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viernes, 20 de marzo de 2009

Hable con nosotros




Anoche fui a ver "Los abrazos rotos". Un drama que intenta ir al rtimo de una comedia y que, según su director, es en realidad un thriller. Un "thriller" porque hay un asesinato y un secreto muy bien guardado por una de las protagonistas como en "Volver" que, pese a ello, nunca fue catalogada por Almodovar como una película de ese género.

"Los abrazos rotos" de todas maneras es mucho más que eso. En realidad es el homenaje que el actual Pedro Almodovar le hace al viejo Pedro Almodovar. Si resulta de ritmo cansino, torpe y, a veces incluso, exasperante no es por otra cosa que por la necesidad del Almodovar actual de engrandecer su figura y de que quepan todos los elementos estéticos y narrativos de los que le dotó ese olvidado viejo Almodovar que, curiosamente y con el paso de los años, nos resulta cada vez más actual y con los tiempos que el director que se destapó con "Todo sobre mi madre" y que comenzó una espiral ascendente en éxitos y desdencente en cuanto a interés.


En la nueva película del nuevo Almodovar (el que creció tras la oscarizada película) se encuentran homenajes de lo más variado: hay un crimen, violencia verbal y física a porrillo, pasiones desmedidas, hijos secretos, secretos inconfesables que se confiesan al final para justificarle al espectador sus dos o dos horas y media de estancia en la sala pero, sobre todo, están Chus Lampreave y Rossy de Palma, los tacones de Marisa Paredes, el traje rojo de Carmen Maura, las estocadas del matador Nacho Martínez, el Cinearte de "¿Qué he hecho yo para merecer esto?", mariquitas graciosas, mariquitas supermalas y en una encrucijada moral e, incluso, un escritor atormentado que usa un pseudónimo (Harry Caine, pronunciado nos recuerda a "Hurricaine", que es "Huracán en inglés) como el que utilizaba el antiguo Pedro Almodovar (Patty Diphusa) y que escribe en la máquina de escribir eléctrica que se gastaba Eusebio Poncela; también un largo etcétera de referencias, lugares comunes y viajes a los que el viejo Almodovar nos acostumbró durante tanto tiempo y dos chistes privados o no tan privados: Blanca Portillo interpreta a Judith García, directora de producción y mano derecha de Harry...un personaje nada alejado de Esther García, directora de producción de El Deseo y mano derecha de Almodovar que, en esta película, se marca un papelito como la gobernante de la casa del malvado de turno y que comparte plano con Valentín Almodovar, hermano del viejo y del nuevo Pedro, que en un cameo aparece ataviado con el pantalón de faena y la camisa de cuadros y abierta en el pecho que el padre del productor y el director utilizaba cuando trabajaba como guarda de canales y atendiendo el poste de gasolina de un pueblo llamado Madrigalejo (Cáceres). También hay un personaje llamado Ray X que recuerda mucho estéticamente, al Ray Loriga, que colaboró con Pedro Almodovar en "Carne trémula" y, ahora que caigo, hay una chica con una pierna mal, cosa que ha utilizado con delectación el director manchego en alguna de sus películas.

En esta película el Nuevo Almodovar logrará ser recordado, sobre todo, por su capacidad estética lo que le diferencia del otro que se labró una carrera a costa de traer los dramas rurales a los lugares más salvajes de la ciudad y si el primero era feísta, alegremente agresivo con lo establecido y trufaba sus películas de referencias a la cultura popular más rancia este se conforma con firmar un trabajo estilizado y, a veces, francamente emotivo (las manos de Lluis Homar intentando leer el grano de una imagen en vídeo como si estuviera frente a una página escrita en braille, Penélope Cruz desdoblándose en una escena) y, claro está, no olvidar un casi impecable trabajo de los actores principales. Es verdad, Lluis Homar, José Luis Gómez, Ángela Molina y Penélope Cruz podrían recibir un guión en blanco y construir un gran papel.

Sorprende también que el Nuevo Almodovar conceda al viejo Almodovar el beneficio de la duda y lo reivindique, muy poco solapadamente, introduciendo una escena cómica que homenajea descaradamente a "Mujeres al borde de..." y en la que Carmen Machi hace de Chica Almodovar y recibe la respuesta cómica perfecta de Penélope Cruz. Es cierto que el Nuevo Almodovar es un poco zorro y, aprovecha esta escena colocada al final, para hacer bueno eso de que "un buen final arregla una mala película". Añadiría que, además, te hace albergar alguna esperanza de que lo próximo del Nuevo Almodovar sea más parecido a lo del viejo Almodovar.

