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martes, 2 de noviembre de 2010

Museo Coconut: ¿Lo primero era mejor?


Muy acertadamente Manos de Topo tituló a su segundo álbum “El primero era mejor”.

"Ortopedias bonitas", su primer largo, había sido un enorme éxito si tenemos en cuenta los parámetros artísticos de la banda y el lugar que un proyecto de estas características podría haber ocupado de no haber sido descubierto por una crítica musical entusiasmada con el hecho de apuntarse el tanto del descubrimiento de una rareza, tan extraña, en nuestro propio mercado.

Era inevitable pues que, tras este hit, el recibimiento de la segunda obra de Manos de Topo  fuera recibida con muchísima más frialdad no sólo porque el grupo ya no era una novedad a la que colgarle la siempre agradecida etiqueta de “revelación” sino también porque, de pronto, Manos de Topo era algo que estaba en boca de todo el mundo y, por lo tanto, ya no era ni tan raro, ni tan exclusivo.

Podría decirse, por ejemplo, que “El primero era mejor” era un disco que asentaba definitivamente el estilo del grupo o que canciones como “Lógico que salga mal” o “Eva Sannum” eran la certificación de que algo andaba muy bien  (o clínicamente fatal) en la cabeza del grupo pero, al parecer, lo que un año antes de era de un insoportable ingenio al pasar el tiempo no era más que una desesperante cucharada más de algo que ya se había probado con anterioridad. Al parecer ni siquiera rayar al mismo nivel puede considerarse como bueno.
Lanzados pues al ejercicio comparativo los críticos siempre suelen quedarse con el flechazo que tuvieron con las primeras obras de los artistas que les sirven después como medidor de calidad. La sensación de estar frente algo único y genuíno es tan perdurable que, bueno, suele lastrar cualquier trabajo posterior con un sincero: “El primero era mejor”.

Muy pocos apreciaron el hecho de que Manos de Topo estuviera tan agudo a la hora de elegir el nombre de su segundo álbum adelantándose a lo que las críticas, previsiblemente, dirían de este segundo trabajo. Es más, pareció sentar mal. Tan mal que muchos contestaron a la broma con un seco: “tienen razón”.  Comentario, que por otro lado, no deja duda de lo en serio que se toma la crítica así misma y que, aunque suele demanar autenticidad y principios, normalmente deriva en sus gustos tanto que es imposible saber como acertar por ser, muchas veces, tan permeable y variable como la moda de temporada.
Cuando Paramount Comedy se la jugó produciendo un programa tan raro como “La Hora chanante” nadie, ni siquiera dentro de la propia casa, podía haber calculado el impacto de la serie. De hecho, en un acto sin precedentes, “La Hora chanante” fue creciendo poco a poco sin más objeciones internas esperando a que, por fin, alguien se diera cuenta de su presencia.

La carrera como stand up comedians de Joaquín Reyes primero y de Ernesto Sevilla después era más conocida que el propio programa que vivía en la división de los que creían estar frente a un programa para “frikis” o frente a un programa hecho por gente que no tenía ni puta gracia.

Su entrega mensual permitía que la cadena repusiera muchos episodios y, poco a poco, el humor chanante fue tomando la atención de un grupo pequeño pero muy fiel de seguidores que repetíamos ya las consignas gambiteras e incorporábamos los giros de los personajes de “Testimonios” (Karpov, Gorbachov…).

De hecho en mi testimonial (y técnico)  paso por el programa (lo que seguramente me convertiría en una 
especie de Pete Best Chanante o en esos parientes lejanos de los famosos que escriben biografías sobre estos) se respiraba un ambientillo de libertad creativa tan agradecida como sorprendentemente rara. Creo que en menos de tres semanas repetí como 450 veces la frase “¿Pero esto, quiero decir, va a pasar?”. Y pasaba.

En 2004 una revista en la que yo trabajaba le dedicó el primer espacio largo (una doble que incluía un diccionario de términos “chanantes”) al programa. Llevaba dos años en antena y, curiosamente, en esa redacción había tres “fans” del programa. Como fans habíamos visto el programa crecer y sabíamos que conectábamos con el humor del mismo como muchos lectores que demandaban saber más del programa o, por ejemplo, muchos que nos escribían preguntándonos qué coño era aquello que habían visto en Youtube.

