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jueves, 20 de junio de 2013

El Final de "Los Soprano"



Fui con mi tío Julio a ver “Perdita Durango”. Era lunes y fuimos a un cine que ahora es un gimnasio. A ambos nos gustó pero, sin duda,  lo que más nos gustó a los dos fue aquel actor gordinflas, de aspecto sudoroso y eterna cara de angustia y mosqueo.

Durante toda la película Woody Dumas intenta desentrañar el retorcido caso de secuestro de dos adolescentes en medio de un terreno completamente hostil, un territorio fronterizo donde se mezclan dos culturas que se oponen la una a la otra para no ser absorbidas y acaban por fundar una entidad propia. Por ese nuevo “país” fundado en varias religiones, tendencias musicales, literaturas, sociedades etc. pululan ricos despistados que quieren pasarse al lado salvaje, pobres como ratas que quieren saltar al otro lado para llenarse los bolsillos de dólares, mafiosos, criminales sexuales, traficantes (de drogas, de armas, de almas, de fetos) y, en medio de todo aquello, solo Woody Dumas intenta poner algo de orden enfrentándose a la locura colectiva como un policía tan estéticamente horrible como profesionalmente eficaz.

Bien podría Alex de la Iglesia  haber introducido en aquella historia a un policía de una sola pieza, ya saben, a un héroe. Haber invocado la idea de que el Mal absoluto solo puede combatirse con el Bien absoluto. Por suerte, el binomio De la Iglesia-Guerricaechevarría, ya había escrito “El Día de la Bestia” y ya nos había mostrado a otro antihéroe, el Padre Berriartúa, que había llegado a la conclusión de que el Mal absoluto solo puede combatirse con sus mismas armas.

La diferencia, esta vez, estribaba en que Ángel Berriartúa era un ser inocente introducido en un ambiento completamente hostil (El del Madrid de la crisis económica-ideológica de la primera mitad de la década de los 90 del siglo pasado) que inicia con torpeza pero con decisión el camino de convertirse en un socio de Satán (quizás en uno de nosotros) y aquí Woody Dumas es un policía metódico que busca la raíz del mal (A Perdita y Romeo) conociéndolo a la perfección y cuyo mayor inconveniente acaba siendo su propia mala suerte –acaso las interferencias de los “hechizos” del propio Romeo Dolorosa- y una cierta dosis de estupidez de las personas que, en teoría, tienen que ayudarle a completar su misión. Berriartúa se ve incapaz de entender el mal pese a que viene a desatarlo para hacerlo desaparecer y Woody Dumas, sin embargo, lo entiende a la perfección y quiere acabar con él pese a que entiende perfectamente que no será capaz. 


Durante las cañas posteriores el Tío Julio y yo intentamos recordar donde habíamos visto a ese actor. Recordábamos haberlo visto en “Amor a quemarropa”,  “Marea Roja” (ambas de Tony Scott) y en “Como Conquistar Hollywood” de Barry Sonnenfeld. En dos de ellas haciendo de matón y en una haciendo de oficial de un submarino nuclear. Todos aquellos papeles, que en su momento nos habían parecido tan intensos, nos parecieron demasiado pequeños para un actor con tanto talento.
Meses más tarde, leyendo “Durango Perdido” (el diario que Carlos Bardem hizo de “Perdita Durango”), me enteré de que James Gandolfini había conseguido esa cara de angustia y de cabreo continuo poniéndose trocitos de piedras en los zapatos. Un truco tan del “Actor´s Studio” como los de Hoffman en “Marathon Man” (correr toda una noche antes del rodaje de las escenas finales de la película para parecer cansado, sucio y aturdido) que con tanta sorna criticó Sir Laurence Olivier (“No sabía que NO eras actor” le espetó el actor inglés al norteamericano cuando este le explicó su técnica) y quizás tanto como los de Juan Diego (que vivió durante unos meses en una casa completamente vacía) para interpretar a San Juan de la Cruz en “La Noche Oscura” o los de Jorge Sanz que, y esto es verídico pese a estar recogido como ficción en su serie “¿Qué fue de Jorge Sanz?”, reconocía “pellizcarse un huevo” metiéndose la mano en el bolsillo del pantalón cada vez que tenía que llorar en una secuencia.

La anécdota, la de las chinas en los zapatos, nos habla muy bien de James Gandolfini como de un actor tan metódico (más allá de ser un “actor del método”) que preparaba a conciencia sus papeles. Unos papeles que le fueron cayendo a cuenta gotas durante toda su carrera y que, excepto en el caso de “Los Soprano”, no le permitió más que brillar como brillante secundario. Una pena, un déficit del “mercado audiovisual” que venimos arrastrando desde hace ya unas cuantas décadas, porque sin duda se hubiera merecido un poco más. Gandolfini ha sido tan grande que todo lo que ha hecho nos parece grande pero, a la vez, un poco pequeño, un poco injusto, muy poco acorde con su talento tan empequeñecido por una cuestión ridícula:  ese “déficit” de papeles grandes para gente que no entra en los cánones estéticos adecuados o de esos papeles grandes que serían adecuados pero que, desgraciadamente, acaban cayendo en manos de un actor que decide engordar o afearse con complicadas técnicas de maquillaje para poder hacer un papel de estas características. Ejemplos claros de este hecho los tenemos en  Charlize Theron haciendo de Eileen Wournos en “Monster” hasta Leonardo  Di Caprio interpretando a J. Edgard Hoover en “Hoover”. Me pregunto si no hay actores y actrices que pudieran haber hecho esos papeles sin tener que pasar por sesiones maratonianas de maquillaje.

Pese a todo, no hay ni un papel de la carrera de James Gandolfini que, simplemente, no haya bordado y no nos haya permitido retenerlo en la memoria por muy pequeño que fuera. Señal inequívoca de que algo estaría haciendo bien.

