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jueves, 20 de agosto de 2009

Resacón en las Vegas


Hace algunos años entrevisté a Ben Stiller y Owen Wilson en Londres cuando ambos estrenaron la versión cinematográfica de Starsky & Hutch. En el planning también entraba una entrevista con su director, Todd Philips, pero ninguno de los periodistas que estaban convocados conmigo se quedó para entrevistarlo aduciendo que no era demasiado interesante para sus publicaciones.

Yo sí me quedé...no lo hice por profesionalidad ni por nada parecido porque yo sabía que tampoco podría colocar una entrevista con un director casi desconocido cuyas dos películas anteriores (Old School y Road Trip) habían pasado desapercibidas. Lo hice porque el tipo me cayó muy bien. Como media hora antes de entrar en el Hotel Dorchester, donde estábamos convocados y donde creo que se alojaban los tres, había coincidido por casualidad con él y me había pedido un cigarrillo. Fue una charla corta pero muy divertida y me pareció buen tipo. Además, tenía otra razón de peso: durante la entrevista con Stiller y Wilson el primero me había preguntado que de donde era y le dije que de España. El tipo se sorprendió y me dijo que había estado viviendo como cinco o seis meses en San Fernando (Cádiz) cuando estuvo rodando "El Imperio del Sol" (Steven Spielberg, 1987)...le pedí diez minutos más y me los concedió a cambio de algo que tenía que ver con el flamenco y con hacer el ridículo.

El caso es que estuve charlando con Philips en una de las terrazas del Dorchester con un par de cervezas inglesas y unos cigarrillos. Hablamos de comedia y de documentales (Philips rodó "Frat house", un estupendo documental sobre las fraternidades universitarias para la serie America Undercover) pero sobre todo de John Landis, un director que me parecía que había influído mucho en sus películas y que, al parecer, Philips tenía entre sus favoritos.

En realidad ambos directores se parecen bastante: ambos son buenos directores, con mucho oficio, extraídos del ambiente de las escuelas universitarias de cine y ruedan comedias de forma clásica aunque sus temáticas siempre sean un poco pasadas de vueltas. Les une la pasión por la musica y las escenas de acción que tienen que ver con coches y un largo etcétera.

Como ya ha pasado con otros títulos de comedia norteamericanos de reciente estreno una película que se titula sobria y gráficamente "The hangover" ("La resaca") ha acabado titulándose "Resacón en Las Vegas". Vale, la peli va de un resacón y ocurre en Las Vegas pero es de un hortera que echa para atrás...Philips ya ha sufrido ese mismo trato con Road Trip (que aquí se llamó "Viaje de pirados") y Old School (titulado aquí sucintamente "Aquellas juergas universitarias"). Un trato parecido ha sufrido la divertidísimo "Hot Rod" (Akiva Schaffer, 2007) que aquí se llamó "Flipado sobre ruedas" y que se vendió como una especie de segunda parte de "Pasado de vueltas" (Adam McKay, 2006) que, ops, tenía como título original "Tallageda nights: The ballad of Ricky Bobby" (Noches de Talladega: La balada de Ricky Bobby).

"Resacón en Las Vegas" es, sin duda, una buena película que adolece de un fallo que suele acompañar a Todd Philips: se nota que le han metido la tijera. Es cierto, en todas las películas de Philips se adivinan saltos no explicados de tiempo y personajes que aparecen y desaparecen sorpresivamente dando la sensación de que todo eso que nos hemos perdido acabará, de algún modo, en los extras de la edición de DVD. La norma no escrita, y tampoco muy exacta, de que una buena comedia tiene que durar por narices 90 minutos parece no ir con Philipps que suele rodar más material del exigido. No tendría que haber nada malo si la película es buena como en este caso.

La sinopsis no dice mucho en sí: tres colegas de toda la vida y el hermano de la novia del homenajeado deciden pasar una noche en Las Vegas jugando, bebiendo y haciendo el monguer. Un comienzo que también comparte con "Very Bad things" (Peter Berg, 1998) y remotamente con "Despedida de soltero" (Neal Israel, 1984).

El caso es que, contraviniendo las normas del género cómico e inventando una especie de crossover con el thriller, los protagonistas despiertan en su suite del Ceasar Palace´s, donde se desarrolló parte de "Rain man" (Barry Levinson, 1988) que es convenientemente homenajeada, completamente destrozada. Lo malo no es eso: un tigre en el baño, un bebé en un dormitorio y la desaparición del novio son el aliño del "rude awakening" (término anglosajón que significa "duro despertar" pero que define ese momentazo en el que despiertas todavía borracho y muy bien sin saber donde en medio de un escenario destruído...sirvió como título para una canción espectacular del grupo The BellRays que sirvió como sintonía para la descacharrante teleserie "Pasados de vueltas").

