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lunes, 10 de noviembre de 2008

1 año y pico. Bloguer contingente y lectores necesarios


Resulta que el viernes este blog cumplió un año de vida…no puse nada porque no me acordé y segundo porque no tenía internet cerca. Soy de esa gente que se va a olvidar de asistir a su propio funeral que va a ser la única manera de sacarle provecho a este despiste. En Realidad pensé que no cumplíamos año hasta esta misma semana.


Pues eso, que hace un poco más de un año que me senté delante del ordenador para abrir este blog y resulta que todavía sigue abierto pese a que es la primera vez que me dedico durante tanto tiempo a un proyecto personal lo que le llena, de ese monárquico sentimiento, de orgullo y satisfacción.


Durante un tiempo me dediqué a escribir galas televisivas y programas de aniversario para un par de programas donde trabajaba y, la verdad, siempre me acaba pareciendo que tienen un poco la misma estructura, que se cae en los mismos tópicos, en las mismas falsas alegrías y en similares chistes y lugares comunes. No quisiera que fuera así…


Os quería dar las gracias a todos por venir por aquí a echar un vistazo y participar. En cierto modo, y aunque siempre hago lo que me sale de la Pita (pitadel) lo cierto es que intento gustar al ritmo que me doy gusto. Esto suena fatal, ahora que lo releo pero lo voy a dejar como está esperando que no hagáis demasiadas preguntas…

Tengo que acordarme de Pepelu Azcona que se ha convertido en mi Pepito Grillo y me grita de cuando en cuando eso de “Don´t let me down” para que no ceje en el empeño de seguir escribiendo todos los días, aunque sea detrás de una servilleta. Gracias a personas como él (Gloria, Marcos, Cesar…) se donde tengo que acudir si la realidad se comba y necesito otra pierna de más para volver cuanto antes al camino de losas amarillas.

Por lo demás no tengo mucho más que decir excepto que, en realidad, y pese a que en cierto modo he traicionado las motivaciones, las directrices y la forma en la que concebí este blog al principio lo cierto es que estoy muy contento de la deriva que ha ido tomando y que, aunque podría decir lo contrario, lo cierto es que estoy bastante satisfecho.
Sin otro particular que añadir os diría que me gustaría mucho muchísimo abrazaros a todos en grupo en este mismo instante (seguramente más a LAS insustanciales que a LOS insustanciales…cuestión de protocolo, claro). Ahora que releo esto suena un poco raro pero, bueno, normalmente ya sabéis que no releo y que no corrijo, sólo hago mi trabajo.

Pues eso que como decían los gañanes en la imprescindible Amanece que no es poco (José Luis Cuerda, 1988): “¡Alcalde, nosotros somos contingentes pero tu eres necesario!”. Invirtiendo los términos aquí los necesarios sois vosotros. En realidad ya con amanecer todos los días me conformo un poco.


Un abrazo enorme (os merecéis, cuanto menos, un piso de VPO en Parla).

sábado, 12 de julio de 2008

Aniversario


Hoy se cumple el quinto aniversario de mi primer y único secuestro con rehenes. Les cuento:

Verano de 2003. Eran las 10 de la mañana y salía de mi turno de noche en Paramount Comedy. Estaba hambriento y decidí comerme unos huevos revueltos con patatas fritas y una coca-cola en un VIP´S cercano. Mala decisión. El secuestrador, bastante torpe, llevaba unos vaqueros rojos y una camisa de rayas rojas muy finas también. Había entrado persiguiendo a una chica a la que le había ofrecido diez euros a cambio de sexo.

Aquel día entendí perfectamente el significado de la palabra rocambolesco: ¿Diez euros? ¿A una tía del barrio de Serrano de Madrid? ¿En qué país se pensaba que estábamos?
La chica no dejaba de repetir aquello de los diez euros completamente indignada. No se si el problema era moral y económico o ambas cosas. No estaba nada claro, pero se notaba, por lo menos, que no había feeling entre los dos. ¿Alguien se ha visto alguna vez en la tesitura de tener que tomar rehenes tras una cita y/o proposición fallida? Es posible que eso forme parte del cortejo en algunas culturas del Este de Europa pero, en España, somos bastante más clásicos.

El caso es que estábamos ahí. En medio de una tremenda discusión. Los seguratas del local pusieron pies en Polvorosa (más bien en Calle Ayala, muy cercana) dejándonos en una situación de vacío de poder impensable en una sociedad democrática y en manos de un desaliñado secuestrador. Yo estaba acojonado porque, como una semana antes, había visto como apuñalaban a un tipo en la Plaza de Colón y, la verdad, estaba comenzando a pensar que quizás Paramount no pagaba tan bien como para sufrir estos riesgos.


Un viejito a mi lado repetía que era cosa del calor, el verano de 2003 fue especialmente asfixiante y se sucedieron algunos episodios violentos como los que narro. El viejito también estaba indignado porque decía que un barrio tan señorial como el de Serrano no podía permitirse semejantes índices delincuenciales. Pensaría el señor que en Orcasitas los secuestros con rehenes y los atracos navaja en mano eran moneda de cambio común...


