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miércoles, 26 de febrero de 2014

Paco de Lucía: la vida, el flamenco y sus dos manos.


La vida tiene dos manos. Con una te acaricia y con la otra te golpea. Drama y comedia. Te mece o te arrea. Unas veces suave y otras con fuerza.

A nosotros, durante un tiempo, la vida nos sacudió con ceguera y rabia.

Para mitigar estas malas circunstancias mi padre nos embarcó en un viaje a Granada a mi hermana y a mi con la intención de que no olvidáramos que, al menos, seguíamos juntos y sobre todo que todo aquello pasaría.

En Granada visitamos a nuestros “titos”, Manolo y Miguel. En realidad ni siquiera son familia nuestra pero los llamamos “titos”, si algo nos ha enseñado padre es que tienes a tu familia impuesta pero que, aleatoriamente, puedes ampliarla incorporando a amigos y personas que te hacen sentir siempre como si estuvieras cerca de casa y que tienes que corresponder abriendo las puertas de la tuya para que todo el que quiera se pueda tomar un respiro y descansar.
Granada para nosotros significa muchas cosas: playas de la infancia, amistades, música…

Los titos nos llevaron un día de cañas. Un recorrido larguísimo de Alhambras en cada bar, de tapas y de flamenco. Acabamos dando con nuestros huesos en un pequeño local regentado por un personaje llamado Antoñito “El Triniá”. Cantaor. Amante ortodoxo del flamenco. Un poco tartamudo.

Era inevitable que, entre cerveza y cerveza, se nos soltara la lengua y por la conversación discurrieran las diferencias entre la forma de entender el flamenco en toda Andalucía, incluso en España. “El Triniá” denostaba el flamenquito y hacía una llamada a “la pureza” mientras que yo me empeñaba en intentar explicarle –maldita cerveza- que el arte (tampoco el flamenco, ningún tipo de arte) puede sobrevivir intacta, suspendida en el tiempo y circunscrita a su espacio geográfico original y que, si bien, las raíces han de ser conservadas y necesitan para ello de la ortodoxia y sus creyentes también es bueno, de cuando en cuando, mezclarlas con otros ingredientes para que puedan así conformar otras formas de expresión artística.

-“A mi es que estos modernos de las lagartijas y los universos…pues que no, no sé qué pensarán en Madrid o en Sevilla”.  

-“¿Y Morente?

-“Morente es caso aparte porque Enrique Morente puede hacer lo que quiera, niño, ese no pierde la raíz”.

-“¿Y Camarón?

-“Ese igual, ese era un cantaor de toda la vida por más que os empeñéis…aunque hiciera sus mezclitas y sus cosas…esos son genios y son casos aparte. Pero lo otro, lo del uyuyuyuy y la guitarrita eléctrica y la rumbita…eso no es de aquí”.

-“¿Entonces?

-“Pues que los experimentos para los que sepan experimentar o que le pongan gaseosa”.

Pensaba yo que Antoñito “El Triniá” era de los que pensaban, erróneamente, que el flamenco partía de un lugar incierto llamado “Duende”. Esa manía de reducir el arte a un asunto de iluminados y elegidos, un tipo de arte que no se puede aprender y para la que tienes que estar predispuesto de una forma mágica.

Entre la ortodoxia se suele pensar así: El flamenco es/existe porque se genera de forma espontánea. Sin aviso, un poco como te golpea o te acaricia la vida.  

El nacimiento de la heterodoxia (el nuevo flamenco) impulsado desde finales de los 60 y conocido como nuevo flamenco, sin embargo, nace del pensamiento contrario: El flamenco es y existe en sus raíces pero puede aprenderse, puede estudiarse y, claro está, puede expresarse y disfrutarse por personas ajenas a sus raíces.

El ortodoxo cree en la pureza y en el linaje mientras que el heterodoxo cree en la mezcla y en la internacionalización. Para el ortodoxo, el más ensimismado, el flamenco no podría contar con cátedras para su estudio o con escuelas para su aprendizaje.  

Así, los heterodoxos, se agarraron al flamenco identificando a la música popular andaluza con las mismas virtudes que al “sonido progresivo” (con su poquito de rock y su poquito de psicodelia…a un arte nuevo, en definitiva) y expresaron sus intenciones artísticas en un texto conocido como “Manifiesto de lo borde”. Reproduzco solo sus tres últimos puntos para mejor comprensión:

I. No se trata de hacer “flamenco-pop” ni “blues aflamencado”, sino de corromperse por derecho.

II. Sólo puede uno corromperse por el palo de la belleza.

III. Imagínate a Bob Dylan en un cuarto, con una botella de Tío Pepe, Diego el del Gastor, a la guitarra, y la Fernanda y la Bernarda de Utrera haciendo el compás, y dile: canta ahora tus canciones. ¿Qué le entraría a Dylan por ese cuerpecito? Pues lo mismo que a Manuel [Molina] cuando empieza a cantar por bulerías con sonido eléctrico:

“Aunque digan lo contrario,
yo sé bien que esto es la guerra,
puñalaítas de muerte
me darían si pudieran”.

Desgraciadamente la explosión primera (macarra, viva, sentida, brutal, contradictoria porque era a la vez “universitaria” e “internacionalista” y a la vez callejera) que alumbró a Smash, la figura de Silvio Fernández Melgarejo –y todos sus proyectos musicales-, a Triana, Veneno, Pata Negra, Camarón de la Isla y a toda una serie de virtuosos que añadieron sus raíces flamencas al jazz (Chano Domínguez) o que jugaron con excelencia en los márgenes de la experimentación y de la pura ortodoxia (Enrique Morente o Paco de Lucía) o, incluso, el “arrancón” primero de la misma rumba catalana (El Pescaílla y Bambino) o de la traslación de ese sonido –ya mestizo- a “los Chichos” o a los propios nietos de Porrina de Badajoz (“Los Chunguitos), incluso a los “Medina Azahara” (el flamenco y el rock mezclado con el sinfónico) también ha generado monstruos. Es normal. No hay un estilo musical puro que en el cambio de manos, de tiempo y de lugar no haya sido vejado por la propia industria. Convengamos en que, aunque la raíz sea la misma, no es lo mismo el “Miami Sound” de Emilio Stefan que Ruben Blades o Willy Colón.

¿Es el flamenco algo mágico como sostienen los ortodoxos?

Así le ataqué a Antoñito “El Triniá”. Como dicen los taurinos: por delante y por derecho.

-"¿Entonces esto sale por que sí?".

-"A veces sí y a veces no".

-"¿No se puede aprender?"

-"Mira, cuando tu ves a Tomatito acompañando a Camarón piensas en que ese es un guitarrista para un cantaor. Algo específico. Uno para el otro. Otra cosa es cuando ves a Paco de Lucía. Y tú lo ves tocar y piensas que ese tío tiene algo. Que lo tiene. En la punta de los dedos. Pero también es verdad que cada vez que él pone un traste y saca una nota seguro que no piensa en si eso le sale de dentro o no. Seguro que piensa en las broncas que le echaban por poner mal los dedos y en las horas y horas que hay que dedicarle para tocar así la guitarra. Así de bien. Como todo para esto hay que valer. Hay que sentirlo y hay que tocarlo pero también hay que echarle tiempo y perfeccionarlo porque si no, no vale la pena".

-"¿Entonces?".

-"Pues que unos sí y que otros no…pero un japonés tocando la guitarra, por muy bien que lo haga, nunca va a ser lo mismo. Solo hay que verlo. Eso es un robot. Paco de Lucía es otra cosa, no porque lo digan desde fuera. Aunque tocara todavía de tablao en tablao sería otra cosa. Algo tendrá cuando se lo rifan. Y ahora perdonarme que os voy a preparar una pipirrana y os voy a poner otras cuantas cervecitas. No le demos más vueltas".

Convinimos pues en estar de acuerdo en que estábamos en desacuerdo.

La desaparición de Paco de Lucía se lleva por delante un pellizco importante de nuestra historia musical, posiblemente de la más personal –si es que los países tienen personalidad- y seguramente una de las más atrevidas de este país tan normalmente pacato. Se lleva por delante al hombre que mejor entendió que todo era trabajo y un poquito de inspiración, al talento y al estudio, al tipo que estaba sentado en el punto justo en el que la ortodoxia y la heterodoxia se daban la mano.



Escuchando “Rosa María”, esos tangos tan clásicos y a la vez tan peculiares porque están personalizados en la siempre nueva voz de Camarón y acompañados por una guitarra que siempre suena clásica y, a la vez, vanguardista, me emociono recordando aquella pérdida dolorosa y aquel viaje agridulce, a los titos, a mi hermana y a mi padre acodados ya a unas horas tardías de la sobremesa en la barra de aquel pequeño bar de Granada que ni siquiera sé si sigue en pie.


