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miércoles, 25 de septiembre de 2013

Eurovegas, SÍ. Por supuesto: la nueva cultura cybertacky



El cyberpunk nos enseñó que el desarrollo tecnológico no tenía porque ser un indicativo de salud económica, social o ecológica. Lejos de las primeras propuestas optimistas de los papás de la ciencia ficción o del futurismo europeo que hablaban de un individuo liberado de la condena divina de la supervivencia a través del trabajo gracias a la invención de ingeniosas computadores y robots pronto la II Guera Mundial y la invención de la bomba atómica o la asimilación de las ideas futuristas por parte del fascismo italiano se inició una tendencia de pensamiento que concluía que esa tecnología podía volverse contra nosotros mismos y, luego, ahondaba en la posibilidad –reforzada por el redescubrimiento occidental del budismo zen japonés- de que estas mismas máquinas tomaran conciencia de su existencia, aprendieran el concepto de alma y se revelaran contra sus creadores del mismo modo que el ser humano se había revelado contra los mandatos de sus propios dioses.

El cyber-punk ahondó, consciente o inconscientemente, en tesis económicas marxistas y anarquistas para ofrecer tres terribles conclusiones:
1.  
1. a dependencia tecnológica para el desarrollo desembocaría en la creación de una nueva oligarquía sustentada sobre la propiedad de dicha tecnología esclavizando al resto de la humanidad.
2.       
La tecnología más avanzada que hoy resulta costosa y cara mañana será desarrollada por unos medios de producción de costes más bajos siendo accesible para toda la población que la consumirá en masa ahondando las diferencias económicas entre la masa social trabajadora y la nueva oligarquía.
3.       
La necesidad de mayor demanda de producto y el abaratamiento de los medios de producción atraería la necesidad de una fuerza de trabajo contratada por menos dinero y que trabajara más horas, la degradación del entorno natural por la extracción de las materias primas, el aumento de la contaminación debido a la sobreindustrialización y, claro está, un panorama futurista pero, a la vez, instaurado en una base que habría abolido las bases de las revoluciones obreras del siglo XX de un plumazo.

Así la maravilla de poder comprar un ojo biónico, pagar por la clonación de una mascota o un ser querido, la ingesta de nanorobots que curen nuestras enfermedades o de drogas sintéticas y bioeléctricas que nos hagan olvidar nuestro dolor son parte de la pesadilla y no del sueño de vivir en un mundo completamente tecnológico.

Por desgracia el cyberpunk no acertó sobre muchos de los avances tecnológicos previstos –algunos paralizados por nuestro propio intelecto y otros por el debate filosófico y teológico sobre la investigación genética- pero sí en sus predicciones económicas y sociales.  
El momento histórico actual parece más bien una especie de situación híbrida entre la utopía  de la ciencia ficción clásica y la distopia cyberpunk.

Catar y los emiratos árabes, Singapur o Kuala Lumpur, estéticamente, pertenecen al sueno de la ciencia ficción: ciudades artificiales construidas con la ayuda de la mejor tecnología para albergar los edificios más impresionantes jamás construidos y una capacidad inmensa no ya de adaptarnos al medio para sobrevivir en él si no de modificarlo para que también nos sirva como parcela de ocio. Es así como hemos conseguido que existan campos de golf en el desierto o, vaya, pistas de esquí a orillas del Golfo Pérsico.

Por desgracia la tecnología todavía no está tan desarrollada como para sustituir  a los obreros por robots que construyan estos paraísos y, por eso, la construcción de estos complejos necesita de una mano de obra sobre todo no especializada y tremendamente barata para afrontar los presupuestos de forma exitosa. Es más, el mantenimiento posterior es tan necesario que se necesita también reabsorber a un porcentaje de esos albañiles en trabajadores permanentes de estos complejos. También por sueldos bajos y trabajando en turnos de doce horas diarias.

Antes era imposible pensar en trasladar una fuerza de trabajo inmensa de trabajadores de la construcción desde Pakistán, Bangladesh, India o Filipinas hasta estos puntos tan alejados pero ahora sí es posible gracias a que, en términos de comunicación aérea, vivimos un momento de desarrollo puntero. Es posible, factible y gratis porque son las propias compañías constructoras las que ofrecen los puestos de trabajo y la posibilidad a sus trabajadores de que se les descuente el precio del billete de avión en el cobro de las primeras nóminas.

Los trabajadores de estos macrocomplejos son instalados en zonas apartadas de las ciudades donde participan en la construcción de estos poblados hechos con casetas de obra prefabricadas. Otro ahorro inmenso de costes. La manutención y los gastos correrán de su cuenta.

Las ciudades concebidas para el placer, para que la humanidad de olvide del trabajo, del dolor, de los avatares de la existencia, por tanto, necesitan de la distopia cyberpunk para ser construidas ante la ausencia de robots obreros amén de otras muchas cosas, claro está.

Si ni la utopía ni la distopia cyberpunk se han cumplido del todo (ni replicantes, ni jardines del edén instalados dentro de cúpulas de metacrilato) es posible que tengamos que ponerle un nombre a todo esto. Propongo “CyberTacky” (Cyber hortera).

Porque no hay nada más hortera que lo ostentoso y no hay nada más criminal que construirlo tirando de las peores formas de esclavización posible. Una esclavización que en primer y doloroso término afecta a la situación de esos trabajadores pero que tiene una ramificación más suave y sutil en todos nosotros que se demuestra en la fascinación del hortera de clase media que admira fascinado las obras de Catar y pasa también por la desinformación absoluta sobre la forma en que se están llevando a cabo estas construcciones. Desinformación que cuenta con la colaboración de nuestros medios, no es plan eso de andar teniendo que renunciar a unas jugosas inversiones publicitarias pagadas por las oficinas de turismo de esos países y también de un sistema económico que depende casi exclusivamente del petróleo que mana de esos países.
¿Sabemos que estos países son ferreas dictaduras? Sí, lo sabemos y lo aceptamos con cierta alegría como también aceptamos y toleramos que parte del dinero de los emiratos vaya a manos del terrorismo islámico.
En el pasado muchas empresas norteamericanas como Nike se convirtieron en multinacionales prestigiosas y multimillonarias gracias a trasladar sus centros de trabajo a países del sudeste asiático donde la mano de obra era mucho más barata y las leyes de protección del trabajador muchísimo menos exigentes. Además no existían los sindicatos norteamericanos que siempre se ponen muy quisquillosos con respecto a estas cuestiones. General Motors destruyó gran parte de la economía de los Estados Unidos marchándose a México por esas razones y, en nuestro país, hemos visto como muchas multinacionales han cerrado sus plantas aquí para marcharse a otros países más baratos.




El “Cybertacky” llegará a Alcorcón, a pocos kilómetros de Madrid en forma de Eurovegas. Un macrocasino que ha aterrizado en nuestro país con la promesa de dar puestos de trabajo y generar riqueza.

El asunto, como sabemos, se nos vende como un avance, como un destino utópico y como la salvación de gran parte de la situación insalvable en la que nos vemos sumidos. Es curioso, insisto en mi anterior entrada de este blog, que un partido que ha parecido siempre muy preocupado por acabar con el ocio nocturno en la capital de España (y allí donde ha podido cargárselo) vea ahora en Eurovegas, una ciudad artificial cuyos beneficios vendrán justamente de un tipo de ocio menos inofensivo que tomarse un  whisky-cola a las cuatro de la mañana en un bar, celebre la llegada de unas instalaciones cuyos dueños insisten en que las leyes españolas son un muermazo.

Sí, amigos, las leyes españolas son un muermazo porque son muy tiquismiquis con los horarios y con el consumo de tabaco dentro de los bares. Ahora resulta que unos norteamericanos nos dicen a nosotros que no sabemos divertirnos. Será verdad.

Pero lo menos preocupante de Eurovegas es que sus promotores, Las Vegas Sands, quieran tener horarios de 24 horas o que se permita a los jugadores fumar mientras echan unas tragaperras. De hecho estoy a favor. Todos estamos a favor.

Me preocupa más el hecho de que los que nos venden el proyecto, el PP madrileño, sean partícipes de la situación económica en la que sobrevivimos y en el hecho inconfundible de que todas las medidas que han tomado hasta ahora no han servido para nada. Si como sostenían Los Pelayos para triunfar en la ruleta había que estudiar la tendencia de la misma durante días tendremos que estar de acuerdo en que la tendencia del PP no es buena y lo que creen que es una mano ganadora bien podría ser uno de los muchos faroles que se han estado tirando en los últimos tiempos.



¿Será Eurovegas rentable? Teniendo en cuenta las exenciones fiscales que han pedido es posible que no lo sea para las arcas del estado porque se recaudará bastante poco en concepto de impuestos. Me preocupa este asunto, que el PP siempre considera menor, porque es de ahí de donde sale gran parte de la riqueza de un país: de la administración de su caudal público. ¿Por qué Las Vegas Sands tiene derecho a unas exenciones fiscales que no podrán disfrutar los dueños de los restaurantes de Alcorcón? Pues nadie lo sabe. 

Todo parece una cuestión de volumen de negocio: tienes derecho a ser tratado diferente en tanto en cuanto vayas a tener más beneficios.

Entiendo que Adelson y su multinacional quieran recuperar la inversión de Eurovegas cuanto antes atrayendo al mayor número de turistas posible a sus instalaciones para retenerlos vaciándose los bolsillos el mayor tiempo posible (no hablo solo de juego si no también de discotecas, pubs, espectáculos etc.) y que quieran jugar la baza de pagar menos impuestos para comenzar  a marcar números positivos en sus libros de cuentas en el menor tiempo posible pero no sé si me hace gracia que lo hagan a costa de unos cambios de legislación fiscales de los que nadie más que ellos podrían beneficiarse.



