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viernes, 27 de septiembre de 2013

Armados y cabreados ( Bobcat Goldthwait, 2012)


Bobcat Goldthwait tiene una de esas trayectorias cinematográficas que, están tan apegadas al momento en el que se hacen, que es complicado que no resulten tachadas rápidamente como dañinas, exageradas o perjudiciales por sus contemporáneos.

Si has visto “Los perros dormidos mienten” (2006) o “El mejor padre del mundo” (2009) sabrás que son películas correosas de digerir, negras como el carbón y fuera de los límites de lo políticamente correcto. Cuando digo esto último quiere decir que, de verdad, están fuera de esos límites porque Goldthwait no juega al juego de provocar si no que se limita, con maestría, a hilar unas comedias tan unidas a la realidad y tan conocedoras de nuestros defectos como seres humanos que su sorpresa reside en que rompen por completo el pacto implícito y secreto que se establece entre el espectador y la narración donde el primero adivina unos segundos antes cuál será la reacción de los personajes.
Solo unos segundos antes. Te sientas ahí y esperas que los personajes de la película reaccionen como héroes ante la adversidad o que revelen el gran secreto de la existencia o que se sacrifiquen por el equipo o que descubran que la chica fea, en realidad, es un bellezón cuando se quita las gafas y la coleta y que por eso la han invitado al baile…aquí, no esperen esa piedad, ese optimismo o esa esperanza sobre el ser humano. Lo mejor de los personajes creados por Bob Goldthwait es que suelen reaccionar mal que es como suele reaccionar la gente que se ve envuelta en alguna situación que no comprende o que le supera.

El protagonista de “Armados y cabreados” (originalmente titulada “God bless America” y aquí sufriendo el hecho de que las distribuidoras tienen a bien poner títulos gilipollas a las comedias) es Frank (Joel Murray, hermano de Bill Murray) un apocado trabajador de una aseguradora. Está divorciado y tiene una hija que no quiere verlo porque se empeña en llevarla al zoo y hacer actividades en lugar de estar en casa jugando a la videoconsola. Por las noches no puede dormir porque tiene migrañas y porque sus vecinos se pasan el día discutiendo e intentando hacer callar a un hijo desatendido aún más ruidoso que ellos. Frank, además, vive aterrorizado por la programación televisiva y por lo que ve en ella: concursos de “talentos” que patrocinan a frikis para ganar audiencia, una enorme variedad de reality-shows chuscos y unos programas informativos y de debate donde la estulticia campa a sus anchas en un clima de gritos, mala educación y posicionamiento político radicalizado y polarizado que no puede soportar.


Tras algunos avatares (evitaré el spoilerazo) se ve envuelto junto a una preadolescente tan crítica con el país en el que vive como él llamada Roxy (Tara Lynn Barr) en un tour por los Estados Unidos que, sin rumbo fijo, tiene el objetivo de ir eliminando a la gente más molesta que se encuentran en su camino.

En “God bless America” se cruzan “Al final de la escapada” (Jean-Luc Godard, 1969), “Un día de furia” (Joel Schumacher,1993), “Bonny and Clyde” (Arthur Penn, 1967), “Asesinos natos” (Oliver Stone, 1994), “Pulp Fiction” (Quentin Tarantino, 1994), “El profesional” (Luc Besson, 1994), “Ocurrió cerca de su casa” (Rèmy Belvaux, André Bozel, Benoit Pooelvorde, 19929 , “American Dreamz, Salto a la fama” (Paul Weitz, 2004), “Network, un mundo implacable” (Sidney Lumet, 1976), "Trabajo basura" (Mike Judge, 1999) y un largo etcétera de menciones cinéfilas que hacen que la película sea una pieza de ritmo continuado pero que salta desde el más lento del cine independiente y de autor hasta la acción y donde las menciones directas a la cultura popular norteamericana van saltando de Woody Allen a Alice Cooper o a George Bush Jr.

Se identifican otros motores para la trama que avanza a golpes de dos escuelas de la filmación de la violencia, la poética de Peckimpah y la más gráfica y "comiquera" de Tarantino, del mismo modo que la propia trama avanza engrasada por un desmadre a lo John Waters (El de "Los asesinatos de mamá"(1994) donde una ama de casa intenta imponer su visión del mundo a toda la ciudad de Baltimore) al que sobrevienen momentos de reflexión que nos recuerdan a la visión comedida -en términos de movimiento de cámara y disposición de personajes en el encuadre- de Jim Jarmusch . Curiosamente, y aunque suene como una especie de "coitus interruptus" continuo o una especie de indecisión a la hora de hablar de ritmo, esa duplicidad es el código ideal para una película marcada por unos personajes -todos los personajes- a los que es imposible encasillar dentro del grupo de "buenos" y "malos".    



La única duda que me asaltó viendo “God Bless America” es la misma y algo prejuiciosa que tenemos ante este tipo de narraciones tan honestas: ¿No me estarán sermoneando vilmente?

