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lunes, 4 de noviembre de 2013

Autores y Transmisores: Algunas cosas sobre el plagio, Shakespeare, El Quijote, los Románticos, Chiquito y el "Spaghetti Western"





Durante un tiempo estuvo circulando por la red una historieta en la que un abogado de derechos de autor le pedía a Shakespeare cuentas sobre los continuos plagios que había detectado en su obra.  La base es completamente cierta: Shakespeare no fue un autor original al 100%. Tampoco lo fueron otros autores de teatro como Lope o Calderón.

La moraleja del asunto, muy aplaudida y difundida, es el viejo “Nada nuevo bajo el Sol” pero aplicado a la actualidad, también un más peligroso “Si Shakespeare hubiera tenido que pagar derechos de autor por esas obras no hubiéramos disfrutado de Shakespeare porque no podría haber hecho frente a los pagos de uso de los textos originales” y, claro está, una defensa de la “copia doméstica” y la “difusión gratuita de la cultura” donde se entremezcla la mala conciencia (en definitiva todos hemos convenido en que no pagar por algo que no nos pertenece es robar, por mucho que para llevar a cabo dicho acto delictivo no sea necesario el uso de la violencia ni contra las cosas, ni contra las personas)  y un erróneo discurso basado en que sin estos métodos se vería detenido el flujo cultural, se interrumpiría “la tradición” y, por tanto, la transmisión se vería detenía y, con ello, volveríamos a las cavernas. Todo un poco trágico. Todo un poco apocalíptico.

El problema, como siempre, reside en esa idea instalada de modo general que insiste en que solo puede observarse, estudiarse, analizarse y criticarse la Historia Universal a través de los usos de la moral y las costumbres actuales.

Esa historieta tiene una base muy cierta (Shakespeare “plagió”…también muchos otros) pero lo hizo por cuestiones muy precisas: no existía la conciencia de “plagio” puesto que no existían ni el concepto actual de “autor” ni tampoco el de “originalidad”. Por lo menos no en los términos en los que se vienen usando desde que el Romanticismo cambiara para siempre esos términos.

El escritor se sentía solamente parte de una tradición literaria previamente acotada por el mencionado “NADA NUEVO BAJO EL SOL”. De hecho estaba convencido que todos los grandes temas, que todas las formas de narrar ya habían sido inventadas por los autores de la Grecia clásica. Sin más. Lo único que se podía hacer, por tanto, era volver una y otra vez a ellos, imitarlos (el concepto de “imitatio”…algo farragoso) e intentar imitarlos con la mayor gracia posible. El objetivo del autor era renovar aquellos textos y adaptarlos a su época. Sin más. El hecho de que las decisiones sobre la moral, sobre lo que era bueno y no, recayeran en la Iglesia (católica o protestante en sus diversas modalidades) ayudaba también bastante a que el escritor –que no autor pues tenía una autoría relativa según nuestra propia visión- no se saliera del camino prescrito. Si se salía, si se ponía tonto o reivindicativo, siempre le podía pasar como al autor del “Lazarillo de Tormes” que vio su obra perseguida y publicada sin su nombre. Primero por lo que decía, es una crítica frontal y dolorosa a la sociedad de su época, y por otro porque podría considerarse a este libro como una de las primeras obras “originales” de su tiempo si tenemos en cuenta la estructura que usa como base narrativa.

El historietista de esta tira cómica se hubiera visto en problemas para llevar a cabo su razonamiento si, por ejemplo, hubiera usado a Cervantes y a “El Quijote” como base para su trabajo. El Cervantes que escribió “El Quijote” también fue un autor muy original. Completamente original pues inventó, posiblemente sin saberlo, la mayoría de los recursos narrativos que se utilizan actualmente. Si, para hacer la obra comprensible, se nos ha contado siempre (y esto también con cierto desdén un tanto doloroso) que Cervantes no hizo más que parodiar el género de la “novela de caballería” lo cierto es que en el extenso texto pueden encontrarse otras chuflas cervantinas sobre la poesía pastoril, el teatro o, incluso, varias coñas con respecto a muchos de los manuales sobre usos y buenas costumbres que habían de observar los caballeros y, también, a los manuales sobre como combatir con espada. Sin duda también a otras tradiciones de las otras dos confesiones religiosas persistentes (pese a la persecución eclesiástica y gubernamental) como eran la árabe y la judía.

Todo eso es “El Quijote” y no es muy “original” –puesto que no era del todo suyo…Cervantes como autor teatral y lírico también metió sus sablazos a los autores clásicos porque era como se esperaba que actuara un escritor- porque lo que es “original” de Cervantes es, más bien, su modo de disponer todas las piezas, de estructurarlas y de ofrecérnoslas como algo nuevo e, insisto, “original”.

Ese esfuerzo autoral, la construcción de toda una maquinaria narrativa por parte de un autor, no se le reconoció en su época. No fue lo que llamó más la atención de “El Quijote”. Nadie, tras leerlo, pensó un “cáspita, esto no lo había leído yo así en mi puta vida. Este hombre es un genio” o si lo pensó no nos lo hizo saber. De hecho, sus contemporáneos, siempre le achacaron a Cervantes que hubiera perdido el tiempo en escribir una obra tan extensa y, a la vez, tan carente de cosas buenas. Y cuando esa gente decía “cosas buenas” se refería a que, por aquellos tiempos, todo lo que no incluyera alimento para el espíritu y no prosiguiera la línea de loar y transmitir todo lo que se consideraba justo y bueno era más bien tomado como simple entretenimiento y, por tanto, de poco peso.

La idea general sería algo así como: “Bueno, está de puta madre, pero solo vale para echarse unas risas”.
¿Se identifican ustedes con esa frase? ¿No recuerdan haberla dicho nunca para referirse a una película cómica, a una obra de teatro o a una novela del mismo género? Yo creo que alguna vez sí.


Cervantes, pues así lo dice en el prólogo y así lo dejan caer sutilmente algunos de sus personajes, sí es consciente de que ha escrito una obra muy compleja para su época, incluso que lo que le “ha salido” es algo que puede confundir a los lectores pero no parece alardear de ello en ningún momento pues también cree, como todos nosotros, que la comedia es un género menor. De hecho lo escribe porque anda mal de dinero, como siempre, y necesita un libro que le haga ganarse el favor de algún mecenas y le abra las puertas de la nueva corte de Felipe III. Piensa en una obra que le pueda llamar la atención, en una obra que le pueda gustar a un rey joven y fiestero que, por aquel entonces, tiene revolucionado al reino pues ha convertido la pacata corte de su padre Felipe II en un “fiestódromo” al más puro estilo portugués o italiano. Por eso escribe una comedia. Vale que se echa unas risas diciendo que hay mucho escritor teatral y poeta al que se le ha ido la olla y que cada vez todo resulta más elevado e incomprensible pero, en realidad, a la hora de dedicarle el libro al VI Duque de Béjar, hombre de confianza del Rey que él confía que se convierta en su valedor y mecenas, ya le avisa de que el libro que le ofrece no es muy allá con estas palabras:   “(…) está desnudo de aquel precioso ornamento de elegancia y erudición del que suelen andar vestidas las obras que se componen en las casas de los hombres que saben (…)”.

A Cervantes parece que “El Quijote” le sabe a poco. Que le hubiera gustado que sus obras anteriores, más serias, le hubieran dado más fama y más dinero.

El objetivo de Cervantes, en lo que a ventas se refiere, fue cumplido pues la obra le dio muchísima fama en la época. Tanto es así que en 1614, nueve o diez años después de su publicación, alguien tiene a bien sacar a la luz un  “Segundo tomo de las andanzas del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras”., obra firmada por alguien que decía ser el Licenciado Alonso Fernández de Avellaneda.

El autor no aparece por ninguna parte porque, en realidad, es el seudónimo de Cristobal Suárez de Figueroa un autor muy conocido y famoso en su época pero, cuya obra, no ha resistido el paso del tiempo y, en la actualidad, no aparece en las listas de escritores que consideramos importantes. Seguramente porque Suárez de Figueroa fue un autor que no “inventó” nada, que simplemente fue un contemporáneo que siguió los pasos marcados por los gustos de la época en la que le tocó vivir y que pensó que “El Quijote” era todo un dislate.
Por la Biblioteca Nacional debe de andar todavía un pliego de cordel donde se recomiendan una serie de obras que el “buen caballero debía leer” y otras tantas que no donde se recomiendan un montón de volúmenes que ahora consideramos menores o, incluso, ni siquiera han llegado a conservarse y, sin embargo, se dice que ni “El Lazarillo”, ni “El Quijote”, son obras a tener en cuenta. Ya saben, los tiempos cambian.
La cosa sentó muy mal a Cervantes que, pese a que parece que nunca lo tuvo previsto (hay una diferencia entre un volumen y otro de unos 10 años) publicó al poco tiempo la verdadera “Segunda Parte del ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha” donde se quejaba, con buena pluma y mucha ironía, de que hubiera gente que se hubiera tomado mal el éxito de su primer trabajo y, sobre todo, se defendía de las acusaciones de falta de calidad de su primer Quijote. En el trasfondo de dicho enfrentamiento también late una cuestión de dinero: El “Quijote de Avellaneda” tuvo mucho éxito en su época y a Cervantes le molestó que alguien sacara dinero a su costa.  

En la España actual una cosa como esta hubiera terminado en los tribunales: Primero porque incurre en un plagio al no reconocer la autoría de Cervantes sobre los personajes que ha utilizado y, segundo, aunque eso ya sería cogérsela con papel de fumar, porque se pone sobre papel una burla descarada contra el autor, un ataque personal, y no contra la obra.