Pero esto solo es el principio porque, en realidad, todas estas medidas parecen desaforadas y ofrecidas en un punto de la negociación en que Las Vegas Sands sabe que no hay negociación posible. Tampoco el PP madrileño está jugando una baza que podría ser interesante: Adelson quiere un macrocomplejo en Europa pero no parece que, excepto España, ninguno de los países más afectados por la crisis parezca interesado en participar en la construcción del complejo. Hablo de Portugal o Grecia que pasan por un momento económico complicado.

En esa especie de subasta pública sobre la instalación de Eurovegas Francia, por ejemplo, no demostró el interés que sí tuvo cuando se partió la cara por ser la sede del Disneyland europeo y, a la misma, solo acudieron dos ciudades españolas: Madrid y Barcelona. Que el PP y CiU sean los partidos gobernantes y hayan puesto el mismo interés compartiendo, más o menos, los mismos escándalos financieros y hayan adoptado decisiones similares con respecto a la sanidad y la educación parece la última coincidencia ideológica entre dos formaciones que se muestran muy interesadas, sin embargo, en parecer antagónicas.

La cuestión de fondo, la que parece más preocupante, la que determinará si queremos un poco de esa nueva cultura “cybertacky” en nuestro país parece continuamente disimulada pero parece la más grave: ¿Quién va a construir Eurovegas y quién va a trabajar en Eurovegas?

Las redes sociales, ese espejo deformado y valleinclanesco, insiste mucho en mosquearse por el tema de la ley antitabaco pero, en realidad, dos de las condiciones que Las Vegas Sands ha hecho llegar al Gobierno de la Comunidad de Madrid y hoy mismo a Rajoy son más sorprendentes:

1Una nueva reforma laboral que elimine, de facto, el concepto de “sueldo mínimo” en el que el trabajador cobrará única y exclusivamente las horas de trabajo sin recibir ni una sola ventaja. Ventajas tales como, por ejemplo, vacaciones pagadas.
2.      
La agilización de los trámites para conseguir un visado.

La primera es tan ridícula y evidente que no hace falta comentarla pero la segunda, que fue comentada en un debate de la semana pasada sobre Eurovegas en el Canal 24 horas de TVE, es un tanto chocante.
¿Para qué necesita Las Vegas Sands que se aligeren los trámites para conseguir un visado? El siempre simpaticón Alfonso Rojo, un hombre que se tira a cualquier piscina sin preguntar primero la profundidad de la misma, extendió un pliego de descargo que comienza a repetirse de manera insistente: La medida facilitará la llegada de jugadores multimillonarios de otros países que podrán pasarse aquí el tiempo que crean necesario perdiendo su dinero.

Bien, eso sería factible si pensamos en unos términos en los que Eurovegas será una especie de casino de Montecarlo completamente exclusivo y el panorama del juego internacional se basara en lo que hemos visto en las películas de James Bond.

La riqueza de Eurovegas, como de Las Vegas, no vendrá de esos pretendidos jugadores multimillonarios (son pocos en todo el mundo aunque parezca lo contrario) si no de atraer a un turismo más popular que vendrá atraído por un paquete básico: vuelo charter+hotel+all you can eat.

Es decir, Eurovegas se parecerá más al “Spring break” que se viene celebrando en Lloret de Mar en los últimos años que a Montecarlo. De hecho si se nos insiste en la riqueza que va a generar Eurovegas se nos insiste, a la vez, en que esta vendrá gracias al aumento del turismo en nuestro país que ya no llegará solo en el verano si no durante todo el año.

Ya, por enredar, es difícil pensar que un jugador de ruleta chino quiera permanecer en nuestro país jugando ininterrumpidamente durante un periodo superior al que le brinda un visado turístico actual. Digo yo que no habrá muchos magnates rusos que se hayan instalado en Las Vegas o en Macao para jugar durante uno o dos años.


Como decía en una antigua entrevista Servando Carballar, líder de Aviador Dro y sus obreros especializados, hablando sobre un presunto aligeramiento de la propuesta de su grupo pero que bien podía ser aplicada a los preceptos del cybertacky este solo es posible en un momento en que tenemos más en cuenta el radicalismo de las masas que el experimentalismo de las élites. Y más cuando no hablamos de la instalación de un pequeño complejo de cinco o seis estrellas, discreto y mono que albergue solo a clientela VIP si no a eso, a un macrocomplejo de varios casinos, 3000 habitaciones de hotel etc. 

¿Para qué se necesita entonces agilizar estos visados? La respuesta hay que buscarla en la pregunta sobre quién será la fuerza de trabajo de Eurovegas. Una fuerza de trabajo que tendrá que venir de fuera de nuestro país y que necesitará visados en regla ofrecidos en muy poco tiempo para permanecer aquí durante dos o tres años hasta la finalización de las obras y luego, en parte, ser reabsorbido en equipos de mantenimiento y limpieza del propio complejo.


El modelo “cybertacky” es uno y universal y, por tanto, los obreros españoles parecerán caros con respecto a la posibilidad de atraer a trabajadores de otros continentes por sueldos míseros.

Si hablamos del flujo laboral que ha sido necesario para mantener el ritmo de construcción en nuestro país durante la burbuja inmobiliaria y que benefició el traslado de cuadrillas de Extremadura, Castilla o Andalucía hacia grandes obras y de que esta se reproducirá para la construcción de Eurovegas tenemos que tener en cuenta que este trabajo sí resultaba rentable para un obrero porque las constructoras patrias ofrecían sueldos altos, traslados gratuitos y, en los casos que yo conozco, alojamiento.

Si Las Vegas Sands pretende construir Eurovegas en un tiempo record gracias a turnos de 12-14 horas, ofertando sueldos por debajo del sueldo mínimo actual, sin horas extras, sin facilitar dietas ni alojamiento (al menos digno) va a tener un problema grande, en tanto en cuanto, no conseguirá todos sus trabajadores en nuestro país y, por tanto, tendrá que buscarlos fuera. Seguramente porque ya piensa buscarlos fuera porque ya ha construido otros casinos bajo estos mismos presupuestos de precariedad laboral.

Es posible que me confunda y que haya albañiles a los que no le importe trabajar en Madrid de Lunes a Sábado (se acabó eso del horario de la construcción de librar de viernes a domingo) en turnos que exceden en 6 horas el horario laboral establecido por nuestra ley, pagándose sus gastos pero me temo que serán los menos. Serán los que tengan una situación más precaria y, por tanto, permitir que esto ocurra no es más que extender un poquito más el límite de la desvergüenza nacional.

Teniendo en cuenta esta experiencia yo diría que el número de puestos de trabajo generados por Eurovegas será más bien bajo tanto en su construcción como luego en su instalación si no, sinceramente, todo este asunto un poco turbio de los visados no se hubiera puesto sobre la mesa y, mucho menos, el hecho de que Las Vegas Sands tenga la posibilidad de contratar a quien quiera, como quiera y donde quiera.

El problema de Eurovegas no es que sea feo o que haya objeciones morales a que la gente se divierta como quiera. El problema de Eurovegas es que huele a tongo, que apesta a carta marcada y a dado cargado y que, al final, hay que pensar que la banca siempre gana porque no hay manera de ganarle dos veces seguidas a la estadística ni a la tendencia.


Eurovegas no será estéticamente un horror como no lo son los complejos turísticos de los Emiratos árabes pero, sinceramente, la construcción de esta utopía no es posible sin la distopia del cybertacky. Si estamos dispuestos a dejarnos engañar por unos tahúres o a pensar que estos tahúres nos permitirán disfrutar de sus beneficios es porque nos hemos sentado a echar unas manitas de poker y llevamos un rato intentando buscar al tonto de la partida…ha pasado el suficiente tiempo como para que nos demos cuenta de que el tonto somos nosotros y que nos van a desplumar.

Bienvenido sea el cybertacky, elevemos este canto hacia la tecnología punta puesta al servicio de la esclavitud y el ocio y digamos todos juntos: Eurovegas, sí. Por supuesto. Como no. 

martes, 16 de julio de 2013

Teoría del Diógenes ideológico y el avance en curva: Todos los hombres de Pedro J.



Si tuviéramos que dibujar uno de esos gráficos cronológicos sobre la historia de España deberíamos de pensar en abandonar la línea recta para abrazar la línea curva. No sé, a veces da la sensación de que vivimos en un país que es una montaña rusa. Nuestro destino es avanzar no sobre la autopista de la historia si no, más bien, del mismo modo que lo hace una vagoneta de una de esas construcciones de feria. Vivimos periodos cortísimos de verdadero avance que parecen, simplemente, la excusa para coger fuerza y acometer sin caernos por la fuerza de la gravedad en la siguiente elipse que nos hace retroceder, coger de nuevo velocidad, conducirnos por una nueva recta y otra vez a otra nueva elipse.

Esta forma tan curiosa de tomarnos las cosas hacen que, de algún modo, este sea un país que se toma con total normalidad las bodas homosexuales y, sin embargo, sigue discutiendo sobre la necesidad o no de incluir la materia de “religión” (religión católica, no nos hagamos líos) en sus planes de estudio. Somos un país con un enorme “Síndrome de Diógenes” ideológico, en un país desordenado en ese aspecto en el que nadie está dispuesto a tirar a la basura ninguna idea por descabellada, estúpida, retrógrada o ridícula que esta sea. “Si alguna vez la pusimos en práctica es posible que nos vuelva a servir” pensamos y, por tanto, nos vemos obligados a escuchar a cualquiera o a votar a cualquiera que pretenda, de una patada, devolvernos a la monarquía de Alfonso XIII o a la autarquía económica.