La respuesta es no, en tanto en cuanto, la película no incluye ninguna moraleja en todo su metraje, ni tampoco señala a ningún culpable, si no que, más bien, va haciendo cada vez más evidente la cuestión de que unas redes sociales convertidas en caja de resonancia de cuchicheos y maldades, que una televisión repleta de programas estúpidos, que una celebración, a su vez, de estos comentarios estúpidos en todo tipo de charlas banales de oficina que giran alrededor del éxito de youtube donde alguien hace el ridículo y un largo etcétera de espectáculos dañinos y penosos son más un síntoma (“El típico espectáculo como el circo romano que aparece en la decadencia de una civilización” dice Jack) que un aviso. Si Goldthwait no sermonea –como sí se sermonea descaradamente en otros géneros más prestigiosos que el de la comedia- es porque está más preocupado por mostrarnos un mundo real y absurdo que parece que, en lo que a su orden se viene abajo,  que en señalarnos a los culpables. De hecho en toda la película se cruza con el por qué con el  que las victimas de Jack y Roxy les piden explicaciones sobre su actitud con el por qué cada vez más agonizante de sus protagonistas que parece que tampoco tienen respuesta sobre lo que ha ocurrido realmente.
Unas preguntas que jamás se cuestionan los gustos de los demás si no, más bien, una pregunta más desasosegante que es: ¿Por qué disfrutas viendo/haciendo/participando de esas cosas? ¿Por qué no te callas la boca en el cine? ¿Por qué usas la palabra "feminazi"? ¿Por qué estás mirando tu página de facebook en el móvil mientras hablamos? ¿Por qué mi hija cree que, con solo 9 años, tiene que tener un Iphone o una Blackberry? y, en definitiva, la más jodida de todas que es ¿Qué narices hemos hecho mal y donde perdimos los papeles? 

En la esencia de esas preguntas está una de las sorpresas de la película que parte  de cuestiones evidentes y que siempre son vistas a través de esos análisis de medio pelo que intentan cuestionar y culpabilizar al individuo a través del análisis de los comportamientos grupales (la alegre participación en la celebración del mal gusto en este caso)  para ir reduciendo todo a una cuestión más pequeña en presencia pero mucho más retorcida, jodida y personal que dirige a la audiencia: ¿Qué interés tiene la civilización y sus avances cuando no parecemos querer ser civilizados? 

Entiendo que la obra de Goldthwait resulta inmoral para los conservadores e incómoda para los que pudieran estar de acuerdo con el discurso aparente (insisto en que creo que es más un retrato bastante fiel a la realidad y como la realidad es negativa pues lo transformamos automáticamente en un discurso crítico exagerado) por parecer  agrio y combativo -algo así como le pasa a Moore con sus documentales pero, aviso, Moore señala culpables y Goldthwait no- pero en realidad es un llanto de rabia ante el panorama que vive Norteamérica que se agrava con la presencia de un patrioterismo barato (Tea Party, Libertarianismo, iglesias evangélicas radicales, etc.) que también es leído en clave de "síntoma" y no de "enfermedad" que no queda muy claro si se puede combatir. 


Ante la pregunta si el discurso o la definición de la actual situación de todo un país -de España me atrevería a decir, en tanto en cuanto, nuestra falta de interés por la preservación y la valoración de nuestra propia cultura popular nos convierte en el perfecto "país esponja" que absorbe todos los malos hábitos norteamericanos en cuestión de segundos- es demasiado ácido, combativo, exagerado (digamos, "políticamente incorrecto") y, por tanto, injusto y debería ser reconducido por su autor hacia un terrenos más conciliador, más dialogante o más flexible surge también otras preguntas importantes: ¿De verdad hay que tratar con cariño y comprensión a una gente que se comporta tan mal, que demuestra tan poca comprensión con todo lo que le rodea? ¿Si bajamos el tono del discurso acabarán comprendiendo que se equivocan?
¿Tiene derecho alguien que porta una pancarta donde pone "El SIDA es una plaga divina" ante la puerta de una clínica a ser más escuchado todavía? ¿Cómo es posible que el conductor-opinador de un programa que dedica el contenido del mismo a llamarnos anormales o criminales pida respeto para sus opiniones cuando demuestra tan poco tacto con las ajenas? 

Como Bobcat Goldthwait carece de discurso deja a estas preguntas sin contestación o esconde la contestación en pequeños detalles de la trama o, lo que es mejor, nos avisa de lo peligroso que es disentir para sobrevivir. Es más, incluso podríamos pensar que se nos está haciendo otra pregunta: ¿No te cansas de aguantar callado todo lo que pasa a tu alrededor? 

Jugando con fuego (Goldthwait es uno de esos tipos que consigue que la carcajada esté muy cerquita de la lágrima y que la risa sea a veces tontamente sincera y otras veces simplemente histérica) “God bless America” consigue que un adulto que no está en sus cabales que viaja por los Estados Unidos con una niña de 16 años matando gente que no les ha hecho “casi” nada –un asunto que parece feo pero que también dejaré fuera del spoiler…y mira que me está costando- te caiga bien y que, en el fondo, acabes entendiéndolos y queriéndolos porque son contradictorios, ridículos, naïfs, tontos y, en definitiva, humanos como todos nosotros. Y si esa tarea tan ardua se consigue a la perfección es porque los actores bordan sus papeles. Joel Murray completando magistralmente a un complicado personaje que es a la vez un asesino despiadado con las formas robóticas de Kitano pero, mostrando a la vez, una ternura y una comprensión al estilo de Willy Loman en "La muerte de un viajante" al que identifican las mejores virtudes que pensamos que tiene un padre y el de Tara Lynn Barr que también fluye entre la adolescente hiperactiva e inteligente que rechaza cualquier pensamiento único y prefiere aislarse de la corriente dominante pero, que, también muestra una faceta comedida y tierna en varios pasajes de la película. Así Frank descubre en su relación con Roxy una doble faceta de padre y educador -dirigido no hacia el bien si no hacia el mal pero igual que efectivo- que su propia hija rechaza y a Roxy al padre que no tiene miedo a tratarla como una adulta y que no le exige que se normalice. La pareja protagonista, y volvemos a la ambivalencia, se mueve a veces en la relación paterno filial  de Ryan O´Neal y Tatum O´Neal en "Luna de papel" (Peter Bogdanovich, 1973), otras, con muchísima sutileza, en la de  Bill Murray y Scarlett Johansson en "Lost in traslation" (Sofia Coppola, 2003) porque, en definitiva la cosa no va de gente mayor que se enamora de gente joven, y también, a veces, nos recuerda a Jeff Bridges y Hailee Steinfeld en el remake de "Valor de ley" (Joel y Ethan Coen, 2010)

