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martes, 16 de julio de 2013

Teoría del Diógenes ideológico y el avance en curva: Todos los hombres de Pedro J.



Si tuviéramos que dibujar uno de esos gráficos cronológicos sobre la historia de España deberíamos de pensar en abandonar la línea recta para abrazar la línea curva. No sé, a veces da la sensación de que vivimos en un país que es una montaña rusa. Nuestro destino es avanzar no sobre la autopista de la historia si no, más bien, del mismo modo que lo hace una vagoneta de una de esas construcciones de feria. Vivimos periodos cortísimos de verdadero avance que parecen, simplemente, la excusa para coger fuerza y acometer sin caernos por la fuerza de la gravedad en la siguiente elipse que nos hace retroceder, coger de nuevo velocidad, conducirnos por una nueva recta y otra vez a otra nueva elipse.

Esta forma tan curiosa de tomarnos las cosas hacen que, de algún modo, este sea un país que se toma con total normalidad las bodas homosexuales y, sin embargo, sigue discutiendo sobre la necesidad o no de incluir la materia de “religión” (religión católica, no nos hagamos líos) en sus planes de estudio. Somos un país con un enorme “Síndrome de Diógenes” ideológico, en un país desordenado en ese aspecto en el que nadie está dispuesto a tirar a la basura ninguna idea por descabellada, estúpida, retrógrada o ridícula que esta sea. “Si alguna vez la pusimos en práctica es posible que nos vuelva a servir” pensamos y, por tanto, nos vemos obligados a escuchar a cualquiera o a votar a cualquiera que pretenda, de una patada, devolvernos a la monarquía de Alfonso XIII o a la autarquía económica.

Posiblemente lo único que hayamos desechado sea instaurar la República. Eso no. Pero no descarto que el próximo ministro de educación se desmarque hablándonos de las virtudes del “krausismo”.

Esta idea de la montaña rusa y del “Síndrome de Diógenes” me han quitado el sueño este fin de semana en el que el diario “El Mundo” ha decidido acabar por la vía rápida con el Gobierno de Mariano Rajoy. La decisión ha sido aplaudida a izquierdas y a derechas. En medio se han quedado los pocos que, a estas alturas, siguen pensando en que fue buena idea votar a Rajoy (los habrá) y los que, de algún modo u otro, se hayan visto beneficiados por las políticas reformistas de este ejecutivo (también los habrá).

Los comentarios, las formas del periódico “El Mundo” a la hora de repartir la información a su coleto, las reacciones del pueblo soberano, este ambientito tan bueno que vivimos en general me ha hecho incidir en lo de “El Diógenes” y en mi “Teoría del avance en curva” (le he puesto ese nombre un tanto molón) más que nada porque me suena todo ha visto, oído y sentido. Yo esta situación ya la he vivido antes y ustedes (al menos los más mayores) también.

Pedro J. Ramírez es un declarado fan de “Todos los hombres del presidente”. La película, que narra los avatares por los que tuvieron que pasar Bob Woodward y Carl Bernstein para destapar el “Watergate”, debió de impactar mucho al director del periódico madrileño en su momento (la peli se estrenó en plena Transición, el 21 de octubre de 1976, él tenía 24 años) porque desde entonces su carrera se ha centrado en tres puntos fundamentales: reverenciar y potenciar el “periodismo de investigación” (mala etiqueta porque no hay periodismo que no necesite de investigación, aunque sea de la más tonta), buscar un “Watergate” y buscar un “Nixon” al que hacer saltar por los aires.

Digamos, bueno digo yo, que creo que Pedro J. ha entendido mal “Todos los hombres del presidente”. Por lo menos ha preferido no darse por enterado de todo lo que es decente y digno de admiración en dicha película. Ya de por sí la comparación entre estos dos periodistas del Washington Post, dicho periódico y Pedro J. y cualquiera de las cabeceras que ha dirigido es bastante ridícula. Comparen, miren las hemerotecas.

Seguramente la mayoría de las cosas que Pedro J. ha publicado en su vida con la intención de encontrar su “Watergate” y su Nixon jamás podrían haberse publicado en el Washington Post o, de haberlo hecho, habrían sido publicadas sin contener ni una sola de esas largas lecciones sobre el Estado y su uso con las que nos suele regalar las orejas el conocido periodista-empresario de los medios riojano.

Lo interesante de “Todos los hombres del Presidente” y de lo que Pedro Jota parece no darse cuenta es de que, en el fondo, es una película sobre lo difícil que es publicar una verdad. Si no estuviera basada en un hecho real (y por tanto no supiéramos de su desenlace y de las consecuencias que tuvieron aquellos reportajes) seguramente disfrutaríamos mucho más de lo interesante que resulta el hecho de saber que Woodward y Bernstein son dos periodistas honrados y currantes que tienen una noticia verídica y terrible que sería capaz de acabar con la presidencia de un pájaro de mal plumaje cono Nixon pero que, para nuestra desesperación, se enfrentan a una maquinaria empresarial y profesional que, todo el rato, les pone todo tipo de trabas para no llevar esa noticia a portada.

¿Y cuáles son las razones? Pues no residen en que los propietarios del Post estén a partir un piñón con Nixon y que sean unos malvados conchabados con el poder (algo que desgraciadamente sí se ha convertido en el elemento principal de las películas sobre periodismo) si no que quieren, simplemente, ser fieles a la verdad. Necesitan que los hechos no vengan solamente de un solo testigo (en este caso uno llamado “Garganta profunda”, un nombre que nos retrotrae a la película porno más famosa de su época) si no que sean verificados hasta en los puntos más bobos.

¿Y por qué? la pelea del Washington Post (“los rojos de más allá del Potomac” los llamaba el primer vicepresidente de Nixon, Spiro Agnew, primera víctima del escándalo que fue sustituido luego por Gerald Ford) con la administración Nixon era ya lo suficientemente ruidosa como para jugarse su prestigio frente a aquel macarra publicando no ya una falsedad (eso nunca) si no cualquier cosa que no pudiera ser verificada, por lo menos, por dos fuentes diferentes y contrastadas independientemente. Ya ves, qué caprichosos. 
Todo esto lo borró Pedro J. de su mente y se centró en la parte más sorprendente para un periodista de 24 años, ciertamente ambiciosete, criado en una dictadura militar sanguinaria, de cierto pensamiento conservador: los periodistas, en una democracia, podían cargarse a todo un gobierno.

Eso ha sido lo que más ha unido a Pedro J. con “Todos los hombres del presidente” y, claramente, ha dirigido sus pasos profesionales convirtiendo sus periódicos no ya en medios de comunicación si no en maquinarias propagandísticas dirigidas a cubrir las necesidades de algunos interesados y sus intereses cuando no en satisfacer ciertas rencillas personales.

Pedro J. ha servido con alegría a muchos interesados de manera directa o indirecta: desde ex banqueros delincuentes a policías corruptos, desde aspirantes a presidente a jueces apartados de los juzgados por prevaricación. La lista no se resume solo ahí. Es corta pero exquisita.

Pedro J. nunca será Woodward y Bernstein porque se reúnen en su persona todas las figuras posibles que permiten la publicación de una noticia: dueño (casi) del medio, director del mismo y periodista. Incluso, si hacemos caso a su última visita a los juzgados, también fuente.

Sería por la primera entrega del “Caso GAL”, la que Pedro J. hizo todavía como director de Diario 16, cuando cayó en la cuenta de que la verdad, la publicación de la verdad no era suficiente para tumbar a un gobierno. En este caso el del Nixon preferido de Ramírez, Felipe González. Otro menos ambicioso se hubiera conformado con publicar lo que podía confirmar y tener paciencia. Me imagino que la pasividad de la sociedad española ante este caso (por diversas razones conocidas y algo largas de explicar) provocaron esa primera caída del guindo.

Desde entonces Pedro J. ha forzado muchas veces la máquina, lo había hecho con anterioridad, demostrando mala praxis profesional. Desgraciadamente está siempre abocado a mezclar lo que tiene con lo que quiere sugerir o ya piensa de antemano. De todos los casos “Watergate” de Pedro J. no hay ninguno que, en su narración, no venga a corroborar todas las teorías y/o suspicacias de Pedro J. con el tema en cuestión.

Valga como ejemplo el tratamiento informativo que “El Mundo” dio de los atentados de 11 de marzo de 2004 en Madrid. Si, en un principio, demostró ser un zorro de la información negándose a publicar la tésis gubernamental (“Ha sido ETA”, curiosamente “El País” picó) por no fiarse de la insistencia del ejecutivo en la autoría de la masacre (esto si le hacemos caso a su testimonio y desdeñamos el de otros observadores que dirían que no lo publicó porque pensó que eso perjudicaría a Mariano Rajoy de cara a las elecciones del 14-M en cuanto la gente se preguntara si era de recibo votar al representante de un partido que había provocado ese fallo de seguridad) el tratamiento posterior abrazó las peores tesis conspiranoicas. Ya saben: el golpe de estado provocado por la connivencia ETA-Policía-Guardia Civil-Zapatero-Rubalcaba para hacer pasar a Aznar por tonto y, de paso, ganar las elecciones.

