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miércoles, 22 de septiembre de 2010

La Experiencia Insustancial de "La Cucaracha Express" (Y otros cuentos del Cretácico)

Corría el año 2003, sería por octubre o algo así. Estaba sentado en el despacho de guionistas de Localia (un tuguriazo con unas estupendas vistas a la Gran Vía) resolviendo a toda hostia el texto para el programa de la noche. Estaba haciendo "La Cucharacha Express" y digo haciendo porque allí todos los días ese programa se hacía sin más. El presentador y director del asunto, Javier Gurruchaga, no era un hombre al que le gustaran las escaletas, ni pensarse las cosas demasiado o, mejor, no era un hombre al que le gustara planear las cosas con demasiado tiempo y, por primera vez en mi vida, me enfrentaba a un programa en directo que no contaba con un armazón claro excepto el de que, más o menos a medianoche, Javier Gurruchaga salía al plató del programa (decorado como un vagón de tren) decía "buenas noches" y presentaba actuaciones y entrevistas.

Es verdad que, en anteriores trabajos, siempre era yo el que me quejaba de que no se podía improvisar. Es decir, que la dichosa escaleta (ese armazón previo) a veces estaba tan milimetrada que era imposible meter una gracia espontánea y, claro, se perdía mucho y buen material. Y aquí un inciso, la experiencia luego me ha demostrado que en un 90% de las ocasiones, ese "mucho y buen material" suele ser una broma privada o una cuchufleta entre la gente del equipo que, difícilmente, es cogido por la audiencia que, claro está, permanece en su casa completamente al margen de los tropezones, motes privados y otros roces (cariñosos y no) que la convivencia laboral trae consigo.

El caso es que, del estajanovismo televisivo (del que soy fruto, sólo soy capaz de ser ordenadito si me sientan ustedes a escribir y me disperso bastante menos) pasé a una especie de anarquía donde el ingenio de Javier Gurruchaga marcaba, como diría la rapera sevillana, "el minuto". Un ejemplo: dos horas antes de comenzar un programa el director/presentador nos comunicó que quería hacer una gracia con Arnold Chuacheneguer y su elección como Gobernador de California. Planteamos todo tipo de excusas (tiempo nulo, sobre todo) pero nos sorprendió con la contratación de un actor brasileño de casi dos metros con músculos hasta en las cejas al que había contratado.

La contratación de una aparición especial de un actor conlleva una serie de movimientos estratégicos que, a saber, son estos: casting previo, aviso a producción, OK de la producción al gasto extra,  negociación con el manager si lo hubiera o con el mismo actor en persona, escritura de un sketch o aparición y el diseño o alquiler de un vestuario apropiado, amen, claro está de maquillaje, traslado...fuera del reino de "La Cucaracha Express" ese tipo de acciones, en cadena, llevan más o menos una semana pero, dentro de la cabeza de Javier, duraban apenas treinta minutos.

Todas las tardes nos sorprendía con algo nuevo. Jamás he trabajado con alguien más dispuesto a tener ideas y llevarlas a cabo que con el showman vasco. En resumen: cada día un plátano.

Tanto era el desmán que se olisqueaba en el ambiente que, más de una vez y más de dos, los directivos de aquella casa y de la productora se acercaban al plató a ver si, de verdad, esa noche no íbamos a salir al aire porque, de pronto, a alguien se le había ocurrido traer un elefante al plató o un coro de starlettes de Las Vegas...sus caras eran un poema y, sinceramente, nunca he visto a nadie tan dispuesto a sacar de quicio a los jefes a costa de mantenerse en sus trece que a Gurruchaga que, pese a estar en un programa de producción modesta de una modestísima cadena (el coste del decorado ya era un dispendio casi inasumible), seguía haciendo eso que los norteamericanos llaman "Think BIG" es decir, comportarse como si estuviera en una megaproducción pese a que los medios eran más bien limitados.

Lo más cachondo es que, pese a que no había un duro, este hombre consiguió contratar a una banda completa para que estuviera todas las noches en el programa y tener, fijos, a cinco actores fijos (Maribel Ripoll, Paco Hidalgo, Alex, Popotxo y Michele McCain) y un despliegue de vestuario y de decoración (aportada por Gurruchaga en parte) digno de un vestuario de equipo de primera.

El caso es que, mientras todos parecíamos echar el bofe, especialmente los tres guionistas (Juan Potau, Maribel Ripoll -unida al equipo- y un servidor) a Javier Gurruchaga todo parecía irle de maravilla pese a que, como Sir Alex Ferguson, muchas veces diera la sensación de que era un tío capaz de iniciar una pelea en una casa completamente vacía. Es decir, iba completamente a su bola.

Poco a poco, y con un poco de sentido común, dimos sitio fijo a los dos colaboradores estrella (Moncho Alpuente vestido de vaquero y haciendo una descacharrante crónica sobre el día a día del Rancho de Bush y Eduardo Haro Tecglen) más que nada porque el propio Haro Tecglen llegaba todos los días que trabajaba con nosotros con una pregunta en la boca dirigida a mi persona: "Perdone, ¿sabe de qué vamos a hablar hoy?". Siempre le decía que no y siempre me decía lo mismo "pues nada, otra vez a improvisar". Algo que fue tomado como una queja y, creo, que fue a la única persona que se le hizo caso.

Otro ejemplo: Albert Boadella estaba por Madrid presentando "¡Buen viaje, excelencia!" y Gurruchaga quiso traerlo al programa. Como no podía estar por la noche Gurruchaga decidió improvisar un sketch dentro de una sección en la que hablaba de viejas glorias vestido de Gregorio Gurruchaga pero con un sombrero de copa...ni que decir tiene que la aparición fue completamente improvisada, hecha en el día y un montón de cosas más que no referiré (aunque, háganse cargo del careto que puso Boadella) pero que nos llevaron a otro pequeño gran caos. Más que nada porque no se pudieron encontrar las imágenes de la película a tiempo.

El caso es que todo era un ordenado caos y, como no se seguía ni tiempo ni escaleta, era posible por ejemplo que una entrevista durara cinco minutos (la que se hizo a la actriz Natalia Menéndez) porque el resto de los contenidos de programa metidos a calzador se había comido el resto o que otra durara quince minutos enteros sin corte porque se habían cortado vídeos u otras apariciones a la misma hora.

