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domingo, 3 de abril de 2011

Un blog "chanchi": El otro lado de la política


No suelo hacerlo (aunque no se por qué) pero hoy voy a recomendar un blog. Es un blog estupendo que va de estética y política o, mejor, de la estética de los políticos. Ya, ya, ya se que todos ustedes se toman muy en serio el asunto y que les parece baladí analizar sesudamente el look de unos cuantos funcionarios públicos pero, la verdad, la autora de la bitácora (la cántabra Patri-cia o Patricianuro) hace lo mismo que los políticos nos hacen todos los días a nosotros: perderles el respeto. Se llama "El otro lado de la política". 

Para no desmerecer ni un poco diremos que su autora es una persona muy informada sobre política solo que ha decidido informar de la misma desde un punto diferente lo que demuestra que hacer humor conlleva, en la mayoría de las ocasiones, conocer al objeto de la broma al dedillo...incluso mucho más que algunos pretendidos periodistas políticos que se han pensado que su profesión se trata, única y exclusivamente, de ejercer de cheerleader de un determinado partido político y sustituir la información por un "alabim-alabam" que da un poco de vergüenza ajena. 

En un país donde la ironía y el sarcasmo han sido debidamente arrancados de la crítica política y donde se nos invita con malos modales a no hacer bromas de las cosas serias porque unos señores incapaces de coger un chiste y sin sentido del humor han decidido de antemano lo que es serio y lo que no, no deja de ser sano y agradable darse una vuelta por lo aparentemente banal y, desde ahí, rascar hasta el fondo de la superficie. Suena también, estupendamente por cierto, que alguien sepa cogerle el pulso así a un asunto y sea capaz de hacer coña con la política sin necesidad de acudir a los tópicos del humor español sobre políticos que tienen que ver, básicamente, con el degüello partidista, con una especie de revisión de los chistes de Lepe pero cambiando a los habitantes de dicha localidad por el nombre de este o el otro político. 

Es posible, también, que no sea un chiste, que no sea una broma, y que todo esté escrito muy en serio. No tengo ni idea pero, sinceramente, ahora que se acercan las elecciones europeas yo le pediría a todas las publicaciones de este país que le intentaran hacer un hueco a este blog aunque solo sea por, de verdad de la buena, incorporar algo de interés que no tenga que ver con los chistes de sal gruesa que normalmente despliegan. 

Yo me suelo volver mono diciendo que la superficie de las cosas es importante para conocer su interior y no suelo tener mucho éxito...la autora de este "El otro lado de la política" lo tiene. Como dicen por ahí: "hazte fan".

Nota del Insustancial: Creo que alguna vez he contado que "You are my sunshine" fue escrita por uno de los políticos más chocantes de la historia de los políticos chocantes, Jimmi Davies, que sirvió como gobernador del gran estado de Louisiana en dos legislaturas diferentes (1944-1948 y 1960-1964). Esta versión, de las muchas que la canción tiene, está interpretada por Ray Charles compositor de "Georgia on my mind" que en 1979 fue nombrada por el estado de Georgia como su himno oficial. Política y tal...creo que colaba aquí...

miércoles, 2 de marzo de 2011

Nazis, cosas de nazis, verdaderos nazis.


La edición de "Hitler=SS" un comic firmado por los franceses Vuillemin, Gourio y Gondot tiene el sospechoso honor de ser la única edición impresa de la democracia en nuestro país. Fue publicado por la editorial "El Víbora" y era, nada más y nada menos, que una recopilación de las tiras del mismo nombre originalmente publicadas en la mítica revista francesa Hara-Kiri en la década de los 80. Tras la denuncia de la asociación B´Nai B´rtih y la Amical de Mathausen  Damian Carulla, responsable de la editorial, fue llevado a juicio y perdió de tal forma que no se puede ni reproducir, ni vender esta obra en nuestro país desde los años 90. 

En Francia, tras tres juicios, "Hitler=SS" se puede editar y vender pero su reproducción en su formato original (tiras) en cualquier revista está prohibida y se puede vender pero no se puede exponer en un escaparate o tenerla a la vista del público. 

Cuando en los años 90 se produjo el escándalo yo tenía, decorando la carpeta, una historieta de Vuillemin en la que un neonazi bajito y listo le intentaba enseñar a un neonazi enorme e idiota como dibujar con una brocha una esvástica en una pared. La historia me hacía gracia por diversas razones pero, sobre todo, porque por los lugares donde me movía corría un chiste parecido de boca en boca: ¿Cómo pueden los  rapados escribir en las paredes con tantas faltas de ortografía? Cada dos por tres te encontrabas eso, una esvástica mal dibujada decorando un "¡AIL HITLER!" enorme y, un poco más abajo, otra esvástica de tamaño regular y un "¡VIVA FALANJE!" monísimo. Cuando estaba en el Instituto, en el primer instituto al que asistí, un compañero de clase llamado Adolfo (aunque no se lo crean había gente en nuestro país que le ponía ese nombre a sus hijos en honor del nazi de todos los nazis) me dibujó amorosamente una esvástica retorcida pero primorosamente tallada con la aguja de un compás y una leyenda que decía "BASES AUNTONOMAS" con su simbolito -una cruz celta- en el pupitre. 

Siempre me pareció absurdo que se persiguiera  Vuillemin en nuestro país cuando, curiosamente, nuestro país ha sido escondite de muchos nazis. Leon Degrelle, conocido como Tintín o Pequeño Hitler, vivió entre nosotros recibiendo todo tipo de homenajes muy poco velados de diversos correligionarios siniestros (comidas en restaurantes de El Pardo haciéndole el "pasillo chino" con el brazo en alto) y nunca hemos prohibido la edición de "Mein Kampf" (se sigue imprimiendo en nuestro país en varios idiomas para que pueda venderse de tapadillo en otros países). Es más, ni la parafernalia nazi está prohibida, ni tampoco está prohibida la parafernalia franquista que, a día de hoy, sigue vendiéndose con toda tranquilidad y sin ningún freno al igual que se permite el ejercicio revisionista de nuestra historia y, de hecho, hay autores y cadenas de televisión enteras dedicadas a ese revisionismo por el que reciben unos crujientes beneficios. 

A mi memoria vienen, vía Grace Morales, las historias del viejo aquel que vendía rollos nazis en la Plaza del Rastro de Madrid y cuyo tenderete era banderín de enganche de jóvenes cachorros ultraderechistas, punto de encuentro de nostálgicos y del niñerío habitual del Rastro que nos acercábamos hasta allí para ver gorras, insignias y todo tipo de bajoneces hitlerianas. Es más, hoy mismo, en la zona de Goya, en la entrada subterránea del clausurado "Pick Up" todavía existe un puestecillo donde se pueden encontrar desde cachondísimos DNI falsos de Franco, José Antonio y Tejero, pegatinas con el agilucho y otros objetos de memorabilia como esas teles de plastiquete que son visores de diapositivas que reproducen escenas de El Pardo o el Valle de los Caídos.

En un conocido restaurante especializado en cocido madrileño, hasta hace pocas fechas, el camarero te ponía en la mesa un vino&Gaseosa cuya botella llevaba ora la foto de José Antonio ora la foto del General Franco con el siguiente chiste: "Aquí solo se consume vino nacional". Ja, la risa. El cocido, por cierto, cojonudo, el vino peleón y malo como ya podrán ustedes entender. 

Es más sangrante, volviendo a las publicaciones, que el cómic MAUS de Art Spiegelman o la novela "El pianista del gueto de Cracovia" de Wladislaw Spilzman fueran miradas con lupa por algunos sectores de estos bienpensantes (quien dice algunos sectores dice "unos señores" como bien apunta Minchinela en el episodio de Reflexiones de Repronto "Llorar y llorar") por contener una crítica abierta a algunas personas judías que colaboraron con el nazismo formando parte de los órganos de gobierno y control pseudopolicial de los distintos guetos. Es normal, a nadie le gusta quedar como el malo de la historia (aunque sea por haber intentado salvar el pellejo frente a la barbarie) y, sobre todo, formar parte de ese grupo de "malos" que sobrevivieron al Holocausto frente a los "buenos" que fallecieron por estar mucho menos predispuestos a la supervivencia y a las malas artes que la misma conlleva como decía Viktor Frankl en "El hombre en busca del sentido". 

Muchas veces me he preguntado si esa conclusión de Frankl no arrastra consigo toda la mala conciencia del superviviente de la catástrofe que atormenta más a la víctima que al verdugo que siempre puede escudarse en la obediencia, el deber o, simplemente, la convicción de que obraba en conciencia o siguiendo los parámetros éticos y políticos de la época que le tocó vivir. Paradójicamente nuestro esquema mental parece más predispuesto a acatar la autoridad de forma ciega (aunque solo sea de forma transitoria) y, sin embargo, nos hace pensar en la supervivencia como en una decisión repleta de condicionamientos morales contradictorios. 

El humor, claro está, es una elección, como la supervivencia, a lo mejor uno de los condicionantes de la supervivencia, y por ello puede ser vapuleado con mucha más alegría que la política que, de algún modo que no llego a entender, se establece como algo intrínseco e indivisible a nosotros, algo que delimita nuestro comportamiento y nuestra visión del mundo. Como parte, por tanto de nosotros mismos, es intocable y del todo respetable, al parecer. 

Un chiste, bueno o no, siempre es una especie de distorsión y lo entendemos como tal. Cada vez más. Nos preocupamos porque el chiste tenga su momento y su lugar, por aislar esa distorsión en la comunicación, ese interin entre dos cosas importantes, a unos momentos determinados. Convendremos que, con cada vez más insistencia, se nos pide que colguemos nuestros chistes en el planning diario a una hora y en una fecha predeterminada para poner a los demás sobre aviso de lo que van a tener que soportar. Dentro de poco se nos invitará a avisar, antes de contar nada gracioso, sobre la naturaleza y la categorización moral por edades del texto de la broma para que los demás puedan prejuzgar si esta es adecuada o no. 

