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jueves, 29 de enero de 2026

Versos de otoño

Cuando mi pensamiento va hacia ti, se perfuma;
tu mirar es tan dulce, que se torna profundo.
Bajo tus pies desnudos aún hay blancor de espuma,
y en tus labios compendias la alegría del mundo.

El amor pasajero tiene el encanto breve,
y ofrece un igual término para el gozo y la pena.
Hace una hora que un nombre grabé sobre la nieve;
hace un minuto dije mi amor sobre la arena.

Las hojas amarillas caen en la alameda,
en donde vagan tantas parejas amorosas.
Y en la copa de Otoño un vago vino queda
en que han de deshojarse, Primavera, tus rosas.

Rubén Darío: El canto errante (1910)

Versións:

José Mª Vitier e Pablo Milanés: Canción de otoño; Canciones del Buen Amor; 2002; Pista 13




José Mª Vitier e Martirio: Canción de otoño; El aire que te rodea; 2011; Pista 8




Pablo Milanés e José Mª Vitier: Canción de otoño; Canción de otoño; 2014; Pista 1

(Reedición da versión do disco Canciones del Buen Amor, do ano 2002.)


Juan Luis Dammert e Marcela Pérez Silva: Versos de otoño; Darío nuestro. Rubén Darío en ritmos peruanos (VVAA); 2016; Pista 7

lunes, 10 de marzo de 2025

Un médico afirma

(…)
                                                                            *
      Un médico afirma que para fruncir el entrecejo, se necesita poner en juego sesenta y cuatro músculos, mientras que para reír son suficientes trece músculos. El dolor es, por consiguiente, más deportivo que la alegría.

(…)

César Vallejo: Negaciones de negaciones. Contra el secreto profesional (1973)*

Versións:

Juan Luis Dammert e Patricia Oliart: Un médico afirma; Vallejo para cantar; 1986; Pista 7



*[César Vallejo: Obras completas; Tomo I: Contra el secreto profesional; prólogo de Georgette de Vallejo; Editorial Mosca Azul; Lima, 1973.]

viernes, 14 de febrero de 2025

Un hombre pasa con un pan al hombro

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?

César Vallejo: Poemas humanos (1939)

Versións:

Juan Luis Dammert: Un hombre pasa con un pan al hombro; Vallejo para cantar; 1986; Pista 9

martes, 2 de julio de 2024

Tristitia

Mi infancia, que fue dulce, serena, triste y sola,
se deslizó en la paz de una aldea lejana,
entre el manso rumor con que muere una ola
y el tañer doloroso de una vieja campana.

Dábame el mar la nota de su melancolía;
el cielo, la serena quietud de su belleza;
los besos de mi madre, una dulce alegría,
y la muerte del sol, una vaga tristeza.

En la mañana azul, al despertar, sentía
el canto de las olas como una melodía
y luego el soplo denso, perfumado, del mar,

y lo que él me dijera, aún en mi alma persiste;
mi padre era callado y mi madre era triste
y la alegría nadie me la supo enseñar.

Abraham Valdelomar: Las voces múltiples (1916)

Versións:

Juan Luis Dammert e Susana Roel: Tristitia; El cancionero de los poetas; 1994; Pista 3

martes, 26 de septiembre de 2023

Tiza blanca

Las alumnas de la banca
la llamaron Tiza Blanca.

A la prima luz del día
candorosa se vestía
de piqué bordado fino
cinturón alabastrino.

Iba a clase, a las lecciones
con sus ojos pupilones,
con su clara luz serena,
sus mejillas de azucena.

No olvidaba el canastillo
de alfeñiques y blanquillo.

Si problemas ensayaba
con la tiza se pintaba.
Resolvía azul misterio
del errante planisferio,

y de flora los jardines
el amor de clavelines,
con su clara luz de armiño
los teoremas del cariño.

Si al tablero se acercaba
con la tiza conversaba.
A su vera los negados
florecían avisados.

Los libraba de enemigos,
horas lentas y castigos.
Era el campo, la blancura
del colegio la Ternura.

