Estoy terminando de ver los cinco episodios de True Blood que hay sueltos por la red. Es la nueva serie de Alan Ball y, la verdad, su temática (una adaptación de una serie de libros de la escritoria de best-seller Charlaine Harris que va sobre una camarera mentalista enrollada con un vampiro) me echó para atrás. ¿Era posible que el rollo fuera una especie de nueva Buffy?
Pues no. La verdad es que la serie está muy bien. Sería fantástica si Alan Ball no hubiera cometido los errores (pequeños) que cometió en A dos metros bajo tierra y que básicamente tienen que ver con sus cambios de ritmo en la trama (a veces completamente injustificados) y con el alargamiento excesivo de algunas tramas algo aburridos para postergar las que interesan (¡No, la adicción de la novia del sepulturero no daba para tanto! ¡No, los problemas del novio gayer con la policía tampoco!).
Pese a todo True Blood le ha quedado rarita -que era lo que quería- y me ha recordado al ambiente de Dellamorte, DellAmore (Michele Soavi, 1994...injustamente llamada aquí Mi novia es una zombie), a los cómics de Dylan Dog (Dellamorte... está basada en una novela de su autor Tiziano Sclavi), tiene gotas de Death Proof, Abierto hasta el amanecer, de cine de serie B, de muchas influencias del género (desde Blade a la mencionada Buffy pasando por, claro está, Entrevista con el Vampiro) y, sobre todo, rodeada de la leyenda de retorcida, desbocada y calentorra sexualidad que suele asociarse con el Deep South de los Estados Unidos y que está presente en todo el catálogo literario imaginable desde La gata sobre el tejado de zinc caliente hasta el largo y cálido verano.
Desde Tell me you love me (TNT) no se había visto tanta carne desnuda en televisión la verdad y expuesta de un modo más gráfico...pero la cosa va de vampiros y, la verdad, la trama sensual-sexual o definitivamente picantosa tiene que estar presente.
La cosa va de un mundo donde los vampiros han salido de sus ataudes y han decidido vivir entre nosotros gracias a la comercialización a nivel mundial de una sangre sintética de fabricación japonesa llamada "Tru blood". Sin necesidad de matar para conseguir el alimento los chupasangres se han organizado en una especie de organización (al frente una guapérrima vampiresa que es entrevistada, en plan cameo, por ¡Bill Maher! en las primera secuencias de la serie) y reivindican su derecho a coexistir con los humanos.
Desde entonces los vampiros se han convertido en abiertas celebridades del ambiente nocturno: sexualmente potentes e incansables, siempre jóvenes, oscuros y atractivos ya no se parecen en nada al Conde Drácula pero siguen despertando el mismo interés morboso entre la gente que necesita de emociones fuertas. Además su sangre (conocida en slang como V-juice o zumo de vampiro) es un obejto de deseo para los humanos que han descubierto en ella un potente afrodisiaco y un elixir de la eterna juventud que rejuvenece, potencia los sentidos y cura las heridas instantaneamente.
Indefectiblemente se ha creado una mutua desconfiaza abierta entre seres humanos y fangs ("colmillos" en inglés) que comienza a azotar a la plácida localidad sureña de Marthaville cuando un vampiro llamado Bill Compton va a vivir allí y ocupa la mansión abandonada de su famila mortal.
En ese pueblo paleto, rodeado de genuíno malrollismo rural redneck (ese rollito hortera tipo Sarah Palin) y poblado de las auténticas bellezas sureñas de ambos sexos (punto en contra, todos son guapísimos...a Ball se le ve un poco la patita por debajo de la puerta del armario) Bill conoce a Sookie Stackhouse una camarera con poderes extrasensoriales que vive atormentada porque lee la mente de los demás y todos lo saben. Como parece que con el vampiro no le ocurre eso resulta que se enamoran y de ahí al infinito y más allá. No cuento más pero al loro con la lucha intervampírica por el poder...
La serie cuenta con uno de los mejores títulos de crédito que haya visto jamás y una banda sonora espectacular. Estos son.
Ya se habla de que True Blood es una de esas series que alterará el camino del género de terror y, sobre todo, del género de vampiros y le harán una injusticia a Blade, Hellboy, Long Living Dead y otros muchos trabajos en el campo del cómic o del cine (como los mencionados anteriormente) que ya habían descubierto la dirección correcta, entretejiendo historias humanas con personajes fantásticos (me niego a no volver a mencionar a Guillermo del Toro que, posiblemente, sea el Doctor Chiflado que ha reinventado el género fantástico y de terror), retorciendo sus bases y rompiendo la frontera entre los buenos y los malos. En true Blood, incluso, los vemos follar. No es un mal comienzo.N. del insustancial: Durante la redacción de esta entrada creo haber sido poseído por la personalidad de Jordi Costa...