueño. Me pasa a menudo. Supongo que a la falta de fuerzas, se une la altura, en este caso, 2.000 metros. Me apetece llegar arriba, me apetece comer grasa, una hamburguesa del Ladis o tostón con patatas fritas. Esto es Portugal y confío que en la cima al menos tengan una sopa calentita. El último tramo se hace por la carretera. con los márgenes con medio metro de nieve, Hace mucho aire , las nubes pasan a toda velocidad y el viento gélido te deja congelado, especialmente los pies que llevas empapados. Todavía se tarda más de lo deseable en llegar a la furgoneta que sirve de avituallamiento, entre turistas tirándose bolas de nieve.






Gracias a Dios había una sopa. Adoro Portugal. Me dejan sentarme en el interior de la furgoneta y mientras me pongo a comer como un animal de todo, cierro los ojos. Casi me quedo dormido. Flirteo con la idea de retirarme y bajarme a Manteigas en coche pero pienso en mis compromisos futuros y lo bien que me vendrá una salida lo más larga posible. Además, esto es el kilómetro 32. A partir de ahora, casi todo lo que resta, es descenso. Me pongo en marcha.

El primer tramo de bajada, en torno a cuatro kilómetros, es carretera. Imagino que no habrá otra posibilidad. Una pena. En otras condiciones me hubiera encantado encontrarme con esta parte para volar cuesta abajo pero estoy agotado, con todo el cuerpo dolorido y la tripa llena. Me cuesta ponerme a trotar pero no queda otra. Es una carretera cuesta abajo, ¡un poco de dignidad! Me alcanza un chico de Lisboa, seguidor de Josef Ajram, y me animo charlando con él.

Cuando volvemos a la montaña, en los llanos, me deja. No tengo fuerzas. Ya solo trato de llegar. Para los profanos, bajar en montaña, es cuestión de técnica y práctica. Hoy, al principio de la carrera, me he sentido muy torpe. Como no he salido a la montaña, al cuerpo le cuesta volver a adaptarse. Es algo que progresivamente se va recordando a lo largo de la prueba. Sin embargo, en condiciones como las de hoy, a pesar de que ibas recobrando la soltura, puede más la nube negra del agotamiento y su falta de reflejos, por no hablar de la ristra de dolores que arrastra todo cuerpo mientras golpeas en cada zancada. No hay nada especialmente técnico. Simplemente no marchas. Sólo miras el reloj calculando cuánto tardarás en llegar a aquella lejana Manteigas que se vislumbra al fondo.

Al final entré en meta con un tiempo de 8:46. Creí que sería de los últimos, pero al final puesto 15 de 36 que corríamos el Trail. También había Mini y Ultra de más de cien kilómetros.

El próximo año volveré. Este recorrido es muy atractivo con tramos muy variados y algunos realmente espectaculares. Además a un paso de casa. El año pasado hubo problemas de señalización. En cambio este,  os puedo asegurar que quizá sea la carrera mejor marcada que he corrido. Y os lo dice un perro viejo.

A los que le gusten las crónicas de carreras al uso, no se me quejarán. Ladrillo sin interés de aúpa.

Mal estreno para los Demonios.

De música, un descubrimiento de esta semana, Eleanor Friedberger. Componente  junto a su hermano Mathew de The Fiery Furnaces, a quienes conocía solo de oídas."Mis errores", buen título para mis decisiones y modos de enfrentarme al fondo, siempre con falta de respeto. Una canción y un vídeo muy achuchables.


lunes, 5 de diciembre de 2011

Raid Montes de Robledo, lástima



Raid "Montes de Robledo". 52 kms de montaña fácil, sin ningún tramo técnico.  En familia. Varias posibilidades, una carrera corta creo que de alrededor de 28 kms, un recorrido senderista y hasta una categoría acompañado de perro. En la distancia larga competíamos alrededor de veinte valientes. En un mes apenas he corrido nada, aparte del Maratón de San Sebastián de hace una semana y del que mis piernas creo que todavía no estaban recuperadas.


