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sábado, 26 de junio de 2010

Lo malo de no echarle tiempo o como lo "pasemos" de bien en Casa Vasile

Les cuento una anécdota: un director llama a un guionista y le pide que trabaje en un guión a toda leche porque tiene que entregarlo para hacer una película. El guionista le pide la mitad de la pasta y, cuando la recibe, se lía un poco con las cosas de la vida y con tener dinero en el bolsillo después de mucho tiempo y, cuando llega la fecha de entrega sólamente tiene unas cuantas ideas anotadas. El director, preocupado, le llama y el guionista buscando una última vía de escape le dice "vale, voy por tu casa y lo terminamos juntos porque no lo tengo claro". El director, apremiado, le dice que vale. El guionista acude, el director se pone delante de la máquina y el guionista poco a poco va soltando ideas medio hiladas que puedan llegar hasta la ansiada página 90 o 94. Pese al disparate, el barullo y el atropello la noche se alarga y el director sigue tecleando un poco mosqueado por los pasos que está tomando el guión. El guionista, acorralado completamente, encara la última secuencia en la que se le ha ocurrido que todo termine en un juicio. El director le apremia a terminar y él dice, "ya, ya tengo la última frase, apunta". El director sigue tecleando sobre la máquina mientras el guionista dice: "En verdad, señor juez, que no hay fresón como el fresón de Aranjuez y....ya, fin". 

Obviaré el nombre de ambos protagonistas, por ser ellos lo suficientemente reconocibles, pero ni que decir tiene que ni la película se hizo ni el guionista cobró el otro 50%.  

No tengo dudas de que algo parecido debió de pasarles a los guionistas de "Perdidos" en la última temporada: quizás las fechas eran muy ajustadas para terminar un guión decente, no se pusieron de acuerdo en cómo terminarla o, simplemente, estiraron demasiado un truco lo suficientemente agotado en las cinco campañas anteriores. Como decía uno de los protagonistas de la anécdota que encabeza esta entrada "hay películas que van perdiendo estrellitas de los críticos con los años y otras que las van ganando". Se puede aplicar esto mismo a las series de televisión, me imagino, el final de "Perdidos" es sólamente el resultado de una serie de guiones torpes y propios de gente que no se entera porque está a otras cosas.

Siempre que alguien me pregunta sobre como se escribe una historia le cuento, básicamente, lo mismo: usa el sentido común. Es decir, aplícale cierta lógica a los movimientos de los personajes y permite que circulen diciendo cosas coherentes, que hablen como hablarían, que actúen como deberían de actuar. Da igual que estes escribiendo una película de barcos o una serie sobre un vecindario: todos los personajes tienen que estar cubiertos de cierto sentido común, si eres capaz de aplicarlo, es posible que tengas una historia que no se caiga a pedazos. La simple aparición de una pistola en una narración (me estoy refiriendo a nuestro país) es ya un embrollo que hay que explicar porque la gente normal no suele guardar pistolas en su casa y, por lo tanto, tendrás que explicar de donde viene esa pistola y, sobre todo, por qué el personaje que la tiene sabe empuñarla. Si eres capaz, estás en el buen camino.

Este año Cesar Strawberry y yo fuimos requeridos por Casa Vasile para escribir una serie de bajo coste para uno de los canales de TDT de dicha cadena. Aplicamos esa misma lógica dentro de una comedia chiflada que se parecía más a "Los Informáticos" o "La Pareja basura" que a "Friends" o "7 Vidas". El caso es que, durante un tiempo, nos dejaron hacer y parecían encantados con que estuviéramos escribiendo una serie sobre gente tarada. Estuvo bien porque, durante algunos días, pensamos que de verdad iban a rodar nuestros guiones sin tocar ni una sola coma y a respetar la dictadura total del absurdo. 