Esos cortes, claro está, también se hacían un poco a "la gornú". Teníamos una sección que se llamaba algo así como "usted es la estrella". En el fondo era una cosa vagamente brillante: traer a gente anónima con dotes artísticas. En la cabeza de Gurruchaga aquello iba a ser un desfile de fruteras ventrilocuas, abogados que hacían sus pinitos como magos con el nombre de "El increíble Eduardini" y cosas así pero, la realidad siempre tan chusca, convirtió aquella sección en un paseo de grupos de música amateurs o no muy conocidos. Una vez se nos presentó la oportunidad de traer a un tipo que nos escribió al programa diciendo que imitaba muy bien a Torrente. Gurruchaga le dio el OK fulminante y, al poco tiempo, el muchacho se presentó con su novia y una pareja de amigos vestido como se viste uno de Torrente para una fiesta de disfraces a la que ha sido invitado a última hora y desplegando un repertorio torrentiano que era, francamente, poca cosa. Sin más ni más el tío, sin ton ni son, iba hilando una línea de diálogo de Torrente con otra de forma desconcertante (encima estaba nervioso y sudaba un montón porque llevaba una peluca de esas de Caramelos Paco) y dijo lo de "¿Nos hacemos unas pajillas?" y luego "todas las tías son unas putas, amiguete" y luego soltó un "anda, que pareces m..." y en ese momento entró Gurruchaga diciendo "Magnífico, maravilloso, un fuerte aplauso, qué barbaridad, gracias, gracias, Música, música". Nos quedamos picueters.   

Pese a que la mayoría de los programas se grababan en riguroso directom tuvimos que hacer una tanda de ellos grabados porque Javier estaba rodando "Torapia" (2004, Karra Elejalde) y, justamente, el Torrente falso apareció en uno de esos programas con lo que, a la mañana siguiente, nos encontramos con el "tostao maravillao" de un Gurruchaga colérico diciendo que la torrentada no se iba a emitir en un programa que él dirigiera porque le había parecido machista, soez y de mal gusto. En parte lo era, pero...¿Qué hacíamos al respecto? Potau y yo escribimos un gag en el que se cortaba la emisión del programa con una especie de locutor de continuidad que, en perfecto acento mexicano, narraba que había habido incidencias técnicas para dejar en unos pobres veinte segundos la actuación de plató. Se hizo. Pero como cada mala obra tiene una consecuencia  el locutor de continuidad tuve que hacerlo yo y ponerme un sombrero mexicano al final del sketch. Guay.  Lo hice en la sala de redacción de Localia rodeado de gente que, desde entonces, no podía evitar descojonarse cada vez que pasaba a su lado. Con razón.

El caso es que nuestros días pasaban así, como decia Borat entre los "good times" y los "shit times". Entre estos momentos y otros, y pese al buen feeling qure había mantenido con todo el equipo y con el director/presentador la cosa, con este último comenzó a torcerse.

De ser una especie de "delfín hasta el fin" (con promesa de sección propia entre otras cosas) pasé a convertirme en persona "non grata". En mi defensa diré que no hice nada para incomodar al buen hombre y que siempre trabajé a favor de obra pero que no dejé de criticar las formas algo eclécticas televisivamente hablando de Gurruchaga. Pese a que siempre procuraba que él estuviera delante cuando hacía estas críticas lo cierto es que, en mi haber, se acumularon algunos malísimos adjetivos como los de "conspirador" y "serpiente venenosa" que me regaló uno que yo pensaba que era un buen compañero de trabajo. En mi haber estas faltas:

- Llevarme bien con todo el equipo cosa que, al parecer, fue interpretada por este malicioso personaje delator, como el signo inequívoco de que era el "cabecilla" de una rebelión. En realidad, no era nada más que el tipo que se iba a tomar cañas con todo quisque. 

- Dejar que Carlos Areces, ese gran tipo, visitara nuestra humildísima redacción y le llevara a Gurruchaga unos vídeos de "La Hora Chanante" para demostrarle que había gente que le admiraba y que seguía su senda de hacer el mamarracho sanamente lo que fue interpretado por el mismo bicho con un sentencioso "este lo que ha querido es traerte a sus amigos para que se rieran de tí, Javier". 

- Llevarme bien con Popotxo Ayestarán. De seductora personalidad el conocido como "enano de la Orquesta Mondragón" era un tío fantástico con el que era difícil llevarse mal. Jugador de ajedrez aficionado y cuenta anécdotas inmortal la peculiar relación entre estos dos prohombres del espectáculo impedía, por razones que se me escapan, que cualquier amistad mantenida por Popotxo fuera bien vista por Gurruchaga. 

Y eso es lo que creo de todo lo que pasó porque, sinceramente, me niego a creer otra cosa o, por lo menos, es la versión que quiero creer.  

En favor de Gurruchaga diré que Localia contrató al tipo que le pareció óptimo para llevar a cabo un programa que, me imagino, sabrían que no iba a ser un programa amable o fácil de hacer (miren "Viaje con nosotros" o "El huevo de Colón") y que tenía todo el derecho a hacer lo que le petara sin que, ni la cadena, ni mucho menos uno de sus currantes le tocara los cojones con escaletas, tiempos y un largo etcétera de cosas técnicas. Es más, entiendo que es un error tener a un presentador que ejerza también de director. Y no lo digo yo: ¿Se acuerdan de "La azotea de Wyoming"? Pues eso, bastante hace el presentador con presentar y con estar brillante y con todo lo que tiene que hacer como, para encima, tener que bregar con el resto de cosas. 

El caso es que, en el momento en que estaba sentado con Juan y Maribel echando el bofe por la boca para terminar el guión de la noche (ese día, encima, Javier se retrasaba y teníamos miedo de que no se pudiera ensayar) mi relación con el director/presentador era, a ver como lo digo, tensita.