Con semejante digresión diré que a mi la película, por friki cinéfago, me gustó por la sencilla razón de que me la pasé descifrando planos entendido al minutos seis o siete que todos los personajes me caían mal, que no pillaba la trama y que aquello no me llevaba a ningún sitio pero que, mi señora hermana (una muchacha vivaz, que está con los tiempos y que se declara púramente almodovariana en cuerpo y en espíritu) disfrutó del film y que flipó con todas las historias de amor. Yo saqué la conclusión de que este nuevo Almodovar ya no habla con los espectadores y que prefiere hablarse así mismo, eso o que, como Leonor Watling en "Hable con ella" es incapaz de articular palabra por estar, momentáneamente paralizado. Conclusión: haced lo que os de la gana y luego comentamos.

martes, 8 de abril de 2008

Estupideces y dobles raseros (II): Cuando los críticos se clavan.




Hace poco escribía aquí sobre lo agradecidas que son las malas críticas refiriéndome a un artículo de Risto Mejide recogido en el diario ADN en el que despotricaba sobre lo aburrida que era hacer promoción de su propio libro y el poco nivel de los profesionales que habían ido a entrevistarlo.




Hoy, por sorpresa, leyendo la edición digital de El Mundo me he sumergido en el blog de Quico Alsedo (Sexo, drogas y rock&blog) y me he encontrado con esta entrada titulada: "Baricco se come a Leonor Watling". Que, si no quieren leer, va sobre la actuación de Leonor Watling (y un poco menos de Marlango) que puso música a unos textos leídos por el escritor italiano Alessandro Baricco (Seda, Anagrama) dentro de su participación en el IV Festival Palabra y Música celebrado en Gijón. Comienza así:




"7 de abril.- Leonor Watling es la Ana Belén de su generación. Una intensa de cuidao. Siempre de negro existencialista, mamá, Leonor quiere ser artista. Y es tan madura, tan aplicada, taaan DIVA... Fluye un poco, mujer, fluye.
Ayer, en Gijón, Watling dio un pasito más hacia el olimpo de las cantantes/actrices pajaronas. Porque sí, amigos, Leonor es ahora musa de Alessandro Baricco. Y la vida, ay, va dejando de tener secretos para ella. Aprovechando que andaba por las Asturias (rearme moral), me acerqué este fin de semana a la edición gijonesa del IV festival Palabra y Música, coorganizado por una periodista de esta casa, Silvia Grijalba".




Si no les queda claro de que a Quico Alsedo no le gusta un pelo Leonor Watling, que es posible que haya quien tenga dudas, les pongo un trocito de una entrada (completa aquí) del 31 de Marzo del mismo blog y que versa sobre la colaboración musical de la actriz inglesa Zooey Deschanel y Matt Ward:




"Ella se llama Zooey Deschanel. Es actriz y canta, pero olviden a las petardas de Leonor Watling y Scarlett Johansson, ese par de peluqueras. Zooey se llama Zooey por la genial novelita de Salinger, aunque no consta si la ha leído o no".




Yo desconfío intelectualmente de la gente que utiliza la palabra "novelita" para referirse a "El Guardián entre el Centeno" de Salinger y también personalmente de las personas que dudan de la capacidad intelectual de terceros ("no consta si la ha leído [la novela] o no"). Lo primero me parece una llamada de autoafirmación en eso de estar a contracorriente ("bah, si todo el mundo alaba esa novela es que no es tan buena..." confundiendo lo minoritario con lo sublime, que tampoco) y lo segundo avisa sobre que estamos ante un texto escrito por alguien repleto de prejuicios o, peor, frente a uno de esos periodistas que parece que, de un momento a otro, van a preguntar: "¿Pero usted contra quién ha empatao? ¿Me enseña su curriculum, por favor, y la lista de libros que ha leído desde prescolar?".
Por si hubiera duda, googleando me encuentro con un texto de 2002 de El Mundo firmado por Alsedo sobre la gala de los nominados a los Goya:

"(...)La nota de color, con un atrevido vestido hippioso, la puso Leonor Watling, nominada a mejor actriz por A mi madre le gustan las mujeres y feliz también por las siete posibilidades de Goya de Hable con ella: «Como me lo den no sé qué voy a decir», contaba por ahí toda sonrisas. (...)".


Al parecer el asunto viene de largo.


Indisimulada condescendencia, malicia, pocas maneras diplomáticas y formas de jemer camboyano (diría rojo pero de enterarse Pedro Jota es posible que Quico Alsedo recibiera el mismo trato plural que el desaparecido blog de Javier Pérez de Albéniz) para referirse a la Watling que, al parecer, es una cantante pajarona, petarda, peluquera, va de divaaa, es falsamente auténtica, es falsamente intensa y...ufff...qué cosas...


