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lunes, 2 de febrero de 2026

Hombre en fuga


 

Habrá más de Robert Redford en un futuro, supongo, pero detenemos este amplísimo repaso a uno de los iconos incontestables del cine de los últimos sesenta años con la que fue, claro, su última película. Hablamos de THE OLD MAN AND THE GUN, que establecía una curiosa correspondencia entre el actor, que se despedía de su profesión, y el personaje que interpretaba, un veterano ladrón de bancos incapaz de dejar esa actividad, la única que le daba un motivo para seguir adelante. Estamos ante una película pequeña, intimista, en la que David Lowery vuelve a mostrarnos su cine sin grandes ruidos, atento a esos movimientos cotidianos para dibujar una figura extraordinaria, pero que se sabe normal y corriente. Redford era Forrest Tucker, que existió realmente, que llegó a fugarse dieciséis veces de prisión, y que robó su último banco con 80 años. Y le presta su mirada de simpático inconformista, un embaucador que robaba sin usar la violencia y tenía ese halo romántico e indescifrable del que no espera nada de la sociedad, mirándola con el desdén de una sonrisa ensayada. Fin de todo, de una enorme carrera cinematográfica, de una época en la que aún se podían robar bancos, y a lo mejor de una manera de entender el cine que huye del exhibicionismo, que prefiere contar una historia cualquiera, la misma que Redford le cuenta a una embelesada Sissy Spacek, no para que le crea, o a lo mejor sí...
Esto de las películas no será lo mismo sin él.
Saludos.

viernes, 1 de octubre de 2021

Inevitable y sugerente


 

El cine de David Lowery es como es. Cultureta, detallista, metafísico, distante. Como tantos otros, diríamos, pero luchando por encontrar un sitio reconocible dentro de la industria, porque Lowery se resiste a ser marginal, algo de lo que hablan unos nada desdeñables presupuestos, incluso más suculentos de lo que cualquiera pueda imaginar en estos inciertos tiempos de penuria. Así las cosas, se estrena THE GREEN KNIGHT, que podría ser la película más a contracorriente para este curso. Basada en algunas improbables leyendas artúricas, con el caballero Sir Gawain como protagonista, ha conocido alguna que otra versión anterior, con discutibles resultados que hemos despachado en estas mismas páginas. Esta versión, no sólo es la mejor, sino que además aporta un arriesgado punto de vista, desmarcándose del típico relato caballeresco, e ingresando en una fantasía de épica callada, introspectiva, pero con un concepto visual gozosamente exuberante. El ritmo, claro, puede tirar para atrás, pero ya conocemos a Lowery, un señor que se toma su tiempo para que seamos nosotros quienes paladeemos sus exquisitas imágenes. Es, también, una magnífica versión, porque no elude el motivo principal, que tiene como protagonista al misterioso caballero verde y su no menos curioso reto navideño; pero la intrigante deriva de Gawain (estupendo Dev Patel) apunta hacia ese destino vital, trágico e insoslayable, que también estaba presente en A GHOST STORY o EN UN LUGAR SIN LEY, con las que comparte similitudes aparentemente insospechadas. Una película que necesita gran colaboración del espectador, pero que ofrece una gran recompensa final, y que es el mejor trabajo de su director hasta la fecha. Lowery ya prepara para el próximo año su personal visión de Peter Pan, habrá que ver su aportación...
Saludos.

jueves, 17 de mayo de 2018

En alas del pasado



Sorprendió la decisión de poner en manos de un director como David Lowery el no menos sorprendente remake de PETE'S DRAGON, no tanto una vez vista, pues sus intenciones quedan claras desde su impactante arranque, que aparca por completo la infantil versión de 1977 y la transforma en un relato sobre la amistad, aunque sea entre un niño y un dragón. El problema del film es otro, quizá tener que complacer a demasiado público con expectativas diferentes. Para mí tiene algunos momentos de muy buen cine, pero parece que a Lowery lo obligan a filmar un puente en llamas o una persecución automovilística; y es lo obvio, por no hablar de ese indescifrable "tono disneyano", que impide que la poesía visual se expanda, no vaya a ser que a un niño le dé por pensar que las relaciones emocionales pueden llegar a ser complejas. No sé, es una sensación extraña, porque la idea está bien, no me opongo a este tipo de remakes, pero su carácter falsamente reformista no aguanta un análisis más profundo de lo que finalmente ofrece su premisa.
Entretenida, a veces aburrida, recuerda a Spielberg y también a Pialat... Y eso es muy muy raro...
Saludos.