Posiblemente lo único que hayamos desechado sea instaurar la República. Eso no. Pero no descarto que el próximo ministro de educación se desmarque hablándonos de las virtudes del “krausismo”.

Esta idea de la montaña rusa y del “Síndrome de Diógenes” me han quitado el sueño este fin de semana en el que el diario “El Mundo” ha decidido acabar por la vía rápida con el Gobierno de Mariano Rajoy. La decisión ha sido aplaudida a izquierdas y a derechas. En medio se han quedado los pocos que, a estas alturas, siguen pensando en que fue buena idea votar a Rajoy (los habrá) y los que, de algún modo u otro, se hayan visto beneficiados por las políticas reformistas de este ejecutivo (también los habrá).

Los comentarios, las formas del periódico “El Mundo” a la hora de repartir la información a su coleto, las reacciones del pueblo soberano, este ambientito tan bueno que vivimos en general me ha hecho incidir en lo de “El Diógenes” y en mi “Teoría del avance en curva” (le he puesto ese nombre un tanto molón) más que nada porque me suena todo ha visto, oído y sentido. Yo esta situación ya la he vivido antes y ustedes (al menos los más mayores) también.

Pedro J. Ramírez es un declarado fan de “Todos los hombres del presidente”. La película, que narra los avatares por los que tuvieron que pasar Bob Woodward y Carl Bernstein para destapar el “Watergate”, debió de impactar mucho al director del periódico madrileño en su momento (la peli se estrenó en plena Transición, el 21 de octubre de 1976, él tenía 24 años) porque desde entonces su carrera se ha centrado en tres puntos fundamentales: reverenciar y potenciar el “periodismo de investigación” (mala etiqueta porque no hay periodismo que no necesite de investigación, aunque sea de la más tonta), buscar un “Watergate” y buscar un “Nixon” al que hacer saltar por los aires.

Digamos, bueno digo yo, que creo que Pedro J. ha entendido mal “Todos los hombres del presidente”. Por lo menos ha preferido no darse por enterado de todo lo que es decente y digno de admiración en dicha película. Ya de por sí la comparación entre estos dos periodistas del Washington Post, dicho periódico y Pedro J. y cualquiera de las cabeceras que ha dirigido es bastante ridícula. Comparen, miren las hemerotecas.

Seguramente la mayoría de las cosas que Pedro J. ha publicado en su vida con la intención de encontrar su “Watergate” y su Nixon jamás podrían haberse publicado en el Washington Post o, de haberlo hecho, habrían sido publicadas sin contener ni una sola de esas largas lecciones sobre el Estado y su uso con las que nos suele regalar las orejas el conocido periodista-empresario de los medios riojano.

Lo interesante de “Todos los hombres del Presidente” y de lo que Pedro Jota parece no darse cuenta es de que, en el fondo, es una película sobre lo difícil que es publicar una verdad. Si no estuviera basada en un hecho real (y por tanto no supiéramos de su desenlace y de las consecuencias que tuvieron aquellos reportajes) seguramente disfrutaríamos mucho más de lo interesante que resulta el hecho de saber que Woodward y Bernstein son dos periodistas honrados y currantes que tienen una noticia verídica y terrible que sería capaz de acabar con la presidencia de un pájaro de mal plumaje cono Nixon pero que, para nuestra desesperación, se enfrentan a una maquinaria empresarial y profesional que, todo el rato, les pone todo tipo de trabas para no llevar esa noticia a portada.

¿Y cuáles son las razones? Pues no residen en que los propietarios del Post estén a partir un piñón con Nixon y que sean unos malvados conchabados con el poder (algo que desgraciadamente sí se ha convertido en el elemento principal de las películas sobre periodismo) si no que quieren, simplemente, ser fieles a la verdad. Necesitan que los hechos no vengan solamente de un solo testigo (en este caso uno llamado “Garganta profunda”, un nombre que nos retrotrae a la película porno más famosa de su época) si no que sean verificados hasta en los puntos más bobos.

¿Y por qué? la pelea del Washington Post (“los rojos de más allá del Potomac” los llamaba el primer vicepresidente de Nixon, Spiro Agnew, primera víctima del escándalo que fue sustituido luego por Gerald Ford) con la administración Nixon era ya lo suficientemente ruidosa como para jugarse su prestigio frente a aquel macarra publicando no ya una falsedad (eso nunca) si no cualquier cosa que no pudiera ser verificada, por lo menos, por dos fuentes diferentes y contrastadas independientemente. Ya ves, qué caprichosos. 
Todo esto lo borró Pedro J. de su mente y se centró en la parte más sorprendente para un periodista de 24 años, ciertamente ambiciosete, criado en una dictadura militar sanguinaria, de cierto pensamiento conservador: los periodistas, en una democracia, podían cargarse a todo un gobierno.

Eso ha sido lo que más ha unido a Pedro J. con “Todos los hombres del presidente” y, claramente, ha dirigido sus pasos profesionales convirtiendo sus periódicos no ya en medios de comunicación si no en maquinarias propagandísticas dirigidas a cubrir las necesidades de algunos interesados y sus intereses cuando no en satisfacer ciertas rencillas personales.

Pedro J. ha servido con alegría a muchos interesados de manera directa o indirecta: desde ex banqueros delincuentes a policías corruptos, desde aspirantes a presidente a jueces apartados de los juzgados por prevaricación. La lista no se resume solo ahí. Es corta pero exquisita.

Pedro J. nunca será Woodward y Bernstein porque se reúnen en su persona todas las figuras posibles que permiten la publicación de una noticia: dueño (casi) del medio, director del mismo y periodista. Incluso, si hacemos caso a su última visita a los juzgados, también fuente.

Sería por la primera entrega del “Caso GAL”, la que Pedro J. hizo todavía como director de Diario 16, cuando cayó en la cuenta de que la verdad, la publicación de la verdad no era suficiente para tumbar a un gobierno. En este caso el del Nixon preferido de Ramírez, Felipe González. Otro menos ambicioso se hubiera conformado con publicar lo que podía confirmar y tener paciencia. Me imagino que la pasividad de la sociedad española ante este caso (por diversas razones conocidas y algo largas de explicar) provocaron esa primera caída del guindo.

Desde entonces Pedro J. ha forzado muchas veces la máquina, lo había hecho con anterioridad, demostrando mala praxis profesional. Desgraciadamente está siempre abocado a mezclar lo que tiene con lo que quiere sugerir o ya piensa de antemano. De todos los casos “Watergate” de Pedro J. no hay ninguno que, en su narración, no venga a corroborar todas las teorías y/o suspicacias de Pedro J. con el tema en cuestión.

Valga como ejemplo el tratamiento informativo que “El Mundo” dio de los atentados de 11 de marzo de 2004 en Madrid. Si, en un principio, demostró ser un zorro de la información negándose a publicar la tésis gubernamental (“Ha sido ETA”, curiosamente “El País” picó) por no fiarse de la insistencia del ejecutivo en la autoría de la masacre (esto si le hacemos caso a su testimonio y desdeñamos el de otros observadores que dirían que no lo publicó porque pensó que eso perjudicaría a Mariano Rajoy de cara a las elecciones del 14-M en cuanto la gente se preguntara si era de recibo votar al representante de un partido que había provocado ese fallo de seguridad) el tratamiento posterior abrazó las peores tesis conspiranoicas. Ya saben: el golpe de estado provocado por la connivencia ETA-Policía-Guardia Civil-Zapatero-Rubalcaba para hacer pasar a Aznar por tonto y, de paso, ganar las elecciones.

¿Sintió en aquel momento Pedro que le había fallado a sus amigos? ¿Qué esos días había sido demasiado cauto? ¿Qué no había calculado bien sus acciones? Es posible. También es posible que cayera en la cuenta, informes de marketing y estudios de mercado mediante, que el 11-M era una historia jugosa, con muchísimas aristas, con muchísima carne pocha para vender en la portada y, de paso, hacerle un poco de agujero a ZP. Todo es posible.  En el fondo se trata de cumplir dos objetivos: a) el comercial b) El ideológico.

Desde que tenemos memoria hemos visto a Pedro J. estár en el ojo de todos los huracanes, ponerse al servicio de todos los ejércitos que iban al frente. Nunca ha salido indemne, siempre ha parecido dañado, siempre ha conseguido alguna victoria pírrica y, la mayoría de las veces, se ha estrellado estrepitosamente con todo el equipo. Una desgracia, tanto trabajo al servicio del bien nos hubiera hecho un gran servicio.

Es Pedro J. un hombre con una misión. Una misión metida en la cabeza: hacer presidentes. Esto es así. Sus teorías no son de muy hondo calado: difícilmente es posible sacarlo de la tesis de que lo que mejor le viene a España son los gobiernos de concentración. Un poco como aquel papelito que se sacó el General Armada del bolsillo en el 23F en el que proponía una especie de Estado presidido por él pero con un Consejo de Ministros que representara a todas las fuerzas y las sensibilidades de España. Recordemos que Pedro J. fue uno de los entusiastas impulsores de aquella Asociación de Escritores y Periodistas Independientes (AEPI) que reunió bajo aquellas siglas a un variopinto club de gacetilleros, plumillas, columnistas e intelectuales de toda índole que, antes de que no se larvara en su seno aquello de la "Vía republicana" del abogado García-Trevijano (personaje sui géneris donde los haya), ofrecía como solución un pacto Nacionalistas Buenos-Anguita-Aznar.  

