No hay nada peor que las "chaquetas de domingo" que se ponen los políticos en los mítines. Son esas chaquetas como de sport, sin cuello, de ante o de plastiquillo caro que se llevan con una camisa sin corbata. Quieren transmitir cercanía pero a mi sólo me transmiten "me viste mi peor enemigo, un enemigo malvado que quiere que quede como un cochino mentiroso y que quiere evidenciar que esta chaqueta es nueva y que no me la pondría ni para sacar la basura". Alguien debería de hacer algo contra esas chaquetas y contra los miembros de la izquieda abertzale que se empeñan en vestirse como si estuvieran a punto de salir a conquistar el Aconcagua. La ropa que es cómoda para ir a ver a tu bisabuela al asilo o para tirar cócteles molotov a veces no es la más adecuada para otros menesteres.
Los intentos de modernización de la imagen de nuestros políticos suelen ser un poco caricaturescos. Ibarretxe lleva toda la campaña electoral equiparándose con Mr. Spock. Es el típico chiste que dice "soy cercano y me río de mi mismo" pero, yo que se, para muchas personas estará diciendo "no tengo ni puta idea de que Mr. Spock era un bicho frío, con dificultad para entender los sentimientos humanos, venido de un planeta lejano y que, en el fondo, no era más que un personaje secundario crecido a la sombra del Capitán Kirk". Por suerte para él, los dirigentes de su partido se parecen más bien poco a William Shatner y tienen más pinta de haber salido de la tribu Klingon más cercana. La campaña publicitaria, por lo tanto, lo que revela de manera evidente es que en el PNV son más de Star Wars, aunque se han apropiado del saludito de la serie y, me imagino, que también estarán mandando un subliminal mensaje de "paz y prosperidad". Ni que decir tiene que nadie ha informado al Lehendakari que, en realidad, el Enterprise es una nave de combate, espero que no sea de los que creen que el asunto se arregla con un par de bombas de fotones.
Como lo de los personajes fantásticos está de moda en Euskadi un tipo entró ayer en un bar de Batasuna armado con una maza como la de Thor y la emprendió a golpes con una máquina de café (de marca italiana y, por lo tanto, imagino que desinformada sobre el local donde prestaba servicio) y con todo lo que encontró a su paso. Al parecer el asunto no se produjo por el precio de la comanda, el ruido del local, el mal servicio o que al hombre le hubieran metido garrafón en el txacolí, o droga en el cola-cao, si no porque unas personitas habían empapelado su localidad de residencia de carteles donde lo acusaban de ser un "agresor fascista". Pese a los momentos cienciaficcioneros que corren en el Pais Vasco la Ertzainza se personó en el lugar de los hechos a los mandos de coches patrulla convencionales. La gente esperaba que lo hicieran utilizando un ingenioso dispositivo de teletransporte pero, al parecer, la única cápsula desarrollada con esta tecnología ha sido cedida por la Academia de Arkaute al Museo Guggemheim donde un incidente con el etiquetado del embalaje ha permitido que, en un primer momento, fuera utilizada como urinario público y no como pieza de exhibición. La única víctima de este error ha sido Arnaldo Otegui que entró a utilizarlo y desapareció sin que se sepa donde ha vuelto a materializarse, pudiendo estar en la China Popular (donde al parecer podría estar trabajando con el nombre clave de "Alnaldo de Mondlagón") o pactando la propia autodeterminación de su domicilio del bloque de viviendas por culpa de la abusiva derrama que la Junta de Vecinos exige al ex dirigente.
A estas alturas nadie duda de que el Museo Gugguenheim es, en realidad, un trozo del Ayuntamiento de Krypton y que su influencia ha sido decisiva para que Euzkadi parezca una sucursal del Parque Warner.
En la centralidad seguimos pringados en una trama clásica con tintes detectivescos. Dije en algún momento que lo del PP (digo "lo" porque no hay quien se aclare) era más o menos el avance de la siguiente temporada de "Perdidos" pero, al parecer, se parece mucho más a "Quemar después de leer" (Coen Bros., 2008) más que nada por la impecable labor de la comisión de investigación del Congreso regional y la altísima talla de los espías y los personajes protagonistas de la narración principal que a estas alturas ya tiene tintes de película coral. Tenía razón Mr. Ibarretxe cuando dijo eso de que "Madrid está a 400 años de Bilbao en lo que a modernidad se refiere". No dijo si eran años vulcanianos o terrestres.