José María Eguren: Rondinelas (1929)

Versións:

Juan Luis Dammert e Jessica Ballón: Tiza blanca; El cancionero de los poetas (VVAA); 1994; Pista 1

martes, 15 de agosto de 2023

Tiempo tiempo

Tiempo Tiempo.

Mediodía estancado entre relentes.
Bomba aburrida del cuartel achica
tiempo tiempo tiempo tiempo.

Era Era.

Gallos cancionan escarbando en vano.
Boca del claro día que conjuga
era era era era.

Mañana Mañana.

El reposo caliente aun de ser.
Piensa el presente guárdame para
mañana mañana mañana mañana.

Nombre Nombre.

¿Qué se llama cuanto heriza nos?
Se llama Lomismo que padece
nombre nombre nombre nombre.

César Vallejo: Trilce (1922)

Versións:

Juan Luis Dammert e Patricia Oliart: Tiempo tiempo; Vallejo para cantar; 1986; Pista 4

domingo, 28 de mayo de 2023

Terceto autóctono

                        I
El puño labrador se aterciopela,
y en cruz en cada labio se aperfila.
Es fiesta! El ritmo del arado vuela;
y es un chantre de bronce cada esquila.
Afílase lo rudo. Habla escarcela...
En las venas indígenas rutila
un yaraví de sangre que se cuela
en nostalgias de sol por la pupila.
Las pallas, aquenando hondos suspiros,
como en raras estampas seculares,
enrosarian un símbolo en sus giros.
Luce él Apóstol en su trono, luego;
y es, entre inciensos, cirios y cantares,
el moderno dios-sol para el labriego.

                        II
Echa una cana al aire el indio triste.
Hacia el altar fulgente va el gentío.
El ojo del crepúsculo desiste
de ver quemado vivo el caserío.
La pastora de lana y llanque viste,
con pliegues de candor en su atavío;
y en su humildad de lana heroica y triste,
copo es su blanco corazón bravío.
Entre músicas, fuegos de bengala,
solfea un acordeón Algún tendero
da su reclame al viento: "Nadie iguala!"
Las chispas al flotar lindas, graciosas,
son trigos de oro audaz que el chacarero
siembra en los cielos y en las nebulosas.

                        III
Madrugada. La chicha al fin revienta
en sollozos, lujurias, pugilatos;
entre olores de urea y de pimienta
traza un ebrio al andar mil garabatos.
"Mañana que me vaya..." se lamenta
un Romeo rural cantando a ratos.
Caldo madrugador hay ya de venta;
y brinca un ruido aperital de platos.
Van tres mujeres..., silba un golfo... Lejos
el río anda borracho y canta y llora
prehistorias de agua, tiempos viejos.
Y al sonar una caja de Tayanga,
como iniciando un huaino azul, remanga
sus pantorrillas de azafrán la Aurora.


César Vallejo: Los heraldos negros (1918)

Versións:

Mercedes Sosa: Terceto autóctono; Traigo un pueblo en mi voz; 1973; Lado 2, Corte 1




Juan Luis Dammert e Patricia Oliart: Huayno azul; Vallejo para cantar; 1986; Pista 6




Juan Luis Dammert, Jessica Ballón e Susana Roel: Huayno azul; El cancionero de los poetas (VVAA); 1994; Pista 6

lunes, 15 de agosto de 2022

Pídeme el huerto y los palacios

        Pídeme el huerto y los palacios
Que habita el hada en oriental región,
        Las ingentes riquezas
        Que el gnomo atesoró.

        Pídeme el manto de celajes
Que el día tiende al suspirar su adiós,
        La borëal aurora
        Del frío Septentrión.

        Pídeme lunas y luceros,
Flamígeros cometas de pavor,
        Desconocidos mundos
        En vaga formación.

        Pídeme nieve en el Verano,
En el Invierno luces y calor,
        El agua en el desierto,
        A medianoche el Sol.

        Pídeme antojos y caprichos,
Lo que no acierte a descifrar la voz,
        Los sueños y visiones
        De insensata razón.

        Pídeme absurdos y quimeras;
Mas no me pidas olvidar tu amor:
        Todo lo puedo, todo;
        Pero olvidarte, nó.