Eso, directamente, es la solución de fondo que venimos arrastrando desde la Transición y que nos hace avanzar en elipses y representa nuestro “Síndrome de Diógenes” ideológico y colectivo. Esa ilusión de que podemos caminar todos de la mano aunque sea hacia la destrucción. Hacia la debacle, sí, pero todos juntos. 

Tiene ahora Pedro J. un nuevo Watergate entre manos. Esta vez se lo ha entregado Luis Bárcenas. El tipo que negó por activa y por pasiva la existencia de la “Trama Gürtel” publica ahora la contabilidad B del Partido Popular que, en el fondo, es una certificación de la propia trama. Es un caso con tantas ramificaciones como Watergate, tiene muchos de sus componentes: tráfico de influencias, financiación ilegal…

Es una pena que sea Pedro J. la persona que tiene a Luis “El Cabrón” Bárcenas en su equipo trabajando como confidente estrella. “El Cabrón Garganta Profunda” podíamos llamarle. Es una pena porque “El Mundo” es un periódico dañado al que hemos visto muchas veces naufragar en su trabajo, es un diario que no tiene miedo a publicar sin mirar lo que publica, que no tiene ese deseo por informar si no que desea mucho más manejar los hilos.

Desgraciadamente la segunda tanda, tras los pantallazos, ya deja atisbar el interés de Pedro J. por servir a otros intereses publicando sin comillas algunas elucubraciones que podrían o no haber llegado a oídos de los periodistas encargados de la investigación. En realidad no es nada, es una ración de literatura a la espera de otro montón de revelaciones si es que las hay.

Más allá de eso Pedro J., de manera torpe, comienza a abogar por la presencia de Gallardón como hace unos días hizo con Esperanza Aguirre. No le cae bien Rajoy, no porque sea su Nixon, si no porque en algún momento Don Mariano comenzó a caerle mal, a lo mejor porque parece que Rajoy no escucha mucho a la gente que no pertenece a su círculo de confianza y porque su estilo de hacer las cosas no es el mismo que el de Aznar que siempre ha parecido más permeable.


A lo mejor Pedro J. sueña con la renuncia de Rajoy y la subida al poder (previo paso por el Congreso, apoyado por la mayoría absoluta parlamentaria del grupo Popular) de cualquiera de los dos políticos de derechas en activo que parece que está dejando fuera de la quema: un ministro de justicia que no se ha quemado mucho y que podría ser del gusto de Europa y de la derecha española. Espe tendría que esperar para postularse como Presidenta mientras tanto, volver oficialmente a la política nacional, dar el “sí quiero”. Por ahora no es parlamentaria.

Después la salida honrosa para Rajoy: un indulto al estilo Ford a Nixon. Un borrón y cuenta nueva. Después silencio informativo o una nota romántica de “El hombre que siempre fue honrado pero blando, que permitió que el partido se llenara de víboras y que se sacrificó por la causa”.

De lo que estoy seguro es de que Pedro J. ya lo tiene todo en la cabeza, es normal, avanza en curva y tiene Síndrome de Diógenes ideológico. No puede salir de ahí. Seguramente sueña con un gobierno de concentración nacional “a la derecha” donde estén representadas todas las sensibilidades peperas en un mismo ejecutivo. Nada de sectarismos tipo Rajoy de colocar solo a sus fieles colaboradores. No, algo más tipo “Aznar-primera legislatura” donde tuvo que cargar con los de Fraga, con los descontentos y con los suyos. Eso sí que le gustaría.

Yo me voy a permitir un atisbo de modernidad, me voy a quitar el traje de torero por un instante y voy a decir que lo mejor, de lo mejor, sería dejar todo esto en manos del juez, no tocarle mucho las narices, no incordiar, no andar manoseando las pruebas del caso, no andar por ahí mezclando intereses con información. Que parece claro que Bárcenas robó, que lo hizo en connivencia con los altos cargos del PP, que todo Cristo estaba enterado en Génova de todo el asunto, que tiene que haber dimisiones, que tienen que abrirse causas, que todos los implicados tienen que pagar pero que hay mejores maneras de demostrarlo y mejores objetivos que cumplir como, por ejemplo que este sea un país que reflexione sobre sus instituciones, sobre el papel que jugamos como ciudadanos de un estado de derecho, de una democracia, de nuestro grado de participación y de implicación.


No sé, es todo una locura pero a lo mejor funciona por esta vez y podemos encontrar la línea recta y quitarnos de encima algunas cosas que ya no necesitamos, que no funcionan. Sé que es simple, que la línea recta es un rollo, que no tiene mucha emoción pero creo que ya estoy un poco mareado de la atracción, que comienza a aburrirme este olor a viejo y conocido, que ya no tiene mucho interés, que me aburro mucho pero no porque no sea español es porque me estoy oliendo que no va a terminar bien, que veo muchos nombres unidos al fracaso, que no va a haber nada que celebrar al final del viaje. Echen cuentas, díganme cuantas penas de cárcel completas, cuantas cabezas de verdad importantes rodaron en todos esos Watergates tan apresuradamente montados. 

martes, 24 de mayo de 2011

Debacle y Restauración




La victoria del PP en Extremadura bien puede tomarse como el claro ejemplo de por qué el PSOE ha fracasado de manera tan ruidosa en los comicios celebrados ayer mismo. Un histórico militante de la formación de Ferraz, hace ya como un par de años, me advertía en una charla amistosa sobre las posibilidades reales de José Antonio Monago de arrebatar la presidencia de este feudo histórico de la socialdemocracia a Guillermo Fernández Vara. 

No tenía nada claro como el sucesor de Ibarra, que había arrasado en su primera participación en unas elecciones sacándole una histórica ventaja de 25 puntos a su adversario Carlos Floriano (un político que pasó de ese fracaso a ocupar un puesto en el gabinete de comunicación de guerrilla estratégica comandado por Pons demostrando que la política española es la única en la que un fracaso puede convertirse en un ascenso dentro del propio partido), iba a desmenuzar esa cantidad enorme de votos en tan solo dos años a lo que me contestó más o menos así: "Monago es un populista que hará una campaña a pie de calle, visitará cada pueblo pequeño, cada rincón desbordando campechanía y buenas maneras. Lo hará ganándose a la gente y rompiendo con la típica imagen de señorito de cortijo alejado de la realidad que ha mantenido el PP en esta comunidad autónoma. Va a sacar al PP a la calle y le va a dar cercanía. Va a jugar al mismo juego que Fernández Vara y que el PSOE han explotado en todos estos años, va a sacar réditos de la misma estrategia, aunque sea un derechista convencido va a bajarse del caballo y va a salir de la finca. Va a plantar cara de verdad". 

Pese a que el análisis me pareció, en ese momento, de lo más catastrofista (hasta hace unas pocas horas parecía imposible un vuelco así en Extremadura) lo cierto es que dio en el clavo. Monago ha jugado esas cartas y le ha salido bien frente a un candidato que, con todas las de ganar, ha pensado desde que se aposentara en Mérida para dirigir los designios del gobierno extremeño que lo mejor era mantener una imagen pública de hombre de izquierdas pero menos al estilo de José Bono o José María Barreda. 

Que un dirigente socialista se exprese públicamente con tibieza sobre asuntos morales o, incluso, se alinee con algunas de las tesis del PP no deja de ser un detalle nimio y sin importancia en un escenario de bonanza económica. Cuando el mar está tranquilo y estás en cubierta disfrutando de un solecito de escándalo a nadie le importa quién maneja el barco, bien puedes tener el timón a recaudo del más tonto de los marineros que, sin duda, pensarás que la calma chicha lo acabará aburriendo y que la embarcación no se moverá peligrosamente más que unos pocos grados a estribor o a babor...se puede jugar a la tibieza cuando las cosas están tibias pero, sin duda, es absurdo intentar mantener esa imagen de socialdemócrata de perfil amabilísimo que se confunde con el de un conservador de perfil amabilísimo cuando arrecia la tormenta económica. En ese caso, a tu electorado, no le estás dando razones para que te mantenga al timón si no, más bien, le estás dando la coartada para que monten un motín a bordo y elijan a otro capitán aunque solo sea por una sencilla razón: ya que los dos son iguales veamos qué cosas puede aportar el nuevo, probemos a ver que tal capitán es y si es capaz de poner en práctica todo aquello que dice. 

Hay, sin duda, una cierta intención del PSOE de cazar a un unicornio, a un ser mítico, llamado "descontentos de la derecha". Ni siquiera la irrupción de esa marca blanca y personalista llamada UPyD que parece la depositaria de esos votos les ha hecho desistir de la posibilidad de aumentar su margen electoral no entre los ciudadanos que se consideran, en mayor o menor grado de izquierdas, si no entre una nebulosa de indecisos votantes que, teóricamente, cada cuatro años se levantan para ir a votar sin saber a quien van a votar. En cierto modo la socialdemocracia más tibia ha sido fuerte dentro del aparato del partido y ha ido insuflando estas tesis baratas sobre la necesidad de no plantarle cara a las reivindicaciones de la Iglesia católica o de abrir la mano un poquito más todavía a banqueros y grandes empresarios. 

En cierto modo el PSOE parece haber llegado a la conclusión de que contaba con una serie de votantes fieles que, en un momento, se sentirían amenazados por la irrupción del PP y correrían a echar su voto a la urna como salvavidas ante una nueva derechización de España mientras han alimentado la derechización dentro de sus filas sin entender que, a lo mejor, debería de haber movilizado con más brío, decisión y gestos de izquierdas al electorado de la misma ideología. 

Repito: ante candidatos que ofrecen lo mismo y en una situación de crisis tan grave lo normal es que el elector se decida por una cara nueva cansado ya de que, los que parece que no van a arreglar nada, puedan incluso empeorar aún más la situación. 