¿Sintió en aquel momento Pedro que le había fallado a sus amigos? ¿Qué esos días había sido demasiado cauto? ¿Qué no había calculado bien sus acciones? Es posible. También es posible que cayera en la cuenta, informes de marketing y estudios de mercado mediante, que el 11-M era una historia jugosa, con muchísimas aristas, con muchísima carne pocha para vender en la portada y, de paso, hacerle un poco de agujero a ZP. Todo es posible.  En el fondo se trata de cumplir dos objetivos: a) el comercial b) El ideológico.

Desde que tenemos memoria hemos visto a Pedro J. estár en el ojo de todos los huracanes, ponerse al servicio de todos los ejércitos que iban al frente. Nunca ha salido indemne, siempre ha parecido dañado, siempre ha conseguido alguna victoria pírrica y, la mayoría de las veces, se ha estrellado estrepitosamente con todo el equipo. Una desgracia, tanto trabajo al servicio del bien nos hubiera hecho un gran servicio.

Es Pedro J. un hombre con una misión. Una misión metida en la cabeza: hacer presidentes. Esto es así. Sus teorías no son de muy hondo calado: difícilmente es posible sacarlo de la tesis de que lo que mejor le viene a España son los gobiernos de concentración. Un poco como aquel papelito que se sacó el General Armada del bolsillo en el 23F en el que proponía una especie de Estado presidido por él pero con un Consejo de Ministros que representara a todas las fuerzas y las sensibilidades de España. Recordemos que Pedro J. fue uno de los entusiastas impulsores de aquella Asociación de Escritores y Periodistas Independientes (AEPI) que reunió bajo aquellas siglas a un variopinto club de gacetilleros, plumillas, columnistas e intelectuales de toda índole que, antes de que no se larvara en su seno aquello de la "Vía republicana" del abogado García-Trevijano (personaje sui géneris donde los haya), ofrecía como solución un pacto Nacionalistas Buenos-Anguita-Aznar.  

Eso, directamente, es la solución de fondo que venimos arrastrando desde la Transición y que nos hace avanzar en elipses y representa nuestro “Síndrome de Diógenes” ideológico y colectivo. Esa ilusión de que podemos caminar todos de la mano aunque sea hacia la destrucción. Hacia la debacle, sí, pero todos juntos. 

Tiene ahora Pedro J. un nuevo Watergate entre manos. Esta vez se lo ha entregado Luis Bárcenas. El tipo que negó por activa y por pasiva la existencia de la “Trama Gürtel” publica ahora la contabilidad B del Partido Popular que, en el fondo, es una certificación de la propia trama. Es un caso con tantas ramificaciones como Watergate, tiene muchos de sus componentes: tráfico de influencias, financiación ilegal…

Es una pena que sea Pedro J. la persona que tiene a Luis “El Cabrón” Bárcenas en su equipo trabajando como confidente estrella. “El Cabrón Garganta Profunda” podíamos llamarle. Es una pena porque “El Mundo” es un periódico dañado al que hemos visto muchas veces naufragar en su trabajo, es un diario que no tiene miedo a publicar sin mirar lo que publica, que no tiene ese deseo por informar si no que desea mucho más manejar los hilos.

Desgraciadamente la segunda tanda, tras los pantallazos, ya deja atisbar el interés de Pedro J. por servir a otros intereses publicando sin comillas algunas elucubraciones que podrían o no haber llegado a oídos de los periodistas encargados de la investigación. En realidad no es nada, es una ración de literatura a la espera de otro montón de revelaciones si es que las hay.

Más allá de eso Pedro J., de manera torpe, comienza a abogar por la presencia de Gallardón como hace unos días hizo con Esperanza Aguirre. No le cae bien Rajoy, no porque sea su Nixon, si no porque en algún momento Don Mariano comenzó a caerle mal, a lo mejor porque parece que Rajoy no escucha mucho a la gente que no pertenece a su círculo de confianza y porque su estilo de hacer las cosas no es el mismo que el de Aznar que siempre ha parecido más permeable.


A lo mejor Pedro J. sueña con la renuncia de Rajoy y la subida al poder (previo paso por el Congreso, apoyado por la mayoría absoluta parlamentaria del grupo Popular) de cualquiera de los dos políticos de derechas en activo que parece que está dejando fuera de la quema: un ministro de justicia que no se ha quemado mucho y que podría ser del gusto de Europa y de la derecha española. Espe tendría que esperar para postularse como Presidenta mientras tanto, volver oficialmente a la política nacional, dar el “sí quiero”. Por ahora no es parlamentaria.

Después la salida honrosa para Rajoy: un indulto al estilo Ford a Nixon. Un borrón y cuenta nueva. Después silencio informativo o una nota romántica de “El hombre que siempre fue honrado pero blando, que permitió que el partido se llenara de víboras y que se sacrificó por la causa”.

De lo que estoy seguro es de que Pedro J. ya lo tiene todo en la cabeza, es normal, avanza en curva y tiene Síndrome de Diógenes ideológico. No puede salir de ahí. Seguramente sueña con un gobierno de concentración nacional “a la derecha” donde estén representadas todas las sensibilidades peperas en un mismo ejecutivo. Nada de sectarismos tipo Rajoy de colocar solo a sus fieles colaboradores. No, algo más tipo “Aznar-primera legislatura” donde tuvo que cargar con los de Fraga, con los descontentos y con los suyos. Eso sí que le gustaría.

Yo me voy a permitir un atisbo de modernidad, me voy a quitar el traje de torero por un instante y voy a decir que lo mejor, de lo mejor, sería dejar todo esto en manos del juez, no tocarle mucho las narices, no incordiar, no andar manoseando las pruebas del caso, no andar por ahí mezclando intereses con información. Que parece claro que Bárcenas robó, que lo hizo en connivencia con los altos cargos del PP, que todo Cristo estaba enterado en Génova de todo el asunto, que tiene que haber dimisiones, que tienen que abrirse causas, que todos los implicados tienen que pagar pero que hay mejores maneras de demostrarlo y mejores objetivos que cumplir como, por ejemplo que este sea un país que reflexione sobre sus instituciones, sobre el papel que jugamos como ciudadanos de un estado de derecho, de una democracia, de nuestro grado de participación y de implicación.


No sé, es todo una locura pero a lo mejor funciona por esta vez y podemos encontrar la línea recta y quitarnos de encima algunas cosas que ya no necesitamos, que no funcionan. Sé que es simple, que la línea recta es un rollo, que no tiene mucha emoción pero creo que ya estoy un poco mareado de la atracción, que comienza a aburrirme este olor a viejo y conocido, que ya no tiene mucho interés, que me aburro mucho pero no porque no sea español es porque me estoy oliendo que no va a terminar bien, que veo muchos nombres unidos al fracaso, que no va a haber nada que celebrar al final del viaje. Echen cuentas, díganme cuantas penas de cárcel completas, cuantas cabezas de verdad importantes rodaron en todos esos Watergates tan apresuradamente montados. 

jueves, 16 de junio de 2011

Revolución, Involución, Movimiento, Proceso...palabras que están en nuestras manos

Necesaria nota del autor: Por el propio texto advierto que este que escribe lo hace para que, del mejor modo, se entiendan sus palabras sin que medie en su intención azuzar ninguna tendencia violenta o posicionarse en las mismas. Las menciones militares no deberán, en ningún caso, de ser tomadas como una postura ideológica a favor de una intervención armada o chifladura semejante y, simplemente, me han parecido necesarias para explicar lo que quiero explicar que creo que queda bastante claro. El que suscribe piensa que los militares y policías donde mejor están es en los cuarteles y comisarías, echando una mano en misiones de paz, haciendo acciones de salvamento y, sobre todo, sirviendo al pueblo soberano. Entiéndase, del mismo modo, que este texto no pretende ser una crítica frontal ni a personas, ni a instituciones, ni a plataformas si no una llamada de atención sobre la necesidad de hacer de todo lo acontecido en estos días una alternativa real que, en mi puta cabeza, pasa por eliminar todo aquello que es accesorio. Si, después de esto, no has entendido nada es mejor que te dediques a otra cosa y no sigas leyendo. Gracias a todos, avisados lectores. 



Por varias razones el proceso democrático alumbrado en Portugal con la conocida como "Revolución de los claveles" me parece mucho más interesante que la Transición democrática española.

El 24 de abril de 1974, a las 22:55 de la noche, suena en la onda de "Emissores Asociados do Lisboa" la canción "E depois de adeus" de Paulo Carvalho. A esa misma hora los mandos medios encargados del traslado de una nueva remesa de tropas a los conflictos bélicos de las colonias de Angola y Mozambique detienen dicho traslado y mantienen a las tropas acuarteladas hasta nueva orden. Un poco más tarde, y a través de Radio Renascença comienza a sonar la popularísima "Grandola, Vila Morena", que es la segunda señal pactada por los  militares que forman el Movemento das Forças Armadas (una organización ilegal de militares que representan a diferentes ideologías de izquierdas) para dirigir a las tropas no hacia su destino de ultramar si no hacia las ciudades más importantes de Portugal que son tomadas en cuestión de minutos sin que nadie sospeche que se está gestando un golpe de estado. Es normal, Portugal vive en ese momento bajo la dictadura de Marcelo Caetano que ha heredado desde 1968 el cargo del que fue depuesto el General António de Oliveira Salazar, y el control de ejército y servicio secreto (la terrorífica PIDE) es algo a lo que se han acostumbrado para su desgracia los ciudadanos del país.