Y en esas entró Sofía. Sofía tenía la tarea ímproba de traer dos invitados y una actuación musical a cada programa y, además, la de conseguir a todas aquellas estrellas anónimas (como el imitador de Torrente fallido) que engrosaban la lista del programa. La cosa era jodida por dos razones: en España, aunque ya entramos más por el aro, la promoción es algo que parece que no va con el artista que muchas veces se niega a conceder una entrevista a un medio que no sea mayoritario (pese a que ahí está Santiago Segura para demostrar lo contrario) por parecerle un empacho, un sopor y un aburrimiento eso de hablar de sí mismo y de su trabajo y que nuestro programa era muy pequeño y se hacía a unas horas un poco extravagantes para este país (de noche, fíjate, como si aquí la gente saliera por la noche...) y, por otro, era cierto que Javier Gurruchaga quería mantener un cierto nivel con lo que no le valía todo el mundo y, con todo el mundo, quiero decir que por allí pasaron muchos políticos (Almunia estuvo francamente divertido, por ejemplo) y gentes de la cultura y de las artes muy importantes (Ian Gibson se permitió el lujo de coger unas maracas y comportarse, como él dijo, como "un guiri en Benidorm" persiguiendo en tremenda conga a los otros invitados que estaban en el plató). 

A Sofía le iba la vida en aquello y, aquel día, andaba demasiado atareada con otras cosas como para buscar dos estrellas para aquello de las estrellas anónimas. "¿Se te ocurre algo?" me dijo. Y, sin malicia, dije: "Hostias, hay unos tíos de Sevilla que se llaman The Vagos que molan un montón y otro tío de aquí de Madrid que se llama El Capitán Entresijos que es la caña de España". Así. "¿Pero como son?" Dijo Sofía. Y yo "pues los de Sevilla se visten en plan hippy chirigotero y se maquillan como si fueran Marc Bolan y el Capitán Entresijos es un tío que toca punk con un bajo, unas gafas de sol como las de Liberatore y un gorro de ducha...creo que a veces los de su banda se ponen máscaras". "Joder" dijo Sofía. En ese momento terció Juan Potau que dijo "Esas cosas le gustan a Javier, que van mucho con el rollo de su espectáculo". 

Así que Sofía me hizo caso y, en realidad, pensé que obraba bien y que, sí, que ese rollo le iba a molar al director/presentador. 

Y vino el Capitán Entresijos y se produjo su actuación (que dedicó a la gente que lo estaba viendo desde la bodega de su barrio porque en su casa no se "pillaba" Localia) y entonces, como pueden ver en ese vídeo que encabeza esta historieta se produjo esa tensa reacción del director/presentador. 

Y entonces tuve una de esas nítidas visiones del futuro a las que la gente tan poco lúcida y con tan poca perspectiva como yo estamos acostumbrados y lo vi claro y meridiano, cristalino, fetén...pero me callé y no dije nada y seguí con mi vida y comencé a notar que, a mi alrededor, todo comenzaba a ser muy raro. 

Unos pocos días después acudieron al plató Javier Cámara, Pau Durá y Gonzalo de Castro al plató para promocionar una obra que estaban haciendo y, antes del programa, me senté un rato a charlar con ellos. Javier Cámara me dijo "¿Cómo va todo?" y les hice a los tres partícipes de la visión que había tenido días antes y que se había hecho realidad esta tarde: "Bien, pero a mi han despedido esta tarde". "¿Y qué ha pasado?" dijo Javier Cámara. Y contesté: "No se, creo que traer de invitado al Capitán Entresijos". Y se rieron. Yo también porque, al día siguiente, se me abrió una puerta más emocionante todavía. Pero eso es otra historia. Esta era la que tiene la moraleja siguiente: "No inviteis a grupos punks a vuestros programas o, es posible, que alguien no entienda la broma".

Durante el tiempo que estuve allí tuve la suerte de conocer (en las pequeñas pre-entrevistas que hacíamos) a gente como Almunia, Federico Luppi, Simancas, los hermanos Lera (Justo, Chete y Joaquín), Carlos Segarra, La Frontera, La Buena vida, Unai Elorriaga así como trabajar con una gente estupenda. Por otro lado, y eso queda para mi, el día de la fiesta de clausura (desgraciadamente Localia dijo "ya vale" en la primera temporada) me marqué una actuación musical con Michele McCain que, sinceramente, me hizo temblar...bueno, eso y poder salir en una tele disfrazado de presentador de noticas mexicano.  Ah, y no estuvo nada mal trabajar con Gurruchaga con el que hice algo parecido a las paces dos semanas después de largarme de aquel programa en el que me lo pasé tan bien.

Y LA SECUENCIA FINAL TRAS LOS CRÉDITOS: No he contado qué ocurrió cuando aparecieron por allí "The Vagos", aquel grupo de Sevilla que recomendé y que también fueron invitados. Yo ya no estaba allí pero, digamos, que la canción elegida por el combo sevillano, su éxito "no, no soy gay pero me cabe el AVE" no fue del gusto de nadie y fue tildada de homófoba, entre otras cosas...el caso es que también cargué con aquellas culpas desde la distancia. Y aquí, sí, llega el FIN.

sábado, 26 de junio de 2010

Lo malo de no echarle tiempo o como lo "pasemos" de bien en Casa Vasile

Les cuento una anécdota: un director llama a un guionista y le pide que trabaje en un guión a toda leche porque tiene que entregarlo para hacer una película. El guionista le pide la mitad de la pasta y, cuando la recibe, se lía un poco con las cosas de la vida y con tener dinero en el bolsillo después de mucho tiempo y, cuando llega la fecha de entrega sólamente tiene unas cuantas ideas anotadas. El director, preocupado, le llama y el guionista buscando una última vía de escape le dice "vale, voy por tu casa y lo terminamos juntos porque no lo tengo claro". El director, apremiado, le dice que vale. El guionista acude, el director se pone delante de la máquina y el guionista poco a poco va soltando ideas medio hiladas que puedan llegar hasta la ansiada página 90 o 94. Pese al disparate, el barullo y el atropello la noche se alarga y el director sigue tecleando un poco mosqueado por los pasos que está tomando el guión. El guionista, acorralado completamente, encara la última secuencia en la que se le ha ocurrido que todo termine en un juicio. El director le apremia a terminar y él dice, "ya, ya tengo la última frase, apunta". El director sigue tecleando sobre la máquina mientras el guionista dice: "En verdad, señor juez, que no hay fresón como el fresón de Aranjuez y....ya, fin". 

Obviaré el nombre de ambos protagonistas, por ser ellos lo suficientemente reconocibles, pero ni que decir tiene que ni la película se hizo ni el guionista cobró el otro 50%.  