Manuel González Prada: Minúsculas (1901)

Versións:

Juan Luis Dammert e Jessica Ballón: Pídeme el huerto; El cancionero de los poetas (VVAA); 1994; Pista 4

miércoles, 20 de julio de 2022

Sonatina

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.
           
   
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
           
   
¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?
           
   
¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.
           
   
Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.
           
   
¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.
           
   
¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
—la princesa está pálida, la princesa está triste—,
más brillante que el alba, más hermoso que abril!
           
   
—«Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».
           

Rubén Darío: Prosas profanas y otros poemas (1896)

Versións:

Héctor Numa Moraes: Sonatina; No volverá el pasado. Numa Moraes canta a Nicaragua; 1982; Lado 2, Corte 2




Juan Luis Dammert e Patricia Saravia: Sonatina; Darío nuestro. Rubén Darío en ritmos peruanos (VVAA); 2016; Pista 1

lunes, 14 de febrero de 2022

Sinfonía en gris mayor

El mar como un vasto cristal azogado
refleja la lámina de un cielo de zinc;
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruñido de pálido gris.

El sol como un vidrio redondo y opaco
con paso de enfermo camina al cenit;
el viento marino descansa en la sombra
teniendo de almohada su negro clarín.

Las ondas que mueven su vientre de plomo
debajo del muelle parecen gemir.
Sentado en un cable, fumando su pipa,
está un marinero pensando en las playas
de un vago, lejano, brumoso país.

Es viejo ese lobo. Tostaron su cara
los rayos de fuego del sol del Brasil;
los recios tifones del mar de la China
le han visto bebiendo su frasco de gin.

La espuma impregnada de yodo y salitre
ha tiempo conoce su roja nariz,
sus crespos cabellos, sus bíceps de atleta,
su gorra de lona, su blusa de dril.

En medio del humo que forma el tabaco
ve el viejo el lejano, brumoso país,
adonde una tarde caliente y dorada
tendidas las velas partió el bergantín…

La siesta del trópico. El lobo se aduerme.
Ya todo lo envuelve la gama del gris.
Parece que un suave y enorme esfumino
del curvo horizonte borrara el confín.

La siesta del trópico. La vieja cigarra
ensaya su ronca guitarra senil,
y el grillo preludia un solo monótono
en la única cuerda que está en su violín.

Rubén Darío: Prosas profanas y otros poemas (1896)

Versións:

Juan Luis Dammert e Piero Bustos: Sinfonía en gris mayor; Darío nuestro. Rubén Darío en ritmos peruanos (VVAA); 2016; Pista 9

lunes, 6 de abril de 2020

Peregrín cazador de figuras

En el mirador de la fantasía,
al brillar del perfume
tembloroso de harmonía;
en la noche que llamas consume;
cuando duerme el ánade implume,
los órficos insectos se abruman
y luciérnagas fuman;
cuando lucen los silfos galones, entorcho
y vuelan mariposas de corcho
o los rubios vampiros cecean,
o las firmes jorobas campean;
por la noche de los matices,
de ojos muertos y largas narices;
en el mirador distante,
por las llanuras;
Peregrín cazador de figuras,
con ojos de diamante
mira desde las ciegas alturas.

José María Eguren: La canción de las figuras (1916)

Versións:
Juan Luis Dammert e Susana Roel: Peregrín; El cancionero de los poetas (VVAA); 1994; Pista 7

sábado, 14 de marzo de 2020

Para la misma

Miré al sentarme a la mesa,
bañado en la luz del día
el retrato de María,
la cubana japonesa.

El aire acaricia y besa,
como un amante lo haría,
la orgullosa bizarría
de la cabellera espesa.

Diera un tesoro el Mikado
por sentirse acariciado
por princesa tan gentil,

digna de que un gran pintor
la pinte junto a una flor
en un vaso de marfil.

Rubén Darío: Prosas profanas y otros poemas (1896)

Versións:
Juan Luis Dammert e Miriam Quiñónez: Para la misma; Darío nuestro. Rubén Darío en ritmos peruanos (VVAA); 2016; Pista 2

martes, 5 de noviembre de 2019

Nicaragua

Madre, que dar pudiste de tu vientre pequeño
tantas rubias bellezas y tropical tesoro,
tanto lago de azures, tanta rosa de oro,
tanta paloma dulce, tanto tigre zahareño.

