El pasado mes de Septiembre, poco antes de afrontar la última ascensión a las temibles rampas del Bodenberg en el Powerman de Zofingen,me encontraba totalmente destrozado, acosado por una nube de pensamientos negativos: que maldito el día que se me ocurrió apuntarme, que iba a estrellarme una vez más, que la retirada era cosa segura, que aquello sólo podía ir de mal en peor, que si esto era disfrutar de una afición, que sólo se me ocurre a mí venir sin entrenar la bici en condiciones y a menos de una semana de acabar el Ultra Trail del Mont Blanc, el reto más duro de mi vida; en fin, más que pájara era un descomunal buitre el que planeaba a mi alrededor.
Pero de pronto un rayo de lucidez me iluminó, decidí que todos aquellos pensamientos no me hacían ningún bien, que iba a tirar para delante sin seguir dándole vueltas, que bajaría el ritmo (aún más) sin importarme que me pasara todo el mundo, que comería todo lo que llevara y que si la derrota llegaba, sería porque era realmente inevitable, si me tenía que retirar sería porque mi posición estaba totalmente copada.
La mayoría ya sabéis que después acabé, me bajé de la bici y corrí y caminé los temibles treinta kilómetros de montaña más feliz que una perdiz. Aunque iba hecho una verdadera mierda, era consciente de que iba a terminar, que esa meta ya no me la iba a quitar nadie. Unas horas antes jamás lo hubiera pensado, pero me había recuperado.
Después de la carrera, cada vez que hablaba sobre ella, siempre decía que aquel día aprendí mucho, que me conocí a mí mismo de verdad, aprendí a alimentarme de otra forma, aprendí que la larga distancia es muy larga y que sobre todo no hay que perder los nervios. No sé si habéis pasado alguna situación complicada en la montaña; yo sí. Os aseguro que durante esas horas, lo último que necesitas es el típico compañero "tocapelotas" quejándose continuamente de lo mal que marcha todo. Eso nunca ayuda en nada, crispa los nervios y afecta a la moral del grupo. Más absurdo aún sería que tú mismo fueras ese incómodo compañero.
A veces pienso que mi retirada en Niza fue evitable. Me aturullé, me puse nervioso cuando volvieron mis fantasmas estomacales. En lugar de intentar hacerle frente de alguna forma, me vi derrotado de antemano. Analizando a posteriori aquella carrera, veo con claridad que la perdí porque no se pueden hacer 4 kms nadando y 180 en bici comiendo una puta barrita. Si mi estómago no toleraba comida “deportiva”, debería haber ingerido otro tipo de alimento y ante los familiares síntomas del desfallecimiento, debería haber luchado, no rendirme casi de antemano antes del maratón. Mi objetivo era simplemente acabar. Me da pena pensar en esa carrera porque me equivoqué, pero entonces no sabía lo que me enseñó Zofingen, algo muy simple, pero que quizá debes aprender con dolor.
Meses después leí primero en el blog de los Teres y después en el de Humberto, estas palabras del más grande, de Mark Allen. Me quedé alucinado porque era exactamente la lección que yo había aprendido en Suiza. Es muy simple, ahí está casi TODO lo que necesitas para un Ironman o para vivir.
Primer consejo: darse cuenta que ninguna carrera irá nunca como has previsto. Tener esto en cuenta en tu estrategia de carrrera y estar preparado para lo imprevisto.
Segundo consejo: no tienes que sentirte genial para que sea la carrera de tu vida. De hecho puedes sentirte mal todo el día y aún así hacer la carrera de tus sueños. Si das demasiada importancia a sentirte bien, cuando te sientas mal , será aun peor.
Tercer consejo: comer, beber y tu ritmo. Son las tres variables más importantes que pueden trabajar para maximizar la capacidad de tu cuerpo para seguir adelante. Pensar en estos tres. Si notas que tu capacidad está bajando y necesitas algo extra, comer un poquito para tener energía, beber un poco para asegurar que no te deshidrates y bajar el ritmo un punto , para que puedas relajarte un momento y ver si todo vuelve a su cauce.
Cuarto consejo: el elemento más importante de todos va a ser TU ACTITUD, con una actitud positiva, ocurren milagros. Con una actitud negativa, el desastre esta asegurado. El problema surge cuando vas rápido, a tope, y tu cuerpo va al límite; tener una actitud positiva es practicamente imposible conseguirla.¿Solución? No tener ningun pensamiento. ¡¡¡¡¡SI!!!!! Parar ese cerebro tuyo, por meterse en medio de lo que tú has preparado. Esta sencilla habilidad te ayudará a superar estos momentos imposibles, cuando tu cerebro te dice que tu reto está fuera de tu alcance. Esto te mantendrá enfocado, cuando tus pensamientos te sacan del esfuerzo para alcanzar tu reto. Sencillo pero Poderoso.
"¿Por qué me siento tan mal?" canta Beth Gibbons, ¿Por qué me siento tan mal?, pensaba yo antes de la T2 en Zofigen. La cantante de Portishead, en "Roads", consigue una suerte de reencarnación de los lamentos de Billie Holiday. Portishead son de Bristol, uno de los abanderados del “Trip Hop”, extinto y fugaz movimiento de los noventa. La conexión ya no existe, siempre fueron demasiado grandes para adaptarse a norma alguna. Su último disco “Third”, da fe de ello, extraño y fascinante los coloca en primerísima división, rico en influencias y matices y sin embargo profundamente personal y raro. Esta canción está grabada en Roseland, Nueva York. El suave “wha wha” de la guitarra de Adrian Utley junto a las cuerdas de la orquesta son el manto perfecto para el quejido de Beth (¿por qué me gustan tanto las pelirrojas?). Esta canción sólo se podía cantar con los ojos cerrados. Toda magia. Justo antes de comenzar a cantar, cuando sólo se escucha el vibrante y pausado toque rítmico del órgano, cuando parece que no va a ocurrir nada, que todo está a punto de paralizarse, cuando ella amaga y casi se adelanta... la emoción estrangula la atmósfera de la sala; todo aquello parece que va a saltar por los aires. ¡Mi reino por una entrada para ese concierto!.
Ale, un abrazo.