En los Estados Unidos de América la cadena HBO tuvo sus primeros éxitos ofreciendo íntegros los espectáculos de Richard Pryor que, hasta la fecha, solo podían ser ofrecidos en LP de vinilo o en cinta. Ninguna cadena se sentía lo suficientemente fuerte como para ofrecer un material cómico que hablaba sobre racismo, sobre relaciones sexuales interrraciales o consumo de drogas ni siquiera en unos horarios en los que los infantes estuvieran ya a años luz del "un globo, dos globos, tres globos". Carlin, Chapelle, Rock, David, Mooney y otros tantos han sido invitados especiales de la cadena americana para ofrecer estos shows de stand up sin pitidos, sin cortes y sin censura. El que quiera escuchar chistes disonantes o poco adecuados, moralmente ambivalentes etc. tiene que pagar por ello. 

La moralidad, sí, la moralidad de las nuevas relaciones sociales que se está estableciendo en Internet arrastra, por muy nuevas que se digan que son, la misma asquerosa moralina de antaño, es más, esta vuelve con más fuerza pero con nuevas etiquetas. Etiquetas delimitadas por la comunidad. Ohhhhhhhh. La comunidad. ¿Qué coño es la comunidad? ¿Qué narices es eso? ¿Qué consejo de ancianos la dirige? ¿Quien marca lo que se puede o no se puede decir? NADIE lo sabe pero está ahí, tan presente...

Esa comunidad, la de los internautas ciudadanos, es la que parece que exige que el humor sea lo menos disonante posible, que se mantengan las formas, que se observen al milímetro las reglas del juego...¿Cuáles son las reglas? Nadie lo dice pero, esperen, la moralina, espesa, negra y densa se expande a tal velocidad que da un poco de miedo. No molestar a la comunidad para no ser expulsado de la misma es algo que, necesariamente, tiene que acojonar a alguien que vive socialmente en dicha comunidad por muy virtual que esta sea. Eso es así. Cuanto más tiempo permanecemos en ella más nos damos cuenta de que es necesario ajustarse a las normas. Lo curioso es que todo el mundo, todo, todo, todo el mundo se niega a reconocerse como parte de dicha comunidad, se niega su existencia. Lo más sorprendente es que ya no se necesita gente que, haciendo el papel de uniformado, gestione de ningún modo a la comunidad porque son los miembros de la misma (incluso los que niegan su existencia) los que vigilan a otros miembros dan al botón de "me gusta" o no, monitorizan los comentarios, avisan de las disonancias y, sobre todo, de los comentarios a perseguir, de los párrafos a castigar y de los usuarios a los que expulsar. Ummmmmm, ¡CRIMENTAL!

Hagan la prueba y escriban, sin ironía, que están a favor de la Ley Sinde. Ya verán si la comunidad se les aparece o no. Digan que compran discos de Pau Dones o, mejor, que les cae bien. Digan que consumen cine español. Así, a la brava, sin poner iconitos. Ya verán, ya. 

Volviendo a los nazis y a las cosas de nazis, lo último ha sido lo de ese diseñador de moda llamado John Galliano. Diseñador de carrera brillantísima, tío hecho a sí mismo y crecido en el exceso estúpido de la moda 80-90 (Muglier, McQueen...) era una especie de Dios de la moda. Es más, nadie pensó que una marca tan elegante como Dior pudiera contar con semejante "locatis" como jefazo supremo. Posiblemente Galliano no tendría cabida en una empresa de seguridad pero, claro, en el mundo de la moda sus desplantes, chifladuras y demás excesos artísticos y sociales han sido recibidos con la alegría de un mundo que genera millones de euros en beneficios al año y se basa en lo pasajero, lo vacuo, lo mamarracho y lo estridente. No se me ocurre mejor personalización y a la vez mejor caricatura del rollo ese de la alta costura que el propio John Galliano, un chiflado que desfila vestido de torero, es definitivamente del club del pepino y viste como si abriera la ropa del armario todos los días y se tirara en plancha dentro para bajar a la calle a comprar el pan con cosas rarísimas puestas encima. El caso es que, al parecer, pues el hombre le pega un poco al morapio. Nada en contra, Galliano (aunque solo sea por su genética gaditana y gibraltareña) debe de estar predispuesto a la fies y tiene pinta de montárselo bien, de saber liarla, de ser el prota de un buen sarao. 

El pobre ha tenido la mala suerte de caer en una de esas trampas tan chungas que nos permite la tecnología: la camarita del teléfono móvil. Estaba el hombre tomándola en una terraza y vestido de Galliano cuando, evidentemente, es importunado por una gente que tiene alrededor y, visiblemente, mamado no se le ocurre mejor cosa que decir "Adoro a Hitler" para luego añadir un "tus padres y tu estaríais muertos" y luego un "el único problema que tengo con usted es que es fea". No esperaba otra cosa de Galliano, un tipo tan acostumbrado a la belleza, que vive en un  mundo donde lo estético manda, que acuse a los demás de ser feos como si esto fuera el peor de los pecados. Lo normal es que alguien hubiera tenido en cuenta las circunstancias del momento, que alguien pudiera haber podido sopesar que no lo estaba diciendo en serio, que estaba borracho o que le estaban tocando los cojones pero...¡no! lo interesante es que un tío famoso ha dicho que Hitler mola. 

Al final, la disonancia es recogida por la prensa y Dior, escudándose en el comentario, decide despedir al diseñador de ropa lo que, sinceramente, suena a buena excusa para quitarse de encima al personaje tras, me imagino, más de uno y más de dos incidentes de esos que provoca la gente que bebe mucho. No hay más que ver la estampa de un tipo famoso, solo, sentado en una terraza elegantona de un café parisino, vestido como un mamarracho, completamente ido y diciendo incoherencias para presuponer que A) no está pasando por un buen momento B)Tenía un día malísimo. 

¿Se puede pensar qué, de verdad, Galliano es un nazi? ¿Que ha leído "Mi lucha"? ¿Que militaría en un partido de ultraderecha? Es más: ¿De verdad sabe Galliano quién era Hitler? ¿Está al tanto?. No me lo creo, de verdad. Y el problema no es que yo me lo crea, es que tampoco se lo cree ni el SUN que es el periódico que ha publicado el vídeo de la discusión, ni los señores de la casa DIOR ni nadie que esté en este mundo y que conozca un poco al personaje. El problema es que todo esto es secundario: lo importante es lo otro, lanzar el conveniente mensaje de que no debemos decir ciertas cosas en público, de que no debemos importunar a los demás, de que debemos de ser políticamente correctos, no molestar porque...si un señor famoso y con dinero puede ser descabezado imagínense ustedes. La guadaña está levantada y los talibán de la moral les esperan a la vuelta de la esquina. Me imagino cuantos de ellos serán verdaderos nazis dispuestos a quitarnos el derecho a actuar como nos marque nuestro entendimiento. 

Nota del Insustancial: "(Don´t fear) the reaper" es una canción del grupo Blue Oyster Club que vio la luz, por primera vez, en 1976 y se convirtió en una clásico instantáneo. Habla de no tener miedo a la parca, yo les invito a ustedes a no tener miedo a expresar sus opiniones como les salga de las narices....ah, pero no me vengan con mierdas nazis, no las soporto. 

NOTA DEL INSUSTANCIAL 2 : A día de hoy, todavía, ningún medio ha pedido perdón a Nacho Vigalondo por lo de su polémica...la vida es así. 

lunes, 20 de diciembre de 2010

Cuestión de adjetivos (diga no a los gurús y a los analfabetos funcionales)


Habíamos trabajado mucho. Cuando quiero decir mucho quiero decir muchas horas y muy bien empleadas...de hecho habían estado tan bien empleadas que ya teníamos los síntomas del agotamiento físico y mental: estás crispado y, de pronto, todo parece un mundo pero, al segundo siguiente, lees una receta de cocina y comienzas a descojonarte porque la palabra "sofreir" te parece la monda. Era como tener el cerebro hecho de algo mullidito, sí, esa es posiblemente la mejor descripción notas que la cabeza se te queda por dentro como acolchada, como si estuvieras más ligero. 

Pónganse en nuestro lugar: como 9 o 10 personas con esa sensación sobre los hombros, hartos de comida basura deglutida a toda leche en la misma mesa de trabajo, fumando un cigarrillo tras otro y soportando el tirón con coca-cola y alguna cerveza furtiva. 

No era el peor panorama posible que había visto en lo laboral. Unos años atrás había estado montando efectos especiales con un equipo durante unas 40 horas seguidas en una vieja nave industrial a la que le faltaba como la mitad del techo. Aquella noche, una de las chicas del equipo estaba tan derrengada que le atacó el "síndrome del cerebro mullidito" y se curró una especie de suite nupcial con cartones y unos plásticos industriales. Supimos que había triunfado y que el habitáculo era una bicoca cuando, al transcurrir la hora que quería dormir fuimos a despertarla y nos encontramos con que estaba abrazada a un perro abandonado lleno de pulgas que se había colado allí para calentarse un poco. Lo peor fue que el perro se puso bastante pesado con que no la despertáramos y nos enseñó sus dientes amarillos varias veces. Al final el perro salió de allí (a cambio de unos cuantos trozos de bocadillo que rescatamos de la cena) y sacamos a la chica completamente dormida y diciendo: "Joder, huelo como si me hubiera restregado con un perro". Unas risas....y una pena...

El caso es que, pese a todo, en aquella redacción apestaba a agotamiento que es el olor a perro del oficinista. Serían como las 21 horas y seguíamos con el trabajo a media hacer. Era normal. Siempre estábamos con el trabajo a medio hacer pero, al menos, lo cierto es que habíamos conseguido entregar a tiempo dos maquetas diferentes de la revista. Una maqueta, o número cero, es una publicación que se hace para saber por donde van a ir los tiros de lo que va a salir al kiosco. Pese a que pudiera pensarse que es una especie de trabajo absurdo (una revista que nadie va a leer) lo cierto es que cumple muchos objetivos: sirve para que la gente pueda hacerse una idea de donde se mete, sirve al departamento de publicidad para ir por ahí mostrando el lugar donde van a insertarse las páginas de publicidad y también, como no, para que el material sea examinado bien por expertos en la materia a los que las editoriales pagan un montón de pasta por dar su opinión y como material de trabajo para llevarlos a esos test donde un montón de futuros lectores dan su opinión sobre si comprarían algo así o, mejor, porqué no comprarían una revista así y que mejoras le harían. 

