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viernes, 27 de septiembre de 2013

Armados y cabreados ( Bobcat Goldthwait, 2012)


Bobcat Goldthwait tiene una de esas trayectorias cinematográficas que, están tan apegadas al momento en el que se hacen, que es complicado que no resulten tachadas rápidamente como dañinas, exageradas o perjudiciales por sus contemporáneos.

Si has visto “Los perros dormidos mienten” (2006) o “El mejor padre del mundo” (2009) sabrás que son películas correosas de digerir, negras como el carbón y fuera de los límites de lo políticamente correcto. Cuando digo esto último quiere decir que, de verdad, están fuera de esos límites porque Goldthwait no juega al juego de provocar si no que se limita, con maestría, a hilar unas comedias tan unidas a la realidad y tan conocedoras de nuestros defectos como seres humanos que su sorpresa reside en que rompen por completo el pacto implícito y secreto que se establece entre el espectador y la narración donde el primero adivina unos segundos antes cuál será la reacción de los personajes.
Solo unos segundos antes. Te sientas ahí y esperas que los personajes de la película reaccionen como héroes ante la adversidad o que revelen el gran secreto de la existencia o que se sacrifiquen por el equipo o que descubran que la chica fea, en realidad, es un bellezón cuando se quita las gafas y la coleta y que por eso la han invitado al baile…aquí, no esperen esa piedad, ese optimismo o esa esperanza sobre el ser humano. Lo mejor de los personajes creados por Bob Goldthwait es que suelen reaccionar mal que es como suele reaccionar la gente que se ve envuelta en alguna situación que no comprende o que le supera.

El protagonista de “Armados y cabreados” (originalmente titulada “God bless America” y aquí sufriendo el hecho de que las distribuidoras tienen a bien poner títulos gilipollas a las comedias) es Frank (Joel Murray, hermano de Bill Murray) un apocado trabajador de una aseguradora. Está divorciado y tiene una hija que no quiere verlo porque se empeña en llevarla al zoo y hacer actividades en lugar de estar en casa jugando a la videoconsola. Por las noches no puede dormir porque tiene migrañas y porque sus vecinos se pasan el día discutiendo e intentando hacer callar a un hijo desatendido aún más ruidoso que ellos. Frank, además, vive aterrorizado por la programación televisiva y por lo que ve en ella: concursos de “talentos” que patrocinan a frikis para ganar audiencia, una enorme variedad de reality-shows chuscos y unos programas informativos y de debate donde la estulticia campa a sus anchas en un clima de gritos, mala educación y posicionamiento político radicalizado y polarizado que no puede soportar.


Tras algunos avatares (evitaré el spoilerazo) se ve envuelto junto a una preadolescente tan crítica con el país en el que vive como él llamada Roxy (Tara Lynn Barr) en un tour por los Estados Unidos que, sin rumbo fijo, tiene el objetivo de ir eliminando a la gente más molesta que se encuentran en su camino.

En “God bless America” se cruzan “Al final de la escapada” (Jean-Luc Godard, 1969), “Un día de furia” (Joel Schumacher,1993), “Bonny and Clyde” (Arthur Penn, 1967), “Asesinos natos” (Oliver Stone, 1994), “Pulp Fiction” (Quentin Tarantino, 1994), “El profesional” (Luc Besson, 1994), “Ocurrió cerca de su casa” (Rèmy Belvaux, André Bozel, Benoit Pooelvorde, 19929 , “American Dreamz, Salto a la fama” (Paul Weitz, 2004), “Network, un mundo implacable” (Sidney Lumet, 1976), "Trabajo basura" (Mike Judge, 1999) y un largo etcétera de menciones cinéfilas que hacen que la película sea una pieza de ritmo continuado pero que salta desde el más lento del cine independiente y de autor hasta la acción y donde las menciones directas a la cultura popular norteamericana van saltando de Woody Allen a Alice Cooper o a George Bush Jr.

Se identifican otros motores para la trama que avanza a golpes de dos escuelas de la filmación de la violencia, la poética de Peckimpah y la más gráfica y "comiquera" de Tarantino, del mismo modo que la propia trama avanza engrasada por un desmadre a lo John Waters (El de "Los asesinatos de mamá"(1994) donde una ama de casa intenta imponer su visión del mundo a toda la ciudad de Baltimore) al que sobrevienen momentos de reflexión que nos recuerdan a la visión comedida -en términos de movimiento de cámara y disposición de personajes en el encuadre- de Jim Jarmusch . Curiosamente, y aunque suene como una especie de "coitus interruptus" continuo o una especie de indecisión a la hora de hablar de ritmo, esa duplicidad es el código ideal para una película marcada por unos personajes -todos los personajes- a los que es imposible encasillar dentro del grupo de "buenos" y "malos".    



La única duda que me asaltó viendo “God Bless America” es la misma y algo prejuiciosa que tenemos ante este tipo de narraciones tan honestas: ¿No me estarán sermoneando vilmente?

La respuesta es no, en tanto en cuanto, la película no incluye ninguna moraleja en todo su metraje, ni tampoco señala a ningún culpable, si no que, más bien, va haciendo cada vez más evidente la cuestión de que unas redes sociales convertidas en caja de resonancia de cuchicheos y maldades, que una televisión repleta de programas estúpidos, que una celebración, a su vez, de estos comentarios estúpidos en todo tipo de charlas banales de oficina que giran alrededor del éxito de youtube donde alguien hace el ridículo y un largo etcétera de espectáculos dañinos y penosos son más un síntoma (“El típico espectáculo como el circo romano que aparece en la decadencia de una civilización” dice Jack) que un aviso. Si Goldthwait no sermonea –como sí se sermonea descaradamente en otros géneros más prestigiosos que el de la comedia- es porque está más preocupado por mostrarnos un mundo real y absurdo que parece que, en lo que a su orden se viene abajo,  que en señalarnos a los culpables. De hecho en toda la película se cruza con el por qué con el  que las victimas de Jack y Roxy les piden explicaciones sobre su actitud con el por qué cada vez más agonizante de sus protagonistas que parece que tampoco tienen respuesta sobre lo que ha ocurrido realmente.
Unas preguntas que jamás se cuestionan los gustos de los demás si no, más bien, una pregunta más desasosegante que es: ¿Por qué disfrutas viendo/haciendo/participando de esas cosas? ¿Por qué no te callas la boca en el cine? ¿Por qué usas la palabra "feminazi"? ¿Por qué estás mirando tu página de facebook en el móvil mientras hablamos? ¿Por qué mi hija cree que, con solo 9 años, tiene que tener un Iphone o una Blackberry? y, en definitiva, la más jodida de todas que es ¿Qué narices hemos hecho mal y donde perdimos los papeles? 

En la esencia de esas preguntas está una de las sorpresas de la película que parte  de cuestiones evidentes y que siempre son vistas a través de esos análisis de medio pelo que intentan cuestionar y culpabilizar al individuo a través del análisis de los comportamientos grupales (la alegre participación en la celebración del mal gusto en este caso)  para ir reduciendo todo a una cuestión más pequeña en presencia pero mucho más retorcida, jodida y personal que dirige a la audiencia: ¿Qué interés tiene la civilización y sus avances cuando no parecemos querer ser civilizados? 

Entiendo que la obra de Goldthwait resulta inmoral para los conservadores e incómoda para los que pudieran estar de acuerdo con el discurso aparente (insisto en que creo que es más un retrato bastante fiel a la realidad y como la realidad es negativa pues lo transformamos automáticamente en un discurso crítico exagerado) por parecer  agrio y combativo -algo así como le pasa a Moore con sus documentales pero, aviso, Moore señala culpables y Goldthwait no- pero en realidad es un llanto de rabia ante el panorama que vive Norteamérica que se agrava con la presencia de un patrioterismo barato (Tea Party, Libertarianismo, iglesias evangélicas radicales, etc.) que también es leído en clave de "síntoma" y no de "enfermedad" que no queda muy claro si se puede combatir. 