Fue la HBO y su papel de Tony Soprano por el que será recordado siempre. De 1999 a 2007 dio vida al jefe de una pequeña familia mafiosa de New Jersey que se pone en manos de una psicoanalista para intentar sobrellevar los avatares de una vida complicada en la que ejerce como “cabeza de familia” de dos familias diferentes: la suya, la que ha formado junto a Carmela, y la otra, el clan mafioso que lidera. Si hay algo interesante de la serie creada por David Chase es que nos encontramos ante un personaje que, durante seis temporadas, aparece completamente partido por la mitad, a veces roto en mil pedazos, un mafioso de poca monta violento y brutal que, a veces, parecía un tierno padre de familia, que, en otras muchas, intentaba recuperar el amor de su mujer, que actuaba según un código moral propio retorcido que, en otras tantas, nos parecía que aceptaba pese a odiar y que, otras, defendía a capa y espada.


Tony había intentado escapar de la herencia mafiosa de su familia, de hecho acudió durante un periodo de tiempo muy corto a la universidad y, sin embargo, como Michael Corleone había tenido que regresar. La cara de Gandolfini/Tony viendo como Silvio Dante (Steve Van Zandt) imita al más joven de los Corleone diciendo eso de “Creí que estaba fuera, y me vuelven a meter dentro” entre los aplausos de los otros mafiosos es, posiblemente, uno de los momentos más duros y a la vez tiernos de toda la serie. En definitiva “Los Soprano” no es otra cosa que una lectura más realista que actualizada de “El Padrino”, una obra cruel con sus personajes y con el desarrollo de la trama donde Shakespeare se da la mano con Hammet, pero también con las portadas de los tabloides y, definitivamente, con la realidad. Nadie duda de que “El Padrino” encierra en su subtexto un discurso completamente inmoral, una especie de traición del subconsciente de Coppola que los propios mafiosos americanos (o gente tan dispar como Gil y Gil, amante de la trilogía hasta el punto de instalar un tríptico de la saga en el centro de negocios de Marbella) leyeron a la perfección: “Somos así porque éramos pobres y tuvimos que hacernos ricos saltándonos el sistema porque este no nos daba ninguna oportunidad”.

Frente a la elegancia y al honor que Coppola le supone a los Corleone, no olvidemos que se inicia una guerra contra ellos porque han prohibido a los otros mafiosos traficar con drogas instalándose a ojos del espectador como unos “mafiosos buenos” o “no tan malos”, David Chase se acerca más a la dolorosa realidad de la biografía de gente como John Gotti y, por encima de eso, dibuja a una mafia menor, arrinconada en un territorio pobretón y dominado por las familias de Nueva York que les aprietan las tuercas cada vez más.



En medio de ese territorio hostil y complejo, violento y brutal, Chase dibujó a un personaje normal, a un mafioso normal, nos deja un regalo a modo de moraleja inquietante: El mafioso no tiene más remedio que ser así no porque tenga honor si no porque tiene miedo de que le corten el cuello. Y, por encima de todo eso, ya no puede dar marcha atrás y dedicarse a algo honrado porque no podría pagarse su tren de vida.
Gandolfini creó a un Tony Soprano completamente humano, tan complejo como todos los seres humanos, un personaje dislocado y continuamente dividido entre lo que le dice su cabeza y su corazón que, muy pocas veces, duda de lo que tiene que hacer. Un mafioso metódico que elimina a los que amenazan su reinado o su supervivencia por cuestiones más humanas que instaladas en la leyenda, la tradición o la ficción.


Con su muerte ha llegado el fin definitivo de “Los Soprano” cuyo final abierto no ha hecho otra cosa que alimentar el debate y la leyenda sobre la propia serie. Unos minutos finales que han sido analizados milímetro a milímetro y donde se han dado todas las hipótesis posibles sobre qué es lo que ocurre en ese larguísimo cierre a negro donde se interrumpe la acción y termina de sonar abruptamente “Don´t Stop believing” de Journey. Una canción melosa que habla de una chica de pueblo y de un chico nacido en el sur de Detroit (pobre como una rata si tenemos en cuenta esa obrera localización) que se conocen en un antro. Y luego la cosa se pone poética y todo parece un tanto hostil como la vida misma y luego se nos dice que hay gente que nació para cantar blues, que todo el mundo quiere emoción, que la gente apuesta por ganar y que hay gente que gana y gente que pierde…y también que, pase lo que pase, la “película nunca termina y que la siguen proyectando una y otra vez” y, claro está, que si somos gente de la calle, que pese a ser gente de la calle, esa gente normal que puede ser obrera de la construcción, policía o mafioso no dejemos de creer ni por un instante. Ese es el consejo: “No dejes de creer”. Da igual en qué. Es decir, intencionadamente, la canción tampoco aporta mucha información sobre qué pasa en esos segundos larguísimos en que la pantalla se viene a negro. O quizás sí y todo lo que viene a decirnos David Chase es que la vida de la familia Soprano, de las dos familias Soprano, seguirá su camino y que no dejarán de creer, es decir, que seguirán haciendo las cosas más o menos como hasta ahora, que la serie podría haberse alargado otras 20 temporadas más.



Ahora ya no, claro, las noticias desde aquel final han contenido la posibilidad de hacer una película definitiva sobre la saga e, incluso, una nueva tanda de seis o siete episodios más. Una especie de final heroico. Siempre quise que ocurriera pero también temí porque lo que viniera después fuera mucho peor o acabara por darme un final épico (que se hubiera cargado el discurso de la serie) con un Tony Soprano asesinado o un final tranquilizador donde este se hubiera entregado al Programa de Protección de Testigos para intentar vivir como una persona normal. Eso último hubiera sonado tan convencional como creer que todas las películas tienen que tener una final feliz, hubiera acercado a Tony Soprano al Henry Hill interpretado por Ray Liotta en “Uno de los nuestros” quejándose de vivir en una zona residencial donde creen que los macarrones con kétchup son una comida decente.

La muerte de James Gandolfini ha impedido cualquier posibilidad de que “The Sopranos” vuelve a rodarse pero, sobre todo, lo imprevisible de su desaparición viene a refutar la teoría de Chase, y la de los Journey, de que la vida sigue y que las cosas pasan y de que no podemos hacer nada por evitarlo, que la vida no se acoge nunca a las leyes de la ficción, del guión o de la literatura y que las cosas buenas y malas se entremezclan de una manera sorpresiva y absurda formando una cadena de acontecimientos que, en forma de guión, nadie se atrevería a rodar por parecer completamente ridícula proyectada en una pantalla.