No tengo dudas de que algo parecido debió de pasarles a los guionistas de "Perdidos" en la última temporada: quizás las fechas eran muy ajustadas para terminar un guión decente, no se pusieron de acuerdo en cómo terminarla o, simplemente, estiraron demasiado un truco lo suficientemente agotado en las cinco campañas anteriores. Como decía uno de los protagonistas de la anécdota que encabeza esta entrada "hay películas que van perdiendo estrellitas de los críticos con los años y otras que las van ganando". Se puede aplicar esto mismo a las series de televisión, me imagino, el final de "Perdidos" es sólamente el resultado de una serie de guiones torpes y propios de gente que no se entera porque está a otras cosas.

Siempre que alguien me pregunta sobre como se escribe una historia le cuento, básicamente, lo mismo: usa el sentido común. Es decir, aplícale cierta lógica a los movimientos de los personajes y permite que circulen diciendo cosas coherentes, que hablen como hablarían, que actúen como deberían de actuar. Da igual que estes escribiendo una película de barcos o una serie sobre un vecindario: todos los personajes tienen que estar cubiertos de cierto sentido común, si eres capaz de aplicarlo, es posible que tengas una historia que no se caiga a pedazos. La simple aparición de una pistola en una narración (me estoy refiriendo a nuestro país) es ya un embrollo que hay que explicar porque la gente normal no suele guardar pistolas en su casa y, por lo tanto, tendrás que explicar de donde viene esa pistola y, sobre todo, por qué el personaje que la tiene sabe empuñarla. Si eres capaz, estás en el buen camino.

Este año Cesar Strawberry y yo fuimos requeridos por Casa Vasile para escribir una serie de bajo coste para uno de los canales de TDT de dicha cadena. Aplicamos esa misma lógica dentro de una comedia chiflada que se parecía más a "Los Informáticos" o "La Pareja basura" que a "Friends" o "7 Vidas". El caso es que, durante un tiempo, nos dejaron hacer y parecían encantados con que estuviéramos escribiendo una serie sobre gente tarada. Estuvo bien porque, durante algunos días, pensamos que de verdad iban a rodar nuestros guiones sin tocar ni una sola coma y a respetar la dictadura total del absurdo. 

En estas apareció una vieja gloria de las series juveniles en una de las reuniones para decirnos, muy cordialmente (que es como se le dicen las cosas a un tío con los brazos tatuados y al gordito nervioso que tiene al lado), que la serie "fallaba". Todavía quitándonos las legañas de la estupefacción dejamos al pájaro darnos una charla sobre la necesidad de hacer unos personajes menos extremos que se expresaran en términos "más agradables" para la audiencia, que esas cosas estaban bien pero que el público no las iba a entender. En lugar de darle dos tortas nos echamos a reír tan alto y tan fuerte que estuvimos a punto de caernos de la silla, por un  lado porque el discurso de "yo se lo que hay que hacer" nos pareció una de las cosas peor planteadas, más ampulosas, más llenas de tópicos y menos interesantes de la historia y, por otro lado, porque creo que el compinche y yo mismo tuvimos un simultáneo ataque de realidad o, lo que es lo mismo, tomamos conciencia de donde estábamos, con quien estábamos y lo que estábamos tratando de vender. ¿Casa Vasile comprando guiones de ese tipo? No lo creo, amigo. 

Dos días después, y con un frío e-mail, nos comunicaron que estábamos "fuera del proyecto". Comprendimos que habían aplicado el sentido común: Quiero "Aída" no vuestro rollo.

El caso es que cogieron a otro equipo y la serie anda rulando por la parrilla de la TDT con más pena que gloria. Lo que me lleva un poco al principio: al fresón de Aranjuez. Es verdad que es malo no atender a tu trabajo pero, también lo es, pedir milagros en una semana. Es contraproducente. Es una de las razones por las cuales la ficción tiene un camino tan malo, en algunos casos, en nuestro país: las cadenas parecen desconectadas completamente de la realidad y actúan como esos clientes pesados que jamás se dejan aconsejar sobre nada. Mal hecho. en la BBC no entienden muchas de las series que producen como cuenta, solapadamente,Ricky Gervais en su estupenda "Extras" pero las ruedan y las estrenan olíéndose que al otro lado de la pantalla hay gente que sí las va a entender. En nuestro país eso no ocurre. Si nos fijamos en un formato de producción, aunque sólamente sea por recursos, es mejor tomar a los ingleses como referencia y no a los norteamericanos que nos llevan años luz.

Por otro lado es absurdo ese "sí o sí" de producir a toda prisa y, lo que es peor, exigir que se escriba a toda prisa con la esperanza de recortar un poco el presupuesto. Si a un arquitecto le dices que tiene que ahorrar en las calidades de los cimientos lo normal es que te diga que se te va a caer la casa encima.

"Perdidos" es el ejemplo de que no se pueden hacer las cosas mal, de que hay que cuidarlas hasta el último minuto para no dar el resbalón.

Nota del Insustancial: Rajoy División es una formación de Valencia (yo diría que representan todo aquello que es bueno y justo por tierras valencianas)  que afirma "hacer música para triunfadores" y como esta es una historia sobre fracasos me parece que daban el punto perfecto. Si quieren saber más sobre esta banda y sobre su frontman, Alex Martí, visiten el blog losperrosdelcurro.blogspot.com una de las mejores cosas que se escriben en la red.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Fallida venganza



Estaba escribiendo el guión del programa de por la noche cuando lo vi a través de los cristales del despacho de guionistas/lugar para todo. Se metió en la sala de invitados/lugar para todo y se sentó en uno de los sillones para hablar con los dos presentadores del programa en el que iba a ser entrevistado.

Cuando la charla ya había terminado, se atuso un poco el pantalón, se levantó y se estiró de la chaqueta. Los presentadores salieron de la sala y lo dejaron solo por unos instantes momento que aprovechó para ensayar un poco lo que iba a decir.

Como no iba mal de hora me levanté a por un café y, de paso, a vengarme por una cuenta que yo tenía pendiente con él pero que él no sabía ni siquiera que existía.

Abrí la puerta de la sala de invitados/lugar que utilizaba el equipo del late show donde trabajaba para todo cuando no estábamos a la vista de los jefes de la casa y levanté la mano para llamar su atención, me sentí como Bruto empuñando la daga que apuñalaría el corazón de Julio Cesar.