Por poner un ejemplo actual: no hablo de que Wes Craven, autor de “Scream”, denuncie a los Hermanos Wayans por “Scary movie” si no de Gregorio Sánchez Fernández demandando a Florentino Fernández y Pepe Navarro por lucrarse con la creación de unos personajes (los habitantes de Chiquitistán conocidos como Lucas Grijander  y Krispín Jander Klander…Chiquitita lo interpretaba Maribel Ripoll) basados en otro personaje creado por él llamado “Chiquito de la Calzada” dejándole al juez la papeleta de decidir si el que se subía al escenario a contar chistes era el propio Gregorio Sánchez Fernández bajo el seudónimo de “Chiquito de la Calzada” o “Chiquito de la Calzada” era, en realidad, un personaje creado e interpretado por Gregorio Sánchez Fernández, cantaor y humorista malagueño.  





Si Cervantes no llevó a los tribunales al autor del “Quijote de Avellaneda” fue, específicamente, porque ni el plagio era considerado un delito, ni ya digo, se observaba a la creación artística más que como una imitación y no como algo de lo que el autor fuera dueño.

Durante los siglos venideros “El Quijote” nunca fue considerado una gran obra de la literatura. Pese a ello su fama no se agotó pero no fue muy digno de mención. Esta catalogación de “obra menor” culminó abruptamente con los románticos europeos que cambiaron el concepto literario para siempre.

¿Cómo?

Échale la culpa al cambio de conciencia producido por la Revolución francesa primero y por las revoluciones burguesas después. El mundo cambió así como su concepción del individuo y los seres humanos comenzaron a cuestionarse el orden de las cosas. La moral se aflojó o, por lo menos, la dirección moral impuesta dejo de tener sentido al mismo tiempo que filósofos y escritores comenzaron a trabajar en la idea de que, a lo mejor, los que imponían esa dirección moral carecían por completo de moral y, por tanto, no eran los más indicados para salvaguardarnos de nada. Afloraron otras ideas sobre el individuo y, de pronto, comenzamos a pensar en que cada hombre y cada mujer e, incluso, cada país, podían tener una idea diferente pero aceptable para hacer las cosas.

Eso tardó poco tiempo en saltar al arte. De pronto los románticos decidieron que el autor tenía que tener también voz propia, que podía hablar de lo que quisiera y desde el punto de vista que quisiera, que ya no había diferencia.

Así nació un nuevo concepto de “originalidad”, que es el que usamos todavía, en el que el autor tenía que ser, por narices, diferente a los demás o, por lo menos, ofrecer una visión diferente de las cosas.

El escritor ya no era solamente un transmisor si no un “creador”, un “autor” y, como tal, tenía que ceñirse a ese nuevo concepto de lo “original”. Tenía que ser novedoso e interesante. No había más narices.
Con una nueva concepción sobre el autor y un nuevo concepto de originalidad todas las obras tenían, por tanto, que diferenciarse las unas de las otras y así fue como plagiar y copiar fueron convirtiéndose en cosas cada vez peor vistas y, definitivamente, delictivas. Sin más.

Ese cambio de conciencia descubrió la dimensión gigantesca de la obra de Cervantes por haber sido la primera, la original, la que lo petaba, a la hora de mezclar géneros y puntos de vista, de estar estructurada de la manera en la que lo está, de dar voces a unos personajes y a otros en los momentos en los que lo hace. 

En general se reconoció a Cervantes como el “inventor”/”creador” de un universo nuevo que en nada tenía que ver con lo visto hasta entonces.

En los años venideros la lucha por la erradicación del analfabetismo, el acercamiento de la cultura a las masas y un abaratamiento de los costes en la producción cultural fueron aumentando el número de voces y, por tanto, también, fue más difícil ser un autor genuinamente original. En la actualidad, paradójicamente, volvemos a insistir (como el autor de esa historieta) en dar la producción cultural como cerrada por completo y, por tanto, obligamos a la gente a que comprenda que ser original ya no es un valor porque es imposible ser original ya que nuestra herencia cultural es tan grande y diversa que hemos agotado todas las posibilidades de inventar cosas nuevas.

Estoy un poco en contra de esas afirmaciones taxativas y de esos sermones laicos interesados sobre esta cuestión. La creación siempre será posible y la originalidad también. Seguramente no en las temáticas pero sí en la forma de hacer las cosas, de narrarlas.

Es imposible escapar de las influencias, de los “basados en”, pero esto es normal en tanto en cuanto pertenecemos a una tradición que, a la vez, nos enseña los pasos para nuevas formas de creación. Hay que huir en sentido contrario o defenderse con una pistola de la gente que dice “no tengo influencias” porque, sobradamente, sabemos que es mentira, que la tradición es aprendizaje y que, cuanto más amplio sea este aprendizaje, más rico será nuestro arsenal creativo. La inspiración, la dichosa inspiración, también proviene de ahí. Es simple de entender y no hay que negarla, es más, hay que reconocerla. Sergio Leone, inventor de el “Spaghetti Western” (una relectura, un subgénero, alimentado por la necesidad, la geografía y los departamentos de producción antes incluso que por trasladar una “visión nueva” al propio western) decía de sí mismo: “Reconozco que soy el padre de muchos hijos de puta”. Una frase que podía interpretarse igual para reconocerse como inventor de un género nuevo y también como el colaborador necesario para que otros hubieran envilecido el western clásico o, también pensemos en estos términos, como el reconocimiento de que el “Spaghetti western” tenía más padres-creadores-autores además de los directores y guionistas norteamericanos.

Pese a todo a Leone no se le ocurrió rodar “La Diligencia” sin avisar de que, en realidad, la idea original no era suya o intentó pasar un guión de otra persona por un guión propio que es de lo que se trata el plagio.
Desasistir al autor de la autoría, de los derechos intelectuales sobre sus invenciones, justificándolo con argumentos torticeros es, en realidad, abrirle las puertas a que haya gente que se nutra del trabajo de otra gente y nos llevaría, por ejemplo, a eliminar las oficinas de patentes en tanto en cuanto las invenciones en el campo industrial también deberían de ser desasistidas de cualquier derecho intelectual, de cualquier autoría. 

Es evidente que la invención de una válvula de plástico para hacer funcionar un corazón enfermo es muchísimo más importante (¡Salva vidas, maldita sea!) que sacarse del magín una novela (¡Solo sirve para entretener!) pero en términos de esfuerzo intelectual supone, a veces, las mismas horas de trabajo. En realidad escribir, pintar, tallar o rodar una película también son actividades que pertenecen a un aprendizaje, son trabajos donde existe la profesionalización y, aunque tienen su parte de inspiración (ahí está el detalle, la diferencia entre unos autores y otros), pueden reproducirse. Es decir, se pueden aprender las técnicas para llevarse a cabo. Defiéndanse a palos de esos autores que dicen que lo suyo es todo inspiración y que el trabajo solo es una parte del asunto. Mienten como bellacos de forma interesada, quieren hacerse pasar por seres especiales y esperan desalentarlos con sus palabras recordándoles que ustedes no lo son. Menudos caraduras. Recordemos a Picasso y su “Si llega la inspiración que me coja trabajando”.

A efectos prácticos legales, en realidad, pasando por encima la importancia o trasdendencia de las cosas (algo que se dirime en la condena y no en el veredicto) no hay mucha diferencia entre que un empresario de reactores para aviones use un modelo copiado a otra empresa y un escritor que copia de arriba abajo la novela de otro autor. Más que nada porque ambos reconocen así su incapacidad para producir algo bueno por sí mismos y, sobre todo, esperan ganar dinero con ello.


Por eso hay una diferencia enorme, que creo que haya podido explicar en el texto, entre lo que es coger cosas de una tradición, de acudir a otros autores que admiramos y con los que aprendemos, y directamente plagiar o fusilar que es una cosa más bien fea. Un delito si con ello pretendemos dinero y una estupidez ególatra si lo único que queremos es apropiarnos de algo que no es nuestro para darnos pisto. A mi, como a mucha otra gente, en el transcurso de mi vida profesional me han plagiado algunas cosas. Siempre me he sentido mal. Sobre todo cuando descubres que otro ha ganado dinero  a tu costa. Reconozco que mi enfado ha sido mayor cuando me he enterado de que la cifra recibida por copiar y pegar algo mío (en tanto en cuanto no existía antes de que se me ocurriera ponerlo en un papel) fue alta (en una ocasión, nada más) pero que la sensación de mierda era la misma que, cuando en el colegio, alguien intentaba pasar una redacción que acababa de copiar de un libro como suya o cuando una vez no tuve tiempo para terminar una tarjeta de felicitación de “El Día de la Madre” y tuve a bien escribir una que había leído por ahí. Me declaro culpable de aquello. Durante todo el tiempo que la felicitación de cartulina estuvo a la vista no podía pasar por su lado sin que se me pusieran la cara como si me acabara de quedar dormido sobre una placa vitrocerámica. Me declaro culpable también de no reconocer aquello hasta hoy mismo y eso que han pasado como 30 años. Era joven y necesitaba el reconocimiento de mi madre, eso es lo único que me justifica.   

viernes, 2 de agosto de 2013

Guerra Mundial Z (2013, Marc Foster) y una pequeña reflexión sobre el postureo nerd



“Guerra Mundial Z” es un libro optimista. Max Brooks, su autor, que ya nos enseñó a prevenirnos contra un estallido de caminantes en “Manual para la supervivencia zombi” tiñó las páginas de su segundo libro en la certeza de que el ser humano sería capaz de superar un brote violento de virus solanum.

Posiblemente ese rasgo marque eso que se llama “avance” o “redireccionamiento” del género. “Guerra Mundial Z” es tremendamente respetuoso con la tradición inaugurada por George A. Romero en lo esencial (los zombis lentos) pero incide en el optimismo y, por tanto, en la épica de la que el director norteamericano prescindió en “La noche de los muertos vivientes” y cuyo veto ha ido manteniendo en obras posteriores.