Si en "Jo, que noche" (Martin Scorsese, 1985), su protagonista se enfrentaba a una noche de juerga que acababa convertida en un infierno, en "Resacón en Las Vegas" los protagonistas se enfrentan a las consecuencias de una noche de la que no recuerdan absolutamente nada, una especie de screwball comedy inversa en la que estos desastres traen consigo otros desastres.

Y es aquí donde la película adquiere sus tonos más "landisianos" y que recuerdan bastante al recorrido nocturno de Jeff Goldblum y Michelle Pfeifer en "Cuando llega la noche" (1985, John Landis porque los protagonistas tendrán que resolver un delito, las iras de un Tyson sobradamente airado y también las de un grupo de chiflados orientales armados hasta los dientes.

La tripleta de actores masculinos funciona muy bien: Bradley Cooper (The wedding crashers, The Yes man... ), ese guaperas llamado a hacer hasta ahora siempre de pijo malvado y trepa de risotada inquietante y malrollera, hace aquí de cínico compulsivo clavando el papel de "payaso listo" mientras que Ed Helms (el grasiento Andy Bernard de The Office) clava su papel de apocado dentista metido en una relación sentimental destructiva haciendo la labor de "payaso tonto". Cierra el grupo el nuevo descubrimiento de la comedia que no es otro que el "Payaso ausente" personificado en el personaje de Zach Galifianiakis, hermano de la novia con problemas de alcohol y de drogas; y desastre andante con pasado oscuro que le impiden estar a menos de 50 metros de un colegio y decir frases como "la semana que viene no puedo quedar porque los Jonas Brothers vienen a la ciudad".

El único papel secundario de mención es el de Heather Graham, que hace de streaper y antentos los fans enseña un pecho, que ha sufrido más que ninguno de los otros tres los rigores de la mesa de montaje quedando su personaje reducido casi al mínimo.

Carreras a través de Las Vegas, en una ciudad que es fotografiada de día (curiosamente, en plan CSI) y donde se desarrolla una historia divertida, bien contada, aderezada con mucha cinefilia de blockbuster y con algunos momentos brillantes que consiguen que te rías de puro nerviosismo como en las secuencias en la que los tres treintañeros talluditos tienen que encargarse del bebé.

Si "Supersalidos" y "Lío embarazoso" representaron la llegada de una nueva comedia americana y Kevin Smith sigue empeñado en crear la nueva comedia romántica de extrarradio, sin duda Todd Philips es el alumno aventajado de esa otra comedia absurda llena de accidentes de coche, golpes y alcohol ataviada con buena música y una factura técnica brillante y macarra que ya explotan otros directores como Jay Chandrasekhar (con menos éxito) y que comparte más ADN con otros productos televisivos como la malograda "Arrested development".

jueves, 4 de junio de 2009

David Carradine (1936-2009)...rey de los macarras


El cine Navacerrada ponía películas de artes marciales casi todas las semanas porque la juventud de los 80 vivió un idilio con ese tipo de películas y con las de navajeros. De ahí fue de donde mucha gente salía corriendo para apuntarse al gimnasio más cercano donde le enseñaran a matar a un hombre dos veces antes de caer al suelo o a impresionar a las pibitas rompiendo tablas con la cabeza.

Las películas de artes marciales eran un peligro. En general. Porque cuando salías a la calle siempre había alguien dispuesto a poner en práctica todas aquellas volteretas y puñetazos con el primer inocente que saliera del cine. Todavía recuerdo con escalofríos como unos cuantos adolescentes rodearon a un chiquillo, le pusieron una bolsa de palomitas GOL en la cabeza y se dispusieron a quitársela limpiamente de allí con una patada voladora. Creo que les costó tres o cuatro intentos, al parecer, no porque la peli no les hubiera enseñado bien la técnica si no porque el tembleque del chiquillo no permitía que la bolsa de plástico medio vacía se estuviera en su sitio. Los macarras occidentales estaban seducidos por la orientalidad, equivocando el camino del Tao y cogiendo el de la "hostia fina" pero en el camino que es de lo que se trata y todos, con más o menos pericia, querían imitar a sus ídolos de ojos rasgados ya fuera el inmortal Bruce Lee o cualquiera de sus ochocientas copias (Bruce Li, Bruce Le, Lee Bruce...y otros chinorris) o, incluso, el afamado y macarra John Liu del que Minchinela, Vigalondo y Lardín darán cuenta en esta cita que, de estar en Barcelona, no se deberían perder.