La carrera. Como hay pocos participantes, corredores de medio pelo como nosotros, nos permitimos el lujo de liderar la carrera. No nos engañamos, somos del pelotón de los torpes pero siempre hace ilusión.  LLegué hasta algo más allá del kilómetro veinte. Aunque ni me acuerdo del último día que hice montaña, para mi estado de forma y mis amenazantes males, hubiera sido más conveniente un perfil más afilado, sobre todo para poder adaptarme muscularmente, intentando  alternar algún tramo caminando. Aquí prácticamente todo el recorrido es por pistas que te van desgastando progresivamente. A buen ritmo, a partir del kilómetro diez, nos quedamos cuatro corredores en cabeza. Poco después del veinte, sin que yo hubiera albergado temor alguno, sin verlo llegar, en una subida continua de varios kilómetros de pista, me comenzó a doler el gemelo. Aguanto poco más. Les deseo suerte a mis compañeros y comienzo a caminar decidido a retirarme, sobre todo por el temor a no poder correr en Barcelona. 

A partir de ahí sigo unos kilómetros bastante desanimado al paso de mi abuela. En un pequeño descenso comencé a correr con zancada muy cortita y parecía que el gemelo no me daba la lata. Subiendo me es imposible correr pero ya me animo y vuelvo a la carga con el único objetivo de terminar. Después de andar bastantes kilómetros, aún consigo pasar los 30 kms. en 3 horas y cinco minutos. Finalmente tardé 6:23 para completar los 22 kilómetros que me restaban y entrar en meta cuarto así que os podéis imaginar qué final. He tratado de caminar muy rápido, sobre todo subiendo pero me falta, me sigue faltando mucho trecho para volver a estar en forma de verdad.



La sierra oeste de Madrid no es especialmente bonita. Pequeñas montañas tapizadas de pinares y encinas de alrededor de 1.000 metros. Sin embargo sí hay algo que llama poderosamente la atención. De pronto, cuando te encuentras en medio del monte, se vislumbran a lo lejos tres cuencos gigantescos; es  la estación de la NASA de Robledo de Chavela.Un senderista con el que fui caminando un rato, me dijo que el mayor telescopio tenía un diámetro similar al de la Plaza de las Ventas. 


Alrededor del Km. 40 un "fisio" de la organización me hizo un apaño con cintas en el gemelo tras un masaje. Imagino que me vendría bien. Parece que hoy no me encuentro demasiado tocado. Hoy me he quedado en Las Hurdes y mañana lo volveré a probar por el monte.


Tengo ganas de correr los 100 de Barcelona el 17 de Diciembre, más que nada por quitármelo de encima y volver a empezar a construir con un poco de cabeza, poquito a poco y abandonando las distancias largas hasta que las merezca y mi cuerpo las demande y asuma sin queja.

 Sin entrenamientos, compitiendo "largo" y "cuidando" mi gemelo como el que tapa vías de agua en una sentina, me siento vulnerable. Sólo espero que mi cuerpo me deje hacer algún entreno largo, conseguir esa extraña marca en 100 y volver a empezar desde cero con vistas a Febrero. Sé que hace un mes hubiera peleado por ganar esta carrera  y eso me jode. Ahora sólo pienso en recuperar aquel estado de forma.

De música, tema espacial, claro. Canela en rama, "Space Oddity". El mítico "Control de tierra, Comandante Tom" en el original de Bowie y en otra versión más curiosa de los Hermanos Calatrava -a éstos, los jóvenes no los conocéis... tiempos del "1,2,3"-. No es mala... y lo digo en serio. 

"¡¡YO SOY ESPARTACO!!".

lunes, 3 de octubre de 2011

Maratón de montaña de Torrejoncillo, "quitándome" del diésel



Maratón de Montaña de Torrejoncillo. No es propiamente una prueba de montaña. Aunque han endurecido el recorrido respecto a anteriores ediciones, el acercamiento hasta Portezuelo a través de la dehesa y la posterior vuelta por el mismo camino, deja la montaña de la prueba en aproximadamente la mitad del recorrido, nada excesivamente técnico. Prueba "corrible" en un 95 %


Allí nos plantamos Arturo y yo en una mañana más fría de lo esperado. A lo largo de toda la carrera nos ha acompañado un aire fresco que ha restado dureza a la prueba. 