El interés de la prensa generalista por las actividades “chanantes”, hasta ese momento, había sido francamente pequeño o nulo y, aunque ya Joaquín Reyes, disfrutaba de cierto status de outsider y se adivinaba como una figura del humor patrio (Antena 3 incluyó un rarísimo especial de “LHC” en su programación navideña que no llegó a ninguna parte en 2003…por cierto un apreciadísimo esfuerzo por salir de la caspa habitual) parecía que les costaba salir adelante pese a que la incorporación de talentos como Julián López o Carlos Areces al equipo original aumentaba las fronteras del programa.

Cinco años después (2002-2007) y cuando parecía que Paramount Comedy había decidido echar el cierre tras un tiempo sin producir nuevos programas LHC era un hito, un fenómeno y sus componentes (en grupo y por separado) reclamados en todo tipo de producciones.

LHC se reconvirtió en septiembre de 2007 en Muchachada Nui  y, bueno, se notó que el equipo de humoristas estaba en la tostada. Quiero decir, de pronto, todo el mundo era un entendido en La Hora Chanante y todo el mundo parecía exigir el nivel de calidad presuntamente perdido del programa original.
Siempre me han dado ganas de preguntar: “¿Y donde cojones estábais vosotros cuando se estaba obrando el milagro?”. Quiero decir, daba la sensación de que todo el mundo había visto todos los programas desde el día en el que Joaquín apareció en pantalla imitando a David Hasselhoff en la azotea de un edificio madrileño.
Los índices de audiencia y, sobre todo, el éxito lento de LHC hablan por sí solos de este particular. Incluso, yendo un poco más allá, hablan del absoluto desinterés sobre un programa pequeño producido por una cadena temática. ¿Hacia donde estaba mirando la gente en ese preciso instante? Pues nadie lo sabe a ciencia cierta.

Sin embargo si era bastante revelador el hecho de que, de pronto, si lo agradecido unos meses antes era saberse de pé a pá los contenidos del programa lo que en ese momento se puso en boga fue tirar del caballo a Muchachada Nui entonando un certero: “El primero era mejor”.

El suavísimo impacto en la red del estreno de “Museo Coconut” en Neox ayer (no en audiencia, que la muchachada tuvo un 4´5) no deja dudas de que Reyes y compañía bien pueden felicitarse y decir eso de “Ya hemos llegao”. Sí, pese a haber trabajado en Paramount, La 2 y ahora Neox no me cabe duda de que el caudal de comentarios apunta a que ya se comienza a tratar al fenómenos Chanante como un ex fenómeno en toda regla y que, a partir de ahora, van a volar mucho más solos.   

Ya nadie quiere darse por sorprendido ante los chistes de estos cómicos y muy pocos están dispuestos a apreciar el hecho de que, pudiendo ofrecer un poquito más de lo mismo, los “Chanantes Nui” (¿?) se hayan arriesgado en un nuevo formato para ellos como es el de la sitcom.

Aprecio, en lo personal, que los dos primeros episodios de “Museo Coconut” me recordaran a “The Mighty Boosh” y, sobre todo, a las producciones británicas de BBC tanto en su puesta en escena como en su planteamiento. Agradezco el interés del grupo de Reyes por ir un pasito más allá en el actual panorama y de ser fieles a una idea y a unos planteamientos cómicos iniciales sin recaer en lo visto anteriormente que hubiera sido facilísimo.

“Museo Coconut” parece que no le va a cambiar la vida a nadie pero, sin duda, para muchos es una especie de hito esperanzador: demuestra que se pueden hacer cosas diferentes sin temor.

El viernes pasado hablaba con un buen amigo del momento en el que se estrenó “Acción mutante” (¡qué vejez la nuestra!) y de cómo nos tomamos aquel estreno como una especie de acto fundacional. A partir de entonces, pensamos, se harían más cosas, cosas más cercanas a nosotros. Luego la historia te atropella pero, bueno, no deja de ser interesante que se hagan cosas completamente nuevas.