No es de extrañar que muchos actores europeos intentaran luego emular a los actores de ojos rasgados como Chuck Norris (en el papel de occidental con cintura de tronco de fuerza sobrehumana y final fatídico), Franco Nero haciendo de ninja en "La justicia del ninja" (1981, Menahem Golam) o ya más tarde Mark Dacascos, Michael "El Guerrero americano" Dudikoff o Jean Claude Van Damme entre otros.

Pero antes de que ellos fueran unas estrellas de videoclub y de que las películas de acción oriental y su inconfundible olor a linimento y puticlub tailandés fueran sustituídas en el corazón de los macarras de todo el mundo por las pelis de acción protagonizadas por culturistas de gesto facial inseguro y actuación dramática robótica (siempre he creído que en toda esta moda mucho tuvo que ver el rollo de las drogas de diseño y el crujiente mercado de los anabolizantes) ya había un tipo que, gracias a la colgadura de Hollywood había tenido los arrestos de interpretar el papel de un monje sao-lín pese a haber nacido en la muy occidental California. Se llamaba David Carradine y le quitó el papel protagonista de la serie televisiva "Kung Fu" a, nada más y nada menos que Bruce Lee.

Bruce jamás le perdonó a Hollywood semejante desprecio, ese y no darle el papel principal en "Green Hornet" para ponerlo a hacer de Kato (ya lo había hecho en Batman), y se vio obligado a emigrar a Hong Kong (siendo norteamericano de nacimiento) para convertirse en toda una estrella y volver a Occidente con las películas de artes marciales bajo el brazo.


David Carradine fue el primer actor occidental en hacer uno de esos papeles que mezclan paparrucha orientalista con hostias como panes de hogaza. Un tipo de la estirpe de los Lee Van Cleef o los Jack Palance, con cara de tipo duro o malo, con cara de dolor de estómago o de tener el alma negra. De ese tipo de actores con tanto caracter que acaban siendo adorados por la serie B porque con una mirada a cámara te ahorran todo un presupuesto de efectos especiales. Imposible no acordarse ahora de que fue el Frankenstein de "La Carrera de la muerte del año 2000" (Roger Corman, 1975) pero que también trabajó en "Boxcar Bertha" (1972, Martin Scorsese) o en la espectacular "Bound of glory" (Hal Ashby, 1976) interpretando al cantautor Woody Guthrie, que no le importó nunca autoparodiarse como hizo en "El Gran Stan" para mayor gloria del cómico Ron Scheneider y, claro está, que Tarantino (otro macarra criado a los pechos de los videoclubes de barrio americanos, no tan diferentes de los nuestros) le dio la golosina de un papel mítico y crepuscular que lo ha devuelto a una generación entera de espectadores.
Dicen que el tipo duro se ha colgado en un hotel en Tailandia y hoy todos los gimnasios del mundo, todos los cines de reestreno, todos los videoclubes de barrio y, claro está, todos los macarras del universo deberían de llevar una escarapela negra en señal de respeto.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Guerra a los Guardianes de la fe










La Asociación humanista de Londres (nada que ver con el Partido Humanista de aquí) ha estado recogiendo fondos para una campaña publicitaria que será visible en 30 autobuses de Londres y que tendrá este lema: "Probablemente no hay Dios. Así que dejad de preocuparos y disfrutad de la vida". Entre los implicados, como no, Richard Dawkins que había garantizado que, de no alcanzarse los 7.000 euros necesarios, él mismo los pondría de su bolsillo. No va a hacer falta porque ya se han recaudado 35.000 leros para el asunto.



Ni que decir tiene que ya ha habido asociaciones religiosas que han denunciado la inconveniencia de esta campaña y que el asunto ya está creando la controversia deseada antes, incluso, de que se se haya puesto un cartel en circulación.


Cuando curraba en FHM (no he encontrado el cartel real pero era igualico que esta edición USA) recibimos la llamada de un señor de Bilbao que nos exigió reiteradamente la retirada de una publicidad de la revista que estaba enfrente de su casa. Decía que muchos niños pasaban por esa calle de camino al colegio y que no era decoroso que tuvieran que "soportar" la imagen de una señora desnuda, decía que se sentía personalmente turbado porque cuando abría la ventana se daba de bruces con aquella hembra arrodillada en posición lúbrica con sus partes pudendas escondidas apenas por un bikini que no dejaba nada a la imaginación...si lo escuchabas un rato te dabas cuenta de tres cosas:



1. Estaba más preocupado, en realidad, por él que por los presuntos niños inocentes.




2. No tenía una vida sexual declarada muy activa.




3. Se podía haber ganado perfectamente la vida escribiendo guiones para empresas de teléfonos 803 por lo bien que se le daba la descripción de los cuerpos de otros.