Ante la pregunta si el discurso o la definición de la actual situación de todo un país -de España me atrevería a decir, en tanto en cuanto, nuestra falta de interés por la preservación y la valoración de nuestra propia cultura popular nos convierte en el perfecto "país esponja" que absorbe todos los malos hábitos norteamericanos en cuestión de segundos- es demasiado ácido, combativo, exagerado (digamos, "políticamente incorrecto") y, por tanto, injusto y debería ser reconducido por su autor hacia un terrenos más conciliador, más dialogante o más flexible surge también otras preguntas importantes: ¿De verdad hay que tratar con cariño y comprensión a una gente que se comporta tan mal, que demuestra tan poca comprensión con todo lo que le rodea? ¿Si bajamos el tono del discurso acabarán comprendiendo que se equivocan?
¿Tiene derecho alguien que porta una pancarta donde pone "El SIDA es una plaga divina" ante la puerta de una clínica a ser más escuchado todavía? ¿Cómo es posible que el conductor-opinador de un programa que dedica el contenido del mismo a llamarnos anormales o criminales pida respeto para sus opiniones cuando demuestra tan poco tacto con las ajenas? 

Como Bobcat Goldthwait carece de discurso deja a estas preguntas sin contestación o esconde la contestación en pequeños detalles de la trama o, lo que es mejor, nos avisa de lo peligroso que es disentir para sobrevivir. Es más, incluso podríamos pensar que se nos está haciendo otra pregunta: ¿No te cansas de aguantar callado todo lo que pasa a tu alrededor? 

Jugando con fuego (Goldthwait es uno de esos tipos que consigue que la carcajada esté muy cerquita de la lágrima y que la risa sea a veces tontamente sincera y otras veces simplemente histérica) “God bless America” consigue que un adulto que no está en sus cabales que viaja por los Estados Unidos con una niña de 16 años matando gente que no les ha hecho “casi” nada –un asunto que parece feo pero que también dejaré fuera del spoiler…y mira que me está costando- te caiga bien y que, en el fondo, acabes entendiéndolos y queriéndolos porque son contradictorios, ridículos, naïfs, tontos y, en definitiva, humanos como todos nosotros. Y si esa tarea tan ardua se consigue a la perfección es porque los actores bordan sus papeles. Joel Murray completando magistralmente a un complicado personaje que es a la vez un asesino despiadado con las formas robóticas de Kitano pero, mostrando a la vez, una ternura y una comprensión al estilo de Willy Loman en "La muerte de un viajante" al que identifican las mejores virtudes que pensamos que tiene un padre y el de Tara Lynn Barr que también fluye entre la adolescente hiperactiva e inteligente que rechaza cualquier pensamiento único y prefiere aislarse de la corriente dominante pero, que, también muestra una faceta comedida y tierna en varios pasajes de la película. Así Frank descubre en su relación con Roxy una doble faceta de padre y educador -dirigido no hacia el bien si no hacia el mal pero igual que efectivo- que su propia hija rechaza y a Roxy al padre que no tiene miedo a tratarla como una adulta y que no le exige que se normalice. La pareja protagonista, y volvemos a la ambivalencia, se mueve a veces en la relación paterno filial  de Ryan O´Neal y Tatum O´Neal en "Luna de papel" (Peter Bogdanovich, 1973), otras, con muchísima sutileza, en la de  Bill Murray y Scarlett Johansson en "Lost in traslation" (Sofia Coppola, 2003) porque, en definitiva la cosa no va de gente mayor que se enamora de gente joven, y también, a veces, nos recuerda a Jeff Bridges y Hailee Steinfeld en el remake de "Valor de ley" (Joel y Ethan Coen, 2010)

Es una pena que el cine de este autor, que en “El mejor padre del mundo” consiguió que Robin Williams hiciera una de las mejores interpretaciones de su carrera y que de ser este un mundo justo hubiera tenido que haberse coronado con varios premios…incluso el Nobel para la propia película, sea tan desconocido en nuestro país y en el resto del mundo, que su visión ácida y crítica lo aleje de las grandes audiencias por la sencilla razón de que nadie está dispuesto a identificarse con sus personajes porque, como bien aconseja la protagonista de “Los perros dormidos mienten”, hay cosas que es mejor que se queden en casa haciéndole compañía a uno que sean del dominio público. 



Ya saben, si el espectador sospecha que el tipo o la tipa que está en pantalla es una copia de sí mismo, y no por buenas razones porque en el fondo todos tenemos una buena opinión sobre nosotros, es posible que rechace lo que ve y decida que le gusta más una de esas películas donde los buenos son buenísimos y los malos malísimos, donde las putas son princesas, los borrachos dicen la verdad y siempre existe la posibilidad de que el terrorista desactive la bomba que acababa de activar porque llega a la conclusión de que en la CIA también hay gente buena sobre todo porque, en el fondo, ese es el acuerdo tácito y no escrito que tenemos con la ficción: que nos de un respiro siendo un poquito compasiva. La gracia es que cuando esto desaparece tienes muchas posibilidades de reírte mucho por las razones adecuadas y certificar que “es gracioso porque es verdad”. Verdad de la buena y risa de la buena. Un poco amarga y un poco histérica pero muy sana. Prepárate para reirte y cuanto se asalten las dudas de sobre quién coño se están riendo recuerda que Bobcat Goldthwait se ríe de todo y de todos. Pero es porque no tenemos solución. Y eso también puede entenderse de muchas formas. 

viernes, 24 de junio de 2011

"Man of the year" (2006, Barry Levinson)


Uno saca muchas conclusiones viendo esta película de 2006:

1. las mejores películas de Robin Williams no acaban de estrenarse en salas comerciales en nuestro país.
2. Barry Levinson es un competentísimo director que ha vuelto a la senda de la muy interesante "Cortina de humo" con esta peli. 
3. "Toys" la dirigió, en realidad, su gemelo malo. 
4. Parece mentira que una película de 2006 esté, de pronto, tan vigente. 
5. Alguien ha fusilado muchos chistes y los ha colado en sus monólogos descaradamente. 
6. Un dato real: Robin Williams y Agustín Jiménez inventaron un mismo chiste casi a la vez. 

Tom Dobbs (Robin Williams) es un cómico que presenta un programa al estilo del de Jon Stewart o Bill Maher (yo creo que queda bastante claro que su personaje está influenciado por el trabajo de estos dos cómicos) que, un buen día, decide hacerle caso a algunos de sus espectadores y presentarse a las elecciones presidenciales americanas. Para ello concurre como "independiente" denostando a los dos partidos mayoritarios (Republicanos y demócratas) con la intención de darle un nuevo aire a las elecciones y presentarse no como un candidato real si no como una especie de apoyo moral para los americanos aprovechando los pocos minutos de gloria de su campaña electoral para lanzar un mensaje sobre la necesidad de renovar las instituciones gubernamentales y darle un nuevo aire a la democracia para que los políticos tengan más en cuenta a los ciudadanos que a las grandes empresas que pagan sus costosas campañas publicitarias electorales y que, a su vez, pagan a grupos de presión para que los congresistas y senadores voten a favor de sus intereses. ¿Les suena todo este barullo? 

Pese a no contar con opciones reales de alcanzar los 270 votos necesarios para convertirse en presidente (270 votos que se reparten entre estados que, a su vez, caen de uno o de otro candidato por medio de un endiablado sistema de votación que ríete tú de la Ley D´Hont) Dobbs quiere seguir en campaña para iniciar una especie de cruzada personal en contra de las tiranías de las grandes corporaciones. 

Mientras tanto, como historia secundaria pero determinante, se nos va contando que una importante empresa ha desarrollado un software con el que se podrá votar eludiendo la papeleta, la urna o el terrible sistema de pinchos y papeletas en forma de mariposa que provocaron los errores de la campaña electoral del año 2000  (Bush-Gore) pero, claro está, una ingeniera llamada Eleanor Green (Laura Linney) descubre que el sistema tiene un fallo que hace que uno de los dos candidatos vaya a ganar aunque sea el más votado. No es que el sistema esté trucado adrede es que, simplemente, tiene un fallo que, la empresa, se niega a solucionar por una sencilla razón: de descubrirse haría que las acciones de la empresa bajaran y, sobre todo, que la venta del software electoral a otros países se paralizara. Deciden dejarlo pasar. ¿Les suena? ¿Saben todas esas personas que abogan por el voto electrónico que, por ejemplo, se le podría encargar este proceso a una de esas enormes corporaciones que podrían sentir, de pronto, la necesidad de no arreglar un sistema informático fallido? A mi la posibilidad me dejó tieso. 

