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domingo, 13 de diciembre de 2009

El no siempre bien apreciado cómico Chevy Chase


Como muchos otros genios del humor Chevy Chase tuvo una infancia dura: su madre y su padrastro le zurraban de lo lindo. Chase contó en el programa de Letterman que su madre le pegaba todos los días cinco bofetadas a las cinco en punto de la tarde y que su padrastro lo tuvo encerrado una semana en el sótano cuando fue expulsado del instituto al intentar defenderse de un matón que lo tenía martirizado.

"Hacía el payaso para que me aceptaran en el Instituto". Cuenta Chase en su biografía oficial, la muy recomendable "I´m Chevy Chase...ad you´re not" (Rena Fruchter), además de otras lindezas como que la situación en su casa era tan mala (pese a que no se puede decir que fuera un chico de la calle) que consiguió desarrollarse como persona cuando su madre decidió meterlo en el Bards School, un internado.

Para seguir alejado de su familia Chase decidió inscribirse en la Universidad Pública de NY, pese a que podía pagarse una privada, y comenzar allí una nueva vida. No le fue mal, al poco tiempo coincidió con Christopher Guest que andaba buscando gente para organizar una banda de música. La experiencia fue corta pero Chevy siempre le agradeció a Guest que le diera una perspectiva de lo que podía hacer en el futuro: era un cómico bastante malo pero, al menos, los pequeños sketches cómicos que ambos improvisaban entre canción y canción, así como las imitaciones que hacían de músicos famosos, le acercaron a las tablas.

La escena teatral de los años 70 estaba un poco influenciada por la situación general del cine: lo alternativo molaba y una nueva generación de humoristas y guionistas afloraba aquí y allá montando pequeños espectáculos que, de pronto, se convertían en grandes éxitos. De pronto, como sostienen muchos actores de la época, los locos se hicieron momentaneamente con el control del manicomio.

Sólo así se explica que Chase, un primerizo, y el propio Guest (entre otros) estrenaran una pequeña obra llamada Channel One donde todos los números cómicos eran "emitidos" a través de seis televisores puestos en la escena. La obra tuvo tal éxito que rápidamente Chase encontró un nuevo reto, el que le ofreció la gente de National Lampoon.


National Lampoon, que provenía de la revista satírica universitaria Harvard Lampoon, fue fundada en 1970 y era una especie de MAD para jovenzuelos chiflados aunque le debía a la publicación primigenia su línea, su sátira y sobre todo su capacidad humorística. NL se convirtió rápidamente en la referencia de la extensa comunidad universitaria norteamericana y contó en su redacción con gente como John Hughes, Frank Frazetta, Boris Vallejo, Chris Miller y un largo etcétera de escritores y cómicos.

Como el negocio iba muy bien National Lampoon pronto traspasó el mundo editorial para expandirse hacia la radio, la televisión y el teatro.

Una de sus primeras incursiones en ese último campo fue montar Lemmings, una obra satírica sobre la cultura musical de los años 60 y que contó en su reparto con John Belushi, Christoper Guest y el propio Chevy Chase. Lemmings fue un éxito tan brutal que estuvo de gira más de un año por todo USA.

A la vuelta de la giera Chase abandonó la obra de teatro para largarse a Los Ángeles donde comenzó a escribir para diversos programas de éxito. ¿La razón? El dinero, claro está, y una difícil relación con su compañero de escenario: John Belushi.

El caso es que Chase comenzó una exitosa carrera como guionista y, de cuando en cuando, se permitía el lujo de hacer algún pequeño número en los programas donde trabajaba pero no mucho más. Una noche fue con su novia a ver la película "Los caballeros de la Tabla cuadrada y sus locos seguidores" (Terry Jones/Terry Gilliam, 1975) y la cola era tan larga que comenzó a hacer el idiota. Genio de la comedia física estuvo haciendo números para deleite de la cola que comenzó a partirse de risa...en dicha cola se encontraban Lorne Michaels y Rob Reiner. Ambos estaban, en ese mismo instante desarrollando el proyecto de Saturday Night Live para la NBC y se encontraban en Los Ángeles buscando gente para el reparto original. Michaels le preguntó a Reiner que quién coño era ese tipo y Reiner, amigo de Guest, le dijo que sabía que era un guionista que había actuado en Lemmings.