“Museo Coconut” es un trabajo todavía por hacer y, si no recuerdo mal, muy pocas series de TV consiguen alcanzar la perfección en las primeras emisiones. La sensación es que irá creciendo y que irá ofreciendo más. Eso es bueno. Que lo haga poco a poco también lo es.

Comparar este nuevo trabajo con lo anterior es completamente absurdo porque tiene muy poco que ver con lo visto hasta la fecha. Habrá que esperar. Por ahora lo que hay me gusta y me parece sujeto a los parámetros cómicos de los tíos estos que aterrizaron en Albacete.

No hay que pedir paciencia, ni una oportunidad. Eso sería ridículo. Cuando el humor se convierte en algo personal es muy difícil que sea trasladable y, si no te gusta, si no comulgas con este tipo de humor es mejor que veas otra cosa. La risa es un mecanismo fundamentado en un movimiento propio y muy pocas veces compartido. Así es “Museo Coconut”, un paso más allá. Veremos hacia donde nos lleva. A mi, por lo pronto, me gusta.   ¿Lo primero era mejor? No creo, era simplemente diferente. 

martes, 26 de enero de 2010

Ignatius



A nadie en su sano juicio se le ocurriría decir las cosas que dice Ignatius encima de un escenario. Se agradece. Ignatius es uno de los pocos cómicos españoles de micrófono que ha tomado la difícil senda de gente como Lenny Bruce, Andy Kaufman o Richard Pryor.

El cómico canario tiene la pinta que debería de tener una criatura resultante del cruce entre un Ángel del Infierno y Allen Gingsberg. Es feo, tripón y sale al escenario vestido para molestar cultivando un medido look chungo que combina las bermudas con el zapato con calcetines y la camisa...o sea, imagina saliendo a tu padre de la playa en dirección al apartamento y sabrás cuál es el "rollo Ignatius". Juega a la contra, se agradece y, por eso quizás (además de su talento), se mantiene en la lista de cómicos de Paramount Comedy.

Están poniendo por estos días una actuación suya que se encuadra dentro de un programa llamado "Pata Negra" que quiere recoger lo mejor de la cadena que ha hecho los monólogos famosos para el personal en nuestro país. No se lo pierdan porque, en realidad, dicen que es "políticamente incorrecto" pero a muchos nos parece que lo único que hace es contar verdades como puños.

La primera verdad de todas es una verdad que dice a grito pelado: "¡Hay que construir la nueva Jerusalén del humor!". Es cierto, es posible que nos falten más cómicos como Ignatius que, con eso de parecer que están loquitos, son capaces en el mismo monólogo de cagarse en eso que en España se vende como "humor inteligente". La víctima propiciatoria es la cabeza de esa iglesia del humor de las cosas pequeñas que firma libros con títulos como "Aunque un fruto seco se caiga en una piscina sigue siendo un fruto seco" o "¿Cada cuanto tiempo hay que lavar el pijama?". Se refiere, a tumba abierta, a Luis Piedrahita.

En un episodio de Los Simpsons Krusty, que de pronto se convierte en una suerte de George Carlin, dice estar hasta las narices de esos humoristas que hacen monólogos basándose en lo que les cuesta abrir la bolsa de cacahuetes del avión preguntándose ¿A quién narices le interesa que tú seas un inadaptado y que no entiendas las normas básicas de la apertura de una bolsa que cualquier imbecil podría abrir?

Nada tengo en contra de Piedrahita en lo personal pero, como Ignatius, me sospecho que este humor amable que va de fotocopiadores y señoras que se ponen bolsas en la cabeza tiene más que ver con una tradición de la comedia española que es tolerada porque, en realidad, no es capaz de meterse con nadie. Humor azucarado y global sobre "cosas que nos pasan a todos" sin capacidad para ir más allá de retratar la tontería cotidiana.

Lo otro, lo que hace Ignatius, que es gritar "¡A mi me la suda el humor inteligente!" es mucho más difícil y, como bien dice el mismo cómico desde el escenario, "los que no lo entiendan tienen la puerta abierta, prefiero hablar para los creyentes, para un grupo pequeño pero fiel de personas desesperadas". Es posible que cierto tipo de chistes sólo sean para una minoría que está dispuesta a que la zarandeen. Gente que prefiere la montaña rusa al tren de la bruja.