Mientras una columna de tanques e infantería viaja hasta el centro de Lisboa para obligar a Caetano a renunciar al cargo los Capitanes de Abril discuten con los mandos que no se han adherido al golpe de estado y que pertenecen a Marina y Aviación. La posibilidad de que los barcos de guerra zarpen del puerto lisboeta para bombardear desde el Atlántico las posiciones tomadas por los rebeldes que temen, además, un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con la Infantería de Marina que desembocaría en un grave derramamiento de sangre.

Antes de las 14:00 horas del 25 de abril el ejército sublevado ha alcanzado la unión de los tres ejercitos portugueses y, a través del Capitán Salgueiro Maia, Caetano recibe un ultimatum: si a las 16:00 no ha abandonado su puesto tomará el palacio a la fuerza. Sabiendo que la Guardia Republicana y la PIDE es insuficiente para combatir a los sublevados Caetano pide rendirse pero ante un alto mando militar. A las pocas horas acude a su despacho el General Antonio de Spinola curiosamente depuesto por el propio Caetano con el que había mantenido varios enfrentamientos públicos y privados. Esa misma tarde el gobierno en pleno, con su presidente al frente, es puesto de camino a Brasil donde viviría en el exilio hasta su muerte en  1980.

La imagen icónica que nos ha dejado la conocida "Revolución de los claveles" es la de los civiles decorando las bocanas de las armas de los militares con claveles rojos. Una imagen tan potente que asustó al régimen de Franco hasta tal punto que, en un primer instante, se urdiera desde El Pardo la posibilidad de iniciar una operación militar contra Portugal para que, de forma preventiva, las ansias democráticas de los españoles no fueran a desbordarse o que dentro del propio ejército (existía la casi desconocida Unión Militar democrática que era muy parecida al portugués MFA) no se produjeran movimientos contra el régimen.

Pese a que el golpe de estado fue pacífico se registraron cuatro muertos en diversos enfrentamientos con miembros de la PIDE, la policía secreta del régimen, y el ejército tuvo que sofocar varios intentos de linchamiento contra ciudadanos que habían trabajado como informantes a diversos niveles de dicho cuerpo policial.

El golpe militar se tradujo en lo que es conocido como Proceso Revolucionario En Curso (PREC), un proceso político y social que tenía como objetivo la regeneración de las instituciones portuguesas y la creación de garantías para un estado democrático al estilo europeo. Se puso en libertad a Mario Soares y a Alvaro Cunhal, detenidos por el régimen salazarista, y se inició la entrega de las colonias portuguesas en diferentes lugares de África para evitar un derramamiento de sangre mayor (el servicio militar obligatorio hacía que casi el 95% de los efectivos militares tuvieran que servir en lo que ahora son países como Guinea-Bissau, Angola o Mozambique). Además de eso el camino a la democracia estuvo empedrado por cinco gobiernos provisionales, el anuncio de que Portugal había decidido abrazar el socialismo, una tensión que auguraba una guerra civil larga y cruenta azuzada por dos golpes de Estado. La situación se normalizó con otro golpe militar "blando" dado el 25 de noviembre de 1975 que fue apoyado por los partidos más significativos y que acabaron con la instauración de una nueva constitución en 1976 y la celebración de elecciones.

Por desconocimiento, infantilismo, estupidez o maldad (coja cada uno lo que le toque) se viene instalando en el discurso cada vez más desdibujado y naïf de todo lo acaecido tras la concentración del 15 de Mayo en Madrid una cierta reafirmación en la idea de que se está viviendo en nuestro país una REVOLUCIÓN. Desgraciadamente para nosotros el campo semántico de una palabra tan atractiva (tanto que forma parte de un alto porcentaje de campañas publicitarias y diversas creaciones artísticas de toda índole y signo) está plagado de términos no tan atractivos como "enfrentamiento", "violencia", "derrocamiento"...en su esencia una REVOLUCIÓN es un cambio drástico y traumático de lo conocido que da paso a otro estado de las cosas. Si puede ser, y por mantener el significado de la propia palabra, de la manera más rápida posible. Tras las revoluciones se abren, como en el caso de Portugal, procesos de discusión donde se analiza a la propia revolución y, claro está, lo que está ha generado. Es decir, muchísimo trabajo, pero sobre todo la convicción de que poco o nada de lo que conocíamos como la sociedad en la que vivimos va a quedar en pie. La REVOLUCIÓN es un cambio profundo que, por su naturaleza, no puede contar con la adhesión de todo el mundo. Es más, muchos de los que no se adhieren a ella, suelen pasar de gobernantes a presos políticos o viceversa como fue el caso de Mario Soares en el vecino Portugal.

La REVOLUCIÓN por drástica, profunda y traumática necesita, como ya digo, de que un nucleo duro de una sociedad diga "basta" y salga a la calle a protestar pero no solo a protestar; también a enfrentarse abiertamente con lo que se conoce como orden establecido que, de algún modo y aunque solo sea por no perder su posición dominante, responderá con todas las armas disponibles a su alcance. Lo que es un poco torpe pensar es que los que mandan vayan a entregar el poder a un grupo de personas por una especie de epifanía, por una especie de alumbramiento, de despertar espiritual que, en plan milagro, les haga caer la venda de los ojos para reconocerse en toda su torpeza o maldad (o ambas). No. No lo hacen.

Fíjense ustedes en ese casi depuesto dictador portugués Marcelo Caetano que ya, con todo perdido, con los fusiles apuntándole a la cabeza tuvo todavía arrestos y desvergüenza de negarse a entregar el poder a un simple capitán para solicitar que fuera un General el que viniera a coger su forzada renuncia o, como él mismo afirmo, para que "el poder no caiga en las calles". Es decir, ni acorralado, ni vencido por las circunstancias, ni rodeado por un grupo de militares y civiles quiso Caetano caer en ese gesto vil de entregarle directamente la vara de mando a unos cuantos desarrapados y quiso hacerlo frente a un general. Qué gesto más chulesco para alguien que, en ese momento, bien podría haber sido fusilado al estilo de Ceaucescu si es que la calma de nuestros vecinos no se viera derrotada ni en los casos en los que tiene una ametralladora en la mano.

¿Es lo que existe a día de hoy en nuestro país una REVOLUCIÓN? No lo es, en tanto en cuanto el metro sigue funcionando, las tiendas abriendo a su hora y la gente acudiendo a su trabajo (o a la oficina del INEM más cercana...para nuestra desgracia).

Entiendo una REVOLUCIÓN como un proceso que se traga todo lo que ocurre a su alrededor y no como algo que se pega a la chepa de lo ya existente.

La necedad de que existe la posibilidad de crear REVOLUCIONes pacíficas es un mito. Como ya escribí por ahí arriba ni siquiera una revolución tan calmada como la portuguesa pudo evitar que en menos de 24 horas murieran 4 personas y, claro está, tampoco evitar los brotes de violencia posteriores al 25 de abril.

Lo que me convence de las aspiraciones más que burguesas de todo este asunto, me refiero siempre al discurso general, es la necesidad de convencer a la gente de que estamos interesados en un cambio pero en un cambio pequeño, casi imperceptible, en una especie de reajuste de las condiciones que traerá una sociedad calcada a la actual pero solamente un poco mejor. Es esa necesidad mínima lo que, en cierto modo, me inquieta y lo que me hace augurar que, a cambio de muy poco, y si hubiera cabeza dentro de nuestra clase política tocando algunos pocos botones todo esto se desactivaría por completo. ¿Han escuchado a Esperanza Aguirre hablar a favor de las listas abiertas? Es normal, como decía mi amigo Fran hoy mismo, "Inglaterra, que es un país muy conservador, tiene listas abiertas y tampoco parece la gran cosa". Tiene razón, la idea, otra vez "buenista", de que las listas abiertas permiten a los parlamentarios votar "en conciencia" desoyendo a las secretarías generales de sus partidos es, simplemente, una falacia. En Estados Unidos ese voto libre y en conciencia que se esperaba se ha convertido en un mercadeo de lobbys y, en Inglaterra, la presencia de grupos de presión y de jefes de grupo parlamentarios que se dedican a retorcerle el pescuezo a los parlamentarios díscolos o que disienten de la voz del Partido suelen dar unos buenos resultados. Solo así se explicaría la casi unanimidad del Partido Laborista en el envío de tropas a Iraq. Por poner un ejemplo claro. ¿Alguien piensa que aquellos diputados votaron "en conciencia" o que llevaban la voz de su distrito al Parlamento o, quizás, lo hicieron presionados por un compañero de partido que les recordó que, a lo mejor, sus votantes recibirían menos dinero en obras públicas si no hacía lo que le indicaban.

Quizás sería el momento de hablar de otras cosas pero de no nombrar la palabra REVOLUCIÓN más de la cuenta si es que, de verdad, se intenta sumar a más y más gente en la lista de reivindicaciones interminables que, por cuestiones absurdas como esas asambleas donde la minoría puede vetar cualquier cosa y que son bastante sensibles a la presencia de reventadores profesionales (por ejemplo gente de los propios partidos) o chiflados de toda índole (no me quiero ni imaginar lo que un tío de ciertas asociaciones de amantes de los OVNIS y las conspiraciones puede liar), no han llegado a ninguna parte.