"Man of the year" nos lleva por los derroteros de la política ficción interesándose por detalles que, actualmente, tienen más vigencia que cuando la película se estrenó, sin ruido, hace cinco años. Es una película solvente con dos protagonistas de lujo y dos increibles secundarios: Lewis Black (que aparece frecuentemente en Tonight Show y Real Time) y Christopher Walken bordando el papel de representante de Tom Dobbs. A partir de ahí se defiende un guión que bien podría estar extraído de la experiencia electoral del cómico frances Coluche (que también se presentó a las elecciones de su país y se retiró ante la posibilidad de que la broma fuera más lejos de lo que había previsto)  y que envuelve el realismo, la posibilidad de que los Estados Unidos vuelvan a elegir a otro actor como presidente (Ronald Reagan, ¡la madre de Alá!) y unas cuantas preguntas éticas sobre la actual situación de la democracia y la mala salud de la clase política y empresarial. 

Una película que debería de verse desde la conciencia actual porque, aunque sea una película, aclararía las más básicas dudas de cualquier persona dispuesta a no meter la pata al hablar de política y, sobre todo, la posibilidad de pasar un buen rato. Como dice el amigo Paco Fox, "al final, las comedias americanas siempre acaban fallando en el tercer acto" y es posible que aquí así sea pero, chico, que camino más agradable. 

domingo, 13 de diciembre de 2009

El no siempre bien apreciado cómico Chevy Chase


Como muchos otros genios del humor Chevy Chase tuvo una infancia dura: su madre y su padrastro le zurraban de lo lindo. Chase contó en el programa de Letterman que su madre le pegaba todos los días cinco bofetadas a las cinco en punto de la tarde y que su padrastro lo tuvo encerrado una semana en el sótano cuando fue expulsado del instituto al intentar defenderse de un matón que lo tenía martirizado.

"Hacía el payaso para que me aceptaran en el Instituto". Cuenta Chase en su biografía oficial, la muy recomendable "I´m Chevy Chase...ad you´re not" (Rena Fruchter), además de otras lindezas como que la situación en su casa era tan mala (pese a que no se puede decir que fuera un chico de la calle) que consiguió desarrollarse como persona cuando su madre decidió meterlo en el Bards School, un internado.

Para seguir alejado de su familia Chase decidió inscribirse en la Universidad Pública de NY, pese a que podía pagarse una privada, y comenzar allí una nueva vida. No le fue mal, al poco tiempo coincidió con Christopher Guest que andaba buscando gente para organizar una banda de música. La experiencia fue corta pero Chevy siempre le agradeció a Guest que le diera una perspectiva de lo que podía hacer en el futuro: era un cómico bastante malo pero, al menos, los pequeños sketches cómicos que ambos improvisaban entre canción y canción, así como las imitaciones que hacían de músicos famosos, le acercaron a las tablas.

La escena teatral de los años 70 estaba un poco influenciada por la situación general del cine: lo alternativo molaba y una nueva generación de humoristas y guionistas afloraba aquí y allá montando pequeños espectáculos que, de pronto, se convertían en grandes éxitos. De pronto, como sostienen muchos actores de la época, los locos se hicieron momentaneamente con el control del manicomio.

Sólo así se explica que Chase, un primerizo, y el propio Guest (entre otros) estrenaran una pequeña obra llamada Channel One donde todos los números cómicos eran "emitidos" a través de seis televisores puestos en la escena. La obra tuvo tal éxito que rápidamente Chase encontró un nuevo reto, el que le ofreció la gente de National Lampoon.


National Lampoon, que provenía de la revista satírica universitaria Harvard Lampoon, fue fundada en 1970 y era una especie de MAD para jovenzuelos chiflados aunque le debía a la publicación primigenia su línea, su sátira y sobre todo su capacidad humorística. NL se convirtió rápidamente en la referencia de la extensa comunidad universitaria norteamericana y contó en su redacción con gente como John Hughes, Frank Frazetta, Boris Vallejo, Chris Miller y un largo etcétera de escritores y cómicos.

Como el negocio iba muy bien National Lampoon pronto traspasó el mundo editorial para expandirse hacia la radio, la televisión y el teatro.

Una de sus primeras incursiones en ese último campo fue montar Lemmings, una obra satírica sobre la cultura musical de los años 60 y que contó en su reparto con John Belushi, Christoper Guest y el propio Chevy Chase. Lemmings fue un éxito tan brutal que estuvo de gira más de un año por todo USA.

A la vuelta de la giera Chase abandonó la obra de teatro para largarse a Los Ángeles donde comenzó a escribir para diversos programas de éxito. ¿La razón? El dinero, claro está, y una difícil relación con su compañero de escenario: John Belushi.

El caso es que Chase comenzó una exitosa carrera como guionista y, de cuando en cuando, se permitía el lujo de hacer algún pequeño número en los programas donde trabajaba pero no mucho más. Una noche fue con su novia a ver la película "Los caballeros de la Tabla cuadrada y sus locos seguidores" (Terry Jones/Terry Gilliam, 1975) y la cola era tan larga que comenzó a hacer el idiota. Genio de la comedia física estuvo haciendo números para deleite de la cola que comenzó a partirse de risa...en dicha cola se encontraban Lorne Michaels y Rob Reiner. Ambos estaban, en ese mismo instante desarrollando el proyecto de Saturday Night Live para la NBC y se encontraban en Los Ángeles buscando gente para el reparto original. Michaels le preguntó a Reiner que quién coño era ese tipo y Reiner, amigo de Guest, le dijo que sabía que era un guionista que había actuado en Lemmings.

Se acercaron a él y le comentaron lo que estaban haciendo en la ciudad. Quedaron para el día siguiente en el Chateu Marmont Hotel donde estaban  haciendo una especie de casting. Paradójicamente ese sería el hotel donde el 5 de marzo de 1981 encontrarían muerto por sobredosis de speedball a John Belushi.

Chevy Chase, que no se consideraba así mismo un actor, dice que estuvo desastroso en la prueba y que le extrañó que, pese a sus malas sensaciones Lorne Michaels y Rob Reiner decidieran contratarlo. Es más, pese a que él mismo era un porrero declarado y ya había comenzado un primer flirteo con las drogas duras, el ambiente le pareció poco serio. El caso es que se marchó a casa con la sensación de que ambos eran unos chiflados que, de algún modo absurdo, le estaban levantando el dinero a la NBC y se estaban dando unas vacaciones a su costa. No aceptó el trabajo y se embarcó en una gira teatral. Durante todo el verano estuvo sufriendo cada vez que subía al escenario, dice que estuvo mal, flojo, que no encajaba así que, echando el resto y sin nada que perder (había perdido su trabajo en la tele por el teatro y no tenía nada donde agarrarse excepto las giras de stand up que odiaba) volvió a llamar a Lorne Michaels y le preguntó si el trabajo estaba disponible. Le dijo que sí.

Chase volvió a su NY natal a lo grande con un puesto de guionista principal de SNL y como una de las estrellas de su reparto que se había alimentado, básicamente, del grupo de teatro de Chicago Second City y de National Lampoon. Gilda Radner, Dan Aykroyd, Garrett Morrison, Larraine Newman...y John Belushi estaban en ese reparto junto a otros cómicos.


El programa sale al aire en octubre de 1975 y se produce una especie de convulsión nacional, los autodenominados "cómicos no aptos para una gran audiencia" se convirtieron en una sensación nacional. Fue en aquella primera temporada en la que se acuñó que el comienzo del programa fuera siempre un sketch que terminara con alguien diciendo aquello de "live from New York...it´s Saturday night!" (En directo desde Nueva York...¡Es sábado por la noche!) y la única sección fija: Weekend update. Una especie de noticiero en clave de farsa satírica. Chase se reservó los primeros comienzos del programa y también dicho noticiario donde hizo famosa la frase: "Hola soy Chevy Chase...¡y usted no lo es!".

Si les suena dicha frase es porque Emilio Aragón la utilizó en nuestro país en los años 80 en su programa "Ni en vivo ni en directo" que no fue más que su primer intento por traer Saturday Night Live a nuestro país. El resto, como ya saben, es historia.