Es una pena que el cine de este autor, que en “El mejor padre del mundo” consiguió que Robin Williams hiciera una de las mejores interpretaciones de su carrera y que de ser este un mundo justo hubiera tenido que haberse coronado con varios premios…incluso el Nobel para la propia película, sea tan desconocido en nuestro país y en el resto del mundo, que su visión ácida y crítica lo aleje de las grandes audiencias por la sencilla razón de que nadie está dispuesto a identificarse con sus personajes porque, como bien aconseja la protagonista de “Los perros dormidos mienten”, hay cosas que es mejor que se queden en casa haciéndole compañía a uno que sean del dominio público. 



Ya saben, si el espectador sospecha que el tipo o la tipa que está en pantalla es una copia de sí mismo, y no por buenas razones porque en el fondo todos tenemos una buena opinión sobre nosotros, es posible que rechace lo que ve y decida que le gusta más una de esas películas donde los buenos son buenísimos y los malos malísimos, donde las putas son princesas, los borrachos dicen la verdad y siempre existe la posibilidad de que el terrorista desactive la bomba que acababa de activar porque llega a la conclusión de que en la CIA también hay gente buena sobre todo porque, en el fondo, ese es el acuerdo tácito y no escrito que tenemos con la ficción: que nos de un respiro siendo un poquito compasiva. La gracia es que cuando esto desaparece tienes muchas posibilidades de reírte mucho por las razones adecuadas y certificar que “es gracioso porque es verdad”. Verdad de la buena y risa de la buena. Un poco amarga y un poco histérica pero muy sana. Prepárate para reirte y cuanto se asalten las dudas de sobre quién coño se están riendo recuerda que Bobcat Goldthwait se ríe de todo y de todos. Pero es porque no tenemos solución. Y eso también puede entenderse de muchas formas. 

martes, 19 de marzo de 2013

El Pueblo Nerd vs. Fernando Trueba




Me han sorprendido los comentarios ciertamente airados que ha despertado la declaración de Fernando Trueba sobre James Bond y los superhéroes. Me sorprende que gente bastante bien preparada y que, en teoría, sabe manejar bien el impacto de unas declaraciones públicas haya saltado como un resorte y un ataque personal que, como siempre, se ha resuelto con una serie de chistes muy viejos y no muy buenos sobre el estrabismo del director madrileño.

No seré yo el que se ponga tiquismiquis pero, la verdad, muchachos y muchachas, responder a un tipo que dice que Spiderman y James Bond le parecen una gilipollez con un sonoro “¡CALLA BIZCO!” es una muestra de estupidez que supera, con creces, al hecho de que a Trueba no le gusten las películas de ciertos géneros. Ese dibujo de hombre del viejo régimen, de tipo desconectado de la realidad, del pensamiento general y dominante me hace vomitar. 

Tampoco sere yo el que justifique las palabras de Fernando Trueba, ni se dedique a reinterpretarlas públicamente: dijo lo que dijo. Yo ni siquiera lo entendí como un desprecio hacia la cultura popular, hacia los cómics o hacia el cine de acción. Lo entendí como una crítica hacia el actual sistema de producción de Hollywood (ese que se ha criticado hasta la saciedad, incluso, por los más fanses de las películas de superhéroes) que comparte gente como, por ejemplo, Harvey Weinstein, que hace ya unos años, tachó a estas películas y a la obsesión por producirlas en cadena y casi como opción única de los grandes estudios como “basura”. Como Weinstein lo hicieron también Kevin Smith (poco sospechoso de ser un denostador de la cultura popular) y otro buen número de directores y guionistas que dijeron no entender que se dedicara esa ingente cantidad de dinero y promoción no ya a películas de género si no a películas de género que, muchas veces, carecían de calidad y donde primaban otros aspectos que, por ejemplo, cuidar la calidad del guión.

O simplemente: es que no le gustan. Punto. A lo mejor es verdad que el cine de superhéroes se ha convertido en una "imbecilidad" en su paso al cine. No sé, la gente habla muy bien de "Los Vengadores" y a mi me pareció una idiotez mal contada. 

Creo que tampoco soy sospechoso de que no me guste la cultura popular. Buenos palos me costó, en mis tiempos de estudiante, defender “intelectualmente” mi gusto por la novela negra (un trabajo mío sobre este género recibió un desabrido "vaya pérdida de tiempo" por parte de un profesor), los juegos de rol, los cómics y el cine de terror. Y hablo de los años 90 donde me encontré en una facultad de letras rodeado por una turba de pomposos y arrogantes candidatos al puesto de intelectual orgánico (algunos todavía en ese proceso) que creían que todo aquello en lo que yo encontraba cierto valor y cierto refugio era un montón de basura. Cosas de críos.