Mientras el proceso se eterniza en una batalla encarnizada por la NADA más absoluta camina el asunto ya hacia los páramos de lo completamente ignoto y desconocido, es más, a costa de no querer ser reivindicado ni pintado de ningún color más de un espabilado está corriendo a hacer caja de la manera más descarada como puede leerse en este atropellado artículo del siempre atropellado Quico Alsedo. Aquí

Yo me quedo con este final que nos regala Enrique Dans:  


"España firmó una transición modélica hace 35 años y la gente dejó aparcadas sus diferencias. Ahora que la sociedad ya no es unidireccional, podemos llegar a un nuevo consenso, una segunda transición. Debemos fijarnos en aquella"

Es decir, que un "agitador" (así dice Alsedo que es Dans) no se le ocurre una mejor fórmula para reconducir la situación actual abriendo una "segunda transición" que sea tan "modélica" como la primera. ¿Puede hablarse de una Transición modélica? Quiero decir, en términos que no hagan que un politólogo se le parta la caja de reírse. Solo puedo decir que Enrique Dans, un hombre bastante alejado de la imagen de revolucionario pero que, sin duda, ha sabido capitalizar parte del éxito de esta protesta-movimiento para iniciar una carrera política dentro de un conocido partido político (UPyD), opta por una solución tan sencilla como una nueva Transición. Ajá. Touché. Ya están las cartas encima de la mesa. ¿Se puede hablar de regeneración cuando alguien quiere devolvernos a la segunda mitad de los 70? ¿Eran las condiciones en las que se produjo esa Transición las mismas que las actuales? ¿Por qué alguien que quiere cambiar las cosas y que se ha convertido en un abierto crítico de la clase política querría, con la que está cayendo, hacer tantas señales de quererse embarcar en la misma? ¿No tienen ustedes la sensación de que Enrique Dans es una persona que le está haciendo señales desesperadas a un taxi en una calle para que pare y pueda montarse?

Dejemos a Dans que está muy entretenido montándose su nuevo y flamante chiringuito, su propio asalto a los Palacios de Invierno, miren como toma carrerilla mientras en nuestras cabezas suena la banda sonora de "Carros de Fuego". Yo digo alto y claro: No nos representan y este aún menos.

Entiendo que, entre todas las voces, y por pura agonía lo que se postula como una REVOLUCIÓN comienza a convertirse pues en un proceso absurdo en el que se reivindica, como en "El Gatopardo" que "si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie". Raro.

Eso por un lado. En el otro lado de la cuerda existe el convencimiento de que esto es una batalla entre el BIEN y el MAL. Es por eso que adherido a las reivindicaciones propias haya crecido la rémora del lenguaje espiritual-religioso-newage tan molesto que se centra en eso que se ha dado en llamar como "despertar conciencias". Corren por las calles los paralelismos entre "Matrix" y lo que está ocurriendo. La ultraderecha americana conspiranoica ya ha utilizado esos mismos términos tan atractivos de las conciencias dormidas para hablar de sus maguferías y, como por arte de magia, estas aparecen en los discursos sobre el 15M de una manera tácita y sin que a nadie se le mueva una pestaña al escuchar semejantes barbaridades. Por no ponerme pesado con la dialéctica diré que eso de "despertar conciencias" es de una profunda vaguería intelectual aunque solo sea porque emite el deseo de que la gente, toda a la vez y a la misma hora, abra los ojos y caiga en la cuenta de que las cosas tienen que ser más buenas y más justas. Es decir, se acude al deseo de que ocurra una especie de milagro, una epifanía civil colectiva en la que la gente, sin necesidad de leer o informarse, dirima de manera perfecta sobre lo justo o injusto. ¡TACHAN! ¡TODOS SALVADOS! ¡TODOS BUENOS! Como decía Neo: ¡YA SE KUNG-FU!


Pues no. Creo que es por eso por lo que en las asambleas se ha instaurado la necesidad de que todas las reivindicaciones sean tomadas en cuenta sólamente si se vota de forma unánime, si todo el mundo está de acuerdo. Pues no. No todo el mundo puede estar de acuerdo y eso es sano.

Caigamos en la forma en la que el Subcomandante Marcos (por poner un ejemplo cercano) contaba sobre la manera en la que los Zapatistas aterrizaron en Chiapas. Marcos aludía a una forma responsable e irresponsable de hacer las cosas. La irresponsable era, cláramente, más fácil. Solo tenía que aunar el dolor de aquellas personas y armarlas hasta los dientes sin explicarles nada más. La responsable, la que el zapatismo eligió, fue la de la formación política.

Entiendo que, para convencer a la gente de algo, se necesita INFORMAR a la gente de las cosas. INFORMAR a la gente bien sobre las cosas. Ser un pesado y explicarles todo el rollo económico en el que se metieron en su momento, explicarles los porqués de la situación actual y, más que eso, enseñarles que muchos de los males heredados por nuestras instituciones tienen que ver con que fueron, directamente y por mucho punto idílico que le ponga Mr. Dans, directamente construidas sobre las bases podridas del Franquismo. Heredamos una policía y un ejército que dio un golpe de Estado (y varias intentonas) y, claro está, nuestros primeros dirigentes (UCD) venían directamente de los cuadros intermedios del antiguo régimen.   No es un proceso rápido, no es un proceso agradable, es un proceso que requiere trabajo, esfuerzo y, sobre todo, paciencia. No es el caso. Sí vale, lo dijo Jim Morrison "We want the world and we want it now" pero, la verdad, no se tomó La Bastilla porque toda Francia cayera en la cuenta de que el rey era malo y nada más.

Es decir, a lo que voy, los cambios profundos requieren una implicación real y profunda. Requieren esfuerzo, trabajo y, claro está, que a la gente se le informe claramente de las consecuencias que pueden tener sus acciones. Si le pedimos a nuestros políticos que se bajen del caballo, que se acerquen a la gente, que no tomen sus decisiones a la gornú, es necesario que, la gente que sueña con estos cambios, que se implica directamente en un proceso de esta índole no se le cuente la milonga de que todo es cuestión de desear las cosas muy fuertes, de que se produzca el milagro de la revelación democrática y, sobre todo, de que todo esto conlleva, o podría conllevar, sangre, sudor y lágrimas. Es decir: que el poder se defenderá y se podrán producir hechos mucho más graves y cruentos que los que hemos visto en Barcelona, Madrid o Valencia.

Sigo pensando que es una completa y absurda inanidad lanzar a la gente a demostraciones de pacifismo azuzadas por consignas sobre moral y espiritualidad y no añadir un "pero por si acaso, llévate un casco y un pañuelo para la boca para defenderte de gases lacrimógenos y porras y, por si acaso, ten en cuenta que es posible que te detengan aunque no estés haciendo nada y pases unas cuantas horas o un par de días detenido en una comisaría". No se trata de "no asustar" si no de regalar la misma honestidad informativa que exigimos a los gobernantes. Es posible que la fuerza moral esté en la calle pero, amigos y amigas, las porras y las defensas de plástico, los botes de humo y las bocachas que lanzan pelotas de caucho las llevan otros y esos no juegan en nuestro equipo.

Repasando el eje de la algarada callejera llegamos, claro está, a la inserción icónica de "V de Vendetta", esa adaptación cinematográfica del cómic de Alan Moore, que tan mal entendida está siendo. Lo es por una sencilla razón: V y Evey luchan solitos contra el sistema dictatorial dirigido por Adam Sutler. Mientras tanto, los ciudadanos se mantienen encerrados en sus casas mirando el espectáculo, disfrutando del nuevo héroe que les está poniendo la salvación en bandeja sin que tengan que intervenir mucho excepto cuando la batalla parece ya completamente ganada y, por fin, el mutante tras la máscara va a volar el Parlamento Inglés. La romántica imagen de que la REVOLUCIÓN o, si quieren, el cambio puede hacerse de forma tranquila está latente en la producción de Hollywood en la que solo vemos morir a una niña con gafas. Ya ven. Todo el entramado político y militar de una dictadura se tambalea con la simple aparición de un tío vestido de opereta que solo quiere salvar el alma de la pobre Evey que se niega a tomar partido en todo el asunto hasta que las cosas se ponen realmente feas. ¿Se han dado cuenta que todos los fans del film pasan de puntillas por el hecho de que Evey es tratada bastante mal para perder sus miedos y se centran en los atentados de V? ¿No será intencionado el hecho de olvidarnos del dolor para centrarnos en la imagen que, al fondo, representa el triunfo de todo lo que creemos justo y, encima, sin mover un dedo?

Creo, de verdad, que es necesario informarse más antes de aludir a dos películas ("Matrix" y "V de Vendetta") como todo argumentario. Y hablo, claro está, de la generalidad del asunto y, en ningún caso, de lo que entiendo son reivindicaciones completamente justas, claras y cargadas de buenas razones solo que estas, que son las que yo creo necesarias, se han visto completamente rodeadas de un cúmulo de rémoras dialécticas que en nada benefician al fin último del asunto.