El flamenco, como la vida, tiene dos manos. Unas veces da palmas por alegrías y otras veces se cierran en un gesto de dolor enorme. Unas veces son unas manos nuevas que se abren paso a través de un camino también nuevo buscando aire y reclamando espacio y otras veces se agarran con fuerza a las raíces como las manos de Paco de Lucía rasgando las cuerdas de la guitarra. Como dice mi amigo Pablo: Hoy este mundo es un poco peor.  

miércoles, 25 de mayo de 2011

Antònia Font y el público de Madrid


El grupo mallorquín Antònia Font ha tocado esta noche en el Teatro Lara. Vaya por delante que a mi los conciertos sentado me ponen de los nervios, que se vienen a mi cabeza las imágenes de las modositas primeras fans de The Beatles moviendo alocadamente las piernas, mezcladas con las escenas de las matinés del Circo Price inmortalizadas por el NODO y, claro está, las de los actos culturales de la URSS en la que daba igual que estuvieran viendo al Ballet Nacional o un CSKA-Real Madrid de baloncesto porque aplaudían sentados en sus butacas con el mismo entusiasmo contenido y mecánico. Yo soy más de estar de pie, hacer un poco el cafre y bailotear con este cuerpo lamentable con el que he sido dotado. El asunto de estar sentado, así de primeras, como que me pega más para otras cosas y creo, pero eso solo lo creo yo que soy un poco idiota, que a un grupo como este vale más la pena disfrutarlo de pie. Mi compañero de fatigas, el hombre que me ha invitado a semejante evento cultural ha sido el tuitero @pamplinero al que agradezco desde este rincón que me eligiera entre los cientos de miles de pretendientes que existían para esa butaca en tercera fila desde la que, puedo asegurar, no hemos perdido ripio. @pamplinero decía, en la cenita posterior en ese chino que parece una especie de remedo cañí de los restaurantes de Manhattan Sur sito en la "Plaza de los Luna", que distinguía cierta catarsis en el público que se queda con la imagen de haber asistido a un concierto en el que todo el mundo termina jaleando de pie y aplaudiendo. No es mal punto de vista.

Antònia Font es uno de esos grupos, como Mishima por ejemplo, que pese a la barrera idiomática (cantan en catalán con acento mallorquín que es un acento de lo más curioso) se han hecho un hueco en el panorama "indie" nacional. Como ya saben ustedes el "indie" es una cosa completamente inabarcable y heterogénea porque caben en ese saco desde Chinarro a Nixon, pasando por Los Planetas o Sexy Sadie y acabando en propuestas como Love of Lesbians, Manos de Topo o los mismos Antònia Font. Etiquetar a la banda comandada por Miquel Oliver de "pop" o de "indie" sería olvidar que son un grupo con un registro amplísimo de temas, hasta tal punto que se hace muy dificil encasillarlos en alguna corriente concreta ya que cuentan con canciones como "Batiscafo Katiuscas" (la gran ausente del repertorio de esta noche) o ""Wa yeah" que no se parecen en nada. Incluso en su último disco, lamparetes, parecen como obligados a diluirse en una maraña de  influencias para encontrar su propio estilo. 

Con un repaso por este nuevo y brillante trabajo han comenzado su actuación en Madrid para pasar luego a lo que Pau Debón, con algo de chufla, ha denominado "grandes éxitos". El asunto ha ido de menos a más por razones obvias, los temas de este album son mucho menos conocidas que las que llevan sonando un par de temporadas y, por si fuera poco, las maletas y algunos instrumentos del grupo han desaparecido en Barajas lo que les ha obligado a tomarlos prestados de otro conocido músico "indie" que les ha prestado el material a prisa y corriendo hoy mismo. A este contratiempo se ha unido que el sonido del Lara ha dejado un poco que desear en ese primer instante y ha dejado inservible la segunda guitarra de acompañamiento que, a veces empuña Pau Debón, y que su nivel de micro andara acoplado al de la banda y se produjera el conocido efecto "J de Los Planetas" o "canto al mismo nivel de la banda afinando la voz como si fuera un instrumento más". Algo que, a veces, resulta francamente desesperante. 

Sin embargo, y pese a estos contratiempos, Antònia Font ha salido del atolladero técnico poniéndole empeño y profesionalidad y consiguiendo el crescendo necesario para que la cosa quedara en un tonteo con el desastre, posibilidad que siempre acompaña a cualquier actuación musical. 

Si Mick Jagger se quejaba de forma desesperante de que, siempre que presentaban nuevos temas, la gente aprovechaba para ir a comprar perritos calientes durante el concierto lo cierto es que Antònia Font bien podría haberse quejado, en primera instancia, del poco o nulo interés del público madrileño en general y del "indie" en particular por ponerse, en primera instancia, a favor de obra. Han tenido que ser los foráneos, los que vienen de fuera del foro, los que pusieran ese punto de arranque necesario para que la cosa marchara. 

El público de Madrid en general, y el "indie" en particular, suele confundir el silencio de respeto con lo despiadado y tiene un alto nivel de autocomplacencia consigo mismo y sus gustos pero, normalmente, muy poca piedad con el trabajo ajeno. Confundimos, normalmente, nuestra capacidad de juicio con una actitud escrutadora y fría que paraliza a más de un currela artístico. No me extraña. No se de donde sale tanto interés por parecer afectado, por parecer intenso y, sobre todo, por parecer que todo nos coge completamente prevenidos, enterados e, incluso, un poco aburridos. Es desesperante el tono casi litúrgico que comenzamos a conferirle a cada concierto y nuestra incapacidad para disfrutar de las cosas que nos lleva a convertirnos en un público antipático que, la mayoría de las veces, parece que paga una entrada para convertirse durante un rato en Risto Mejide olvidando que, a estas cosas, y salvo completo desastre, se va a disfrutar y a pasarlo bien. Esta dureza de carácter se puede ver en los campos de fútbol (ese Bernabéu mudo ante el séptimo gol de Cristiano Ronaldo haciendo la catapulta mortal, esa pasividad del Calderón ante la enésima gambeta de Agüero en esta temporada), en los toros (Esas Ventas que silban incluso la forma de hacer el paseillo y que escrutan incluso como el matador de turno bebe el "buchito" de agua) o en todo tipo de conciertos donde se suele producir esa especie de pulso criminal en los primeros instantes en el que la masa parece estar diciendo "entretenedme y sorprendedme y, recordad, vais a tener que cagar sangre para sacarme un aplauso que no sea el plas, plas de compromiso entre tema y tema". 

Sin embargo, y como existen los milagros, al final incluso el ácido y despiadado público de Madrid ha de rendirse a la evidencia y suele entregarse en las tres últimas canciones y luego pidiendo bises. De pronto se nos quita la vergüenza, nos olvidamos de que hemos estado sentados, de que queríamos de verdad canturrear en mal catalán las canciones de Antònia Font y sobreviene el levantamiento, el gritoneo fans y el arramblamiento de la fanaticada que, incluso, se ha atrevido a dar palmas de forma sincopada y de practicar una especie de catalá-mallorquí fonético que a la banda de hoy le habrá resonado en los oídos como a las bandas extranjeras les debe de sonar el "guachi-guachi-einsonnn" con el que mal pronunciamos sus canciones. 

En definitiva, Antònia Font son una banda con oficio, unos músicos excelentes que han sabido ganarse al público capitalino que los ha hecho sudar en algunos momentos de la noche con esa actitud de "¿Si aplaudo demasiado creerán que todo esto me gusta de verdad?" que les ha recompensado con dos ovaciones sinceras. Conciertos como el de esta noche son los que te demuestran que en este país existe una música de mucha calidad compuesta y ejecutada por un personal que sabe emocionar al respetable, que maneja a la perfección la escena, que sabe sacar petróleo de cualquier situación ofreciendo un concierto de casi dos horas de duración que ha hecho que "Calgary 88" sonara como segundo bis porque se habían quedado sin repertorio que ofrecer...y, aunque la gente ha pedido "Batiscafo Katiuscas" nos hemos quedado con las ganas. Si pasan por su ciudad no lo duden, pasen a verlos. 

viernes, 8 de abril de 2011

"Presidente" (Sr. Chinarro, 2011)


Hay carreras musicales marcadas por quedarse siempre a un paso del éxito de masas. Hay carreras que se desarrollan estupendamente bien en ese impreciso espacio que existe entre el desconocimiento popular y una especie de éxito medio, que a la sombra de las grandes ventas (si es que todavía se puede pensar en grandes ventas o en ventas en medio de este reajuste salvaje) florecen con talento. Posiblemente, y salvo raras excepciones, quedarse en ese espacio te sirva para que te cuelguen la etiqueta imprecisa de "indie" o "independiente" como signo definitorio aunque, tan imprecisa es la etiqueta, que también si eres muy conocido y te llamas "Los Planetas" o "Vetusta Morla" también te la cuelguen. 

La carrera de Sr. Chinarro, el sobrenombre donde se esconde el sevillano Antonio Luque, ha medrado en ese espacio brillando ante audiencias medias pese a que, en varios momentos de su carrera, muchos ejecutivos y alguna disquera vieran en su estilo  a un artista para masas. No puedo evitar, cada vez que escucho de una de estas operaciones, ver una de esas imágenes de dibujos animados en las que el gato Silvestre mira hacia la jaula del canario y en su imaginación lo visualiza como un mini pollo asado. Luque, sin embargo, nunca ha acabado de ser eso que se llama un "mainstream" y ha sufrido esa peste que se le echa encima a los artistas que, pese a contar con cierto apoyo industrial, no lo consiguen. En definitiva, el error de no convertirse en un jugoso éxito (en un pollo asándose y dando vueltas en el horno) suele recaer sobre los hombros del artista y no sobre el poco olfato de este o del otro dirigente que no ha sido capaz de leer al público o al momento en el que se lanza un disco. Al final, como siempre, la culpa recae sobre la presa y no sobre el cocinero. 