El caso es que entró la policía nacional personificada en dos jovenzuelos uniformados. Al ver entrar a la autoridad una señora dijo: "Estos no tienen huevos...". Con mucho desdén. "¿Huevos para qué?" pensé.


En ese momento sólo podía pensar en dos cosas: en el ruido que hace una bala al meterse en la cabeza de un señor y en si salpicaría como en las películas o un poco menos. Mal rollo. No eran ni las 11 de la mañana e iba a asistir a una película gore. En primera fila. Guay.

He de confesar que aquello se parecía más a los secuestros que salen en "Agárralo como puedas" (la saga) que a las de las pelis de acción. El delincuente pedía café y decía que no tenía la culpa de lo que estaba pasando y los policías le decían cosas como "tranqui, te vienes a comisaría y nos lo explicas, que no te va a pasar nada...".



Lo curioso es que uno miraba por las ventanas y se daba cuenta de que la vida fuera no se había parado, es decir, no había cordón policial, ni un comisario con un megáfono, ni tampoco francotiradores apostados en lugares estratégicos. Sólo estábamos el rumano mal vestido, diez o doce clientes, los currelas del VIP´S (menos los seguratas) y dos policías que parecían tener poca paciencia. ¿Qué mierda de secuestro con rehenes era ese?


La negociación del chiflado comenzó cuando este tiró un par de platos al suelo y levantó el cuchillo encima de su cabeza. Al parecer, haciéndose (más) el loco, conseguía llamar la atención de los uniformados que comenzaron a tomárselo en serio.


-"A ver, cuéntanos que ha pasado".


La ofendida vecina contaba desde el fondo lo de los diez leros. Había cachondeito con el tema y se escapaba alguna sonrisilla. La mía, entre otras. Esa risa nerviosa que me ataca en los momentos clave, en las cumbres del dramatismo, en entierros y secuestros con rehenes descubrí aquel día.


-"No he hecho nada, mentirosa".


Decía el delincuente ofendido para luego volver a hablar en rumano...quizás ella entendiera mal y el tipo le ofreció una cantidad más jugosa...echémosle la culpa a una "lost in traslation" típica o que todavía no estábamos tan acostumbrados a la nueva moneda paneuropea...
-"¿Y se puede saber entonces qué hacemos aquí?" Decía el otro policía.
-"Quiero volverme a Romaniaaaaaaaaaaaaa".

-"¿Quieres irte de verdad? Pues ven con nosotros y te llevamos..." decía el policía.

Pero, entonces, el asunto un cariz más dramático.
-"Quiero irme a Romania....y un trabajo...".

-"Vale, pero tienes que venir con nosotros..."

Y volvía el enroque. "Que no, que no" decía el secuestrador que, es posible que no supiera que ofrecer dinero (y más una pírrica cantidad) podía ofender a una dama pero había visto las suficientes pelis para entender que, aquello, podía reportarle algunos beneficios.
-"No quiero trabajo..."

-"Pues vale...¿Entonces?"
-"Quiero dinero y un helicóptero para irme a Romaniaaaaa".

Juro que se hizo el silencio. El silencio que acompaña a los giros inesperados de la vida y que suelen romper en carcajadas o en lágrimas. Uno de los policías se rió. Quizás pensando que ninguno de los que estábamos allí valía un bonobus (menos seguramente la señora que dijo que "no tenían huevos") o quizás descubriendo que aquello se iba a solucionar por la vía rápida. Los rehenos comenzamos a movernos incómodos en nuestras sillas, con fastidio, la señora, tán crítica, dijo: "Este es un iluso...". Tenía razón. Yo me encendí otro cigarrillo, miré hacia una de las puertas de cristal, cogí mi mochila y, en actitud de hacer un sinpa (estaba como a quince metros de la acción) me levanté y salí sin hacer ruido ante la mirada estupefacta de policía, secuestrador y rehenes. Detrás de mi salieron otros muchos. Sin abonar la cuenta, por cierto.

Afuera un coche de la policía municipal y un par de nacionales. Nos preguntaron que cómo iba todo. Dijimos que bien. Salimos ilesos y en el ABC, al día siguiente. Poco más.
Volví a mi casa y abrí la puerta. Llegué a la una, más o menos, me metí en la ducha y aparecieron los otros tres Manson (padre, madre, hermana) que se habían venido a Madrid a celebrar el cumpleaños de mi padre en familia. Tal día como hoy. Hace cinco años. Un 12 de julio. Fue el último que pasamos los cuatro juntos y también el último en el que sufrí un secuestro.

-"¿Y que tal tu por Madrid?"
-"Lo normal, hoy me ha secuestrado un rumano, en el VIPS de Serrano". Dije.
-"Joder, ¿Es que a ti no te pueden pasar cosas normales?".