Se acercaron a él y le comentaron lo que estaban haciendo en la ciudad. Quedaron para el día siguiente en el Chateu Marmont Hotel donde estaban  haciendo una especie de casting. Paradójicamente ese sería el hotel donde el 5 de marzo de 1981 encontrarían muerto por sobredosis de speedball a John Belushi.

Chevy Chase, que no se consideraba así mismo un actor, dice que estuvo desastroso en la prueba y que le extrañó que, pese a sus malas sensaciones Lorne Michaels y Rob Reiner decidieran contratarlo. Es más, pese a que él mismo era un porrero declarado y ya había comenzado un primer flirteo con las drogas duras, el ambiente le pareció poco serio. El caso es que se marchó a casa con la sensación de que ambos eran unos chiflados que, de algún modo absurdo, le estaban levantando el dinero a la NBC y se estaban dando unas vacaciones a su costa. No aceptó el trabajo y se embarcó en una gira teatral. Durante todo el verano estuvo sufriendo cada vez que subía al escenario, dice que estuvo mal, flojo, que no encajaba así que, echando el resto y sin nada que perder (había perdido su trabajo en la tele por el teatro y no tenía nada donde agarrarse excepto las giras de stand up que odiaba) volvió a llamar a Lorne Michaels y le preguntó si el trabajo estaba disponible. Le dijo que sí.

Chase volvió a su NY natal a lo grande con un puesto de guionista principal de SNL y como una de las estrellas de su reparto que se había alimentado, básicamente, del grupo de teatro de Chicago Second City y de National Lampoon. Gilda Radner, Dan Aykroyd, Garrett Morrison, Larraine Newman...y John Belushi estaban en ese reparto junto a otros cómicos.


El programa sale al aire en octubre de 1975 y se produce una especie de convulsión nacional, los autodenominados "cómicos no aptos para una gran audiencia" se convirtieron en una sensación nacional. Fue en aquella primera temporada en la que se acuñó que el comienzo del programa fuera siempre un sketch que terminara con alguien diciendo aquello de "live from New York...it´s Saturday night!" (En directo desde Nueva York...¡Es sábado por la noche!) y la única sección fija: Weekend update. Una especie de noticiero en clave de farsa satírica. Chase se reservó los primeros comienzos del programa y también dicho noticiario donde hizo famosa la frase: "Hola soy Chevy Chase...¡y usted no lo es!".

Si les suena dicha frase es porque Emilio Aragón la utilizó en nuestro país en los años 80 en su programa "Ni en vivo ni en directo" que no fue más que su primer intento por traer Saturday Night Live a nuestro país. El resto, como ya saben, es historia.


El protagonismo de Chevy Chase, que acaparaba portadas y fama, no gustaba mucho al resto del equipo de actores. Belushi fue el más hostil hacia Chase y comenzó una especie de guerra particular con él, una lucha de poder enorme y de desgaste que Chase, más quebradizo, no pudo ganar. Belushi era un tipo carismático que contaba con el apoyo de todo el elenco mientras que la vida de Chase comenzaba a circunscribirse a la compañía de Lorne Michaels. Pese a todo Chase era el favorito del público era carismático para las grandes audiencias y representaba, un poco, al ideal de "buen chico norteamericano" además, para la década de los 70, era incluso considerado un tipo atractivo. Todo lo contrario de Belushi que arrastraba a la masa gamberra y, en cierto modo, marcaba ya el paso y la dirección de lo que sería SNL y que, en realidad, estaba bastante alejado de ser un entretenimiento para toda la familia. La competencia fue brutal entre ambos que, a su manera, se empeñaron en ser mejor que el otro.

La situación se hizo irrespirable para el programa que arrancó su segunda temporada con muy mal ambiente. Chase abandonó tras seis emisiones (aunque hizo cameos en tres episodios de aquella temporada) y todos los esfuerzos de Lorne Michael por mantenerlo fueron imposibles. En cierto modo era normal ya que la línea dura impuesta por Belushi, y que ha sido un acierto, se iba imponiendo cada vez más algo que a Chase (que siempre ha preferido un humor más blando) no le interesaba tanto. Algo palpable en su decisión de no participar en "Desmadre a la americana" (John Landis, 1978), una sátira chiflada de películas como "American Graffiti" (1973, George Lucas), en la que John Belushi aceptó el papel que lo lanzaría a la fama mundial, el del alcohólico outsider John "Bluto" Blutarsky.  

