martes, 6 de octubre de 2009
Curso de corrupción para mediocres
jueves, 27 de noviembre de 2008
Gente muy tonta: Jose Cabrera (VII)
Pues bien, alertados por el olor a sangre muchos quisieron ganarse el pan explicando desde una perspectiva "científica" y "académica" los males que aquejaban a semejantes criminales (sin diferencia de si eran de campo o de ciudad, si eran analfabetos, universitarios etc.) y así darle fueste a lo que, en realidad, no era otra cosa que un buen puñado de historias de la España Negra.
Así se nos aparecieron todo tipo de sospechosos criminólogos (recuerdo todavía con pánico a ese señor con careto de ser socio de Levay que acompañaba al padre de una de las niñas de Alcasser y que se paseaba con soltura por los escenarios de los crímenes con unos guantes blancos...sería para no intoxicar unas pruebas que ya estaban recogidas), el siempre carismático profesor Frontela o, como, no Cabrera "el eminente" que con su verbo inconfundible y tono de voz hablaba de los "perfiles" de los asesinos de los juegos de rol como si hubiera estudiado el caso "in situ". Gracias a las sentencias de semejante obtuso (el obtuso lo es aunque haya estudiado en Harvard) muchos padres hicieron piras con los juegos de rol de sus hijos, les prohibieron tan sana actividad y les obligaron a tirar sus dados de veinte caras. Los roleros, pocos dados a estos protagonismos, fuimos a manifestaciones de apoyo a la familia e intentamos limpiar el buen nombre de la actividad pero, por favor, que fue casi imposible: ya no eras solo un friki, además eras gracias a Cabrera un asesino en potencia.
Asquerosamente moralista, en todos los sentidos, Cabrera se convirtió en el tinte de la razón y comenzó una batalla personal contra los dichosos Dragones y Mazmorras con unos interesantes resultados: conferencias, entrevistas y, como no, en unos años fue el encargado de desarrollar el Plan de Drogas de la Comunidad de Madrid (uno de los peores de la historia según algunos profesionales del ramo de la medicina). Ahora le pone le pone el tinte científico al acientífico Cuarto Milenio donde se pasea diciendo cosas que hacen que quieras que un regimiento de Orcos invada el plató y se lo lleve con ellos al Infierno.
Lo más curioso de Cabrera es que es de esa gente que, cuando la escuchas hablar, te da la sensación de que se cree guapa e inteligente. Esa viscosa sensación que te produce el cuarentón bailarín de cualquier reunión que se lanza a la pista por Bisbal con una seguridad arrolladora en sí mismo, dando pasitos cortos, mirando a las señoras y moviendo los brazos haciendo el baile de los pajarito por arriba y "el pasito atroz" de cintura para abajo ¿El horror, verdad? Pues Cabrera explica sus teorías, que siempre son las mismas, con esa misma seguridad y esa misma falta de sentido del ridículo. Cargar contra las debilidades en muy fácil: si tomas drogas es que eres idiota y no tienes voluntad, si juega a rol es que no eres maduro, si pierdes tu tiempo en ver cine violento es que tienes una pulsión criminal oculta y así con todo. Lo importante es que tú eres un enfermo y él está cuerdísimo pese a que no tiene empacho en nombrarse como "eminente", en hacer el "baile del señor orgulloso" por los platós y, en el fondo diciéndonos: SOY LA HOSTIA.
Sospecho desde hace años de todos esos especialistas en todo que han conseguido una notoriedad aplastante a costa de decir cualquier cosa que alimente el pánico del personal y que señale con el dedito el tiempo de ocio ajeno: Apeles, Cabrera, Urra, García Vinuesa.
Siempre he pensado que no se saben divertir o que lo que de verdad les atraería es echarse una partidita de Mutantes en la sombra o despanzurrarse en un after hasta pasadas las doce de la mañana. Con sinceridad, nadie que salga en Cuarto Milenio y que no se dedique a descojonarse del Dúo Sacapuntas de lo oculto (¡Gracias Grom!) merece todo mi desprecio intelectual, cualquiera que sin saber lo más mínimo de nada se emplee con violencia verbal a desmontar cualquier tipo de actividad cultural o a generar el pánico amarillento sobre el rock Gótico, el heavy metal, los juegos de rol, la literatura fantástica o cualquier cosa en la que entretienen su tiempo esas legiones de muchachos con coleta y zapatillas J´Haiber (¡Gracias, M!) me resultará un buen candidato para ser lanzado al espacio en lugar de cualquier noble bestia (sea perro o mono) para perderse más allá de la Galaxia de Ganímedes. En el espacio no podremos escuchar su parloteo.