La muerte prematura de este enorme actor ha acabado, de una vez, con todas las teorías sobre qué pasa en ese negro alargadísimo del final de “Los Soprano”. 

Ese negro es nuestro siguiente paso en la vida, un paso que daremos pero que no sabremos hacia donde nos lleva en realidad, porque, en realidad, el único final posible es este final. Este final es el que ha acabado de verdad con “The Sopranos” y, por desgracia, es un final que no ha gustado a nadie, como casi todos los finales tristes. Un final inquietante e inesperado que nos deja, como todos los finales de la vida, empantanados en medio de un montón de dudas. 

miércoles, 6 de abril de 2011

Portlandia: ¡Bienvenidos a la América más progre!


En el primer episodio de la gran "Estudio 60" (una serie cancelada antes de tiempo que se desarrollaba en los tejemanejes de un programa parecido a Saturday Night Live)  Harriet Hayes discute acaloradamente con Danny Trip sobre un sketch que los guionistas se han empeñado en introducir en una sección fija del programa que es una especie de telediario (sí, como el Weekend Update). Hayes que es conservadora intenta convencer a Tripp de que se están cargando las tintas contra los conservadores de pueblo y que hay un exceso de chistes de este tipo. 

La secuencia tiene su raiz, posiblemente, en un comentario parecido que reza: "Cada vez que un cómico de Nueva York hace un chiste sobre un paleto de Texas el partido republicano gana 1000 votos". 

El caso es que Fred Armisen (Cómico de la cuadra de SNL conocido por sus parodias de Obama, entre otros) parece que ha tomado nota de todo ello y, en lugar de hacer una comedia sobre republicanos conservadores temerosos de Dios y fieles al Tea Party, ha decidido mirar a su alrededor y hacer chistes sobre norteamericanos fans de la comida sana intelectualmente preparados y de fuertes convicciones demócratas. ¿Se acuerdan de la bien intencionada "Singles"? Pues es como si en vez de dirigirla Cameron Crow la hubiera dirigido la Monty Python. 

"Portlandia", que así se llama el invento, es nada más y nada menos que una serie televisiva que parodia el formato de docu reality y que ofrece sketches de diversos tipos de progre americano residentes en Portland segunda capital USA de la gente molona después de Seattle. Ciudades que, como dice la propia serie, siguen viviendo el sueño de la década de los 90...unos años marcados por la pujanza demócrata y la explosión del grunge que revivió, en ciertos aspectos, algunos logros de la contracultura norteamericana. 

Con un aire que recuerda en su concepto a "Little Britain", a "Flying Circus" o a la técnica de rodaje "fly on the wall" de "The Office" va introduciéndonos en las vidas, en las manías y en las rarezas de los norteamericanos que flipan con el Village Voice y tienen profesiones liberales tales como profesores de Universidad, dueños de una librería o payasos. ¿Por qué no? 

Armisen y Carrie Brownstein (una actriz casi desconocida en nuestro país...un poco menos que Armisen) interpretan todos los papeles principales acompañados de algunas apariciones episódicas (Kyle MacLachlan, en el papel de un alcalde que se parece mucho a Al Gore) y cameos estelares ( la cantante Aimee Mann curra de chacha porque el negocio de la música va fatal, Steve Buscemi intenta comprar un libro feminista, Jim Sudeikis tiene una granja de pollos ecológicos...) de los sketches que abarcan piezas de humor simplemente visual y destilan el poderío que Armisen despliega en SNL que tiene mucho que ver con el surrealismo. Portlandia, producida por Lorne Michaels, salió de unos sketches que su pareja protagonista preparó para Internet bajo el nombre de "Thunderant". Ahí tienen la prueba. 

Cosa rica y cosa buena que, me temo, por estos lares quizás suene un poco lejano. Es decir, el chiste tiene un referente social muy claro en los Estados Unidos pero es muy posible que muchas de las gracietas (sobre todo los que tienen que ver con publicaciones que no están traducidas aquí como Mother Jones o McSweeny´s) seguramente dejen un poco frío al personal pero, en general, los tipos cómicos utilizados son lo suficientemente cercanos o cinematográficamente cercanos como para que se entiendan del todo. De hecho, y en eso pueden estar tranquilos, la serie ha emitido sus primeros seis capítulos por IFC (Independent Film Channel) una compañía de cable pequeña y, como reza su nombre, tan independiente que suele absorber toda la programación cancelada que tiene la etiqueta de "producción de culto". "Portlandia" no es una serie de humor para todo el mundo pero, es tan buena...

Si quieren ustedes darse una vuelta por ella la está emitiendo Canal + desde la semana pasada en versión original subtitulada. Yo que ustedes le daría una oportunidad. 

martes, 15 de marzo de 2011

Freaks and Geeks


Entre 1999 y 2000 se emitió en Estados Unidos la serie "Freaks and Geeks" creada por Paul Feig y que tuvo como cabeza del proyecto (en el papel de productor ejecutivo, que es decir casi todo en TV) a Judd Apatow. La serie, que fue cancelada a los 12 episodios, contaba la historia de dos grupos -uno de freaks y uno de geeks, entendiendo a los "freaks" como los macarras de clase social media-baja inadaptados y a los "geeks" como a los empollones amantes de la cultura popular- que acudían a un instituto de Chippewa (Michigan) -una ciudad satélite de Detroit- en los años 80, un poco antes de que la zona fuera arrasada por el cierre de General Motors que se trasladó su producción a México con las consecuencias que Michael Moore narra en el indispensable documental "Roger y yo". 