Yo te ofrezco el acero en que forjé mi empeño,
la caja de armonía que guarda mi tesoro,
La peaña de diamantes del Ídolo que adoro
y te ofrezco mi esfuerzo, y mi nombre y mi sueño.

Rubén Darío: Textos dispersos. Poesías completas* (2016)

Versións:
Juan Luis Dammert e Marcela Pérez Silva: Nicaragua; Darío nuestro. Rubén Darío en ritmos peruanos (VVAA); 2016; Pista 3



*[Rubén Darío: Poesía completa; Edición, introducción e notas de Álvaro Salvador; Editorial Verbum, S.L.; Madrid, 2016; ISBN: 978-84-9074-324-9-E.]

viernes, 1 de noviembre de 2019

Marisel

Yo recuerdo que tú eras
como la primavera trizada de las rosas,
o como las palabras que los niños musitan
sonriendo en sus sueños.

Yo recuerdo que tú eras
como el agua que beben silenciosos los ciegos,
o como la saliva de las aves
cuando el amor las tumba de gozo en los aleros.

En la última arena de la tarde tendías
agobiado de gracia tu cuerpo de gacela
y la noche arribaba a tu pecho desnudo
como aborda la luna los navíos de vela.

Y ahora, Marisel, la vida pasa
sin que ningún instante nos traiga la alegría…

Ha debido morirse con nosotros el tiempo,
o has debido quererme como yo te quería.

Juan Gonzalo Rose: Simple canción (1960)

Versións:
Tania Libertad e Juan Gonzalo Rose: Marisel; El mismo puerto; 1978; Lado 1, Corte 6



Juan Luis Dammert e Gabriel Hernández: Marisel; El cancionero de los poetas (VVAA); 1994; Pista 8

martes, 3 de septiembre de 2019

Lo que yo maldigo

     Querría yo, por un feliz encanto,
dejar el circo infame de la Tierra
y huir a mundos de apacibles seres
sin los rojos instintos de la fiera.

     Donde palomas y aves de rapiña
en amigable comunión vivieran,
donde jamás el diente de los tigres
rasgara el corazón de las gacelas.

     Cansado estoy de crímenes y sangre,
de mirar en el hombre y en la bestia,
la inmolación salvaje del vencido,
la victoria del mal y de la fuerza.

     Ante el inicuo drama de la vida
mi justiciero corazón protesta;
perdono mis dolores, no perdono
la universal crucifixión eterna.

     ¿Por qué mis ojos para ver los males
y mis oídos para oír las quejas?
¿Por qué no soy el leño ni el peñasco,
dormidos en la paz de la inconsciencia?

     ¿Por qué venir a lamentar horrores
en un oscuro y trágico planeta?
¡Maldito el ciego antojo de la vida
que por morada me otorgó la Tierra!

Manuel González Prada: Exóticas (1911)

Versións:
Juan Luis Dammert e Jessica Ballón: Lo que yo maldigo; El cancionero de los poetas (VVAA); 1994; Pista 10

viernes, 9 de agosto de 2019

Lo fatal

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Rubén Darío: Cantos de vida y esperanza. Los cisnes y otros poemas (1905)

Versións:
Juan Luis Dammert e Miriam Quiñónez: Lo fatal; Darío nuestro. Rubén Darío en ritmos peruanos (VVAA); 2016; Pista 6

martes, 9 de abril de 2019

Amo, amas

Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo:
Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.

Y cuando la montaña de la vida
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
Amar la inmensidad que es de amor encendida
¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!

Rubén Darío: Cantos de vida y esperanza. Los cisnes y otros poemas (1905)

Versións:
Juan Luis Dammert e Luz María Carriquiry: Amo, amas; Darío nuestro. Rubén Darío en ritmos peruanos (VVAA); 2016; Pista 5

domingo, 7 de abril de 2019

A Margarita Debayle

Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.

Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: —«¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
—«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».

Y el rey clama: —«¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».

Y ella dice: —«No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».