Pero, de pronto,  como un rayo se acercó a mi con una sonrisa enorme y abrió los brazos diciendo "¡Por fin, ya estás aquí!" como si me hubiera estado esperando toda la vida, como si nos conociéramos de siempre. Completamente confundido respondí a su largo y calidísimo abrazo. "Mírate" dijo "¡eres fuerte y duro como una montaña!" y después me volvió a abrazar. En silencio pero flipado respondí a ese abrazo que a esas alturas parecía el de dos viejos amigos.

"¿A qué viniste acá? ¿Eh?" Dijo mientras me agarraba del brazo amigablemente. "Vine a pillar un café de los termos estos..." y después se hizo un silencio de dos o tres segundos en el que su rostro dibujó un gesto de mínima pero muy perceptible decepción. "¿Cómo te va todo?" dije para rellenar el silencio. Como si le hubiera contado el mejor chiste o quizás pensando que lo del café era una excusa, una broma, se echó a reir y golpeándome un poco el estómago con la palama abierta dijo "me matas, de verdad que me matas".

Después nos sentamos en el sofá.

- "¿Viniste buscando café y respuestas, verdad?".

-"No, sólo café y saludarte, claro". Mentí como un bellaco, claro.

-"Me doy por saludado, misión cumplida. Fíjate bien que no podía más que saludarte y que salir a tu encuentro para que ambos recorríeramos el mismo camino. Nada más entrar me fijé en que andabas atareado trabajando y cuando te vi levantarme pensé que si venías hacia acá a saludarme sólo podía pagarte haciendo la mitad del camino y recibiéndote con lo único que te puedo dar que es un abrazo....porque no tengo respuestas para tí, ni consejos. Bueno, sí, sólo uno: no persigas a nadie porque nadie tiene esas respuestas que tú buscas". Después amigablemente y, sin dejar de sonreír, me volvió a golpear los hombros con fuerza, con un poco de saña yo diría. "Eres todo fuerza, un bruto, en el buen sentido ¿hiciste todo ese camino para venir a verme? ¿Quieres otro abrazo?".

-"Después, en la despedida quizás..." dije.

Otra vez se echó a reir y me miró con cara divertida, con esa cara que le había visto poner cientos de veces en la televisión, una sonrisa de medio timador, medio genio, medio colgado. De verdad que, en ese momento, me sentí un poco escudriñado, como si de verdad esperara que me derrumbara y le pidiera las respuestas que ya me había dicho que no tenía.

Uno de los presentadores, un buen tipo, vino a recogerlo de la sala de invitados. "¿Todo bien?" preguntó. "Sí, todo bien...estaba charlando con este amigo". "Joder, Insustancial va a ser verdad que conoces a todo el mundo...¿Ya os conocíais?". Antes de que pudiera decir nada el hombre se estiró el pantalón sobre sus piernas, se levantó enérgicamente y en el salto centesimal volvió a colocarse la chaqueta negra. Por cortesía me levanté y ahí estaba él para recibirme con otro abrazo y decir "No, no nos conocíamos de antes pero ahora ya somos amigos ¿verdad?".  Le dije que sí. "Pues, cuando quieras nos vamos" dijo el presentador "estamos a punto de comenzar".

La pareja se largó dejándome allí tirando del café y me pregunté a mi mismo si no hubiera estado bien haberle hecho la pregunta que me prometí mil veces hacerle si alguna vez me lo cruzaba y pensando en como había perdido la oportunidad de quedarme más que a gusto. La pregunta era esta:

"En 1970 usted acudió a un pase privado de la película "The last movie" invitado por su director Dennis Hopper. Según declaraciones del montador, David Berlatsky, la película que usted vio era una obra maestra que podría haberse convertido en una de las referencias cinematográficas de los años 70 pero, al finalizar el pase, y al ser interrogado por la misma usted le dijo a Hopper que era una bazofia sumiendo a su creador en una crisis artística que lo llevó a encerrarse durante unos meses con el material y devolver al mundo un nuevo montaje pretencioso y mediocre...Señor Alejandro Jodorowsky, ¿por qué no se estuvo calladito?". 

Pese a lo mucho que me ha dado Jodorowsky (sobre todo en el campo del cómic) reconozco que jamás le perdonaré que destrozara la película de Hopper. I swear. La próxima vez con caeré en sus truquitos de tío afable y prometo ser implacable aunque, a lo mejor, ese día me acuerdo de que fue el tipo que escribía los cómics de Moebius y se me vuelve a ablandar el corazoncito.

domingo, 17 de enero de 2010

Lisboa-Puerto Príncipe



Nota del Insustancial: Esta fantástica canción de Woody  Guthrie, titulada "La cosa más importante que ha hecho el hombre", es un repaso de todas las gestas que según el cantautor estadounidense el hombre (el hombre sencillo  y anónimo, el ser humano insignificante) había conseguido con su esfuerzo...me parecía que venía que ni al pelo para ilustrar esta entrada aunque es posible que me equivoque. La letra, extendida, puede encontrarse aquí.


28 horas. Madrid-Lisboa-Madrid. Las cosas así hacen que entiendas por qué la cabeza de Tyler Durden hizo catacroker. Cena y fados en el Barrio Alto y, por la mañana, entrevista con Joao García, el primer alpinista portugués en coronar la cumbre del Everest. Lo consiguió el 18 de mayo de 1999 junto al belga Pascal Debrouwer. Lo hace sin  oxígeno suplementario como le enseñaron los alpinistas polacos (tienen fama de ser los más duros y estóicos) con los dio sus primeros pasos por la cordillera del Himalaya en 1993.
En el descenso  los pequeños errores que los dos compañeros cometen en la ascensión (falta de hidratación, abandono de material que llevaban en la ascensión...) de pronto se suman para convertir la gesta en una tragedia. El mal tiempo les sorprende, se desorientan y cualquier paso es lento y costoso. Pascal, muy debilitado, se queda en el camino mientras que Joao inicia una carrera contra el reloj para alcanzar el último campamento. Cuando llega, y pese a las malas condiciones metereológicas, decide tomar fuerzas y volver a por su compañero. No lo consigue. Pascal fallece.

A la muerte de su amigo, con el que llevaba tres años intentando alcanzar la cumbre, se unen las secuelas de la expedición: Joao tiene la cara y las manos destrozadas por la congelación. Pasa tres meses en el Hospital de Zaragoza donde le reimplantan parte de la nariz y le amputan falanges de varios dedos. Dice que se sintió más solo y desorientado en la habitación de aquel hospital que en medio del Himalaya.