Pese a que la crítica aplaudió la aparición de esta serie rara (episodios de más de 40 minutos, temática entre la comedia y el drama, actores desconocidos que interpretaban en muchos casos la edad que tenían en realidad) de saborcillo agridulce lo cierto es que la siempre cambiante NBC -capaz de mantener SNL todavía pese a los escándalos que provoca o de preferir a Leno que a Letterman- nunca se sintió a gusto con una producción que no era capaz, básicamente, de entender que es un problema que muchas cadenas en todo el mundo tienen con ciertas series que producen: ¿A qué público va dirigida? ¿Cual es la mejor ventana que puedo darle? ¿Necesita mucha promoción o poca? ¿Por qué no salen estrellas? ¿Nos arriesgamos a que, de pronto, se convierta en una serie sobre la desindustrialización americana y nos estalle en las manos? ¿Esperamos a que se dulcifique? 

Es curioso que "Freaks and geeks" corriera la misma suerte que Star trek (curiosamente emitida por la misma cadena en los 60, eliminada y vuelta a reponer) y que otras series que hoy se consideran de culto como "Wonderfalls" (injustamente cancelada a los 3 o cuatro episodios y luego vendida en DVD con 13) o "Tan muertos como yo" (las dos creadas por Bryan Fuller que, ops, curró en Star Trek: voyager y sufre el sambenito de "bueno pero demasiado complicado" con su serie "sin posible etiqueta" Pushing Daisies). De hecho Paul Feig ya había sido un actor fijo del elenco de "The Edge" aquel estupendo show cómico creado por David Mirkin  y emitido entre 1992 y 1993 que fue suspendido pese a su enorme calidad. 

Por encima de la calidad que supuran todos estos títulos el hecho de que fueran canceladas les ha conferido la etiqueta de "Serie de culto" pese a que todas, creo yo, estaban bastante lejos de querer ser series para minorías. 

Lo sorprendente de "Freaks and geeks" es que reuniera a un reparto que incluía a actores como James Franco, Jason Segel, Seth Rogen, John Francis Daley, Martin Starr (que ahora son estrellas) o que, incluso, entre las apariciones pequeñas se permitiera elegir, con buen ojo, a actores como Shia Leboeuf, Jason Schwartzmann o Rashida Jones (como me gusta a mi esta actriz). 

Feig, más conocido como actor y como director de TV, se sacó de la manga esta serie que ha puesto las bases de las producciones posteriores de Appatow y que parece un ensayo a gran escala de su éxito "Supersalidos" aunque solo sea por ese tono entre la comedia y la tristeza que sale de cada línea de "Freaks and geeks" y su obsesión no por retratar a gente especialmente reseñable si no, más bien, por destacar una especie de cuento heróico de lo cotidiano y, más allá de eso, aplicarse con tino en pintar una especie de panorama que aclara las relaciones un tanto absurdas en las que vive el adolescente medio americano que, me imagino que a estas alturas, ya estarán siendo absorbidas y mimetizadas aquí en la colonia.

Cuando he visto "Freaks and Geeks" me he acordado de un vídeo que mi amigo Edu se trajo de su Instituto americano en el que unos cuantos "freaks" fumaban en las afueras del centro ante las risas de un grupo de jugadores del equipo de Fútbol Americano y que el asunto terminaba cuando uno de ellos aporreaba inimisericórdemente a uno de los fumadores con la simple intención de echarse unas risas. 

Rodada con más intenciones cinematográficas que televisivas y con unos guiones que rezuman un trabajo bien hecho entiendo que la serie acabara por desaparecer entre la furia de muchos fans pero sin alcanzar las cuotas de pantalla que se esperaba de una serie de gran producción. Me imagino que a nadie le apetece sentarse delante de la tele para ver una serie que tampoco puede colocar en ningún sitio y que está demasiado pegada a la realidad cotidiana como para entretenernos. Es el caso parecido de "Episodes" la estupenda serie emitida por Showtime que trata sobre las peripecias de un matrimonio de guionistas que viaja a Estados Unidos para hacer la versión USA de su serie y que, por ser excesivamente realista, no puede dejar indiferente a ningún currela del audiovisual...es más, provoca bastante rechazo y muy poca risa al que ha sufrido en sus carnes una reunión de guión en una cadena de televisión. 

¿Lo mejor? Echarle un vistazo, me parece que ver "Freaks and Geeks" es esencial para saber por donde van los tiros y, sobre todo, de donde salen las últimas películas cómicas (o no tanto) norteamericanas. 

jueves, 21 de mayo de 2009

La excepción Baldwin


¿Cómo es posible que Alec Baldwin se haya convertido en un actor tan grande? Es posible que sea la excepción que confirma la regla. La regla de que todo el que tiene el apellido Baldwin no puede tener talento.

Los Baldwin fueron una especie de mal sueño que recorrió la filmografía de los 90 y esos cabrones se reproducían más rápido que un brote de rabia en Racoon city. Los Baldwin eran un buen ejemplo de una década que comenzaba a sufrir los excesos de la juerga de los años 80 y todos presentan un cuadro ansioso parecido: eterna cada de recién levantados, barba de varios días, ojazos de manga japonés ofrecidos por el Cartel de Medellín o Sinaloa, cansina fiereza de clan irlandés, aspecto de borrachines que no han dormido en varios días, adscripción a una especie de sentimiento de culpa al que se adscriben todos los católicos norteamericano-irlandeses con tendencia a la chapuza pública...unos desordenados vamos y, sin embargo, ahí estaban, sin dejar de currar ni un solo instante. Analicemos a los Baldwin por separado:
Daniel Baldwin: Adicto a la cocaína y a la priva se desmayó como un saco de patatas dirante la grabación de un reality show de MTV donde se invitaba a las estrellas a ponerse en forma en directo. Reconoció también que era bastante aficionado a los tranquilizantes ¿Por qué los americanos se enganchan a los tranquilizantes? Mi teoría es porque los recetan pastilla a pastilla y eso pone ansioso a cualquiera. Pese a su medianía artística ha sido capaz de trabajar en 81 producciones diferentes. Este año estrenará seis más donde nos sorprenderá haciendo, más o menos, los papeles de siempre. En la actualidad vive en Malibú con una nueva novia y espera a su primer hijo con ella...lo que convierte su injusticia doble: le permiten currar como actor y reproducirse. Que haya llegado a su edad sin palmar en un callejón o sin ser asesinado en una pelea a botellazos en una taberna irlandesa del Hell´s Kitchen de NY es toda un misterio pero es que, al parecer, los Baldwin tienen un punto de roca indestructible que soportaría cualquier cosa y que como el robot Bender de Futurama se alimenta encuentra su energía vital en una estricta dieta de líquidos de alto octanaje y un combi de todo tipo de elementos químicos.