Sin duda esta última legislatura del PSOE no ha sido fácil. La economía ha entrado en estado de catástrofe, se enfrenta a un panorama mediático sonrojante donde casi todos los medios se le han puesto en contra y no ha sabido comunicar bien ninguno de los éxitos que consiguió en estos ocho años. Ni siquiera los más básicos. El PSOE se ha mostrado como un partido francamente débil en aspectos importantes y no ha jugado ni una carta de forma inteligente desde hace ya demasiado tiempo ni siquiera dentro del propio partido. Actualmente, y mucho más con esta derrota, ha aparecido como una formación en crisis incapaz de gestionar con verdadera sangre fría la aparición del movimiento 15M y la acampada de Sol y de distanciarse del peligroso discurso de "disolución de las manifestaciones" que ha mantenido claramente el PP.

Si algo nos han mostrado estos días de ruido es que, por alguna razón que a nadie puede escapársele, lo cierto es que estamos enfrentados a una clase política que es incapaz de entender que la realidad afecta al discurrir de la política, que trabaja para nosotros y que siempre reacciona mal y con gesto de estupefacción, indolencia o absurdo ante la más mínima protesta de la ciudadanía y, aún peor, cuando esta toma ya un carácter informativo importante.

Para el PSOE no hay excusas puesto que ha fracasado en la única tarea a la que se encomienda en todas las elecciones a las que se ha presentado desde que abandonara el barco Felipe González: remover al electorado. No es que el electorado de izquierdas (socialdemócratas) se vaya al campo, es que simplemente prefiere no votar cuando se trata de seguirle a un juego a un gobierno que parece no estar al tanto de la situación y que ha perdido el fuelle del ideario neoprogresista que se había marcado en la agenda.

Para el PP, mientras tanto, la fórmula de la campaña de la negatividad le ha venido al pelo no ya por la situación del país, si no por el apoyo incondicional de los medios cercanos a Génova que se han movido, como siempre, rápido y saliendo a cada ataque para evitar el desgaste del propio partido lanzando, en plan ciclista, a toda la plana mayor de gregarios y aguadores que tiene en cartera y que ya se olisquean que, casi con toda seguridad, pueden acomodarse en un puestecillo de ser Mariano Rajoy el próximo presidente del Gobierno. Desde los tiempos de Aznar el PP se ha bebido, literalmente, todos los manuales de los grandes organizadores de campaña norteamericanos y ejerce con alegría ( y peligrosa inconsciencia en muchos sentidos) de pirómano encenciendo fuegos donde no los hay y azuzando los que ya están encendidos. La premisa es clara: desmovilizar al electorado y no hay nada que desmoralice y desmovilice más al personal que ese claro mensaje de que, en realidad, ir a votar o no da igual porque todos los partidos políticos son completamente iguales. Si el partido republicano norteamericano sabe que su electorado es fiel y que acude a votar contra viento y marea al PP no le ha faltado tiempo para entender esta misma raiz del voto conservador. Por lo tanto, solo tiene la labor de procurar que el menor número de votantes de izquierdas (socialdemócratas o en la estela de IU) se acerquen a las urnas el día de las elecciones. Si quieren ustedes empaparse bien de este tipo de teorías les recomiendo fervientemente que lean "¡Arriba Simba! Siete días en la campaña de un anticandidato" incluído en "Hablemos de langostas" (Mondadori) de Robert Foster Wallace en el que el fallecido escritor americano cuenta su experiencia en la campaña por la candidatura de McCain en el año 2000 y como intentó, de forma fallida, jugar al mismo juego que su adversario George W. Bush.

Fuera de otra valoración, y como ya contaba por ahí arriba, la irrupción de partidos que no van de partidos (Ciudadanos, UPyD) ha beneficiado al PP en tanto en cuanto movilizan a sectores de votantes que, o son indecisos, o son una especie de votantes que ansían una especie de partido al estilo del UCD de Suarez, una formación teóricamente apolítica y equidistante de izquierda y derecha, una especie de "voto útil" para mantener una pretendida "paz social". Pese a los rosas, los actores, la palabrería y los claros toreos ideológicos al progresismo y al conservadurismo, pese a esa apariencia de partido nuevo y recién amueblado reside en estas formaciones, posiblemente, lo peorcito de eso que se llama "Espíritu de la Transición"; aunque solo sea por esa incapacidad de asumir que en política no existe ni lo "apolítico", ni lo "centrado", ni mucho menos la falta de ideología. Aunque solo sea porque la ideología es una suma de ideas sobre la conformación del Estado o del orden de las cosas. ¿Se imaginan que alguien llega a presidente/a del gobierno/a y no sabe si declarar el estado socialista o el estado del neoliberalismo? ¿Y si decide una cosa un año y, al año siguiente, decide otra?

Si el bipartidismo creciente en estos últimos años ha sido algo así como un cáncer (el bipartidismo solo es posible en otras formas de gobierno, en otras democracias, donde la disciplina de partido no es tan ferrea como en nuestro país...aunque haberla, la hay, no se crean que la gente es gilipollas, échenle un vistazo a "El lado Oeste de la Casa Blanca" o a la serie "Castillo de naipes" y sabrán de lo que hablo) la irrupción de una tercera fuerza como UPyD o con esas mismas señas de identidad pretendidamente "apolíticas" es ya, de hecho, lo que se podría entender como la aparición de una nueva "marca blanca" política...y nada más. Un accesorio que vendrá bien hasta que uno de los partidos mayoritarios absorba a esos votantes de nuevo ya sea por pura frustración o por una de esas alianzas políticas españolas en las que el partido grande se declara "Casa común de la izquierda" (para absorber al ala más conservadora del PCE) o en "Gran Partido conservador nacional (para absorber con la misma alegría a democristianos o a la extrema derecha).

En este orden de cosas las aspiraciones de IU de convertirse en la tercera fuerza política nacional han sido sustituidas por la recaptura del voto perdido (que en las anteriores elecciones cayó en el saco del PSOE) y el afianzamiento en la nimiedad y en la triste sospecha de que, en nuestro país, ante la duda no se vota más a la izquierda ni aunque estemos viendo entrar al ejército rojo (reconstituido) por la Puerta de Alcalá. Si en el periodo de la Transición la derecha se encargó, con mucho mimo, de desactivar al PCE de la manera más burda beneficiando a las formaciones nacionalistas burguesas (PNV y CiU) con una ley electoral que venía de Bélgica (la famosa Ley D´Hont) pese a saber que, a lo mejor, le crecían los enanos con el nacionalismo menos amable (Herri Batasuna)...ya pueden ustedes imaginarse el miedo que estos señores le tenían a Santiago Carrillo...fue el PSOE el encargado de imprimir a fuego un argumento que, peligrosamente, se le ha vuelto en contra de cuando en cuando: "La izquierda está trasnochada porque no entiende las razones de Estado, no entienden que hay que estar en la OTAN, no entienden la economía de mercado, no entiende quienes son nuestros aliados naturales y, claro está, no entiende que hay que estar en Europa". Desde aquel famoso Congreso de Suresnes en el que González tomó el poder de la organización y viró del marxismo a la socialdemocracia para convertirse, olisqueando el viento de cambio, en una fuerza real de gobernabilidad lo cierto es que se ha dedicado primero a darle zarpazos a los viejos dirigentes del PCE (que se habían desangrado literalmente durante el Franquismo) y, más tarde, a intentar atraer a todos los Secretarios Generales de dicho partido o de la coalición postrera (IU) hacia sus aguas con la promesa de convertirlos en la voz de la izquierda dentro de la propia izquierda regalándoles ese puesto tan raro de Pepito Grillo. Ni que decir tiene que, por la extraña conformación ideológica del PCE, no ha sido difícil para nadie (ni siquiera para el PP en tiempos de Julio Anguita) hallar la forma de hacer volar, desde dentro, a la dirección del partido.


Como ya saben, y mientras todas esas cosas se sucedían, estallaba en el centro de Madrid un movimiento ciudadano llamado Democracia Real Ya que tuvo el éxito de capitalizar el mosqueo generalizado ante la crisis económica y los problemas que ha creado. El mosqueo general, ni que decir tiene, que al ser general tiene tantas peculiaridades y que lejos de ser homogéneo u ortodoxo es más un grito general que reúne a muchos gritos. En ese saco del descontento están las familias de clase media que jugaron a ser inversores y especuladores en el terreno inmobiliario desconociendo el truco del asunto y que han hinchado el mercado encontrándose con una situación económica de la que han sido partícipes de forma directa, los que están convencidos en gran medida de que esta situación es absurda y que hay que redirigir y reorganizar el estado (sistema de elección, control de los políticos, control del poder judicial, aumentar la capacidad de decisión del ciudadano en los órganos administrativos etc.) y también esa masa colorista y difusa de militantes de una pretendida extrema izquierda que igual te hablan de animalismo militante que te dan cuatro soluciones para que el tofu sepa a estofado de carne. No me cabe duda que, si he de incluirme en uno de esos grupos, opto por los del medio porque, en realidad, son los que llevan consigo el espíritu de esta protesta ciudadana.

Entiendo, dolorosamente, a los que han despertado a las maldades del capitalismo cuando estas maldades se han cebado sobre ellos pero, del mismo modo, entiendo que todos tenemos que aceptar que hemos participado en mayor o menor medida de ese absurdo intento de enriquecimiento ilícito, que muchos han disfrutado de la quimera del neoliberalismo, que mientras que ha habido créditos y dinero se han olvidado cosas básicas como, por ejemplo, entender que la política no va por un lado y la economía por otro y, más allá de eso, que hay que mojarse en cualquier circunstancia y ejercer de modo responsable como individuos (e individuas). Es una parte de esa masas descontenta, esa clase media difusa que se ha trasladado a vivir a las afueras de las grandes ciudades la que ha vivido pastueñamente las lindezas del subidón del ladrillo desconectando poco a poco de la realidad e instalandose en la comodidad del silencio y del "aquí todo el mundo se ha hecho rico". Me pregunto cuáles eran las opiniones de muchos de ellos cuando la gente se movilizó para tener una vivienda digna o cuando algunos intentaron advertirnos de lo que se nos iba a caer encima con tanto fondo de alto riesgo y tanto jugar con el precio de la vivienda familiar.