No alcanzo a saber qué compromiso tiene Ignatius con su escuela del humor ni con el camino que ha tomado pero, sin duda, es francamente honesto desde un punto de vista artístico: vende lo que tiene y no atiende ni a derivas del mercado, ni a discursos sobre lo que a la gente le gusta escuchar y lo que no le apetece que se diga. Tristes tiempos estos en los que la honestidad parece "políticamente incorrecta".

Lejos de mi ánimo está decir que todos los demás se venden. Niet. Más o menos y, en algún momento de nuestra vida, hemos roto ese pacto que teníamos con nosotros mismos de no trabajar nunca haciendo productos complacientes para con la masa y, de pronto, hemos notado que alguien manipulaba sutilmente nuestra maquinaria y, de pronto, apretaba el botón donde pone "vanidad" o el botón donde pone "dinero" y nos hemos ciscado en unos principios que creíamos sólidos tras apretarnos una buena dósis de ese sedante llamado "autoengaño". Es dificil que, en un mercado como este, no hayamos alterado alguna línea que se nos ha sugerido molesta o inoportuna o hemos tragado con este u otro trabajo engorroso que rápidamente hemos justificado como "engorroso".  Por eso, porque soy consciente del tamaño de la empresa de Ignatius, me parece arriesgado y de valor incalculable...ni que decir tiene que la apuesta de Paramount por mantener a un cómico como este me resulta igualmente arriesgada en un momento en el que la más mínima protesta por parte de una asociación de telespectadores reunidos alrededor de unas larguísimas siglas (algo que sospecho es más largo cuanto menos son los telespectadores adheridos a la causa) puede hacer tambalear a una parrilla entera por chistes mucho más flojos que los que Ignatius declama entre risas histéricas detrás del micro.

El hecho fehaciente es que el humor de Ignatius deberia de ampliar el menú de nuestros consabidos registros cómicos, que se entendiera un poco mejor que está bien hacer monólogos sobre aeropuertos, el número de veces que las chicas van al baño juntas y una enorme cantidad de temas interesantes tales como la incapacidad para entender al sexo opuesto o la cara que ponen los padres cuando te ven llegar borracho a casa pero, la verdad, sería interesante que se hablara de otras cosas.

Los que dicen que Ignatius es políticamente incorrecto o que emiten ese adolescente "jó, como se pasa" son los mismos que dicen "no, si a mi me gusta un buen chiste como al que más pero, mira, te voy a hacer una lista de los 879 temas de los que no puedes reírte en mi presencia". Seguro que, al menos, uno de ellos es un tema al que usted le hacen una gracia enorme.

Mientras tanto Ignatius sigue ahí, haciendo el grito sordo, subido en el escenario rascándose el tripón y pensando en cuál será la mejor manera de que un espectador se ría y veinte salgan de la sala antes de que termine su actuación. Es verdad, "hay que construír una nueva Jerusalén del humor" y, a partir de ahí, posiblemente la ciudad completa a ser posible libre de cretinos.

Nota del Insustancial: el vídeo del monólogo de Ignatius que encabeza la entrada no tiene que ver con el que hace en "Pata Negra" pero creo que resume bien la línea que sigue el cómico.

martes, 5 de mayo de 2009

Breaking Bad: Manual de supervivencia para pobres








AMC es un canal norteamericano filial de la potente NBC. Es un canal que, en principio, se dedica a la emisión de películas clásicas americanas pero que, también, ha decidido producir series propias. La singular y brillante "Mad Men", basada en las peripecias de los trabajadores de una agencia de publicidad neoyorquina de los años 60, ha sido el comienzo de una estupenda política de producción. "Mad men" es una serie moderna pero concebida para convertirse en un clásico: ritmo shakesperiano al estilo de "The Sopranos", personajes agobiados por el ritmo de los tiempos que les ha tocado vivir, espectacular puesta en escena, elegante rodaje, fino montaje y, claro está, el necesario toque de "encontronazo moral" que en la serie de los mafiosos de Nueva Jersey se produce cuando el espectador se enfrenta al código de conducta de la Mafia y en la serie de los publicitas cuando el mismo espectador se encuentra con un grupo de hombres y de mujeres encorsetados por la moral imperante en los años 60 que ahora nos parece machista, beligerante y desfasada. Tanto en la primera como en la segunda queda claro que no hace falta crear series de Ciencia Ficción que se desarrollen en "galaxias muy, muy lejanas" para generar esa sensación de lejanía y de vertigo típico del género. Siguiendo la máxima filosófica de que "hay otros mundos pero están en este" ambas series son fieles a las normas de la ficción pero, curiosamente, tienen un pie en el cine documental.