William Baldwin: Al igual que se identifica a uno de los Hermanos Calatrava por "el feo" dejándonos con la duda de si hay otro, que no está nunca en el escenario, que es "el guapo" porque los dos que conocemos no pueden identificarse con ese adjetivo a este Hermano Baldwin se le identifica como el "Baldwin guapo" o mucho peor como el "Baldwin sexy". De hecho la broma ha llegado tan lejos que nos hicieron creer que era capaz de ligar con Sharon Stone en "Acosada" (Philip Noyce, 1993), un thriller genuínamente noventero crecida al amparo del éxito de "Instinto básico" (Paul Verhoeven, 1992) y con tanto sexo que debería de haberse llamado "Acostada" y con ¡Cindy Crawford! en "Caza legal" (1995, Andrew Sipes). Gran bajón que, sin embargo, no ahogó su carrera en un océano de carcajadas. Más a tono con los tiempos Baldwin vive una verdadera segunda juventud interpretando a Patrick Darling IV en la serie "Dirty Sexy Money" (en nuestro país emitida por el canal TNT y vapuleada por Antena 3) donde hace el papel de Fiscal General enrollado con una transexual llamada Carmelita interpretada por la actriz Candis Cayne que, la verdad, no te tragas que pueda sentir ningún interés por semejante bicharraco.

Stephen Baldwin: Sin duda mi preferido por ser el más mostrenco, alcohólico, drogadicto y zote de todos los Baldwin. ¿Quieren un buen papel de este trozo de carne con ojos? Búscadlo en la muy noventera y modernita "Threesome" (Andrew Fleming, 1994) donde compartía protagonismo con Lara "¿Qué cojones le han hecho a mi cara" Flynn-Boyne y Josh Charles. El resto intentos por convertirse en héroe de acción o en actor cómico igualmente frustrantes. Pese a todo y, seguramente, gracias a algún tipo de diabólico plan diseñado para sacarnos de quicio Stephen ha participado en 74 producciones y tiene cuatro a punto de estrenarse. ¡Rajao! En realidad Stephen pasó por una de esas curas de desintoxicación de los grupos religiosos extremistas americanos y reapareció en los medios renegando de Satán, de sus borracheras, de la necia droga y, por lo tanto, de todo lo que supone ser un Baldwin. Se declaró cristiano renacido, apoyó a Bush en su reelección (también es de esos cristianos arrepent...renacidos) y abrazó a Jesucristo como su único salvador para anunciar luego que dejaba la actuación. Al parecer como el maná no llegaba, seguramente espantado por los aplausos de todos los que esperábamos quitarnos a semejante ex pendejo de las pantallas de cine, ha decidido volver a la cucamona interpretativa y a dar charlas aquí y allá sobre sus charlas con Dios...al que pedimos desde aquí que, por favor, no ocupe la línea hablando con gente tan estúpida cuando hay peña que de verdad le podría hacer sugerencias interesantes que no tengan que ver con invadir países o condenar conductas morales.

Sin duda Alec Baldwin es la excepción de unos hermanos muy chungos porque ha conseguido superar ese rollo de ser, para siempre, de buen irlandés y ha hecho de todos sus defectos una maldita virtud artística. Echadle un vistazo a su papel cómico en Rockefeller Plaza donde interpreta a un ejecutivo con muchos, pero que muchos problemas de todo tipo, derechista, ligón, alcohólico y muchas otras cosas más y sabréis de lo que hablo se os olvidará que ese tipo, alguna vez se apellidó Baldwin....y ahora que me acuerdo, si os acordáis echadle un vistazo a "Miami Blues" (George Armitage, 1990)...lo único malo es que sale Jennifer Jason Leigh pero eso, queridos insustanciales, es otra historia.

viernes, 8 de mayo de 2009

Explicaciones catódicas


La ciencia ficción tiene dos grandes escuelas de la explicación dramática:

1. Star Trek

2. Regreso al Futuro.

Los fans de Star Trek flipan con la ampliación de datos sobre el Universo propio de la serie, aprenden a hablar en klingon, se saben los planos técnicos del Enterprise, se saben rutas estelares, nombres de tribus que sólo han sido nombradas una vez en toda la saga...es decir, necesitan de una explicación y una expansión casi diaria de las fronteras de su propio universo para que este tenga un sentido total. Ya le puedes decir a un "trekkie" (o "Trekker", porque resulta que los "trekkies" de toda la vida han decidido que el término es ofensivo del mismo modo que lo es "nigger", por ejemplo, aunque la verdad quizás estemos hablando de gentes que han perdido hace tiempo la perspectiva sobre las cosas) que no hay manera de aprehender todo aquello que, desde hace como cuatro décadas, se amplia absurdamente.

Después está "Regreso al Futuro"...que resume todo su secreto en cómo es posible que un Delorean viaje en el tiempo. Respuesta: EL CONDENSADOR DE FLUZO. Ni siquiera Marty McFly pregunta a Doc qué coño es ese artilugio porque Doc le dice: soñé que lo inventaba una vez que me golpeé contra la cisterna del baño allá por los años 50 y cuando desperté... (Como siempre la cita no es literal, pero lo pilláis, seguro).


¿Qué mas da como viaje el Delorean si lo interesante es que viaje y ver a Michael J. Fox haciendo cucamonas y teniendo sorpresivos ataques edípicos? ¡Eso es lo que MOLA! ¡No sabes qué coño de leyes físicas mueven al condensador de las narices!

