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martes, 15 de febrero de 2011
Problemas para la gente sin problemas
En la sociedad actual, aunque parezca lo contrario, los roles y estratos sociales, además de ser pocos, están muy bien delimitados; la democracia como fracaso utópico o como triunfo de los cobardes, los cuales no tienen nada de malo y en gran proporción han ganado, de momento, la batalla por los establecimientos vitales. Hablar sobre este tipo de cosas, si te dejan, no es fructífero; antes existía el socialismo y se podían hacer largas exposiciones llenas de pasión y vitalidad; poco a poco, el confort (en todo su extenso significado) ha ganado casi todo el terreno, pero hasta algo tan aparentemente ideal como el confort contiene algunos reversos tenebrosos.
BREAKING AND ENTERING fue el último largometraje de Anthony Minghella antes de su prematuro fallecimiento; Minghella, fiel heredero de cierta tradición cinematográfica británica, congela a sus personajes y situaciones en el muy reconocible ámbito de sus propias circunstancias, lo que ha dotado a su escueta filmografía de una entidad sólida al tiempo que discutible. Nadie discute la innegable calidad de sus historias llenas de pasiones bigger than life, pero la devastadora globalización llegó para demostrar qué artistas eran capaces de reciclarse a sí mismos sin caer en la impostura, algo que Minghella sólo logró en pequeñas proporciones. Aquí, sin despeinarnos demasiado, asistimos a las vicisitudes de un arquitecto (Jude Law), poseedor de una empresa constructora en mitad de King's Cross; a sus quebraderos laborales habrá de sumar una esposa abúlica y neurótica (Robin Wright Penn) y una serie de robos que se irán sucediendo varias noches, hasta que el escamado e insomne arquitecto decida, en lugar de acudir a la policía, acampar en la oficina con la intención de pescar al ladrón. Una noche logrará su objetivo, llegando hasta el apartamento donde el joven ladrón vive con su madre, una refugiada ilegal bosnia interpretada por Juliette Binoche que es lo mejor del film; allí guarda montones de aparatos sustraídos, por lo que la denuncia y la deportación parecen inevitables. Sí, un correcto film de ciertas ambiciones sociales que se desangra, como tantísimos ejemplos actuales, cuando pretende entablar cierto discurso trascendente. Minghella falla en el terreno que Ivory dominaba a placer, el simbolismo realista; por lo que roza en ocasiones el ridículo, como en el sentimiento de culpabilidad ternurista con la situación de los refugiados o los furtivos encuentros nocturnos con una improbable prostituta (Vera Farmiga) en su coche, poniendo a prueba su tambaleante fidelidad y con algunas líneas de diálogo que merecen la pena escucharse para no ser repetidas por ningún joven guionista. En definitiva, una buena idea desperdiciada por la incapacidad de Minghella para desprenderse de su propia contención, por lo que un punto más de locura le habría sumado bastante, a la película y al personaje de Law, de eso estoy seguro...
Saludos con alevosía.
miércoles, 28 de enero de 2009
Las máscaras del (anti)héroe
Minghella murió hace poco menos de un año, y en su memoria quedarán algunos productos olvidables y alguna que otra película que nadie, excepto él, iba a atreverse a rodar. En THE TALENTED Mr. RIPLEY, Minghella no rechaza en ningún momento el laberinto psicológico desarrollado por Patricia Highsmith, al mismo tiempo que deleita al espectador con su exquisito sentido de la ambientación y es capaz de "crear" un nuevo Ripley, más inquietante que el Delon de PLEIN SOLEIL (esa sonrisa, falsa y auténtica al mismo tiempo...); quizá el mejor trabajo de Matt Damon hasta la fecha, otro del club antes descrito. Mientras que Jude Law (¿para cuándo un verdadero papel protagonista?) es dueño y señor de la pantalla mientras está en ella, lo que, paradójicamente, le viene de perlas a Damon, pues, para quien haya leído la novela, es exactamente la fase en la que Ripley simplemente observa, admira y conspira en la sombra. El resto es mejor no desvelarlo. A mí me gustó esta adaptación sobre la amoralidad y el arribismo despiadado, un día hablaré de la otra, la de Clément.
Saludos amorales.
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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!