Chase, ya muy famoso, se volvía a Los Ángeles para casarse con su novia, Jacqueline Carlin, e iniciar una carrera como actor. Lo hizo en Foul Play (1978, Colin Higgins) una comedia romántica junto a Goldie Hawn que fue un éxito discreto (aunque con el tiempo este tipo de comedias se hicieron bastante populares). Mientras tanto a Chase le dio tiempo para colaborar como guionista en el especial de Paul Simon (producido y co-escrito por Lorne Michaels) que se haría con un Emmy -el segundo de la carrera de Chase- y para, literalmente, empaparse en alcohol y drogas que, cuenta, le servían para matar la frustración que sentía en su relación con Jackie Carlin.


Su siguiente película, Oh, heavenly dog! (1980, Joe Camp) también supuso otro enorme fracaso. Pero ese año se resarció participando en "El Club de los chiflados" (1980, Harold Ramis) una pequeña película cómica de presupuesto medio que recaudó cerca de cien millones de dólares pero que ha sido una de las más rentables de la historia ya que, casi automáticamente, se convirtió en una obra de culto.

Al año siguiente fallece John Belushi y Chase tiene un ataque de ira. Un cabreo fenomenal. Acude al entierro en shock y asegura en su biografía que se pasó los cinco años siguientes sin poder llorar.

En la década siguiente Chase alterna películas para el olvido con clásicos del humor ochentero como la saga "Las locas vacaciones de una familia americana" (1983, Harold Ramis) en la que encarna al padre de la familia Griswold que luego tendría su fantástica secuela en "Las locas vacaciones europeas de una familia americana" (1985, Amy Heckerling) y dos continuaciones en navidades  (1989) y en Las Vegas (1997) francamente olvidables y en películas como "Deal of the century" (1983, William Friedkin),  "Fletch" (1985, Michael Ritchie) que se hizo para que desarrollara todas sus capacidades actorales y que tuvo una horrible secuela llamada "Fletch revive" (1989, Michael Ritchie), "Espías como nosotros" (1985, John Landis) y "Los tres amigos" (1986, John Landis). Luego su declive culminaría con "Memorias de un hombre invisible" (1992, John Carpenter). Una película que debería de haber sido un pelotazo de taquilla, la vuelta de Chase a las grandes audiencias -incluso se contrató a la entonces super estrella Daryl Hannah- pero también la de John Carpenter, un director que seguía empeñado en quedarse en la serie B y que demostraba que no estaba llamado a hacer obras para grandes audiencias.


Su carrera cinematográfica no volvió a arrancar. En 1993, necesitado de un empujón de fama, decidió aceptar la oferta de la FOX para presentar su propio late show llamado "The Chevy Chase Show". La idea del actor era hacer una especie de SNL diario, algo chiflado que atrajera a sus viejos amigos hacia el plató, algo de buena música, diálogos inteligentes. En realidad ni siquiera creía necesario eso de sentarse detrás de una mesa para entrevistar a las estrellas que se acercaran al plató y pensaba en introducirlas en sketches y cosas parecidas. Todas muy buenas ideas que la FOX fue despedazando una a una por una sencilla razón: habían pagado una pasta a Chevy Chase para competir con Leno y Letterman y pensaban que podría hacerlo comportándose como un presentador normal. El asunto terminó en desastre. Después de 14 programas FOX decidió cancelar el programa y lo hizo en una fecha estupenda: antes de la fiesta por el 60 cumpleaños del actor.

Semi retirado y arrastrando todavía problemas de alcohol, aunque había sustituído la adicción a la cocaína por la adicción a los calmantes, se vuelve a Nueva York a vivir e ingresa en la clínica Betty Ford de donde sale completamente limpio.

Desde entonces solo acepta papeles que le permitan tener vida familiar. Hace apariciones pequeñas y cameos y se permite de vez en cuando ir al plató del 30 de la Quinta Avenida para hacer un cameo en SNL y echar unas risas con Lorne Michaels.


