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martes, 21 de julio de 2009

Del Tour de France a la Luna


En Amelié el vecino viejo dice que te pasas todo el año esperando ver pasar el Tour de Francia pero que, luego, pasa tan deprisa que ni siquiera te das cuenta. Luego sale una imagen de un caballo solitario galopando al lado del pelotón de ciclistas por el medio de uno de esos páramos que los organizadores de la grande boucle adecentan durante meses para invitarnos a hacer turismo en el país vecino. Aquí, en L´Spagne ayudaría más que pusieran carteles donde anunciaran cosas como "No volcamos camiones aunque vengan llenos de fruta" o "prometemos no tratarlos como si vinieran de un país del tercer mundo y no quejarnos porque hablen demasiado alto o no tengan ningún conocimiento sobre nuestro idioma".


Que queda claro que a mi Francia me gusta, incluso llena de franceses, que son como unos españoles con mucho dinero, es decir, creo que los españoles seríamos como los franceses de no haber tenido un paso tan triste por el siglo XX que nos ha inhabilitado para casi cualquier cosa como para organizar una vuelta a España que no tenga etapas que se desarrollen en autopistas que atraviesas terrenos desmochados por completo...que dan un poco de pena. Mi hermana, sin embargo, cada vez que ve que alguien se ha entretenido en hacer una bicicleta gigante con heno, o el logo del Tour en medio de un lago con piraguas o trillado su campo para dibujar algo alusivo a la carrera mira al cielo y dice: "Joder, los franceses se deben de aburrir cantidad". Y sigue leyendo algo de Stieg Larsson o de Le Carré.


Las retransmisiones del Tour de France dan para reflexionar mucho y para echar una cabezada. Pero sobre todo para lo primero si es que no has hecho una comida copiosa. Chente García Acosta, uno de esos ciclistas currantes, fue cazado por los periodistas de TVE a la llegada de una etapa en los años gloriosos de Miguel Induráin y le preguntaron: "¿Crees que Miguel se ha convertido en un nuevo héroe de este deporte?". Chente miró al reportero y le dijo: "Para héroe yo que para hacerme una etapa de estas tardo una hora más que Induráin". Un amigo ciclista ya retirado, Martín Perdiguero, me confesó que la primera vez que participó en el Giro y se enfrentó a la etapa en la que había que subir Los Dolomitas miró hacia la cota más alta, se aferró al manillar y soltó una lágrima previendo el sufrimiento que se le venía encima. Los franceses, nuestros vecinos altivos y desocupados, dicen que el Tour se parece a la vida. Y es verdad porque sólo nos conmueven los esfuerzos televisados de Contador, la vejez estupenda de ese mamón que se llama Lance Armstrong pero que las otras heróicas, las de los Chentes, Perdigueros, Zubeldias etc...la de los tipos que se quedan descolgados del pelotón para cargarse de botellas de agua o de bolsas de comida y luego aceleran para irlas repartiendo entre los otros compañeros, las de los escuderos que se dejan las piernas subiendo a buen ritmo la montaña para descolgar a todos los demás y dejar al líder del grupo en la cima y que sea él el que se quede con los laureles pasan bastante más desapercibidas. El Tour y la vida son un poco así...


Anoche, viendo el especial sobre la llegada a la Luna, me di cuenta de que se habló poco de Michael Collins, el astronauta que se quedó en órbita alrededor del satélite esperando que los otros dos compañeros no sufrieran un contratiempo. Un par de días sólo, allí arriba, sin hablar con casi nadie, con miedo a recibir la orden de Nixon de volver a la tierra dejando a Buzz Aldrin y a Armstrong allá abajo. Se habló incluso más del trabajo de Jesús Hermida, que en ningún momento explicó que su presencia en el ojo de la noticia fue circunstancial, hasta el punto de que dio la sensación de que lo que se celebraba era el 40º aniversario de la llegada de Don Jesús a Cabo Cañaveral y no lo otro, que incluso, parecía accesorio porque durante largo rato (y con la presencia de Javier Sierra...qué dime tú que hacía allí...¡Con Anne Igartiburu!) se estuvo echando la necesaria (y ridícula) sombra del misterio sobre si llegaron o no llegaron, sobre si aquello fue verdad o no. No se puede ser más estúpido.


Dudar a estas alturas de la llegada a la luna (vean este episodio de Cazadores de mitos) sería como dudar de que el Tour de France se celebra en realidad pese a que lo estamos viendo. Sería como dudar de nuestra propia existencia, dudar de que hay fronteras que se pueden superar y, sobre todo, negarnos a la posibilidad de descubrir un poco más de nuestra misma esencia recogida en alguna piedra lunar...de hecho ya hay gente que duda de la naturaleza,incluso de la luna, y hace mención a la posibilidad de que sea una especie de nave nodriza vieja proveniente de otro planeta...afirmar estas cosas es como intentar pedalear hacia atrás. Como intentar pasar una etapa del Tour sin escuchar los comentarios de Perico Delgado al que cada vez se le nota más que lo suyo es convertirse en el nuevo Ramón García...

Como dato un botón: ayer se emitió, a continuación del especial de Hermida, el mockumentary "Operación Luna" (William Karel, 2002) donde se habla de la presunta operación encubierta para hacernos creer que jamás estuvimos allí y que sigue siendo colgado en internet como un "documental censurado".