Si no queremos que todo esto se venga a pique, si no queremos que todo esto no sirva para nada, sentémonos por una única vez a organizarnos bien, a dirigir nuestros esfuerzos a actuaciones concretas, a entender nuestro entorno y la sociedad de la información en la que vivimos, a utilizar términos adecuadamente, a buscar interlocutores válidos y, en definitiva, a jugar la necesaria baza de ganarle al poder en su propio terreno.

No quisiera largarme sin decir que es erróneo pensar que vivimos en un estado NO DEMOCRÁTICO. La prueba de ello es que, en estos días, muchos cargos elegidos directamente en las urnas están tomando posesión como ya saben ustedes y que, salvo en sonrojantes ocasiones, el tongo electoral se encuentra bajo mínimos. Líbremente muchos ciudadanos han expresado su opinión en las urnas (de manera equivocada o no, eso solo lo podremos saber cuando se haya consumido la legislatura) y han elevado a sus políticos preferidos para que gobiernes Comunidades Autónomas y ayuntamientos. Esto es así. Vivimos en una democracia donde el sistema de elección funciona bien, otra cosa es que sustente instituciones o cargos que no nos gustan o que pensamos que hay que cambiar con toda lógica aunque solo sea porque lo que hemos heredado ni siquiera lo elegimos nosotros. La idea, como ya digo, es que de aquí a la celebración de unas elecciones generales seamos capaces de articularnos en algo que pueda cambiar las cosas de manera REAL. Olvídemonos de lo accesorio, depuremos el discurso, limpiemos de broza el camino, apartemos todo lo viejo, todo lo que no vale y recordemos que estamos preparados para tomar la rienda. Eso es lo importante. Nadie ha dicho, o eso creo, que se PUEDE GOBERNAR SIN MORAL PERO NUNCA JAMÁS SIN VOTOS. Si ustedes, si yo, si nosotros, no ejercemos nuestro derecho a votar, no nos implicamos, no nos movemos en una dirección clara, si no nos expresamos contundentemente sobre las cosas que nos afectan directamente el grito de "no nos representan" se traduce en una única verdad: quieras o no te representan de facto, quieras o no tienen la sartén por el mango, tanto si les votas como si no van a gobernar porque habrá otros que los votarán. Es muy sencillo de entender: LA DEMOCRACIA ES REAL SI SON REALES LAS ALTERNATIVAS. ESTÁ EN NUESTRA MANO. PERO CONLLEVA UN VERDADERO ESFUERZO Y NO TODO EL MUNDO ESTARÁ DE ACUERDO.

Por retomar el comienzo de este artículo me gustaría resaltar las palabras del Capitán Salgueiro Maia, héroe de la "Revolución de los claveles", palabras dirigidas a la tropa de la Escuela Práctica de Caballería de Santarem de donde salió la columna de tanques que tomó Lisboa:


"Señores míos, como todos saben, hay diversas modalidades de Estado. Los estados sociales, los corporativos y el estado al que hemos llegado. Así, en esta noche solemne, vamos a acabar con el estado al que hemos llegado. De forma que, quien quiera venir conmigo, vamos para Lisboa y acabemos con esto. Quien sea voluntario, que salga y forme. Quien no quiera salir, se queda aquí".

Está en nuestra mano. 

jueves, 13 de enero de 2011

Humor español: Todo permanece, nada cambia



Ahí arriba está José Luis López Vázquez disfrutando de los encantos de la noche madrileña y gritando como un loco "¡Beatnik!" en la película de Mariano Ozores "Operación cabaretera" (1967). Las películas españolas de los 60 y los 70 están llenas de títulos y de sketches que tienen que ver con hacer humor de lo modernos desde lo convencional.  Ye-yés de los que se criticaba su pelo largo, su música extranjerizante y a los que se acababa de reconducir con un corte de pelo al cero (Paco Martínez Soria en "¿Qué hacemos con los hijos?", 1967) , Alfredo Landa ejerciendo de hippie en "Una vez al año ser hippy no hace daño" (1968) o el simpar duelo musical que enfrentó a Manolo Escobar (y a la racial copla española) con Concha Velasco (y los ritmos modernos)  en "Pero... ¿En qué país vivimos?" (1967) son solo tres ejemplos de lo mucho que al franquismo sesentero le gustaba sacarle punta y hacer un poco de sangre con la incipiente nueva ola.

Las carcajadas a costa de aquello que no entendemos o, directamente, sobre los usos y costumbres del prójimos son una costante en nuestro humor patrio que, repetidamente, se ha servido no solo de los ciudadanos más modernos si no también de los extranjeros (todos esos chistes que acaban con un español poniendo en evidencia a un francés y a un inglés...) que nos han servido como objeto de mofa tanto en chanzas como a la hora de pasarles facturas exorbitadas por una jarra de sangría (lease vinacho barato, gaseosa y fruta pasada). Ahora los alemanes se vengan de nosotros con este tema de la deuda pública, calculen lo caro que nos ha salido el cachondeo...

Sabiendo que este tipo de humor es tan agradecido y tiene tanta raigambre no me ha extrañado ni un pelo que José Mota hiciera una parodia de los Conciertos de Radio 3 (programa de la 2) donde se dedica básicamente a unir su linaje con el de aquellos grandes cómicos españoles repartiendo cinturonazos y golpes de cachava a un grupo "indie" que canta una canción absurda...una canción que los más cetrinos no tardarían en identificar como "GUACHIGUACHI" que es el descojone como adjetivo y que ha identificado a la discografía de todos los grupos de habla inglesa en nuestro país desde la llegada de The Beatles. Es esta.


Posiblemente lo más revelador de todo es que Juanma Ortega, tan unido a los 40 Principales (tan mainstreams, tan poco dados a la modernez, tan de los éxitos de toda la vida) sea el que propine unos cuantos y, seguramente, merecidos golpes a toda ese grupito de sinvergüenzas y enterados a los que, sin duda y como dice Mota haciendo un humorístico comentario, habría que "poner a zancochar". Que es una opinión que, sin duda, comparten muchos de sus espectadores y fans y que por eso les hace gracia porque, últimamente, todo lo que es verdad hace una gracia tremenda.

Si Jose Luis López Vázquez y Paco Martínez Soria aprendieron a la perfección  que al español medio lo que le gusta es reírse de los demás, es normal que ahora Mota recoja el testigo y en su afán popular copie las artes y usos de toda una tradición tan española. Les dejo con un acertado ejemplo de español de toda la vida y con un grito finisecular.


BOLA EXTRA: 
Aquí tienen el texto de la revista Rolling Stone íntegro y una pequeña reflexión: ¿Cómo es posible que se hable de un sketch que fue emitido el día 31 de diciembre casi quince días después? ¿Es que todo el mundo estaba viendo otra cosa? Y a tenor del texto: ¿Quienes son los círculos indies y quien ha demostrado su malestar? 

jueves, 8 de julio de 2010

España y "El España"

El otro día Raúl Ruiz, un ex futbolista bastante comedido y muy buena persona con el que tuve el placer de trabajar hace mucho tiempo, hizo uno de esos comentarios torpes indignos de un tipo que, ya digo, es buena gente. Más o menos vino a decir que esta selección había permitido a la gente quitarse los complejos y sacar a pasear las banderas nacionales y decir orgullosamente que es español. 

Al comentario, un poco rancio y fuera de la realidad (de unos años a esta parte no se habla de otra cosa que de ese presunto "orgullo nacional"), se le unió la coletilla del ex portero Santiago Cañizares que dijo haber detectado que, en todos los estratos de la sociedad, había "ventajistas" que se subían al carro sólamente en los momentos de celebración. Claro. La gente sale a la calle a celebrar cosas cuando hay cosas que celebrar y por esos son mas visibles.

El comentario era sorprendente porque, si ustedes conocieran al personaje, sabría que se gasta un  pelo rubio teñido de lo más sospechoso (lo que nos llevaría a plantearnos si el ex cancerbero no siente cierto complejo por ser moreno, que es una cosa tan mala como acomplejarse por ser español) y, de un tiempo a esta parte, ha criado un suave y melífluo (y raro y forzado) acento argentino que utiliza para hablar de fútbol (lo que nos llevaría a plantearnos si el ex deportista metido a comentarista no siente cierto complejo ante el buen uso que del español suelen hacer "ashende" los mares).

¿Quería decir Cañete que él había sido español de toda la vida y supporter de la selección (antes conocida como La Furia, porque no había más remedio que suplir nuestra inferioridad técnica con mucho tesón) antes de que las masas fliparan, literalmente, con este equipo? Pues si no lo quiso decir pareció que quiso aunque, es verdad, que su mal uso de la palabra "ventajista" como sinónimo de "oportunista" nos lleve a pensar que todo se debe a uno de esos lápsus tan habituales en el actual periodismo deportivo...tan habituales que cualquiera diría que las redacciones están llenas de disléxicos incurables.

Es muy habitual que las gentes como Cañete se ofrezcan alegremente a convertirse en candidatos a entregar los carnets de autenticidad que, al parecer, se necesitan para ser digno a militar en algo. De hecho este es un pensamiento muy habitual entre los grupos ultras de todos los equipos de fútbol que se creen con derecho a convertirse en parte de los clubes esgrimiendo que son los únicos que están ahí siempre, apoyando al equipo, llueve o truene, se pierda o se gane...una imagen casi tan poética y dulzona como la visión de un unicornio en un prado verde pero, en realidad, tan falsa como esta.

