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viernes, 2 de agosto de 2013

Guerra Mundial Z (2013, Marc Foster) y una pequeña reflexión sobre el postureo nerd



“Guerra Mundial Z” es un libro optimista. Max Brooks, su autor, que ya nos enseñó a prevenirnos contra un estallido de caminantes en “Manual para la supervivencia zombi” tiñó las páginas de su segundo libro en la certeza de que el ser humano sería capaz de superar un brote violento de virus solanum.

Posiblemente ese rasgo marque eso que se llama “avance” o “redireccionamiento” del género. “Guerra Mundial Z” es tremendamente respetuoso con la tradición inaugurada por George A. Romero en lo esencial (los zombis lentos) pero incide en el optimismo y, por tanto, en la épica de la que el director norteamericano prescindió en “La noche de los muertos vivientes” y cuyo veto ha ido manteniendo en obras posteriores.

El pesimismo, o realismo, de Romero se ha filtrado en otras producciones del género, desde el “remake” de 
“El amanecer de los muertos” hasta las series “Dead Set” y “Walking dead” que nos recuerdan que la muerte se abre paso con facilidad en un territorio dominado por unas formas de vida que han subestimado a la propia naturaleza y viven dominadas por una errónea percepción moral.

Más allá de la amenaza del zombi, Romero dejó claro que el peor enemigo del ser humano era el propio ser humano y su capacidad para tomar malas decisiones. La peor de todas, la que lo empuja hacia un desenlace fatal, no es otra que su renuencia a actuar como grupo y a olvidarse de la individualidad. Todos los grupos de superviviente del género zombi son incapaces de llegar a esa conclusión y, por tanto, acaban siendo devorados. La solución es mostrada sin disimulos, es una puerta abierta que desasosiega al espectador porque la percibe cercana y simple pero inalcanzable para los personajes implicados en la trama. Ni siquiera Danny Boyle, que se sacó de la manga a los zombis rápidos como balas, fue capaz de renunciar a lanzarnos esta moraleja mezclada con la de un aviso que se recoge en “Guerra Mundial Z” también: la naturaleza acabará por descubrir la forma de aniquilarnos y prevalecer sobre nosotros.
Fuera de esta idea (la del optimismo) las semejanzas entre la novela “Guerra Mundial Z” y su adaptación cinematográfica son casi nulas. Ningún fan del libro reconocerá muchos más rasgos de unión (excepto el intento por mostrarnos una confrotación global) entre ambas obras.

La película dirigida por Marc Foster se mostrará dentro de unos años como un ejemplo de todo lo bueno y lo malo del cine de comienzos del siglo XXI.

En el apartado de “lo bueno” está el haber rodado una película técnicamente impecable. Es este título una de esas producciones que más se asemejan a un cohete de la NASA pues en su producción confluyen todos los avances tecnológicos en el campo audiovisual, desde las espectaculares cámaras digitales armadas con unas ópticas de última generación e instaladas sobre robots para alcanzar hasta el punto más alejado de la secuencia hasta unos efectos digitales, mezclados con el efecto especial hecho a mano, de esos que a la generación que nos criamos viendo efectos sobre chroma hacen que se nos salten las lágrimas de la felicidad.



Marc Foster, como ya hizo en “Quantum of Solace”, nos ofrece unos primeros quince minutos de película completamente espectaculares con un estructura visual (pienso en los story boards y en la planificación de rodaje y se me hace la boca agua) que, bajo mi cortísima experiencia, yo diría que es la propia de alguien que entiende muy bien esto de hacer películas. No es fácil hacer avanzar una trama a través de una planificación de 5 o 6 cámaras que haga aumentar la tensión a costa de una técnica curiosa y efectiva: ir desde los planos panorámicos, hasta planos cada vez más cortos que finalizan poco a poco en secuencias de primerísimos planos para irnos mostrando poco a poco el horror. Lo mejor es comprobar que Foster no se pierde en esa maraña compleja, en ese truco (el cine es todo truco) que en manos de otro hubiera resultado el típico batiburrillo de planos nerviosos y sin conexión. En algún momento pensé en las escenas del desembarco de Normandía de “Salvad al Soldado Ryan” y en que Foster había prescindido de la fórmula “spielbergiana” de insertar planos fijos a favor de transiciones de barrido que le dan aún más fortaleza y sensación de realidad a las primeras secuencias.
Esta espectacularidad visual, que vuelve incluso con más fuerza en las escenas que se desarrollan en el Jerusalén asediado (cero polémica sobre el asunto del muro o más bien polémica alimentada por algún avispado agente de prensa para que se hablara de la película) por los zombis se entremezclan con escenas mucho menos anticlimáticas en las que el director opta por ofrecernos una película de terror más clásica (sombras, sustazos, bruma, lluvia…ese tipo de cosas).