El señor en cuestión hizo también un torticero uso de la Constitución Española diciendo que nuestra campaña violaba el artículo 18 en su apartado 1: "Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen". Una interpretación torticera claro que, sorprendentemente, leímos y escuchamos de otros cinco o seis preocupados y consternados ciudadanos que, más o menos, venían pedirnos la retirada de nuestra publicidad a nivel nacional porque en su calle había una iglesia, un convento, un colegio o una institución pública que, sabían de buena tinta, estaba siendo soliviantada en sus derechos constitucionales.


Al poco tiempo de destapó el pastel y alguien de la página web hazteoir.org nos hizo llegar el típico e-mail amenazante donde se nos informaba que representaban a más de no se cuantos miles y miles de familias en todo el territorio nacional y que si seguíamos mostrando muchachas ligeras de ropa nos iban a empurar. O sea, que todo formaba parte de una especie de campaña de adhesión. Cuando ocurre eso, ya trabajé en una cadena de televisión que recibía llamadas para quejarse por contenidos inexistentes:


Damnificado: "Oiga, que llamo desde la Asociación de Padres de no se donde que resulta que una de sus presentadoras dijo ayer que el sexo oral era muy sano y queremos protestar y pedir la retirada del programa".


Insustancial: "¿Pero eso lo ha visto usted?".


Damnificado: "No, me lo contó una vecina, que lo había visto su hijo y llamo para protestar porque es indignante que...".


Insustancial: "Le aseguro que eso no se ha dicho pero, si quiere, puedo mandarle la cinta del programa de ayer en VHS para que lo compruebe...".


Damnificado: "¿Me está usted diciendo que mi vecina miente?".


Insustancial: "Sí, o eso, o que su hijo estaba viendo otra cadena".


Damnificado: "Pues que sepa que la Asociación de Padres de Nosedonde asocia a cientos de familias de la Cuenca del Río nosequé que se van a borrar de su cadena por esto...".


"Insustancial:"¿Exactamente, para hacer el informe digo, cuántas familias dice que están asociadas?".


Damnificado: "Le diría que cerca de 1000 familias...".


Insustancial: "Muy bien, si es así, mandaremos inmediatamente un burofax a nuestros abogados para que comprueben el el Registro de Asociaciones de Padres el número exacto de socios y le hagan llegar la cinta por los cauces habituales".

Damnificado: "¿Abogados dice? No hace falta...lo que queremos es que ustedes se retracten"


Insustancial: "Y lo haremos en caso de que su historia sea verdadera. Mire esta cadena pertenece a una importante multinacional que no puede permitirse una campaña de descrédito público y, por lo tanto, en caso de que lo que diga sea falso lo normal es que los demanden económicamente por daños y perjuicios.

Damnificado: ¡Clink! Tú-tú-tú. Tú-tú-tú.

Los Guardianes de la Fe solían salir corriendo a la primera trola ("vamos a comprobar el registro de asociaciones...") pero, la verdad, eran bastante existentes y demostraban una imaginación calenturienta (presentadores desnudos, chorras al aire, pezones visibles, llamadas al sexo libre y gratuíto...) o una escrupulosa observación de las unidades de medida (ropita demasiado corta).



Cuando curraba en un videoclub me encontré también con algunas personas de ferrea moralidad. Gracias a ellas el establecimiento ganó una barbaridad de dinero alquilando "la última tentación de Cristo" (1988, Martin Scorsese). El cura de la urbanización lanzó el bulo de que la cinta reproducía imágenes de Jesucristo jugando con los apóstoles a cosas feas, escenas porno protagonizadas por María Magdalena y otras lindezas por lo que, en cuanto se puso la cinta en los estantes, el buen señor, acompañado de otras dos señoras se presentó en el local para comprar todas las copias y que así no dañara la imagen de la Iglesia Católica. Tras la negativa las alquilaron montando mucho pollo y advirtiendo que no las devolverían. Al día siguiente los jefes compraron siete copias que salían todos los días escondidas entre los clásicos Disney o las pelis de Chuck Norris para ser devueltas con un "oye, que no sale nada de lo que decían por ahí, vaya timo". Pues no. Como dice la Biblia: "Si no te gusta lo que ven tus ojos, arráncatelos". Eso es siempre mejor que andar tocándole las narices al prójimo. En realidad no es extraño que uno de estas personas crean que han visto algo que, en realidad, no existe y de ahí lo de la mermelada (o era foie-gras) de Ricky Martin, las noticias sobre la defunción de Steve Urkel o la de aquello de cierto famoso cantante que ha entrado esta misma noche en las urgencias de un conocido hospital con un objeto extraño metido en su ano...ver a Dios es mucho más fácil que ver en la programación de Disney un pezón suelto. Lo aseguro.