Su status de semiretiro lo convierte en la chanza de la comedia norteamericana y su mejor amigo, Steve Martin, dice en público que va a rodar una secuela de "Los tres amigos" por el simple placer de ver como Chevy Chase sale de su granja en silla de ruedas...de no salir dice que contratará a Nathan Lane para hacer su papel. Además de él otros se prodigan en las mismas bromas y mismos comentarios sobre su alargado retiro y la falta de suerte del cómico al que algunos compañeros de profesión tildan, de coña, como de maldito.

Pero nadie dijo que no quisiera volver y después de hacer un pequeño papel en la serie "Chuck" ha querido quedarse de nuevo en la televisión. Hace un papel secundario en "Community" la nueva serie de la NBC (su casa) que gira en torno a la vida de un High School llamado Greendale y que tiene fama de atraer hacia sí a todos los perdedores que quiera cursar estudios en varios cientos de kilómetros a la redonda. Ni que decir tiene que su alma mater, Bard School, no era más que eso. Dicen que borda el papel de pasado profesor empachado de experiencias new age en los años 60 y que ha vuelto a recuperar la magia perdida. Habrá que echarle un vistazo porque, lo único que es cierto, es que él es Chevy Chase y nosotros, ni de coña, lo somos.

sábado, 3 de enero de 2009

Los superjuguetes duran todas las navidades


No soy de navidades, desde chiquillo. Ahora menos porque en el pueblo no tengo internet y me tengo que dar al entretenimiento analógico: leer "El Arco Iris de gravedad" de Thomas Pynchon (un Himalaya literario de 1200 páginas de lo más recomendable), ver pelis y "españolear" mucho.


Se que estamos en navidades porque en la tele ponen muchas pelis infantiles y puedo ver por enésima vez esa cosa loquísima llamada "Los fantasmas atacan al jefe". Una requeteversión del cuento de Navidad de Dickens dirigida por Richar Donner (me temo que puesto de muchos estupefacientes de alta calidad) y protagonizada por ese genio incomprendido llamado Bill Murray. Bill Murray es uno de esos actores que siempre quiso ser un tipo serio. Después de el éxito de los Cazafantasmas se negó a rodar una secuela y se largó a París para estudiar francés prometiendo que sólo comprometería su nombre en películas de alta calidad. Rodó una adaptación de "El filo de la navaja" de Somerset Maughan y se arruinó teniendo que volver a la comedia, cosa que, al parecer, le resulta harto dolorosa. Wes Anderson y Sofia Coppola lo recuperaron para una comedia más inteligente (más rarita, más moderna, más estilizada, más guay...) e, incluso, Tim Burton le dio en Ed Wood uno de esos papeles que vienen ni al pelo para un actor que quiere convertirse en el nuevo Buster Keaton a costa de poner cara seria en cada plano mientras que a su alrededor se desencadena la debacle.


Bill suele renunciar a hablar de sus películas comerciales y tampoco suele ser muy dado a comentar muchos aspectos de su paso por Saturday Night Live donde el elenco original (Chase, Aykroyd, Radner, Belushi, Martin, Kaufman...) le dio bastante mala vida. SNL es otro de esos programas que he podido disfrutar estas navidades encontrándome con la paradoja de pensar que, joder, esta nueva generación de cómicos americanos es bastante inferior a la de temporadas anteriores...una pena, pero es lo que ocurre cuando tienes algo idealizado.


En España tenemos un caso parecido con dos actores de comedia que también se aparecen por estas fechas: Josema Yuste y José Mota.


Ambos siempre se han querido reivindicar como actores serios echándole la culpa al vulgo de su permanencia en sus respectivos dúos cómicos (Martes y 13 & Cruz y Raya) que, en realidad, parecen haberles hecho disfrutar muy poco. Por desgracia, el camino hacia el drama -el que ha hecho Resines, por ejemplo- es difícil en un país donde tendemos a querer siempre mucho más de lo mismo lo que explicaría el por qué los buffets libres de nuestros hoteles presentan esas montañas de patatas fritas precongeladas que son la envidia del mundo civilizado y esclerotizado.


Josema se ha vuelto a la pareja cómica junto a Flo y Mota ha iniciado una carrera en solitario con un humor amable y conservador al que no le faltan los números musicales de musicales de Broadway del pelo de Hair, Cabaret etc. que me imagino que dejarán a nuestros abuelitos con el culo completamente torcido.