Por desgracia no puedo dejar de pensar que estos cambios de ritmo son siempre un poco forzados en el cine actual y que se deben a dos cosas que entran dentro de la lista de “cosas malas del cine actual”: un desentendimiento del ritmo idóneo que obligan a diseños de producción donde los recursos económicos (que siempre hay que tener en cuenta) van menguando de tal modo que es obligatorio insertar escenas menos artificiosas para sostener los presupuestos. Esto pudiera parecer el comentario de un contable pero, en realidad, también mi corta experiencia me dice que ese despilfarro dirigido a captar la atención del espectador en los primeros tramos de película, hacerlo pasar por un desierto en el nudo e intentar una pirueta final en el desenlace ha lastrado a más de una y a más de dos películas (acaso a tropecientas).


Todos los esfuerzos técnicos, muchísimos, afectan de manera directa al guión de “Guerra Mundial Z” que es una pieza, en ese aspecto, aseada y correcta pero que no alcanza las cotas más altas de la novela. Nos encontramos con un guión soso, más bien, con unos diálogos un tanto sosos y, de cuando en cuando, también demasiado planos, tremendamente informativos (el juego de “pato-pato” que dice un gran realizador, consistente en mostrar un pato en pantalla y que los personajes digan “mira eso es un pato” para remarcar que ahí hay un pato y nadie pueda despistarse, ni perder el hilo) y que, de cuando en cuando, me recordaron a otras superproducciones del género, en especial, a las pelis de Roland Emmerich.

Quizás este sea uno de los puntos negros de la peli: los dichosos diálogos. Seguramente también porque poco pueden aportar a una historia que podría haber sido casi muda debido a que funciona tan bien visualmente que es difícil remarcar más aún la tensión de las escenas o aumentar la información sobre la propia trama.

En un tiempo en que las películas se producen para ganar mucho dinero rápidamente y ser olvidadas también rápidamente es curioso que en “Guerra Mundial Z” se haya hecho un esfuerzo enorme por alcanzar una vida más larga, se haya intentado por todos los medios que la película quede en la retina de sus espectadores. No sé si lo conseguirá, aunque me temo que el ruido informativo ha sido tan grande que ya han conseguidopolarizar la opinión, pero lo cierto es que “Guerra Mundial Z” quiere ser un resumen de todo un género y opta por esa opción por esto que acabo de comentar pero, también, para hacer funcionar la maquinaria de la propia película. En la cinta te encuentras con los zombis de Boyle (los modernos) que, a su vez, también son los zombis de Romero (los lentos) y te encuentras homenajes a películas contemporáneas del género y a las películas clásicas, cada homenaje a cada película se encuadra en ese juego de “escenas rítmicas” y “arrítmicas” que marcan un tempo extraño pero, a la vez, elegido conscientemente para darle una vuelta de tuerca al espectador que crea que ya lo tiene todo visto en el género zombi. Este intercambio, estos ritmos, son una de esas estrategias que sacarán de quicio a los más ortodoxos.


Estaría bien comentar, bueno, lo comento porque me ha hecho gracia que fuera del género zombi existe en las escenas de desenlace de “Guerra Mundial Z” un sentido homenaje a una de las escenas más pavorosas de “Cube” y otro completamente indisimulado a “Terroríficamente muertos”. Se darán cuenta, no se preocupen.