Desconfío de las críticas que dedican más tiempo a las apreciaciones personales que a la descripción del objeto a criticar en sí y, mucho menos, si estas van acompañadas de insultos. Al parecer a Quico lo que no le gusta es que las actrices se metan a cantantes porque, claro, ya saben, bueno, es posible que este intrusismo apague definitivamente la sagrada llama que arde en las cumbres del Monte Olimpo del Rock&Blog que no del Rock&Roll.



Desconfío de los integristas porque, en general, pervierten el mensaje de todo aquello que adoran: de hecho creo que las religiones tendrían bastante mejor prensa y también Star Wars si no llamaran la atención de tantos fanáticos.

La verdad es que solo falta que hubiera dicho que es una "hija de puta". No hubiera desentonado.

Desconfío mucho de las críticas que te dejan un sabor amargo y la convicción de que están escritas con tinta de revancha. ¿Qué motivos tiene Quico Alsedo para cargar contra Leonor Watling? Al parecer existir pero, como decía, Steve Buscemi a Nicholas Cage en Con Air para referirse al comportamiento de Cyrus The Virus (el malo interpretado por John Malkovich): "Es una incógnita, será que sus padres le pegaron demasiado cuando era pequeño...o demasiado poco".

Sobre todo porque Leonor Watling no se lo merece. Les cuento una anécdota: Hace poco me encontré con ella en un excelso cutre bar madrileño (sí, vale somos viejos conocidos) y, cuando se ausentó, la camarera del local me suelta "Fíjate que viene por aquí con las gafitas, con la nariz siempre metida en el libro...¿Es que esta chica es famosa?".
No es Leonor de las que va pidiendo guerra de portadas y no le falta talento ni para interpretar, ni para cantar pero no seré yo el que le haga una innecesaria loa, ahí está su trabajo para demostrarlo.


Y sobre la crítica, yo que también ejerzo cuando me dejan, contaré esta segunda anécdota: Hoy he pasado por la puerta de mi antiguo Instituto y me he dado cuenta de que estaban construyendo en lo que nosotros conocíamos como "El Huerto del Pajero". El lugar era una especie de tierra arada y baldía en la que, con puntualidad británica, se aparecía un señor a las 13:30 horas. El tipo, mirando al tendido, o sea, al instituto se bajaba los pantalones, se ponía en cuclillas y plantaba un pino. Sin solución de continuidad, en la misma posición aprovechaba el fresquito para hacerse una gayola. Era de aquellos espectáculos que uno no quisiera ver pero que, por la carga emocional que conllevan para el artista por encima incluso de la ejecución, uno no puede dejar de mirar. Lo más curioso es que El Pajero se animaba con los insultos y frases de repulsa produciéndose un extraño efecto: cuanto más gente lo veía, cuanta más gente le gritaba, cuantas más risas más rápido iba el asunto, de hecho, al principio acompañaba su número con una revista porno que, en las últimas actuaciones que recuerdo, fue suprimida del número. Cuando el asunto se acabó por convertir en algo tan monótono como para que nos volviera a resultar interesantes las clases de latín de última hora, El Pajero nos abandonó dejando tras de sí sólo el bautismo del huerto homónimo.

Aquella anécdota me persigue cada vez que voy a usar la palabra "provocador" o "transgresor" para referirme a un espectáculo y, de hecho, creo que no le acabo de pillar el punto a La Fura por culpa de aquél performer anónimo y tocado del ala. Alguien me dice:

- "Guau, es que es delirante, me pone los pelos de punta, es super transgresor".

- "¿Te he contado lo del Huerto del Pajero?" Digo yo.

También me enseñó que la gente hace y dice muchas tonterías por el simple placer de ser observado o leído y que, como única arma para brillar por encima de los que normalmente, se lo merecen están dispuestos a cualquier cosa. Si uno quiere que desaparezcan sólo tiene que dejar de mirar (o de leer).

Leonor debería hacer suyas las palabras de Michael Jackson en La Hora Chanante y decirle a Quico Alsedo: "Te has clavao muchísimo conmigo".
P.D.: Por cierto, los terrenos de "El Huerto del Pajero" han sido adquiridos por la Comunidad de Madrid para construir un enigmático Centro Sanitario de Logística Mundial (no me intenten convencer, Madrid está gobernado por Spectra)...jo, si ellos supieran...Sobre periodistas exhibicionistas hablaremos otro día...