sábado, 3 de marzo de 2018

Nomeolvides



A GHOST STORY merecería un punto y aparte en el panorama de actualidad, al menos para intentar descifrar la deriva de David Lowery, un director, más que inclasificable, indetectable, curiosamente a medio camino del cine de autor con tufillo y la comercialidad camuflada en multitud de capas eximidas del tic vagamente consensuado. Lo que Lowery quiere contar no es para nada insondablemente profundo ¿O sí? Lo que se nos cuenta es el paso del tiempo, la necesidad del amor como bálsamo que una los escasos momentos de felicidad y, sobre todo, una idea tan hermosa como terrible: sólo seremos eternos mientras no pasemos al olvido total. Lo curioso de todo ello es que Lowery aborda estos temas sin grandilocuencia, incluso con un motivo principal no exento de sorna: el protagonista muere repentinamente, deja de existir en pantalla y se convierte, cómo no, en un fantasma. Un fantasma como dios manda, debería añadir, con su sábana y todo; un ente silencioso, con pequeños movimientos, que vuelve al que ha sido su hogar por una razón que desconoce, aunque lo que se nos da a entender es que el único motivo por el que aún existe (es un decir) es que su pareja aún no le ha olvidado. Luego, es cierto, hay dos o tres momentos algo forzados, como de relleno, en los que la supuesta trascendencia de mostrar la intemporalidad de quien está más allá del tiempo aporta poco al desarrollo de la historia. Es un film bonito de ver, que no molesta ni incomoda, y que transita exactamente el lugar que pretende habitar; quizá como su protagonista, sabe que espera algo pero el qué.
Saludos.

martes, 29 de abril de 2014

Cartonianos U. S. A.



Con el tiempo nos daremos cuenta del daño que le ha hecho al avance de la "manera" de hacer películas el "amaneramiento" de hacer películas en el que ha caído, como una espiral demasiado fuerte para poder salir de ella, Terrence Malick. Usted tiene la música (excelente), la fotografía (fascinante) y los actores (sobresalientes), así que usted tira del jackpot  y elige una historia cualquiera, lo que no debería ser un problema si no se resienten su pulso y su brío a la hora de trasladarla ante los colirizados ojos de un público entregado y poco menos que lobotómico. La voz en off conscientemente desubicada; datos vagos; luz diurna que se cuela por los ramajes; miradas arrobadas; crescendos orquestales... Todo un ritual que, desgraciadamente, se nos ha hecho habitual y, por tanto, intrascendente.
Son muchos los que han bebido de este brand new well, unos con más acierto que otros, y al menos David Lowery tiene la decencia de elaborar un guion que no por visto y sobado pierde enjundia. Como si de unos Bonnie & Clyde de tercera  se tratara, AIN'T THEM BODIES SAINTS nos cuenta la salvaje peripecia de unos "amantes bandidos" que no se sabe si son más una cosa o la otra. Los emboscan y detienen tras un robo, ella está embarazada, él carga con toda la culpa y la excluye, es encerrado con una condena de 25 años y, mientras tanto, su esposa y madre cuida de su bebé mientras el policía que les atrapó no oculta su atracción por ella. Vale, es mucho más terrenal que Malick, y se nota; las notas de ensimismamiento siguen apareciendo, como si todo lo que tuviese que salir en la pantalla estuviese destinado a trascender sin remedio, pero Casey Affleck compone un personaje oscuro y quebrado, y Rooney Mara parece estar elaborando pacientemente su lugar en Hollywood, alternando producciones independientes y títulos más comerciales. No obstante, no me atrevería yo a contrariar a quien se sienta fastidiado por una lentitud narrativa rayana en un esnobismo que, francamente, tampoco le pega mucho a esta historia que, curiosamente, termina siendo más simpática que apabullante. Y es que hasta el propio Lowery tiene cara de buen tipo... No serían unos santos, pero tampoco era tan malos...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!