“Guerra Mundial Z” resulta una película divertida, una película para pasar el rato de la mejor manera posible recibiendo alguna pequeña conseja pero, sobre todo, un curioso mensaje de optimismo. También lo descubrirán sin dañarse mucho los ojos, no hace falta ser muy espabilado. En todo caso está bien porque también es inherente al género, lo del mensaje digo, y más ahora cuando el número de producciones de género fantástico (terror, ciencia ficción, superhéroes etc.) supera con creces al de otros géneros. Desde Whale a Frankenheimer, pasando por Romero, Lucas o Carpenter han usado este fenómeno popular para transmitirnos alguna opinión un tanto desasosegante o tranquilizadora  (según tocara) del mundo en el que vivimos.
Y, como colofón, me gustaría salirme de la crítica para mandar un mensaje a muchos de los que vieron la película ayer conmigo: IDOS A TOMAR POR CULO.

¿A qué viene este mensaje?

Bien, “Guerra Mundial Z” es una película de género. Sin más. No entiendo por qué hay un grupo de gente empeñada en olvidar el carácter eminentemente festivo de ir a ver una película de zombis para, curiosamente, adoptar una pose faltona, absurda y francamente payasa que pretende que el asunto se convierta en un pase de la Filmoteca Nacional. Analfabetismo en estado puro, protestantismo posturero de la más baja estofa y, sobre todo, la reclamación de un nivel de exigencia intelectual exigido por una pandilla de anormales que creen ser unos entendidos en estas materias después de un par de lecturas de “Crepúsculo” y “Harry Potter”.

¿A dónde vamos? Pues no lo sé, pero si ya en tiempos la visión de un tipo con bufanda y cuello cisne sentado en una sala de cine haciendo comentarios estúpidos sobre el cine de autor me provocaba unas enormes ganas de echar la raba comienza a pasarme lo mismo con esa nueva tribu de “nuevos cinéfilos” vestidos con camisetas de mensajes postmodernos que van derramando suficiencia y discursos de vuelo bajo. A ser posible muy alto para que todo el mundo perciba que hay un cateto en la sala.

Los catetos de ayer decidieron que NO les gustaba la película. Oh, sorpresa. Gente protestando con presupuestos personales ínfimos sobre algo que no entiende y pontificando. Oh, requetesorpresa. Comparaciones entre la película que estás viendo y “X Men” o “Los Vengadores”. Oh, nueva sorpresa. Nuevos juegos comparativos con la temporada 3 de “Walking Dead” y sobre la credibilidad. Oh, requetequetequetesorpresa.

Y lo mejor: es que hay chistes.

Y eso no. Bueno, imposible, jamás se ha visto una película de estas características donde ha nadie se le haya ocurrido meter una línea o un instante de sonrisas cómplices. No, no. A nadie, joder. No somos animales, que no nos saquen de la profundísima trama sobre muertos que vuelven a la vida para darnos un respiro, para marcarnos un farol. NO. No vaya a ser que alguien se piense que ir al cine no es otra forma más de ir a misa. IDOS A CAGAR.

Como ejemplo final pondré estos dos vídeos:



Sí es el final de “V de Vendetta”. Con la Obertura 1812 de Tchaikovsky sonando a todo trapo. Y ahora...


Sí, es el final de “El Club de los chiflados”.


¿Se dan ustedes cuenta de los paralelismos entre ambos finales? ¿Se dan cuenta de que James McTeigue le hizo un homenaje a esta comedia chiflada para remarcar los aspectos tragicómicos, el tono de enorme de descarnada burla que contiene la obra de Moore? Pues eso, seamos más libres, divirtámonos y, sobre todo hablemos cuando nos toque. 

lunes, 8 de febrero de 2010

La carretera...o como cambiar la (mala) opinión de la intelectualidad española sobre el cine de género


Iba a ponerme en plan Boyero y cantarles aquí las maravillas de "La carretera" (Jim Hillcoat, 2009). Muy en su estilo iba a contarles lo triste de la historia, lo desarraigado del paisaje, lo bien que se transmite el tono de la novela, lo estupendo que es que haya películas que sepan rescatar esos asuntos del alma. 

Es más, iba a contarles que "La carretera" entronca con la tradición americana de las novelas de viajes y de aventuras iniciadas en el siglo XIX pero que, aunque tiene ese aspecto, es un espejo deformado de las mismas pese a que ambas, al final, intentaban descubrirte que el viaje y la carretera acaban sacando al verdadero ser humano que llevamos dentro, que aflora con la lucha en contra de los elementos.  