El pesimismo, o realismo, de Romero se ha filtrado en otras producciones del género, desde el “remake” de 
“El amanecer de los muertos” hasta las series “Dead Set” y “Walking dead” que nos recuerdan que la muerte se abre paso con facilidad en un territorio dominado por unas formas de vida que han subestimado a la propia naturaleza y viven dominadas por una errónea percepción moral.

Más allá de la amenaza del zombi, Romero dejó claro que el peor enemigo del ser humano era el propio ser humano y su capacidad para tomar malas decisiones. La peor de todas, la que lo empuja hacia un desenlace fatal, no es otra que su renuencia a actuar como grupo y a olvidarse de la individualidad. Todos los grupos de superviviente del género zombi son incapaces de llegar a esa conclusión y, por tanto, acaban siendo devorados. La solución es mostrada sin disimulos, es una puerta abierta que desasosiega al espectador porque la percibe cercana y simple pero inalcanzable para los personajes implicados en la trama. Ni siquiera Danny Boyle, que se sacó de la manga a los zombis rápidos como balas, fue capaz de renunciar a lanzarnos esta moraleja mezclada con la de un aviso que se recoge en “Guerra Mundial Z” también: la naturaleza acabará por descubrir la forma de aniquilarnos y prevalecer sobre nosotros.
Fuera de esta idea (la del optimismo) las semejanzas entre la novela “Guerra Mundial Z” y su adaptación cinematográfica son casi nulas. Ningún fan del libro reconocerá muchos más rasgos de unión (excepto el intento por mostrarnos una confrotación global) entre ambas obras.

La película dirigida por Marc Foster se mostrará dentro de unos años como un ejemplo de todo lo bueno y lo malo del cine de comienzos del siglo XXI.

En el apartado de “lo bueno” está el haber rodado una película técnicamente impecable. Es este título una de esas producciones que más se asemejan a un cohete de la NASA pues en su producción confluyen todos los avances tecnológicos en el campo audiovisual, desde las espectaculares cámaras digitales armadas con unas ópticas de última generación e instaladas sobre robots para alcanzar hasta el punto más alejado de la secuencia hasta unos efectos digitales, mezclados con el efecto especial hecho a mano, de esos que a la generación que nos criamos viendo efectos sobre chroma hacen que se nos salten las lágrimas de la felicidad.



Marc Foster, como ya hizo en “Quantum of Solace”, nos ofrece unos primeros quince minutos de película completamente espectaculares con un estructura visual (pienso en los story boards y en la planificación de rodaje y se me hace la boca agua) que, bajo mi cortísima experiencia, yo diría que es la propia de alguien que entiende muy bien esto de hacer películas. No es fácil hacer avanzar una trama a través de una planificación de 5 o 6 cámaras que haga aumentar la tensión a costa de una técnica curiosa y efectiva: ir desde los planos panorámicos, hasta planos cada vez más cortos que finalizan poco a poco en secuencias de primerísimos planos para irnos mostrando poco a poco el horror. Lo mejor es comprobar que Foster no se pierde en esa maraña compleja, en ese truco (el cine es todo truco) que en manos de otro hubiera resultado el típico batiburrillo de planos nerviosos y sin conexión. En algún momento pensé en las escenas del desembarco de Normandía de “Salvad al Soldado Ryan” y en que Foster había prescindido de la fórmula “spielbergiana” de insertar planos fijos a favor de transiciones de barrido que le dan aún más fortaleza y sensación de realidad a las primeras secuencias.
Esta espectacularidad visual, que vuelve incluso con más fuerza en las escenas que se desarrollan en el Jerusalén asediado (cero polémica sobre el asunto del muro o más bien polémica alimentada por algún avispado agente de prensa para que se hablara de la película) por los zombis se entremezclan con escenas mucho menos anticlimáticas en las que el director opta por ofrecernos una película de terror más clásica (sombras, sustazos, bruma, lluvia…ese tipo de cosas).

Por desgracia no puedo dejar de pensar que estos cambios de ritmo son siempre un poco forzados en el cine actual y que se deben a dos cosas que entran dentro de la lista de “cosas malas del cine actual”: un desentendimiento del ritmo idóneo que obligan a diseños de producción donde los recursos económicos (que siempre hay que tener en cuenta) van menguando de tal modo que es obligatorio insertar escenas menos artificiosas para sostener los presupuestos. Esto pudiera parecer el comentario de un contable pero, en realidad, también mi corta experiencia me dice que ese despilfarro dirigido a captar la atención del espectador en los primeros tramos de película, hacerlo pasar por un desierto en el nudo e intentar una pirueta final en el desenlace ha lastrado a más de una y a más de dos películas (acaso a tropecientas).


Todos los esfuerzos técnicos, muchísimos, afectan de manera directa al guión de “Guerra Mundial Z” que es una pieza, en ese aspecto, aseada y correcta pero que no alcanza las cotas más altas de la novela. Nos encontramos con un guión soso, más bien, con unos diálogos un tanto sosos y, de cuando en cuando, también demasiado planos, tremendamente informativos (el juego de “pato-pato” que dice un gran realizador, consistente en mostrar un pato en pantalla y que los personajes digan “mira eso es un pato” para remarcar que ahí hay un pato y nadie pueda despistarse, ni perder el hilo) y que, de cuando en cuando, me recordaron a otras superproducciones del género, en especial, a las pelis de Roland Emmerich.

Quizás este sea uno de los puntos negros de la peli: los dichosos diálogos. Seguramente también porque poco pueden aportar a una historia que podría haber sido casi muda debido a que funciona tan bien visualmente que es difícil remarcar más aún la tensión de las escenas o aumentar la información sobre la propia trama.

En un tiempo en que las películas se producen para ganar mucho dinero rápidamente y ser olvidadas también rápidamente es curioso que en “Guerra Mundial Z” se haya hecho un esfuerzo enorme por alcanzar una vida más larga, se haya intentado por todos los medios que la película quede en la retina de sus espectadores. No sé si lo conseguirá, aunque me temo que el ruido informativo ha sido tan grande que ya han conseguidopolarizar la opinión, pero lo cierto es que “Guerra Mundial Z” quiere ser un resumen de todo un género y opta por esa opción por esto que acabo de comentar pero, también, para hacer funcionar la maquinaria de la propia película. En la cinta te encuentras con los zombis de Boyle (los modernos) que, a su vez, también son los zombis de Romero (los lentos) y te encuentras homenajes a películas contemporáneas del género y a las películas clásicas, cada homenaje a cada película se encuadra en ese juego de “escenas rítmicas” y “arrítmicas” que marcan un tempo extraño pero, a la vez, elegido conscientemente para darle una vuelta de tuerca al espectador que crea que ya lo tiene todo visto en el género zombi. Este intercambio, estos ritmos, son una de esas estrategias que sacarán de quicio a los más ortodoxos.


Estaría bien comentar, bueno, lo comento porque me ha hecho gracia que fuera del género zombi existe en las escenas de desenlace de “Guerra Mundial Z” un sentido homenaje a una de las escenas más pavorosas de “Cube” y otro completamente indisimulado a “Terroríficamente muertos”. Se darán cuenta, no se preocupen.

“Guerra Mundial Z” resulta una película divertida, una película para pasar el rato de la mejor manera posible recibiendo alguna pequeña conseja pero, sobre todo, un curioso mensaje de optimismo. También lo descubrirán sin dañarse mucho los ojos, no hace falta ser muy espabilado. En todo caso está bien porque también es inherente al género, lo del mensaje digo, y más ahora cuando el número de producciones de género fantástico (terror, ciencia ficción, superhéroes etc.) supera con creces al de otros géneros. Desde Whale a Frankenheimer, pasando por Romero, Lucas o Carpenter han usado este fenómeno popular para transmitirnos alguna opinión un tanto desasosegante o tranquilizadora  (según tocara) del mundo en el que vivimos.
Y, como colofón, me gustaría salirme de la crítica para mandar un mensaje a muchos de los que vieron la película ayer conmigo: IDOS A TOMAR POR CULO.

¿A qué viene este mensaje?

Bien, “Guerra Mundial Z” es una película de género. Sin más. No entiendo por qué hay un grupo de gente empeñada en olvidar el carácter eminentemente festivo de ir a ver una película de zombis para, curiosamente, adoptar una pose faltona, absurda y francamente payasa que pretende que el asunto se convierta en un pase de la Filmoteca Nacional. Analfabetismo en estado puro, protestantismo posturero de la más baja estofa y, sobre todo, la reclamación de un nivel de exigencia intelectual exigido por una pandilla de anormales que creen ser unos entendidos en estas materias después de un par de lecturas de “Crepúsculo” y “Harry Potter”.

¿A dónde vamos? Pues no lo sé, pero si ya en tiempos la visión de un tipo con bufanda y cuello cisne sentado en una sala de cine haciendo comentarios estúpidos sobre el cine de autor me provocaba unas enormes ganas de echar la raba comienza a pasarme lo mismo con esa nueva tribu de “nuevos cinéfilos” vestidos con camisetas de mensajes postmodernos que van derramando suficiencia y discursos de vuelo bajo. A ser posible muy alto para que todo el mundo perciba que hay un cateto en la sala.

Los catetos de ayer decidieron que NO les gustaba la película. Oh, sorpresa. Gente protestando con presupuestos personales ínfimos sobre algo que no entiende y pontificando. Oh, requetesorpresa. Comparaciones entre la película que estás viendo y “X Men” o “Los Vengadores”. Oh, nueva sorpresa. Nuevos juegos comparativos con la temporada 3 de “Walking Dead” y sobre la credibilidad. Oh, requetequetequetesorpresa.

Y lo mejor: es que hay chistes.