Y el papá dice enojado:
—«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: —«En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

          * * *
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

                              Bahía de Corinto (Nicaragua)
                              Isla del Cardón, 20 de marzo de 1908

Rubén Darío: Poema del otoño y otros poemas (1910)

Versións:
Juan Luis Dammert e Rosa Guzmán: A Margarita Debayle; Darío nuestro. Rubén Darío en ritmos peruanos (VVAA); 2016; Pista 11

viernes, 5 de abril de 2019

A Francisca

          I
Francisca, tú has venido
en la hora segura;
la mañana es obscura
y está caliente el nido.

Tú tienes el sentido
de la palabra pura,
y tu alma te asegura
el amante marido.

Un marido y amante
que, terrible y constante,
será contigo dos.

Y que fuera contigo,
como amante y amigo,
al infierno o a Dios.

          II
Francisca, es la alborada,
y la aurora es azul;
el amor es inmenso
y eres pequeña tú.

Mas en tu pobre urna
cabe la eterna luz,
que es de tu alma y la mía
un diamante común.

          III
¡Franca, cristalina,
alma sororal,
entre la neblina
de mi dolor y de mi mal!

Alma pura, alma franca,
alma obscura
y tan blanca…

Sé conmigo
un amigo,
sé lo que debes ser,
lo que Dios te propuso,
la ternura y el huso,
con el grano de trigo
y la copa de vino,
y el arrullo sincero
y el trino,
a la hora y a tiempo.
¡A la hora del alba y de la tarde,
del despertar y del soñar y el beso!

Alma sororal y obscura,
con tus cantos de España,
que te juntas a mi vida
rara,
y a mi soñar difuso,
y a mi soberbia lira,
con tu rueca y tu huso,
ante mi bella mentira,
ante Verlaine y Hugo,
¡tú que vienes
de campos remotos y ocultos!

          IV
La fuente dice: «Yo te he visto soñar».
El árbol dice: «Yo te he visto pensar».
Y aquel ruiseñor de los mil años
repite lo del cuervo: «¡Jamás!».

          V
Francisca, sé suave,
es tu dulce deber;
sé para mí un ave
que fuera una mujer.

Francisca, sé una flor
y mi vida perfuma,
hecha toda de amor
y de dolor y espuma.

Francisca, sé un ungüento
como mi pensamiento;
Francisca, sé una flor
cual mi sutil amor;

Francisca, sé mujer,
como se debe ser…
Saber amar y sentir
y admirar como rezar…
Y la ciencia del vivir
y la virtud de esperar.

          VI
Ajena al dolo y al sentir artero
llena de la ilusión que da la fe,
lazarillo de Dios en mi sendero,
Francisca Sánchez, acompañamé…

En mi pensar de duelo y de martirio
casi inconsciente me pusiste miel,
multiplicaste pétalos de lirio
y refrescaste la hoja de laurel.

Ser cuidadosa del dolor supiste
y elevarte al amor sin comprender;
enciendes luz en las horas del triste,
pones pasión donde no puede haber.

Seguramente Dios te ha conducido
para regar el árbol de mi fe;
hacia la fuente de noche y de olvido,
Francisca Sánchez, acompañamé…

Rubén Darío: Textos dispersos. Poesías completas* (2016)

Versións:
Juan Luis Dammert e Marcela Pérez Silva: A Francisca (VI); Darío nuestro. Rubén Darío en ritmos peruanos (VVAA); 2016; Pista 10



*[Rubén Darío: Poesía completa; Edición, introducción e notas de Álvaro Salvador; Editorial Verbum, S.L.; Madrid, 2016; ISBN: 978-84-9074-324-9-E.]

domingo, 31 de marzo de 2019

Madre

Tu nombre viene lento como las músicas humildes
y de tus manos vuelan palomas blancas

Mi recuerdo te viste siempre de blanco
como un recreo de niños que los hombres miran desde aquí distante

Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura

A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso

Entre ti y el horizonte
mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos

porque ante ti callan las rosas y la canción

Carlos Oquendo de Amat: 5 metros de poemas (1928)

Versións:
Juan Luis Dammert e Susana Roel: Madre; El cancionero de los poetas (VVAA); 1994; Pista 5