Joao tardó dos años en recuperarse física y mentalmente de aquello pero volvió a la montaña dice que "demostrando que lo más importante es creer" mientras se lleva una mano a la cabeza y sonríe tímidamente. "La montaña te lo da y la montaña te lo quita".  En abril de este año intentará escalar el Annapurna y, si lo consigue, entrará en la selecta lista de escaladores que han conseguido encaramarse a los 14 "ochomiles" que hay en el mundo.

Conociendo la historia de Joao creo haber entendido la diferencia que hay entre la obsesión y la determinación.

Es posible, y es sólamente un juicio personal, que el primer Joao García que subió el Everest lo hiciera movido por la obsesión de alcanzar una meta que se le había resistido dos veces anteriormente. La perentoria necesidad de llegar arriba le hizo tomar demasiados riesgos porque lo único importante era llegar. El Joao García que reinició su carrera dos años después era un tipo diferente, alguien movido por la determinación de culminar su sueño pero entendiendo que "el alpinismo es una escuela que cultiva la paciencia" en un mundo en el que creemos que todo tiene que ocurrir inmediatamente.

Las tragedias tienen el curioso efecto de recolocar automáticamente nuestras prioridades y de darnos la oportunidad de tener una visión más amplia y certera del espacio exacto que ocupamos, de la sombra que hace nuestro cuerpo y nuestros actos. Las cosas que parecían no tener importancia pasan a un primer plano y las que parecían ser cruciales nos parecen gilipolleces en las que hemos perdido demasiado tiempo.

Mientras revisaba la cinta con la entrevista a Joao no he podido dejar de preguntarme sobre el efecto que la tragedia de Haití tendrá sobre el planeta, sobre si alguien que pueda hacer algo de verdad (me refiero a aviones, comida,agua, millones de dólares para la reconstrucción de un país...está muy bien mandar diez euros a una ONG pero todos sabemos que se necesita más de un grano de arena para hacer una playa) pensará ahora que Haití y el tercer mundo en general es más importante de lo que, en un primer momento, parecía. Es posible que alguien que pueda hacer algo de verdad caiga en la cuenta que haber permitido que un país  sufriera las iras de dictadores como Torrijos (pese a ser el dirigente de la República Dominicana no tuvo empacho en iniciar unas cuantas operaciones que tenían como objetivo reducir el número de haitianos dentro de sus fronteras con la excusa de que "había demasiados negros en la isla") o de tener dirigentes como los Duvalier (padre e hijo esquilmaron el país, perpetuaron un régimen de terror alimentado por un extraño coctel de vudú y aniquilación servido por los machetes del Ton Ton Macoute) sea la causa directa de que un país entero haya desaparecido ante nuestros ojos porque el terremoto simplemente ha removido los cimientos de un país que llevaban siglos siendo sistemáticamente carcomidos por la miseria, la corrupción, el analfabetismo...males todos ellos engendrados por el olvido.

miércoles, 16 de julio de 2008

Trabajo, The wonder years


¿Tienen ustedes un cuñao?
Se parecen bastante a los Sea-Monkeys. Ya saben, la persona que te los trae a casa te los vende como la última maravilla pero, en realidad, son un coñazo. De hecho, al igual que los famosos monitos acuíferos, los cuñaos pueden ser observados un rato como curiosidad pero, cuando se pierde la novedad y descubres que no son la bomba, comienzas a pensar en cómo deshacerte de ellos o en como torturarlos para entretenerte. Yo con el mío tengo suerte, es un Sea-Monkey del bien. No habla de fútbol más de lo necesario, no se empeña en demostrarte que es un manitas, se presenta y se va a su hora y no aprovecha cualquier instante para meterle mano a mi hermana. Se le agradece, conozco otros cuñaos y, yo mismo, he tenido que ejercer ese ingrato papel rodeado de gente que te mira diciendo: "¿Estás mancillando a nuestra pequeña, no es cierto, maldito cabrón?".


Mi cuñao es del fenotipo preguntón-soy una contradicción con patas: Dice que el mundo está mal hecho y que no entiende porqué hay que trabajar y levantarse pronto. Será porque trabaja como delegado de una empresa de Trabajo temporal. Me preguntó que cuantos trabajos había tenido en mi vida. Han sido muchos. Llevo currando desde los 16 y he sido: dependiente de video-club, agente de seguros, caddie, camarero, portero, pinchadiscos, recolector de tabaco rubio (en la finca de uno de mis tíos, una paliza irrecomendable a precios disparatadamente bajos), realizador, guionista, ayudante de producción, jefe de producción, decorador, operador de Efectos Especiales, profesor, animador, coordinador de una muestra de cine, redactor, jefe de sección, redactor jefe...


En todos estos años el mundo laboral me ha regalado algunas de las anécdotas más bizarras que me han ocurrido. Seguramente mi preferida sea la de mi primer trabajo de oficina de verdad. Me contrató, bueno un decir en estos tiempos, una pequeña agencia de publicidad que se dedicaba a hacer videos industriales, spots para teles locales, eventos y cosas así. La verdad es que conseguíamos que muchos de los anuncios de Movierecord parecieran hechos por Scorsese si los comparabas con nuestros curros.
El caso es que la agencia era tan mínima que sólo estábamos dos personas: el que se encargaba de los números y los clientes y yo que me dedicaba al asunto creativo. Los jefes eran los que editaban-rodaban-llevaban la cámara y nunca estaban en la oficina.
Después de una semana allí me di cuenta de que mi compañero de trabajo comenzaba a dar preocupantes muestras de no estar muy bien de la cabeza. Hacía cosas como estas:



-Autonombrarse DIRECTOR GENERAL y DIRECTOR FINANCIERO (Lo juro, se hizo unas tarjetas con el Publisher).
-Hablaba todo el rato por teléfono con sus colegas a los que transmitía sus inquietudes sobre los problemas de su “departamento” (o sea él) y, conmigo delante, que custodiaba la otra mesa, hablaba sin empacho de la desconexión que existía con el “departamento creativo” (o sea yo) con el que mantenía, parece ser, grandes diferencias. Decía cosas como “ya sabes, estos artistas” o “He invitado a los chicos de Creatividad a comer hoy y no veas, que personajes”. O sea, que el tipo flipaba y así gastaba su tiempo, me hizo gracia que se inventara su propia oficina Pin y Pon.
Decía que si parecía que éramos más daríamos una imagen de solvencia mayor. No le llevaba la contraria.

