Yo quiero predicar con fundamento
como aquel, don Giuseppe de la pipa,
que anduvo, tumultuoso y clandestino,
procreando este siglo en rebeldía.
Recuerdo y no recuerdo su silencio
paternal, como el humo de su pipa.
En qué calle quedó su grito muerto
con todo el ideal patas arriba?
Cómo le habrá dolido haber caído
cuando ya el alba que soñó, crecía?
Giuseppe predicaba en el desierto:
América era joven todavía.
Yo quiero predicar que ahora es cierto.
Que todas sus palabras eran chispas.
Porque en su pipa comenzó el incendio
que arde en la tierra tuya y en la mía.
Si él pudiera volver a sus geranios,
al humo de su pipa, al mediodía,
vería cómo avanza por el mundo
el mundo nuevo que nos prometía.
Entonces, con el sol recién llegado
de América insurgente, le diría:
—Buen día, don Giuseppe! En el desierto
están creciendo todas las espigas!
Salta, 1974
Armando Tejada Gómez: Bajo estado de sangre (1974-1983) (1986)
Versións:
Dúo Salteño: El viejo luchador; Dúo Salteño; 1973; Lado 2, Corte 5
Armando Tejada Gómez: El viejo luchador; Vigencia; 2005; CD3: Registros inéditos; Pista 13
*[Por razóns de espazo nunha entrada anterior etiquetouse a Armando Tejada Gómez, intérprete, como Tejada. Respectamos a etiqueta anterior para evitar duplicidades.]
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domingo, 26 de noviembre de 2017
domingo, 12 de noviembre de 2017
Chacarera del aparecido
Yo me olvido del olvido
y es por eso que recuerdo,
no sólo lo adolecido
sino lo que no recuerdo.
Quién puede, si es que pudiera
tener la memoria abierta
y lamerse las heridas
vida adentro y muerte afuera?
El impune, el asesino,
cuenta con que me descuenta
y no sabe que al olvido
lo culpan los que recuerdan.
No sé cómo no acordarme
de los desaparecidos,
si cuando busqué al recuerdo
lo tenían detenido.
No me maten otra vez,
dijo el desaparecido:
no sea que por no estar
yo sea el aborrecido.
Dejen la memoria ahí:
donde se olvida el olvido,
para que el verdugo sepa
que, adonde vaya, lo sigo.
No importa que yo no esté.
Soy un silencio testigo.
Si soy recuerdo y recuerdas
no olvides que no hay olvido.
Cuando las Madres pregunten
qué fue de nuestro destino,
no se olviden de acordarse
que ahí comienza el camino.
Buenos Aires, agosto de 1983
Armando Tejada Gómez: Bajo estado de sangre (1974-1983) (1986)
Versións:
Dúo Salteño: Fogata del aparecido; Madurando sueños; 1986; Lado 1, Corte 6
Viki Fontana: Fogata del aparecido; Armando Tejada Gómez, Vol.1; 2012; Pista 4
y es por eso que recuerdo,
no sólo lo adolecido
sino lo que no recuerdo.
Quién puede, si es que pudiera
tener la memoria abierta
y lamerse las heridas
vida adentro y muerte afuera?
El impune, el asesino,
cuenta con que me descuenta
y no sabe que al olvido
lo culpan los que recuerdan.
No sé cómo no acordarme
de los desaparecidos,
si cuando busqué al recuerdo
lo tenían detenido.
No me maten otra vez,
dijo el desaparecido:
no sea que por no estar
yo sea el aborrecido.
Dejen la memoria ahí:
donde se olvida el olvido,
para que el verdugo sepa
que, adonde vaya, lo sigo.
No importa que yo no esté.
Soy un silencio testigo.
Si soy recuerdo y recuerdas
no olvides que no hay olvido.
Cuando las Madres pregunten
qué fue de nuestro destino,
no se olviden de acordarse
que ahí comienza el camino.
Buenos Aires, agosto de 1983
Armando Tejada Gómez: Bajo estado de sangre (1974-1983) (1986)
Versións:
Dúo Salteño: Fogata del aparecido; Madurando sueños; 1986; Lado 1, Corte 6
Viki Fontana: Fogata del aparecido; Armando Tejada Gómez, Vol.1; 2012; Pista 4
jueves, 20 de abril de 2017
La muerta
Si de pronto no existes,
si de pronto no vives,
yo seguiré viviendo.
No me atrevo,
no me atrevo a escribirlo,
si te mueres.
Yo seguiré viviendo.
Porque donde no tiene voz un hombre
allí, mi voz.
Donde los negros sean apaleados,
yo no puedo estar muerto.
Cuando entren en la cárcel mis hermanos
entraré yo con ellos.
Cuando la victoria,
no mi victoria,
sino la gran victoria
llegue,
aunque esté mudo debo hablar:
yo la veré llegar aunque esté ciego.
No, perdóname.
Si tú no vives,
si tú, querida, amor mío,
si tú
te has muerto,
todas las hojas caerán en mi pecho,
lloverá sobre mi alma noche y día,
la nieve quemará mi corazón,
andaré con frío y fuego y muerte y nieve,
mis pies querrán marchar hacia donde tú duermes,
pero
seguiré vivo,
porque tú me quisiste sobre todas las cosas
indomable,
y, amor, porque tú sabes que soy no sólo un hombre
sino todos los hombres.
Pablo Neruda: Los versos del capitán (1952)
Versións:
Dúo salteño: La muerta; Vamos cambiando; 1991; Lado 1, Corte 4
si de pronto no vives,
yo seguiré viviendo.
No me atrevo,
no me atrevo a escribirlo,
si te mueres.
Yo seguiré viviendo.
Porque donde no tiene voz un hombre
allí, mi voz.
Donde los negros sean apaleados,
yo no puedo estar muerto.
Cuando entren en la cárcel mis hermanos
entraré yo con ellos.
Cuando la victoria,
no mi victoria,
sino la gran victoria
llegue,
aunque esté mudo debo hablar:
yo la veré llegar aunque esté ciego.
No, perdóname.
Si tú no vives,
si tú, querida, amor mío,
si tú
te has muerto,
todas las hojas caerán en mi pecho,
lloverá sobre mi alma noche y día,
la nieve quemará mi corazón,
andaré con frío y fuego y muerte y nieve,
mis pies querrán marchar hacia donde tú duermes,
pero
seguiré vivo,
porque tú me quisiste sobre todas las cosas
indomable,
y, amor, porque tú sabes que soy no sólo un hombre
sino todos los hombres.
Pablo Neruda: Los versos del capitán (1952)
Versións:
Dúo salteño: La muerta; Vamos cambiando; 1991; Lado 1, Corte 4
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