En cierto modo, somos responsables de no haber sido responsables. Somos responsables de habernos dejado engatusar por contradictorios mensajes como "la vivienda nunca pierde su valor" o "hay que invertir...puedes pedir un crédito" mientras que hemos perdido nuestra capacidad para sacar las uñas en momentos determinantes.

Evidentemente tampoco quisiera participar de un grupo de ciudadanos que, por pura lejanía, prefieren hablar y hablar sobre lo mal que está todo y no hacer nada al respecto. No entiendo como, con la que está cayendo, alguien tiene el santo cuajo de proponer (lo he escuchado) absurdeces como una regulación sobre el consumo de carne o, peor, la necesidad de que la gente no se vacune (¡Polio ven a mí!) entorpeciendo lo que es una llamada a la acción para establecer otro tipo de juego democrático más cercano a las necesidades de un país cuyos habitantes ha decidido que ya está bien de que lo pastoreen o lo traten como a un menor de edad balbuceante. En el fondo de la cuestión, creo que están las razones por las que el bando republicano perdió la contienda civil: unos querían vencer y otros hacer la revolución mientras vencían. Mientras tanto el enemigo puede sentarse a tomar un café en lo alto de una loma y ver como dos facciones teóricamente amigas se despedazan o se pierden en discusiones absurdas.

No quisiera dejar a nadie con la sensación de que el movimiento ciudadano me parece mal, simplemente creo que es ridículo mezclar churras con merinas y que es erroneo lanzar cuatro mil mensajes diferentes para no llegar a ninguna conclusión. Simplemente me molesta que se diluya una protesta más que razonable en medio de un circo de brindis al Sol.    

Por otro lado creo que es erronea esa idea de que "esto no es de nadie". No, ni mucho menos. Protestas como las de Sol (y las de toda España) son de todos porque si no las reclamamos como propias, finalmente, acabarán por apropiárselas otros que nada tienen que ver con el asunto o que querrán arrastrar el ascua a su sardina haciéndose portavoces de lo que comenzarán a llamar "el espíritu real de la democracia real" o cualquier idiotez que se les ocurra. Tendríamos que ser conscientes de que, visto lo visto, un político puede ser un inmoral y seguir detentando cargos públicos y que nuestra única fuerza es echar el voto en la urna para cambiar las cosas.

Me sorprende, por tanto, que el asunto de la corrupción no haya pasado factura al partido ganador bien sea porque el electorado medio de su formación va a votarles aunque presenten a un mono yonqui y borracho, bien porque judicial y mediáticamente han jugado la carta de la maraña y el engaño de forma hábil hasta el punto de que asuntos como el espionaje en Madrid han quedado completamente olvidados o el hecho, inefable, de que la ciudadanía española tiene la conciencia de que el político estafador realmente no los estafa a ellos si no que estafa solamente a aquellos que les quieren sacar algo a cambio de un dinerito. Ante casos como el de Valencia, por decirlo muy claramente, este servidor de ustedes tiene la sensación de que, en realidad, se encuentra no en una democracia irreal si no en una democracia tan inmadura que es incapaz de entender que aquel que maneja el dinero público lo tratará con los mismos pocos miramientos con los que trata un asuntillo de recalificación de terrenos.

Más allá de eso nos encontramos con una ciudadanía que se encuentra muy pez en lo que a la política del Estado se refiere y que no tiene muy clara la misión de este. Desconociendo el caso de otras comunidades autónomas me sorprende que, pese a la política de privatizaciones y al disparado gasto público la distancia del PP con el PSOE no haga más que crecer. ¿Nadie entiende que cuando hay agujeros en los presupuestos se debe a que los que los gestionan lo hacen mal? ¿Nadie ha entendido las consecuencias de que nos hagan pagar por un sistema sanitario que ya sustentamos con nuestros impuestos? ¿Esos tuneles? ¿Esas obras para unas olimpiadas que jamás se van a celebrar?

Hoy más que nunca se hace palpable la necesidad de que entendamos como va el sistema, que nos preocupemos de como van las cosas, de que pidamos explicaciones a los que nos gobiernan porque podemos hacerlo, porque son funcionarios públicos y nada más que eso que tienen que responder ante nosotros pase lo que pase. ¿Como se sentirían si les invitaran a jugarse su propio dinero ante una mesa de Black Jack sin saber como son las reglas básicas del Black Jack? ¿No les parecería estúpido que fuera el croupier el que les contara como va todo mientras se va quedando con sus fichas? ¿No tendría la tentación de que, aunque ustedes fueran ganando, decirles que van perdiendo por aumentar los beneficios del casino?

Podemos hablar de estas elecciones en términos muy claros y asegurar que el PSOE ha sido castigado por la situación económica actual y por su falta de decisión en los momentos claves demostrando una especie de absurda inconsistencia que les ha impedido actuar sobre nada o cediendo terreno ante el poder económicos. Esa ha sido la clave, que no han sabido hacer nada bien, que se han perdido apareciendo como lo que no eran, que no han sabido encontrar su identidad mientras que, en el otro lado, solo han tenido que azuzar todo el asunto para que la cosa le beneficiara. Miren a Mariano Rajoy, no ha tenido ni que decir nada en campaña...nada de nada...daba igual porque el PSOE caminaba tranquilamente hacia el precipicio.

Mientras tanto, unos cuantos arribistas van minando el espíritu de las protestas dividiéndose entre los que querían que #nolesvotes se convirtiera en un trampolín de UPyD y en el gérmen de las protestas para ver si sacan réditos del asunto y mañana les dan un telefonazo vendiendo humo y unas cifras que son completamente absurdas e inconsistentes por razones tan obvias que no vale la pena ni discutir aplaudiéndose así mismos por unas victorias que ni han peleado, ni han conseguido. ¿Ven? Si nadie reclama #nolesvotes al final vienen unos y se lo quedan discurseando sobre absurdeces. ¿De verdad alguien cree que toda esa abstención se debe a ellos? ¿Que le han limado votos al PP? ¿Que han derrotado al PSOE? Es el problema que tienen los que se dedican al marketing y a capar sus páginas tan libres y tan bien informadas...que al pasarse a la política se piensan que todo el mundo es idiota. En realidad, dicho asunto hubiera sido un éxito si se hubiera producido un voto masivo a partidos minoritarios...

Fíjense que bien le ha ido a BILDU que, sin necesidad de tanta alharaca, se ha convertido en una nueva fuerza consistente en Euskadi y Navarra. Esos si que han sabido capitalizar el voto del descontento, si que han sabido moverse para recuperar a sus votantes y unir a ellos un claro voto de castigo. Detrás de todo ello, deben de agradecerle a la campaña del PP contra dicha formación que los haya hecho tan simpáticos ante unos grupos demográficos de votantes que, normalmente, no se levantan a votar. Si de #nolesvotes hubiera salido una fuerza mayor, una opción real que no fuera declarar que la tercera fuerza más votada ha sido el voto en blanco y la primera la abstención, si alguno de esos voceros cancamuseros fuera capaz de andar y comer chicle a la vez posiblemente entendería que lo coherente hubiera sido impulsar el voto, sacar a la gente a la calle y hacer que la gente optara por soluciones y no por un continuismo de color rosa...porque el continuismo da igual de qué color se pinte.

Hablaba la noche de las elecciones con mi amigo Alex. Es extremeño como yo (de ahí que sepamos tanto de dicha comunidad autónoma) y es una de las personas más coherentes que conozco a la hora de hablar de política pese a que me molesta que sea tan tibio con ciertas cosas. Su conclusión no podía ser mejor: "es bueno que venga la derecha, que la izquierda se apee del burro y que trabaje en otro campo diferente, es bueno que el español de a pie pruebe un poco de las soluciones que va a proponer el PP y que este enseñe sus cartas de aquí a que lleguen las elecciones generales. A partir de ahí, si previsiblemente gana, podremos ver si tienen la llave de la máquina que hace el dinero, si son capaces de rebajar el paro y si dejan de criticar para ponerse a trabajar de una puñetera vez. El juego es este y así está marcado. Mientras se cambia los que tienen que ponerse las pilas que se las pongan y los fulanos como nosotros podremos seguir pidiendo soluciones y exigiendo que las cosas mejoren que es lo que nos toca...si no es así, lo mejor es que la gente los eche y vengan otros que lo hagan mejor si pueden y, si no, pues nos vamos todos a cagar a la vía y santas pascuas...¿no te parece? Es sano que la gente pruebe de su propia medicina aunque esta sea de copago. Es emocionante saber que la caja de las soluciones del PP se va a abrir, es como uno de esos sobres sorpresa que nunca sabes que tienen dentro...me huelo lo que me huelo pero, lo cierto, es que lo del PSOE era ya insostenible y que la gente aquí, ni de coña, va a votar más a la izquierda de forma masiva. No estamos tan preparados".

A mi me parece un cierre de lo más emocionante. Un saludo y gracias.  

martes, 16 de noviembre de 2010

Sensibilidades contradictorias


Hoy Esteban González Pons hablaba de sensibilidad. Sí, decía que el gobierno de Zapatero parecía insensible a los asuntos del Sahara Occidental y que asistía casi impertérrito a las revueltas de El Aiuun sin tener en cuenta ni el dolor, ni el sufrimiento del pueblo saharaui.