- El tipo, la verdad, no era una lumbrera y se hacía un lío con los ordenadores. Internet era todo un misterio para él y lo detestaba especialmente. Decía cosas como "mira yo estudio económicas en el CEES (remarcaba mucho eso del CEES) y allí todo el mundo sabe que eso del internet va a ser un bluff...no tiene utilidad práctica y es una pérdida de tiempo, la gente querrá seguir haciendo las cosas en papel, como toda la vida...".

- Como no le molaba mucho lo de internet y me veía todo el día trasteando decidió que me desconcentraba. Una mañana fui a encender el ordenador y no iba. Vaya. Alguien había sustraído el cable de la alimentación.

-"¿Me has quitado el cable del ordenador?".
-"Sí, es que estás todo el día en internet..."
-"Ya, pero es que internet entra por ondas (se lo dije así para que no se llevara el modem) y no por el cable de la electricidad".



Más tarde, días más tarde, no se le ocurrió otra cosa que llamar a un señor del soporte técnico para que le pusiera claves al ordenador y así restringirme el acceso al mismo.


-"Para escribir te apañas con un papel y un boli, como los de toda la vida, y cuando lo quieras pasar a limpio me lo dices y te lo conecto yo...".



Al poco rato se largó a una de sus misteriosas visitas a clientes, en realidad, se iba al coche a dormir (lo tenía aparcado en un descampado que se veía desde la ventana de la oficina) o a una tasca a tomarse unas cañas con un amigo suyo (volvía con los ojos chisposos y oliendo a birra, no puedes engañar a un chuzo como yo...), y me fui a su archivador donde, efectivamente, tenía un papel donde había escrito la clave.
Cuando llegó me vio utilizando el ordenador.

-"¿Qué haces?"

-"la verdad es que se me dan muy bien los ordenadores, hice un curso y soy capaz de desencriptar cualquier clave. Pongas la que pongas voy a descubrirla. el Pentium 100 no tiene ningún secreto para mí...".


Un día se acercó a mi mesa, tiró del cable del teléfono y se lo llevó. le pregunté que qué ocurría y me dijo:

-"He decidido que dos teléfonos son mucho dinero y que lo mejor es que llames desde el mío...".

Al día siguiente me presenté con uno que me apañó un vecino.

Otro día, delante de un charcutero al que le hacíamos los vídeos, me llamó a su mesa, que estaba como a dos metros y dándome una palmadita en el culo y hablándome como si tuviera tres años me dijo: “Sé bueno y tráenos unos cafés anda…”. Escupí en el suyo a la vuelta, me sentí una becaria acosada pero satisfecha.




El culmen de todos aquellos despropósitos se producía los lunes en los que enterraba el hacha de guerra durante un rato para traerme una coca-cola a mi mesa y contarme toda la retahíla de polvos que había echado durante el fin de semana. Llegué a pensar que, de una semana a otra, no se acordaba de lo que me contaba. La historia era la siguiente: llegaba a Pachá, se fijaba en una camarera, go-gó o "chica bien de no más de 20 años" (una pepera con minifalda y collar de perlas); las llevaba a casa en su coche y, en el camino, surgía el amor y el polvo. Ponía mucho énfasis en la frase siguiente: "tío, cuando la tenía en pelotas le pedí que se diera la vuelta y le di una tobita en el culo para comprobar el material...uffff...lo tenía como una roca...".


Creo que todavía conservo las REGLAS DE BUENA CONDUCTA, hechas en PUBLISHER (le molaba mazo ese programa). Me las leyó, eran como 20 y decían cosas como “Hay que llevar traje para dar buena imagen”, “No se pueden llevar vaqueros”, “Las ausencias serán notificadas por escrito a la DIRECCIÓN GENERAL con 72 horas de antelación “, “Hay que hacer inventario del material de oficina semanalmente”, “Los descansos serán de 20 minutos y se descontarán del sueldo”, “A todos nos gusta divertirnos pero no se pondrá música en horas de oficina”, “Hay que sonreir a los clientes, una sonrisa es un cliente contento” etc., etc….luego me las dio y me dijo “Firma”. Lo firme y me dijo “Si no las cumples tendremos que tomar medidas administrativas, avisado quedas”.




Como me aburría bastante decidí inventarme mis propios juegos:

-Me hice unas tarjetas donde ponía “EXECUTIVE SENIOR CREATIVE MANAGER”.
-Invitaba a amigos míos que se hacían pasar por personas interesadas en adquirir nuestros servicios y así pudieran conocer al personaje en cuestión. Algunos de mis amiguetes, los que tenían más morro, le sacaban al Director General unas copazas en el Pub de abajo donde siempre nos trasladábamos para cerrar los tratos millonarios.

-Salía con cualquier excusa (bolis, clips. tippex e, incluso una vez porque dije que había escuchado algo raro al otro lado) para visitar a las de la oficina de al lado (todas muchachas en edad casadera). Jamás he bebido tanto café de máquina.
-Iba a hacer caca y pis muchas veces, mucho rato, lo que le sacaba especialmente de quicio. Entonces llamaba a sus colegas (eran míticos, él los llamaba así) para preguntarles por las dimensiones exactas de la vejiga de un “artista”.
-Cuando el tipo desaparecía para ver a sus presuntos clientes me dedicaba a husmear en sus cajones encontré, lo juro, sus apuntes de Económicas (el tipo estudiaba eso por las mañanas) repletos como de poemillas a chicas de su clase, fotos de vacaciones pasadas (no sé que harían allí) y, jolgorio oh jolgorio, la mayor colección de tarjetas de puticlubs que he visto en mi vida.

- Me daba a leer cartas que mandaba a clientes. Normalmente con muchas y desastrosas faltas de ortografía. Le decía: "Está perfecto". Y seguía a lo mío.

¿Y a ustedes, los han puteado mucho en el trabajo?

martes, 8 de julio de 2008

A grandes males, peores remedios...