Un poco alejadas, pero no demasiado, está "Breaking bad" (Miércoles, 22:00 horas, Paramount Comedy). La serie parte de una chocante sinopsis: Walter White (interpretado por Bryan Cranston, famoso por su papel de padre de familia en "Malcom in the middle) es un apocado profesor de química que tiene una mujer instatisfecha, un hijo con parálisis cerebral y espera a otro hijo. Su pobre sueldo le obliga a trabajar por las tardes en un tunel de lavado para poder llegar a fin de mes. Cuando nada podía ir peor le es diagnosticado un cáncer de pulmón que su seguro médico no puede afrontar. Acuciado por el temor de dejar a su familia en la ruina después de muerto decide aplicar sus conocimientos de química para "cocinar" su propia metanfetamina (material que puede encontrarse en la calle con nombres tan dispares como "Spun", "cristal", "meta", "super" etc, etc...pero todo es básicamente la misma porquería).

La serie circula ahora por su segunda temporada (en los USA) tras una primera de tan solo siete entregas (por un lado debido a la huelga de escritores más famosa de todos los tiempos y, por otro, porque AMC prefería apostar por un trabajo muy bien terminado que no se agotara a las primeras de cambio) en las que el despliegue de medios recordaba a películas de acción de nuevo cuño pero que tenía a dos enormes perdedores de protagonistas: el propio Bryan Cranston (seguramente uno de los mejores actores americanos vivos) y su Sancho Panza particular Jesse Pinkman (papel interpretado por Aaron Paul, un actor conocido por su papel en la también "rarity" "Big Love") que hace básicamente de nervioso e idiota redomado.


Dispuestos a ponernos los pelos de punta Vince Gilligan, su creador y que ya estuvo a las órdenes de Chris Carter en "Expediente X" y le cubrió las espaldas en el poco valorado "spin off" de la serie "Lonely gunmen", hace un crudo semblante de "los nuevos pobres" norteamericanos, la clase media, que ni siquiera puede vivir con soltura pese a tener un trabajo que antes servía para mantener a toda una familia (de muchos más miembros). Cruda, absurda, ridículamente cómica y violenta por partes iguales "Breaking bad" (que puede traducirse como "volviéndose malo" o, tirando de slang, como "mal punto de cocción de la mezcla necesaria para hacer metanfetamina") es como uno de esos "libros de cocina para anarquistas" ("Cook book anarchist") que tan de moda estuvieron en los albores de la red y que te informaban de como hacerte tus propias bombas por medio de cables y un poco dedetergente en polvo; de como organizar tu propio grupo de guerrilla urbana y un largo etcétera de asuntos de baja estofa para poner al sistema patas arriba (cuidadito que dicen por ahí, las leyendas urbanas, que la mayoría de los que circulan por la red ya han sido convenientemente retocados para que el que intente hacerse una bomba casera y emular a Unabomber se quede las manos en el proceso). En este caso la serie te muestra cómo introducirte en el tráfico de drogas pero, también, las consecuencias de jugar en el filo de la ley o, incluso, muy dentro de la ilegalidad: competencia brutal, mínimas garantías de no recibir una paliza o un tiro en la sien, camellos chiflados, clientes sin liquidez, cárteles mexicanos y, claro está, unos colaboradores que de servir para algo más que para pasar bolsas con droga de una mano a otra y recibir el importe exacto estarían trabajando en un almacén, en una tienda de informática o dando conferencias sobre la capacidad de la 2.0. Yo que vosotros no me la perdía.