En estas apareció una vieja gloria de las series juveniles en una de las reuniones para decirnos, muy cordialmente (que es como se le dicen las cosas a un tío con los brazos tatuados y al gordito nervioso que tiene al lado), que la serie "fallaba". Todavía quitándonos las legañas de la estupefacción dejamos al pájaro darnos una charla sobre la necesidad de hacer unos personajes menos extremos que se expresaran en términos "más agradables" para la audiencia, que esas cosas estaban bien pero que el público no las iba a entender. En lugar de darle dos tortas nos echamos a reír tan alto y tan fuerte que estuvimos a punto de caernos de la silla, por un  lado porque el discurso de "yo se lo que hay que hacer" nos pareció una de las cosas peor planteadas, más ampulosas, más llenas de tópicos y menos interesantes de la historia y, por otro lado, porque creo que el compinche y yo mismo tuvimos un simultáneo ataque de realidad o, lo que es lo mismo, tomamos conciencia de donde estábamos, con quien estábamos y lo que estábamos tratando de vender. ¿Casa Vasile comprando guiones de ese tipo? No lo creo, amigo. 

Dos días después, y con un frío e-mail, nos comunicaron que estábamos "fuera del proyecto". Comprendimos que habían aplicado el sentido común: Quiero "Aída" no vuestro rollo.

El caso es que cogieron a otro equipo y la serie anda rulando por la parrilla de la TDT con más pena que gloria. Lo que me lleva un poco al principio: al fresón de Aranjuez. Es verdad que es malo no atender a tu trabajo pero, también lo es, pedir milagros en una semana. Es contraproducente. Es una de las razones por las cuales la ficción tiene un camino tan malo, en algunos casos, en nuestro país: las cadenas parecen desconectadas completamente de la realidad y actúan como esos clientes pesados que jamás se dejan aconsejar sobre nada. Mal hecho. en la BBC no entienden muchas de las series que producen como cuenta, solapadamente,Ricky Gervais en su estupenda "Extras" pero las ruedan y las estrenan olíéndose que al otro lado de la pantalla hay gente que sí las va a entender. En nuestro país eso no ocurre. Si nos fijamos en un formato de producción, aunque sólamente sea por recursos, es mejor tomar a los ingleses como referencia y no a los norteamericanos que nos llevan años luz.

Por otro lado es absurdo ese "sí o sí" de producir a toda prisa y, lo que es peor, exigir que se escriba a toda prisa con la esperanza de recortar un poco el presupuesto. Si a un arquitecto le dices que tiene que ahorrar en las calidades de los cimientos lo normal es que te diga que se te va a caer la casa encima.

"Perdidos" es el ejemplo de que no se pueden hacer las cosas mal, de que hay que cuidarlas hasta el último minuto para no dar el resbalón.

Nota del Insustancial: Rajoy División es una formación de Valencia (yo diría que representan todo aquello que es bueno y justo por tierras valencianas)  que afirma "hacer música para triunfadores" y como esta es una historia sobre fracasos me parece que daban el punto perfecto. Si quieren saber más sobre esta banda y sobre su frontman, Alex Martí, visiten el blog losperrosdelcurro.blogspot.com una de las mejores cosas que se escriben en la red.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Camps, ese hombre...


Ayer volvía a casa en Metro. Estaba sentado frente a tres personas agarradas a una de las barras: dos mujeres leyendo el mismo libro (ese que va de una española que se casó con un Sultán de la India) y un tío viejo con empanadilla capilar "anasagasti style" y un pequeño maletín de cuero marrón que nervioso, miraba a izquierda y derecha. Cuando un tío mira así, con esos nervios, siempre pienso dos cosas muy malas: es carterista o está buscando un culo al que arrimarse. Desde tiempo inmemorial los vagones de Metro son el lugar preferido de los "froteurs" o personas que se pone tocando a otras personas, de hecho creo que este tipo de personas dan todos los días gracias al cielo por este transporte público y también porque haya abonos mensuales para moverse por toda la red de túneles buscando una víctima propiciatoria con la que mantener un torpe y clandestino contacto humano.