Desde que los medios de la zona nacional se han apropiado de la palabra NAZI ya nada es lo que era... Si lo piensas bien es bastante curioso que gente como los que ustedes saben se pasen el día inventando jueguecillos de palabras para hacer que ustedes se sientan culpables:

Sí, si quieres casarte con un señor de Cuenca y tu eres un señor de Murcia serás un "rosapardo"; si votas a un partido nacionalista serás un "nazi-onalista" y si los dirigentes de dicho partido pactan con el PSOE pues, claro está, está usted apoyando un entente "nazional-socialista".

Si es usted un ROJO no se preocupe, ya dejan ellos claros que ser "rojo" es bastante peor que ser NAZI o, por lo menos, lo mismo.

La comparativa es abrumadoramente facilona. Olvidan claro está que los NAZIS (los genuinos, los del bigotito que fumaban sujetando el cigarrillo graciosamente) llegaron al poder gracias al apoyo de la burguesía alemana y austriaca que veía con bastante peores ojos a los comunistas. ¿Quién se acuerda de aquello? Está claro que los historiadores (aquí pueden reírse maliciosamente) que ustedes saben no están por la labor de explicarles eso. Yo les recomiendo que lean "Una Princesa en Berlín" (Arthur R.G. Solmssen) una interesante novela editada por Tusquets que cuenta bastante bien el trasfondo histórico que propició el desembarco de Hitler en el prechamuscado Reichstag.



Resulta que las derechas nos llaman NAZIS y aquí no se mueve ni Dios. Qué bueno. Resulta que Arzalluz es un nazi y Franco hizo la guerra Santa contra el Rojo maloso para traer la democracia (Moa Dixit). ¡Qué risa, María Luisa!



Las palabras son un material dúctil que puede retorcerse o girarse a izquierda o derecha a voluntad del emisor...desgraciadamente también la historia.
Será por eso, porque la historia es fácilmente maleable (en todo su significado) o porque no hay memoria de ley histórica que arregle esto que en Europa va a ser posible trabajar 65 horas por semana.
La regla capitalista es tan sencilla que aturde: más horas de trabajo, más productividad. Más productividad más competitividad con el mercado asiático que es la repanocha, al parecer, y que viene con ganas de zamparse el euro sin palillos ni nada.

Y yo digo: ¡Está muy bien! ¡Claro! ¡Pero si se le ha ocurrido a luminarias como Sarkozy, Rato y Berlusconi! ¡Gracias! ¿Cómo hemos sido tan tontos de no darnos cuenta?

Y añado: 65 horas por el mismo precio. ¡Todo por la empresa! ¡Si me van a explotar que sean los de siempre y no unos amarillos de mierda que pondrán en cada fábrica un poster de Mao!

Porque, vamos a ver, ¿Dónde ibas a estar mejor que currando? ¿Leyendo? ¿Ligando? ¿Yendo al cine? ¿Escribiendo este blog? ¿Quién inventó el obsceno término “horas de recreo”?
Propongo estas medidas para ayudar a nuestra competitividad:


- Permitir el empleo a partir de los 5 años:

Así las empresas no tendrán que largarse a Asia o África a buscar mano de obra barata y tendremos algo que hacer con todos esos niños ociosos que ocupan nuestros parques.
El trabajador infantil es barato, es dócil y, sobre todo, muy manejable. Los deditos de un niño son perfectos para meter polvora en una bala, coger pinceles pequeñitos para dibujar primorosas cenefas en platos-souvenir y sus cuerpecitos tan pequeños son ideales para colarse en los agujeros más recónditos de las minas. Un niño trabajador trae todos los meses un sueldo a casa, un niño estudiante trae problemas y la cabecita llena de ideas absurdas. Mal.

¡Pero, por Thor! ¡Si eso ya lo sabían en la Inglaterra del Siglo XIX! ¿Cómo hemos podido involucionar tanto? ¿Qué hacen los niños todo el día tocándose el bolo? ¡A currar! Desde ahora los niños vendrán no con un pan, sino con una nómina debajo del brazo.


Elegir a Mugabe Presidente de la UE:

Venga, quitémonos la máscara de una puñetera vez. ¿Qué pasa con Mugabe? What´s the problem? En realidad el dirigente de Zimbawe es un avanzado a su tiempo. Un estadista. Ha destruído la economía de un país próspero, ha implantado la corrupción como modelo, ha eliminado las instituciones, se ha postergado en el poder...¿Alguien duda de que el propio Berlusconi tiene a Mugabe como ejemplo de dirección? ¿No ha hecho él lo mismo con Italia?








Elegir a Kim Jong-Il como Vicepresidente de la UE: Muy pocos dirigentes mundiales pueden decir que controlen mejor que él su país y ninguno de los dirigentes europeos podrá decir que ha conseguido tener una tasa de desempleo del 0%. ¡Toma ya! ¿Y como lo ha conseguido? Fácil. Puteando al obrero y llevándose los pocos beneficios. Como aquí pero con empleo público. ¡Aparta Roosvelt, Masón! ¡Que aquí viene el norcoreano visionario!
Además es un tipo de una exquisita cultura cinematográfica: dicen que su colección privada de películas alcanza los 20.000 títulos y, en su juventud, con su papi todavía vivo, fue detenido en el Disneyland japonés con un pasaporte falso y expulsado del país, o sea, un aventurero.





Crear dos o tres Homelands: Una idea fantástica del añorado Apartheid Sudafricano. Los dirigentes afrikaneers crearon ghettos llamados homelands donde obligaban a vivir a los habitantes de raza negra. Dichos homelands tenían un aspecto de falsa independencia e, incluso, otorgaban una falsa ciudadanía. De ese modo los trabajadores negros podían "emigrar" diariamente a Sudáfrica y trabajar allí pero sin ser tratados como ciudadanos de pleno derecho. La solución es crear este tipo de países-barrio y meter allí a los pocos inmigrantes que se aventuren a recalar por Europa. De ese modo podremos expulsarlos y pagarles lo que nos de la gana.



Implantar la esclavitud: Sin mercados de personas, en realidad. La población reclusa podría servirnos como obra de mano esclava y purgar así su deuda con la sociedad. Limpiar nuestros jardines, atender a nuestros invitados, ponernos la ropa, conducir nuestros coches...¡Alguien tiene que hacer el trabajo sucio una vez que no quede un solo inmigrante! ¡Y (más) gratis!

Y si de esta no me eligen ministro de economía...¿Alguien se acuerda de cuando había sindicatos?