Prolegómenos. Cuando llegué el sábado por la tarde y de nuevo el domingo, justo después de la carrera, marché enfilado a mi sitio preferido de Orense, un lugar que yo desconocía hasta que corrí el maratón hace un par de años y del que me quedé prendado. Son las termas. Unas pozas de agua calentita donde relajarse antes de meterse en el agua fría del río. Lo que debe ser maravilloso es poder bañarse en invierno.
Dormí en tienda junto al río donde al día siguiente nadaríamos. Cuando me acosté a las once y media, se escuchaban a lo lejos los ecos de una fiesta. Sin embargo estaba cansado y me dormí. A la una y media me desperté porque la fiesta se encontraba en pleno apogeo. Se escuchaba a un tipo que ponía música y jaleaba a la tropa que berreaba cada vez más beodo. Me empecé a cabrear pero de pronto me paré a pensar y me dije que lo normal es lo que hacen ellos, estar de fiesta una noche del sábado, lo que no es normal es madrugar cada fin de semana para darse una nueva paliza. Afortunadamente me acordé de que tenía tapones para los oídos porque los recomendaba la organización debido a la temperatura del agua. Nadando no los usé pero aquella noche me salvaron la vida.
Para los que no lo sepáis, Aviaman es un triatlón nuevo. Ayer tuvo lugar la primera edición y es una "jaramugada" en toda regla. La tarde del sábado nos dijeron que la única parte llana del recorrido ciclista de 60 kms eran los doscientos metros de salida de boxes. Dos puertos de primera, incluida esta criatura, el Coto dos Xarotos.
Respecto a la carrera, muy contento. La temperatura del agua era de catorce grados pero no me pareció excesivamente fría. Será que ya tengo el cuerpo muy acostumbrado. Natación mejor de lo esperado y eso que hice el puesto 96 de los 121 que creo que salimos en total. 25 minutos clavados para los 1.200 metros. Ya sé, ya sé... que es una birria pero al menos algo cundieron los diez kilómetros nadados los últimos días cual mal estudiante antes de examen. Lo que ya no tengo claro es si hubiera sido algo mejor de haber entrenado cincuenta.
La transición horrible, seguro que en mi "top five" de peores cambios. A pesar de mearme en el neopreno justo antes de empezar, volví a la carga en plena zona de transición. Además, con las manos heladas no atinaba a ponerme los calcetines y tuve hasta que sentarme en el suelo. Muy profesional.
El recorrido ciclista es durísimo y muy bonito. Yo siempre he marchado intentando ser prudente por el miedo a lo que estaba por llegar. El primer ascenso a Pena Corneira, nada más comenzar, es mucho más duro de lo que esperaba con rampas de hasta el 11 por ciento. Respecto a la estrella del día, el Coto dos Xarotos, no hay nada mejor que esperar lo peor para que después todo no parezca tan malo. Casi sin querer, y sin sufrir demasiado, siempre controlando, me encontré arriba. Hay rampas bestiales, de hecho probablemente ayer subí sobre una bici la cuesta de asfalto más inclinada de mi vida -seguro que cercana al 20%-, pero no son continuas. Supongo que al bajar de un trece a un ocho, todo parece mucho más descansado. Cuando me enteré que la cima estaba cerca, apreté. Es cuando adelanté a más gente, entre ellos a Xocas y Furacán. Mi triple plato fue mano de santo. Casi nunca llegué a utilizar todas sus posibilidades pero te da algo más de agilidad que al resto. De hecho debo ser de los únicos triatletas que carga con el tercer plato para ponerlo tres veces al año, dentro de un mes en Marie Blanque, en la subida anual a La Covatilla y poco más. Por cierto, ése sigue siendo para mí mucho peor que Xarotos. Covatilla es como un martillo pilón, sus rampas no llegan a tanto desnivel pero esa pendiente media continua del 10 durante varios kilómetros te tritura.
Al comenzar el descenso en la zona del parque eólico la rueda delantera de perfil me da un par de sustos debido al aire racheado lo que me hace tomar muchas precauciones en las alturas. Con razón la organización hizo hincapié en la peligrosidad del descenso. Se baja muy rápido por algunas zonas llenas de casas y explotaciones agrícolas. El último ascenso a Pena Corneira es más tendido que por la otra cara pero también se hace más largo. Sin embargo voy animado, me siento fuerte y con ganas de correr. Creo que también contribuye el hecho de que disfrutemos de un día precioso, luminoso y fresco a la vez. Condiciones inmejorables. Al final puesto 82. Una escalofriante media de 20,40 kms./hora -yo no llevaba cuenta, no sé si aquí se incluye el tiempo de la transición-. Aquí sé que podía haberlo hecho mucho mejor.
La carrera a pie se desarrolla en un bonito circuito junto al río. 15 kilómetros. Tres vueltas. Me siento bien, voy a un buen ritmo pero sin alardes, quizá por falta de ambición. Me cogió un triatleta de Lalín que me llevaba una vuelta de ventaja y me enganché a un ritmo alto. Fuimos charlando hasta que él aceleró en la recta de meta. Por la inercia, ya iba lanzado y metí una velocidad más en la última vuelta. Con 1:01, puesto 30 de carrera. Fenomenal. También sé que con el estímulo adecuado podría haber corrido aún más rápido.
Tiempo final: 4:23. Puesto 66 en la clasificación general. Me quedo con las grandes sensaciones con las que he terminado la prueba, fuerte y con chispa, sin asomo de agotamiento ni problemas de estómago. Supongo que debería haber apretado en la bici pero ay, amigo, a toro pasado... Tal vez me hubiera tocado penar a pie. Sé que estoy bien y tengo confianza para arriesgar en la próxima ocasión.
Con lo que dejé asombrado al personal fue con mi baño después de la carrera. Si no estaba tan fría... Alguien cercano notará algo raro. El viernes no sólo me rapé mi abundante "melena" casi al cero. Ya de puestos, en un arrebato hasta me pasé la máquina por el pecho.
La mayoría de canciones que escuchaba el sábado desde el interior de la tienda, os podéis imaginar que eran una basura pero también había alguna buena de Extremoduro o Leño.
"¡¡YO SOY ESPARTACO!!"