Y eso no. Bueno, imposible, jamás se ha visto una película de estas características donde ha nadie se le haya ocurrido meter una línea o un instante de sonrisas cómplices. No, no. A nadie, joder. No somos animales, que no nos saquen de la profundísima trama sobre muertos que vuelven a la vida para darnos un respiro, para marcarnos un farol. NO. No vaya a ser que alguien se piense que ir al cine no es otra forma más de ir a misa. IDOS A CAGAR.

Como ejemplo final pondré estos dos vídeos:



Sí es el final de “V de Vendetta”. Con la Obertura 1812 de Tchaikovsky sonando a todo trapo. Y ahora...


Sí, es el final de “El Club de los chiflados”.


¿Se dan ustedes cuenta de los paralelismos entre ambos finales? ¿Se dan cuenta de que James McTeigue le hizo un homenaje a esta comedia chiflada para remarcar los aspectos tragicómicos, el tono de enorme de descarnada burla que contiene la obra de Moore? Pues eso, seamos más libres, divirtámonos y, sobre todo hablemos cuando nos toque. 

lunes, 10 de octubre de 2011

"Mamá es boba" en La 2





Hola lectoras, lectores, modernos y modernas de pueblo, residentes en la gran Babilonia, funcionarios, parados y personitas que, en general, han llegado por casualidad o no a este blog: 

Hoy Lunes a las 00:15 la 2 de TVE (la de todos...eso dicen) emitirá "Mamá es Boba" película dirigida por el insigne Santiago Lorenzo y, como ya saben, una de las películas de cabecera de este blog tan mal diseñado. 

Como siempre les estoy hablando de la misma, es imposible comprarla, y la copia que anda por la red es de menor calidad que la emisión que hará mañana la 2 les invito a ustedes a dejar sus quehaceres (sean los que sean, no nos engañemos, un lunes por la noche no se van a ir a una bacanal), dejen de ver porno, repasar a los clásicos, deconstruir una patata cocida o ver una serie americana (que seguramente repondrán en un par de meses) para darse el gustazo de ver una de las mejores películas del cine español (y mundial) de todos los tiempos (estos tan revueltos y los pretéritos) y vean con sus propios ojos lo que es un milagro: que alguien se digne a programar algo espectacularmente bueno. 

No se aseguran grandes efectos especiales, no se aseguran grandes tomas en 3D, no se aseguran cuatro o cinco giros que tengan que ver con un comando yihadista que ha colocado 14 bombas atadas a colegiales solo un rato para disfrutar de una película que, como la Mahou, nunca pierde las cinco estrellas.

Del mismo modo les invito a recomendar esta película entre amigos y familiares por las vías telefónicas, orales y reuniones de tupper-sex que crean convenientes, tirar de las redes sociales o recomendarla por twitter incluyendo el hashtag #mamaesboba en su cuenta de twitter. 

Un lujo.

PD: Por si quisieran ustedes saber otras muchas opiniones laudatorias les dejo aquí una cosa que escribí para la gente de filmbunker sobre la misma película. 

martes, 27 de septiembre de 2011

Extraterrestre (Nacho Vigalondo, 2011)



Julio (Julián Villagrán) se despierta resacoso y despistado en la cama de Julia (Michelle Jenner). Ambos se conocieron, se emborracharon y acabaron en la cama. Se inicia entre ellos ese ballet del absurdo y la vergüenza ajena y propia que sirve como ridículo epílogo de cualquier rollo de una noche.  Cuando, por fin, Julia consigue que Julio enderece sus pasos por la casa se dan cuenta de que algo no funciona: la calle está en silencio, los móviles no funcionan, la tele tampoco…Cuando sacan la cabeza por la ventana descubren que un enorme platillo volante gobierna el cielo de Madrid.



Este es el chocante arranque de “Extraterrestre” la segunda película de Nacho Vigalondo, una matrioshka cinematográfica que encierra una película de género fantástico, una de catástrofes y una comedia romántica con lo que parecen influencias de “El ángel exterminador”, “El último hombre vivo”,  “Independence day”. De hecho, yendo un poco más lejos no pude no acordarme de “La hora incógnita” (1963, Mariano Ozores) una película muy pequeña que trataba sobre lo que le ocurre a los únicos habitantes de un pueblo de La Mancha que no han sido evacuados de la zona sobre la que va a caer una bomba atómica que se les ha desgobernado a los norteamericanos.

“Extraterrestre” parece una película sin pretensiones de principio a fin. Quizás la recorre la evidencia de que, en un país como el nuestro, es complicado atacar el género fantástico sin las capacidades presupuestarias del cine norteamericano (o el de cualquier industria mejor avituallada económicamente) o porque aquí no nos creeríamos que se pudiera producir una invasión alienígena…imagínense.


La invasión o la visita de los hombrecillos verdes sirve a Vigalondo para poner el acento en otras cuestiones que suelen quedarse fuera de las películas de género donde se suelen narrar historias de heroicidad o maldad extremas. Ahí están “La Carretera” o “La niebla” donde se discute largo y tendido sobre estos temas de si el hombre es un lobo para el hombre o si dejaría de serlo en caso de extrema necesidad o hasta donde somos capaces para sobrevivir para demostrarlo. Vigalondo prefiere enhebrar preguntas más sencillas pero que tienen respuestas todavía no contestadas: ¿Hay cabida para la estupidez humana dentro de los escenarios más catastrofistas? ¿No sería normal que a alguien se le fuera la olla? ¿Seguirían teniendo importancia hechos tan banales como el de guardar las formas o el de comportarse como un verdadero mezquino? En definitiva, ¿el hecho de que una situación de emergencia vaya cobrando visos de normalidad no haría que acabáramos por dejar de plantearnos qué ocurre para volver poco a poco a centrarnos en nuestras vidas?

Si el cine de género cuenta siempre con el truco del climax o, mejor, del encadenado de un climax tras otro para hacer que el espectador se pase dando botes durante la proyección lo que, irremediablemente, lleva muchas veces a que la pirueta ya te parezca atroz a la tercera o a la cuarta vez que la has visto, Vigalondo juega, justamente, con lo contrario: te deja sumergirte en  la realidad de los personajes que, viendo que la amenaza no se hace real, acaban por preocuparse de otras cosas.


Si en el aspecto técnico y narrativo “Extraterrestre” funciona a la perfección no estaría mal acordarse del trabajo que hacen los actores protagonistas: Julián Villagrán borda el enésimo papel que borda (es complicado encontrar algo donde este actorazo no esté bien) dando a su personaje el punto exacto de tío normal superado por los acontecimientos y que va sobreviviendo a golpe de nada (algo muy propio de estos tiempos) y Michelle Jenner tiene la misión de ser la única chica de la película y bordar una interpretación que se aleja bastante de los preceptos de la heroína cinematográfica. A su lado Carlos Areces demuestra sus dotes para la comedia metiéndose en la piel de un molestísimo vecino obsesionado y “pagafantas” (un “pagafantas” del mal, por cierto) y Raúl Cimas sorprende por su calidad interpretativa. No deja de ser notable que Cimas sea capaz de interpretar un papel de tipo normal (dentro de un orden, entiendan como “normal” lo que sería normal en un panorama de invasión extraterrestre) regalándonos alguno de los mejores momentos de la película.

El casting de la peli lo cierra Miguel Noguera que hace un pequeñísimo papel que termina por hacernos evidente que, incluso en las peores catástrofes, hay momentos para ser un verdadero idiota, para “apostar muy fuerte” (como diría él) por convertirse en una estrella mediática aunque ahí fuera nos estemos jugando el planeta.

A día de hoy no tengo ni idea de cuando podrán disfrutar de “Extraterrestre”. Solo espero que sea pronto y que acudan a los cines a comprobar que Vigalondo está en forma, que todavía hay razones para pagar una entradita de cine, que todavía hay historias que contar o, por lo menos, que hay puntos de vista diferentes a los que dar un empujón desde la grada y, sobre todo, para disfrutar in situ de una película brillante, divertida y talentosa.  

Por si acaso estén atentos y no se la pierdan, sería una pena. 

martes, 12 de abril de 2011

Dos cosas en filmbunker.net

Venga, que no se diga. Me han colgado dos críticas nuevas en filmbunker.net. Es ese blog de cine rarito que se currado un tío que vive en Nebraska. En realidad creo que es un tapadera de uno de esos cultos americanos raros donde la gente entra con la cabeza hecha una mierda y sale con la cabeza peor pero diciendo que ha renacido. A mi escribir en este blog de películas raras también me hace renacer un poco. 

He escrito sobre una peli franco-belga que se llama "La bici de Ghislain Lambert" que me gusta una barbaridad y sobre "Mamá es boba"...¡Joder que novedad! ¡Otra vez el tío este sacando la película esa! dirán algunos de ustedes. Ya, ya se que hablo mucho de la peli de Santiago Lorenzo pero es que me he prometido hacer proselitismo de la misma. Un proselitismo raro porque, en realidad, es una peli que se defiende sola, o sea, que cuando la vean van a decir ¡yo también quiero hablar bien de esta película! ¡me apetece hablar bien de ella! ¡Que la gente vea que soy culto!


¿Han visto ese anuncio en el que una chica muy guapa queda con un tío muy ignorante? Sí, joder, ella dice "me encanta el cine de Alexei Kurkovski y él tiene que tirar de internet para saber de lo que la chavala está hablando. Y tiene que salir ahí a la terraza a hacer como que mea y está lloviendo y se relee un poco un articulillo y vuelve diciendo: "Guau, Kurkovski, la caña". Y ella que es muy cuca dice un nombre raro como "Tanagashi" o "Tanarashi" o alguna mierda semejante y él, que va vestido de gafapasta, tiene que volver a salir a la terraza y volver a consultar en el ordenador. 