El protagonismo de Chevy Chase, que acaparaba portadas y fama, no gustaba mucho al resto del equipo de actores. Belushi fue el más hostil hacia Chase y comenzó una especie de guerra particular con él, una lucha de poder enorme y de desgaste que Chase, más quebradizo, no pudo ganar. Belushi era un tipo carismático que contaba con el apoyo de todo el elenco mientras que la vida de Chase comenzaba a circunscribirse a la compañía de Lorne Michaels. Pese a todo Chase era el favorito del público era carismático para las grandes audiencias y representaba, un poco, al ideal de "buen chico norteamericano" además, para la década de los 70, era incluso considerado un tipo atractivo. Todo lo contrario de Belushi que arrastraba a la masa gamberra y, en cierto modo, marcaba ya el paso y la dirección de lo que sería SNL y que, en realidad, estaba bastante alejado de ser un entretenimiento para toda la familia. La competencia fue brutal entre ambos que, a su manera, se empeñaron en ser mejor que el otro.

La situación se hizo irrespirable para el programa que arrancó su segunda temporada con muy mal ambiente. Chase abandonó tras seis emisiones (aunque hizo cameos en tres episodios de aquella temporada) y todos los esfuerzos de Lorne Michael por mantenerlo fueron imposibles. En cierto modo era normal ya que la línea dura impuesta por Belushi, y que ha sido un acierto, se iba imponiendo cada vez más algo que a Chase (que siempre ha preferido un humor más blando) no le interesaba tanto. Algo palpable en su decisión de no participar en "Desmadre a la americana" (John Landis, 1978), una sátira chiflada de películas como "American Graffiti" (1973, George Lucas), en la que John Belushi aceptó el papel que lo lanzaría a la fama mundial, el del alcohólico outsider John "Bluto" Blutarsky.  

Chase, ya muy famoso, se volvía a Los Ángeles para casarse con su novia, Jacqueline Carlin, e iniciar una carrera como actor. Lo hizo en Foul Play (1978, Colin Higgins) una comedia romántica junto a Goldie Hawn que fue un éxito discreto (aunque con el tiempo este tipo de comedias se hicieron bastante populares). Mientras tanto a Chase le dio tiempo para colaborar como guionista en el especial de Paul Simon (producido y co-escrito por Lorne Michaels) que se haría con un Emmy -el segundo de la carrera de Chase- y para, literalmente, empaparse en alcohol y drogas que, cuenta, le servían para matar la frustración que sentía en su relación con Jackie Carlin.


Su siguiente película, Oh, heavenly dog! (1980, Joe Camp) también supuso otro enorme fracaso. Pero ese año se resarció participando en "El Club de los chiflados" (1980, Harold Ramis) una pequeña película cómica de presupuesto medio que recaudó cerca de cien millones de dólares pero que ha sido una de las más rentables de la historia ya que, casi automáticamente, se convirtió en una obra de culto.

Al año siguiente fallece John Belushi y Chase tiene un ataque de ira. Un cabreo fenomenal. Acude al entierro en shock y asegura en su biografía que se pasó los cinco años siguientes sin poder llorar.

En la década siguiente Chase alterna películas para el olvido con clásicos del humor ochentero como la saga "Las locas vacaciones de una familia americana" (1983, Harold Ramis) en la que encarna al padre de la familia Griswold que luego tendría su fantástica secuela en "Las locas vacaciones europeas de una familia americana" (1985, Amy Heckerling) y dos continuaciones en navidades  (1989) y en Las Vegas (1997) francamente olvidables y en películas como "Deal of the century" (1983, William Friedkin),  "Fletch" (1985, Michael Ritchie) que se hizo para que desarrollara todas sus capacidades actorales y que tuvo una horrible secuela llamada "Fletch revive" (1989, Michael Ritchie), "Espías como nosotros" (1985, John Landis) y "Los tres amigos" (1986, John Landis). Luego su declive culminaría con "Memorias de un hombre invisible" (1992, John Carpenter). Una película que debería de haber sido un pelotazo de taquilla, la vuelta de Chase a las grandes audiencias -incluso se contrató a la entonces super estrella Daryl Hannah- pero también la de John Carpenter, un director que seguía empeñado en quedarse en la serie B y que demostraba que no estaba llamado a hacer obras para grandes audiencias.


Su carrera cinematográfica no volvió a arrancar. En 1993, necesitado de un empujón de fama, decidió aceptar la oferta de la FOX para presentar su propio late show llamado "The Chevy Chase Show". La idea del actor era hacer una especie de SNL diario, algo chiflado que atrajera a sus viejos amigos hacia el plató, algo de buena música, diálogos inteligentes. En realidad ni siquiera creía necesario eso de sentarse detrás de una mesa para entrevistar a las estrellas que se acercaran al plató y pensaba en introducirlas en sketches y cosas parecidas. Todas muy buenas ideas que la FOX fue despedazando una a una por una sencilla razón: habían pagado una pasta a Chevy Chase para competir con Leno y Letterman y pensaban que podría hacerlo comportándose como un presentador normal. El asunto terminó en desastre. Después de 14 programas FOX decidió cancelar el programa y lo hizo en una fecha estupenda: antes de la fiesta por el 60 cumpleaños del actor.

Semi retirado y arrastrando todavía problemas de alcohol, aunque había sustituído la adicción a la cocaína por la adicción a los calmantes, se vuelve a Nueva York a vivir e ingresa en la clínica Betty Ford de donde sale completamente limpio.

Desde entonces solo acepta papeles que le permitan tener vida familiar. Hace apariciones pequeñas y cameos y se permite de vez en cuando ir al plató del 30 de la Quinta Avenida para hacer un cameo en SNL y echar unas risas con Lorne Michaels.


Su status de semiretiro lo convierte en la chanza de la comedia norteamericana y su mejor amigo, Steve Martin, dice en público que va a rodar una secuela de "Los tres amigos" por el simple placer de ver como Chevy Chase sale de su granja en silla de ruedas...de no salir dice que contratará a Nathan Lane para hacer su papel. Además de él otros se prodigan en las mismas bromas y mismos comentarios sobre su alargado retiro y la falta de suerte del cómico al que algunos compañeros de profesión tildan, de coña, como de maldito.

Pero nadie dijo que no quisiera volver y después de hacer un pequeño papel en la serie "Chuck" ha querido quedarse de nuevo en la televisión. Hace un papel secundario en "Community" la nueva serie de la NBC (su casa) que gira en torno a la vida de un High School llamado Greendale y que tiene fama de atraer hacia sí a todos los perdedores que quiera cursar estudios en varios cientos de kilómetros a la redonda. Ni que decir tiene que su alma mater, Bard School, no era más que eso. Dicen que borda el papel de pasado profesor empachado de experiencias new age en los años 60 y que ha vuelto a recuperar la magia perdida. Habrá que echarle un vistazo porque, lo único que es cierto, es que él es Chevy Chase y nosotros, ni de coña, lo somos.

sábado, 7 de noviembre de 2009

La "mejor peor" película española

Hace años conocí a Paul Naschy. Estaba trabajando para una gente que quería levantar una película (que luego se llevó a cabo aunque no se parecía mucho a aquel primer proyecto) y en ella había un pequeño papel para que el actor cántabro, que andaba todavía mosqueado por el   fiasco de "Licántropo" (1996, Francisco Sánchez Gordillo) que siempre pensó que sería su vuelta triunfal a la primera línea del cine español y promocionando su autobiografía titulada "Paul Naschy: Memorias de un hombre lobo", hiciera un cameo.

Nos recibió en un despacho atestado de papeles e iluminado por uno de esos flexos antiguos de oficinistas que, aseguró, había sido el que le había alumbrado aquella noche de truenos y rayos en la que había escrito el guión de "Las noches del hombre lobo" (René Govar, 1968).

Naschy cuenta como creó al Conde Waldemar Daninsky, su personaje estrella, el temible y seducto licántropo, con una mezcla de lirismo gótico (ríete tú del rollo EMO) y costumbrismo entrañable...las malas lenguas aseguran que llegó a hacer de Hombre Lobo porque estaba cuadrado como un armario ropero (fue campeón de halterofilia) y era el único loco capaz de meterse en un traje que pesaba 14 o 15 kilos pero yo prefiero la historia de Don Paul. Igualmente nos habló de la "introspección dramática" que necesitaba para preparar el personaje, de los movimientos de las manos, de los detalles, de los tintes dramáticos del mismo...las malas lenguas dicen que desaparecía detrás de un sofá y aparecía vestido de hombre lobo pero yo prefiero el testimonio de Don Paul.