En todo caso Sr. Chinarro, con enormes altibajos, sigue siendo un personaje presente y un referente musical más allá de las ventas o, si lo quieren, más allá de las preferencias del público mayoritario. Eso es lo que importa, que contra viento y marea Antonio Luque sigue haciendo música y ocupando un espacio irreemplazable ya que siempre tiene un pie en la rareza y otro en la más absoluta normalidad lo que te hace plantearte si no comparte algún rastro de ADN artístico con Kiko Veneno, que es otro artista que ha crecido conjugando la cosa extraña con el ritmo más exitoso. 

Sr. Chinarro es un músico un tanto inclasificable en tanto en cuanto parece siempre a la búsqueda de un estilo personal. Hacer un trabajo de tasación y etiquetado de Luque es harto complicado en tanto en cuanto él mismo parece no atenerse a una norma fija y hay tantas diferencias entre sus discos que, muchas veces, parece que ni siquiera sean del mismo artista. La única constante en el trabajo de Antonio Chinarro/Señor Luque es posible que sea su propia inconstancia o la necesidad imperiosa de tocar todos los palos. En muchos artistas este cambio de registro supone una indisimulada caza de la comercialidad pero en este músico supone, simplemente, un rasgo de su propia personalidad artística. 

"Presidente" (Mushroom Pillow) es el último trabajo en el mercado de Sr. Chinarro e incide un poco en esa irregularidad consentida de Luque, en ese imprevisible dejarse llevar por el momento personal y creativo que atraviesa en cada momento. Creo, y me equivocaré seguramente, que esa y no otra ha residido siempre su insalvable barrera para componer un megahit. La composición de uno de ellos se debe, en parte al momento y a la casualidad, pero la mayoría de las veces a la constancia. A ser capaz de tener oficio burocrático aplicado a lo musical, a ceñirse a unos absolutos, a unos ritmos que nunca fallan y a unos versos casi programados previamente. Es por ello que los grandes éxitos de la música, muchísimos de ellos, pertenecen muchas veces a compositores contratados al efecto y no a artistas conocidos. El espacio ese de sombra al que me refería al principio permite eso, permite la libertad de componer según el timón interior y no ceñirse en demasía a la norma...la norma está ahí, puede utilizarse y cualquiera puede hacerlo, como todas las cosas de este mundo, pueden ser aprendidas y agarradas con los brazos. Otra cosa es que se quiera tirar de la misma. 

Lo mejor que se puede decir de "Presidente" es que es un disco genuino de Sr. Chinarro. Un disco que suena brutalmente optimista en tiempos de poco optimismo. Otra vez Luque demuestra que el exterior le interesa menos que la brújula interior. Será que le va bien en lo personal o que ha encontrado un remanso de paz pero, ahí están temas como "San Borondón" o "Una llamada a la acción" son cortes para bailotear y, sin embargo, el primero tiene una carga de rumba a lo Kiko Veneno que poco o nada tiene que ver el segundo que es un tema abiertamente Pop. ¿Rasgos parecidos? Luque es un buen músico, un músico honesto pero, sobre todo, es un estupendo letrista. Otro enorme rasgo de calidad del sevillano, posiblemente en lo único que sea constante: es difícil encontrar una mala letra en el todo Sr. Chinarro. 

11 temas que navegan entre diferentes estilos y que, con altibajos, contiene un puñado de grandes canciones. Quizás uno, que es así de cuadriculado, parece más tendente a la vieja filosofía en la que un LP es un todo formado por partes (es por ello que me sorprende que "Los Planetas", por ejemplo, sigan buscando esa fórmula) pero "Presidente" no me ha defraudado nada. Es más, está ya entre mis discos preferidos de Sr. Chinarro que no era uno de esos artistas a los que siguiera yo mucho hasta que me lo mostraron en sus dimensiones exactas. Reseñable es "Fotos no",  "La lección", "Vacaciones en el mar" (esta me ha recordado enormemente a las grandes canciones de Sabino Méndez...he dicho Sabino Méndez. Ha servido de single y adelanto por razones evidentes) o "Babieca" en la que Luque se enreda en un poema propio. 

Hablar de referencias sería casi imposible porque este que escribe se ha ido dando de tropezones con cientos de ellas tan dispares nacionales e internacionales que me sería un tanto dificultoso no hacer una lista gigante. Lo mejor, lo mejorcito, es que Sr. Chinarro es Sr. Chinarro, un artista que ha encontrado su identidad en la carrera por no tenerla posiblemente. Si quieren escuchar algo interesante, agradable y cargado de talento ya saben. Por si las moscas desde aquí lo grito: ¡Chinarro Presidente! 

jueves, 13 de enero de 2011

Humor español: Todo permanece, nada cambia



Ahí arriba está José Luis López Vázquez disfrutando de los encantos de la noche madrileña y gritando como un loco "¡Beatnik!" en la película de Mariano Ozores "Operación cabaretera" (1967). Las películas españolas de los 60 y los 70 están llenas de títulos y de sketches que tienen que ver con hacer humor de lo modernos desde lo convencional.  Ye-yés de los que se criticaba su pelo largo, su música extranjerizante y a los que se acababa de reconducir con un corte de pelo al cero (Paco Martínez Soria en "¿Qué hacemos con los hijos?", 1967) , Alfredo Landa ejerciendo de hippie en "Una vez al año ser hippy no hace daño" (1968) o el simpar duelo musical que enfrentó a Manolo Escobar (y a la racial copla española) con Concha Velasco (y los ritmos modernos)  en "Pero... ¿En qué país vivimos?" (1967) son solo tres ejemplos de lo mucho que al franquismo sesentero le gustaba sacarle punta y hacer un poco de sangre con la incipiente nueva ola.

Las carcajadas a costa de aquello que no entendemos o, directamente, sobre los usos y costumbres del prójimos son una costante en nuestro humor patrio que, repetidamente, se ha servido no solo de los ciudadanos más modernos si no también de los extranjeros (todos esos chistes que acaban con un español poniendo en evidencia a un francés y a un inglés...) que nos han servido como objeto de mofa tanto en chanzas como a la hora de pasarles facturas exorbitadas por una jarra de sangría (lease vinacho barato, gaseosa y fruta pasada). Ahora los alemanes se vengan de nosotros con este tema de la deuda pública, calculen lo caro que nos ha salido el cachondeo...

Sabiendo que este tipo de humor es tan agradecido y tiene tanta raigambre no me ha extrañado ni un pelo que José Mota hiciera una parodia de los Conciertos de Radio 3 (programa de la 2) donde se dedica básicamente a unir su linaje con el de aquellos grandes cómicos españoles repartiendo cinturonazos y golpes de cachava a un grupo "indie" que canta una canción absurda...una canción que los más cetrinos no tardarían en identificar como "GUACHIGUACHI" que es el descojone como adjetivo y que ha identificado a la discografía de todos los grupos de habla inglesa en nuestro país desde la llegada de The Beatles. Es esta.


Posiblemente lo más revelador de todo es que Juanma Ortega, tan unido a los 40 Principales (tan mainstreams, tan poco dados a la modernez, tan de los éxitos de toda la vida) sea el que propine unos cuantos y, seguramente, merecidos golpes a toda ese grupito de sinvergüenzas y enterados a los que, sin duda y como dice Mota haciendo un humorístico comentario, habría que "poner a zancochar". Que es una opinión que, sin duda, comparten muchos de sus espectadores y fans y que por eso les hace gracia porque, últimamente, todo lo que es verdad hace una gracia tremenda.

Si Jose Luis López Vázquez y Paco Martínez Soria aprendieron a la perfección  que al español medio lo que le gusta es reírse de los demás, es normal que ahora Mota recoja el testigo y en su afán popular copie las artes y usos de toda una tradición tan española. Les dejo con un acertado ejemplo de español de toda la vida y con un grito finisecular.


BOLA EXTRA: 
Aquí tienen el texto de la revista Rolling Stone íntegro y una pequeña reflexión: ¿Cómo es posible que se hable de un sketch que fue emitido el día 31 de diciembre casi quince días después? ¿Es que todo el mundo estaba viendo otra cosa? Y a tenor del texto: ¿Quienes son los círculos indies y quien ha demostrado su malestar? 

viernes, 3 de diciembre de 2010

Los viernes en mis apis por tus cookies...


Hola gentes de bien,

Como cada viernes he colgado un artículo en mis apis por tus cookies, el blog que capitanea (sentimentalmente) Elsa Bonafonte. 

Hoy le damos vueltas al asunto de la explosión del single en la industria musical...una cosa trepidante, vaya. Lo pueden leer aquí

Por si no lo saben: estas personas organizan desde ayer mismo unas reuniones llamadas "apis&tuits" para tomar birras, desvirtualizarse y comentar la jugada...todo muy 2.0. Si se quieren apuntar ya les iré informando. Disfruten. 

martes, 19 de octubre de 2010

Señora azul y algunos apuntes sobre el pop musical, la cultura popular y la búsqueda de significado



Cuatro músicos españoles intentaron ser un día algo así como los "Still, Crosby & Nash" o, quizás, los "Still, Crosby, Nash & Young" del panorama nacional.