lunes, 2 de febrero de 2009

Días de cine y furia



Editado: tras ver la emisión de hoy de "El Intermedio" como todo quisque.
"La dirección de mividainsustancial lamenta profundamente haber dudado por un sólo instante de la categoría humana del hombre renacentista conocido como El Gran Wyoming y no haber cedido a su primer instinto que fue pensar que todo era una purrela maquinada para cargarse a la tribu del programa "Más se perdió en Cuba". En nuestra defensa diremos que nuestro topo dentro del programa no ha cogido el teléfono en todo el día y que todas las fuentes consultadas no daban crédito pero no negaban que todo podía haber sido un calentón del showman. DECLARAMOS QUE: hemos alcanzado un nivel de gilipollez tan alto como el de los medios masivos... Muchas gracias y esperamos que este pequeño tropiezo no influya en la credibilidad de este modesto blog pero diremos también que han sido tantos los palos recibidos, de este calibre por otros personajes, que hemos flojeado en nuestra fe y se nos había caído el alma al suelo. Un saludo a todos".
Ayer me levante a las 7:00 de la mañana para ir al rodaje de "El Divo" la nueva producción de Paramount Comedy. La dirige Carlos Clavijo que me ha elegido para estar por allí molestando y echar una mano en lo que sea posible. Sin duda Clavijo ha conseguido algo fuera de lo corriente y no me refiero sólamente al hecho de producir una serie con una productora pequeña para una cadena que es referencia en eso de hacer reir si no a conseguir que, sin pistola o chantaje de por medio, yo me levante a esas horas de un domingo. Un genio, vamos. La cosa salió bien y pude reencontrarme con Agustín Jiménez y Carlos Areces, conocer a Sandra Marchena y, en general, volver a un rodaje que es una cosa que tenía abandonada pero que me sigue gustando como el primer día aunque, para el próximo, me acordaré de que hay que intentar hablar menos...pero es que estoy desentrenado.

Volví a casa a las mil y quinientas en un coche de producción (seguramente el mejor invento de la historia del cine, incluso por encima de technicolor o el Panavision) con la misma sensación que los niños tienen después de volver de una excursión.


Después, como un 20'6 % de la audiencia de Esspaña me vi de un tirón los Goya para descubrir que soy gafe: Sergio Barrejón estaba nominado por su corto "El Encargado", Marcos Borregón a Mejor corto documental por "Soy Meera Malik" y Nacho Vigalondo en la categoría de Dirección novel por "Los cronocrímenes". Los tres son amigos míos y ambos estuvieron implicados en mi mi primer corto: Sergio fue mi ayudante de dirección, Nacho el prota y Marcos se convirtió en Productor al prestarme la cámara y luego, junto a otros colaboradores necesarios, garantizarme que se montaría y que terminaría metido en una cinta. Ninguno se llevó el cabezón del pintor español nacido en Fuendetodos. Lo que me hizo pensar que soy un gafe de cojones aunque, la verdad, también conozco a otros que mojaron y bien mojado. Cosas que pasan.
El asunto me pareció bien, lo de la Gala quiero decir, estuvo más o menos medida en tiempos y no resultó excesivamente pesada pese a que cantó bastante que se estaba emitiendo con un retardo de más o menos media hora. Correcta que es mucho mejor que aburrida. Curioso que la película elegida por la Academia para representarnos en los Oscars no se llevara nada y, sin embargo, Camino se lo llevara todo de calle. Ha habido justicia porque Camino seguramente es la mejor película del año.
Y me gustaría destacar dos rarezas: la falta de un homenaje en condiciones a Rafael Azcona, sólo Penélope Cruz se acordó de él, y que tuviera que ser "El Langui" (que se llevó dos Goya), que es músico y actor accidental, el que dijera eso de "¡Viva el cine español!". En realidad es necesario que digamos de cuando en cuando esas cosas, sobre todo en un año en que se han hecho grandes películas (Camino, sólo quiero caminar, Casual Day, Cronocrímenes, Mortadelo y Filemón 2, Tres días, Los crímenes de Oxford, El truco del manco etc.) que deberían de haber llevado a más gente a las salas de cine...cosa difícil, de todas maneras, cuando nuestra petit industria cuenta con una especie de oposición ridícula por parte de los medios. En todo caso, como el fútbol, el cine es un estado de ánimo y es necesario devolverle al público la confianza en que cine y español no quiere decir "aburrido", que no lo es.