Muchas veces, más que la camisa que elegimos para salir en televisión, o el discreto grado de rayos UVA que nos ponemos para parecer siempre saludables y descansados (un must de la clase política valenciana) o los gestos como abrazar a manifestantes cuidándonos muy mucho de que la cámara capte nuestra beatífica cara de apoyo sin fronteras y máxima sensibilidad y cercanía con la causa del Sahara Occidental, nos suele traicionar algo tan tonto como las palabras que elegimos. 

González Pons, como muchos políticos españoles y mucho más triste muchas plataformas y organizaciones de apoyo al Sahara Occidental, usa un término curioso: pueblo saharaui. 

Hagamos un pequeño análisis de las implicaciones morales que tiene utilizar unos vocablos de este calado. Así a vuela pluma se me vienen a la cabeza unas cuantas: 

- Hablar de "pueblo saharaui" no implica que en nuestro discurso reconozcamos, ni de lejos, la independencia del Sahara Occidental. Es decir, preferimos el uso de unos términos difusos y ambivalentes que hablan de un sentimiento pero no de una nación. Diciendo cosas como "pueblo saharaui" no decimos nada, excepto la enunciación de un tópico vacío.

-Las connotaciones colonialistas de estos términos serían más propias de la visión de un explorador del Siglo XIX que las de una persona que vive en nuestro siglo. Si el uso, asquerosamente populista, de términos como "Pueblo español" es una herencia del discurseo franquista más añejo y apestoso que aludía directamente a la neblinosa forma de entender España como un cúmulo de accidentes folclóricos unidos bajo la misma bota de montar la imputación de eso de "pueblo saharaui" no nos deja muy bien parados pues, en la misma contradictoria expresión, se encuentra ese puntito de exotismo, de lejanía y de necesidad de apadrinamiento sobre un grupo de personas que, en el fondo, entendemos como inferiores a nosotros. 

-Lo normal es que, sin temor a equivocarnos, fuéramos capaces de hablar simplemente de saharauis (como nacionalidad, si ese es nuestro propósito) y de Sáhara Occidental o de República del Sahara Occidental o del nombre que los saharauis quieran darle a su país. 

-Es muy divertido que Pons, a estas alturas algo así como el director de comunicación del PP y el responsable de gran parte de la política mediática del mismo, aluda a un término como "sensibilidad" para atacar la postura del gobierno español frente a la situación que se vive en El Aiuun. Es curioso porque, si echamos la vista atrás y volvemos al momento Aznar, nos encontraremos con un partido político que antepuso los intereses de la nación a la sensibilidad de los ciudadanos de la misma para apuntarse a la II Guerra del Golfo que, al parecer, nos garantizaría unos beneficios diplomáticos y económicos a largo plazo que justificarían cada bombardeo sobre población civil iraquí.

Los argumentos, en este caso, son intercambiables. Es decir, me imagino que si el PP estuviera en el poder se tendría que tragar el sapo del Sahara como se lo está tragando el actual gobierno por algunas de estas razones: 

- El entramado comercial español en Marruecos.
- El control del Estrecho. De esto no suele hablarse pero, una de las bazas de Marruecos, es desinteresarse de pronto por el flujo de la inmigración ilegal o el tráfico de drogas (no solo hachís, desde hace tiempo las rutas comerciales de la cocaína o la heroína tienen puestos sus intereses en la zona). 
- Un viraje del Gobierno de Marruecos hacia posiciones menos pro-occidentales en materias como la religiosa lo que siempre pone de los nervios a Estados Unidos y la UE. 
-Y, en términos menos importantes porque el riesgo es mucho menor, el hecho de que Ceuta y Melilla estén en la posición geográfica y estratégica en la que están.

Teniendo en cuenta todos estos puntos entenderán ustedes que los intereses de la clase política (esta que es tan sensible con el conflicto Marruecos-Sahara Occidental según ocupe unos escaños u otros) alejan El-Aiuun de un modo real del mapa de las decisiones que tienen importancia y que, en realidad, todo atiende a remover la polvareda más que a tomar medidas reales porque, como bien apunta el discursillo del señor Pons, ni él mismo se cree lo que promulga. 

Si la clase política española no siguiera tratándonos como a unos imbéciles posiblemente alguien se hubiera dignado a explicarnos la cruda realidad de una vez sin subterfugios, ni disimulos. Unas explicaciones que son tan sonrojantes como los intentos del gobierno marroquí por extender un puente ideológico entre Al-Qaeda y el Frente Polisario. 

Más allá de eso, lo que no cuenta el PP es que tampoco tiene demasiadas soluciones o que exige soluciones que tampoco llevaría a cabo de gobernar. El aumento de la presión diplomática sobre Marruecos es una opción descartada porque tiene que contar con el apoyo de los norteamericanos que, con Obama o sin Obama, creen que Mohamed VI es un valedor del control del islamismo radical en la zona y, por otro lado, ansían poder controlar los fosfatos del Sahara para su explotación así como una futura prospección del Atlántico en la zona para saber, si de una vez por todas, se encuentra allí una gran bolsa de petroleo de la que podría nutrirse alguna compañía yanqui. 

No me cabe duda que al PP le va este tema de la fuerza militar. Ya saben, el rollo épico. La Isla Perejil. Con viento fuerte de Poniente. El Cid. Moros y Cristianos (eso si que le gustaría a Pons, tan levantino). 

Decía Colin Powel, en una entrevista concedida a la edición norteamericana de la revista GQ, que uno de los momentos más ridículos de su mandato fueron aquellos en los que una llamada de Federico Trillo lo despertó de su letargo para informarle de que Marruecos había invadido España. Claro, un marrón. Pensando que los marroquíes andaban cortando cabezas por Sevilla el hombre se dispuso a ponerse al mando de la crisis (Europa invadida, no les digo nada) y, al llegar a su despacho le informaron de que lo que se estaba dilucidando era la soberanía sobre una pequeña roca. Mosqueado como una mona se volvió a la cama no sin antes pedirle a sus homólogos marroquí y español que, por favor, no lo despertaran por nimiedades y menos cuando ambos le pidieron una declaración de esas en las que tenía que prometer que no tomaría partido por ningún bando...algo que no pudo hacer puesto que para el texto de la declaración ninguna de las dos partes se ponía de acuerdo en que en ella se nombrara al islote como Perejil o como Laila ("perejil" en árabe).

Nos podemos poner gallitos y hacer como esos ridículos que, en los bares, inician una pelea y luego se ponen en plan "sujétame que como me sueltes la lío" pero, en realidad, si ir a la guerra por unas futuras promesas sobre petroleo e infraestructuras resultó ser un endeble argumento no lo es menos intentar meter los carros de combate en una nación extranjera aduciendo una "infinita sensibilidad con el Pueblo Saharaui". Entiendo que la imagen de la bandera rojigualda siendo izada en Rabat sea algo que pueda poner el orcate calentorro a cualquiera...sí, claro, el rollo de Alhucemas y del Desfiladero de El Lobo y tal y Santiago y Cierra España pero, sinceramente, no es lo mismo entrar en una roca baldía y matar a una pobre cabra que meterte en una guerra de verdad. 

Por otro lado, seamos serios: no es que el PP parezca ser un partido que pueda alinearse con los habitantes del Sahara aunque sólo sea por el hecho de que son musulmanes. ¿Ven ustedes a Mariano Rajoy comiendo cous-cous o descalzándose para entrar en la zona de rezo una mezquita? 

¿Soluciones? Bueno, pues hay pocas soluciones para el Sahara. Cuando Koffi Annan dejó el cargo en 2005 advirtió sobre que era un conflicto que tenía pocos visos de arreglarse. Si la democratización de Marruecos es ya una empresa casi imposible (más que nada porque la democratización de Argelia que los franceses intentaron consolidar se resolvió con la subida al poder del FIS que no era un partido muy pro-occidental y, por tanto, se llevó a cabo una vuelta a los tiempos del palo y tentetieso) el hecho de que  renunciara a la soberanía sobre unos territorios golosos en muchos términos  (fosfatos, pesca, petroleo, control estratégico sobre las actividades mauritanas y argelinas...) por medio de un referendum parecen una quimera. Es posible que todo este asunto se acabara si, de algún impreciso modo, la gente comenzara a tener una conciencia y una sensibilidad real y no le importara coger el toro por los cuernos en ciertas cuestiones. Es decir, quimera sobre quimera. Me pregunto cuanto tiempo tardarán nuestros políticos en olvidarse de todo esto.Como bien dice mi tío, que es tunecino: "los europeos nos miran como si fuéramos algo exótico...pero estamos sólo a unas horas de barco y todavía se empeñan en ver nuestros problemas como algo que no va con ellos, como si no fueran los culpables de nada y no fuéramos más que unos salvajes riñendo entre ellos".  

Mientras tanto, podríamos pensar también en ese otro conflicto olvidado llamado Guinea Ecuatorial por el que parece ser que no conmueve tanto a nuestra clase política...y ahí si que somos honestos: Teodoro Obiang vive sentado sobre un pozo de petroleo real y palpable. 

viernes, 11 de diciembre de 2009

El rocambolesco viaje


Estos días me acuerdo mucho de Bartolomé Rubia. Bartolomé Rubia, conocido como Bartolín, es un ciudadano de La Carolina (Jaén) que en 1998 ostentaba el honorable cargo de Concejal de Juventud y Deportes de su localidad.