Pues ahí estaba el señor viejuno, con la frente perlada de sudor, nerviosete y yo enfrente, sentado, mirándole el careto por encima de las páginas del periódico cuando el tío que tenía sentado a mi derecha se levantó para salir dejando su asiento libre. Las dos mujeres fueron a dar un paso para sentarse cuando, el viejito enano, dijo muy serio y en voz alta y clara: "Disculpen, por favor, disculpen, gracias". Las dos mujeres se quedaron paralizadas, pensando que el señor estaba buscando un hueco para salir también, se les adelantó y se sentó en su lugar dibujando una sonrisa maliciosa y dejando a las lectoras con cara de "menudo cabrón". El viejo se la había metido doblada. Toma ya. Sacó un periódico gratuíto y juro que silbaba un poquito mientras se aparranaba cómodamente ocupando, por cierto, parte del exiguo espacio que dejo y del espacio del otro tipo sentado a su izquierda. Siempre esperas que a la gente que se conduce así les de una embolia fulminante cuando hacen ese tipo de cosas.

Mi reflexión fue la siguiente: una frasecita amable y un maletín en manos de un cabrón pueden ser armas mortíferas. Lo repetía un amigo mío con sorna: "Buen traje y buenos modales abren puertas principales". Es cierto, el mal se puede hacer calentando al personal desde una tribuna utilizando palabras duras, escupiendo odio, maldad, violencia; puedes abrir cabezas de tus enemigos, dispararles, echarles ácido en la cara incluso deportarlos y, sin embargo, siempre habrá algún listillo que se haya leído a Martin Luther King o a Gandhi y te diga eso mesuradamente "asesinarás pero no convencerás". Que asco. Los mansos digo. Siempre con sus buenos modales. Corderitos. Víctimas. Cabrones y cabronas con sus deditos haciendo la señal de victoria mientras le pasas con una división de tanquetas por encima, con sus caritas de tener razón mientras ponen claveles en las bocanas de nuestros fusiles, cantando y bailando de camino a las duchas de gas Zyclon. "Mataréis pero no convenceréis". Malditos. Eso es lo que suele pensar un malo violento y, normalmente, ridículo que encima pasará a la historia por ser un criminal con las manos llenas de sangre.

Hay otro tipo de malvados mucho más peligrosos que son los que adoptan la postura de los mansos, estos son los peores. Demagogia en vena, es la guerra. Sin mancharse las manos, dejando que otros hagan el trabajo sucio mientras ellos ponen cara de mirar los peces de colores, de amantes de las obras públicas, de prohombres de la cultura. ¿Saben esas historias las atenciones que Hitler le regalaba a su perra Blondie? ¿De las horas del domingo que perdía Goebbels ensayando con sus hijos ante el piano? ¿De los poemas de amor de Mussolinni a la Petacci? ¿Los jueguecitos de Pinochet con sus nietines? ¿Y ese Franco que cenaba sopita y tortilla? ¿No es vomitivo que alguien pueda, a la vez, enviar a miles de personas al paredón? Pues mucho más lamentable es ser un corrupto y, además, no querer parecerlo.

Fascinado me tiene Camps y no solo por su elegancia y su estupendo bronceado...ya sabemos como consigue llenar su fondo de armario, lo otro, lo de como mantenerse con la piel naranja o del color de las galletas Oreo durante 365 días al año es lo que me tiene completamente obnubilado.