Me imagino que, por aquel entonces, nuestro jefe supremo también estaría ya sufriendo el síndrome del "cerebro mullidito" y no tuvo mejor idea que colocar una reunión con un señor que presentó como "asesor editorial" a eso de las 21:30 horas. Digamos que, el tío no era la alegría de la huerta, y que se gastaba un look entre el de un psicólogo de una película americana, un profesor universitario de un telefilm y hablaba como cantidad de despacio y cantidad de bajito. Hay gente que cree que por hablar despacio está cargada de razones (yo creo que una gilipollez es una gilipollez independientemente de la velocidad que se utilice) y lo del rollo hablar bajito no es más que un truco bajonero para intentar captar la atención. Ahí tengo también mis dudas porque si es un truco que, difícilmente, le funciona a un maestro en una clase de alumnos de 9 años es posible que, entre adultos, tampoco sea una medida demasiado disuasoria. Si, encima, es entre adultos que se han pasado los últimos dos meses trabajando como si estuvieran en una mina de sal y que, están tan reventados, que apenas pueden escucharse entre ellos es posible que la cosa comience con un "¡habla más alto, por favor!" desquiciado que fue contestado con un "por favor, no fuméis en la sala porque tengo la garganta mal y esto se llena de humo" proferido por el visitante. Aquello llamaba a la rebelión absoluta. 

Teníamos frente a nosotros a una persona que llevaba la ropa limpia, quizás no con un look guay, pero sí limpio. Calculaba que había desayunado y comido bien, se habría hecho su sobremesa, su tacita de té o de café...es más olía como si se hubiera duchado como dos o tres veces en lo que iba de día y, es más, se movía al ritmo parsimonioso y educado que roza la cursilería, del que cree profundamente en que el equilibrio interior está en esa serie de gestos de mayordomo oriental que van como a 16 RPM. Frente a él, una tribu de oficinistas resentidos con su destino de galeotes, sudaos, malcomidos, con el estómago ardiendo por el chino, la hamburguesa y las bebidas gaseosas, los ojos hinchados, las manos temblorosas por la falta de fumeque que, a esas alturas, ya había conectado tan bien que se comunicaba por gruñidos ininteligibles y se movía con alegría entre el caos. Lo teníamos claro. De alguna manera extraña percibíamos que el olor de ese tío era, en definitiva, el enemigo. Su impresión de nosotros no tuvo que ser mejor, la verdad. 

El tipo eligió como al azar el último de los "números cero" que habíamos terminado (hecho esta vez en papel guay y con la medidas exactas para su impresión) y comenzó a hojearlo. En silencio. Pasaba las hojas como con desgana, mirando arriba y abajo las páginas como si estuvieran llenas de noticias malas, de noticias horribles. Todavía sin hablar y con uno de los puños sujetándole el mentón intercambiaba una especie de comentarios por lo bajini con nuestros jefes supremos que intentábamos escuchar. Nada, cero, más nos hubiera valido habernos traído un perro pulgoso a la reunión para que escuchara aquel discurso inaudible y catastrofista. 

Finalmente, levantó la cabeza, nos miró, se ajustó las gafas metálicas, tosió un poquitín y emitió su veredicto: "Vuestro trabajo es grotesco". 

Aquello, de pronto, fue como una de esas películas de acción en la que alguien tira una bomba y el universo entero se congela. Después la vida se aceleró un tanto y comenzó a escucharse un "¿quécómocuálestoquecojonesquieredecir?" y sobrevino una especie de aullido feroz. Este que escribe dijo que aquello era un insulto y se llevó una reprimenda del carajo y lo que vino después fue una especie de nuevo berrido tribal. Ante el berrido tribal vino una pregunta reformulada: "¿Puedes decirnos qué significa para ti "grotesco"? 

Ni que decir tiene que el tipo no supo contestar a tan sencilla pregunta, venga estírate sobre el significado de un adjetivo que estás usando a ver si yo me aclaro de lo que quieres decir...nada, no hubo manera, lo más que llegó a explicar era algo así:
-"A ver, ¿Estamos todos de acuerdo con qué significa grotesco, no? Pues a eso me refiero". 

"Grotesco" significa "Ridículo, extravagante o de mal gusto" . No supo verbalizarlo. 

El caso es que estuvimos reunidos con aquel hombre, bueno, estuvimos intercambiando pedradas con él como dos horas sin que no supiéramos muy bien ni para qué había venido, ni qué razones tenía para demoler el proyecto entero. El tipo se largó después de aquello y, ni que decir tiene, que tras la caótica reunión pedimos unas pizzas y seguimos trabajando con un retraso en nuestro planning de dos horas exactas. Si no recuerdo mal se le despidió con un sonoro desprecio y, a cambio, nos dejó una especie de órdenes que nos aseguraban una especie de éxito seguro. 

1. Un recomendación para la portada. 
2. Una reducción sintomática de lo que llamó "artículos de mal gusto". 
3. Una sugerencia sobre un cambio de formato a otro más pequeño con unas medidas exactísimas, sorprendentemente exactas.

A los pocos días todos los cambios se tornaron absurdos y futiles: la portada sugerida como la de éxito sufrió la puntuación más baja en los test de futuros lectores, los artículos que pidió que suprimiéramos fueron los más aplaudidos y, curiosamente, las medidas recomendadas eran completamente imposibles de llevar a cabo en una imprenta como la nuestra. 

¿Qué hubiéramos sacado en claro de haberle hecho caso? Hubiéramos fracasado estrepitosamente pese a que el aplomo y la calma que utilizaban garantizaban un total y absoluto éxito. Vaya. Aquellos fueron los primeros días en los que escuché la palabra "gurú". Antes solo lo había escuchado para referirse a gente chiflada como el Maharisi Yogui o Sai Baba, ya saben, santones hindúes pero, aquellas fechas, resultaron reveladoras puesto que me enteré de que por los USA comenzaban a hacerse famosos los asesores, consejeros o, también llamados, gurús que con su trabajo aumentaban las posibilidades de éxito de cualquier empresa. También fueron aquellos los días en los que prometí ponerme al abrigo del primer bunker nuclear en cuanto escuchara la palabra esa de "gurú" o me presentaran a alguien que dijera que tenía esa profesión. 

Lo que sí me sorprendió de todo aquello no fue tanto el hecho de que aquella persona, evidentemente, demostraba no conocer para nada el paño con el que estaba trabajando y que, me imagino, que se marcaba el sencillo objetivo de dar una serie de leves directrices marcadas por sus gustos y otras que, directamente, eran una especie de plantilla base que aplicaba a cualquier revista fuera esta de cine, gastronomía o punto de cruz. Luego, la experiencia, me ha ido revelando que estos asesores o gurús suelen tirar de esas cosas que se llaman "hojas de ruta" previendo que todos los problemas pueden solucionarse siguiendo un protocolo estrictamente parecido en todas las situaciones dadas. ¿Se imaginan si el mundo funcionara así? Sería facilísimo. Desgraciadamente la experiencia también me dicta que el gurú es mucho mejor cuando habla que cuando calla. Siempre puedes hacer justamente lo contrario de lo que dice, que fue nuestro caso, y seguir tu camino tranquilamente. 

En todo caso me quedo con el hecho de que alguien que trabaja con palabras no sepa definir ajustadamente el significado de un adjetivo como "grotesco". No digo que la gente tenga que llevar un diccionario en la cabeza y saber todas las palabras del diccionario pero, si es verdad, que nos comenzamos a acostumbrar al mal uso de ciertos adjetivos. A mi me pasa con la información, con el ejercicio de la información, las noticias están llenas de errores de bultos a este respecto. Échenle un vistazo al uso que una redactora del telediario de TVE daba hoy, en la edición de las 15.00, del uso del adjetivo "caótico" en esta frase: "El tráfico aéreo europeo está en una situación caótica debido al fuerte temporal". Veamos que significan "caos" y "caótico": 

CAOS: 
  1. m. Estado de confusión y desorden en que se hallaba la materia hasta el momento de la creación del cosmos.
  2. Confusión, desorden. 

CAÓTICO:
  1. adj. Del caos o relativo a él.
  2. Desordenado, confuso

Lo mejor es que en las imágenes de la pieza se veían aeropuertos ingleses con unas imágenes de calma chicha y, lo que es mejor, las camas que las autoridades de dicho país habían dispuesto para las personas que se habían quedado atrapadas por el temporal así como otras medidas de socorro como garantizar la comida o la higiene de esas personitas. Algo bastante alejado de, por ejemplo, las imágenes de pasajeros dejados en tierra por Air Comet moviéndose por el aeropuerto sin saber a quien reclamar. Eso si parecía un tanto caótico. 

"Caos", "Desastre", "Apocalíptico", "Tragedia"  y en un aspecto positivo frases hechas como "Obra maestra", "Lo mejor del año", "Lo mejor de la temporada" son utilizadas hasta el límite de que pierden por completo su significado y, lo peor, deforman de forma evidente la realidad de las cosas poniéndolas en un plano completamente diferente. Como decía Gato Pérez "se fuerza la máquina" de la lingüística hasta límites insospechados para darle importancia a cosas como que los aeropuertos se cierren en invierno por unos días lo que es, teniendo en cuenta las fechas, una cosa bastante normal. Utilizamos adjetivos altisonantes para que nos presten atención, para obligar a los demás a girarse en nuestra dirección. Mal asunto. 

Nota del Insustancial: The Hives son un grupo de Fagersta (Suecia) que le dan al sonido garajero como se debe hacer, es decir, con elegancia y aspereza. Su "Hate to say I told you so" (Odio decirte que ya te avisé) es una canción incluída en su mítico "Tyranosaurus Hives" (2004) resulta cercana al tema tratado. Bueno, un poco...

domingo, 6 de septiembre de 2009

Recortes de Maternidad


Un tío mío definía los "recortes de maternidad" como aquellas partes inmundas del cerdo con las que, a su juicio, estaban hechos los embutidos industriales de las marcas más conocidas del mercado. Como el término era repugnante e impactante pronto lo acogimos en casa aludiendo a cualquier cosa de sospechosa procedencia y calidad como "recorte de maternidad" pero su significado ha ido cambiando hasta el momento actual en el que nos referimos a los dichosos "recortes" como a esas raciones pequeñas de comida con las que se confecciona una cena a base de restos que en otros sitios más finolis o con estómagos menos duros se conoce como "picoteo".