Star Wars fue así en sus comienzos. Una película estupenda, una trilogía más estupenda (con ewoks y todo) que se ha ido "Startrekificando" y dándonos miles de argumentos para aburrirnos cada vez más. ¿Qué era LA FUERZA? Pues nada, hombre, la fuerza era eso que tenían los Jedis y que Skywalker no era capaz de controlar...en las tres primeras películas. Luego a Lucas se le ocurrió que molaría explicar que los futuros jedis, en realidad, tenían algo que les hacía especiales frente a la demás muchachada: su sangre llevaba micloridianos. ¿Qué mierda era esa? ¿Entonces ya nadie podía ser jedi? ¿Ni estudiando? ¿Ni echándole horas o huevos? Pues vaya mierda.

Hace menos de una semana he visto "Fanboys" (2008, Kyle Newman). Es una divertida película que me ha devuelto la ilusión por Star Wars porque, no se, he descubierto que hay gente que comparte conmigo que la película es mucho mejor cuanto más imperfecta es, con sus muñecos cutres, sus decorados de cartón piedra, sus actores de medio pelo e, incluso, sus ewoks...esos simpáticos perroflautas siderales. Os la recomiendo fervientemente porque es lo que se llama una película para fans pero no tanto. Me ha encantado. No os cuento nada para no disparar los spoilers y que la disfrutéis a gusto.

Pero los tiros de este post no van tanto por Star Wars si no por el arranque en Fox de la quinta temporada de "Perdidos". Chico...lo siento pero me parece que a la gente se le ha ido completamente la olla con dicha serie. Quiero decir, a la gente se le ha ido la pinza a Camboya con una serie que, en realidad, no es para tanto y que, como gran atracción propone lo que es ya un truco que comienza a cansar enormemente: Abrir cuatro o cinco tramas diferentes y dejar la mayoría de ellas colgando o con un final completamente inesperado, pero no inesperado porque no te lo esperes si no porque parece completamente absurdo. Eso y contestar interrogantes de las mismas tramas con otras preguntas o simplemente ampliándola hasta la nausea que comienza a ser moneda de cambio habitual.

¿Hace falta tanta explicación? Pues efectivamente es necesaria tanta información cuando se juega a, en realidad, no decir nada y a extender una serie durante seis temporadas (la próxima será la última) con el tiempo suficiente como para esperar cuáles serán las reacciones de los fans del asunto para darles el final que esperan o, como mucho, un que ¡TACHAN, TACHAN! ni siquiera esté ahora mismo en la cabeza de los mismos creadores de este batiburrillo. Decía Jordi Costa, en el estupendo especial "Pechos Fuera" inspirado por Pepe Colubi y emitido por Canal Plus, que había que esperar al "Final de la serie" para saber si el resultado iba a ser decepcionante o un puro bluf. En realidad creo que sí, que tiene razón, que todo se está preparando para un final de campanillas pero que,mientras tanto, van a ser capaces de un logro cojonudo que es, nada más y nada menos, que torear a la audiencia mientras esta se embelesa con la tontuna.


Decía Juan José Millás que en la novela negra, para ser considerado un maestro, había que jugar con las mismas cartas que el lector, es decir, era bastante fácil generar un misterio y señalar a un culpable (en plan Agatha Christie) si se obviaba información al lector que sí sabía el detective de turno. ¿Os acordáis? En un momento de la trama y mientras se detenía al mayordomo, el detective desvelaba que tal día a tal hora vio como este se duchaba y se quitaba las manchas de sangre sin que el asesino advirtiera su presencia...¿Y cómo coño lo íbamos a saber nosotros? Pues con Perdidos me da la sensación de que todo es explicar para no decir nada en el fondo cosa que es difícil porque, ciertamente, es la primera vez en la historia de la televisión que alguien entretiene de verdad sin contar nada más que misterios sin resolver que se contestan con otros misterios aún más indescifrables mezclando además lo que se explica solo en plan "Regreso al futuro" (Dharma es Dharma, los bunkeres son los bunkeres...) con una detallada explicación de un universo completamente paralelo y dirigido sólamente a los fans. Yo, personalmente, soy más de la obra de Zemeckis....o de Juan Piquer Simón. En mi humildísima opinión explicar tanto las cosas es una necesidad de quien en el fondo tiene miedo de que el objeto de su obsesión se agote y le deje preso de una vida sin sentido o en la duda de buscarse una vida propia, no explicarlas demasiado es dejar un poco dibujada una media sonrisa en la que está implícita la colaboración con el espectador con un "bueno, es verdad que todos sabemos que los mandos de la Estrella de la Muerte son en realidad una vieja mezcladora de imágenes, cosa que en los años 70...¿Pero a que mola?" y darle muchas vueltas a un asunto sólo atiende a la necesidad o de estirar mucho un chicle o de saber, a ciencia cierta, que se puede estirar todo lo que se quiera porque se cuenta ya con la base de fans necesaria.

Si queréis ver una de esas series espectaculares y que, mucho antes que "Perdidos", inventó ese tipo de trucos narrativos y formales con mucho más éxito lo mejor es que os enganchéis a "El Prisionero" (1968, en DVD) de la que, muy pocos de estos gurús catódicos de palitroque que han intentado sin éxito susituir a Costa en nuestras oraciones, este...guau, y que parecen correrse (intelectualmente) con "Perdidos" predicando falsamente su originalidad única, se han permitido nombrar ni una sola vez. ¿Vemos "El Prisionero" y luego opinamos sobre lo que es kafkiano en televisión y lo que no? ¿Y sobre que no hay nada nuevo bajo el sol? ¿No es raro que "El prisionero" sólo aguantara una temporada y que "Perdidos" vaya a estar seis en antena?

jueves, 16 de abril de 2009

Santitos no quiero...



Leido en la Tuituza...


"- O la del cura del pueblo de un colega en el sermón mañanero del domingo: "Hermanos, debemos amarnos los unos a los otros como Cristo nos enseñó. Recordad que todos los hombres son iguales ante Dios, que me he enterado que algunos feligreses tratan a los negros como si fueran gitanos"."