En la conversación hablamos mucho del Hombre Lobo y de una película que yo había visto hacía pocas fechas titulada "La furia del Hombre Lobo" (1972, José María Zabalza). Muy secamente cortó mi charla y me dijo que no estaba dispuesto a comentar nada de semejante cinta que siempre le pareció un error dentro de su filmografía. Un horror de rodaje, un horror de guión y, sin duda, una mala elección para llevar con él el personaje de Waldemar Daninsky.

Efectivamente la película era mala, pero la verdad, es que pertenecía a esa categoría de las "mejores peores" películas del cine español.

Unas fechas después, traté poco a Naschy pero supe que jamás olvidaba ninguna conversación que girara alrededor de su filmografía, me comentó que la "puñetera película" había sido destrozada por su director, José María Zabalza, al parecer un descontrolado señor que se presentaba puntualmente borracho al rodaje y que no era difícil ver miccionando por las esquinas del decorado.

Aquello me pareció una exageración y rápidamente pensé que, bueno, siendo Naschy un deportista abstemio que se ha caracterizado por llevar una vida sana cualquier pequeño exceso con el alcohol o las drogas le supondría un problema.

Poco tiempo después fui descubriendo nuevas películas de José María Zabalza gracias a un canal ofertado dentro de Canal Satélite digital llamado "Cine 600" y especializado en cine español de los años 60 y 70 y me di cuenta de que tenía frente a mis ojos a un director que, perfectamente, podría competir con Ed Wood en eso de ser considerado el peor director del mundo.

En aquellos tiempos vi "Homicidios en Chicago" y "El regreso de Al Capone" ambas de 1969 y ambas tan parecidas que me parece casi imposible recordar en cual de las dos vi esta escena:

Un mafioso sale de la cárcel y se encuentra con otros dos mafiosos. Lo montan en su coche y le informan de que tienen que llevarle a Chicago a ver al Don. Este les pregunta: "¿A qué distancia estamos de Chicago?". Uno de ellos, cuando ya están dentro del vehículo y vemos que las afueras de Chicago se parecen un montón a la Casa de Campo de Madrid, le dice "muy cerca". El coche se aleja y nos quedamos en un cartel de madera donde pone: "A Chicago, 30 kilómetros".

Zabalza, como haría Corman muchas veces, reutilizaba muchas escenas de otras películas suyas para rellenar material amén de aprovechar a diferentes actores cambiándoles la ropa y estos descubrían que aparecían en diferentes películas (con el nombre y el texto cambiado gracias al doblaje) con el nombre cambiado. Ni que decir tiene que la malísima elección de localizaciones histórica de Madrid no ayudaban a creerse que aquello fuera Chicago.

Preguntando por aquí y por allá descubrí que Zabalza había nacido en el País Vasco y que, desde su juventud, había querido ser un director de género, un director serio que aspiraba a rodar películas parecidas a las americanas de mayor presupuesto. Su absoluta falta de talento y una tendencia a la nocturnidad, la alevosía y el alcoholismo -ahorraré detalles pero el tipo era un desastre- no fueron óbice para que rodara 20 películas como director, hiciera sus pinitos en el teatro y sobreviviera en el negocio hasta la mitad de los años 80. Falleció en 1985.

Durante todos esos años hizo pelis de gangsters, de terror, se atrevió con el costumbrismo cuando tocó e intentó incluso dar su particularísima visión sobre el mundo de la bohemia o hacerse un hueco como documentalista con el cortometraje "Día de la patria vasca" (1978).


Ya casi en las últimas,personal y económicamente, allá por 1983 dirigió seguramente su película más psicotrónica titulada "Al oeste del Río Grande", un western. Sí, Zabalza rodó una película del Oeste cuando ya nadie hacía películas del Oeste y el euro western y el spaghetti western habían desaparecido por completo. Paradojas de la vida, y mucho antes de que se acuñara ese término de "western crepuscular" Zabalza rodaría esta película con ínfulas de gran retablo del Oeste Americano en el que dio rienda suelta a todas sus obsesiones y carencias.

"Al oeste de Río Grande", protagonizada por Aldo Sambrell, arranca con una especie de visión general del Oeste: un pueblo arrasado por la violencia de los forajidos donde alguien ha colocado una horca de la que cuelga un esqueleto (¡Un esqueleto!) apoyada en una verja metálica de una obra cercana al decorado principal da paso a unas escenas de un barco de vapor que se nota están levantadas de alguna película que pretendía promocionar Disneylandia. Después pasamos a una señora gritando en medio de la plaza del pueblo de Nuevo Baztan, un asentamiento navarro en la provincia de Madrid, y clamando justicia mientras está rodeada por unos cuantos hombres a caballo que, imagino, por el frío reinante visten unos vistosos "plumas" de color azul. Ni que decir tiene que la plaza, en ese momento en obras, no parece ni de lejos un emplazamiento del Oeste.

Sin solución de continuidad aparece por primera vez Aldo Sambrell vestido de vaquero y paseando por el bonito pueblo madrileño de Patones del Rey, que tampoco parece mucho del Oeste, entra en la casa y nos llama la atención que, colgado de la pared, pero muy alto, hay un sombrero de cowboy. Ve a su mujer y a su hija, se queja un poco de la falta de seguridad del Oeste y de la falta de expectativas de futuro y va a visitar a unas amistades. En otras casas vemos el mismo sombrero colgado, en el mismo sitio. ¿Mensaje? Ninguno, es la mejor manera de tapar los contadores de la luz de las casas.

Sin saber muy bien porqué Aldo Sambrell decide irse con su hija y su mujer a visitar a una pariente lejana y a pasar un día en familia. Visitan un mercadillo y luego se van a comer en plan tortilla y luego, bueno, luego hay una escena de Aldo Sambrell que está a punto de ahogarse en un pantano del Plan Badajoz.  

Ni que decir tiene que Zabalza aprovechó material rodado por él mismo en otras películas del Oeste que hizo en los 60 y 70 ( Malditas pistolas de Dallas, Tres dólares de plomo, Adios Cjamango...) para rellenar metraje ya que la historia de la familia no hubiera dado ni para un cortometraje y que la mezcla de diferentes formatos de película, iluminaciones y un largo etcétera de despropósitos hacen del film una de las mejores razones para sentarse con unos amigachos a disfrutar de un divertido engendro.

He perdido mi copia pero, si alguien es tan amable de decirme donde la puedo encontrar, se lo agradeceré toda la vida.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Uno que nos deja: José Luis López Vázquez (1922-2009)


Hace unos pocos minutejos que acaba de hacerse pública la noticia de la muerte del actor José Luis López Vázquez. Se van a acabar los adjetivos para intentar captar una carrera que, sólamente en la pantalla, cuenta con 259 apariciones en diferentes papeles y que compaginó con el teatro (hubo un tiempo en que los actores hacían cosas así como dobles sesiones maratonianas en los mismos días...) y, claro está, la publicidad.

López Vázquez fue un actor de esos que no le tienen miedo a nada y se prodigaron en casi todo. Lo mejor que puede decirse es que estaba igualmente brillante en el eterno papel de oficinista con tendencia al calentón, en su faceta de "persigue turistas" (¡Viva Suecia!), en la de apocado y gris ciudadano, en la de bon vivant a la hispana y en otro abanico de personajes que abarcaban señoritos arruinados, travestis de provincias.

Sin duda no ha habido ningún actor en la historia de nuestro cine que haya sido capaz de trasladar con tanto acierto la angustia de ser nadie con tanto acierto desde el punto de vista del drama e, incluso, y lo que es más impresionante desde la misma comedia. Buen Viaje.

domingo, 17 de mayo de 2009

Siempre nos quedará Benedetti...(1921-2009)


Me acuerdo de aquel día en el que un amigo mío se hinchó del valor que son capaces de imprimir dos cubatas y me declamó a una moza un poema de Benedetti. Se lo estaba soplando, en plan Cyrano, otro amigo. Mal comienzo.