Estos son algunos temas que no parecen poderse desarrollar como una entrada pero que, en revoltillo, sirven para salvar al expediente. No se me empachen.


-Le preguntaron a Abel Ferrara cuál era su opinión sobre el remake que Werner Herzog iba a estrenar en la Mostra de Venezia de su película Teniente Corrupto (1992). Contestó que "esperaba que todos los responsables se quemaran en el infierno". Herzog es una de esas personas que no hace más que buscarse líos con desequilibrados: en los 70 y 80 con Klaus Kinski y ahora con Ferrara que es ex alcohólico, ex yonqui y un tipo obsesionado con la simbología mística católica que en el pasado tuvo serios problemas de autocontrol. Ha reconocido muchas veces que lo que más le gusta es retratar las vidas extrañas de los demás y por eso atrae sobre sí todo lo raro como, por ejemplo, esto:



Nada más y nada menos que ser disparado por un tipo armado con una escopeta de aire comprimido en medio de una entrevista que le estaba concediendo a un programa de la BBC y, cuidadito, llevárselos a su casa, concederles la entrevista y luego, muy tranquilamente, irse al hospital por si el asunto es grave. Por cierto que yo prohibiría todos los malditos remakes y todos los director´s cut. Excepto Match Point (Woody Allen, 2004) .


-Anoche vi el programa que Garci tiene en Telemadrid para intentar conciliar el sueño. Imposible. El decorado es un forillo que parece un decorado del Foster´s Hollywood y delante de él Garci sigue teniendo la misma cara de señor que se acaba de comer un bocadillo de sardinas y tiene las manos aceitosas pero no quiere que nadie se de cuenta. El programa se llama "Cine en Blanco y Negro" pero en la mesa de Garsi se lee "CINEn BN" o, sea, que Garci le hace un guiño a toda esa generación de personas que han aprendido a escribir con los SMS del móvil en lugar de con la cartilla Palau. Chocante que ponga una bibliografía para documentar de donde ha sacado los datos de sus repasos sobre lo que pasó en el año que se estrenó la película que se emitía que era "Un lugar en el sol" (George Stevens, 1959). Cuentan una gran anécdota: Tom Cruise llama a Cameron Crowe para decirle que quiere hacer una versión de dicha peli. La ven juntos y les parece insuperable y absurdo hacer un remake...no piensan lo mismo de "Abre los ojos" (Alejandro Amenabar, 1997) y hacen "Vainilla Sky" en 2001.

-Matthew Robson, un chiquillo de quince años, revoluciona la firma Morgan Stanley con un informe sobre medios en el que asegura que los niños de su entorno prefieren facebook a twitter, no leen el periódico, prefieren los aparatos sin cables, usan el móvil para mandar mensajes y les mola la publicidad viral. Semejante discurso, tan revelador y sorprendente conmueve de tal modo al director del departamento de estudios de medios de dicha financiera, llamado Edward Hill-Wood, que lo envía a los medios para que sepan por donde van los tiros de la nueva generación, imagino que con un post-it pegado y escrito de su puño y letra donde se leyera "¿No es adorable?". Pese a que jamás voy a dirigir una empresa como Morgan Stanley, de hecho dudo de que pueda conseguir un empleo limpiando una de sus oficinas, mando un mensaje al dueño: despide a tu departamento de estudio de medios y contrata gente de quince años, son más baratos. Pienso, además, que de haberle encargado el informe a una niña de siete años hubiéramos encontrado algunos datos aún más sorprendentes y reveladores como que a las chicas de siete años les encantan las princesas, que los unicornios son guays, que los chicos son tontos, que el rosa es el nuevo negro y que las chicas de siete años no leen los periódicos porque no sale nada sobre Hannah Montana...de proliferar este tipo de informes, y los medios hacerle caso, es posible que muy pronto leamos editoriales sobre la influencia de Jonas Brothers sobre la guerra en Afganistán. Que a nadie le extrañe que estas empresas luego pierdan miles de millones de dólares en inversiones fiándose de gente como Bernard Madoff...por Alá, qué menos cuando se flipan leyendo un trabajo escolar. Por cierto que tiemble Enrique Dans porque las nuevas generaciones vienen dando patadas y ya se saben el cuento de la cancamusa 2.0.


-Veo a Francisco Camps diciendo que es un demócrata de toda la vida y luego pienso que a lo mejor el muy Honorable President de la Comunitat Valenciana tiene una noción diferente de la Democracia de la que yo tengo. Me quedo con ganas,muchas veces, de saber qué piensan los políticos de semejante palabra, de su significado, del uso y, más allá de eso, me quedo con las ganas de saber qué saben ellos sobre el funcionamiento de las instituciones públicas, su uso, su significado. Estaría bien que nuestra clase política pasara un examen escrito sobre el asunto. Nos íbamos a llevar más de una sorpresa. Por cierto, Camps viste una preciosa camisa que alguien le ha regalado pero que, bueno, no se puede demostrar que esté conectada con ningún tipo de trato de favor. Sor Kampana, el poeta, me dijo por teléfono hace tiempo: "Camps es como un padre para los valencianos y a los padres hay que regalarles corbatas y camisas para que vayan como unos pinceles al trabajo...eso es lo que hacemos los valencianos con Camps, ser los hijos de un padre que te promete que te querrá y que te dará propina si te portas bien". Me acuerdo de Sor Kampana y me da la risa sardónica.


-Estoy leyendo un libro de J.G. Ballard muy raro titulado "Noches de cocaína". Es una de sus últimas novelas. Es como una novela negra rara y más bien sórdida que transcurre en un extraño resort de cinco estrellas de la Costa del Sol. Me acuerdo de que hace años un amigo mío quiso comprar los derechos para hacer la adaptación y que entonces no me la pude comprar porque no la encontré ni por Madrid ni por Barcelona. Me di de bruces con ella en la biblioteca pública cuando buscaba cosas de Hornby que llevarme a la boca y que no hubiera leído: elegí una novela de treintañeros tardíos que se quieren tirar de una azotea el día de nochebuena. Estoy, de nuevo, en plan zapping literario: dos novelas a la vez.


-Federico Jiménez Losantos va a tener una radio que se llama Es.radio y que va a ser "internet, radio y televisión todo junto" declara en el programa de Ana Rosa Quintana (si no pongo el apellido a lo mejor pensáis que es otra periodista y presentadora con botox en el entrecejo). Como siempre se lía porque habla el castellano "rimbombante" que usan los señores bajitos. El castellano "altisonante" queda para los señores acomplejados a los que no los quieren las señoras. En realidad se refiere a que Es.radio emite por una emisora corriente desde Madrid y luego reservará parte de su programación para que sea emitida por Libertad Digital (grupo mediático fundado por él mismo y la alegre pandilla liberal) en plan programa -el programa de Cesar Vidal, al parecer- por otro lado emitirá toda su programación por internet. Los viejitos de fuera de Madrid que no estén enganchados a eso que Iker Jiménez llama "red de redes" van a tener que empeñar la radio de válvulas si quieren escuchar a estos profesionales de "la infopinión" (info va por "Información" y no por "ínfimo" aunque pueden usar los términos como les apetezca). Desconozco si harán un show en plan Howard Stern y se dedicarán a grabar los programas de radio para emitirlos en directo por la página web pero todo podría ser posible. Cuando digo "show en plan Howard Stern" doy por descontado que no llevarán a actrices porno a probar vibradores, digo que harán lo que hace el americano que es dar señal de imagen de sus programas.


- El amigo Fer me invita al concierto de Steve Earle en Madrid. Día 18. 21 horas. Galán, que es otro redneck provinciano como un servidor, ya tenía entrada así que nos vamos a poner nuestras gorras de John Deere, engrasar nuestros rifles y ensayar nuestros "Uhahhhhh" y nuestros "Oh, yeah" como los que elevamos al cielo en las bodas consanguíneas de nuestros parientes desdentados. Igualico que hacen nuestros primos norteamericanos porque es posible que hayamos entrado en la ciudad pero la ciudad no ha entrado en nuestros y somos más compactos de sesera que el tupé de Loquillo.




lunes, 10 de agosto de 2009

Jacobinos, girondinos, dos francesas y el uso de la libertad


Marie-Jeanne Roland de la Platiere está considerada como uno de los personajes más influyentes de la Revolución francesa. Ligada ideológicamente a la facción girondina, como su marido Jean Marie Roland, Marie-Jeanne no ostentaba ningún cargo público por la sencilla razón de que las mujeres no podían ni siquiera votar...algo que se contradice un poco con el lema "liberté, egalité et fraternité".

Eso no fue obstáculo para que Madame Roland se convirtiera en un personaje conocido dentro de los círculos políticos, escribiera artículos de fondo en prensa pero, sobre todo, sirviera como catalizadora de las diferentes facciones de la Revolución invitando a los salones de su casa a cualqjuier dirigente fuera girondino o jacobino. Lúcida, inteligente y tremendamente formada pronto sus cualidades comenzaron a hacer saltar las alarmas y sus virtudes, que hubieran sido aclamadas en cualquier hombre, le hicieron ganarse fama en París de ladina, manipuladora y, sobre todo, ambiciosa.

Antes que nadie la Roland sospechó que las luchas internas por el control de la recién nacida República eran un elemento más peligroso para el desarrollo revolucionario que el contínuo asedio de las monarquías colindantes y que el poder estaba comenzando a corromper el fin último de la toma de la Bastilla.

Cuando el enfrentamiento entre la Montaña, nombre que recibían los diputados que se sentaban en la parte más alta de la asamblea y que estaban formados por una mayoría jacobina, y los girondinos comenzaba a ser ya sangrante, en todos los sentidos, los Roland elevaron una queja a la cámara en la que denunciaban estos hechos y los excesos de algunos cargos públicos en el desarrollo de sus funciones.