El ultra muy pronto descubre que su militancia es un chollo: entradas gratis, viajes gratis, acceso a los jugadores de la plantilla y la directiva y un largo etcétera de prebendas. Es verdad que, para alcanzar al estatus, hay simplemente que comportarse como un descerebrado en la mayoría de los casos pero ese es un precio pequeño teniendo en cuenta todo lo anterior. Además, y por si fuera poco, el ultra descubre que al igual que puede ser un modélico perro guardián (recordemos a aquella graciosa peña barcelonista llamada "Los Morenos" -un folclórico nombre puesto por ellos mismos para demostrar su filiación de charnegos barcelonistas- que tanto bien procuró al President Nuñez en los 80 obstaculizando el trabajo de los periodistas, los Ultras Sur que le hacían la rosca a ese triunfador llamado Ramón Mendoza, el Frente convertido en la legión personal de Gil...) también puede demostrar una ira ciega hacia el equipo de sus amores y revolverse como una hidra. Hay están aquellos tíos del Frente que irrumpieron en un entrenamiento de la primera plantilla para acojonar a los presentes o los que tiraron huevos a Toni por cometer un error en la Copa del Rey o, por ejemplo, los de todo signo que acuden sin ser citados a las oficinas de cualquier club de Primera División a exigir explicaciones (repito, muchos ni son socios ni han pagado una entrada en su vida) por cualquier absurda razón.

Si la ciega militancia en unos colores es casi tan ridícula, aunque menos pasajera, que pertenecer al club de Fans de Milley Cyrus la cosa se complica cuando, con la cosa de la selección, comenzamos a mezclar asuntos de españolidad y selección española.

Hoy, cuando viajaba por la línea 10, he visto a muchas personitas (insultántemente jovenzuelas) vestidas con los colores del combinado nacional y portando banderas de nuestro país. Entre ellas había muchos inmigrantes y muchos extranjeros que, me imagino, quieren darse una alegría y hacer la gracieta...mola. Tengo claro que un altísimo porcentaje de esas personas no salen a la calle por celebrar que son españoles o movidos por un renacido sentimiento nacional. Quiero decir, la gente anima a España que es un equipo que se enfrenta contra otros equipos que tienen nombres coincidentes con otros países. Y ya.

Cuando unos países quieren reinvindicar su hegemonía sobre otros lo que suelen hacer es mandar al ejército y no a un puñado de tíos en pantalón corto, digo yo.

Está claro que hoy la selección (o "El España" como decía sabiamente mi colega Fita Benítez) le ha pegado un buen repaso a los alemanes (léase que no me incluyo porque, lo juro, eso de "les hemos dado un repaso" es una cosa que dejo para gente como el entrañable Tomás Roncero que de verdad parece que ha marcado el gol de la victoria) pero que eso sirva para pensar que somos mejores que Alemania es mucho decir. Ellos tienen la Volkswagen y nosotros andamos un poco renqueantes en esos asuntos. 

Pensar que la gente verdaderamente española es la que cuelga la bandera nacional de su balcón o que acude al trabajo vistiendo la camiseta de "La Roja" es proyectar una imagen simplista de algo tan complejo y abstracto como son todos esos asuntos de la nacionalidad. No me cabe duda de que los regímenes totalitarios (y los muchos que aspiran a ese poder plenipotenciario sea con o sin urna de por medio) trabajan mucho en alimentar la absoluta simplificación de pertenecer a una sociedad. Ese es el primer paso. No tengo ninguna duda de que los mismos mecanismos que empujaban a la gente a levantar el brazo al paso de Hitler o a vestir a sus hijos con camisas pardas son los mismos que empujan al personal a salir a la calle haciendo esas demostraciones coloristas. Cuidado que no quiero decir que sean iguales que los nazis, simplemente que los símbolos de fuerza, los excesos, el jolgorio etc. etc. es parecido y se dispara con los mismos artificios propagandísticos. Unas veces para algo tan inocente como demostrar tu apoyo a una selección y otras tan perversas para iniciar una Guerra Mundial. 

Me imagino que  muchos alemanes no se tomaron en serio a Hitler pero que se fueron animando a medida que este iba conquistando países y recolectando victorias. Esos serían los que Cañizares definiría como "ventajistas", claro.

En nuestra mano está no caer en esos simplismos estúpidos, en poner cada cosa en su lugar y en entender que, para ser español, sólamente hay que tener un pasaporte que lo certifique, es opcional el hecho de llevar la carita pintada de rojo y amarillo, llevar una camiseta roja o hacer sonar el claxon del coche para animar a la muchachada. Sólo los más idiotas pensarían que algo tan accidental como la nacionalidad es un rasgo que es necesario sacar a pasear todo el tiempo.

Y ahora una pregunta: ¿Que habrá hecho José Antonio Camacho para no sudar? ¿Se habrá trasplantado unos sobacos de madera?

Nota del Insustancial: "Hay un hombre en España" es una canción de Astrud, el dúo formado por Genís Segarra y Manolo Martínez, incluído en su disco "Performance". Efectivamente, escuchando hablar a ciertas personas uno da por hecho que llevan sobre sus hombros el peso y las responsabilidades de esta gran nación y lo expresan así, casi con tanto surrealismo como los Astrud.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Depresión y Basket




Scariolo me deprime muchísimo. Sólamente un poco menos que el hambre en África. Escucho hablar del seleccionador español y me dan unas ganas gigantes de montar un concierto en plan Live Aid para recoger dinero y comprarle una isla donde pueda perderse para siempre. No tengo duda que, en cuanto aterrizara por allí, una tribu de caníbales se lo comería.

Detroit Pistons ganó dos títulos consecutivos de la NBA en la década de los 80 (88-89, 89-90). Lo hizo comandado por un entrenador rocoso de la vieja escuela llamado Chuck Daly que creó un equipo de temerosos matones (Mahorn,Rodman,Laimbeer, Salley...) que bautizaron al equipo como "The Bad Boys" dirigidos por una pareja de base y escolta (Thomas y Dumars) que daban calidad y pases. "Duros y fríos como el jodido acero" -ese peliculerismo se atribuye a Rodman- fueron la contestación al baloncesto clasicón y crepuscular de los Celtics y al "Showtime" de los Lakers.

Desde entonces nada sería lo mismo y ningún equipo ha osado intentar un asalto a los play-offs descuidando la defensa. Phil Jackson mejoró la fórmula de Daly olvidándose de los pivots natos...intenten recordar un buen pivot que haya militado en Chicago Bulls (Rodman no vale que es un "4") y ya verán que la lista es como para echarse a temblar pero claro, teniendo a una pareja como Jordan y Pippen puedes permitirte el lujo de ocupar los otros tres puestos con los miembros más bajitos de la troupé del Bombero Torero.
Si el baloncesto "ashende los mares" cambió para siempre en Europa pronto tomamos nota y adoptamos la fórmula a toda leche y de forma mayestática: lo llamamos "Basket pressing" que se resume en una sencilla filosofía "contra el talento muchos palos y a rezar". Las defensas en zona (no permitidas en la NBA) permitieron que el baloncesto se convirtiera en un aburrimiento y Aíto o Maljkovic se hicieron famosos por patrocinar ese tipo de juego de bajo tanteo y muchos, muchos, muchísimos parones par agotar la paciencia del equipo contrario y del respetable público. Se recuerda con escalofrío, por ejemplo, al Limoges que en 1993 (y dirigido por Maljkovic) se alzó con todas las competiciones en las que participó: Liga y copa francesa y Euroliga. Tenían a un base llamado Richard Dacoury que botaba, botaba, botaba, botaba...

Sergio Scariolo es de esa escuela. Una escuela miedosa que antepone los resultados al juego, una forma lamentable de ver el juego y que ha caído como una losa en nuestra selección que, más bien, se ha hecho famosa por lo contrario, es decir, jugar muy bien y sin miedo a que el tanteo se dispare hasta los 90 puntos. O los 100. Porque se trata siempre de meter más puntos que el contrario y no de intentar que no meta más canastas. Es insufrible ver como un equipo prefiere jugar a pinchar entre 56 y 64 puntos procurando que el contrario no le rebase.

De todas maneras idiotas hay en todas partes: el seleccionador francés se ha venido a este Eurobasket sin Mickael Gelabale pero con un bluff llamado Mahinmi que ayer no jugó ni un minuto y que se ha estancado jugando en la segunda división de la NBA (NBA development) con los Austin Toros...sí, se que Mahinmi es un pivot y que Gelabale es un alero alto pero...no se, creo que Gelabale es un jugador desaprovechado.

El caso es que Scariolo ha querido inculcar esa filosofía de juego a los nuestros que es como si la casa Ferrari ajustara los motores de sus coches para que corrieran a la velocidad de un smart con la excusa de que tiene miedo de que alguno de sus clientes sobrepase el límite de velocidad establecido.

Un dato a tener en cuenta: Aíto, que es bastante listo, fue capaz de olvidarse de la pizarra y de la estrategia para entrenar a este equipo y, por primera vez en años, vimos a un equipo entrenado por Aíto que corría por toda la cancha e, incluso, ¡Se olvidaba de defender transitoriamente!