Ellos, uniendo dos nombres de sus componentes y dos apellidos, formaron "Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzman". La verdad es que, al igual que el combo norteamericano, eran una especie de superbanda: Juan Cánovas había tocado la batería en Los Módulos y en el menos reconocido grupo instrumental Franklin (una suerte de banda de rock americano progresivo), Guzmán y Rodrigo habían sido miembros de Solera (una banda de un sólo disco con muchísimo éxito y con un tema titulado "las calles de París" que fue un hitazo en el mercado hispanoamericano) y Adolfo había sido guitarrista de Los Ibéricos. Por contra ellos más que unos artistas (y sólamente artistas) eran unos currantes de la música que siempre tuvieron otras ocupaciones como productores o músicos de estudio.

C.R.A.G. fueron quizás la primera banda española en hacer pop para adultos haciendo confluir sensibilidades tan dispares como la folk o el rock americano, algo de psicodelia, algo de sinfónico, algo de The Beatles, algo de Beach Boys...en cierto modo la formación se posicionó en una tierra de nadie entre las bandas abiertamente experimentales y las directamente comerciales. Un lugar raro e inclasificable que siempre resulta peligroso más que nada porque, ante la falta de una etiqueta la gente suele ponerse francamente nerviosa.

Para explicar lo que digo lo mejor es echarle un vistazo a "Señora Azul", uno de los hits de la banda cuyo significado sigue todavía hoy siendo un enigma. Es más, incluso su título, por cuestiones fonéticas, siempre ha creado controversia: ¿Les pasó a ustedes como a un servidor que durante una gran parte de su vida pensó que la canción se titulaba en realidad "Señor Azul"? Pues es bastante más común de lo que se creen.

De hecho, fue el propio Juan Cánovas (con el que trabajé durante unos meses en la producción de un musical) el que me sacó de mi error cuando, charlando un día en una comida, alguien sacó a colación la canción y escuché de él mismo comentar la gracia de que mucha gente no supiera bien el título.

Con Cánovas, gran tipo, fue con el que charlé muchas veces sobre C.R.A.G. pero más que sobre su paso por la banda (un paso relativo porque siguen ofreciendo conciertos de manera intermitente...aunque sin la participacíon de Rodrigo) sobre el paso del propio Cánovas por el panorama musical español, sobre personajes concretos, discos concretos y, sobre todo, algo que me ha interesado siempre un montón: como se componía, qué trabajo se hacía...

El caso es que, si no recuerdo mal, ni siquiera el propio Cánovas me dio nunca una explicación muy exacta del contenido y la intencionalidad de "Señora Azul", es decir, que me contó que era una especie de declaración de intenciones frente a los críticos, o posiblemente, frente a la falta de entendimiento que siembre existe entre los críticos y los artistas. Ni que decir tiene que, como en la actualidad, muchas grandes formaciones de la época pasaron sin pena ni gloria ante los medios de comunicación de país y que, adrede, fueron completamente ignorados o casi ignorados provocando que grandes proyectos musicales dieran con su culo en el olvido.

Pero, lo que me resultaba más curioso, era que me daba la sensación de que cada miembro de C.R.A.G. tenía una idea completamente diferente de la interpretación que había que darle a "Señora Azul" y que, las declaraciones alrededor de la misma, habían ido mutando con los tiempos no ya solo desde el seno de la misma banda (entre los que se encuentra uno que compuso aquel jingle que el Alianza Popular utilizó para las elecciones europeas, autonómicas y locales del año 87 con un estribillo que decía "Porque corren buenos tiempos/ Alianza Popular" con la música de "The Final Countdown" de Europe y otro que aparecía regularmente en los mítines del PSOE de Madrid para ofrecer un concierto) sino también entre los oyentes que la han ido reinterpretando según pasaban los años.

La lista de interpretaciones más popular parece esta:

1. La canción es una crítica a la crítica musical.
2. La canción es una crítica al Franquismo.
3. La canción es una crítica a la gente que critica a los demás.
4. La canción es una crítica al conservadurismo reinante.
5. La canción es una crítica a la Falange.

Seguramente tendremos que esperar a que los propios miembros de C.R.A.G. se reúnan para ofrecer una rueda de prensa conjunta y explicar el significado de la misma. Pero, cuidado, porque también es posible que los propios músicos no se acuerden bien de las motivaciones que les llevaron a grabar un tema como este ¿No?

En estos días se ha inaugurado en Madrid una exposición sobre el fotógrafo Guy Bourdin, una muestra de 75 fotografías de este señor francés que destaca por estar entre los mejores foteros de moda de la historia. En un telediario, creo que el de La Sexta, la redactora comentaba que esperaba que la reunión de este trabajo ofreciera a los asistentes el verdadero significado de la obra de Bourdin y, sobre todo, del mensaje que había estado intentando transmitir.

Ya ven, necesitamos un significado para quedarnos tranquilos. Algo a lo que agarrarnos intelectualmente, una etiqueta.

Pero, ¿Puede una fotografía de moda transmitir un mensaje? ¿Una ideología? ¿Una cosmovisión? ¿Una declaración de intenciones?

Aquí les ilustro lo que mi amigo, el estilista Cesar del Olmo dijo cuando me quejé de los colores de una editorial de moda: "Este año se lleva el rosa para los tíos y si no te gusta el rosa o no te sienta bien, pues mira, lo vas a pasar mal". Punto.

La fotografía de moda, como otras fotografías, no tiene por qué tener una carga más allá de la estética. Si así fuera, sería incontestable pensar, que si uno le echa un vistazo al catálogo de moda de la temporada otoño-invierno 2010 de El Corte Inglés tendríamos un testimonio exacto de lo que es El Corte Inglés. No es así. vean como ese catálogo de ropa va cambiando año tras año y que los grandes almacenes siguen dedicándose a lo mismo.

La conciencia estética está, muchas veces, completamente ausente y vive paralela a los condicionamientos del momento. Es más, cuando la conciencia estética se globaliza y pasa de ser algo que sólo exhibe un pequeño grupo a popularizarse por completo, descubrimos un proceso de absorción que se hace sin más fracturas y que, simplemente, se acepta o se modela para que sea aceptado por la mayoría. Las crestas de color naranja y los imperdibles punk comenzaron a popularizarse por medio de una serie de diseñadores con la etiqueta de underground, como Vivienne Westwood, y pese a la ruptura que supusieron (tanto con lo anterior, como con lo posterior) acabaron asentándose entre la población y a formar parte de las colecciones de las grandes cadenas de ropa.

¿Tiene por tanto "Señora Azul" que tener un significado que debiéramos conocer? Vale, ya hemos hablado de que es algo que nos inquieta, lo desconocido nos molesta profundamente.

Y si nos molesta y nos inquieta es porque, por un lado, alguna vez hemos sido estafados desde el punto de vista cultural, político o religioso. Si vamos a perder el tiempo escuchando algo, si vamos a perder el tiempo en dedicarnos a algo (aunque sea muy poco) necesitamos sentirnos reconfortados por el hecho de que ese esfuerzo es en aras de algo que vale la pena.

¿Han escuchado "Ojalá" de Silvio Rodríguez? Es una canción que, también, produce bastante controversia, por lo menos, entre los progres. Hace ya muchos años, una pandilla estábamos reunidos y del radiocassette salía la dichosa canción. Para mi es una canción que va de cómo te sientes después de una ruptura, un asunto de encajar mal el golpe, una cosa amarga que ocurre cuando alguien que te importa mucho (hasta el punto de pensar que ni la luna puede salir si no es por ella/él y que la tierra le besa los pasos) se larga y a quien esperas que, alguna vez, se sienta como tu te sientes en ese preciso instante.

Pues alguien de ese grupo dijo que la canción estaba dedicada a Franco y a Pinochet y que, era evidente, que Rodríguez esperaba que a ambos se los llevara un disparo de nieve "para no verlos tanto, para no verlos siempre, en todos los segundos, en todas las visiones". Aunque aquello me produjo risa luego he escuchado a más gente aludir al significado secreto de "Ojalá" como algo unido a la crítica de todos los totalitarismos y, claro está, hace poco que escucho a los nuevos cachorrines de la progresía decir que "Ojalá" es una canción en contra del Castrismo que Rodríguez escribió para castigar al régimen de forma velada.

El recorrido de "Ojalá", por lo tanto, iría también con los tiempos: una canción de amor que se convierte en una canción en contra de los totalitarismos hecha desde Cuba y, en estos tiempos en los que se mira tan mal a Cuba, nos encontramos con que mucha gente declaradamente de izquierdas prefiere tragarse el cuento de que es una canción hecha contra Castro para poder seguir escuchando a Silvio Rodríguez sin sentir que, de algún modo, está apoyando el Castrismo.

En todo caso nadie que mantiene esa teoría en público es capaz de explicar porqué Silvio Rodríguez pensó que Franco, Castro y Pinochet eran los dueños de una "mirada constante, una palabra precisa, una sonrisa perfecta". Y, mucho menos, porqué Silvio Rodriguez deseaba  "ojalá que la lluvia deje de ser milagro  que baja por tu cuerpo".