Seguramente esos comentarios proferidos unos meses antes hubieran pasado completamente desapercibidos pero muy pronto los jacobinos comenzaron a pensar que semejantes comentarios eran demasiado graves como para no ser considerados como "derrotistas" y "desafectos a la causa" y cayó sobre el matrimonio, pero sobre todo sobre Madame Roland una carga de denuncias y de publicaciones de libelos que provocaron que la propia dama se presentara ante la Asamblea para, personalmente, aclarar los hechos.

Sin embargo, y pese a su elocuencia, el 1 de junio de 1793 Jeanne-Marie fue apresada. Su marido corrió mejor suerte y pudo huir a Ruán. Confinada en La Conciergerie se dedicó a escribir unas flojísimas memorias (Appel a l´impartialité posterité) y a sobrevivir al encierro pensando que aquello sólo sería un incidente que se resolvería rápidamente.

Para su desgracia el 11 de julio de 1793 Charlotte Corday, también girondina, se presentaba en casa de Jean-Paul Marat con la excusa de presentarle una lista de antirrevolucionarios que se esconden en Normandía, lugar en el que ella reside. Marat, enfermo de la piel, recibe a la Corday mientras se da un baño terapéutico. Interroga a la muchacha que le da ocho nombres que el político apunta en un papel. No le da tiempo porque su interlocutora lo apuñala en el pecho. Será ajusticiada el 17 de julio después de un juicio sumarísimo.

El asesinato de Marat impulsa las tésis jacobinas de aplicar medidas de terror para acabar con los enemigos de la Revolución bueno, y también, con los enemigos de los jacobinos lo que precipita el final de Madame Roland que entiende que no saldrá de la cárcel de camino a su casa si no de camino al patíbulo. El 8 de noviembre es trasladada a la Plaza de la Revolución (paradójicamente la actual Plaza de la Concordia) y sube al patíbulo pero antes de ponerse de rodillas se inclina teatralmente frente a la estatua dedicada a la libertad que adorna el enclave y dice estas palabras:

"¡Libertad! ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!"

La noticia llega a oídos de su marido, en aquél momento escondido cerca de Lyon, que se suicida dos días después.

La historia de Madame Roland y de Charlotte Corday me vino rápidamente a la memoria cuando leí una frase que Michael Blomkvist, el indisimulado alter ego de Stieg Larsson, dice en uno de los párrafos de "La princesa en el palacio de las corrientes de aire", en el que explica que todas las leyes suecas se basan en la sacrosanta libertad de expresión, y que es algo así:

"Muchos de los fanáticos de la libertad de expresión son pederastas o ultraderechistas".

"Hostias, que cabrón" dije para mis adentros removiendo al pequeño amante de los derechos constitucionales que hay en mi, cerré el tocho y reflexioné (no estoy acostumbrado y me hice daño) que, en realidad, Blomkvist/Larsson tenía ciertamente razón y que, en estos cochinos tiempos, la palabra "libertad" comienza a tener un uso que utilizado según en qué bocas crea un ambiente más nervioso que el de una boda de la Mafia.

Digamos así que cual jacobinos chiflados muchos medios de comunicación de indisimulada postura ultraderechista -no confundir con esos señores rapados que tan bien viene azuzar de cuando en cuando en contra de las personas desarmadas y entiéndase el término como "aquello que se coloca más allá de lo que puede ser una postura política conservadora humanamente tolerable si es que eso existe y es juicioso pensar que la historia dice que no"- vienen invocando su derecho sacrosanto a "expresarse libremente" creando la sensación entre sus espectadores, radioyentes o televidentes que, en realidad, no se les permite hacerlo. El número de publicaciones digitales y analógicas, cadenas de radio y licencias televisivas dirán lo contrario pero siempre está bien posicionarse en el victimismo cuando uno se dedica profesionalmente al exabrupto.

Atenerse a la "libertad de expresión" es lo que suele hacer el tertuliano de turno unos segundos antes de soltar un berrido y es una acción que popularmente se conoce como "poner la tirita antes de hacerse la herida".

Si bien la "libertad de expresión" es un derecho que permite que cualquier ciudadano (incluso el más imbécil y el que ganaría un concurso global de decir idioteces) pueda decir libremente lo que opina (incluso el menos informado y el más asno de todos) lo cierto es que dicho derecho es incompatible con la publicación de falsedades, la emisión de eructos proyectados contra la cara de este o del otro y un largo etcétera de chismorreos, verdades a medias y, en general, libelos empaquetados en forma de noticia. En fin: no es que uno pueda publicar lo que quiera, que es lo que parece que quieren darnos a entender, si no que uno públicamente puede opinar de lo que quiera sabiendo que tendrá que atenerse a las consecuencias de sus propias palabras o actos que es lo que, en todo momento, esta pandilla de "amantes de la libertad" quieren evitar a toda costa.
Así, la única defensa de Losantos ante el alcalde gafotas en los juzgados fue murmurar que estaba expresando una opinión personal pese a que, bien sabía, Don Federico que esa "escuela del periodismo español" de la que hablaba Francisco Umbral y en la que nos hemos criado todos tiene más de opinión que de información o, al menos, tiende recurrentemente a impregnar lo segundo de lo primero.

Los medios populistas norteamericanos, que es en los que nos fijamos todos, saben bien que acudir a la palabra "libertad" se convierte en una jugada en la que todo son ventajas: aumenta los dividendos, fideliza a los clientes, crea la sensación en los mismos de que se está ante una información veraz (nadie dudaría de unas buenas personas que tienen en tan alta estima un derecho tan inalienable como este) y, sobre todo, evita las demandas judiciales o, por lo menos, predispone a enmarañar los procesos y a convertirlos en eso que se llama "procesos mediáticos" lo que aumenta la publicidad sobre los medios y etcétera, etcétera...

Pensemos en esta secuencia: Periquito C. trabaja en una tertulia televisada y llevado por el frenesí opinativo dice que el Señor X es un mangarrián sin escrúpulos que quiere que las muchachas aborten con diecisieis años para podérselas "jincar" sin utilizar condón. ¿Una barbaridad? No tanto, digamos que es una opinión que han mantenido algunos "informadores" sobre el asunto de la nueva ley del aborto.
El caso es que el Señor X está en su casa zapeando y escucha decir semejantes cosas a Periquito C. evidentemente sus hijos y su señora están en el salón y lo miran mal porque acaban de descubrir que el pater familias es, en realidad, un sátiro que maneja la legislación vigente para permitir que sus amantes adolescentes puedan abortar en caso de desliz.

Al día siguiente el Señor X acude desencajado al céntrico (y coqueto) bufete de su abogado y le pide que ponga una demanda contra el lenguaraz de Periquito C.

Cuando Periquito C. se entera de que el Señor X ha acudido a la vía judicial Periquito C., que no tiene muchos escrúpulos, se armará de razones y comenzará una defensa pública de su derecho a la "libertad de expresión" como si esta fuera una refulgente coraza que le permitiera evitar todos los mandoblazos de su enemigo y, unos segundos más tarde, hablará de que el Señor X, no contento con querer que las adolescentes hagan tiempo en la clínica abortista antes de acudir al botellón, intenta ponerle una mordaza a los medios veraces y libres recortando su derecho, claro está, a la libertad garantizada por ese derecho para decir lo que le venga en gana.

Olvida, claro está, que el Señor X tiene también derecho a no tener por qué aguantar injurias, entre otras cosas.


Como ya saben ustedes nuestro país tiene una libertad de expresión tan amplia que es el único país de la UE (y creo que de toda Europa) en el que se puede vender e imprimir "Mein Kampf" de Adolf Hitler y que algunas editoriales españolas se lucran vendiendo al extranjero copias en diversos idiomas de dicha obra. También lo hacen con los textos revisionistas de David Irving (condenado en Austria en 2006 por un delito de negacionismo tipificado en el código penal austriaco y también en el alemán donde la prohibición llega también a la exhibición pública de símbolos nazis e incluso a hacer el saludo romano...bien lo saben algunos miembros de Ultrassur que fueron detenidos al bajar del autobús en el mismo instante en que saludaron a sus camaradas alemanes de esa guisa) y con el bestseller "El mito de los seis millones de muertos" escrito por el excelso David Hoggan y que sigue vendiéndose con la misma alegría que cuando se publicó en los años 50.

Nuestra libertad de expresión es tan amplia que no tenemos una ley que impida enunciar a un profesor en un centro educativo o a un borracho en un bar cualquiera de las mentiras sobre la no existencia del Holocausto o, de manera más cercana, parece ser que no hay empacho en que cualquier persona (usando una tribuna más alta o más baja) profiera loas o frases de enaltecimiento del régimen dictatorial de Francisco Franco y es público y notorio que nuestros revisionistas de la Guerra Civil alcanzan unas jugosas cifras de ventas escribiendo libelos fascistoides y hagiografías de este o del otro criminal de guerra o, por el contrario, perfiles muy poco adecuados, cuando no directamente difamatorios, sobre este u otro personaje republicano sin que se pueda hacer nada más que acordarnos todos los días de que "la historia la escriben los ganadores" y regocijarnos en el fair-play que demuestran no ya los derrotados si no también los descendientes de estos que, al parecer, no tienen la posibilidad de defenderse de la calumnia impresa.
Es cuanto menos paradójico que un grupo de informadores, empresarios de los medios e intelectuales de todo pelo demuestren a diario su complacencia con el régimen dictatorial o, al menos, una línea de pensamiento que tiende a sostener que la dictadura fue un mal menor comparado con lo que hubiera pasado si hubiéramos caído en manos de los comunistas (al parecer todos tienen en casa una bola de cristal que les permite generar ucronías) y, pese a todo, demostrar ese enorme amor a la libertad y a todos los derechos que gracias a ella se conforman en nuestra Constitución.