Scariolo ha estado dándonos excusas durante todo el tortuoso Eurobasket, aduciendo cansancio, microlesiones, falta de jugadores, problemas de calendario...no se crean que es algo nuevo. Desde que aterrizó en España siempre se le ha escuchado el mismo discurso que usan todos los entrenadores italiano: Nunca gana el equipo, gana el técnico que ha dirigido al equipo. Pero si el equipo pierde la responsabilidad siempre es de los jugadores.

Que nadie se olvide tampoco de lo siguiente: es absurdo que un equipo formado por jugadores que tienen una agenda de partidos apretada juegue una pretemporada tan larga y extenuante y que los jugadores son los que ha elegido Scariolo. Nada más. Si están cansados o lesionados es culpa de él (y de Pepelu Sáez, el Presi, que usa este equipo como si fuera su club privado) porque podía haber elegido otros jugadores para suplir a los más agotados que es lo que ha hecho Serbia (nuestro verdugo en la primera fase y sorprendente semifinalista) llevando a Polonia a jugadores jóvenes que por su estilo recuerdan bastante a la selección española que alineó Pepu para ganar el Mundial de Japón.

Despropósito, tras despropósito España ha llegado a esta semifinal gracias a la sobrada calidad que nos ha dado una ventaja estratosférica y que a punto ha estado de cargarse un entrenador tan obtuso que no es capaz de leer ni una sola jugada del contrario, que decide que Pau Gasol juegue de pivot nato en detrimento de Felipe Reyes (poco glamuroso, excesivamente callado, excesivamente tímido...demasiado poco estrella para Scariolo) pero que luego se da cuenta de que está metiendo la pata pero, sobre todo, Scariolo es culpable de haber ahondado las diferencias entre los jugadores, de crear grupitos (lo hace allá adonde va) demostrando preferencias por este y por los otros y, claro está, pasando todo su pánico a perder, todas sus responsabilidades a los jugadores que, por otro lado, se han olvidado de algo mucho más sagrado:
España nunca jamás puede ir con la etiqueta de favorita por el mundo porque siempre nos darán por el pelo.

Mientras tanto no dejo de pensar en que, al final y como pasa siempre, Sergio Scariolo se colgará uno de los metales (Alá dirá si oro, plata o bronce...) de este Europeo (si es que nos lo permite Grecia) creando el caos, demostrando no ser un tío flexible, no saber trabajar presionado por las circunstancias pero, sobre todo, careciendo de las narices suficientes para no dejarse deslumbrar por las estrellas e incapaz de poner a cada jugador en su sitio y darle la responsabilidad ajustada a su curriculum.

Pero que no se haga el listo poniéndose sólamente la medalla y que se acuerde de compartirla con su amigo y valedor José Luis Sáez, Presidente de la Federación Española de Baloncesto, con el que no sólo comparte su gusto por el pelo engominado, los mocasines sin calcetines (sonrojante que asistiera a los primeros partidos vestido de veraneante) y ese rollo de playboys truhanescos recién bajados de un yate donde se celebraba una contínua fiesta en su honor. No. José Luis Sáez también es un maestro en atribuírse todo el mérito que hay a su alrededor con una desvergüenza rayana en el delito y ya se ha vendimiado a varios entrenadores por un quítame allá ese titular y esa mesa en los Premios Marca. Seguro que al Presi, entre cuyas virtudes no están ni la de la mesura ni la de la paciencia, le cuesta muy poco poner a su delfín de patitas en la calle (no mucho porque Scariolo es entrenador además del Khimki de Moscú) si este osa en ponerse un poco chulo.


Y estas son las cosas por las cuales Scariolo me deprime muchísimo...y esta foto mucho más...

jueves, 14 de mayo de 2009

Ramoncín salvará España






Si me llamara Zarzuela ahora mismo para consultarme sobre cómo recuperar la imagen pública de la Casa Real le diría a su Majestad que se dejara de cazar osos alcohólicos rumanos e iniciara una montería con el único objetivo de cazar a Ramoncín.


José Ramón Julio Martínez Márquez alias "Ramoncín", un ciudadano de 54 castañazas, tiene la llave para articular de nuevo España. Sin duda. Ya que no somos capaces de encontrar unos símbolos nacionales positivos que articulen este país lo mejor será unirnos en el odio. De hecho ya no seremos más España, seremos la Asociación de Enemigos de Ramoncín o la Unión de Estados que Odian a Ramoncín ¿Qué más dará el nombre cuando de lo que se trata es de llevarnos todos bien?


De hecho el Rey debería de darle caza públicamente y luego llevarlo de un lazo como hacía Jabba The Hut con la mascotica esa que mostraba en "El Retorno del Jedi" a todos los actos oficiales. De ese modo, si alguien osara pitarle a su entrada a un estadio la TVE podría poner la secuencia íntegra diciendo: "¡Y mientras suena el himno nacional los aficionados se han puesto en pie para silbarle al malvado Ramoncín!". Dime tu si así no nos ahorraríamos estas peleíllas pueblerinas de los himnos, las banderas...



¿Qué tiene Ramoncín que tanto molesta? Es algo que se me escapa. En los 70/80 ser de Ramoncín era bastante molón. Los discos no estaban mal del todo y se permitía hacer giras por toda España llenando plazas de toros y polideportivos. En serio. Ramoncín era "El Rey del Pollo Frito" y MOLABA. De hecho molaba tanto que sin tener un discurso tan macarra como los grupos del Rock Radical Vasco conseguía remover más titulares que Kortatu y la Polla Records juntos, en serio, los pesos pesados de la prensa derechona se batían en duelo entre ellos por ser el que más insultos fuera capaz de verter contra Ramoncín en una columna y él, nada, impávido a su puta bola, riéndose de los peces de colores,aguantando el tirón, bailando "cheli, reggea y rock and roll", apoyando a la causa sandinista o manifestándose a favor del aborto, presentando programas, sacando libros. Pues eso, el Rey del Pollo Frito. Y del Mambo.



Pero, de pronto, las simpatías populares se volvieron contra él porque, decían, había perdido la chola...que si cobraba pasta por un pregón, que si era un artista paniaguado, que si no era auténtico, que si no había pisado Vallecas en su vida, que se había operado la nariz, que si tenía hijos ilegítimos. Mal rollo. Daba la sensación de que tantos años de malísima prensa comenzaban a hacer mella en el subconsciente popular y que era verdad que se había convertido en un supervillano que vivía del dinero público y que se financiaba los vicios con nuestros impuestos.

Como en todas las persecuciones daba igual que los que escribían contra Ramoncín hubieran tenido despachitos de prensa puestos por el Generalísimo, que disfrutaran de un puesto en vitalicio (y no merecido) en la R.A.E. o, incluso, que hubieran cobrado subvenciones para montar obras de teatro, pasaran por caja cada vez que daban una conferencia o pillaran cacho de esta o de aquella editorial por presentar libros o se hubieran valido de sus puestos para sacarle al estado uno o dos viajecitos al año para asistir a esos simposiums de prensa, rollitos con el Instituto Cervantes...daba igual porque, al igual, que antes se invocaba el nombre de Rusia o del contubernio internacional judeomasónico de corte marxista para echarle la culpa a una infausta epidemia de escarabajo de la patata o de una inundación ahora parecía que Ramoncín tenía la culpa de todo (aunque en realidad todo fuera obra de Yoko Ono y del espíritu de Lennon que le sale por los poros).

A los españoles (sean de Bilbao, Barcelona, Cáceres o Sevilla) les estomaga Ramoncín y no pueden soportar, ni perdonar, que trabajara como presentador del LINGO, la SGAE (que creo que es una asociación de gente satanista que come niños y además nos impone el canon...de Pachelbel y el otro, el malísimo), Crónicas Marcianas y, claro está, tampoco en Operación Triunfo. Haga lo que haga será un pesetero y un vendido pese a que nuestra península, de Lisboa a Andorra la Vella, esté lleno de locutores de radio que se desgañitan contra él y que cobran una cifra de seis cifras (en euros) y tienen un pasado como militantes en el maoísmo, ex ministras socialistas que se han sacado el carnet del PP (todo sea por no perder el puestillo), arrepentidos del ultraderechismo que se pasaron al anarquismo y dan clases en una facultad de Ciencias políticas y ejercen de palmeros de la peor telebasura y un largo etcétera de conversos de toda índole que por el parné o el desencanto (ese desencanto que llega con la crisis de los cuarenta y uno descubre que se ha subido al caballo equivocado) han trabajado descaradamente cavando trincheras para el otro bando en un momento u otro.

Pese a que pudiera parecer que Ramoncín no es más que un tipo que se ha buscado la vidilla desahogadamente lo cierto es que no, que es una mala persona, la peor de todas, la víctima propiciatoria que nos puede servir para unir a España de una vez por todas en una misma nación de Algeciras a Finisterre, de Lanzarote a Formentera. El día que el Rey se decida a cazar a Ramoncín y así ganar puntos y justificarse el sueldo este país será otro, un país unido por el odio y la mala hostia y ya no habrá más ellos y vosotros. Seremos NOSOTROS y podremos volver a gritar "oé, oé, oé" con una sola voz. ¡Muerto el Rey del Pollo Frito! ¡Viva el Rey de todos los que odian a Ramoncín!.

martes, 16 de septiembre de 2008

¡Arde Siberia!