Pero es que "Señora Azul" no deja más que resquicios a la duda y, si ustedes la escuchan con atención, se darán cuenta de que es capaz de encajar en cualquiera de sus explicaciones populares y, lo que es mejor, puede incluso encajar en predicciones futuras. Por internet ya pululan vídeos con fotos de Esperanza Aguirre y la cancioncita, es decir, "Señora Azul" es tan buena que se acomoda a los tiempos y también sirve para definir a un personaje 36 años después de haber sido compuesta. De hecho es que puede ser achacada a cualquier persona fastidiosa que ve los toros desde la barrera o que se empeña en dibujar una realidad diferente a costa de ser sentenciosa.

En realidad creo que "Señora Azul" es toda una lección sobre gran parte del parte del pop porque el pop, como casi todas las artes que persiguen en primer lugar la plasmación de cierto grado de belleza, no necesitan una declaración de intenciones para ser disfrutadas y, en cierto modo, al sólo querer trasladar un cierto estado de ánimo (en este caso un enfado con alguien, o una ruptura o un que bien me va contigo y que hermosa se te ve) no necesitan una carga ideológica que las sustente.

Y ahí, creo que está la complejidad del pop: saber hacer algo bonito que sólo tiene utilidades sensitivas y, que pese a no trasladar nada más allá de unas cuantas imágenes, es capaz de predisponernos el ánimo y, lo que es mejor, tocarnos cinco o seis botones de la cabeza y predisponernos también a realizar un ejercicio intelectual que nos lleve a preguntarnos qué escuchamos en realidad y, sobre todo, si conecta con nosotros a más de un nivel.

El logro de cierta parte del pop es, a mi entender humildísimo, ser capaz de trasladar las grandes cuestiones de la vida a los rincones más pequeños de la misma, de extender ideas y de hacerlo bien. Lo bueno del pop es que si es bueno parece un entretenimiento leve concebido por mentes complejas. Sin duda, el background sónico e intelectual de C.R.A.G. y de algunos músicos de su época era, por extensión, más grande que el de Formula V, Los Diablos o Los Brincos y eso les permitía escribir algo un poco más complejo, enrevesado y otoñal.

Puedes decir muchas veces "te quiero", claro, pero la gracia consiste en hacerlo con gracia. Puedes decir muchas veces "A la mierda" pero siempre está bien que puedas hacerlo de manera interesante y, sobre todo, por un instante puedes permitirte dejar de ser adulto. No me cabe duda que Los Planetas, Manos de Topo, Love of Lesbian, Francisco Nixon, Nudozurdo y todos los grupos que ustedes quieran meter en el saco de lo pop y de lo indie pertenecen a una escala de músicos que provienen de unas influencias más lejanas pero que, sin duda, son capaces de traducirlas a un idioma más universal. A veces, incluso, prescindiendo de un mensaje intelectual profundo. Lean ustedes a Ricardo Vicente o a Francisco Nixon hablar en sus blogs sobre pintores del siglo XVIII, sobre escritores como Borges o a Jota Planetas comentando la discografía de Morente o escarbando en los padres del nuevo flamenco y se darán cuenta de que esas influencias están ahí, aunque sea en forma de, paradójicamente, ausencia.

No me cabe duda de que, para escribir canciones que dicen "te quiero" (al menos las canciones que a mi me gustan y que dicen "te quiero") se necesita un poquito de todo esto. Aunque sólo sea para darme cuenta de que conecto con los tíos que están detrás de la guitarra y que pertenezco a una sensibilidad más amplia. Incluso me siento reconfortado si alguien me cuenta la misma historia desde un punto de vista nuevo o, a veces, me cuenta una historia diferente desde la perspectiva de siempre.

El pop permite eliminar el mensaje y, con él, la carga de análisis que todo mensaje conlleva. Nos permite disfrutar mientras somos receptores inconscientes de un corpus cultural y eso ya me tranquiliza. El pop, a veces, puede concebirse sólamente como un discurso estético, como un entretenimiento, como una plasmación de imágenes consecutivas que sólo esperan llamar tu atención lo que siempre depende de que estén bien hechas. Una buena canción pop es como un gran arbol bajo el que uno se puede sentar simplemente a resguardarse del sol sin pensar demasiado en nada, en medio de una caminata. Una buena canción pop es un McGuffin, una pequeña engañifa para soportar mejor la trama de la vida diaria. Una buena canción pop es, en definitiva, dos rebanadas de pan de sandwich que puedes rellenar de lo que quieras...otra cosa es que el pan sea bueno y que el relleno sea el correcto. Por contra una mala canción pop sería uno de esos sandwiches de máquina rellenos de esa cosa espesa que sabe a algo indescifrable que la etiqueta dice que es "ensalada de atún".

Una buena canción es un pinball que entretiene y que, además, siempre esconde la posibilidad de sacarle una bola extra.  

miércoles, 11 de noviembre de 2009

There is a light that never goes out


Siempre quise tener este disco de The Smiths, titulado "Best...", completo pero sólo conseguí el segundo volumen que tenía como portada al chico. Ni siquiera me gustaban demasiado "The Smiths" pero me encantaba la foto porque, el tipo de la portada, representaba todo lo que yo quería ser de adolescente: tenía un estupendo tupé, una barba guay y llevaba unos tatuajes patibularios que daban miedo...

Cuando yo era adolescente los tatuajes daban miedo porque sólo los llevaban los padres de mis colegas que habían estado en la Legión...como el chandal abierto sin camiseta y los anillos de oro.

El tipo de la portada del disco representaba, ya me olía yo, a lo que no sería jamás: el guaperas que se las lleva de calle, tan seguro de sí mismo, que no tiene inconveniente en estar sin camiseta en un lugar público. Además tenía novia, una novia guapa que bebía cerveza y fumaba un cigarrillo con indiferencia y tenía esa actitud de "no me importa" pero, en realidad, tiene su codo pegado con el del tipo guaperas para que todas las chicas sepan que estan juntos. El es tan guay que no le está preguntando "¿Estás bien?" cada dos por tres y mira hacia el escaparate de la fachada con indiferencia, como el que mira a los peces en un acuario porque, pensaba yo y no estaba tan desencaminado, que puede pasar la Revolución Bolchevique por delante de tus narices que tu puedes mantenerte tranquilo si a tu lado una chica fuma y bebe mientras se hace la interesante.

Encontré los discos en Galerías Preciados, en la tienda que tenían en el Centro Comercial La Vaguada. Por esos días Galerías Preciados había sido definitivamente comprada por El Corte Inglés y, su nueva dirección, iba a deshacerse de todo lo que hubiera en las tiendas. También de su tienda de discos. Después del instituto me acerqué por allí para olisquear algo que llevarme a la boca. El lugar tenía la pinta desangelada que tienen los Supermercados DIA a diario pero con un poco más de fuste. Grupos de señoras subían y bajaban hiperexcitadas las escaleras mecánicas llevando consigo todo tipo de cosas:alfombras, cubos, trajes de todo tipo, bolsas llenas de bragas. En los saqueos, los legales y los ilegales, siempre se produce esa sensación de algarabía, desorden y se repiten las escenas de gente arrastrando cosas absurdas hacia alguna parte.

Cuando me quise dar cuenta yo ya pertenecía a la masa y arrastraba conmigo unas camisetas surferas muy raras que habían estado de moda tres años antes y que tenían dibujos en la espalda (ahora serían lo más), una bolsa llena de libros (ahí descubrí a Chester Himes) y dos juegos de ordenador que venían con la película en la que estaban inspirados de regalo: "Wayne´s world" y "La mitad Oscura".

Cuando quise llegar a los discos la mayoría de los buenos habían desaparecido. A duras penas, y rebuscando debajo de vinilos de Zarzuela (siempre he creído que alguno de los dependientes los había escondido allí), encontré el "Hell´s Bells" de AC/DC, "Steel Wheels" de The Rolling Stones y el primer disco de Los Coyotes. En otro montón encontré dos discos de sendas bandas rockeras: Montana y 56 hamburguesas. Allá un disco de Johnny Juerga y los que remontan el Pisuerga (luego me he enterado de que mi amigo Iñaki, de la revista QUO, fue el bajista) y en uno de los expositores me di de bruces con la portada del disco de The Smiths. Seguí buscando con el dedo y encontré el volumen I. Ya tenía al tío guay y a su novia. Comprobé que llevaba el dinero en el bolsillo y me dirigí hacia la caja.

Pero he aquí que el destino cambió completamente. Una chica, de más o menos mi edad, me obstaculizaba el paso entre grandes resuellos. "Espera, espera" Me dijo. Me sonrojé. La cercanía de una chica respirando a esa velocidad, hinchando y deshinchando el pecho, me hizo sonrojarme. Siempre he tenido la sensación de ser un sátiro. El caso es que la rubia, un poco rubia nada más, levantó la mano como pidiendo tiempo y volvió a hablar: "¿Te vas a llevar ese disco de los Smith?". "Pues sí" dije. Lo dije en guardia, porque J, mi tío, el hombre que más veces había fracasado y triunfado con las mujeres que yo supiera, ya me había prevenido de las "mujeres que te enredan". "Que mierda, tío, es que vivo aquí cerca, lo he visto, no tenía dinero he ido a casa a por pelas y he vuelto y...jo..." dijo muy triste. "Ya, pero es que...". "No, no, ya, lo entiendo, no pasa nada. Es un disco guay. ¿Eres fan de los Smiths, no?". "Un poco" dije. "Con el tupé y tal te pareces al tío de la foto, tienes ese aire, los rockers me....digo... molan". Pese a que J me había prevenido aquellos halagos me sonaron a gloria y me imagino que me saldría algún ademán torpe.