Entiendo que muchos de aquellos muchachos y muchachas tienen ahora la coartada intelectual para haberse iniciado en el cómic (cambiándole el nombre por “novela gráfica”) y a apuntarse a todas las falsas “reescrituras” en clave (cualquier clave, da igual, en el fondo esas reescrituras no son más que vueltas al género) que se ha hecho de todo aquello que parecía proscrito intelectualmente, que no llegaba a la categoría de lo medianamente aceptable. No hay que olvidar que ese salto de calidad (si es que alguna vez se necesitó) se ha conseguido gracias a la defensa a ultranza que algunos intelectuales (estos de verdad) hicieron en su momento por el género.

Podríamos hablar de Vargas Llosa, por ejemplo, que con “La tía Julia y el escribidor” defendió la igualdad de los géneros y que, en todos ellos, incluso en los populares, incluso en los tachados de “ínfimos”, existía un trabajo de creación igualito, igualito que el que creemos que existe detrás de las grandes obras maestras. Sin distinción.  Tampoco de Borges o de Bioy Casares que con su Isidro Parodi equipararon a la novela negra, tachada de novelucha, con las novelas de ficción más leídas y, en nuestro país, podríamos hablar de Vázquez Montalbán y su Pepe Carvalho que, usando el género detectivesco, supo ser un fiel reflejo de nuestro país. También de Mendoza, por ejemplo. No sé, hay un montón. Los maestros suelen ir siempre por delante de los alumnos por muy pomposos e idiotas que estos sean. Y esto solo en el campo de la literatura.

En nuestro país el cine de género patrio siempre ha estado denostado. Incluso en los 60 y 70 cuando el cine de consumo (por llamarlo de alguna manera) suponía casi el 100% del cine que se hacía en nuestro país. Tuvo que llegar Alex de la Iglesia (y con él otro montón de directores) que reivindicaran el cine de terror español y su tradición –por cutre que esta pareciera- para que los muchachos y muchachas modernas se partieran la cara por ver una película de Paul Naschy. Habrá que echarle la culpa también a Jordi Costa (al que no le pagaré ese trabajo ni con 1.000.000 de nuggets) de haberle dado a mucha gente las claves necesarias para acercarse a un tipo de películas de las que, un momento antes, hubieran corrido despavoridos.

Como “nerd” de aquí. Como “geek” de aquí (una categoría poco romántica y más bien tristona) diré que siempre pensé que, cuando llegara la gran revelación de que el género podía ser tan bueno como la obra de autor, sabríamos perdonar todas las vilezas acumuladas en nuestro costado y, por lo menos, sentirnos comprensivos a la hora de encajar algún coletazo como el que ha arreado Trueba en la semana pasada. Que siempre habíamos sabido aceptar ese tipo de cosas y, mucho más, cuando ni siquiera la cosa iba dirigida a un grupo de espectadores, cuando ni siquiera se refería a muchas de las cosas que nos dan gustico.
Entiendo, por tanto, ante esta salida en tromba que, de pronto, todo lo que resultaba y “underground” (¡NUESTRO TESSSOOOOROOO!), underground en realidad solo en nuestro país, se ha convertido en un divertimento de masas y, claro está, como masa se ha reaccionado: sin pensar y con mucha mala hostia, con un pobre ataque personal.  ¿Hubiera aplaudido la nueva masa de aficionados que se ha tragado el sapo de que “lo inteligente es sexy” si Trueba hubiera dicho que Sartre era completamente gilipollas? A lo mejor sí o a lo mejor es que nadie hubiera sabido quién coño era Sartre. Lo que está claro es que si Trueba hubiera dicho que le gustaba mucho Superman se le hubiera aplaudido o, a lo mejor tampoco. A lo mejor alguien habría pensado que “se estaba subiendo al carro”. No sé, cosas que pienso.

Me estoy acordando ahora de que Fernando Trueba también sufrió un ataque similar cuando dijo que, cada 25 años, a alguien se le ocurría inventar un nuevo sistema 3D. Já. A la turba le faltó poco tiempo para encender las antorchas e incendiar las plazas públicas de las redes sociales para contraatacar con los consabidos “¡Cállate bizco!” y los “¡Estás anticuado!” y los “¡El 3D es el futuro!”. Sinceramente, desde que se inventó internet he escuchado tantas veces que esto o lo otro era “EL FUTURO” que ya no sé a qué coño atenerme.

Lo curioso es que Trueba quedó mal por decir algo bastante simple, algo que era verdad. Ni siquiera habló de la calidad de las películas que se estrenaban en 3D, simplemente dijo que le parecía que cada cuarto de siglo alguien se inventaba un nuevo 3D y que todos habían resultado ser un fracaso.
Más curioso todavía es que, poco tiempo después de haberse atrevido a hablar MAL del 3D, un informe de la MPAA (el “sindicato” de las grandes productoras americanas) nos contaba que muchas de las películas que se estrenaban en sistema normal y en 3D recaudaban bastante menos en este formato de llevar gafas. Seguramente, y eso nadie lo tuvo en cuenta, sobre el comentario este pesó el hecho de que, en su momento, Trueba también fue exhibidor. Tuvo un cine. Algo de cine y algo de películas, al menos, aunque no sean de género, sabe. Incluso de hacerlas también. No sé, yo es que soy fan (también de James Bond y de los superhéroes, menos de algunas mierdas de películas de superhéroes pero porque son malas, no porque salgan superhéroes). El caso es que se recuerda mucho que Trueba se metió con el 3D y se le tachó de inmovilista (de agente de la SGAE, de titiritero, de bizco que denostaba el 3D porque no podía disfrutar de tamaño avance tecnológico…sí, un avance tecnológico que cambiaría de una vez por todas el mundo del cine, la revolución y su puta madre…como otros inventos tales como el “tomato color” o el “odorama” o cualquiera de las cosas que se sacó de la chistera Mr. Castle) pero no que, aquella vez Trueba acertó y que, actualmente, ha bajado el número de películas que se estrenan en 3D.