Una de las mejores leyendas urbanas de la historia contaba que los camellos se ponían en las puertas de los colegios para repartir caramelos con droga. La cosa mejoró cuando comenzaron a distribuirse sin saber cómo unas fotocopias chusqueras (tiempos pre internet, ahora si quieres dar pábulo a una chorrada la clavas en el blog) de una presunta circular del Ministerio del Interior donde se advertía de la proliferación de unas calcomanías impregnadas en LSD de la marca “blue star”.


En la puerta de mi colegio, cuando yo cursaba tercero de E.G.B., dicha leyenda urbana casi acabó en linchamiento. Unas marujas comenzaron a sospechar de un tío negro que estaba en la puerta del cole e iniciaron una fascinante coreografía calcada a las que realizan las leonas de los documentales alrededor de un Ñú, gacela o “animal que pilla” en general que terminó con una lluvia de bolsazos. El tipo en realidad era el padre de la única alumna negra del centro (tiempos pre inmigración) y ejercía como diplomático, por cierto. Las marujas se justificaron luego diciendo que “siempre habían visto a la negrita siendo recogida por su madre, una mujer blanca, y que pensaban que era adoptada”. La supuesta mamá era la au-pair.


Pues me imagino que todos hemos tenido que aguantar en mayor o menor medida las advertencias de padres, tutores y profesores sobre el malvado “hombre de los caramelos” y aquellas charletas sobre “no aceptar comida o bebida de manos ajenas” (¡Cuántos exploradores hubieran muerto en desiertos y selvas de haber seguido esos consejos!).
A los padres siempre les atenaza el temor de que sus vástagos acaben en manos de una mafia, de una malvada organización dispuesta a esclavizarte de por vida robándote la voluntad dñándote física y psíquicamente a cambio de una quimera, de un bien solamente temporal pero cuyas secuelas arrastrarás toda la vida….


Entonces…


¿Por qué nadie nos advirtió sobre los bancos, los créditos hipotecarios y el Euribor?


Sí, al final no caíste en la cocaína boliviana pero te has pillado la puntica de la títola con el Euribor que, por cierto, cuando sube te deja toda la noche comiendo techo y con la cabeza haciendo “pum-pum-pum” como si hubieras estado dos días en el Monegros Festival de marchita sana.



En la película yonki Pánico en Needle Park (Jerry Schatzberg, 1971) se explica muy bien como funcionaba la lucha contra la droga en NY: La poli detenía a un montón de pequeños camellos que dejaban desabastecidos a los consumidores habituales creando una situación de “pánico”. Los yonquis, sin lugar a donde acudir, iban a las comisarías para delatar a otros camellos de mayor envergadura con la esperanza de que estos testimonios se pagaran con algo que echarse a las venas y que venía de los mismos fondos incautados de la policía.
Bueno, pues eso están haciendo las grandes entidades financieras. Le han cortado el chorro a las entidades intermedias y estas, ahora, aprietan a sus clientes exigiéndoles el pago de las deudas contraídas y negándoles la posibilidad de pedir un crédito.
Ahora es cuando me he dado cuenta de por qué las hipotecas, créditos personales, tarjetas etc… se han acabado llamando “productos financieros”. No me extrañaría que las próximas cosas de estas se acabaran por entregar metiditas en bolsas de plastiquete blanco o cerradas en forma de primorosa papelas clásicas.
O sea, que como el “hombre de los caramelos” los bancos se han puesto a la puerta de las casas de la gente y le han dicho “toma, dinero, no te cortes, que la cosa está de puta madre, llévate lo que quieras…”. Lo que antes parecía gratis ahora te cuesta un riñón. Te lo quitan de golpe y porrazo....¡Arrrrrfffff! ¡Dame peerrrassss! ¡Que más triste es de pedir que de robar! ¡Dame argo!



Estamos en medio del pánico, ciertamente, pero yo no me preocuparía demasiado. Es decir, pensad que no hay mucho que perder excepto la casa, el coche, el colegio de los niños y las vacaciones en Punta Cana….sólo hay que confiar en esa gran frase que se repite mucho, sí, joder, esa que dice que “el que se muere en España de hambre es porque quiere”…la suele decir el mismo tipo, sentado en el mismo sillón, fumándose el mismo puro y bebiendo el mismo coñac en la misma copa balón que el que te contó eso de que “el precio de la vivienda no baja jamás, firma aquí, aquí y aquí…ya eres propietario”.

Solían ser los tíos que dirigían Northern Rock Bank, Lehman Brothers, Merryll Lynch, Enron, Gescartera…al parecer todos con muchos más problemas para gestionar su dinero y, sobre todo el nuestro, que por ejemplo Pablo Escobar pese a demostrar, a veces, unas formas tan malas como las del famoso narco.
En la muy yonqui Salto al vacío (1995, Daniel Calparsoro) un desesperado Karra Elejalde, que hace de yonki muy malito, le grita a su hermana Najwa Nimri una frase de extraña belleza para demandarle la dosis que ella, que es camello, tiene en el bolsillo y para hacerla partícipe de las sensaciones que da el mono gritándole:
-“¡Arde Siberia!”.
Ella se lo da. Yo mañana me voy a ir al banco a gritárselo al director de la entidad a ver si se apiada y acaba con estos sudores fríos, esta cagalera y este malestar general.

domingo, 15 de junio de 2008

Zarautz-Coslada-New York


Si Eloy de la Iglesia (1944-2006) estuviera vivo no tendría ninguna duda de que sería el tipo indicado para rodar el biopic de Ginés Jiménez, el ex jefazo de la poli municipal de Coslada. Sin duda, seguramente también sin saberlo, un tipo como Abel Ferrara le debe mucho al cine sucio y carnal del director vasco. He vuelto a ver este fin de semana "Teniente Corrupto" y, de paso, le he vuelto a echar un vistazo a "Miedo a salir de noche", "Colegas" y "El Pico" que eran las que tenía más a mano.

Es una pena que cada vez menos periodistas lean tebeos, novelas de serie negra o vean películas. Seguramente a ninguno de ellos se les hubiera ocurrido algo tan facilón como llamar Sheriff a Ginés y lo hubieran bautizado como El Teniente.


Ambos directores tienen en común que un visionado de sus películas te pone malo, es más, cuanto mejores son las películas que dirigen más consiguen retorcerte las tripas. El propio Eloy (lo llamo así para que no se confunda con Alex de la Iglesia, con el que no tiene nada que ver) renegaba un tanto de la etiqueta de cineasta del verité y responsabilizaba a su equipo de dirección de arte de "afearle" muchos de los decorados naturales que utilizaba dándole el punto aceitoso necesario, ese último golpetazo de falsedad que necesita cualquier película que se reivindique como "realista".

Ferrara siempre ha tirado más por los cerros de Úbeda y por eso anda ahora perdido en los marasmos del metacine con cosas como "Mary" (2005), una extraña e inentendible película que juega con el mito de la Virgen María, pero hubiera vuelto muy a gusto a los terrenos pantanosos de la ultraviolencia casposa para rodar una película sobre el Monstruo de Coslada.


En todo caso ambos sería perfectos para narrar la historia de este personaje que parece, en realidad, propio de la ficción de ambos: violento, alcohólico, colérico, enfermizo, cocainómano y arrastrado por una especie de tornado interior. Ginés como el Teniente, como la adicción de El Pico, como el miedo irracional de Pepe Sacristán en "Miedo a..." es un poco inexplicable y vive entre nosotros creciendo como la mala hierba sin que apenas podamos ni siquiera percibirlo. Es de esas historias que te dan asco y, sin embargo, transmiten cierto puntito de grandeza lumpen.

Por eso su historia tiene todos los ingredientes de una gran película de malos y más malos y por eso cualquiera de los dos directores debería de haber estado en sus cabales para rodar una historia como esta.

Quizás ambos cambiarían la adicción de Ginés a la cocaína (que se ha convertido en la fatua culpable de todas las tragedias televisadas) por un pico de caballo -mucho más cinematográfico y trágico- que ha sido la obsesión de ambos, yonkis de largo recorrido que captaron a la perfección, y sin ninguna moralina, el mundo de la heroína. El español desde la experiencia de sus propios actores (Desde Antonio Flores a José Luis Manzano) y de sus experiencias descarnadas entre chaperos y delincuentes de medio pelo (suya es "Navajeros") y el norteamericano siempre con cierta tendencia "yonki chic" haciendo un paralelismo entre el adicto y el mundo de los vampiros ("The Addiction") y la capacidad de LA DROGA, única, el jaco, para trasladarte a otros discursos artísticos (La terrible "Blackout").


No tengo dudas de que a Ginés, al que le gusta mucho salir en la tele, estaría encantado de verse en pantalla interpretado por Harvey Keitel o Javier Bardem. Ya saben pateando camareros, esnifando coca en el trasero de alguna lumi, cobrando sus sobres, bailando un cha-cha-chá sentimental en la pista vacía de algún disco bar...

A veces la vida tiene muy mala pinta pero alguien tendría que rodarla.