La pareja cómica es la gran incógnita de nuestro show bussiness: ¿Por qué cazan nuestros cómicos en pareja? ¿Por qué se rompen en la cima esparciendo un tufillo a mal rollo insoportable? ¿Será que soportamos mal el éxito propio pero mucho peor el éxito ajeno? Haced cuentas, insustanciales, y os daréis cuenta de que el mal rollismo más acojonante se encuentra en las historias de nuestros duets cómicos desde tiempos inmemoriales y que abarca a Lusson y Codeso; Santos y Zori, Juanito Navarro y Doña Cocreta; Esteso y Pajares, Manolo Cal y Eloy Arenas y un largo etcétera que te lleva hasta las puertas mismas del infierno.


Los superjuguetes cómicos son para las navidades, etapa donde los aullidos de alegría y las puñaladas se dan la mano amablemente y donde en cada casa se vive una especie de tragicomedia que va del 24 o el 25 (sea Castilla, sea Cataluña) y se repite en su segundo acto del día 31 donde como el cava y la sidra corren con más alegría pues se espera que llegue el perdón de todos los pecados del año.


No había más que ver el resumen que hizo Está pasando de sus momentos estelares (Paqui Peña destruyendo cosas adrede por toda España para mendigar un zapping, gente abofeteando reporteros, personitas humanas corriendo delante de una cámara de TV, gestos largos, malas caras) para saber que hay cosas que no cambian.


Sin duda, la alegría del año me la ha dado José María Carrascal con este artículo publicado el día 29 en el diario ABC donde confundía a Harry el Sucio con Larry el Sucio. En serio, no era una simpática inocentada del periodista español, no, es que simplemente le falta mazo el riego o algo. Ahí está José María sonriente escribiendo su columnita a una pastufla de vellón por palabra incurriendo en uno de esos errores que también te aseguran que las cosas no cambian. Enhorabuena a ABC (que es el periódico que compra uno de mis abuelos y que devoro en estas fechas) por mantener a semejante momia entre sus firmas.


Como nada podía ser malo del todo en medio de la vorágine del cotillón de Nochevieja (en que me vestí, como mandan los cánones, de comisario de la Brigada Social con una corbata estrecha estilo Kennedy del abuelo) acuñé un nuevo término al ir a saludar a una personita: "Gente patata frita". Así me asaltan a mi los grandes pensamientos filosóficos, en medio del bullicio...y con un Johnny Walker aguado en la mano, claro. Me explico:


Te compras una bolsa de patatas fritas de esas de churrería, que vienen en una bolsa de papel que se va haciendo transparente al ritmo que se pringa de aceite. Llegas a tu casa, te las pones en un bol, te pones a ver la tele tranquilamente, sacas una sin mirar te la metes en la boca y...¡Asco! has cogido la típica papa frita a la que se le ha hecho una especie de verruga rellena de aceitazo y, cuando la muerdes la boca se te llena de ese líquido viscosillo y a duras penas llegas al water para escupirla. Coges el bol de patatas fritas y lo tiras por miedo a que una de esas cabronas esté allí agazapada. Pues hay gente que es así. Parecen patatas fritas normales, agradables y, sin embargo, le crecen las verrugas repletas de aceite por dentro y te dan como cosica.


Quizás Carrascal y la "gente patata frita" hayan sido de las mayores revelaciones de todo este tiempo vacacional excesivamente largo donde, como no, también he visto a las viejas amistades que me han alegrado estas dichosas fechas.


Pronto vuelvo a Madrid, a mi conexión de internet 24 horas, a mis cosas, al día a día...menos mal, el exilio me sienta entre fatal y medio bien. ¡Que voy a contaros! ¡Feliz año nuevo, personas!


Nota del Insustancial: El título de la entrada está fusilado del muy recomendable "Los superjuguetes duran todo el verano", cuento de Brian Aldiss que inspiró a Spielberg y a Kubrick la película "Inteligencia artificial".

domingo, 19 de octubre de 2008

¿Por qué no se ríen los políticos?