Entonces quise mantenerme fuerte y decir: "Pues nada, busca en el Discoplay de la planta de arriba" pero algo me traicionó cuando me dijo como de pasada: "Se que no está pero si me ayudas a buscar un poco...a lo mejor tenemos suerte...¿Puedes?".

No me pareció mal rebuscar entre los discos. "A lo mejor encuentras algo que te gusta más" dije. "Tienes pinta de saber mogollón de música" dijo "A lo mejor me ayudas a encontrarme algo". Y, claro, estuve hablando de música hasta que ella me pregunto: "¿No llevas nada para tu novia?". Y yo le dije que carecía, en ese momento, de ligazón sentimental alguna y, qué cosas, noté como que se alegraba porque ella dijo "ya, tío, yo tampoco tengo novio...mi ex era un cabrón...es que solo me gustan los cabrones".

Me consideraba un especialista en caerle bien a las chicas que les gustan los cabrones o sea, que por mi, perfecto. Parecía que la conocía de toda la vida. E, incluso, me dijo su nombre.

Terminada la búsqueda comenté que "mala suerte" pero que si quería podía acompañarla a unas tiendas de discos del centro que conocía. Me dijo que vale, que guay y yo venga, guay, vamos. Y entonces me dijo: "Es que tengo que estudiar...pero podemos ir mañana si quieres...". Y entonces pensé que, de algún modo absurdo, había tenido suerte. "A la chica le gustan los cabrones pero, a lo mejor, quiere cambiar" pensé.

Pagué los discos y salimos al pasillo central haciendo planes. Ella quería ir con una amiga y yo le dije que iría con un amigo. Yo quería ir después al King Creole y ella dijo que sólamente hasta las 10. Y le dije que si quería, que si tenía miedo, podía acompañarla a casa y me dijo que sí, que no había problema.

La cosa marchaba sobre ruedas y le dije que si le apetecía tomar algo. Dijo que su lugar preferido era una heladería que vendía batido de plátano al lado de un tiovivo enano de la tercera planta. Fuimos hasta allí y ella bebió su batido grande y yo me bebí una coca-cola con mucho hielo y nos fumamos dos cigarrillos arrugados que quedaban dentro de su paquete de Fortuna. Hablamos del BUP, de las vacaciones, mentimos sobre lo mayores que nos sentíamos, exageramos lo maduros que éramos y, sobre todo, nos mostramos el uno al otro con esa pose inequívoca de la adolescencia que representa la falsedad del hastío. Al final de la conversación las pijas como ella no eran tan pijas, los rockeros no eran tan macarras, la música era lo mejor, los viejos lo peor, los 40 una horterada y ambos soñábamos con viajar algún día a Nueva York.

En esa profundidad filosófica estábamos cuando me pidió que le dejara echar un vistazo a los discos. Se prendó de nuevo del volumen I del disco de The Smiths y se quedó mirando fíjamente a la chica de la portada que bebía cerveza y fumaba. "Este disco es la leche...¿Me lo prestas?". No me dio tiempo a contestar. "Como nos vemos mañana me lo grabo en cinta y te lo devuelvo".

No dude y le dije "vale". Éramos amigos ¿No? Ambos pensábamos que los 40 eran una horterada ¿No? Ibamos a ir al día siguiente al King Creole ¿No?

Me lo agradeció mucho y me dio dos besos en la mejilla. Me dio su teléfono que apunté en una de los separadores de la carpeta junto a una foto de The Doors y ella apuntó el mío en una servilleta. "De todas maneras mejor quedamos" Dijo. "¿En la puerta del metro de Sol a las 18:00?". A mi todo me pareció bien. "Si no puedes venir o lo que sea me llamas". Le dije. "No te preocupes, pero iré porque tengo que devolverte el disco...y acuérdate de traerte a tu amigo que yo iré con una amiga".

Al día siguiente, como un clavo, me planté en la Puerta del metro de Sol. Pero no apareció. A las 19:00 horas llamé a mi casa para saber si había llamado pero me dijeron que no y a las 19:10 saqué el teléfono que me había llevado apuntado en un trozo de cartón y desde una cabina llamé. Nadie cogió el teléfono.

Durante años me he hecho muchas preguntas sobre esa anécdota: Si cuando me vio ya sabía que me iba a levantar el disco y estuvo orquestando todo tipo de historietas para sacármelo por saber que yo era un pringado (disco+batido de plátano), si su primera intención fue devolvérmelo pero, luego, cuando se vio en posesión del mismo decidió que no lo compartiría. También he pensado muchas veces que le ocurrió algo esa tarde y que no pudo llegar a tiempo. Que sus padres no le dejaron salir de casa porque tenía que estudiar (¡Dijo que tenía que estudiar!) y que intentó llamarme pero había perdido mi número o, incluso, que había perdido mi número y sin querer me dio el suyo mal...No se, a lo mejor nos hemos vuelto a cruzar ya más mayores y no nos hemos dado cuenta o ella sí y ha salido pitando. Tenía un nombre vulgar, vivía en un barrio normal...sólo se que le gustaban mucho (imposible cuantificar cuanto) The Smiths y que (es posible) hizo todo lo posible para tener ese disco en su colección...

Podría haber bautizado esta entrada como "Hay por hay una zorra que tiene mi disco de The Smiths" pero, ya lo he dicho por ahí, nunca he sido el típico tío duro que no se inmuta ni aunque la Revolución Bolchevique pase por delante de sus narices.

PD: "There is a light that never goes out" es una de las canciones incluídas en el Volumen II de Best... y originalmente fue publicada en el disco "The Queen is dead".



PD2: Mikel Erentxun grabó esta versión y rodó este extraño video clip ante la pasividad de la autoridad competente...


domingo, 25 de octubre de 2009

El "jevi" con más enemigos del mundo...


De todos los misterios de la historia de la música seguramente el más sorprendente sea el de la supervivencia del heavy Metal. Los directores, Sam Dunn y Scot McFayden, estudian el fenómeno de la "lon-heavy-dad" en su documental "Metal: a headbanger´s journey"(2005) haciendo un estudio antropológico de las raices del sonido metalero y de las circunstancias sociales que afectan a un fenómeno musical que emana de los cinturones industriales de las sociedades industriales y que ha acabado convirtiéndose en un fenómeno transversal seguido con el mismo énfasis por un paleto del medio Oeste Americano, un estudiante de Informática sueco o un pijo de La Moraleja. Curiosamente mientras otras tribus urbanas han desaparecido antes de los años 90, los "jevis" han convivido con todas las modas posibles sin apenas sufrir bajas o deserciones.

Excesivo en todas sus formas (heavy, trash, power...) alberga en sus casi cuarenta años de historia (las primeras bandas de rock duro aparecieron a comienzoz de los 70) algunas de las mejores anécdotas de la historia de la música popular y ha lanzado al estrellato a tarugos de todo el planeta. Ozzy Osbourne, King Diamond, Alice Cooper, John Bonham, James Hetfield, Lars Ulrich, Bon Scott, Lemmy Kilmister, Tommy Lee, David Lee Roth, Axl Rose y un largo etcétera de celebrities han llenado páginas y páginas con sus devaneos, chifladuras, peleas, ligoteos...

De todos ellos, sin embargo, me quedo con la historia de Dave Mustaine. Dave Mustaine comenzó su carrera de "Rock Star" en Metallica. Aguantó en dicha banda sólamente un año y, pese a su pequeña militancia, ha sostenido durante toda la vida que él y James Hetfield, cantante y segunda guitarra de Metallica, fueron los verdaderos padres del Trash Metal. Mustaine y Hetfield tenían mucho en común, ambos eran californianos y eran unos mostrencos que se pirraban por las strippers de enormes pechos, el alcoholazo y las drogas. Los dos soñaban con tener una mansión con un garaje enorme para guardar una colección de coches, eran conservadores convencidos y pensaban que las armas de fuego molaban bastante. Ambos eran de baja extracción económica y contaban con una pobre formación académica y pronto se hicieron inseparables. Mustaine comenzó a demostrar que las drogas y el alcohol le sentaban bastante mal y muy pronto, incluso antes de que Metallica se convirtiera en "ese Monstruo", ya daba muestras de no dar pie con bola en los conciertos, a los que asistía chuzo, y de cierta conducta errática.