Pónganse en el lugar de ese estafador, de ese vivales que ha preparado esa cita al milímetro con aviesas intenciones. Es un cazador, un buitre, una mala persona que se ha colgado de una chica cantidad de inteligente que va a los Renoir y decide jugar fuerte, ahí, quiere poseerla y entonces se cambia la ropa que lleva habitualmente por una que le aconsejan en el H&M...o sea, el tío va y lleva al H&M y dice "deme ropa para parecer que voy todos los días a la filmoteca" y le dan toda esa ropa. Y luego elige un local para intelectuales, un lugar luminoso y recoleto que huele a incieso y a té y donde la peña dice mucho la palabra "slow" (con muchas eses de principio) y cosas así. No ha estado en su vida pero sabe que ese sitio gustará a la chica pero...no espera que ella vaya a la contra, ella está ahí dispuesta a no dejarse engatusar, a hacerle preguntas capciosas.



En mi versión del anuncio ella está pensando todo el rato "míralo, va a la terraza. A la terraza, no al baño, va a consultar su ordenador porque no tiene ni idea de quien es Kurkovski" y cuando el se sienta le suelta lo de "Tanagashi" y já. Él vuelve a intentar la jugada pero ella sabe que "Tanagashi" ni siquiera es un director de cine, se ha inventado la palabra en ese momento porque le sonaba molona o, peor, era la marca del vídeo VHS que tenían en casa. Y cuando él vuelve ella se ha ido, se ha largado, lo ha dejado ahí dándole vueltas a lo de "Tanagashi" o, peor, lo espera y después de que él haga un poco el panoli le suelta la bomba "no busques "Tanagashi" en Internet, monín porque es el nombre de un delantero centro del Yokohama Marinos...y, por Dios, quítate las etiquetas de la camisa que las veo desde aquí". Y entonces aparece el dueño del local y le invita a salir. A no volver. Lo larga del paraíso de la tetería y las letras y el cine en VO. 

¿A qué venía todo esto? ¡Ah, sí! 

Queden ustedes bien, ahí en filmbunker.net tienen material para quedar como unos tíos y tías que están en la cinefilia, que le dan duro...arriésguense y quédense con el personal diciendo: ¿Habéis visto esa deliciosa comedia llamada "Mamá es boba"? ¿Qué os parece Philippe Harel?".

Serán ustedes el centro de las reuniones. Más que si siguen ese curso CEAC de guitarra. Palabra. O no. Vean buen cine, se tarda lo mismo que en ver del malo y, sin duda, su chorboagenda lo agradecerá. 


jueves, 31 de marzo de 2011

Sangre de tigre para cabezas de chorlito


Resalta Breat Easton Ellis en esta estupenda columna sobre Charlie Sheen que en el pequeño papel que hizo en la generacional "Todo en un día" la primera línea  de texto que el actor intercambiaba con Jennifer Grey fuera una única pregunta: "¿drogas?". No se si se acuerdan de la escena pero en ella Sheen aparecía vestido con una chupa de cuero y aspecto de no haber dormido y distaba bastante de la imagen enérgica de deportista que tenía en "Amanecer Rojo".


Volviendo la vista atrás esa escena parece la explicación más comprensible para entender como Charlie Sheen ha sido el tío que ha conseguido hacer descarrilar su carrera dos veces. Hay cierta tendencia a pensar que las reglas dentro del mundo del espectáculo son diferentes a las normales pero, lo cierto, es que todo el mundo que haya trabajado alguna vez en un rodaje sabe que, seguramente, lo más importante es ser puntual. No se si lo más importante pero sí es básico. Nicholas Ray decía que a los actores se les exige una cosa que no se les exige  a otros profesionales (aunque yo incluiría a los desactivadores de bombas): demostrar todo lo que han aprendido en una sola toma. En un solo segundo, con una miradita a cámara, hay que demostrar que se es bueno pero, para que esto ocurra, es necesario que se esté frente a esa cámara en un minuto concreto de un día concreto ya que, por narices, ese momento solo se producir una vez. La gracia es esa, el truco es ese: un montón de personas se convierten en un grupo interdependiente entre sí que tiene que funcionar bien durante un tiempo determinado sin que nadie pueda faltar a la cita en ninguno de los días previstos porque, en menor o mayor medida, todos los trabajos dependen de que todos hagan el suyo. 

Es verdad que, en otros ámbitos y en otras profesiones, también se producen situaciones como esta todos los días pero, lo cierto, es que en muy pocas la impuntualidad cuesta tantos cientos de euros. Y si en el cine es muy importante no digamos ya en el teatro donde, por narices, el actor tiene que llegar a una hora determinada y, a ser posible, en las mejores condiciones posibles. 

Se habla, de hecho Sheen lo hace, que todo es un asunto de doble moral. Digamos que existe la idea preconcebida (y si no la tienen deberían de ver "El séquito") de que todos los habitantes de Hollywood beben, se drogan y viven una vida que se disipa en placeres terrenales...de acuerdo, es posible que un alto porcentaje lo haga y, de hecho, se pagan muchos sueldos y se extienden muchos cheques para asegurar que el señor A esté en el punto B a la hora acordada. Agentes, publicistas, secretarios, ayudantes...la carrera del actor mide su éxito por el número de personas que lo rodean cobrando un sueldo por hacer los trabajos más banales y absurdos que se le puedan pasar a ustedes por la cabeza como conducir su coche o comprarle una camiseta pero también para que acuda a una sesión fotográfica o para que no meta la pata frente a las preguntas de un periodista. Con los años ha crecido toda una industria de servicios adosada al mundo del espectáculo y al del deporte encargada de velar por los caprichos más absurdos. Si ha crecido es porque es necesario que la gente esté a su hora y en condiciones en su sitio. 

Sheen, desgraciadamente, ha faltado a esa regla de oro en varias ocasiones y ahora solo está pagando las consecuencias de no poder mantenerse sereno. El problema del actor es este y no que lleve una mala vida que, por cierto, hace ya meses que pasó la barrera de lo anecdótico para resbalar poquito a poco más allá de los límites de la realidad. 

Si hace unos años vimos a un lastimero Maradona llorando como un niño en la televisión nacional argentina pidiéndole a las autoridades médicas y políticas que le permitieran marcharse a Cuba (donde le resultaba más fácil estar de juerga) no es más lamentable ver a Charlie Sheen emprendiendo esa carrera loquísima contra los demás y contra sí mismo agarrado a esa bolsa de cuero y mostrando de cuando en cuando un machete de cortar caña que parece le que hubiera regalado un hutu. Es un bajón.

Internet que cada vez se parece más a un pueblo aplaude mucho las salidas de tono de Sheen y su twitter es todo un éxito. Las miniparrafadas del loquito se aplauden en todos los rincones del mundo con la misma alegría que, siglos ha, los mozos daban de beber al borrachín del pueblo para divertirse un rato a su costa. Somos todos muy modernos pero, en realidad, parece que nos hayan sacado de "Calle Mayor" o de "La señorita de Trévelez" y no de "Tron".

Y no solo por el asunto de reirle las gracias si no, como no, por el asunto que más se remarca de toda la trayectoria del actor americano y de lo que me parece menos importante: que se acueste con señoras que trabajan en la industria pornográfica. En una voltereta moral de esas tan paletas, al hacerse la lista de los males y las enfermedades del actor se dice: alcohol, drogas y actrices porno.

A mi que me lo expliquen porque, la verdad, entiendo que estar todo el día rodeado de odaliscas pueda crear cierta dependencia pero, la verdad, no se conoce ningún caso (bueno, el de algún enfermo de corazón que no sabía de su enfermedad) que haya muerto por practicar el coito -ni siquiera desaforadamente y a deshoras- o cuya práctica -por muy acrobática y placentera que esta sea...no se, estoy pensando en un tema que ni siquiera estaría en la cabeza de Calígula, algo olímpico sexualmente hablando- le impida acudir al trabajo puntualmente aunque solo sea por hacer corrillo a la hora del café.  Vaya, al final va a ser verdad que también hay algo de moralina en todo el asunto...

Si la fascinación por el artista atormentado ha sido uno de los peores cánceres que ha vivido cierto tipo de artista que se ha visto incapacitado para quitarse la etiqueta de encima e iniciar una vida más normalita y más de andar por casa (muchas veces me imagino a un Marilyn Manson deseando hacer un disco de cumbias) ante la sospecha de que muchos fans que han imitado -desde una perspectiva de clase media- las actitudes del ídolo (tatuajes, ropa absurda, exceso de estudio sobre unas letras intrascendentes...) lo cierto es que no deja de ser paradójico que ahora Sheen no pueda dejar atrás todas las tonterías que está haciendo por miedo a que su cuenta en twitter se vea dañada. Alguien debería de informarle de que no se ríen porque el chiste sea bueno si no porque el que lo está contando apenas puede mantenerse agarrado a la barra del bar mientras lo hace. Son dos formas diferentes de comedia, si ustedes lo quieren ver así.

La borrachera que Martin Sheen se agarró en "Apocalipsis Now", con el permiso de Francis Ford Coppola que lo animó a dejarse llevar de una manera un tanto irresponsable y sin saber que el actor pasaba por un momento personal terrible, derivó en el rodaje de una de las mejores secuencias de la historia del cine. Vemos a Sheen completamente ido, bebiendo como un zumbado, solo y abandonado en una lastimosa habitación de un hotel perdido en sí mismo a millones de kilómetros de la realidad intentando ahogar los recuerdos de su última misión. En el texto, al comienzo del mismo, dice eso de "quería una misión y por mis pecados me concedieron una". En la realidad le costó un ataque cardiaco que lo mantuvo apartado del rodaje durante semanas.