Ciudadano Bob Roberts (1992), primera película de Tim Robbins como director, es un mockumentary sobre la campaña electoral del político extremista del mismo nombre. Por desgracia es una de esos chistes que ha pasado de moda ya que la exagerada dimensión de sus chistes (políticos que provocan guerras para lucrarse, políticos pringados en oscuros negocios inmobiliarios, políticos pringados en operaciones paralelas de la CIA, políticos que manejar los medios derechistas americanos a su antojo, políticos desleales que simulan situaciones de peligro para relanzarse en las encuestas, políticos que basan su campaña en organizar redes de contrapublicidad que pongan en solfa la moralidad de sus candidatos, políticos que pueden presentarse a un debate electoral para no decir absolutamente nada etc.) ha sido desgraciadamente superada por las tres últimas campañas electorales norteamericanas y sus efectos colaterales han infectado los procesos electorales europeos recientes (Italia, Francia y España).
En una de las secuencias de la película Bob Roberts acude con todo su equipo a una especie de Saturday Night Live capitaneado por John Cusack para cantar un par de canciones (Bob es también una especie de cantautor derechista que ha versioneado las canciones de Dylan a su antojo) lo que provoca el mosqueo del equipo de actores y el de una de las productoras ejecutivas que es despedida.

Podríamos decir que la peli de Tim Robbins es completamente premonitoria: anoche Sarah Palin acudió a Saturday Night Live. Ni que decir tiene que el gesto ha sido interpretado como la última pirueta mortal de la campaña republicana para alcanzar a una audiencia mayoritariamente compuesta por estudiantes, profesionales liberales y, sobre todo, para alcanzar a aquellos lugares donde los republicanos no tocan pelo que no es otro que estados como Nueva York, Massachusset o California (en lo que ha elecciones presidenciales se refiere).


SNL se ha convertido en uno de los bastiones del pensamiento demócrata, sus guionistas se eligen, normalmente, entre licenciados y doctorados de universidades como Yale, Harvard o Berkeley y eso se nota. Lo normal es que uno llegue a ser guionista de dichos programas cuando ya ha pasado de largo la treintena y acumula mucha experiencia en otros programas o publicaciones tipo National Lampoon. La mesa de guionistas de SNL no ha dudado tampoco en recoger talentos mucho más naturales como los de Eddie Murphy, Chris Rock, Steve Martin, John Belushi, Andy Kauffman y un largo etcétera.




El caso es que Tina Fey (¡Dime sí o me iré con Sarah Silverman!), que ha vuelto a SNL para hacer estas parodias porque sigue embarcada en la serie 30th. Rock, se parece bastante a Sarah Palin y se ha pasado los últimos meses haciendo descarnadas parodias de la protovicepresidenta. La más celebrada es confrontar el discurso de Hillary Clinton (interpretada por Amy Poehler) y el de Palin en diálogos chiflados como este:


Hillary: Creo que el Cambio Climático está causado por el hombre.


Sarah: Yo creo que es simplemente Dios que nos abraza con fuerza.


Anoche Lorne Michaels (productor y creador de SNL, el que tiene que hacer ese trabajo de bregar con los invitados incómodos ya que es parte de la decisión de traerlos y el depositario de las quejas si es que las hubiera) compartió el arranque del programa junto a ella y el comienzo de un sketch sangrante en el que Alec Baldwin confundía a la gobernadora de Alaska con la actriz. Ni que decir tiene que Fey, furibunda demócrata, no se permitió pelotear a la Palin y que SNL no tuvo piedad con las meteduras de pata de la campaña republicana pese a su presencia en el plató. Fey no compartió ni una línea con ella e hizo mutis por el foro en el momento en que la Palin dijo eso de: "¡Desde NY, en directo, es sábado por la noche!".

Pese a que en España nos las damos de campechanos los políticos españoles no suelen prestarse a ests cuchufletas ni en campaña (Antonio del Real sacó en un pequeño papel a Mariano Rajoy en Villa Arriba, Villa Abajo y la Junta electoral suspendió el episodio...esas cosas están expresamente prohibidas aquí) ni fuera de ella. Mala señal que no tenga ningún interés invitar a un político a un programa que no sea estrictamente de entrevistas o de temática política...¿Es que esta gente no se tira pedos? ¿No le gusta la música? Me molesta profundamente la falta de calidad cultural de nuestros políticos y que no sepan mantener una conversación medianamente interesante, cuando se quieren hacer los campechanos dicen que les gusta leer cosas como La Catedral del Mar o escuchar a Mocedades y cuando se quieren hacer los intensos...bueno, es de coña, la verdad. ¿Es que ninguno tiene gustos normales? ¿O es que en realidad no tienen ningún interés por nada? ¿Se acuerdan del pollo que se montó cuando Trinidad Jiménez quiso llevar una chupa de cuero? ¿Y cuando Carmen Calvo dijo que el "heavy metal y la música rock también eran cultura"?