Diré también que me gusta el género, que me gusta el cine de…, que me gusta el cómic, que me siguen gustando todas estas cosas pero que, me sorprende, que la gente se vuelque tanto en memorizar listados de hipervillanos y se olvide un poco de Jack London y de Cervantes. Quiero decir: ni una cosa ni la otra.
Me explico: tendemos a leer a Eisner como un clásico, que lo es, pero olvidamos la raíz de donde salió Eisner. Nos empapamos de Stan Lee pero, desgraciadamente, olvidamos la honrosa tradición que arrastra. En cierto modo, corremos el mismo peligro que esos encorsetados y pomposos muchachos que, allá por los 90, pensaban que si no habías visto películas de Cocteau eras un puto mierda. No tenías categoría. Desgraciadamente tendemos el peligro de convertirnos en unos encorsetados y pomposos muchachos que saborean el manga y que echan pestes sobre el que todavía no lo ha descubierto o, peor, atacamos a aquél que por sus gustos no le coge el gustito al manga.

Está muy bien tener 30ytantos y poder seguir leyendo la saga de “Canción de Hielo y Fuego”. Muy bien. Yo lo hago. Pero, la verdad, ahí fuera hay un caudal cultural de cosas tan importantes, interesantes y bien escritas (pintadas, rodadas, esculpidas etc.) que no deberíamos olvidar y con el que deberíamos conectar. Es así, por ejemplo, como no tendríamos políticos que dicen ser marxistas que no han leído a Marx, músicos que dicen ser compositores y no conocen a Rubén Blades y, definitivamente, lectores y espectadores que creen que todo, todo, todo, comenzó con “La Guerra de las galaxias” y que, más allá de eso, hay ahí una cosa gris y aburrida, antigua y como de viejos a la que no hay que prestarle atención.

Alegrémonos de que el género, por fin, es considerado “Alta Cultura”, disfrutemos en la certeza de que ya, entonces, en los tiempos oscuros, teníamos razón pero no olvidemos las otras cosas que también son importantes. No seamos unos mostrencos (¡Gracias Costa!) que no pueden ver más allá de sus narices y, sobre todo, dejemos de llamar “bizco” a Trueba, por favor, que eso sí que no tiene ni puta gracia.  

lunes, 8 de febrero de 2010

La carretera...o como cambiar la (mala) opinión de la intelectualidad española sobre el cine de género


Iba a ponerme en plan Boyero y cantarles aquí las maravillas de "La carretera" (Jim Hillcoat, 2009). Muy en su estilo iba a contarles lo triste de la historia, lo desarraigado del paisaje, lo bien que se transmite el tono de la novela, lo estupendo que es que haya películas que sepan rescatar esos asuntos del alma. 

Es más, iba a contarles que "La carretera" entronca con la tradición americana de las novelas de viajes y de aventuras iniciadas en el siglo XIX pero que, aunque tiene ese aspecto, es un espejo deformado de las mismas pese a que ambas, al final, intentaban descubrirte que el viaje y la carretera acaban sacando al verdadero ser humano que llevamos dentro, que aflora con la lucha en contra de los elementos.  

Pero es que, como no me ha dado tiempo, pues Carlos "El Maestro" Boyero y otros tanto lo han hecho ya y corro el riesgo de repetirme más que el ajo.

Les cuento, por tanto, el cuento desde otra perspectiva: No hace mucho tiempo que en este país el género era algo profundamente vituperado. El intelectual español de corte progre denostaba este tipo de cine por insulso y falto de compromiso mientras que el intelectual español fachón ni siquiera se preocupaba de esas películas extranjerizantes que parecían entretenimiento de niños o la justificación para las parejas para meterse mano en los cines aprovechando los sustos.

La novela de género en España, la de aventuras, posiblemente murió con El Quijote y sólo se podían ver caballeros y marcianos, detectives y vaqueros "made in Spain" en las páginas de nuestros cómics. En ese campo desde los clásicos hasta Carlos Giménez (y su imprescindible y recomendable HOM) hicieron bandera del género mientras que este tipo de novelas fenecía en las estanterías y florecía en los kioscos gracias a la edición de las novelas de edición barata. En el cine, los géneros vivían una suerte parecida y, pese a ser francamente rentables en muchos casos, lo cierto es que nadie hablaba demasiado bien de ellos.

La intelectualidad española aplaudía el western (por Ford y Leone) pero, la verdad, no era muy entusiasta del género de terror que venía de fuera -la sangre, la víscera, el destripamiento- y muy poquito de la Ciencia Ficción.