¿Somos así en España? ¿Mito? ¿Bulo? ¿Realidad? Me inclino por lo tercero. Recuerdo mucho a una tiernísima amiga de mi abuela que utilizaba la palabra "mongolito" para referirse a niños con Síndrome de Down como si aquella palabra fuera la máxima expresión de bondad, ternura y corrección política inventada. Esta señora se sentó una vez con mi abuela y comenzó a prodigarse en este monólogo:

-"Ay, que ver, la hija de la no se cuantas ha tenido un mongolito...¡Qué cruz! ¡Con lo buena que es! ¿Te sale un hijo mongolito y qué haces? Toda la vida ahí, cuidándolo, sabiendo que no va a volver en sí, el pobre niño. Aunque bueno, la verdad es que los mongolitos son mucho más cariñosos que los niños normales, no se van a ir nunca de tu lado y se mueren antes, los pobres, que una no sabe si eso es una condena o una bendición...".



¿Se puede ser más cabrón pretendiendo ser bueno? Pues se puede, se puede. Una amiga llegó un día a su casa y encontró a su abuela completamente aterrorizada frente a la televisión. Pensando que se había declarado una Guerra Termonuclear puso sus ojos en la pantalla para descubrir que se estaba emitiendo "El Príncipe de Bel Air". La mujer no perdía ripio de Will Smith y de Alfonso Ribeiro (uno me imagino que haciéndose el chuleta y el otro bailoteando) cuando ¡Ops! aparece en pantalla el Tío Philip y la mujer grita:


-"¡Mira, lo que hay que ver! ¡Un negrito con traje! ¡Negritos con traje! ¡Ya es que son como las personas normales! ¡Fíjate!".


Mucho más bestia a resultado la mala traducción popular que se hizo de uno de los pasajes más recordados del primer código de conducta establecido por el Duque de Ahumada para la Guardia Civil y que decía: "Se perseguirá a gitanos, murcios y gente de mal vivir". Entendiendo "murcio" como "aquella persona que se dedica al robo o al timo". Dani Wagman lo incluye, creo que erróneamente, en su columna de 20 minutos.es. Los murcianos se cabrean, con razón, cada vez que alguien les hace el chistecito. Los gitanos también, claro, pero más que nada por la literalidad de la frase.


El problema, claro está, reside en no poder esconder con nuestro discurso lo que realmente opinamos. Imposible. Además cada vez somos más incapaces. Miren si no lo que dijo Berlusconi a los afectados por el terremoto en Italia:


-"Tómenselo como un fin de semana de camping".

Il Cavaliere está, por un lado, intentando quitarle hierro al asunto y, por otro lado, dejando bastante claro que a él le chupa un huevo lo que pase en su país. Silvio es de esa raza de políticos a los que no les gusta que las cosas públicas interfieran en sus negocios y, la verdad, no le falta razón porque estoy seguro que es de los que piensa que si él no ha provocado el terremoto tampoco tiene que hacer nada por auxiliar a las víctimas. Algo demasiado corriente, últimamente, en la nueva clase política que sufrimos.


Manuel Cabada, un ínclito profesor de la Autónoma, hablaba del lenguaje como de un instrumento de comunicación pero también de conocimiento acuñando una frase estupenda:


-"Así hablan o escriben, así son. No se dejen engañar".


Ponía un ejemplo clave: Tarzán. Y decía lo siguiente:


-"¿Cómo va a ser posible que un tío blanco vaya a explicarle a los de las tribus africanas autóctonas como es la Selva? ¿No queda bastante claro en esta obra de aventuras la idea que en la época se tenía de los negros? ¿No son los blancos representados por un tío cachas de melena al viento que domina a los monos y a los cocodrilos mientras que los negros son unos enclenques que se asustan en cuanto ven una calavera pinchada en un palo?".


Con esto del internet y las nuevas tecnologías pasa un poco igual. Un par de lectores de este blog pagaron religiosamente un dinerete por asistir a dos akelarres guruísticos sobre la 2.0 donde se dieron cita los más granados intelectuales del negocio .com, todos ellos revestidos del prestigio y de la coba que, en estos últimos tiempos, se dan los unos a los otros para hacerse conocidos (es una bola de "tu me la cascas a mi y yo te la casco a ti otro ratito" que en términos empresariales suele llamarse "sinergia") y después de escuchar muchos términos como "killer app", "start up", "spin off", "pujanzas", "markets" y otras lindezas sacaron esta conclusión:

-"Joder, estos tíos/as saben menos que nosotros".

Habían ido allí confiados de que sacarían algo en claro sobre una cuestión muy sencilla: ¿Puedo usar la red como maquinaria de distribución de mi trabajo audiovisual y que sea rentable? Encontraron la "rajada", que no la "callada" que hubiera sido lo prudente, como respuesta y tras mucho discurso se volvieron de vacío.

Al final el lenguaje es la forma más rica de delación personal, lo que pone en solfa nuestros defectos, lo que nos desnuda ante los demás pese a que, normalmente, pretendemos que nos ponga guapos frente a los otros. Como decía una profesora mía del Instituto cada vez que un alumno/a se intentaba justificar con un puñado de buenas palabritas.

-"Uy, no...santitos no quiero...dime la verdad y no me enredes que no tengo tiempo".

lunes, 12 de enero de 2009

Una serie rara: Mad men


Decía Fernando Trueba que lo bueno de rodar películas de época es que no tenías que hacer secuencias donde hubier electrodomésticos, gadgets y toda esa carga de tecnología que nos acompaña actualmente. Eso debió pensar Matthew Weiner cuando comenzó a escribir "Mad Men" (Sábados a las 22:00 en el plus) una talentosa y rarísima serie.

La sinopsis es muy sencilla de resumir: la vida entrelazada de un grupo de personas que trabajan en una agencia de publicidad en la década de los años 60. Y ya. Lo que la hace especial, a parte de su impecable guión, sus interpretaciones etc. es que en realidad parece una serie de ciencia ficción, es decir,que uno tiene la sensación de que el retrato de la sociedad de aquella época es tan fiel que permite que dudes de que, en realidad, la gente fuera así hace tan solo cuarenta años. Ejecutivos y creativos (que teóricamente tendrían que ser los más avanzados y modernos de su época) son en realidad un atajo de conservadores machistas llenos de tabúes que se encuentran a gusto viviendo en una sociedad acomplejada y temerosa de los cambios al lado de unas mujeres que se prestan alegremente a vivir como meros objetos decorativos o como simples robots de cocina.