Una libertad que, al parecer, no quieren para otros que también hacen una apología directa de la violencia. Digamos que si aplicamos ese "todo vale" no tiene ningún sentido que andemos poniéndole la mano en la boca a los abertzales porque, seamos serios, si apología de la violencia es decir "ETA mátalos" o garabatear una pintada de amenaza con el nombre de un tipo rodeado por una mira telescópica también lo es ser complaciente con los crímenes de estado de una dictadura o, incluso, decir que el Presidente del Gobierno es un ateo que mata bebés...¿o es que alguien se cree que cuando se señala a un tío con el dedo diciendo que es un genocida de nonatos no se está invitando a unos cuantos chalados a pegarle un tiro? ¿Alguien se cree que esas campañas sobre la ruptura de España que venimos sufriendo no animaron al Teniente General Mena a leer ese discurso en la Pascua militar de 2006 en el que advertía que de una de las consecuencias de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña podría ser la intervención del ejército al amparo del artículo octavo de la Constitución? ¿Alguien ve alguna diferencia entre esta amenaza y otra escrita en un panfleto y dibujada en una pancarta? Que no sea el pasamontañas, quiero decir...?A que no saben qué medio defendió públicamente la "Libertad de expresión" como ciudadano del Teniente General Mena, por su cargo con más de 40.000 soldados a su servicio en ese momento, y publicó enardecido el discurso íntegro justificándolo desde todos los puntos de vista posible? ¡Pues pincha aquí! ¡Seguro que no te imaginas quién fue!


No está de más echarle un vistazo a la carta que la policía le requisó a la asesina de Marat, Charlotte Corday, y que decía así:

"Dirigido a los franceses amigos de las leyes y de la paz.

¿Hasta cuándo, oh malditos franceses, os deleitaréis en los problemas y las divisiones? Ya bastante y durante mucho tiempo los facciosos y bribones han puesto su propia ambición en el lugar del interés general; ¿por qué, víctimas de su furor, se han destruido a ustedes mismos, para establecer el deseo de su tiranía sobre las ruinas de Francia?

Las facciones estallan por todas partes, la Montaña triunfa por el crimen y la opresión, algunos monstruos regados con nuestra sangre conducen estas detestables conspiraciones... ¡Trabajamos en nuestra propia perdición con más celo y energía que el que hemos empeñado jamás para conquistar la libertad! ¡Oh francés, un poco más de tiempo, y no quedará de ustedes más que el recuerdo de su existencia!"

Y es que la libertad es como la Thermomix que todo el mundo la quiere pero que cuando la tienes no tienes ni puta idea de cómo utilizarla...

Aunque el peor crimen que se ha podido cometer contra la libertad es este...

jueves, 23 de julio de 2009

La gran comedia involuntaria


Casi todos hemos recibido unas cuantas cucharadas de educación religiosa en la rama católica, ya sabes, portarse bien con el prójimo, darle cañas a los negritos de África en lugar de peces, respetar a tus papás, ser casto, no ponerse condón, quemar brujas, quemar clínicas abortistas... en fin, un despiporre que igual te recomendaba poner la otra mejilla que aplicar la ley del Talión.

Me acuerdo poco de aquello porque soy más bien de tener el alma sucia y de pecar bastante (pensamiento, palabra, obra u omisión) pero si me acuerdo mucho que me insistían en no reírme en los momentos solemnes o en los momentos en que no tocara. El que se reía en misa o al paso de una procesión, en presencia de un alcalde (de ahí para arriba) o en una comida familiar estaba poniendo la primera piedra de su adosado en el Infierno.

Es una pena que, a través de los años, haya podido comprobar que el personal nos lo pone difícil para no reírnos con sus gracias pese a que se declare uno de la escuela de los que prefieren comenzar el chiste por uno mismo que de la otra, la de contar chistes de cojos, tuertos, gangosos o de la otra que es peor que es la que promulga los valores de coger al más débil de la reunión y montar todo un espectáculo cómico taurino con su sola presencia.

En la mayoría de los casos el que hace reír es que quiere hacer reír, es decir, se ha aprendido un chiste, ha rebuscado un vídeo en internet para mostrarlo en la oficina y convertirse en un potencial objetivo de las Brigadas de Limpieza Recursos Humanos, se curra unos powerpoints con fotos de monitos vestidos de etiqueta que son para mearse, se pasa horas ensayando voces en su casa de personajes famosos para hacer morisquetas etc., etc. Hacer reír es fácil y tiene algún riesgo como el de convertirse en el "gracioso de la pandilla" ("Hostias, corramos ahí viene Pepe, seguro que quiere contarnos un chiste de leperos mientras hace equilibrios sobre un monociclo") pero tiene muchas ventajas. La más importante es que todo el mundo sabe que cuando a un macho o hembra Alfa de renombre le preguntan por cuál es su ideal de belleza del sexo opuesto hará un mohín, se dejará caer con garbo sobre una cheslón y poniendo boquita de piñón dirá: "Para mi lo importante no es el físico, busco alguien sincero, sencillo y que me haga reír". Pese a que no está demostrado ciéntífica o antropológicamente y al final resulta que modelos y actores se casan o se emparentan para su reproducción (o el simple refocile) con seres que uno diría son atractivos de por sí pero de los que no sabemos si, en la intimidad, son la guasa, la risa y/o la alegría de la huerta.

Pero, como tantas otras veces, me estoy escapando del tema principal. Disculpad la no elipsis.

Hacer reír es complicado, siempre lo he pensado así, y sin embargo hasta la comedia se llega por los caminos más extraños, de hecho hasta la comedia se puede llegar también involuntariamente. Me refiero a esa gente que, sin querer, nos provoca una carcajada y nos manda, según aquél cura del comienzo de la entrada, una risa burda y gratuíta de lo más pecadora y peligrosa.







Ahí está, Paloma San Basilio, cantando el hit "juntos". Cúantas horas de ensayos, cuanta coreografía, cuanta morisquetas, qué difícil casting para encontrar a dos bailarines que, sin rechistar, aceptaran participar en el número de playback...Ya ves, tu estás ahí, y dices este temazo necesita un número estupendo de baile que acompañe a la canción, compremos vestuario, sobornemos a personas honradas para arañar unos minutos en televisión. Joder, un esfuerzo grande. Pues nada, la gente se ríe y se queda en la risa tonta y no repara en la belleza de la canción, en su contenido, en su bonita historia.

Pero no es este el único ejemplo, veamos otro...extraído de Tuituza Chronicle.




Este programa se llamaba "El punto Gilton" y era uno de los programas de Mobuzz.tv, esa televisión que lanzó el entrepeneur Anill de Mello y que acabó naufragando después de desaparecer su jefe con 30.000 euritos de donaciones que, previamente, había pedido a espectadores y fans de su método de negocio. Una pena. No por el dinero porque cada uno le da su pasta a quien quiere si no porque una joya como esta desaparezca y no pueda volver a reproducirse. Lo tienes todo para hacer un programa decente, una cámara, una presentadora mona, un equipo recogido en un plató-chalet con piscina y no se te ocurre más que hacer un "Aquí hay tomate" con gente que tiene una cuenta en Twitter y que, pese a su innegable buen corazón, es posiblemente el grupo con menos telegenia del hemisferio occidental. Una buena idea (en realidad la vida de Belén Esteban no es mucho más emocionante que la de un anónimo usuario de twitter) y, sin embargo, nos provoca la risa...una risa floja y que da cosica pero una risa en fin y yo que se, reírse es bueno. Da igual que no te lo propongas, lo importante es hacerle a la gente la vida un poco más agradable y de pedirle luego unos euros a cambio. Si yo hubiera visto este vídeo de Mobuzz antes estoy seguro de que habría soltado dinero para que no se extinguiera semejante chorro de interesantes contenidos. ¿Alguien puede explicarme cómo es posible que un canal así desapareciera? Que pena. Pero hay muchos ejemplos más...


Es la portada del mundo del día 22 (miércoles). Qué cosa más cómica. Veamos, Pedro Jota se pone solemne, en plan "Generación del 98", como dejando caer que esa foto nos escupe desde, paradójicamente, la cubierta de su periódico. Ahí está la palabra vergüenza en grande y luego la construcción "firmeza anticolonianista" que todos sabemos que, en realidad, se traduce en esas pintadas de "Gibraltar Español" y la aportación de José Luis y su guitarra...





O, claro está, este sketch de cámara oculta de "To er mundo e güeno" (1982, Manuel Summers)...


Y hay todo un mundo ahí, muy cómico involuntariamente que tiene que ver con grupos de teatro amateurs, declamaciones de poesía, discursos en inauguraciones de centros comerciales, políticos que aceptan regalos y comparan anchoas con miles de millones de euros y un largo etcétera pero, cuidadito con reírse, que puede ser pecaminoso. O no.

sábado, 25 de abril de 2009

Públicos cabrones







Por experiencia propia desconfío, profundamente, en la opinión de los estudios de marketing. He visto fracasar dos proyectos y zozobrar uno (que luego fue un éxito gracias al criterio de los profesionales que andaban al frente de la cosa) por culpa de eso que se llaman "pruebas de producto" y que, al parecer, se aplica con la misma alegría al sabor de un nuevo yogurt (bien hecho, pero no hace falta reunir a unos cuantos gañanes dentro de una sala de interrogatorios para saber qué opinan de un producto lacteo que sabe a mierda) que a la salida al mercado de una nueva revista.

Estos test se hacen de la siguiente forma: Una empresa especializada selecciona con unos criterios dignos de un oráculo (es imposible pensar que a veces lo hacen siguiendo los preceptos del famoso mago africano,"Buen Tún-Tún") a los que se les entrega un producto para que lo prueben y lo examinen durante unos días para, después, convocarlos a una reunión donde en compañía de otros potenciales consumidores puedan comentar los "pros" y "contras" de la cosa a vender. Como la gente no es tonta, ni siquiera los que son capaces de perder la tarde por una merendola y un cheque regalo de 30 euros válido para el Corte Inglés, cuando son introducidos en esa sala rápidamente caen en la cuenta de que las cámaras y micrófonos están ahí para algo y que, previsiblemente, detrás de ese enorme espejo de 4 x 6 metros hay gente que los observa.

En definitiva, pones en manos de un grupo de completos desconocidos (normalmente sin ningún tipo de formación ni académica, ni de la otra...hay que ver lo que a la gente le cuesta mantener la boca cerrada cuando come patatas fritas) todo el tejido humano y económico necesario que has necesitado para hacer un nuevo mando a distancia universal, una serie de televisión o un limpiamuebles. Tan descabellado como suena.

¿Por qué? Nadie quiere tener la responsabilidad única sobre un posible fracaso. Es mejor que, si la cosa sale mal, las culpas estén lo mejor repartidas posibles.