Es decir, que nos hemos perdido algunas cosas interesantes como, por ejemplo, que la historia de la relación que hay entre un padre y un hijo puede contarse desde muchos puntos de vista y, uno de ellos, puede ser más claro, más meridiano y más interesante si los pones a caminar por un decorado apocalíptico mientras son acechados por grupos organizados de caníbales. Pongan este argumento encima de la firma de Stephen King y recibirán ustedes una sonora pedorreta...McCarthy es otra cosa y más ahora cuando flipamos (todos, que yo lo descubrí con el siglo empezado) con el escritor americano que igual se marca una historia sobre un Juez chiflado que arrasa la Tierra de Nadie que hay entre México y USA, que te inventa a Anton Chigurh que es un asesino que lleva consigo una pistola de aire comprimido para matar ganado...

Gracias a McCarthy y a películas como "La carretera" ya a nadie le avergüenza decir que le molan las películas de zombies...seguramente porque "Zombieland" es una de las mejores películas del año junto a "Resacón en Las Vegas" que es una de las mejores comedias de los últimos años...ambas dos han sido ninguneadas por la Academia de Hollywood pero, bueno, que se puede esperar de unos señores que le dan nueve nominaciones a Avatar...

Pero seguro que me estoy alargando sin hablar de la fotografía de Javier Aguirresarobe que ha hecho un trabajo excelente o más que excelente fotocopiando la atmósfera de la novela original. Fantástico. Por cierto, les recuerdo que por aquí hay una entrevista que se publicó hace tiempo en este blog con el propio Aguirresarobe en el que cuenta algunas cosejas de la película. Aquí

Gran adaptación del texto original al que se le han colocado algunos adornos (Charlize Theron) y algunos planos un poco superfluos que, me imagino, intentan hacer un poco más de sangre con el espectador y hacernos ver la historia de los protagonistas de la película antes de la hecatombe. No era necesario, ya te haces una idea de como es la vida actualmente y como tiene que quedar el asunto después de una catástrofe que arrasa con la humanidad. Como decía un maestro del guión "lo único que hay que hacer para adaptar una novela es quitarle lo superfluo y no intentar mejorar el trabajo narrativo del original porque, para algo, te has empeñado en comprar los derechos de una novela". Pues eso, Hillcoat debe de haberse aprendido ese consejo de maravilla y lo ha aceptado sin añadir, ni remover demasiadas cosas. Era menos necesario que los planos pre-apocalipsis.

Por lo demás y ya en plan Boyero les diré que "La carretera" me ha emocionado profundamente y que es una muy recomendable film. Mucho más recomendable, por ejemplo, para las personas que actualmente lo están pasando guay y un poco menos para los que la vida les pinta en bastos porque triste es un rato pero, bueno, también lo es el frenillo de Rajoy y dicen que va a ser presidente...yo, en una de estas, me hago finlandés con acento argentino como Vigo Mortenssen...o americano con acento danés o...bueno, da igual. Lo diré una sola vez: "La carretera" es tan buena que, incluso Vigo, lo hace bien...incluso mejor que en "Promesas del este".

lunes, 2 de noviembre de 2009

Uno que nos deja: José Luis López Vázquez (1922-2009)


Hace unos pocos minutejos que acaba de hacerse pública la noticia de la muerte del actor José Luis López Vázquez. Se van a acabar los adjetivos para intentar captar una carrera que, sólamente en la pantalla, cuenta con 259 apariciones en diferentes papeles y que compaginó con el teatro (hubo un tiempo en que los actores hacían cosas así como dobles sesiones maratonianas en los mismos días...) y, claro está, la publicidad.

López Vázquez fue un actor de esos que no le tienen miedo a nada y se prodigaron en casi todo. Lo mejor que puede decirse es que estaba igualmente brillante en el eterno papel de oficinista con tendencia al calentón, en su faceta de "persigue turistas" (¡Viva Suecia!), en la de apocado y gris ciudadano, en la de bon vivant a la hispana y en otro abanico de personajes que abarcaban señoritos arruinados, travestis de provincias.

Sin duda no ha habido ningún actor en la historia de nuestro cine que haya sido capaz de trasladar con tanto acierto la angustia de ser nadie con tanto acierto desde el punto de vista del drama e, incluso, y lo que es más impresionante desde la misma comedia. Buen Viaje.

martes, 20 de octubre de 2009

El secreto de sus ojos


Raquel me arrastró a ver la última película de Juan José Campanella. Boyero había dicho que era buena y que "thumbs up!" pero, la verdad, no es un director que me emocione. De hecho la única película de Campanella que no me había hecho bostezar hasta la fecha era "El niño que gritó puta" (1991).

No me interesa en general ninguna de las historias que ha llevado a la pantalla: pertenezco al porcentaje enano de personas que estuvo a punto de morir en varias discusiones sobre "El hijo del la novia" al sostener que le parecía una blandez hecha a mayor gloria del conservadurismo reinante; dije una vez que "el mismo amor, la misma lluvia" (200X) le había parecido una adaptación porteña floja de las comedias románticas españolas de los 80´ y de "Luna de Avellaneda" pues, la verdad, no encontré con quien discutir de dicha película.

Pero no hablemos del pasado porque, es posible, sólo posible, que el trabajo de Campanella como director de series de televisión como "House", "Rockefeller Plaza" o "Ley y orden: Unidad de Víctimas especiales" le haya convencido de que se pueden hacer buenas películas sin tener una profusión de primeros planos ñoños y conversaciones sobre el ser y el querer y de que el sentimentalismo es una especia fuerte que debe de administrarse con cierta tacañería.

