Muchas veces se habla de nuestro país y de su trayectoria como la de un tren. Un simil que sería muy moderno cuando lo pronunciaba Ortega o se comentaba como enorme metáfora entre los asistentes a las tertulias del Pombo o de Gijón. El tren era moderno y servía para hablar de un recorrido, de hacer unos raíles, de ir rápido, lento o de pillar bien las curvas. A mi me da la sensación de que la historia de España, es como el recorrido del Tren de la Bruja. En medio siempre hay un túnel donde hay un yonqui esperándote para zurrarte con una asquerosa escobilla de wáter en la cara.
Cambia yonki por un Rouco azotándote con una escobilla manchada en repugnante moralina, cambia Rouco Varela por un grupo mediático armado con la escoba del revisionismo histórico más repugnante que muestra la cara de FJ Losantos o de César Vidal. Cambia todo eso por la imagen de Franco armado con un pistolón en una mano y un rosario en otra y ya lo tienes. Vale, es un simil traído por los pelos, porque el túnel del franquismo era real y duró cuarenta años (más o menos) pero a mi me vale.
Ayer el Juez Baltasar Garzón (y digo el nombre por si os confundís con el otro juez Garzón...vale no hay otro, sólo hay uno, sólo quería comprobar que estábais atentos) certificó que Franco, La Bruja, estaba muerto. Él y sus 45 compinches en eso de dar un golpe de estado. No está mal que eso se haga el día 19 de noviembre, un día antes de que se conmemore la muerte del ancianito sanguinario. Con mucha sorna la simpática derecha se abrió ayer en canal para decir que no era necesario, que ya era sabido que estaba muerto…¿En serio?
Vale, en las ferias cada vez es más difícil encontrar un Tren de la Bruja pero, espera, si Franco está muerto de verdad ¿Qué problema hay abrir fosas? ¿En que la historia señale a los culpables? ¿A los compinches? ¿Qué daño se le puede hacer el difunto funeralísimo?
Tip y Coll, seguramente la pareja cómica española que más tétricamente representaba la obligada convivencia de las dos Españas (Tip era un reconocido franquista que saludaba el paso de las manifas fachas por la puerta del Restaurante José Luis levantando el brazo en plan romano y Coll un rojeras que jugaba al billar español con Felipe González), firmaron a pachas un libro llamado “Tipycollorgias” (círculo de lectores) que si hubiera justicia sería considerada la versión de “Sin plumas” de Woody Allen. Entre los muchos y chiflados textos se encuentra una lista de epitafios (falsos) de personajes famosos. Destaca el de Franco: “Si la muerte es una liberación yo hice libres a muchas personas”.
En realidad, lo que era sólo una broma, pronto (a golpe de libro hagiográfico y enésima revisión derechista) se va a convertir en la siguiente justificación para honrar la memoria del dictador. Franco no era tan malo…mandó a mucha gente al cielo con nuestro Señor.
Franco, en plan zombie, necesita ser asesinado una vez después de muerto físicamente. Hoy Antena 3 le monta un pedazo de largometraje donde escucharemos lo siguiente: Franco veía como irremisible el proceso de democratización de España una vez diluida la amenaza del comunismo que suponía la República y le quería entregar el poder a su heredero legítimo. Era su entorno, señora, hija, suegro, nietos, asesores los que querían otra cosa: el continuismo, el trono para Alfonso…
Una manera como otra cualquiera de retratar a un ancianito amable, de buenos sentimientos, demócrata en el fondo, emocionado con la posibilidad de una España moderna, de un hombre que tomó la senda equivocada para alcanzar el siglo XX pero, que sin duda, lo hizo por amor a todos nosotros y que identificó como nadie a los enemigos de la patria. Otra cosa es todo lo que tenía alrededor…claro, mucho peor.
Las diferencias entre las maneras en que los alemanes han revisado su historia por medio de películas como “El hundimiento” o “Stalingrado” y la forma en que lo ha hecho el cine, la tele o la literatura en España es palpable: En Alemania nadie duda de que Hitler era un chiflado sanguinario, con fijación anti judía que acabó destruyendo la fibra moral de su país. Aquí, cuando escucho a alguien decir “mejor Franco que esos rojos”, “fue el que consiguió la paz social”, “hizo muchas casas para los pobres” y otros simplistas argumentos que esgrimen personas que se nombran así mismas como “intelectuales” me dan ganas de vomitar.