No me gustaría irme sin solidarizarme con la becaria a la que Wyoming ha echado la bronca. Un vídeo muy feo que se ha filtrado a la cadena Intereconomía que, a su vez, lo ha colgado en el youtube para que todo el mundo vea lo malo que es el presentador de La Sexta.

Me sorprende que un tipo con tan buena fama haya provocado esta situación que, en todo caso, no es algo anormal. Las grabaciones y los rodajes están llenos de anécdotas de broncas de este tipo dirigidas a becarios, asistentes, ayudantes o meritorios pero también de otras igualmente grandes dirigidas a jefes de departamento, directores de toda índole, actores, etcétera. No diré que es moneda común pero también diré que todos los que nos dedicamos a esto hemos metido la pata y hemos sido reprendidos, algún día, de mala manera por nuestros jefes. Desgraciadamente estas cosas forman parte del aprendizaje de un profesional y hay que tomarlas en su justa medida por desmedida que pueda parecer la reacción que, en este caso, lo es.

Los becarios son material delicado porque cobran muy poquito y porque han pasado de estar ahí para echar una mano en las cosas más feas (desde traer cafés hasta cargar cámaras) a tener puestos de cierta responsabilidad para los que no están cualificados: ¿Es poner un guión en una mesa un trabajo cualificado? Bueno, pensémoslo así, un ayudante de producción o un guionista con experiencia (y, por tanto mejor pagado, y por tanto más profesional y, por tanto, más costoso para un presupuesto) jamás (digo jamás) interrumpiría un ensayo porque sabe que pasar por delante de una cámara es una pérdida de tiempo y de dinero que seguramente no te puedes permitir, que eso descentra a los muñecos que están frente a la cámara y que desgraciadamente son material sensible que tiene que rendir al 100%. La inexperiencia es barata en primera instancia pero luego sale carísima en muchos casos. El becario debería de ser eso, un becario, dedicarse a aprender y recibir indicaciones constantes sobre como es este trabajo, si los ponemos al cargo de un trabajo que no sabe hacer recibirá una bronca que no tendría que haber recibido.

Me consta que muchos de los directores reunidos ayer en la Gala de los Goya hace sudar tinta a su equipo pero que alcanza siempre unos grandes resultados y la gente sabe que hoy te abronca públicamente y mañana te está contratando para la próxima película. Yo mismo me he quedado ronco echando broncas a gente con la que sigo trabajando (algo que no es mi estilo en la vida diaria) y he conocido a productores temibles e intimidantes que, el día de la separación, se le han caído dos lagrimones al despedir al equipo. Yo mismo he sacado de sus casillas a más de uno...claro está.

Este trabajo es así, está hecho por gente que se tira pedos y que echa broncas, que después de 16 horas huele casi tan mal como los mortales y que, muchas veces, tiene que bregar no solo con su trabajo si no con un constante y absurdo acoso. Este trabajo es alfombras verdes y rojas y lentejuelas y cenas y copas gratis, las menos veces y mucho curro y mucho esfuerzo y muchos nervios y muchas lágrimas y muchos sudores las más. Se zampa a gente de un año para otro, se carga carreras pero, si estás un poco atento y sabes aprender, te mantienes porque descubres que sólo sabes hacer algo bien y es eso.

Es curioso porque "El Divo" va de todo eso, es una especie de recuperación de las peores anécdotas laborales de Clavijo, Areces, Jiménez, de las mías...ver a un equipo entero, de treinta personas, reírse durante una de las secuencias es darse cuenta de que todos hemos sido la becaria de Wyoming alguna vez. Como dice Bul Bul, batería de Refrescos, Peter Sellers y Def con Dos (entre otras militancias): "Este trabajo es un día chopped del malo y otros caviar iraní". El día que nos llegue lo segundo, la vamos a gozar. En todo caso espero que Wyoming le pida perdón a esa pobre muchacha, o algo.