Pero es que, como no me ha dado tiempo, pues Carlos "El Maestro" Boyero y otros tanto lo han hecho ya y corro el riesgo de repetirme más que el ajo.

Les cuento, por tanto, el cuento desde otra perspectiva: No hace mucho tiempo que en este país el género era algo profundamente vituperado. El intelectual español de corte progre denostaba este tipo de cine por insulso y falto de compromiso mientras que el intelectual español fachón ni siquiera se preocupaba de esas películas extranjerizantes que parecían entretenimiento de niños o la justificación para las parejas para meterse mano en los cines aprovechando los sustos.

La novela de género en España, la de aventuras, posiblemente murió con El Quijote y sólo se podían ver caballeros y marcianos, detectives y vaqueros "made in Spain" en las páginas de nuestros cómics. En ese campo desde los clásicos hasta Carlos Giménez (y su imprescindible y recomendable HOM) hicieron bandera del género mientras que este tipo de novelas fenecía en las estanterías y florecía en los kioscos gracias a la edición de las novelas de edición barata. En el cine, los géneros vivían una suerte parecida y, pese a ser francamente rentables en muchos casos, lo cierto es que nadie hablaba demasiado bien de ellos.

La intelectualidad española aplaudía el western (por Ford y Leone) pero, la verdad, no era muy entusiasta del género de terror que venía de fuera -la sangre, la víscera, el destripamiento- y muy poquito de la Ciencia Ficción.

Es decir, que nos hemos perdido algunas cosas interesantes como, por ejemplo, que la historia de la relación que hay entre un padre y un hijo puede contarse desde muchos puntos de vista y, uno de ellos, puede ser más claro, más meridiano y más interesante si los pones a caminar por un decorado apocalíptico mientras son acechados por grupos organizados de caníbales. Pongan este argumento encima de la firma de Stephen King y recibirán ustedes una sonora pedorreta...McCarthy es otra cosa y más ahora cuando flipamos (todos, que yo lo descubrí con el siglo empezado) con el escritor americano que igual se marca una historia sobre un Juez chiflado que arrasa la Tierra de Nadie que hay entre México y USA, que te inventa a Anton Chigurh que es un asesino que lleva consigo una pistola de aire comprimido para matar ganado...

Gracias a McCarthy y a películas como "La carretera" ya a nadie le avergüenza decir que le molan las películas de zombies...seguramente porque "Zombieland" es una de las mejores películas del año junto a "Resacón en Las Vegas" que es una de las mejores comedias de los últimos años...ambas dos han sido ninguneadas por la Academia de Hollywood pero, bueno, que se puede esperar de unos señores que le dan nueve nominaciones a Avatar...

Pero seguro que me estoy alargando sin hablar de la fotografía de Javier Aguirresarobe que ha hecho un trabajo excelente o más que excelente fotocopiando la atmósfera de la novela original. Fantástico. Por cierto, les recuerdo que por aquí hay una entrevista que se publicó hace tiempo en este blog con el propio Aguirresarobe en el que cuenta algunas cosejas de la película. Aquí

Gran adaptación del texto original al que se le han colocado algunos adornos (Charlize Theron) y algunos planos un poco superfluos que, me imagino, intentan hacer un poco más de sangre con el espectador y hacernos ver la historia de los protagonistas de la película antes de la hecatombe. No era necesario, ya te haces una idea de como es la vida actualmente y como tiene que quedar el asunto después de una catástrofe que arrasa con la humanidad. Como decía un maestro del guión "lo único que hay que hacer para adaptar una novela es quitarle lo superfluo y no intentar mejorar el trabajo narrativo del original porque, para algo, te has empeñado en comprar los derechos de una novela". Pues eso, Hillcoat debe de haberse aprendido ese consejo de maravilla y lo ha aceptado sin añadir, ni remover demasiadas cosas. Era menos necesario que los planos pre-apocalipsis.