Les cuento una historia: Jimmi H. Davis fue actor pero alcanzó la fama como compositor (aunque es posible que la canción fuera en realidad de Paul Rice) de "You are my sunshine", canción country adoptada como himno co-oficial del Estado de Louisiana. Hubiera podido vivir bien de los royaltis y de la fama pero también quiso ser político y fue en ese campo donde alcanzó la mayoría de sus éxitos como ser elegido dos veces (1944 y 1960). Sus dotes de actor le sirvieron para mezclarse con las buenas gentes de su Estado, para pasar por ser un pobre cateto de buen corazón que se miraba las puntas de las botas y se echaba atrás el sombrero antes de contestar a una pregunta complicada, de extracción muy pobre (lo que le valió para afiliarse al partido demócrata) sabía como manejar a las masas y participar como juez en una carrera de gorrinos o sacar el banjo en un mitin. A nadie le extrañó que ganara unas elecciones y pasara a la historia como uno de los mayores corruptos en un estado muy corrupto pero a todo el mundo le sorprendió que volviera a ganar unas elecciones cuando estaba considerado como un mal bicho que, sin embargo, sabía remover el voto popular. Su segunda legislatura fue aún más corrupta y caótica que la primera pero nadie pidió jamás su cabeza. ¿Les suena la historia? ¿A que suena como cuando George W. Bush se compró el rancho en Crawford y se hacía esas fotos de cowboy? ¿Alguien sabe por qué alguien tan pegado a la tierra texana ha puesto su rancho a la venta?

Davis y Camps saben perfectamente lo que les mola a sus votantes: Davis sabía que el banjo y la pose de catetín le valían y por eso su mejor slogan electoral fue "He´s one of us" (él es uno de nosotros) y Camps, el rutilante Camps sabe que ir vestido como un San Luis, acompañado siempre de esa alcaldesa maravillosa que muere de populismo, con esas uñas de oficinista cuidadas a tope, con ese gesto afrancesado cautiva a cualquier buena señora y a cualquier sencillo hombre porque, de Finisterre a Estambul, no hay cosa que más ponga a un ciudadano sencillo que ver como el señorito se arremanga para marcarse unas sevillanas. Si el Rey se ha ganado una fama de "campechano" y de "molón" practicando deportes o haciendo de ultrassur del equipo de voleibol español (o lo que sea), es posible que muchos hayan tomado nota. Claro.


Fallas, obras públicas del tamaño de pirámides, contratos aquí, contratos allá...¿Alguien le puede explicar a la gente que los políticos hacen esas cosas porque tienen que hacerlas y no porque quieran hacerlas? ¿Que no nos regalan nada? A Camps le va bien así, pese a ser un vanidoso, hace que le va el contacto, que no puede vivir sin estar rodeado de valencianos de pura cepa y por eso paga autobuses y bocatas y banderitas valencianas para no ir solo incluso cuando tiene que ir a un acto extraoficial como declarar en un juicio. Por ello los ultra-Camps cuando se grita contra él dice: "¡Están matando a la Madre de Deu!". Es cierto, la están matando a disgustos porque quién no iba a pensar, mirándolo a la cara que Francisco Camps es un hombre tan limpio, tan bueno, tan serio, tan formal, tan buen padre, tan campechano, tan lozano, tan fallero, tan piadoso, tan devoto, tan gestor, tan, tan, tan, tan...¡`Bronceado! ¡Tan Camps! Que ni la Virgen misma se sienta dolida por este juicio y no sienta como propia la afrenta que le regala el Juez Garzón al mejor de sus hijos con domicilio en el Levante Español.


A golpe de parecer un hombre sencillo, apegado a su tierra y a los suyos cuyo único afán "es servir a Valencia" Camps se ha convertido en un rodillo humano que aplasta cualquier disensión y todo con palabritas amables, sosteniendo un discurso emocional que llega al corazón de todos los valencianos por igual...ahí es nada...ante la falta de razones siempre es bueno parecer educatito, simpático, calladín, del pueblo y, sobre todo, que se nos escuche decir muy alto eso de ¡Amunt Valencia! o "Senyor pirotecnic, ya puede encender la falla". Ahí está el truco. En eso será en lo que consiste el "Rollo Camps" del que hablan mis amados Rajoy Division.