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lunes, 20 de mayo de 2013

Terturlia: "El ruido y la furia".



"El ruido y la furia", "El ruido y la furia", madrita mía. Bendito el día que se me ocurrió. Aunque no me preocupaba mucho porque este sí que sé que no se lo ha leído nadie, el retraso respecto a la fecha inicialmente propuesta se debe por un lado a que sigo peleando en demasiados frentes a la vez, por otro a que el libro lo he ido leyendo con calma, compaginándolo con varios más, en sentadas de diez páginas cuando estaba con fuerza .A lo largo de mi vida he leído bastantes libros -no todos los que me gustaría porque voy despacio-, algunos de ellos tochos  duros de pelar pero sin lugar a dudas, este ha sido el más complicado. Precisamente venía de "La náusea" de Sartre otro librito que se las trae pero con más miga aprovechable, con más sustrato filosófico. El de Faulkner decidí acabarlo porque lo había propuesto y no estaba bien achantarse.

El libro nos cuenta cuatro días de 1928  en una familia del Sur de Estados Unidos, el retrato de unas relaciones envenenadas, una familia sobre la que pesa una especie de maldición que viene de mucho tiempo atrás y que todos los personajes interiorizan como inevitable, las fuentes y consecuencias de enconados enfrentamientos.

Hasta ahí bien. El asunto es cómo  lo cuenta Faulkner. La historia se divide en cuatro partes, las primeras sesenta páginas son el monólogo de Benji, un deficiente mental. Cómo traducir el pensamiento de una persona con algún tipo de enfermedad mental es asunto delicado. La realidad aparece distorsionada y traducida a un magma sincopado y sin sentido del que intentas extraer información para saber qué está ocurriendo realmente.  Ahí veo sobre todo miedo. El giro más sorprendente del libro se da cuando al final del libro descubres a Benjy a través de los ojos de otro personaje y no se trata del  niño que tú creías sino un adulto gigante.

La segunda parte no es que se aclare demasiado. Toma la voz otro hermano pero es su conciencia la que nos irá describiendo qué siente. Algunos tramos normales salpicados de ráfagas que se asemejan a una suerte de escritura automática. Lees y te preguntas si tu cabeza funciona de esta forma, si sería el mejor método para traducir la voz de un pensamiento. Puede ser. A veces parece ese vago recuerdo que queda al despertar de un sueño. Esta parte se hace tan o más dura que la anterior. Aquí solo veo arrepentimiento y tristeza por el incesto con su hermana. Desamparo. La antesala del suicidio que se nos anunciará posteriormente.

Entrar en la parte tercera es como una recompensa. Después de casi cien páginas caminando descalzo, te ofrecen una alfombra para continuar y se agradece. En la tercera y cuarta parte -esta ya más descriptiva-, se refleja el enfrentamiento entre Jason  y su sobrina, hija ilegítima de la hermana que hace tiempo abandonó el hogar. Jason es un ser terrible, avaricioso, inmoral, ladrón, orgulloso, enfermo de odio y resentimiento. El conflicto con todos los miembros de su familia y los trabajadores negros de su casa, especialmente con su sobrina, es continuo, lo que motivará el desenlace de la historia. 

Es una propuesta arriesgada, es evidente. Francamente creo que no saqué nada en claro de toda la parte ilegible. Puede que lo mismo que en el instituto no estás preparado para leer a los clásicos que te mandan, puede que yo tampoco lo esté para sortear tantos obstáculos. Faulkner es un gran escritor; cuando decide escribir para que se le entienda, en tonos más o menos descriptivos, transmite con fuerza el miserable ambiente de vidas hipotecadas o el de esa extraña brecha o tierra de nadie que separa a blancos y negros. Es capaz de barrer todo el recuerdo de su inicial experimentación, para mí demasiado audaz. Simplemente no disfruté. Soy más clásico.

Costó llegar a la última frase: "Ellos perseveraron".


Ahora sí, ahora puede que tal vez algún día me atreva con el Ulises. Para la próxima tertulia algo ligerito para variar: 15 de julio, "El libro de los abrazos" de Eduardo Galeano (pinchad en el título),

De música, ruido. No Joy,  chicas de Montreal descendientes directas de las capas de ruido más ilustre,  My Bloody Valentine.