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martes, 10 de febrero de 2009

Vivos o muertos...en antena

Como en "Guía del autoestopista galáctico" (Douglas Adams) me tomo la noticia de que 500 delfines se han quedado varados en las costas de Filipinas como una señal inequívoca de que quieren abandonarnos a nuestra suerte y que todas sus morisquetas circenses eran otra cosa que una advertencia cifrada que no hemos sido capaces de entender y no un ejercicio gimnástico.

No me extraña después de lo que hemos visto en Italia estos días donde Berlusconi ha intentado confundir existencia y vida y reducir ambas al funcionamiento de la maquinaria del propio cuerpo, esto es, bombas, cables, líquidos, engranajes, impulsos...tripas. Somos tripas, ya ves. Yo más tripas seguramente pero somos tripas.

Después de lo que ha pasado con Eluana Englaro está más que comprobado que las películas sobre zombies serán condenadas por el Vaticano proximamente y que, cuidadito, que en caso de cumplirse mis peores pesadillas (la invasión zombie planetaria) a los que se le ocurra ponerle una mano encima a esos comecerebros se les va a perseguir con toda la fuerza de la ley. Digo yo que la vida de un "no muerto" (o sea que no está muerto) sea este "infectado" (mucho peor porque en ese caso no tendría ninguna culpa ya que solo sería un enfermito) o un muerto viviente de pata negra tendría el mismo derecho a arrastrarse por el planeta que tu y que yo.


No me extraña nada que el Vaticano defienda la existencia de la vida más allá de la supervivencia del cerebro. Hay mucho descerebrado entre nosotros que nace, crece y se reproduce sin ningún tipo de vergüenza y, aunque sus opiniones no sean las má aceptables, tiene derecho a seguir viviendo entre nosotros primero porque la Constitución así lo marca y después porque, al parecer, si te sigue funcionando el riñón y los pulmones puedes disfrutar de ciudadanía de pleno derecho.


Es lo que pasó con "La Vuelta al mundo" este domingo pasado donde vimos como unos cuantos trabajadores de eso que se llama Televisión no tuvieron empacho en demostrar hasta qué punto podía llegar el ser humano con tal de ganarse las habichuelas. Cuando la tele es muy mala le ponemos apellidos y así "¿Quién sabe donde?" (La Primera) se convirtió en "un espacio de servicio público", "Fama, a bailar" u "Operación Triunfo" son "una academia de artistas" y "Gran Hermano" es "un experimento sociológico". Adelante con los faroles.


La Noria se ha convertido en una sala de lo penal al tener acceso antes al testimonio de Violeta Santander o al de Julián Muñoz que los jueces y en DEC se insiste mucho a sus invitados en que ir al plató y contar sus cosillas les liberará del acoso de la prensa y les tranquilizará la conciencia, es decir, se te garantiza la posibilidad de psicoanalizarte públicamente enfrentándote a una especie de círculo de la verdad.


Ahora el programa de Antena 3, que no es más que una chunga amalgama de ingredientes de otros programas llamados OT, Pekin Express, Gran Hermano y...Espejo Público. En tanto en cuanto tuvo un casting televisado vergonzante plagado de personajes que nos hicieron recordar al chaval ese que cantaba el tema principal de Naruto como si estuviera puesto de caballo, viajes (los vimos pocos pero, al menos, sabemos que han trasladado a los concursantes a Venecia), nominaciones y unas reglas imposibles y, claro está, sucesos.


Sucesos porque uno de los concursantes, cuando era un adolescente, había matado a sus padres. La colada es evidente porque todo el mundo se olisquea que mantuvieron al tipo en el programa para arañar audiencia aunque yo no iría tan lejos porque, como todo el mundo sabe, la magia de la televisión se manifiesta de formas maravillosas (regala coches, da millones, trae al plató a familiares lejanos y queridos) y últimamente también de formas siniestras.


El caso es que un concurso también quiso mostrar que podía servir para rehabilitar públicamente a un ser humano. Una pena que este no se dejara y que no mostrara ningún arrepentimiento con frases tan poco acertadas como "Mi pasado está enterrado" o "pensaba que esto podría salir por culpa de algún energúmeno" y prefiriera salir por la puerta de atrás. En Atletismo a eso se le llama "liebre". Explícome: Si alguien quiere batir un record mundial en una distancia de más de 1500 metros se paga a una serie de atletas que animan la carrera en diferentes tramos en los que son especialistas (800, 1500, 3000...) y que se van retirando tras hacer su trabajo y que el verdadero especialista se haga con el ansiado record. En este caso los "frikis" (que suelen resultar molestos) o casos como el de este concursante (GH también ha utilizado a hermanastras y ex novios para el mismo propósito) sirven para mantener la audiencia y que el programa bata su propio record.


Me remito a las sacrosantas palabras de Edward R. Murrow en "Buenas noches, buena suerte" (George Clooney, 2005) cuando decía aquello de que la tele corría el riesgo de convertirse en un amasijo de cables si se le apartaba de su verdadero sentido...dejar la tele en manos de gente que no sabe utilizarla o que no le gusta, que piensa que la ausencia de profesionalidad o principios puede sustituirse con dinero es como pensar que existimos porque todavía nos funciona el hígado y no es el caso.


Hoy mismo Berlusconi o el Papa Benedicto, incluso los responsables de LVM, han podido tomarse un respiro de unos minutos y tumbarse sobre el cesped para mirar la forma que van tomando las nubes, masas de vapor de agua moldeadas por la acción del viento y de la luz del sol y que acaban pareciendo cohetes o gigantes cabezas de simio...puedes mirar todo eso y disfrutarlo y que se te pase por la cabeza hacer esto o lo otro, quedarte allí hasta que haga demasiado frío o, incluso, pensar como mejorar tu programa o la vida de los demás. Es la diferencia entre estar vivo y estar muerto, entre tener la conciencia tranquila o tener conciencia.