Bartolomé entró en política por una cuestión de convicciones, parece ser que es muy de derechas, pero también por cosas que tiene que ver con la lealtad: es ahijado del alcalde de la localidad llamado Ramón Palacios, un franquista de toda la vida renacido como demócrata tras el bautismo laico de la Transición, que lo ha protegido y tratado como a un hijo ya que su padre, el de Bartolín, es el chofer y hombre de confianza del alcalde.

El caso es que ese mismo año, justamente un 28 de mayo, Bartolomé sufrió una de esas experiencias por las que uno no querría pasar jamás: fue secuestrado por ETA.

En las primeras horas del cautiverio su partido inició una enorme campaña mediática para hacer saber a la población del hecho, que parecía calcado del que acabó en el asesinato de Miguel Ángel Blanco en julio de 2007, y Javier Arenas primero y Carlos Iturgáiz después comparecieron ante los medios avisando de que era muy posible de que nuestra democracia tendría que enfrentarse a la muerte de un "nuevo Miguel Ángel Blanco andaluz" y a la aparición de una Ermua, esta vez, localizada en el sur de España.

El dispositivo de seguridad fue, claro está, enorme. pero, por suerte, no fue necesario. Bartolomé, aprovechando un despiste de sus captores, consiguió tirarse de la furgoneta en marcha que lo transportaba hasta el zulo más cercano y cayó por una cuesta para abajo. De allí, y abriéndose paso por el monte, consiguió llegar hasta Irún donde se personó en una comisaría de la Ertzaintza y contó la peripecia por la que había pasado. Era escalofriante: una pareja de etarras, hombre y mujer, lo habían apuntado con una pistola en Linares (Jaén) y metido a la fuerza en un coche en marcha. Sin paradas ni para mear había sido trasladado hasta Irún donde, podía dar fe, se había autoliberado.

Puesto ya a disposición judicial para que volviera a declarar Bartolomé contó el mismo asunto pero, vaya, al parecer, el asunto no parecía que fuera tan prístino y tenía algunas lagunas que el concejal debería de rellenar:

1. La misma mañana de ese día un taxista aseguraba haber recogido a Bartolomé Rubia y haberlo dejado en la puerta de la estación de Linares. Lo recordaba porque, al parecer, el muchacho le dejó a deber 700 pesetas de la época.

2. En el tren que cubre la línea Linares-Madrid algunos pasajeros recuerdan haber hablado con él por el camino y haberlo visto solo durante todo el viaje.

3. En la estación de Madrid una cajera recordaba haberle vendido un billete de tren en el Talgo Madrid-Irún.

4. Las cámaras de seguridad del lugar registraban imagenes de Bartolomé Rubia paseando durante cuatro horas despreocupadamente por el hall comiendo pipas.

5. La dependienta de la tienda de pipas recuerda haberlo visto comprando pipas.

6. Pasajeros del tren Madrid-Irún recuerdan haber visto solo a Bartolomé Rubia o charlando animadamente con gente del pasaje.

7. Durante su periplo Bartolomé Rubia intercambia algunas llamadas con gente de su entorno, su joven novia, que son registradas y que no parecen las de una persona secuestrada por la ETA. Es más, el juez parece dudar de que la organización terrorista permita que un secuestrado charle con su novia.

8. La persona que comunica el secuestro de Bartolomé Rubia lo hace desde su teléfono y con acento andaluz. La Guardia Civil se sorprende de que los etarras salgan por ahí a secuestrar con un teléfono sin saldo y que sean tan crueles de arrebatárselo a su víctima para hacer la llamada y, lo que es más sorprendente, es la primera vez que un etarra habla imitando a Paco Gandía.

Por suerte para nosotros Bartolomé Rubia tiene una explicación: lo ha hecho todo influído por una potente droga que los etarras le han colado en un zumo que se estaba tomando. La droga es tan acojonante que se ha convertido en una especie de zombie de película, en ese punto la Ertzaintza comienza a sorprenderse de que la ETA esté tan jodida de personal que haya tenido que contratar a magos del vudú, al que los etarras no tienen que amordazar ya que privado de la voluntad hace lo que ellos le dicen que no es otra cosa que autosecuestrarse y, lo que es peor, pagarse el traslado hasta Irún de su propio bolsillo. En ese momento la Guardia Civil se felicita de que la banda esté tan mal de efectivo que haga a sus secuestrados pagar el delito a escote sin mediación de carta de amenaza.

En un giro inesperado de los hechos Bartolomé Rubia se derrumba y tira por tierra todo su consistente testimonio que, pese a su aparente verosimilitud, dice que es todo una invención. De todas maneras deja claro que lo ha hecho "para llamar la atención sobre el problema del terrorismo en España".

Como siente que su misión está cumplida Bartolomé vuelve a su pueblo donde, como nadie es profeta en su Tierra, es tratado como un apestado, es expulsado del PP pero mantiene su puesto como concejal en régimen de "no adscrito". Después desaparece de la vida pública.

En todo esta historia hay algo terriblemente viscoso y extraño pero, también, algo muy humano: posiblemente Bartolín no se veía así mismo como un simple concejal de un pueblo de Jaén y pensó que había nacido para ser algo más, acaso un martir del terrorismo, una víctima de un terrible azote. A lo mejor, en el fondo de su alma, pensó que tenía cosas muy importantes que decir sobre este asunto y que era consciente de que esas mismas palabras no tendrían el mismo eco si las decía desde su puesto de político local que si lo hacía como víctima propiamente dicha.

En la estupenda película "Un héroe muy discreto" (Jacques Aurdiard, 1996) su protagonista, Albert Dehousse (interpretado por Matthieu Kassovitz), cuenta una historia poco conocida de la Resistencia. Francia, que fue un país aliado de los nazis, estaba después de la contienda repleto, claro está, de gente que, en mayor o menor medida, había colaborado con los nazis durante la ocupación. El delito por "colaboracionismo" se extendió con dureza no solo a los militares que habían permanecido en sus puestos si no también a mujeres que habían tenido como amante a un soldado alemán o, en algunos casos, a personas que habían arreglado un coche del ejército de ocupación. El miedo por caer en las garras de esos tribunales o de ser objeto de una purga (humillación pública traducida en rapada de pelo, ingestión de un purgante y otras lindezas) provocó que una nación entera olvidara los años en los que los nazis se habían paseado por Francia como sus dueños y señores. El pánico fue tal que muchas personas decidieron inventarse que habían estado en la Resistencia. Lo más chocante es que, para ser aceptado, no hacía falta acreditar nada, simplemente había que asistir a las reuniones, escuchar, inventarse algo aquí o allá y tener la suerte de que muchos de los asistentes TAMPOCO hubieran pertenecido jamás lo que era bastante común. Si esto no ocurría, los propios héroes de la Resistencia no solían decir "no le recuerdo" cuando alguien se acercaba a ellos por miedo, mucho miedo, de que su testimonio se pusiera en solfa y que alguien comenzara a sospechar de que, en realidad, estaba contando un cuento.

Es decir, siempre es mejor ser recordado como un esforzado soldado que como alguien que vio pasar a los nazis por debajo de la puerta de su casa y no hizo nada por evitarlo. A lo mejor Bartolín simplemente estaba dando el paso definitivo para tomar parte activa en esa lucha contra el terrorismo que, machaconamente, se nos recuerda es tarea de todos como la de que los bosques no se incendien en verano o que la gente no beba cuando conduce. Lo primero, la verdad, se me antoja mucho más complicado aunque sólo sea porque, como decía Allen, la mayoría de la población civil ha nacido para hacer un papel en la Guerra que no es otro que el de prisionero.

A lo mejor Bartolín se enteró de eso de que la grandeza de tu enemigo es la marca de tu propia grandeza y pensó que no había un enemigo mayor que ETA.

Por eso me río de la gente que se cree que Ramoncín le hace la puñeta y se dedica a putearlo porque, en realidad, sabe que Ramoncín jamás va a salir del restaurante donde esté a partirle la cara pero también me río de la gente que se cree que El Gran Wyoming es el dirigente de la Mano Negra, el tío que decide a quien le pegan a la puerta de un piano bar a las tantas de la mañana y quien puede irse a su casa tranquilamente.

Debe de ser bonito poder descargar toda la responsabilidad de tus actos (salir tarde de un bar canallista como el Tony 2 con dos copas sito en una calle donde cada dos por tres muchos honrados ciudadanos han sido atracados en la misma calle Almirante por avisados delincuentes que pescan en una zona cercana a Chueca donde muchas de sus víctimas no denuncian por miedo a tener que contar donde se encontraban) en una tercera persona. Pónganse en su lugar: a partir de ahora cuando les ocurra cualquier cosa eleven los brazos al cielo y digan que la culpa es de El Gran Wyoming o de la Ministra Sinde, de Ramoncín o de Victor Manuel y Ana Belén o de Evo Morales y Ahmamineyad. Mi excusa cada vez que llegue borracho a casa no va a ser "me lié" o "me tomé una caña y me sentó mal", mi justificación va a ser que El Gran Wyoming me echó droga en el cola-cao. Ni que decir tiene que diré que iba acompañado de dos "presciputas" que se dedicaban a la "prescipitación".

Por otro lado ojalá enganchen al imbecil que le dio la paliza al señor Tersch que me cae muy mal pero con el que simpatizo, sin duda, a la hora de elegir bares ya que el Tony 2 tiene el mejor Gin-Tonic y el ambiente más decadente de España y este que escribe prefiere el copazo al porrazo. Ya les contaré otro día.

Nota del Insustancial: El título del post fueron las palabras con las que José María Atutxa, consejero de interior de Euskadi en 1998, definió la historia de Bartolín y que vienen ni al pelo por su enorme carga semántica.