Experimentos. Recomendación de Salva Calvo, parece ser que también lo usa Kilian. Si es el combustible de la élite, por qué no de la clase media. Lo compré en Julio para usarlo en Ehunmilak pero se me echó el tiempo encima y no me decidí a probar cosas nuevas en una de las citas clave del año. Ayer me comí la mitad. La otra para el sábado. De estómago, bien. Nunca tuve sensación de vacío. Quizá pesadez Además está rico. A insistir con ello en triatlón de larga distancia.

La carrera a grandes rasgos. Tenía intención de salir algo más rápido pero me dio miedo. Durante la semana sólo pude entrenar media hora el martes y de montaña, hace algo así como dos meses que no hago nada lo que me hizo dejar marchar a grupos de atletas y ser prudente.

A lo largo de la carrera me he encontrado bien, controlando. La primera piedra de toque es la exigente subida al Castillo de Portezuelo que siempre hago corriendo más por cabezonería que por otra cosa ya que creo que con mi actitud se despilfarra energía que probablemente necesites más tarde y que apenas te da nada, salvo inútil satisfacción íntima.

Éste es el punto donde han cambiado el recorrido para mejor. Se marcha cresteando por zonas técnicas y alguna subida exigente a través de cortafuegos hasta la ascensión más dura del día, la de la Silleta a la que te acercas en los últimos kilómetros corriendo por pistas.

La subida parece más dura de lo que realmente es. Bonita ascensión, de longitud media (imagino que entre 20 y 25 minutos) y perfil exigente.Yo marco un buen ritmo y mientras me como una barrita, voy adelantando atletas.


A partir de ahí toda la prueba pica para abajo hasta la vuelta a la dehesa que te sitúa en torno a 7 kms. de meta. Sólo repechos puntuales que son los que te hacen percatarte de tu estado real.

No voy mal pero tampoco bien. Parece una perogrullada pero con más de treinta kilómetros, me noto cansado. Sin embargo, hay otras ocasiones en las que aunque te sientes molido, notas que te sigue quedando "punch". Hoy no. Sigo a lo mío pero me falta algo. Piloto automático que me sirve para adelantar un par de corredores y entrar en meta sin alardes pero sin luces de emergencia. En proceso de construcción. Cada semana me siento un poquito mejor pero a la competición del domingo, debería aportarle algo más.

Al final 3:48. Los de los GPS coincidían en que el recorrido es de poco más de 40 kms. Puesto 14 de los 42 que completamos el recorrido largo. Supongo que con un poquito más de "equipaje", me hubiera metido sin problemas entre los diez primeros pero ni aún así hubiera conseguido premio. Quedé noveno en mi categoría, 35-45 años. Hoy cumplo 41. Definitivamente esta categoría es una ruina. En este segmento se encuentran los tipos más curtidos y que más entrenan.


Este mundillo es una familia. Antes del inicio de la prueba, coincidimos con Alejandro, "Pachuli" y Charo. Casualmente habíamos comido con ellos en Ehunmilak. Estaban de vacaciones por aquí y Alejandro se apuntó apuntó a la carrera. Suerte en el maratón del domingo.

Como hoy es mi cumple, os encargo regalo o por lo menos encontrame enlace donde conseguir estos fetiches. Años llevo buscando, no los calzominos, sino el pantalón de atletismo de la "Union Jack" y aún no se me logró. A riesgo de que en las carreras internacionales se me acerque a saludar cada hijo de la Gran Bretaña, me parece una prenda de lo más punk.En su defecto, camiseta en Enjuto Mojamuto como la que lleva Arturo que a propósito, ayer se marcó una gran carrera -y éste entrena menos que yo-, metiéndose en el puesto 22 en la carrera de 27 kms.



Mi cumpleaños cae en lunes. No es un buen día. Os dejo la versión de Tori Amos de los "Boomtown Rats" de Bob Geldof . Su "I Don´t Like Mondays". No os puedo contar gran cosa de Tori porque no la conozco. Lugares comunes, poco más. Sólo tengo un disco de versiones y ésta siempre me encantó. 