La risa tontorrona del whisky no ayudó nada. Tampoco que la escena se desarrollara al lado de una verbena de pueblo donde un conjunto músico-vocal se desgañitaba cantando los éxitos de ayer y hoy. Es posible también que las musas estuvieran a esas horas de la madrugada despatarradas y ausentes en el asiento trasero de algún coche y no pudieran acudir para provocar el efecto que mi amigo esperaba de aquellos versos...la chica se echó a llorar pensando que mi amigo la estaba, en realida, insultando. Desde entonces, no hemos hecho otra cosa que acordarnos de aquello con el mismo desconcierto con el que nos acordaríamos de una aparición mariana o una abducción extraterrestre...¿Cómo iba Benedetti a provocar semejante reacción en una chica?

Ya terminaba la noche y nos marchábamos cada uno a nuestra casa cuando mi amigo con andares de ave herida por un disparo en un ala y uno de los faldones de la camisa fuera del pantalón se giró hacia todos nosotros y dijo: "¡Me cagüen Benedetti!". La frase ha quedado para los anales y para subrayar cualquier acto fallido, cualquier empresa que comienza mal y termina como el culo. Los versos eran estos...


Tiempo después alguien cayó en la cuenta de que eran, en realidad, de Oliverio Girondo...daba igual porque la expresión ya estaba acuñada y quedaba bien. Y no fue obstáculo para descubrir al verdadero Benedetti y separarlo de Juan Gelman o del propio Girondo. Tampoco para, por nuestra cuenta, buscar a aquella que sí entendiera el puñado de versos, que los apreciara y que, de una vez por todas, no terminara muerta de aburrimiento en nuestros brazos suplicándonos un "¿Quieres besarme ya y dejarte de poesía?". Corazón coraza, que diría el uruguayo...

Desde entonces Uruguay y el tango nos han acompañado en el momento exacto en el que la noche se vuelve para los valientes, para los suicidas o para los idiotas, en el momento de levantar la copa y de bajarla. En el momento de la tristeza pero, también en los buenos momentos. Hoy se ha muerto el tío que escribió "Hagamos un trato":

Compañera usted sabe puede contar conmigo
no hasta dos o hasta diez
sino contar conmigo

Si alguna vez advierte que la miro a los ojos
y una veta de amor reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar conmigo

Si otras veces me encuentra huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar conmigo

Pero hagamos un trato
yo quisiera contar con usted
es tan lindo saber que usted existe
uno se siente vivo

y cuando digo esto quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda presurosa en mi auxilio

Sino para saber a ciencia cierta
que usted sabe
que puede contar conmigo.

Hoy me gustaría decir bien alto "¡Mecagüen Benedetti!" porque se ha largado un grande y, es absurdo, pero me da la sensación de que siempre va a quedar un vaso vacío.

lunes, 23 de febrero de 2009

Menús para modernos



Mi pueblo tiene un cine muy guay. Un cine guay al que la gente no se acostumbra a acudir a la primera sesión de ninguna película por lo que Papá Manson y yo vimos "Dieta mediterránea" (2009, Joaquín Oristrell) completamente solos. Un amigo de mi padre ya nos advirtió antes de entrar: "Id a verla porque es una película que sales encantao y con unas ganas de cocinar y de follar tremendas". Dos sensaciones mejores que las ganas de matar gente, que eran las que recordaba que me producían las comedias dirigidas por Oristrell pese a que mi padre se quejó diciendo que las primeras ansias, las de cocinar, eran fácilmente resarcibles mientras que las otras, las del foglieteo, se nos harían más difíciles de mitigar inmediatamente debido a nuestros respectivos estados civiles.

Paridas aparte la película está bien, divertida, tristonceta y me recordó algo a la grande "No respires:El amor está en el aire" (1999, Juan Potau).


Sobre cocina hablaba el Chef Andrés Madrigal en la contraportada de El País dejando este titular:

"Comí la placenta de mi hija a la naranja". Lo explica así:

"Me recordaba al hígado de cualquier animal de caza. Hice placenta en reducción de naranja y le eché caramelo y un poco de pimienta para que desapareciera la hiel y el posible sabor a caza, y la trituré. Como un batido. La comimos entre ocho. En España no es normal, pero sí en el centro y en el norte de europa. Tiene muchísimas vitaminas. Y fue algo espiritual".

Pensé que la deconstrucción, la cocina con hidrógeno o las impresoras que Homaro Cantu presentó en el Madrid Fusión de 2006 ya eran como la última frontera de la gastronomía pero no, la verdad, los confines del universo fogón son infinitos. Ahora podemos comer placenta y dos aplastantes argumentos: tiene muchas vitaminas y lo comen en Europa. Además, como todo el mundo sabe, comer despojos es muy espiritual. Una espiritualidad de reducción de naranja y caramelo que es un camino más agradecido que el de estoicos, místicos y ascetas pero espiritualidad al fin y al cabo lo que ocurre es que ahora se llama "New Age". Me imagino que Tom Cruise, que le contó su intención a la revista GQ de hacer lo mismo acompañándola del cordón umbilical, no hubiera tenido tantos remilgos de enterarse de que el mal sabor de la pieza de carne podía aminorarse con una buena receta de caza.

Lo más curioso es que preguntas antes se azoraba ante la posibilidad de que un cliente le pidiera un par de huevos fritos:

"(...)Le haría entender que yo no hago huevos fritos, que lo voy a intentar y que tardaré un poco. ¿Y cuánto cobro por dos huevos fritos? Pero que no vengan muchos pidiéndolos, porque no me dedico a eso".

Es curioso que un cocinero no sepa cocinar unos huevos o que no sepa decir el precio (Lucio en Madrid los cobra a 18 euros, si no me equivoco) de algo tan sencillo.

Me parece sorprendente que en pleno siglo XXI todavía atribuyamos a ciertas partes del cuerpo elementos místicos o espirituales: en mi pueblo los mozos, cuando el toro está muerto, caen sobre el cadáver y el que llega primero le agarra las bolas al animal. Después se acerca por el matadero y le entregan dichas bolas (llamadas por allí "turmas") para que pueda cocinarlas en casa y comérselas. Dicen que dan vigor sexual para un año, que te convierten en Nacho Vidal. Sobre cosas que come la gente creo que la mejor peor anécdota me la contaron por teléfono a las tantas de la madrugada dos amigos en avanzado estado de descomposición nocturna: aseguraban haber conocido una muchacha que les instruyó en los beneficios de la alimentación por regurgitación.

Lo que comemos, al parecer, transmite un mensaje. Bien lo sabe Marco Antonio que fue arrastrado por los pies por todo el Imperio Romano cuando Octaviano y Agripa, que lo habían visto "alimentarse de la carne podrida de los animales muertos en los pantanos", descubrieron que se rodeaba de todo tipo de lujos gastronómicos en su palacio de Alejandría. "Es un blando y se ha amariconado" pensaron. Le dieron cera. Si lo hubieran visto comiendo cosas pochas o, incluso, la placenta de un ciervo vuelta y vuelta el Triunvirato se hubiera mantenido hasta nuestros días.

Hace relativamente poco una conocida me confesaba que se había hecho un tratamiento de belleza a base de diamantes y oxígeno. Te tumbas en pelota dentro de una campana de plástico y te van colocando algunos diamantes pequeños sobre el cuerpo mientras una máquina suelta oxígeno. Al parecer hay que saber colocarlos para que hagan una especie de campo de fuerza que es más beneficioso si se aspira "otro" elemento puro. El precio exhorbitante. Cuando le dije que no recordaba que el Diamante fuera un elemento de la tabla periódica de los elementos me mandó, claramente, a tomar por culo. ¿Quién dice que la imposición de piedras preciosas es beneficiosa para la piel? ¿Margaret Astor? ¿Al idiota que se le ocurrió freir la placenta y comérsela?

Vieja superchería a precios competitivos. Que nadie diga que cada día estamos más lejos de la caverna porque, en realidad, me parece que nos vamos todos a ella...eso sí, con el Ipod colgado de la oreja.