Trabajando en uno de esos proyectos (en el que fue un éxito) me encontré con un tipo llamado L. V. . V. es, posiblemente, uno de los profesionales más acojonantes que me he cruzado en mi vida. Uno de los días posteriores al lanzamiento de aquél pelotazo me fui a despedir de él y me lo encontré echándose un purito y bebiéndose una coca-cola en su despacho. Lo noté cabizbajo. Le pregunté y me contestó:

-"He hecho una cosa terrible, si mañana las cifras de venta no llegan a lo que he calculado es posible que me despidan".

V. había comprado casi el doble de papel del que necesitábamos para reimprimir dos o tres ediciones más sin tener en cuenta el criterio de los jefes. El mercado del papel es jodido y tiene que conocerse bien. Si haces acopio es posible que te lo comas con patatas pero, también, corres el riesgo de que si vendes como churros pierdas mucho dinero porque, de pronto, no queda ni una resma en el mercado o que, de pronto, los precios se hayan disparado...un lío que sólo V., al que vi acertar las ventas totales de una revista dos semanas antes de su salida a kiosco mirando la portada y algo de los contenidos, sabía desentramar.

Salí de la oficina cagado de miedo. Aquel tipo había tomado una decisión dejándose llevar por su simple olfato, por su criterio, por su experiencia. Muy raro en estos tiempos que corren francamente.

A la mañana siguiente V. era una leyenda y un héroe ya que sus optimistas previsiones habían sido rebasadas con creces. Imprimimos cinco ediciones de aquella revista si no recuerdo mal y se vendió hasta el último de los ejemplares. No nos faltó papel. En todo el tiempo en el que tuve el placer de trabajar con aquél tipo del puro y las corbatas "flamboyants" lo vi meter la pata muy pocas veces.

El año pasado estuve implicado en el lanzamiento de un proyecto editorial que se ha quedado en nada y que tendrá que esperar a la finalización de esta asquerosa crisis para ver la luz. Es posible que, cuando queramos lanzarlo, tengamos que regalarlo en DVD porque las imprentas ya habrán desaparecido. La única premisa que puse para embarcarme en el proceso fue no recibir ni una influencia externa de nadie que no perteneciera a la redacción. Suena ridículo pero no quiero tener que discutir con el amigo de alguien sobre el tipo de letra que ha elegido el Director de Arte o meterme en una pelea sobre si los temas de portada son lo suficientemente interesantes con el primo segundo de un comercial que, al parecer, es un lector potencial. Así fue...una pena que uno de los socios fuera, por decirlo de una manera muy suave, un ser humano defectuoso en todos los aspectos. ¿He dicho ya que todos queremos que el fracaso sea colectivo y el triunfo personal? Pues eso, yo también tiro balones fuera.

Lo normal es que preguntemos a las personas equivocadas o que nos dejemos llevar por las vibraciones de eso que se llama masa. Un error que sabían, incluso, los escritores del Siglo de Oro español que comenzaron tratando al público como "avisado" (por "culto") o "egregio" para acabar hablando de "muchedumbre vociferante" o "desocupada". Entre unos adjetivos y otros ocurrió que la Imprenta se hizo cada vez más famosa, el público más grande y, por lo tanto, más vulgar si se me permite llamar "vulgar" al público. No al de aquí, que sería imperdonable.



¿Qué loco podría querer escribir o dirigir o inventar teniendo en cuenta los criterios de alguien completamente "vulgar" contraviniendo la norma de que lo "bueno" es simplemente "bueno para todo el mundo"? ¿Alguien puede imaginarse qué hubiera sido de nuestras vidas si Cervantes le hubiera preguntado a los jaques del mentidero de la Calle del Pez sobre si el tema de su Quijote era acertado? ¿Si el inventor del chupachups Kojak se lo hubiera dado a probar a su suegra diabética? Pues seguramente que nos habríamos quedado sin dos cumbres de la cultura mundial. Nada más y nada menos.
Recuerdo una vez, en uno de estos test que un chico, al presentarse dijo: "Me llamo Periquín (nombre ficticio) y trabajo en prensa". Horror. Se les había colado ¡Un periodista! Bueno, luego con la charla descubrimos que, en realidad, Periquín tenía una furgoneta con la que distribuía el fallecido diario Metro. Aquello no fue óbice para que se declarara "un casi experto en la materia porque leo un periódico, muy bueno por cierto, todos los días" y que se dedicara a dar a los otros muchachos de la reunión una clase, y por extensión a nosotros, sobre "la importancia de poner titulares que entienda la gente llana como nosotros" y luego se lanzara a una defensa del criterio de selección de noticias del diario "Qué"...al parecer era también lector de la competencia. Sobre esas espaldas y sobre muchas otras depositamos una vez una inversión de entre 1 y 3 milloncejos de euros que se consumieron como estopa. En realidad las culpas también aquí están divididas pero, ciertamente, ver como el empuje, el primer espíritu, el enfoque, la filosofía que tú quieres aplicar a lo que haces se va viendo retocado y pervertido por un tipo que, aunque tú te quedes en paro, seguirá con su vida como si tal cosa, no puede ser más frustrante.

Todo vale con tal de que lo que haces sea entendible incluso para el más tonto de los tontos (un monstruo infernal que recibe el nombre de "Super Cretino") parece ser que es el Santo Grial de todo lo que producimos. Un pálido reflejo comercial que, además ha de ser vendido con muchos "¡Yeahs!" y otras onomatopeyas para que resulte atractivo.

Ante este fenómeno los que realmente quieren ver, leer o escuchar e, incluso, los que desearían unirse a este primer grupo se encuentran con que nadie, en realidad, se está dirigiendo a ellos. Como fan de la ración de "oreja a la plancha" (a ser posible con salsa brava por encima) reivindico mi derecho a participar de lo popular, de lo que es sublimemente patatero, de mi dosis de "Callejeros", de las novelas de Corín Tellado o Marcial Lafuente Estefanía; siempre he pensado que era erróneo pensar en que lo popular por serlo, era por definición malo pero, en los últimos tiempos, me encuentro con que ya ni siquiera se intenta capturar la atención de la media nacional si no que ya se pelea por alcanzar la atención de los que están por debajo de la misma ahuyentando no ya a los que leen a Lem, Chateubriand o Virgilio si no a los que, en un futuro, podrían estar interesados en recibir algo más que mensajes directos o directamente pochos.


Mientras que no comprendamos que "hablarle a todo el mundo" no es dejar de hablarle a otro tipo de individuo/individua un poquitín más formado es posible que sigamos empeñados en entregarle nuestro trabajo a unos cuandos desocupados que, en realidad, jamás van a consumir ninguno de los productos que se les dan a probar ya sea por desinterés o porque se conforman con muy, pero que muy poco, estando sus necesidades básicas ya perfectamente atendidas. Es como aquella vez que un cómico en ciernes, estando encima del escenario, recibió una clase gratuíta por parte de un grupo de trabajadores de los seguros a los que su monólogo les estaba pareciendo "malo". El cabecilla se levantó y le espetó al tipo: "Eres muy malo, macho, cuenta cosas, que yo pueda entender joder, cuéntame algún chiste". No es que no se estuviera riendo nadie, no es que la actuación estuviera resultando un fracaso, simplemente es que al tipo me parecía que era buen momento para dar su opinión. El cómico se quedó mirando al tipo y le dijo: "Lo haré cuando yo pueda ir a tu oficina y decirte como tienes que vender seguros". El hombre no contento con la explicación y viendo que el personal se había reído, fuera de sus casillas gritó: "Sí, hombre, después de quince años vendiendo seguros me vas a decir como hacer lo mío, listo". Al parecer hay trabajos que sí permiten la intromisión de extraños al medio y otros no. ¿No resulta francamente chocante? Tratarnos a todos como si fuéramos Peter Griffin sale muy caro. Así nos luce el pelo.

miércoles, 22 de abril de 2009

La revolución "hoygan"


Revolución: f. Acción de revolver. Motín, sublevación contra la autoridad constituida. Cambio violento en las instituciones políticas de una nación. Giro de una pieza sobre su eje. (Definición de la R.A.E.)

Hoygan: HOYGAN u HOIGAN es un neologismo nacido en Internet con el que algunos describen de forma paródica a los usuarios que, por descuido o por presumible bajo nivel cultural, escriben en los foros con multitud de faltas de ortografía. Además de los errores ortográficos y gramaticales, escriben a menudo para pedir cosas imposibles, para solicitar regalos que nadie les va a enviar o para que les presten algún tipo de ayuda. (Definición extraída de Wikipedia.org)

Siempre que alguien habla de "Revolución" en cualquier campo pongo sus palabras en cuarentena moral. "Revolución" es uno de esos términos que, bueno, uno se imagina que viven ahora en las callejuelas del lenguaje subiendo y bajando las avenidas mientras menean un bolsito y se venden al mejor postor pese a que las intenciones de este sean, normalmente, retorcidas y malvadas.

Me temo que entre los autodenominados revolucionarios siempre hay dos grupos:
A)Los que pretenden asaltar el Palacio de Invierno para cambiar el estado de las cosas.
B)Los que pretenden asaltar el Palacio de Invierno para sustituir con efecto inmediato a los depuestos zares y hacerse con el cotarro.

Los del grupo A) suelen acabar en el exilio y con un piolet clavado en la cabeza. Un piolet manejado por un sicario mandado ad hoc por algún destacado miembro del grupo B). Los del grupo A), además, suelen ser denominados como "tontos útiles" o, en otro orden de cosas, como "carne de cañón". "Carne de cañón...al chilindrón" añado acordándome de Javier Krahe.

Si te pones a pensar hay mucho revolucionario del tipo B) en esto de la 2.0. Ya sabes: muchas personitas malintencionadas que están utilizando el momento actual de revuelo para hacerse un hueco mientras que los demás hacen el trabajo sucio. Los conoceréis porque, pese a que se les llena la boca con todo tipo de palabros sacados de manuales sobre economía y muchos hayan estudiado empresariales, odian la palabra "empresa" o "chiringuito financiero" para sustituirla por "Comunidad de blogs", "página personal" y un largo etcétera de disimulos propios del que no tiene nada que decir pero no deja de hablar.