Quizás gracias a eso nos hayamos encontrado con un nuevo Campanella, o casi, que se ha consagrado a un guión basado en la novela "La pregunta de tus ojos" (Eduardo Sacheri). Dicha novela tiene la etiqueta de formar parte de la "novela negra" pero, como decía Bretón (¿?) los críticos burgueses suelen pintar de un color todo aquello que no son capaces de entender del todo de tal modo que, dicha nomenclatura, suele quedarse corta o incompleta para definir a todo un género o, por extensión, suele meter en el mismo cesto narraciones que comparten ciertos elementos comunes pero no tienen, muchas veces, nada que ver.

Me refiero, claro está, a escritores como Eduardo Mendoza, Francisco García Pavón, Manuel Vázquez Montalbán, Alfredo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, Miguel Mena, Pablo Tusset,   Henning Mankell, Stieg Larsson o, incluso, Patricia Highsmith...y un largo etcétera. Todos han sido considerados, en un momento u otro, escritores de novela negra y, sin embargo, han utilizado protagonistas y tramas en los antípodas de lo que se considera novela negra. Un loco, un municipal de Tomelloso, un detective privado fanático de la alta cocina que asesinó a Kennedy y que quema ligros, un preso que no sale de la cárcel para resolver sus casos, los torpes secuestradores de un obispo, un filósofo obeso, una jueza, un periodista y una mujer matratada, un asesino...

Pues "El secreto de sus ojos", quizás un poco al estilo de "Gosford Park" (2001, Robert Altman), nos propone el viaje al pasado de un currante de un juzgado, una especie de secretario o de ayudante la nomenclatura precisa se me escapa, que una vez jubilado decide escribir una novela sobre un caso concreto: la violación y el asesinato de una mujer joven acaecido 25 años antes, en 1974. En medio justo de la mal llamada Restauración Peronista y de camino a la Dictadura de la Junta Militar. ´

¿Hay algo más ridículo que intentar impartir justicia en un sistema dictatorial? Pues ese es el primer absurdo al que se enfrenta en esa época Benjamín Espósito y su compañero, un alcohólico lúcido llamado Sandoval, que intentan desentramar la investigación torpe y se comprometen con la misma por una especie de amistad que Espósito traba con el marido de la víctima.

Espósito (Ricardo Darín) y Sandoval (Guillermo Francella) inician una investigación humana y torpe que, sin embargo, consigue hacerse con la verdad pese a no ser más que un remedo de Sherlock y Watson ...o casi porque la historia en lugar de haber sido tapada por el polvo de los años, reverdece en cuanto Espósito pasa la mano por encima del expediente y reaviva todos los fantasmas que, con el tiempo, en lugar de hacerse más transparentes han  tomado más cuerpo y vigencia.

Entre medias, una pena, encontramos la historia de amor entre Espósito y la bellísima Irene Menéndez Hastings (Soledad Villamil) que nos recuerda al peor Campanella -el que se pirra por el colorín- y que consigue sacarnos de cuando en cuando de una historia dura, dura con franqueza, que utiliza la investigación de ambos personajes para hablar de la dictadura y, más que de ella, de los destructivos efectos que cualquier sistema dictatorial tiene sobre las personas y sobre los países. Quizás pueda parecer un mensaje evidente pero, quizás no lo sea tanto, cuando se agitan más que nunca las añoranzas de "la mano dura" de otros tiempos.

Con una factura de diez y medio y un guión que no falla casi nunca (le sobra un tantito de azucar aquí y allá y un tratamiento más realista del único personaje femenino), lo que nos lleva a plantearnos si Amenabar no es más que un cinco -haciendo la media entre la realización (10) y el guión (0)-, "El secreto de sus ojos" divierte y, además, nos enfrenta a algunas interesantes preguntas que no podré desvelar sin caer en el spoiler y también en algo mucho más interesante y que tiene que ver con la manera en la que, hasta ahora, el cine argentino ha tratado el tema de la dictadura y que, indefectiblemente, tiene que ver con el silencio de las víctimas, el ejercicio de la "no violencia" y la aplicación de "EL PERDÓN" como forma de demostrar que se tiene, y siempre se ha tenido, la razón. Campanella consigue girar esos principios y ajustarlos a un discurso más realista sobre el dolor, el perdón, el olvido y, sobre todo, el delito.  
Me despido comentando que Ricardo Darín y Guillermo Francella funcionan maravillosamente bien como pareja protagonista, que bordan sus papeles y que en cada una de sus frases hay muchísima verdad o, sea, que consiguen que te olvides de que, en realidad, están diciendo en voz alta un texto previamente escrito. Pero no solo ellos funcionan a las mil maravillas ya que Soledad Villamil, una de las mejores actrices argentinas de todos los tiempos, saca petroleo de un papel francamente recortado y Pablo Rago (al que no recordaba de nada anteriormente) borda su papel. El español Javier Godino se desquita en esta ocasión de  los sinsabores de trabajar en una industria que sólo le ha ofrecido un papel grande en "Café solo o con ellas" (Álvaro Díez Lorenzo, 2007) y borda su trabajo provocando nauseas reales en la platea firmando uno de los mejores malos de los últimos tiempos.

Que la disfrutéis....