Nota del Insustancial: Creo que a alguien le han dado un Oscar y que es de Alcobendas pero, la verdad, no estoy muy informado porque en el pueblo sólo puedo ver la Primera, Antena 3 y Telecinco...y no tengo internet.

domingo, 16 de noviembre de 2008

¡Viva el cine, cabrones!


Mi señor padre y yo hemos ido a ver esta tarde Sólo quiero caminar dirigida por Agustín Díaz Yanes. No me quería ir a dormir esta noche sin recomendaros una de las mejores películas españolas del año y, seguramente también, una de las más interesantes que he visto en el año. Es curiosos que, cuando más se habla de la crisis del cine de aquí haya visto tres títulos que me han encantado: Casual day, Cronocrímenes y esta mismo. No entiendo la reticencia de los medios a la hora de apoyar a una industria que podría generar empleo, beneficios y gustico al cuerpo.

Nadie podrá pillarme en el renuncio de decir que al cine español hay que apoyarlo ciégamente pero tampoco me uniré nunca al coro de borregos que, por sistema, no se plantean siquiera ver una película española por el simple hecho de que está hecha aquí.


En principio Sólo quiero caminar es una continuación de Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995) porque recupera al personaje protagonista de esta, Gloria Duque, para urdir una nueva trama pero, en realidad, puede verse sin haber disfrutado de la primera. Sólo quiero caminar es una película excesiva, violenta, chunga, dura y retorcida pero, sin embargo, también es oscuramente tierna y tristona. Digamos que al verla tienes la sensación de estar viendo un film dirigido por Peckimpah, escrito a medias con un Almodovar que se hubiera empapado de Brother de Takeshi Kitano (pese a que no aparece en los créditos Díaz Yanes trabajó junto a Almodovar como guionista en ¡Átame!) y que el proceso final hubiera sido revisado por Tarantino (el personaje de Ariadna Gil parece Black Mamba).


Oscuramente romántica y violenta a partes iguales, Díaz Yanes aprovecha mejor que nadie el talento de un reparto acojonante en el que nadie destaca porque destacan todos: Diego Luna está increíble, José María Yazpik hace uno de los mejores mafiosos de los ultimos años, Ariadna Gil está tan contenida que dan ganas de zarandearla y Pilar López de Ayala y Elena Anaya vuelven por la senda de sus mejores papeles. Un punto aparte merece Victoria Abril que, cuando encuentra un personaje, demuestra que sigue siendo una de las mejores actrices de nuestro cine.

Ya advierto que la película no es nada fácilona, ni sencilla, que hay que estar atento a la trama durante las dos horas que dura y que no te va a regalar nada pero si no sois capaces de emocionaros con la historia de estas mujeres y de no contener el aliento en la última secuencia es que no se nada de cine. Os devuelvo el dinero, personalmente.


Por cierto, y sin que venga mucho a cuento, mientras veía la película me ha sobrevenido una absurda reflexión: ese aspecto de algunas estrellas de cine tan sano y tan aseado me resulta cada vez más repugnante...lo digo porque viendo la promo de High School Musical 3 me ha dado la sensación de que todos estaban maquillados como putas puertas o que, incluso, estaban retocados con algún tipo de programa digital. Me ha dado miedo. Sólo quiero caminar es una película llena de rostros descuidados pero humanos, tíos con barba, tías horteras vestidas de mala manera pero, sobre todo es una película de rostros donde se intenta reflejar el paso del tiempo, es una película con arrugas. Me ha parecido que en la uña sucia de Ariadna Gil había más morbo que en todas las películas americanas de este año. Cosas mías. Agustín Díaz Yanes ya está perdonado por haber participado en Alatriste.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

¡A por Boyero!


Carlos Boyero ha dicho que se salió de la película de Abbas Kiarostami diciendo en su defensa que “la vida es demasiado corta para perderla con tonterías". ¿A quién no le ha pasado? Haced una lista mental de las películas en las que os habéis sentido estafados, es una sensación que comienza por una incomodidad de glúteos tremenda, luego se traslada a la laringe por la que no pueden dejar de salir exabruptos y después una fuerza sobrehumana te lanza hacia la calle en pos de la primera óptica donde puedas comprar un colirio que te quite el picor de los ojos.

Pues resulta que Victor Erice y Jose Luis Guerín se han puesto a la cabeza de 271 almas y todos en comandita han firmado un “manifiesto” de repulsa echándoselo en cara y recordándole actitudes de ese tipo son las que impiden que películas buenas sean malamente distribuídas frente a la porquería que suele verse.

Como a mi me gusta más el cine que la propaganda y respeto más a la gente que escribe o rueda historias (las que sean) que a la gente que escribe discursos o manifiestos me pongo del lado de Boyero que sabe de muchas cosas pero, sobre todo, de cine.

Semejante salida en estampida de este grupo de personas de exquisito gusto con criterio excepcional que justifican las malas artes de Boyero recordándonos que el final de la proyección de la película de Kiarostami fue recibida por unos entusiásticos 10 minutos de contínua ovación del público asistente (o superviviente si le hacemos caso al crítico) entre los que se encontraba el director portugués Manuel de Oliveira nos da una perfecta imagen de quién firma dicho manifiesto, en realida, carta al Director de El País que es donde se ha publicado dicho texto pero que se recoge (junto a las contínuas adhesiones) en su propio.

Desconfío muy mucho de todos esos cineastas que procuran por todos los medios que no se note que lo son, esa especial raza de hombres y mujeres que te dejan claro, nada más conocerlos, que lo suyo con el cine es un accidente y que si eligieron ese bello arte y desecharon otros como el punto de cruz, la música o la escultura para transmitir su refulgente mensaje es, casi, fruto de la casualidad. Un accidente. Al parecer a todos les da mucha vergüencilla reconocer que se dedican a hacer algo tan burdo como simples películas, entretenimientos de feria para un vulgo ignorante, y por eso siempre sus cintas tienen más referencias literarias o pictóricas (nobles artes) que cinematográficas. Me sorprende también la capacidad de cierta parte del mundo del cine para asignarse la patente de corso de la sensibilidad única, de las sensualidades y de lo sublime mientras que, para los demás, dejan lo tosco y lo burdo.



Este arranque de solidaridad de Abbas Kiarostami, saludado como uno de los nuestros, como parte de ese selecto grupo de personas inclinadas a darnos su visión del mundo a través de lentísimas narraciones que no hacen más que remarcar la evidencia de que, en realidad, no se nos está contando nada importante, que se está haciendo de manera defectuosa o que el discurso es tan manido que no puede interesarte, por parte de los 271 cinéfilos patrios no encuentra sin embargo su respuesta entre los colegas españoles de profesión.

De hecho, Erice, en 2002 cuando se estaba estrenando El embrujo de Shangai (2002) dirigida por Fernando Trueba aprovechó el tumulto para dar a conocer las razones por las cuáles había abandonado el proyecto (hubiera supuesto su vuesta al cine después de 19 años), poner a caldo al productor de la cinta y hablar muy malamente del trabajo de Trueba. Por si fuera poco el director vasco anunció la publicación de su propia versión de el guión –que al parecer el productor había rechazado por irrealizable, eran 300 paginacas- entregándole una pistola cargada de mala hostia a la crítica que la descargó contra la cabeza de Trueba al que se acusó, poco más que de cabrón que le quita el trabajo a un compañero. Creo recordar que aparecieron pintadas en algunos cines de Barcelona protestando contra la “insolidaria” actitud del director madrileño.


Desde aquí hago mi propio manifiesto en defensa de Carlos Boyero:
“Carlos Boyero es guay".