Por lo demás y ya en plan Boyero les diré que "La carretera" me ha emocionado profundamente y que es una muy recomendable film. Mucho más recomendable, por ejemplo, para las personas que actualmente lo están pasando guay y un poco menos para los que la vida les pinta en bastos porque triste es un rato pero, bueno, también lo es el frenillo de Rajoy y dicen que va a ser presidente...yo, en una de estas, me hago finlandés con acento argentino como Vigo Mortenssen...o americano con acento danés o...bueno, da igual. Lo diré una sola vez: "La carretera" es tan buena que, incluso Vigo, lo hace bien...incluso mejor que en "Promesas del este".

lunes, 21 de septiembre de 2009

Malditos bastardos


Esperaba que la última película de Tarantino fuera mucho más violenta. En serio. "Malditos bastardos" no es ni de lejos la película más violenta del director texano que no alcanza en ese campo a "Kill Bill" y desgraciadamente tampoco es la más mostrenca. Es violenta a veces y mostrenca a veces y es, en esos mismos instantes, donde la cosa se pone interesante y la película alcanza los objetivos esperados.


El peor lastre de esta película es que Tarantino sigue fiel a la filosofía narrativa que el personaje que él mismo interpretaba en "The man from Rio" (la cuarta historia de "Four Rooms"). En dicha escena QT daba una larga explicación a Tim Roth (que interpretaba al Botones) sobre las razones por las cuales le había pedido subir hasta la suite donde se celebraba la fiesta y que trajera consigo un trinchante, una tabla de cortar carne, dos clavos, una bola de bramante y un martillo. Cuando se estaba alargando demasiado alguien le pide que acelere y él dice: "Es posible que mi explicación de la vuelta al mundo pero llega hasta donde yo quiero que llegue".


Nadie lo ha dicho más claro y nadie ha sido tan fiel a su filosofía desde sus comienzos: las películas de Tarantino, un rasgo compartido con la literatura y el teatro del Siglo de Oro y con Shakespeare curiosamente, parecen perderse en explicaciones pero, al final, vas entendiendo que todo justifica un final épico (cuenten cuantos finales trágicos o abruptos ha generado Tarantino...).


"Malditos bastardos" intenta recuperar la fórmula narrativa de "Pulp Fiction" (¿Que era Pulp Fiction si no una enorme y contínua digresión?) pero sin alcanzar el nivel de los parlamentos que se largan Christopher Walken sobre el reloj que llevó insertado en su ano durante el cautiverio de Vietnam, el de Vingh Rhames en off ante la cara de mármol de Bruce Willis sobre las punzadas de la honradez o el de Samuel L. Jackson ante la jeta de Honey bunny y Pumpkin sobre por qué soltaba aquella cosa de la Biblia y que identificaba como el pasaje de Ezequiel 25:17 (por cierto, inventado y alargado por Tarantino).


Pese a ese fallo los logros de "Malditos bastardos" son tan grandes que hacen olvidar que, en algún momento, la narración te provocó un bostezo. Me tomo este "Malditos bastardos" como la primera parte que dará parte a otra película centrada completamente en las aventuras de los bastardos del Teniente Aldo Rayne.


En la primera posición de los logros de esta película está lo bien que se desenvuelve Tarantino a la hora de manejar los diálogos. En serio, son artificiales e impostados y son la antítesis del naturalismo o el realismo, están llenos de frases guays que sólo eres capaz de reproducir en plan paródico en la vida real pero, coño, funcionan tan bien dentro de las películas de Tarantino...


Después la elección de un tipo como Christoph Waltz para interpretar al que se revela como personaje casi principal de la película: el "caza judíos" Hans Landa. Un tipo vil, malo como el baladre, chungo, inteligente, cursi, refinado y, claro está, violento y amante de la jerarquía. Un mal bicho que representa todas aquellas cosas negativas que uno conferiría al Tercer Reich y a todos los que lo hicieron posible. Sin duda una de las mejores interpretaciones de los últimos años y uno de los personajes más interesantes que se ha visto en el cine de los últimos años. Es tan bueno que es capaz de zamparse a todos los actores con los que comparte secuencia casi sin esfuerzo.


Rinden a gran nivel también los otros actores europeos desde Daniel Brühl, metido en la piel de un personaje con dos caras, hasta Sylvester Groth que se marca un increíble Joseph Goebbels que no te hace olvidar al que interpretó Johannes Silberschneider en "La niña de tus ojos" (Fernando Trueba, 1998).