Esa es la imagen que yo tengo ahora de Charlie Sheen, la de un tipo completamente chiflado que está a millones de kilómetros de la realidad, que lo está pasando mal y que no puede volver para atrás. Es una pena que esa secuencia, tan íntima y tan trágica, esté siendo retransmitida en directo por su protagonista sin la necesidad de que ningún director inconsciente le esté invitando a ello. La tecnología nos ha puesto en el papel de ese director inconsciente que cree que podrá manejar a un actor harto de merca y alcohol pero esta vez no para rodar una gran secuencia de una gran película si no un número estúpido de un circo que, cada vez, da más miedo y cada vez resulta más incomprensible y más cateto. Espero que, al menos, la audiencia vaya de maravilla. Eso es lo importante, al parecer.

sábado, 26 de marzo de 2011

Filmbunket.net...again


Escribo en filmbunker.net una crítica sobre una película de Steve Martin de 1979 (¡Qué vieja! escucho decir a los modernos y postmodernos desde aquí, desde la jaula...tiradme cacahuetes, joder) que es una película buenísima de esas que se te desencaja la mandíbula de reir. Es esto de aquí

Entiendo que vosotros sois personas sesudas, que vais por la vida contemplando el abismo, que moláis, que sabéis quien era Kierkeegard y que la rompéis en el Trivial Pursuit pero yo no doy para más que para recomendaros bufonadas. Se que Steve Martin os cae mal y que os parece un chorra pero a mi me gusta, yo me parto, me parece guay con todos sus gestos y esas carotas que pone como de no estar bien de la cabeza. 



También he colgado una bomba, les he colado un gol (¡ja, ja, ja!) una crítica de una película de asesinatos y de gente chunga que se titula "El largo viernes santo" protagonizada por Bob Hoskins que antes de hacerse famoso por perseguir a un conejo de dibujos animados hacía películas de tío malo. Esta no es de reírse a no ser que te acuerdes del conejo que hacía los mismos gestos que Steve Martin. La vida es un contínuo devenir, un puzzle donde las piezas se apretujan ahí en la mesa, en la tabla, vas cogiendo piezas y piensas "este trozo vered no va con esto...espera, espera...¡Anda, un castillo austriaco!".  Qué sorpresas te llevas...ah, y sale Helen Mirren de joven que estaba bastante buenísima. Lo digo esto por los amantes del arte. Venga, hala. Me voy a golpear la cabeza con un cazo hasta quedarme dormido. Disfruten. 

jueves, 17 de marzo de 2011

I´m still here (Cassey Affleck, 2010)


Britney Spears se rapó el pelo delante de los paparazzis que la perseguían todos los días durante los meses posteriores a su ruptura matrimonial con aquel "no-one" de Kevin Federline un bailarín de poca monta y aborto de rapero conocido con el estúpido nombre de K-Fed. 

Los artistas que quieren dar el salto de la audiencia infantil o infantilizada a la audiencia adulta suelen escenificar delante de las cámaras una especie de operación de ensuciamiento de su propia imagen, es decir, representan ante nosotros todos los pasos que, teóricamente, vive cualquier ser humano para convertirse en un adulto. Lo que es lo mismo: se meten en una serie de situaciones embarazosas como emborracharse, drogarse, echarse una pareja poco recomendable, llevar una vida de trasnoche en trasnoche y otra serie de experiencias que, teóricamente, han de informar de que ya son mayores, de que ya pueden hablar de cosas de mayores porque ya han pasado, en menos de un año, por todo el proceso de experiencias vitales que, a priori, forjan el carácter. Digo lo de un solo año porque ese es el tiempo que tiene cualquier artista de masas para reinventarse antes de que la industria descubra a unos cuantos mangarrianes con los que ocupar tu lugar que es lo que le ha pasado a Lady Gaga sucesora de Madonna que, en estos días, debe de estar celebrando misas negras por todo Londres para volver a ser la Reina del Pop again. 

Ese proceso pocas veces deja buenas secuelas y, lo normal, es que el artista se convierta más que en un adulto en puro material dañado. No había duda de ello si le echamos un vistazo a esa poco alabada serie documental titulada "Chaotic" (caótico) en la que la ex cantante de pop teen y su marido -un tío con una pinta de vago que para sí quisieran la mayoría de maridos vagos de estrellas que en el mundo son- daban cuenta de su vida en común con un desparpajo y una mediocridad con olor a paletos con dinero que iban camino a la bancarrota a marchas forzadas. 

La historia de la Spears, una texana temerosa de Dios tratada como la oca de los huevos de oro por parte de su familia (que suelen convertirse en un cartel de explotación infantil), es la de otros personajes del star system como Lindsay Lohan -por poner un claro ejemplo de bajada y estancia en los infiernos-, los hermanos Carter y un largo etcétera que escenifican ante una audiencia global un despertar al mundo adulto repleto de pesadillas, de cambios de rumbo, de actitudes absurdas y de gags escalofriantes. En los tiempos en los que escribía más de la Spears de lo que jamás soñé cada vez que me tocaba enfrentarme a una de esos nuevos saltos mortales no dejaba de tararear eso de "estás al borde" de Los Ilegales. La verdad. 

Es posible que "I´m still here" el falso documental perjeñado por Cassey Affleck y Joaquín Phoenix partiera de alguna charla trivial sobre uno de estos incidentes que suelen airear los noticiarios del corazón y las revistas del mismo género que se encargan de dar salida a este material. 

De hecho, durante la promoción de "I walk the line" el biopic de Johnny Cash que Phoenix interpretó, se airearon unas imágenes en las que el actor le preguntaba a un periodista si tenía una enorme rana en la cabeza. Al decirle el periodista que no, este muy tranquilo dijo que sentía que algo le estaba reptando por el cuero cabelludo. El periodista le dijo que parecía que estaba fantástico y Phoenix contestó que no le importaba el aspecto que tuviera que lo que le preocupaba era la sensación de que un bicho así le estuviera devorando el cerebro. Rápidamente se afirmó que Phoenix había ingerido una seta alucinógena o algo parecido que le había hecho perder momentáneamente la cabeza. En realidad, de un modo un tanto absurdo, estaba intentando explicar lo nervioso que se encontraba por el estreno de la película pero, en realidad, daba lo mismo porque lo importante es que Phoenix se había vuelto loco el día del estreno de la que prometía ser la película que lo lanzaría directamente al estrellato. Hasta el día de hoy al actor se le sigue preguntando por el  incidente. 

"I´m still here" parte de esa premisa: ¿Qué le ocurre a una estrella de cine que ha perdido la cabeza? No un artista de consumo rápido si no un artista de verdad, de esos comprometidos con cientos de causas, que parecen muy centrados, de esos con mundo interior, que sueñan con ser respetados intelectualmente y que viven para interpretar grandes papeles. 

Es una pena que el planteamiento de la película, esos primeros 20 minutos que tendrían que explicarte de qué va todo el asunto, sean de enorme torpeza porque, en realidad, el metraje va cogiendo fuste a medida que va avanzando todo el asunto. 

Es más, el hecho de que una gran estrella tomara la decisión de rodar una película como esta conlleva que, casi desde su comienzo, comenzaran a filtrarse noticias sobre que, en realidad, todo era un documental falso. Es decir, todo el mundo, de algún modo temió que la broma fuera demasiado realista y que, al final, acabara dañando la carrera del propio Phoenix. 

El actor escenifica esta bajada a los infiernos que ya aparece bosquejada en la rarita "Full frontal" de Soderberg dando vida a un chiflado inseguro que se pasa horas y horas mirando las noticias que su propia vida genera. Una especie de bucle informativo imparable en el que se mezcla la realidad y la ficción y que hace plantearse la paradoja de rodar un documental falso (hecho de realidad y ficción) que retrata de manera bastante fiel un panorama mediático que se alimenta de falsedades, rumores y realidades.

"I´m still here" es una enorme reflexión sobre el concepto de fama actual, sobre la forma en la que se trata la vida de los famosos pero, también, creo que queda resquicio para una especie de auto-psicoanálisis del propio Phoenix que aprovecha la película para retratarse intímamente. No deja de ser interesante que la película comience con unas imágenes de la infancia del actor y termine en el mismo lugar donde se rodaron con una visita a su padre. Contrapuestas al título de la película (que se traduciría como "Aún sigo aquí") nos hace pensar, más allá de la sarnosa broma que el actor y su cuñado quisieron gastarle al mundo, en una reflexión aún más profunda sobre la forma en la que ha conseguido sobrevivir a los avatares de la fama y, sobre todo, al fallecimiento de su hermano River Phoenix. Otra vez aparece el asunto del material dañado y que la vida devora por igual a Britney Spears (tan paleta ella) que a un tipo como Phoenix (tan avant garde él). 

Entre las imágenes impagables de la película están la cara de poker del rapero Mos Def, un activista que representa la cara más seria y comprometida del hip-hop, cuando el propio Phoenix le informa de sus chiflados planes y el hecho de que Phoenix pierda el culo por hacerse amigo de Sean Diddy Combs, productor de rap más conocido por representar la frivolidad mayúscula que, participando de la broma, hace de sí mismo alentando las pesadillas de un actor que quiere dejar de ser famoso en la interpretación porque le parece excesivamente frívola para meterse de lleno en la escena musical del hip-hop que no parece el último refugio de los que quieren pasar desapercibidos. 

Pese a las malas críticas recogidas por el documental falso a un servidor de ustedes esta farsa sobre la fama, el exceso y la chifladura le ha parecido incluso notable pese a las reservas que tenía con el título. Un trabajo un tanto irregular que hubiera merecido un mejor arranque pero que termina contándonos lo que sus creadores querían contar: Siguen ahí, no son nada del otro mundo y encima corren el mismo peligro que todos los descerebrados de este mundo que no es otro que encontrar un lugar y una posición donde todo el mundo te ría las gracias. Y ninguno estamos libres de cometer un pecado semejante. 

martes, 8 de marzo de 2011

Cosas que escribo para Filmbunker.net


Me han colgado dos nuevos artículos en filmbunker.net. Son de películas. Uno va de la película "Los perros dormidos mienten" que fue dirigida por Bobcat Goldwaith, que es más conocido por ser el que hace de Zed en Loca Academia de Policía y que resulta que es un gran director y guionista y otro sobre otra peli titulada "Made in USA" que fue dirigida por John Landis, ese director que todavía me gusta muchísimo y que tiene el paso cambiado. Están aquí y aquí.   Es un sitio que está muy bien y que va creciendo poco a poco.