La proclamadísima revolución tiene un enemigo: "LOS MEDIOS TRADICIONALES". Lo de tradicional suena mal, suena a viejo, a cuco, a "cerrao", a antiguo, a controlado por las malvadas corporaciones, a cosa malísima, manipuladísima.
Según los revolucionarios dirigentes (conocidos también como "gurús"...lo que confiere a esta revolución no televisada un cierto rollo religioso) los "malvados medios tradicionales" quieren evitar dos cosas:

1. Que te puedas descargar lo que te salga de los cojones sin pagar un duro.
2. Cito textualmente: "Que los usuarios sean los que generen los contenidos".

Y lo hacen por estas malvadas intenciones:
1. Quieren sacarnos el dinero miserablemente.
2. Quieren controlar la información.
Vamos al concepto 1.
Digámoslo claro: La cultura tiene dueño. Fin de la historia. Si quieres un disco, un libro o una película tendrías que pagarle un poco de dinero al señor que la ha puesto en las salas o en los estantes del carrefour y que ha sido el que ha pagado al artista de turno por su difusión pública. De pagar o no pagar depende un tejido de trabajadores que no viven en grandes mansiones y que se llaman músicos de estudio, iluminadores, carpinteros, guionistas...

Otra cosa es que los precios sean abusivos, que el sistema de distribución esté obsoleto y otras muchas cosas pero, la verdad, es que las canciones, las películas y los libros tienen dueño y que, estos, tienen la dichosa manía de querer comer todos los días y que esperan comer de aquello que han creado. Punto y final.
Si escuchas atentamente a los gurús revolucionarios sólo te podrás quedar con este argumento a favor: LA SGAE ES MUY MALA. Fin, no hay más argumentos. No entro en si la SGAE tiene que cambiar o si deberíamos de tender a un sistema público de protección del copyright pero, mientras tanto y para nuestra desgracia, sólo tenemos instituciones de este tipo que se dedican a velar por los intereses de los autores. ¿Puedes llamar "chorizo" a los herederos de Louis Armstrong por querer controlar el legado del trompetista? Pues creo que no, la verdad.
Otra cosa que puedes escuchar es esa idea de una especie de Arcadia donde la cultura, toda la cultura, sea completamente gratuíta. Ja-Já. ¿Cómo? Muy fácil. Parece que comienza a imponerse una especie de idea general de que tienen que ser las empresas privadas (desde constructoras a empresas de telecomunicaciones) las que, a modo de sponsor, paguen la producción de obras culturales para luego, simplemente, regalarlas. Oh, yeah!

Las empresas producen, con parte de sus beneficios y sus plusvalías, convirtiéndose en mecenas que desinteresadamente devuelven la cultura al pueblo...
Curiosamente son estos gurús, sobre todo uno de ellos, el que despotrica en medios de ultraderecha sobre las subvenciones públicas para con el cine patrio por sospechar que estas no son más que una sutil forma de control de la ideología de nuestros realizadores...¿Piensan entonces que las empresas privadas no van a ejercer ese control? ¿Es mejor que el dinero lo de Repsol o Movistar a que lo de el estado? ¡Pues sí! ¡Claro! ¡Así pagarás menos impuestos, idiota! ¡Porque el dinero de la cultura no tendrá que salir de tu bolsillo, pringao! ¿Alguien se ha parado a calcular qué porcentaje exacto de nuestros impuestos se destina al patrimonio cultural y cuanto, por ejemplo, a Defensa? Pues en los Presupuestos generales de este año se destinarán 922´8 millones de euros a Cultura y la friolera de 7.831 para el ejército. Echando un cálculo rápido cada contribuyente (si somos 40 millones y todos pagáramos impuestos, o sea un cálculo bastante cutre pero, oye, revelador) paga unos 23´7 euros por lo primero y 196 euros en lo segundo. Al parecer los gurús creen que las empresas privadas no controlarán a su antojo lo que producirían. Si lo piensas bien se caen de pura inocencia...

Una bonita revolución sería que la web 2.0 utilizara su presunta fuerza y repercusión en hablar de cosas como estas: ¿Cómo es posible que cada contribuyente aporte siete veces más dinero a pagar al ejército que a conservar museos?

¿Pero quién quiere hablar de una cosa tan espinosa cuando nos quieren quitar "EL DERECHO" a bajarnos cosas gratis de Internet? Venga, coño...



Vayamos al asunto 2.

Muy mal eso de que los grandes Gurús revolucionarios hablen de que el usuario es el gran "generador de contenidos". Todavía me revuelco de la risa cada vez que escucho cosas como "periodismo ciudadano". Resulta que ahora cortar y pegar noticias de periódicos extranjeros es hacer periodismo. Vamos al campo del enemigo, de los medios tradicionales: ¿Se considera a los periodistas como generadores de noticias? No, el periodista jamás debe "crear" noticias si no informar sobre ellas. El periodista que genera noticias, por ende, es aquel que se las inventa. Y eso es feo. El periodista acude al lugar de la noticia, consulta fuentes y se espera que, si no tiene la carrera de periodismo, por lo menos conozca algunos de los trucos del oficio...En palabras de ese filósofo llamado Homer Simpson: "...Internet ya había llegado a nuestras vidas y podíamos enterarnos de lo que un idiota opinaba sobre Star Trek". Nadie ha definido mejor el 98% (porcentaje evidentemente dicho porque me parece lo suficientemente catastrofista) de la presunta información que circula por Internet. De toda la bazofia en forma conspiranóica que genera la red, de todas esas paridas sobre asbesto en tampones, etarras ayudando a islamistas y, claro está, power points con presuntas declaraciones del Dalai Lama que, en realidad, ha escrito un cursi (pero honrado) trabajador de una oficina de correos de Arequipa mientras desatendía las aburridas atribuciones de su cargo y que pasa de mail en mail con vergonzosa puntualidad. Lo que, básicamente, diferencia al profesional del usuario es la fuente. Sí, queridos, las dichosas fuentes...la cercanía a las mismas pero, sobre todo, estar acogido a una cierta deontología profesional que le impide cometer según que atropellos. Vale, la deontología te la puedes pasar por la punta de la pita pero ahí está, observándote.

Pero lo que pone muchísimo al personal es eso de opinar, claro, opinar puede todo el mundo porque las opiniones son como los culos que todo el mundo tiene uno. Otra cosa es que haya culos mejores o peores pero, bueno, eso es otra historia. ¿Quieres generar contenido? ¿Un contenido que quieres compartir con todo el mundo porque te parece de vital importancia? Pues lo tienes fácil: vas a una tienda te compras un Iphone y le cuentas al personal lo que te parece rezando para que Steve Jobs encuentre tu página y se le ocurra que tu número de entradas es lo suficientemente importante como para invitarte a un simposium o charla informal en las oficinas de la empresa y, de paso, te regale uno. O una blackberry o cualquier cosa molona como una tarjeta de vídeo o una webcam...¿Le harás luego el favor de hacerle una reseña cariñosa o serás lo suficientemente fuerte para decir tu honesta opinión y que tu voz suene alta y clara?

Pues ahí los revolucionarios gurús no se ponen de acuerdo. Muchas son las leyendas urbanas sobre empresas de teleco, distribuidoras y etc. que pagan opíparos regalos a diferentes personajes de la revolución 2.0 para que estos sean mucho más cariñosos con sus productos.
Por otro lado esta especie de cruzada por la desprofesionalización de la información repercute directamente en los gurús revolucionarios y en sus presuntos nuevos medios dentros del nuevo canal de difusión que es internet de forma curiosa: Los medios digitales tienen la manía de pagar mucho peor que los tradicionales que no es que paguen tampoco de maravilla. Esto es así. El amateur puede dedicarse a poner hamburguesas en McDonald´s y, luego, escribirse una crítica sobre cine en el blog de un colega a cambio de ver esa peli gratis sin que eso repercuta en su pecunio...los que nos dedicamos a esto...pues nos gusta comer todos los días y, si puede ser, caliente. Jodido nos lo pone tanto advenedizo, muchas veces de una sonrojante incapacidad, para llevar las habichuelas a casa con ciertas garantías. Es lo que se llama "Efecto comunión". Sí, hombre, seguro que tienes una cinta de VHS en tu casa de alguna celebración familiar donde un miembro de tu clan se empeña en hacer imitaciones, contar chistes, entrevistar a las personas y pedirle al cámara que haga planos de los traseros de las invitadas...¿A que sí? Pues aunque ese familiar tuyo piense que es un humorista profesional comparado con Arevalo es un trozo de mierda humana pinchada en un palo y rodeada de moscas. Creo que el simil tiene la sufuciente fuerza gráfica como para no extenderme más en este post de por sí, francamente largo.

En definitiva, y volviendo al principio, los "hoygan" serán los que azuzen esta "revolución" de internet pensando que se hacen un favor, que serán trasladados a un paraíso "de gratis total" donde podrán seguir disfrutando de todo lo que le de la gana sin pagar un duro (excepto el dinerillo que pagan por el enganche de la línea ADSL) formando parte del grupo A) de revolucionarios. Además se les dará la VOZ, la OPINIÓN, la tierra será para ellos pese a que no tengan nada interesante que decir, nada que aportar. Da igual porque, en realidad, esto no se hace por la libertad de expresión si no por otra cosa que tiene que ver con no pagar un canon. A primera vista, claro. En el grupo B) estarán estos que, en realidad, no quieren que la cosa cambie demasiado si no que se traslade y, a ser posible, a sus propias manos. Una vez hallado su propio terreno de pasto o conseguidos los últimos objetivos militares (ser ministros, consejeros, tener una rentable "comunidad" de bloggers a los que se les paga una miseria por sustituir a los "MEDIOS TRADICIONALES") se encargarán de comenzar a filtrar la idea de que pagar un poco por esto o por aquello mejora el servicio, regula el mercado y aumenta la calidad (nunca dicen de qué) ya lo han hecho antes -lo de pedir dinero- y se les da medianamente bien. Es decir, y como decían en el Gatopardo, "todo cambiará para que todo siga igual". Será el momento de comenzar a mandar a algunos "hoygan" a clavar piolets en otras cabezas ajenas...sin duda mucho mejor amuebladas y menos ambiciosas.