El Hormiguero lo demostró el 16 de octubre invitando a González Pons, diputado del PP, al programa. El desastre fue evidente por la sencilla razón de que esta generación de políticos españoles no sabe nadar contra corriente y prefiere entregarse a entrevistas y francachelas de informadores afines que les allanan el terreno con todo tipo de preguntas que parecen hechas por su propio gabinete de prensa. Que Aznar, siendo presi, se negara a dar entrevistas a El Pais o a la SER ha sido un precedente criminal y poco edificante.










Digamos que Pons, que sabía que estaba en un programa de Cuatro, no se prestó nada más que a los sketches que él mismo trajo preparados pero no mucho más ni siquiera en un absurdo concurso de jeroglíficos y contestaba entre risitas nerviosas o "ZP" o "Rubalcaba" sin que nadie cogiera la dimensión cósmica del chiste. Se hizo un flaco favor apareciendo como un muñeco sardónico, plano, sin punch, sin ninguna gracia...muy en el tono del programa, por cierto. No hacía falta ir hasta el plató de la Calle Alcalá para decir que Rajoy te había mandado un SMS diciendo que le gustaba el programa, la verdad, y menos para poner cara de palo por un clip bastante flojito. Fuera queda el comentario sobre la ilusión que le hace a Pablo Motos mande un SMS...si yo hubiera sido el asesor de imagen del político le hubiera dictado lo siguiente: "Me encanta el Hormiguero...¡Pásalo!"
¿No hubiera estado mucho más en línea con el programa? La verdad es que todos tienen una intensa reticencia a reírse de ellos mismos y eso es muy malo porque el que sólo tiene sentido del humor para hacer gracias sobre los demás demuestra no tener, en realidad, sentido del humor si no una capacidad más o menos desarrollada de señalar los fallos del contrario, ser un acusica vaya.



Además los colaboradores de Motos tampoco estuvieron mucho por la labor y prefirieron o entrar y salir tímidamente y hacer como que este señor no estaba ahí o como Flipy hacer una reivindicación por la inversión en investigación científica que Pons intentó justificar como un error de ZP para luego decirle: "Me gusta más tu hermana" por el personaje que hace el cómico vestido de chica. Flipy contestó: "Mi hermana es gilipollas". Una salida de tono que, en realidad, venía a decir "voy, hago mi mierda y usted no se meta, por favor".




Entre medias Pablo Motos que en los últimos tiempos demuestra más tino bregando con mancuernas y aparatos para ponerse fuerte que para dirigir su programa procuró salir en auxilio del político (al que me imagino se cruzará por Valencia) de la peor manera posible echando broncas y acelerando los chistes tontos e infantiles que se hacían sobre el PP que, la verdad, tampoco eran como para salir en defensa del invitado. Un cambio en la actitud de Motos que, sin embargo, no tiene empacho en poner en peores situaciones a otros invitados ya sea Matt Dallas (Kyle XY) al que entrevistó sin tener ni idea de inglés ni intérprete o Sylvester Stallone al que sólo faltó que le recordara que había hecho películas porno.

¿Se merece un trato diferente González Pons que un actor norteamericano? Motos pensaba que sí y esa es la actitud que hace que muchos de nuestros políticos piensen que los medios están a su servicio, para hacer la pregunta que toca...la verdad me quedo más con la cintura de los políticos americanos, ni que decir tiene que Sarah Palin rió cada uno de los chistes malintencionados que se hicieron sobre ella durante toda la noche, aplaudió y se fue de allí con un enorme dolor de estómago pero, al menos, nadie se salió intencionadamente de su papel: los cómicos hicieron comedia y nos políticos repartieron sonrisas y se prestaron a lo que sus potenciales electores esperan de ellos: que se pongan a su servicio sea para hacer carreteras o convertirse en parte de un chiste.