Espero que los disfrutéis. 

lunes, 14 de febrero de 2011

¡Es solo cine!...¿No?



El desastre. Otro año más. Este año, posiblemente, un  desastre mayor porque, la que se anunciaba como la Gala de los Goya, de la reconciliación, la que se iba a celebrar en el centro de Madrid e iba a convocar a todos los ciudadanos alrededor de las estrellas del cine español en plan Cannes, en plan Kodak Theater, ha finalizado en medio de una polémica (la enésima en lo que vamos en menos de sesenta días de 2011) con protesta convocada por la red, la aparición de un idiota con barretina ("momenten totalmenten bajoneren" que diría un alemán), lanzamientos de huevos y consignas y una sensación generalizada de celebración familiar que todo el mundo esperaba con ganas pero que, al final, por las circunstancias ha resultado contener todo el catálogo de malas caras, puñaladas y comentarios dañinos de cualquier boda, bautizo, cena de nochevieja o similar donde los invitados compiten no por caerle mejor a los otros invitados si no por llevarse el premio al borde del año. 

El momento más esperado de la noche no fue saber quién se iba a llevar el premio gordo (Agustí Villaronga recogiendo los frutos de una carrera intensa, brutal...) si no del contenido del discurso del Presidente saliente de la Academia Alex de la Iglesia. El hombre, el buen hombre, que llegó hace dos años para hacerse cargo del puesto con una hoja de ruta que pretendía unificar al sector bajo una misma voz y, sobre todo, acercarlo al público limando asperezas con políticos de la derechona y medios tradicionalmente hostiles, es decir, que pretendía hacer todas esas cosas que le faltaban a la industria para volver a refulgir ha leído su propio testamento en un tono grave que me ha recordado al discurso de renuncia de Aldolfo Suarez allá por los 80 y que ha sido leído con amargura y una cierta sensación de haber sido derrotado por las circunstancias políticas, digitales, sociales y la madre que las parió. 

Esta vez, el tipo que soñó con ser el hombre del consenso, se ha dejado de medias tintas, ha abandonado la carga de diplomacia que conlleva un cargo como el que ha ostentado y ha tirado por la calle de en medio tomando partido no por el sector, no por las gentes del cine si no más bien, por todos aquellos que estaban fuera del Teatro Real con la cara tapada por una máscara de Guy Fawkes (unos con la oficial que se vende bajo licencia de la Major, Universal, y que les está dejando unos dividendos inusitados a la productora y distribuidora internacional y otros, más consecuentes con la naturaleza de la protesta, con una impresa sobre folio tipo careta de clase de manualidades que se podía descargar de manera gratuita en algunas páginas que la han puesto a disposición de los autodenominados Anonymous). 

De la Iglesia, liberado de facto de su papel de Presidente, ha dirigido un discurso a la nación (a la digital y a la  manual) que no ha dejado resquicio de duda sobre el asunto: Internet es el nuevo y único campo de acción posible. Ya está. El que quiera bien y el que no, pues ya sabe donde tiene la puerta. El discurso que no parece haber sentado bien al sector (la cara de Enrique Cerezo, productor, me ha parecido incluso más sintomática que la de la Ministra Ángeles González Sinde más que nada porque Don Enrique es el productor más potente de nuestro país) ha sido recibido con una alegría generalizada por la muchachada internauta que ha visto refutadas, en el discurso, todas sus ideas sobre el asunto. Es más, hasta en un detalle tan nimio como el de la propia nomenclatura de los que usan Internet ha sido tajante: no les llamen Internautas, llámenlos ciudadanos. Esto es lo que se llama una enmienda a la totalidad. 

Alguna vez, seguramente ya demasiadas, les he intentado transmitir lo fragmentado que está el sector audiovisual, lo difícil que es poner a todo el mundo de acuerdo, que en realidad esa idea de que todos vamos debajo de un mismo manto, que somos un gremio, una hermandad, una logia dista muchísimo de ser ni total, ni parcialmente real. Ahí está el discurso de De la Iglesia que ha sido una bofetada sin mano, más bien una paliza sin manos ni piernas, a la ministra González Sinde pero, de algún modo, también a toda la profesión que, imagino, esperaba un discurso mucho más conciliador. Seguramente, los que peor lo hayan recibido, hayan sido los distribuidores y los dueños de las salas de cine. 

Sobre el discurso de Alex de la Iglesia flotaba una tremenda frustración, ya digo, la frustración de alguien que no ha tenido éxito en lo que parecía un proyecto personal, una cabezonería de alguien acostumbrado a llevar sus sueños a la práctica. El testamento no podía ser más desolador y desabrido aunque solo sea por el triste reconocimiento de que, la realidad, con sus intereses y sus vicisitudes, se ha impuesto a una idea cojonuda: hacer rentable y simpática a toda una industra que se basa, para ser viable, en caerle bien a la gente. 

Si las reacciones al discurso de De la Iglesia han quedado para la posteridad recogidas por las cámaras de TVE lo que no está tan claro, a partir de hoy, son las consecuencias de esas palabras. 

Es evidente que la relación del director vasco con la industria no va a ser buena, al menos, no públicamente. Es un riesgo mayúsculo. Un órdago. En los cálculos de Alex, me imagino que coexistirán estas dos hipótesis: 

-Es posible que los productores y los exhibidores me odien a día de hoy, manteniendo este discurso, pero si mi próxima película es rentable seguirán contratándome porque todos han leído a Mao y saben que da igual que el gato sea negro o blanco con tal de que cace ratones. 

-En caso de que, pese a que sea rentable no quieran contratarme, siempre puedo buscarme la vida con productores extranjeros teniendo en cuenta que tengo un curriculum potente y que en Francia o en Estados Unidos o en Inglaterra podría encontrar inversores dispuestos a poner la pasta. 

Estos dos cálculos, claro está, se basan en algo muy sencillo: HAY QUE SER RENTABLE. Lo que nos lleva a una única idea: Si queremos que Alex de la Iglesia siga rodando, y teniendo en cuenta el actual sistema económico por el que nos regimos, no hay que ser muy listo para entender que: si queremos que Alex de la Iglesia siga haciendo películas tendremos que PASAR POR TAQUILLA. Guau. Qué dilema. Enfrentados a la realidad honesta de que Internet es la realidad y no el futuro, me temo que hasta que la cosa no se ponga de otro modo no tendremos más remedio que seguir con el antiguo "deme dos centraditas". 

En estos últimos días, ni dos meses calculo, hemos sido bastante conscientes del poder de la red, de su pawa,  la presión de la misma ha descabezado a Nacho Vigalondo, ha puesto contra las cuerdas a Alejandro Sanz (sorpesivo su abandono de Warner para fichar por Universal) y, en cierto modo, ha descargado su fiereza sobre las espaldas de un profesional que, digámoslo claro y meridiano, vive del taquillaje y las ventas de su obra que no es otro que Alex de la Iglesia. Sin duda Alex le ha visto las orejas al lobo, ha descubierto que detrás de los teclados se encierra un infinito poder de comunicación, una masa nebulosa de personas que solo tienen que apretar un botón donde pone "me gusta" para que moles o decidir no tocarlo y que te vayas al rincón de los castigados junto a Ramoncín. 

Alex de la Iglesia ha tomado partido por el público, ni siquiera por un público real, ni siquiera por una cifra concreta de espectadores, es más, lo ha hecho teniendo en cuenta que "Balada triste de trompeta" ha distado bastante de ser un éxito de taquilla. Sin duda, si fue valiente en su día para aceptar el reto de dirigir la Academia de Cine ha demostrado un valor inmenso tomando un camino que, él mismo, no sabe donde le va a llevar porque es un camino que no tiene un destino claro, si no simplemente una enorme interrogante en el horizonte.

Espero, que para agradecerle el gesto y mientras llegan esas páginas de descarga con las que recuperar la inversión que se hace en cada una de sus pelis, todos los que le han aplaudido a rabiar, todos los que han llenado Internet con mensajes de apoyo, todos los que se han mostrado tan agradecidos de que haya defendido sus tesis y su derecho a ver cualquier cosa producida en cualquier lugar del mundo a cambio de lo que cuesta el enganche a una línea ADSL acudan en masa a los cines donde se proyecte su próxima película, que ahorren un poco y vayan al cine más cercano porque, sinceramente, lo que ha hecho este tío, este domingo por la noche es un salto mortal hacia atrás sin red. Si él ha sido capaz de tomar partido por todos ustedes lo mejor que pueden hacer es devolverle a primera línea. Que semejante acto de inmolación no sea en vano. Háganle saber que su esfuerzo merecerá una recompensa. 

Son ustedes los que decidirán si habrá una siguiente película de Alex de la Iglesia o no existirá. Ustedes tienen el poder en sus manos, ya saben un poder que conlleva una enorme responsabilidad. Él ha defendido su derecho al disfrute plenipotenciario de todas las producciones del mundo y ustedes, y solo ustedes, deberían de devolverle el favor de que esta noche les haya servido de portavoz.

Solo diré una cosa: El cine es solo cine y no habría que darle tanta importancia....y, si se la damos, creo que es por algo. Por algo profundo que tiene que ver con todos nosotros. Siempre hemos tenido el poder, lo que ocurre es que ahora lo ejercemos de forma más clara. 

...Y de la Gala no voy a hablar. Solo diré que ha comenzado muy bien y se ha ido muriendo poco a poco...como todos los años. Pero, la verdad, no parecía que el horno estuviera para bollos. 