Pueden adherirse.
Ah, y de paso os cuento otra historia: Conocí a Carlos Boyero en noviembre de 2001. Me lo presentó un amigo común y terminamos a las mil tomando cervezas en un bar de la zona de Pío XII. Los tres teníamos ganas de beber por diferentes razones. Yo estaba en la preproducción de un corto, mi amigo estaba pasando por una crisis de pareja grande y Carlos se había pasado la tarde entera junto con un amigo suyo que estaba en un hospital muy malamente. La narración que hizo de su historia, de cómo había conocido a esa persona, de como había llegado hasta esa situación y un largo etcétera me emocionó más que muchas películas.
Ah, y ahora otra para que vean ustedes como se comportan algunos de los héroes del cine de autor en España y cuál es la medida real de su ego: Resulta que coinciden en la entrada del plató de Versión Española Almodovar y un cineasta español muy autor él. El caso es que este último le dice a Almodovar (que ya había ganado el Oscar, que ya era la hostia).
- La película tuya que más me gusta es "Qué he hecho yo para merecer esto".
-Ah, pues gracias.
-Pero seguro que montada mejor, sería la hostia.
Almodovar flipado e incómodo le dice:
-Pues me lo pensaré para una reedición en DVD...
A lo que el cineasta contesta:
-No, que digo que la he remontado en mi casa y que te vengas a verla que con mi trabajo voy ha mejorado la hostia.

jueves, 28 de agosto de 2008

No disparen al cinéfilo (o sí)








Mi puesto en el videoclub en el que trabajaba lo ocupa ahora una mujer de 20 años. Me ha confesado que "flipa conmigo" porque me ha visto alquilar, el mismo día, En algún lugar de la memoria (Mike Binder, 2007), Más extrañó que la ficción (Marc Forster, 2006), la primera versión de Funny games (Michael Haneke, 1997) y la mini serie Hermanos de Sangre (2001) que mi señor padre no vio en su momento porque no le dio la gana y que el otro día encontró en un canal de la TDT y le enganchó irremediablemente (el episodio de la toma de Charenton, que es francamente bueno).

Me ha preguntado que si Funny games era de risa y casi me da una apoplejía...nada más verme la cara me ha guiñado el ojo y me ha dicho "ya,ya, soy fan de Haneke". He estado a punto de advertirle de que la gente con esos gustos suele ser francamente infeliz pero no lo he hecho. ¿De qué hablará durante el botellón?


La dependienta (que no parece tener taras) dice que le gusta la sutileza de Código desconocido y que le aterra la dureza de La Pianista. Dice que le gustan las películas sutiles, las cosas francesas...Dios, se que va a ser muy infeliz.

Conozco bien a los de mi grey, organicé durante cinco años una muestra de cine español y se cómo acaban todos los cinéfilos, conozco como se te ponen lo ojos de ratilla, como se te agudiza el oído, como comienzas a ser incapaz de ver una película si no es completamente en silencio, como te da la onda febril de no ir a ese cine donde el sonido es malo y el proyeccionista un patán....ayssss. ¿Cuándo comprenderemos que la adquisición de cultura es mala? ¿Que una vez que uno sabe lo que es un plano americano ya no es capaz de disfrutar de un telefilm?

Una de las clientas del videoclub es una ex Miss España que estaba por allí medio atendiendo a nuestra conversación. Le ha dicho a la dependienta que le recomendara alguna película buena y le ha dicho que se llevara En algún lugar de la memoria (Mike Binder, 2007). Ha fruncido el esculpido ceño para decir que le parecía que el título le sonaba a rollo. Ha dicho "rollo", literalmente. Después ha dicho que su novio es futbolista, como justificándose para llevarse una de John Travolta en moto (¿Cerdos salvajes?). Por cierto, la peli no está nada mal pero, ya sabéis, me encanta Adam Sandler. (¿Qué? Joder, ni que el hombre hiciera porno alemán...)

Cosas tan sutiles como esas son las que te cambian la vida. Si eres cinéfilo es muy difícil que quieras entrar en GH...¿Cómo ibas a vivir sin ver dos pelis a la semana?


Cosas sutiles son las que mueven el mundo: Letizia Ortiz, Princesa, se cambia un poco la nariz y se monta el pollo. Lo dice Peñafiel que cualquier día de estos en plan Mateo Morral se lanza al paso de la comitiva real y monta un estropicio. ¿No veis? Otro cambio sutil: antes lameculos oficial, autodenominado portavoz oficioso de la Casa Real y ahora furibundo antijuancarlista.

La falta de sutileza provoca cosas como la de ayer: dos tíos intentaron reventar un cajero utilizando un tubo de goma y una bombona de butano. Reventaron el banco entero, claro. Los tíos intentaron acceder hasta el cajetín de la pasta pero, ops, demasiado gas en el ambiente. Salieron de allí echando las papas y sin el jugoso botín. Ha ocurrido en Málaga. Yo los juzgaría también por imbéciles.

Cuando escucho estas cosas siempre me imagino el momento justo en el que dos idiotas inventan semejante método:

-"Tío, tengo una bombona nueva, una goma....y ese cajero está diciendo róbame".

-"Con dos cojones, nos vamos a hacer ricos".


Y es que hay mucha leyenda sobre el atraco perfecto, la retorcida mente criminal y esas cosas. Normalmente los manguis no son muy listos...si uno tiene alma de mangui y es medianamente inteligente se monta un timo piramidal, se crea un chiringuito financiero, se hace abogado o publica los libros de Jaime Peñafiel.

Me imagino que si eres cinéfilo no se te ocurre hacer semejante gilipollez aunque, a lo mejor sí, porque entre los cinéfilos militantes de la historia están Hitler, Franco y ese pedazo de dictador llamado Kim Il Jong que ahora le anda metiendo el miedo a Occidente con la vuelta al programa nuclear. Pero es que, claro, hay pelis malas y pelis buenas. Cinéfilos malos y cinéfilos buenos...freaks del bien y freaks del mal.

domingo, 17 de agosto de 2008

Buenas noticias desde el Planeta Cerdá


Ya se puede adquirir LA TRILOGÍA DE LA MUERTE de Nacho Cerdá o, lo que es lo mismo, los tres primeros cortos del director de Los abandonados. ¡Corre y compralos! Hay muy buenas razones para ello, la más importante es que Nacho es uno de los mejores directores de cine que ha pisado este país y, ya como última razón, es que se me ve en el making of de Genesis haciendo el canelo (o eso creo porque todavía no lo he visto).

Es una vergüenza que este trabajo remasterizado se haya vendido antes en USA o Francia que en nuestro país pero...nunca es tarde si la dicha es buena. Como todavía no tengo autorización por parte del director para contar los 1.001 avatares de la producción contaré al menos que la mano que manejaba ese proyector...


...era ¡la mía!. Lo que se proyecta es una especie de película familiar (rodada unos días antes del rodaje por la mano de Xavi Jimenez y los hermanos Carreras) en la parte exterior del plató. Se ve la cara de Trae Houlihan, una actriz norteamericana que salió también en Second name, el primer largo de Paco Plaza.

El material era demasiado limpio, o sea que parecía demasiado nuevo y Nacho y un servidor estuvieron rayándolo durante una hora para que pareciera viejo. Luego ocurrió uno de esos pequeños milagros: primero que fuera capaz de colocar la película en el proyector en un tiempo record y, segundo, que colocado a toda hostia y a la remanguillé resultara que la cara de Trae pegaba perfectamente con la cara de la estatua. En la instantánea no se nota porque la imagen se movía luego de izquierda a derecha. Fue fantástico.

Nacho fue el primer director que me dio un puesto en un rodaje y siempre le estaré muy agradecido por enseñarme lo duro y sublime que es el curro de hacer una película. Por cierto, que siempre me acuerdo del asunto porque en mi vida laboral aparece el nombre de su productora y los días cotizados...que viejo soy.
Me ha sorprendido encontrarme también con esta otra escena...

Forma parte de un sueño del protagonista y se rodó unas semanas después del fin del rodaje en una nave cercana que nos había servido como taller de FX de la gente de Amador Rehak y su extinta RHK. ¿Ven el humo que sale del Renault 5 aplastado? Pues lo hizo Amador colocando un par de latas viejas de película detrás de las ruedas con paja humeante dentro. Se le ocurrió allí mismo porque le parecía que le daba un aspecto más fantasmagórico al asunto. Xavi llevó la cámara al hombro y el sonido y la imagen se trataron en plan Lynch. Fue la primera escena de esa noche y luego nos trasladamos al plató principal a rodar detalles a contrareloj porque sólo había un día y todo se tenía que terminar de rodar antes de que saliera el sol ya que las ventanas no estaban tapadas.

Si se quieren enterar de más cosas lo mejor es que se pillen el DVD que incluye The Awakening, Aftermath y Genesis. A la espera quedamos del estreno de Ataudes de luz, el documental sobre la vida del malogrado director Sergio del Monte. Una de esas historias que pone los pelos de punta y que lleva en el alero algo así como 10 años.