En cierto modo Mustaine pensó que su amistad con Hetfield estaba construída a prueba de bombas y los dos tenían como objetivo de sus bromas al batería de la banda llamado Lars Ulrich. Ulrich, en realidad, era la némesis de ambos: europeo y nacido en una familia acomodada Lars se trasladó a California cuando su padre lo inscribió en una Academia de Tenis donde, a priori, debería de completar su educación para convertirse en una estrella del deporte de la raqueta y la pelotita. Su padre, Torben Ulrich, era un tenista chiflado amante del arte, la música y del cine que le transmitió esas pasiones y otra más importante: la ambición de ser el mejor hiciera lo que hiciera. Ulrich se enfrentó a su padre para decirle que no volvería a coger una raqueta y que se convertíría en batería y Torben le dijo: "hazlo pero no pierdas el tiempo y conviértete en el mejor".

Ulrich era un empollón (algo no tan poco habitual entre los metaleros) y los otros dos miembros unos descerebrados...pero con lo que no contaba Mustaine era con que Hetfield era aún más ambicioso que Ulrich y que ninguno de los dos tendría empacho en despedirlo de la banda en cuanto su conducta pusiera en peligro el objetivo final de ambos: ser la banda más famosa del mundo.


Mustaine se convirtió en un malrollero constante y en un bromista pésimo: no sólo martirizaba a Ulrich también Don McGovney, el primer bajista que tuvo la formación,  fue objetivo de sus cosejas. La más sonada: estando completamente borracho tuvo la ocurrencia de derramar una lata de cerveza sobre las pastillas de su bajo. Cuando McGovney lo encendió recibió una descarga que, me imagino, le erizaría la melenaza y lo lanzó contra una de las paredes provocándole un shock brutal.

Pese a todo Mustaine viajó con Metallica a Nueva York para grabar el primer disco de la banda pero, dos noches antes de entrar en el estudio, protagonizó una sonada borrachera. Ulrich, muy ladino, convenció a Hetfield para que sustituyera a Mustaine la mañana misma de la gran resaca y así lo hicieron. Para más inri, ambos, que tienen fama de ser algo agarrados, sólo fueron capaces de comprarle un billete de autobús y de empaquetar sus cosas para que se las llevara de vuelta a California.

Al pobre guitarrista, famoso por ser pelirrojo, se le vino el mundo encima e intentó jugar la carta de la amistad con Hetfield pensando que eso le salvaría de la quema pero, ah la ambición, el frontman de Metallica lo largó con cajas destempladas.

El viaje de vuelta a casa fue demoledor...y largo. En él Dave Mustaine pensó todas las venganzas posibles contra el "traidor hijo de puta" de Hetfield y contra el "danés maricón". Pensó en matarlos, eso ha confesado, mientras leía un panfleto político en el que descubrió el término "Megadeath". Dicha palabra es la que el ejército americano utiliza para referirse a un conflicto en el que se ha alcanzado el millón de víctimas. Obviamente inspirado por las imágenes de millones de cadáveres apilados Mustaine decidió tomárselo con calma por primera vez en su vida y dibujar un plan de venganza terrorífico: se conjuraría para fundar la mejor banda de Trash Metal del mundo, la banda más grande de la historia, aquella que borraría a esos hijos de puta de Metallica de la faz de la tierra.


Un año después de aquello Mustaine vio como su antigua banda, sin su permiso, incluía cuatro de sus temas en el disco Kill´em All", ese primer album que nunca llegó a grabar, y juró venganza contra el sustituto Kirk Hammett al que consideraba indigno de tocar su música. Para su desesperación Metallica alcanza un discreto éxito de ventas (300.000 discos...aunque a día de hoy ya van por los casi 4 millones) pero un gran éxito de crítica que se ve refutado al año siguiente con la publicación de "Ride the lightning" que se convierte en la confirmación de la banda y los lanza hacia las grandes giras...el disco incluye, como no, dos canciones co-escritas por él y Hetfield. También se había negado a que aquellas canciones fueran grabadas por nadie.

Mientras sus ex amigos triunfan él funda Megadeth que convierte rápidamente en su propio monstruo. Incapacitado para aceptar que siempre sería considerado un segundón, más que nada porque él mismo se posiciona siempre como un tipo resentido incapaz de olvidar a su primera banda y aceptando por tanto que son mejores que lo que tiene entre manos, Dave Mustaine además compite contra sus propias adicciones y su absoluta y total carencia de habilidades sociales que lo hace enfrentarse con todo el mundo: prensa, discográficas y, sobre todo, compañeros de escenario.


A través de los años 80 Mustaine se pelea con Slayer, Guns & Roses, Anthrax, Pantera...en lo que parece más la rabieta de un tipo más interesado en echar mierda a los demás y en clamar por su propia autenticidad frente a otros grupos competidores a los que, magnánimamente, califica de "putos fraudes" que en disfrutar del propio éxito. Mustaine, conscientemente o no, se enroca en el sonido de su banda que, al finales de la década comienza a recoger los frutos de su trabajo pese a que el consumo de alcohol, drogas y las facturas de los topless más chungos pudieran decir lo contrario. Siempre encabronado e incapaz de no entrar al trapo de cualquier puya lanzada por el malvado Lars Ulrich, un cabrón con pintas, se las ingenia para esconder su evidente talento como guitarrista y aparecer ante los medios como un retrasado o un rencoroso. Sus logros son innegables (Megadeath está considerada con una de las mejores bandas de metal de todos los tiempos junto a Slayer, Anthrax y, como no, Metallica) pero nada hace pensar que Dave haya sido feliz ni un sólo instante de su dilatada carrera profesional.

En 1992 los cucos directivos de MTV le encargan cubrir la Convención demócrata de la que saldría elegido Bill Clinton a sabiendas de que Mustaine es un conservador convencido que cree que el Partido Republicano es demasiado blando y se crea alrededor de sí mismo la imagen de ser un "real american" ("auténtico americano" o, lo que es lo mismo, "chiflado patriota enamorado de las barras y estrellas). Como la fama le gusta entra en una especie de espiral de creación menos ruidosa y más clásica pero, curiosamente, Ulrich declara que le gustaría ver como Megadeath hace un sonido más duro. Mustaine incapaz de aguantar que nadie le diga lo que tiene que hacer vuelve al Trash y se cuelga con el noise...mientras, paradójicamente, Metallica saca entre 1996 y 1997 dos discos clasificados como "Rock alternativo", se cortan las melenas y abandonan el logo que los identifica. Dave, encabronado, tacha el nuevo trabajo de Metallica como de "porquería" e invoca por enésima vez la autencidad de su sonido. Esta vez la deriva de Metallica hacia un sonido aparentemente más comercial es tan grande que la gente le hace caso...


Como se cree sólo en la cumbre o está demasiado ciego para darse cuenta de que está acompañado rápidamente comienza a perder el interés por la música y se dedica a intentar concienciar a la gente para "echar a esos comunistas que ocupan la Casa Blanca". Sí, a finales de los 90, Dave Mustaine que había reconocido haber renunciado a su fe protestante para abrazar los cultos chiflados de la new age (esa brujería moderna) y enredar un poco con el satanismo se embebe de nuevo del significado de la Biblia, vuelve al rebaño conservador, renace como cristiano y comienza a leer sobre todas las conspiraciones posibles que tienen quen ver con un gobierno judío en la sombra que actúa con la connivencia de las poderes ocultos de la masonería y que está, a su vez, dominado por unos extraterrestres reptilóides que viven entre nosotros con forma humana y que están dirigidos por la Reina de Inglaterra. Chiflado, ayuda bastante ser drogadicto y alcohólico para creerse esas cosas, le da por tragarse todas las porquerías que encuentra por internet y a ser un abanderado de esas ideologías conspiratorias que creen que quieren ponernos a todos un chip.

Con los Megadeth de capa caída en 2001, Marty Friedman el guitarra se había marchado para iniciar una carrera como presentador en la televisión japonesa porque estaba harto de aguantar el mal rollo general, reaviva la enemistad con Metallica. Un año antes  habían llevado a juicio a Napster y curiosamente la imagen que Mustaine había intentado transmitir de Metallica era la que aparecía en los medios: Metallica eran unos cabrones codiciosos, unos fríos empresarios con pelo largo que no tenían empacho en revolverse en contra de cualquiera que amenazara sus beneficios, eran unos falsarios, malvados hasta la médula...¡Eran un fraude! ¡Unos vendidos sin talento!


El proceso debilitó hasta límites insospechadoss a Metallica que vio como su fama se esfumaba y las peleas entre sus miembros crecían y crecían. El ideal de Ulrich y Hetfield se tambaleaba y amantes de la lealtad ferrea al proyecto vieron con malos ojos que el bajista Jason Newsted tonteara con un nuevo grupo llamado EchoBrain. Ulrich era de los que opinaba que aquella gilipollez restaba tiempo de ensayo y concentración al bajista y Hetfield obstaculizó cualquier posibilidad de que Newsted publicara un disco con su proyecto paralelo. Harto Newsted decidió largarse justo en el momento en el que Metallica intentaba grabar un nuevo disco. Por si fuera poco las malas relaciones de la banda, reflejadas en el megadocumental "Some kind of monster", terminan con el ingreso de Hetfield en una clínica de desintoxicación. El proceso dura casi un año y, ese momento de debilidad, es aprovechado por Mustaine para intentar darle la estocada mortal a Metallica: anuncia a bombo y platillo (bueno, no tanto, sólo en la revista Kerrang) que va a fichar a Jason Newsted como bajista de Megadeth. Lo curioso es que no se lo ha comunicado al bajista de su banda, David Ellefson, que flipa con la noticia de la que se entera, como si fuera un presidente del Estado Español, por la prensa. Flipa más cuando Newsted dice que en su vida tocaría para un chiflado como Mustaine.