...Y sobre las pelis de este año: diré que si "Biutiful" no me gustó nada, "Pá negre" me emocionó (soy fans de Villaronga), "También la lluvia" me encantó, "Buried" me parece la hostia, "Todas las canciones hablan de mi" me ha parecido fantástica, no me he recuperado mentalmente de "Habitación en Roma" ni de "A3MSC", que fui con inquina a reirme de "Pájaros de papel" y salí gratamente sorprendido pese a que el final me pareció regulier,que "El Gran Vázquez" me gustó mucho y que no he visto "los ojos de Julia", "Elisa K", "La Mosquitera", "Lope"  y "Chico y Rita" (aunque esa es la que me llama la atención)...

...Me ha gustado mucho que le dieran el Goya a Mario Camus (Además de todas las conocidas me gusta muchísimo una película con baloncesto de fondo titulada "La vieja música" (1985) ) y que me he emocionado con Karra Elejalde y Rodrigo Cortés...

...No me ha gustado que no sepamos hacer una fiesta sin que haya palos, que Jonás Trueba no haya pillado estatuilla, que "Maria y yo" se haya quedado sin Goya, que "Un profeta" tampoco (en las extranjeras) y que Aitana Sánchez Gijón no haya tenido una cobertura más amplia y que la cortometrajista esa tan densa haya cantado tan mal así como que Juanjo Puigcorbé no haga gracia y Andrés Pajares, el hombre, no esté del todo recuperado. Y sobre todas las cosas que Carlos Areces no fuera nominado.

BOLA EXTRA (En forma de rumor)
Hay quien asegura que son muchos los pretendidos profesionales sobre temas de la red que ya se están ofreciendo a productoras y distribuidoras cinematográficas como asesores a cambio de un crujiente cheque. No me extrañaría que esta maldad, de ser cierta, nos revelara la categoría moral de todos los que, con el río revuelto, están intentando sacar estupendas ganancias a costa de las buenas intenciones de unos cuantos. Ya sería el delirio. Permanezcan atentos. Y esperen el mayor de los sonrojos. 

Nota del Insustancial: "Balada de trompeta" es un tema musical que interpreta Raphael en la película "Sin un adiós" (1971) del director Vicente Escrivá. Como todo el mundo sabe es la canción con la que se identifica -y flipa- el payaso triste que interpreta Carlos Areces en "Balada triste de trompeta". Amargo temarraco al que Raphael imprime esa voz suya tan espectacular y, como diría Jordi Costa, tan disfuncionalmente bella. 

jueves, 3 de febrero de 2011

"Primos" (Daniel Sánchez Arévalo, 2011)


Llevo un rato dándole al cursor, borrando y volviendo a escribir para volver a borrar. Es una mecánica absurda que se produce cuando uno no sabe por donde empezar a hablar de algo. Es mucho más fácil hacer la crítica mala y jugar a la contra que hablar de una película que te ha gustado mucho como es el caso de "Primos", la última película de Daniel Sánchez Arévalo.

Comencemos entonces por el principio y vayamos hilando lo más fino posible: todo el mundo tiene unos primos (reales o ficticios) que te han visto crecer mejor o peor y todo el mundo tiene, guardada en alguna parte de la biografía una de esas historias de amor que pensamos que pudieron ser pero que nunca fueron. No recuerdo el título de la película en la que Agustín González se paseaba con su porte de señor de bien por una fiesta de progres y acababa hablando con el protagonista para decirle algo así como que "querer es conformarse porque, quien sabe, si yo me voy a una isla a lo mejor vive allí el amor de mi vida pero, como no la conozco, pues me quedo aquí y me enamoro de otra". Aquello se me quedó clavado de alguna manera tonta porque, al momento pensé, que era una verdad como un templo.

Que el amor es algo palpable pero conformista pero que las relaciones son algo normalmente efímero es una de esas verdades como templos que no quieres escuchar cuando tienes las hormonas a punto de caramelo y, sobre todo, cuando estás viviendo el amor de tu vida en el que piensas que será un verano que va a durar para siempre o que, cíclicamente, va a repetirse una y otra vez. Que los largos veranos también se acaban y lo que nos esperan no son esos meses largos repletos de anécdotas si no una lastimosa concatenación de periodos de descanso más o menos largos en los que nos vemos obligados a arrastrar con el cansancio laboral y con los compromisos propios en los que nos vamos liando es otra de esas cosas que no acabas tampoco de creerte cuando estás metido, de lleno, en vivir las cosas un poco a cholón, como vienen dadas.

El tagline de "Primos" no podía ser, para mi, más revelador: "tu novia te puede dejar plantado...ellos no". Bueno, es otra de esas verdades que quieres creerte pero, lo cierto, es que todo el mundo tiene unos primos (reales o fingidos) que no van a cambiar mucho con respecto a ti y que siempre tendrán su puerta abierta para echarte una mano.

En estos tiempos que son tan así, lo cierto es que hacer una película que resulta ser un canto a la amistad y al amor de juventud suena un poco a ejercicio "kamikaze", por contra de lo que algunos pudieran pensar, yo creo que la gente acude a ver una película que es un reflejo de su estado de ánimo. En mi vida se me ha ocurrido a mi ir a ver un Bergman o un Dreyer cuando tenía las pilas puestas por temor a desinflarme como un globo y he preferido ver una comedia para que la fiesta y el verano no se acabaran nunca. Con el patio en plena celebración de lo negativo es más correcto pensar que la gente prefiere ver películas donde la gente lo pasa mal aunque solo sea por resobarse un poco en su propia desgracia o recibir el estúpido consuelo de ver que unos personajes se las ven más canutas aún que ellos.

"Primos" arranca con un novio abandonado en el altar contando las razones de su desventura y con una huida hacia adelante en la que, acompañado de dos de sus primos, deciden visitar el pueblo en el que veraneaban en su niñez para que este recupere el amor de su vida. Un plan estúpido y con todas las papeletas para fracasar que, sin embargo, tiene más sentido que sentarse a esperar a que el tiempo mejore.

Será algo fundamentalmente generacional pero creo que, llegados a una cierta edad que algunos catalogan cuando se pasa la treintena, más de uno y más de dos se han planteado esa cosa de tirar todo por la ventana e ir en busca del tiempo perdido o, mejor, del tiempo suspendido y del espacio en el que una vez fuimos felices. Esas miradas atrás son las que facilitan las reuniones de viejos alumnos, esas largas búsquedas de amigachos a los que perdimos la pista pero que seguro que se esconden en el facebook y un montón de acciones más o menos desesperadas que siempre tienen una razón: el presente apesta, rebobinemos al pasado e intentemos recuperar todo aquello.

Para esta acción kamikaze de reinvindicar la felicidad, la amistad y los amores de entretiempo Daniel Sánchez Arévalo ha urdido un guión clásico, estructuralmente muy sencillo que funciona como un tiro en el género de la comedia. Lejos de ofrecer algún tipo de experimento (ahora que todo el mundo experimenta con la comedia) Sánchez Arévalo ofrece una película de toda la vida que sigue las andanzas de los tres personajes principales un poco al estilo de los personajes de "El mago de Oz": tres personajes que buscan algo que han perdido por el camino ya fuera un viejo amigo que parece que fue una especie de figura paterna, el amor de su vida o las ganas de vivir.

Si se abusa, actualmente, de la fuerza del gag o del sketch que provoca la risa en momentos puntuales el guión de "Primos" se sustenta sobre una historia que te permite la media sonrisa en todo el recorrido de la misma y la aparición de algunas escenas más forzadas cómicamente. Mi pregunta es: ¿Por qué este tipo ha tardado tanto en hacer una comedia pura y dura?

Quizás solo tenga un pero y creo que no tiene tanto que ver con "Primos" si no con los tiempos que corren: el material visto en la promoción de la película es excesivo, para mi gusto, y me chafó algunos chistes que ya conocía de antemano. ¿De verdad que nadie quiere ir al cine para que lo sorprendan? Yo a eso no me apunto.

Desde el punto de vista actoral la tripleta formada por Quim Gutierrez (ese tío que ha hallado una comicidad espectacular que era de lo poco reseñable de "Una hora más en Canarias"), Raúl Arévalo (que se va a comer con patatas el trabajo de sus compañeros porque hace un personaje que tira más hacia adelante) y Adrián Lastra (el león cobarde...un personaje de chiflado importante) funciona a la perfección. Creo que en esto, no se si por ser un gesto medido o inconsciente, Sánchez Arévalo ha conseguido dibujar a tres personajes que se mueven en tres registros cómicos diferentes igualmente efectivos. Inma Cuesta (conocida por "Águila Roja") rinde como protagonista femenina sacándose partido a medida que avanza la película y me gustaría destacar el papel de Marcos Ruiz, un niño que es actor. Es decir, que es un niño que sabe actuar o que lo hace fuera de los registros irritantes que se suelen imponer a la chavalería.

Y, en otro orden de cosas, destacable es el trabajo de Antonio de la Torre en un papel de borracho del pueblo en el que resuelve la papeleta de hacer un personaje contenido con tanta limpieza y buen trabajo como cuando le toca bregar con papeles más histriónicos ya fuera en "Gordos" o en "Balada triste de trompeta". No tengo duda de que es mucho más complicado hacer creíble un personaje tan real como el que le ha tocado en suerte, redondeando una actuación sutil que habla de un tío que está dramáticamente en forma.

En definitiva, "Primos" es una de esas películas que, de algún modo, te toca la fibra sensible sin acudir a lugares comunes, que te devuelve a un lugar donde estuviste alguna vez y al que, de un modo u otro, te gustaría volver...y todo esto sin un discurso dramático y manido como "éramos jóvenes y felices y mirad en lo que nos hemos convertido, en unos monstruos". A eso ya contestó Moretti en "Aprile" diciendo: "érais vosotros los que gritábais consignas horribles, yo me lo pasaba muy bien, quería un mundo mejor y me veía guapo".