¿Quién se niega a que cojamos la pala y la linterna para escarbar en la verdad del Franquismo? Pues los que suelen decir que este tipo de asuntos “abren un debate que enfrenta a los españoles”. Nada más absurdo ¿En serio? Sí, claro, si se abren los archivos y las fosas muchos tendrán que reconocer públicamente que sus cariñosos abuelitos dispararon contra este o aquél no en el campo de batalla, no en plan General Custer en Little Big Horn, si no aquella noche en que sacaron a unos cuantos desgraciados de dentro de un camión y les dispararon a la orilla de una fosa. Nada honroso, por cierto.
Dave Eggers, uno de los mejores escritores norteamericanos de su generación, tiene una revista llamada McSweeny´s. Es una de esas revistas que uno desearía se pudieran hacer aquí, en este lado del Atlántico. Eggers junto a gente como Chabon o el desaparecido David Foster Wallace publica esta extraña revista de formato cambiante dedicando cada número a un tema. La recopilación de algunos cuentos de Eggers se puede encontrar en el fantástico volumen Guardianes de la intimidad (Mondadori) traducido a nuestro idioma. En el cuento “Tu madre y yo” podemos encontrar la forma de acabar con tanta cháchara sobre el Franquismo atacando a la razón misma del problema. Ahí va:
“Supongo que en gran parte lo que hicimos, lo que hizo posible mucho de todo esto, fue eliminar la naturaleza bipolar de eso que solía pasar por debate. Con frecuencia los medios de comunicación tomaban incluso la idea más lógica, como la financiación privada de los estadios deportivos o que la universidades exigieran cuarenta horas de servicios comunitarios para licenciarse, y conseguían que pareciera que existiesen dos enfoques igualmente convincentes para la cuestión. De modo que hicimos que no perdieran la perspectiva de las cosas en lugar de volver loco a todo el mundo y polarizar todos los debates. O sea, llegó un punto en que no podías cambiar una bombilla porque la prensa encontraba el modo de sacar a relucir al único lunático del planeta que no quería que se cambiara. Así que los sentamos a todos, a todos los miembros de los medios de comunicación, y les dijimos: “mirad, todos queremos progresar, todos queremos un mundo mejor para nuestros nietos y demás. Sabemos que necesitaremos mejorar el consumo de carburantes de los coches y que todos los críos necesitarán un programa de enseñanza especial para niños con carencias, y vamos a necesitar desfiles semanales en todos los pueblos y ciudades para mantener la moral y tendremos que deshacernos de la norma del strike tres y los mínimos obligatorios y la ejecución de los prisioneros retrasados…Todo ello tendrá que ocurrir antes o después, así que no os dediquéis a exagerar vuestra oposición. No vayáis por ahí exaltando al personal”. Seguro que en el tercer párrafo decían algo así como: “No todo el mundo está contento con la legislación antilinchamientos. Hemos hablado con un representante local al que lo le hace ni pizca de gracia…”. En fin, los sentamos a todos, servimos algunos bastoncitos de zanahoria y cebolla para mojar y en un par de horas tu madre y yo lo habíamos solucionado”.
Me parece un buen comienzo para comenzar a enterrar al zombie gallego y seguir nuestro camino. Mientras tanto tendremos que vivir con todas esas declaraciones ambiguas y ambivalentes, todo ese ruidito de sables de cada 20-N que se materializa solamente en unas cuantas palizas, en unos cuantos libros, si no en muchas frases horribles que, voilá, se cuelan en nuestra vida diaria, nos amargan la comida, nos enchufan al desatino, nos anclan al pasado de la peor manera. No hay que olvidar, hay que enterrarlo con los deshonores que se merece de una vez por todas. Convertir la historia de España en un avión (que sube, baja, va a donde quiere) y dejar de hablar de trenes (Siempre siguiendo el rail) comienza por eso.
Ya sabes: Franco está muerto (si tú quieres).