Mustaine acaba de dar la puntilla a su propio grupo y en 2002 anuncia la disolución de Megadeth (está enfermo y quiere desintoxicarse entre otras cosas) mientras que Metallica en 2003 vuelve por la puerta grande con el album "St. Anger" que vende 2 millones de discos.

En 2004 Metallica estrena el documental "Some kind of Monster" en el que se resumen todos los problemas de la banda (y que se mueve muchas veces en la comedia pura...sobre todo en las escenas en las que Ulrich, Hammett y el productor Bob Rock acuden a un concierto de la banda de Newsted para hacer las paces con él y este se despide a la francesa sin querer saludarles). Durante la grabación de dicho documental, que abarca una especie de rpoceso de terapia psicológica Ulrich y Hammett invitan a Mustaine a una de sus reuniones de terapia para que se exprese toda la frustración que le supuso su paso por la banda. Acude de buena fe y es grabado pero, cuando sale de allí, se arrepiente y les informa de que no pueden utilizar ese material. Se lo pasan por el forro y lo montan en la versión final.  Mustaine toma esto como la "última traición" y anuncia la vuelta de Megadeth a los escenarios.

Desde entonces el concurso de Megadeth ha sido decepcionante. Mustaine ha recuperado su faceta de chiflado por la "libertad y la individualidad" y se ha convertido en una caricatura de sí mismo volviendo al ruedo, la mayoría de las veces, para clamar a favor de una mano mucho más dura contra Irak y convertirse en un conspiranóico de libro. Curiosamente sus opiniones políticas, que suelen ser las mismas que las de Hetfield que declaró sentirse muy orgulloso de que su música sirviera para torturar a los presos de Guantánamo, siempre suenan mucho más estridentes y más chungas. Más de coña. Relegado a la categoría de caricatura Mustaine dijo estar convencido de que existía un plan para implantar un chip a todos los americanos y de que Rockefeller (la familia, no el muñeco) estaba detrás de un nuevo plan de dominación mundial que llegaría a su culminación en 2012. Este mismo año, y ante la bajísima repercusión de su nuevo album "End Game" (inspirado en el conspiranóico documental del mismo título firmado por Alex Jones), ha vuelto a las andadas declarando que Barack Obama es una especie de agente doble, un negro resentido y un mal presidente colocado ahí por la malvada ONU que, al parecer, es la institución a la que quiere entregar el control del gobierno norteamericano. Dicha filosofía se recoge en el disco y en esta entrevista concedida al siempre divertido (desde una siniestra perspectiva) Alex Jones.



Sin duda es un testimonio que nos hace dudar sobre si ha abandonado de verdad las drogas.

Por si fuera poco, y en plena promoción, Mustaine concedió otra entrevista a un medio noruego en el que volvió a cargar contra Metallica. La periodista, Kristin Winsent, una reputada metalera, publicó la entrevista íntegra pese a que, desde la promotora de Megadeth, se prohibió cualquier mención al manido tema. El frontman pelirrojo lanzó un comunicado en el que amenazaba a "ese periodista" con mandarlo al hospital por publicar falsedades. El medio, Lydverket, se vio en la obligación de publicar el vídeo con la entrevista íntegra para demostrar que no mentían dejando a Mustaine en muy mal lugar.

El futuro de Megadeth, además, se enfrenta a un episodio mucho más doloroso para su fundador: una gira en la que compartirán cartel con Slayer...banda a la que se enfrentó en el pasado y que convirtió en otro de sus enemigos mortales. Mientras que Mustaine se pelará este año el culo tocando por Canadá y en algunas salas de Europa arrastrando sus malas vibraciones por todo el mundo, Metallica ha vuelto por la puerta grande con su disco Monster Magnet y ha convertido su megagira mundial en un exitoso tour donde no han dejado de recoger todo tipo de elogios...si yo fuera Dave Mustaine también pensaría que todo el mundo se ha vuelto contra mí y que los hilos de mi destino están siendo manejados por un retorcido cabrón, posiblemente ese "europeo maricón" que toca la batería con los que solían ser mis amigos.

sábado, 19 de septiembre de 2009

You´ve come a long way, baby (de la obra maestra de Fatboy Slim y algunas otras cosas)


Entre el 2000 y el 2001 escuché mucho un disco titulado como el título de esta entrada. Está firmado por Fatboy Slim uno de los músicos más inquietos de los últimos años. Cuando se llamaba Norman Cook (primero de sus nombres artísticos ya que en realidad se llama Quentin Leo Cook) y tocaba el bajo formó los siguientes grupos: The Housemartins, Beats International y Freak Power. Todos ellos, de algún modo u otro, alcanzaron el número 1 de las listas inglesas y Cook pasó desde 1985 -año de su entrada en The Housemartins- hasta la disolución de Freak Power en 1997 tocando casi todos los palos (pop inglés, soul, funk, dub, rock, trip hop, Acid house, jungle...).

Sin embargo ninguna de sus dos últimas formaciones habían enganchado al público: Beats International había sido una formación de un sólo éxito atrapada por la etiqueta de ser una banda de Dub, un sonido agotado a las primeras de cambio, y Freak Power había nacido como una banda de funk elegantona que debería de haber vendido millones de discos después de que Levi´s eligiera una de sus canciones como BSO de uno de sus anuncios pero, nada, se quedó ahí.

Cook, algo deprimido pero con dinero en el bolsillo, decidió darse un tiempo libre y descubrió Ibiza donde conoció la primera andanada de música electrónica que arrasaba en Europa. En la isla todas sus influencias musicales eclosionaron agitadas por la marcha y la ingesta de drogas (éxtasis a un precio de 90 euros la pastillita...digamos que su alto precio se debía a su bajísima adulteración y a que era conocida como "la droga del amor" desde mediados de los años 80) y Fatboy Slim -que ya había sido aleccionado por los Chemical Brothers- se lanzó al descubrimiento de un nuevo sonido llamado: Big Beat. De todo el disco, y por cuestiones meramente sentimentales, me quedo con esta canción titulada "Praise you". Vídeo firmado por Spike Jonze que lidera al grupo de marcianos bailarines.





En el programa en el que trabajaba para Disney Channel hicimos una versión de este videoclip que quedó bastante bien. Durante aquella época la pinché en un bar durante la fiesta de fin de rodaje de un corto de Arturo Ruiz titulado "Capitán General" y recuerdo aquella noche como una noche grande, casi tan grande como la noche en que pinché en el Castillo de Castilnovo (Segovia) en una fiesta donde la organizadora se empeñaba en que pinchara de un tirón y de manera ordenada los seis cedés que me había entregado numerados del 1 al 6 con todas las canciones que le gustaban, sin mezclar y sin alardes. Nada más que cosas que le gustaran. A la hora de aquel horror y aprovechando que estaba sonando Waterloo de ABBA corté el tema a la mitad y pinché Praise you porque de pronto me entró un terrible ataque de dignidad (¡Soy el jodido pincha de esta mierda no el puto locutor de los discos dedicados!...es curioso pero en mis monólogos interiores hablo con el mismo tono y usando los mismos giros de los doblajes de las películas americanas) y me pareció que la noche era estupenda, la temperatura era genial e iba a pasar mucho tiempo hasta que tuviera la oportunidad de pinchar en un sitio tan cojonudo como aquel como para desperdiciarlo poniendo una amalgama insulsa de Camilo Sesto, OT, Juanes, Shakira y Siempre Así además de algunos horrores de los 80 (este y este principalmente).



Pero, sobre todo, lo que me movió a pincha esa canción es que andaba metido en una relación que hacía aguas por todas partes y mi novia de aquel entonces me había dejado allí mismo para largarse al hotel a hablar con su ex novio para mantener una larguísima charla telefónica.

Y puse esa canción porque es una canción triste que se puede bailar como si no te enteraras de nada y porque, en el fondo, sabía que me ahuyentaría la sensación que me estaba invadiendo de estar en el mejor lugar en las peores circunstancias posibles. Un poco como le pasaba a Norman Cook antes de convertirse en Fatboy Slim y descubrir que su vida podía tirar por otros derroteros.

Y he recordado esta historia después de la proyección-presentación-estreno el jueves 17 de "Hollywood no existe" (1, 2, 3 y 4) donde me reuní con la mayoría de la gente con la que descubrí esa canción. Gente que siempre ha estado ahí en los malos y en los buenos tiempos. Que tengo nuevos amigos a los que también elogiar/alabar/poner por las nubes como debo y alguien muy, muy especial a quien cuidar (aunque no se deje). Porque da igual que te llames Norman, Quentin, Leo, Raquel, Cheronne, Cacho, Jacobo, Enrique, Cesar, Marcos, Vinchi, Misskiddo, Nixon, Richi, Galán, Clavijo, Cocreta, Maño´s, Cerro´s o Señor Insustancial lo importante es que descubras cuál es la música que quieres tocar y que esta suene bien y haga bailar a la gente y a ti mismo. También que el viaje sea emocionante, pero eso, claro está, ya es otra historia.