PD: Se corre el riesgo de salir de la película hablando en argentino diciendo cosas como "vamos a cagar a esos fachos a trompadas" y un largo etcétera...quedan advertidos.

lunes, 12 de octubre de 2009

Ágora


Mi padre que es un progre que hace cosas de progre ha sido el que me ha arrastrado esta noche a ver Ágora la, al parecer, imrpescindible película de Alejandro Amenabar. La sala está abarrotada gracias a la promoción y a la polémica esa de si esta es una película hecha en contra de la iglesia católica o no. En la sala estamos un poco divididos: se nota la gente que le ha hecho caso a Iñaki Gabilondo para ir a verla, la gente que le ha hecho caso a Jorge Javier Vázquez y Jordi González (Telecinco pone parte de la pasta...y es raro que no haya propuesto a Belén Esteban como actriz protagonista) y la gente que quiere ver con sus propios ojos lo que la gente de Esradio y la COPE no han querido ir a ver por la sencilla razón de que ya han condenado a la película a la hoguera.

Como siempre Amenabar se sale con la suya y, por una cosa o por otra, todo Cristo (valga el chiste) va a ir a ver su película...ojalá pasara lo mismo con el resto de cine español.

Siguiendo una constante de su filmografía, la planicie, Amenabar firma una película formalmente casi perfecta pero con una evidente falta de alma. Ni chicha, ni limoná. Mensaje plano y sabido por todos (el fanatismo religioso es malo) al servicio de una película que no aburre -reconozco que sus dos horas no te clavan a la silla pero tampoco te hacen bostezar- pero que tampoco es que emocione porque, desgraciadamente, Ágora es una película de lo más vulgar. De esas que sales del cine sin poder decir nada más que eso de "bueno, pues hemos echado el rato". Ni más, ni menos.

Una película que debería de remover conciencias se convierte, sin embargo, en un asunto plano y predecible que poco a poco va perdiendo fuelle hasta convertir su final en algo tan evidente que da un poco de cosica. Sin duda Amenabar ha demostrado una impericia total y absoluta a la hora de tratar a sus personajes femeninos: simplemente no sabe manejarlos. Almodovar los convierte en algo menos que caricaturas en muchos casos pero las mujeres de Amenabar siempre son aburridas, hieráticas (o directamente chifladas...Najwa Nimri en "Abre los ojos") cuando no manejadas por unos sentimientos estereotipados y francamente fríos.

Tenía razón Rachel Weisz, lo dice ella misma, cuando discutió con Amenabar sobre el guión y se quejó de que Hypatia se mantuviera virgen durante toda la película. La virginidad, que me imagino que será un rasgo para elevar a la protagonista a una especie de santificación laica, se revuelve contra un personaje que debería de haber sido mucho más carnal. No se...hubiera estado bien que Hypatia hubiera sido una gran astrónoma que no hubiera tenido miedo al contacto físico, incluso que por su condición de atea (algo muy discutible eso de encontrar gente atea allá por el 400 D.C.) se hubiera liberado completamente, hubiera vivido su vida como le hubiera dado la gana sin temor al que dirán esos cristianos fanáticos. Pues no. Si absurda era la atracción que demostraba Ana Torrent por un personaje tan chulopiscinas como el de Eduardo Noriega en "Tésis" -lo que la estupidiza bastante a ella y a su género que es retratado como incapaz de no salir corriendo detrás de un paquete- tampoco son comprensibles las ansias de Hipatia por elevarse sobre los demás manteniendo su virgo intacto. La película hubiera tomado un cariz mucho más interesante, y mucho más libertino (si de eso se trataba), de haber retratado a una Hypatia en realidad más libre y más de andar por casa. Por decirlo de algún modo: Hypatia es demasiado estóica y muy poco dionisiaca.

Si se trataba de hacer una película histórica seguramente Amenabar tendría que haber cuidado algunos detalles algo chirriantes como las misas dadas frente a la congregación, y no de espaldas, en un idioma que no era el latín (algo que sólo se produjo después del Concilio Vaticano II celebrado entre 1963 y 1965), la no mención a los trabajos astronómicos de Tales de Mileto cuando se habla de Aristarco de Samos (el segundo inspiró al primero...Tales fue el primero que habló de una Tierra redonda) y, por ponernos menos exquisitos, la aparición en la decoración de la Prefectura de una Loba Capitolina con, tachán, tachán, Rómulo y Remo amamantándose de sus pechos. Una concesión estúpida porque se ha puesto en duda que la loba sea en realidad etrusca, podría estar hecha en la Edad Media, pero, sobre todo, porque se sabe que las figuras de ambos niños fueron puestas ahí en el Renacimiento y fueron obra del escultor cuatrocentrista Antonio Del Pollaiuolo.

Esto último es lo de menos, en realidad sólo me hago el empollón, porque lo más importante es entender por qué narices ha todo el mundo Amenabar le sigue pareciendo un genio del cine cuando rueda unas películas tan bonitas pero donde es imposible saber hacia qué lado están canteadas lo que las convierte en películas francamente vulgares y en eso estoy completamente de acuerdo con las conclusiones de Jordi Costa.

Lo que más me sorprende es que una película tan blanda haya sido capaz de levantar tanta polémica. Como está el patio...

PD: Los momentos de las lapidaciones me han recordado a "La vida de Brian"...vaya una película que sí te demuestra que las religiones son un asunto estúpido y espinoso. Por cierto, no hagáis como yo y os riáis porque quedaréis fatal.

PD2: Consideraré a Amenabar un genio cuando sea capaz de rodar una comedia.