"¡¡YO SOY ESPARTACO!!"

martes, 20 de septiembre de 2011

Subida al Águila, qué pena de pene


Pues ahí va la corta crónica de mi carrera más corta. La incidencia a la que hacía referencia el lunes fue que durante el maratón del sábado, cometí un error de pardillo. Varios factores se concatenaron para determinar la catástrofe. Nunca tuve claro que fuera a correr un maratón completo por lo que ni se me ocurrió darme vaselina en ninguno de los sitios comprometidos, utilicé un pantalón con braga muy recia, fui continuamente mojado. En fin, que como consecuencia me preparé un buen chaperón. Otras veces había tenido alguna heridilla en la punta o alguna rozadura pero esta vez tenía heridas por todo el glande. 

El sábado por la tarde caminaba con dificultad. El domingo intenté solucionar el problema poniéndome dos calzoncillos apretadillos para que no se meneara el amigo, pero no hubo manera. No llegué ni a subir dos kilómetros. Me molestaba mucho y me daba miedo el descenso. Me preocupaba despellejarme así que en menos de diez minutos decidí darme la vuelta. Una pena porque prácticamente no tenía secuelas de la paliza del día anterior y tenía ganas de hacer esta carrera, más que nada por conocer la ruta de ascenso. Ahora no tengo claro si volveré a intentarla porque me parece cara. 

A día de hoy, lleno de costras, mi pene tiene un aspecto horrible pero supongo que es buena señal, que se está curando. Además casi no me duele. 

Os dejo el vídeo que igualmente tenía pensado enlazar. Se lo descubrí a Xocas y ya lo había compartido en facebook. Una precioso vídeo de Kilian Jornet, el mejor corredor del mundo de ultratrail y al que ya dediqué un post. Como decía entonces y cómo nos pasa a todos los montañeros, a ver quién le encuentra el encanto al asfalto después de reventar entre bosques, después de vencer a las montañas.

martes, 5 de julio de 2011

Ultra Trail Serra da Freita o las razones por las que corro trail


Porque amo la montaña y esa mañana descubrí una maravilla desconocida a las puertas de casa y a tiro de piedra del Atlántico.



Porque ser capaz de recorrer setenta kilómetros con 4.200 metros de desnivel positivo en algo más de doce horas te proporciona una sensación de libertad, de autonomía, de satisfacción y control difícil de explicar para los ajenos al mundillo.



Porque me gusta correr pero también me gusta escalar e incluso vadear ríos




Porque cuando la naturaleza encaja con la actividad humana, todo parece perfecto. Por muy cansado que te encuentres, no deja de sorprender descubrir entre montañas, pueblos que más parecen de "parque temático".


Porque hay carreras perfectas, plenas de belleza, donde se mezclan senderos extremadamente técnicos con cumbres abiertas, enmarañados atajos con pistas a pie de molinos, ríos y cascadas con ascensiones y descensos que hay que ganarse a cada paso, que hay que vencer con cada latido.

Porque me gusta introducirme en el mundo del trail portugués y conocer a algunos de nuestros hermanos, porque hay organizaciones perfectas donde además de proporcionarnos todo lo material, nos aportan un plus de cariño y ánimo. Obrigado, Moutinho. Fama bien merecida la del trail más famoso de Portugal.


Porque no hay nada mejor que terminar estas palizas sin un dolor, con las piernas enteras y sin una agujeta al día siguiente. Puesto 47. Cada vez tengo más claro que con un pequeño salto de forma y una mezcla de estrategia y ambición, podría estar bastante más adelante. En el buen camino para Ehunmilak.


Como fui solo, y con vistas a las temibles dos noches de Ehunmilak, probé usar música pero no me acaba de convencer. Prefiero oir el sonido del monte, el silencio de la noche. Podría dejar "Terrible Love" de The National que fue la primera canción que escuché o alguna de Editors, uno de cuyos discos nos regalaron con la bolsa del corredor (!?) aunque comparto Antonio Vega, el disco que fui escuchando en el coche. Ya sabéis en la onda en la que me muevo últimamente.





P.S. Sniff, después de muchos años, se me rompieron mis calcetines de la suerte provocándome una herida en el talón por cafre. Habrá que buscar otro amuleto.



Aviso para navegantes por si algún lector se da por aludido. A los corredores que tiran envoltorios en el recorrido habría que ejecutarlos directamente, sin proceso previo, arrojándolos por alguno de los precipicios junto a los que pasamos. Si voy subiendo y voy entero, los recojo. Cuando entra en funcionamiento el piloto automático, agacharse cuesta demasiado.