En el apartado actoral Eli Roth queda algo desdibujado haciendo de Donny "Jüden Bear" Donnowitz al igual que Mike Myers que fue la primera elección de Tarantino para encarnar al jefe de los bastardos, Aldo Rayne, y también al personaje de Hans Landa pero que luego se ha tenido que conformar con una aparición muy pequeña.


No me gustaría tampoco olvidarme de Brad Pitt que borda el papel del chiflado y violento Aldo Rayne, Teniente y al parecer inventor de la operación de los bastardos, en su faceta de paleto sin corazón (en la vida civil se dedicaba al contrabando de alcohol en Tennessee) que consigue el puntito de desmitificación que daban los personajes de "Los Doce del Patíbulo" (Robert Aldrich, 1967) o el de James Coburn en "La Cruz de hierro" (Sam Peckimpah, 1977). Seguramente sin el concurso de Pitt, atentos a la escena en la primera escena en el interior del cine y a los caretos que pone en segundo término, al película hubiera sido otra completamente diferente porque, en el fondo, frente al refinado europeo y cruel que representa Landa está su némesis que no es otra que el cateto americano violento, montaraz y poco educado de Rayne.


Es una pena que el padre de la revisitación de los géneros bastardos (películas de atracos, blaxplotaitions, artes marciales, western, gore, grindhouse etc.) se haya perdido en derroteros más formalistas, más intensos, más de auteur y no haya confiado en lanzarnos a la cara una película totalmente mostrenca porque la ocasión lo merecía. Es una pena que sus ganas por firmar una obra maestra lo hayan alejado de su objetivo.


Los que hemos leído los tebeos de "Hazañas bélicas", leído a Sven Hassel y coleccionado soldaditos de plástico de la marca monta-plex nos sentiremos plenamente identificados con esta película y las razones que ha tenido Tarantino para ofrecernos semejante espectáculo. No se si ustedes serán de esa generación pero a todos los que debajo del árbol de navidad nos encontramos en algún momento una winchester de plástico, una ametralladora dotada de un ingenioso gatillo que la hacía sonar como un arma de verdad (o casi) o un casco de color verde de los Marines comulgaremos perfectamente con las razones que ha tenido Tarantino para jugar así con el género y con las historias de la II Guerra Mundial. En cierto modo ha hecho lo mismo que hacíamos nosotros cuando nos perdíamos por los descampados simulando ser un comando que acababa de saltar de un avión en paracaídas detrás de las líneas enemigas en una zona atestada de malditos nazis: contar nuestras propias historias y echar la tarde. A Tarantino le ha costado unos cuantos millones más de dólares pero, bueno, se trata de lo mismo.
En definitiva: Malditos bastardos es una gran película. Una película de Tarantino en todos los sentidos de la expresión y eso es mucho en un panorama cinematográfico que parece cada vez más condenado a los productos impersonales donde no importan quien se siente en la silla donde pone director. A costa de hacer las cosas medio bien (y nunca medio mal) Tarantino va a pasar a la historia como uno de los grandes del cine por la sencilla fórmula de redescubrirnos a los clásicos y de reinterpretarlos. No está nada, pero nada mal. Ya digo, es casi una obra maestra.

martes, 14 de abril de 2009

Estreno de VU87 ¡El futuro ya está aquí!


Disculpas, disculpas, disculpas...


Me paso dando el coñazo sobre VU87 y resulta que el día del estreno no puedo postear que se estrena. Lo hago un día después. No importa porque los capítulos atrasados pueden verse en la página web oficial (http://www.vu87.com/). Por ahora, el capítulo de ayer no está colgado y persiste el episodio final de la temporada tercera. Paciencia, llegará.


Puntos a favor: VU87 es el programa más longevo de la TDT y, por lo menos, es el más arriesgado que se hace actualmente. Mezcla la historia de una videoblogger con piezas que ella misma va encontrando por aquí y por allá y que pueden ser desde cortos a testimonios de los espectadores. Si os queréis ganar unas perrillas sólo tenéis que mandar vuestros cortos y vuestras colgaduras a la página web y ganaréis 150 euros contantes y sonantes. No es mala cosa. Este año las tramas se han hecho bastante más complejas y se parte desde la cosa cotidiana para acabar en un final de esos en alto. Lo juro. Los actores están que se salen. El programa es muy bueno, excelente, acojonante, lo mejor que puedes ver...

