No entiendo como es posible que Florentino Fernández y Josema Yuste incluyeran un sketch en la emisión de su programa, titulado "¿Y ahora qué?", en el que el Flo imitaba a Agustín González como si este hubiera interpretado a Hannibal Lecter en "El Silencio de los Corderos" (1991, Jonathan Demme) mientras que Josema imitaba a Carmen Sevilla como si esta hubiera interpretado a Clarice Sterling en la misma película.
Cosas como estas son las que me hacen plantearme si el escalón generacional en nuestro país no es, en realidad, un abismo insondable por el que se cae nuestro sentido común.
La primera regla del humor, y por la cual difícilmente este es universal, es que exista un referente: es decir, necesitamos que objeto del chiste sea reconocible por todos los que escuchan o ven el chiste.
"Jaimito" es, por ejemplo, el niño trapisonda y encantadoramente estrangulable de los chistes de la infancia (y de las películas italianas de Alvaro Vitalli...pero sólo en nuestro país porque allí el personaje se llama "Pierino") y Hitler, bueno, todo el mundo cuenta chistes donde está Hitler o Franco o o esos de "Un español, un inglés y un francés van y..." que siempre acaban con el español saliendo triunfante y los otros quedando como unos gilipollas. Esos son, más o menos, los referentes del humor del subdesarrollo.
Lo que empuja a dos cómicos a incluir a un personaje fallecido es, a mi entender:
1. Que al ser imitadores su nómina de "imitados" sea corta o esté poco actualizada.
2. Que los referentes culturales de su público objetivo, desgraciadamente, hayan fallecido y que, pese al luctuoso acontecimiento, por narices haya que meterlos en el chiste ya que los actuales o no les interesan o no los conocen.
En Saturday Night Live se hace, aprovechando la emisión cercana a Halloween, un sketch donde se incluye a Vincent Price (lo hace Bill Hader), el pianista Liberace (Fred Armisen) y un largo etcétera de muertos famosos...pero, claro, el punto fuerte de SNL son otras cosas que sí parecen referentes más actuales.
Por desgracia que en los programas de humor españoles se acuda necesariamente a películas y a actores clásicos para hacer chistes y, sin embargo, sea casi imposible ver una película dirigida por Fernán Gómez o escuchar en la radio una canción de Joan Manuel Serrat (este vivo y por muchos años) es un claro ejemplo de que hemos perdido el norte y que tendemos a que todo, para ser digerido tenga que llevar la etiqueta de lo nuevo o lo seminuevo o que, por el contrario, sea lo suficientemente antiguo como para captar la atención del mayor número de televidentes pero dejando a un montón de ellos fuera que no sabrán quién era Agustín González (para su desgracia...pero es que el asunto es el pez que se muerde la cola...si no pones películas antiguas...).
Es posible que nuestra tradición cómica se merezca una revisión a fondo y, sobre todo, que coloquemos a cada uno en su lugar, en lugares mucho más dignos (y no niego que un programa de humor lo sea) pero sobre todo en un lugar donde podamos reconocer el talento de cada uno. De ese modo tendremos una visión menos deformada y más interesante de nuestra cultura que, en estos tiempos absurdos, en el que la gente se niega a hablar de sus influencias (seguramente porque no le da la cabeza para tenerlas o porque, simplemente, se niega a reconocerlas) pudiéramos entender de donde vienen las cosas.