Fuera de la dulzura con la que "Cuentame como pasó" retrató los años del franquismo (cosa que siempre le achacaré al hecho de que TVE estaba en manos de quien estaba en manos en el momento de su lanzamiento y no a un pretendido ajuste histórico) y con la que trata a sus personajes - me pregunto cuantas veces más escucharé eso de "los españolitos de a pie" que francamente me parece crispante- Mad men parece un documental de National Geographic, sólo hay que mirar un poco para darse cuenta que los dulces años de Camelot (el reinado de los Kennedy me refiero) y sus posteriores consecuencias pueden mirarse desde una perspectiva menos simpática que la que los propios americanos se han encargado de vendernos.

Mad men es una serie llena de personajes odiosos con los que te cuesta conectar y, sin embargo, no puedes dejar de mirar ni por un solo instante a la pantalla un poco lo que ocurría cuando veías Los Soprano o Gente Joven aunque sólo sea por saber cuál será la siguiente barrabasada que protagonizarán (insultar a una mujer negra, tocarle el culo a una secretaria, hacer un chiste sobre la regla delante de un grupo de mujeres) sin que se les mueva ni un poco el tupé; sin decir, claro está, que fuman como verdaderos carreteros, se lían a chupitos desde las 10 de la mañana dentro de la propia oficina y obsequian a los potenciales clientes con una montaña llena de sandwiches grasosos -como los de Rodilla pero pasados por una freidora- que, flipa, en USA ya no se estilará pero aquí sigue siendo algo así como normal. En varias oficinas donde yo he estado sabíamos de la importancial del cliente y/o visitante por la calidad del cátering con el que lo agasajaban.

Evidentemente esta lista se une a la gran cantidad de cosas que, por ahora, son impensables de hacer en España. Son tan impensables que, a lo mejor, dentro de 20 años a alguien se le ocurre rodar una serie sobre cómo se hacía televisión en nuestro país por el año 2000...lo que nos vamos a reír.

Por cierto, ¿Alguien sabe algo de la versión española de "Life on Mars"?

viernes, 10 de octubre de 2008

¡Cuidado, científicos sueltos!


Que buena es Fringe. Dicen que es el nuevo Expediente X pero, en realidad, tiene más que ver con el Doctor Quatermass o el Doctor Who más que nada porque el rollo fenómeno OVNI es una de las cosas que ha ido perdiendo interés bien porque esos bichos verdes no acaban de manifestarse, bien porque ya comenzamos a darnos cuenta de que este es un universo para nosotros solos y que los vecinos están tan lejos que, la verdad, no merece la pena el viaje.


Bueno pues Fringe (que significa alternativo o marginal) va sobre una atractiva agente de la ley llamada Olivia Dunham (Anna Torv) que un día es reclutada por un grupo especial que investiga sucesos extraños conocidos bajo el nombre de "El Patrón". Estos sucesos extraños no tienen que ver con lo paranormal si no con un uso malvado de los avances de la ciencia. Sí, en general, la agente Dunham se dedica a buscar a científicos locos que han conseguido desarrollar aviones que provocan Tsunamis por ultrasonidos, retocar el ADN de un sujeto para que pueda leer la mente de sus vecinos y otras barbaridades posibles. Para combatir a estos malos Olivia cuenta con la ayuda del profesor Walter Bishop (el veterano John Noble) que ha pasado 17 años en una institución mental tras unos extraños sucesos acaecidos en su laboratorio ultrasecreto de la Universidad de Harvard (que aquí parece el campus de Miskatonic).



Como el hombre no está en sus cabales necesita de un tutor legal que también formará parte del equipo: su hijo Peter Bishop (interpretado por Joshua Jackson de Dawson crece) con el que mantiene una relación de esas tortuosas.

El caso es que Bishop es el único hombre conectado con investigaciones paracientíficas del Gobierno de los Estados Unidos que luego cayeron en manos privadas por culpa de su malvado ayudante (el misterioso dueño de Massive Dynamics, una corporación malvadísima...aunque sólo he llegado al tercer episodio y es posible que también sean de los buenos, no se) y, por lo tanto, pese a que está meriloto el único capaz de dar solución a todos esos casos.


Con cierto rollo a los casos de Isidro Parodi -la aportación a la novela negra de Borges y Bioy Casares- (algo bastante común desde que los guionistas de HBO, FOX y otras cadenas de éxito descubrieron la literatura hispanoamericana y el realismo mágico...que se lo digan a los creadores de Carnivale o The Sopranos) Fringe es una de las primeras series de ciencia ficción que ahonda en la idea de que un tipo con un tubo de ensayo en la mano es más peligroso que uno con un báculo. Mola.


Lo bueno es que si uno se cree todas esas pamemas del control mundial se verá perfectamente reforzado en sus teorías y si, por el contrario, vas de escéptico también es posible que saques la conclusión de que es en el terreno de la ciencia donde se está jugando el match ball de la humanidad.


Con un rollo menos mesiánico que Expediente X Fringe es una joyita carísima (su piloto era un interesante telefilme de 81 minutos cuyo coste alcanzó los 10 milloncejos de euros) que toca las teclas del pánico mundial con hijoputesca sutileza y te pone los huevetes de satélite sin dejar de tener un toque humorístico (el loquito protagonista) e, incluso, un profuso guiño a toda la ciencia ficción desde la clásica hasta La Escalera de Jacob (Adrian Lyne, 1990) pasando por Futurama (la ayudante de laboratorio se llama Farnsworth como el profesor Hubert Farnswortf de la serie de Matt Groening...que al igual que Fringe es una serie de FOX).


Que muy buena, que muy bien y que hay que verla...por cierto que se me caen lagrimones como puños porque a principios de 2000 me embarqué como miembro de un grupo de chiflados que hizo una serie de Ciencia Ficción de estética, tono y temática muy parecida que, por desgracia, jamás se llevó a cabo porque cayó en manos de un desalmado que jamás puso las perras para el proyecto. Que si alguien la quiere que, por favor, lo diga que no nos cabe el talento en el almacén y tenemos que darle salida.