Puntos en contra: Muchos de los guiones de la vida de VU87 están escritos por mí.


Una petición: Dadle una oportunidad al programa porque es muy bueno, en serio, os devolveré el dinero de la entrada si no os gusta...esto...bueno...es gratis...o sea que da igual...simplemente está bien y estoy muy contento con el resultado. Ahora sólo os queda juzgarlo.


Pues nada, todos los días (de lunes a domingo) a partir de las 00:30 (el horario varía, hay que estar un poco atento) podéis disfrutar de un nuevo episodio de VU87. Espero vuestro feedback.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Año de estrenos

Anoche, durante la fiesta de presentación de "Hipotécate tú", el nuevo disco de DCD (Ya a la venta) me di cuenta de que estoy o mayor o responsable...porque a las doce de la noche estaba en mi casa comiéndome unos cereales. Alucinante. No es que lo diga yo es que me lo dijo Guillermo Toledo que, al ir a despedirme, me comentó: "¿Estás enfadado o algo? ¿Estás malo? ¿Ya te vas?". "No, macho, que mañana tengo que currar y si no no hay quien me mueva...". Cuando dije esas palabras fue como si mi alma saliera de mi cuerpo, lo juro, porque normalmente suelo quedarme hasta que se piran los recogevasos. El caso es que lo pasamos bien, estuvimos departiendo con el Comando Picazo (parte indispensable del otrora Escuadrón de las Sombras, masa social del grupo) y celebrando la salida del discazo. Me enteré por allí de que el grupo del sobrino de Strawberry, Phonophobia, tocan el sábad en el Barracudas Bar (Brescia, 13, Madrid). Apuntaos la fecha por si sois queréis darle a vuestras parejas una sorpresa de San Valentín.
El caso es que la salida del disco de DCD (con libro incluído) es el pistoletazo de salida de este año que, me da la sensación, de que pese a la crisis va a estar lleno de cosas...Esta mañana he hablado con Clavijo y me ha dicho que "El Divo" (lo que estuvimos rodando hace dos semanas pero no tiene nada que ver ni con la película italiana ni con los cantantes que cantan trozos de óperas famosas) va viento en popa y que funciona de maravilla por lo que es posible que el Señor Paramount lo goce y encargue más piezas de la saga. El asunto este del entertainment se parece bastante a un juego de esos de piezas de dominó donde empujas una y empiezan a caer otras cuantas dando mochazos...ilusiona que caiga una piecita y que esté lo suficientemente cerca de la siguiente para que pueda empujarla y no te quedes parado.

Por otro lado la semana que viene comienza a rodarse la nueva temporada de VU87 que es la serie de Lapierna en la que ando metido y también tiene muy buena pinta. Anoche a Neox, además, le dieron un TP a la mejor cadena de TDT (le ganó a la todopoderosa Disney Channel, que es un hito) y me imagino que los señores de Antena 3 estarán bastante contentos lo que me hace albergar bastantes esperanzas. Espero que la nave nodriza tome nota del talentazo que se está derrochando en su filial.

También, dentro de las cosas pequeñas e interesantes, Grom El Único se estrenará como papá pero, también, comienza su andadura en la cosa de hacer cosas con una cámara...





A mi me parece francamente bueno y debería de perseverar en irnos ofreciendo cosas de estas de cuando en cuando...

Pues eso, año de estrenos y de cambios y de curro, curro de ese de sembrar que siempre es una castaña grande porque digamos que la paciencia no es lo mío aunque, voto a bríos, que este último año la estoy criando y criando a ver si da sus frutos. Mientras tanto sólo nos queda esperar que las piezas del dominó vayan cayendo sin prisa pero sin pausa dibujando algo que sea lo menos parecido a una ñorda de tamaño familiar que, por si no lo descubrísteis, creo que fue el símbolo del Horóscopo chino que nos tocaba: ni el perro, ni la vaca, ni el escorpión, la ñorda. Ese fue el símbolo del año pasado.