Mostrando entradas con la etiqueta Gaspar Noé. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gaspar Noé. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de febrero de 2019

Push the button



CLIMAX ganó Sitges, no se esperaba otra cosa, pero yo sí. Sigo esperando al Gaspar Noé que intentaba narrar, porque siempre intenta narrar, pero últimamente parece dejarlo a ver si todo sale solo, y los milagros desentonan si no se nota la mano del director que ha hecho el guion por añadidura. Es curioso, pero el aviso para los menos empapados del director galo es que se trata de un film extrañamente comedido, o que promete un montón de emociones fuertes para acabar en fragmentos de otras cosas que hemos visto antes. Destacaría el trabajo de steadycam, notable mientras los diálogos aún tienen sentido, y un par de coreografías que se aprovechan de la visceralidad de la música expandida, muy noventera. El resto es Noé y más Noé, fisicidad y ritmo con un eco vagamente ultraterreno en lo político al fondo y muchas escenas que un buen montador no hubiese dejado ahí. Pero Noé es Noé, y Noé decide su propio trote en la pista que él mismo ha diseñado para él mismo. Es raro, porque me extrañaría que alguien se escandalizara con esta película, rodada en un único escenario y con un reparto mayoritariamente desconocido y que sirve bien a los propósitos del chamán realizador, al que imagino con media sonrisita y un botón donde pone "autodestrucción". Si lo ha llegado a pulsar, de eso hace ya algún tiempo; algún día le dará por regalarnos una historia bien contada, pero también puede que le echemos en cara una cierta cobardía. No será mi caso...
Saludos.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Rincón del freak #249: Imágenes lubricadas, ideas agotadas



Ahora que EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS está de moda por cuestiones más o menos escabrosas, se da cuenta uno, echando siempre la vista atrás, de lo difícil que es ser transgresor sin caer en la vacuidad de un discurso que se hincha al ver su imagen reflejada. Se equivocan los que piensan que el film de Bertolucci es un grito irrefrenable de libertad creativa por sus tórridas escenas sexuales; lo es por poner algo muy complicado en imágenes: la autodestructiva deriva de un hombre deshumanizado y en un estado de soledad perpetua, incapaz de encontrar una salida que no pase por arrastrar y consumir a quienes se cruzan en su camino. Al lado de esto, LOVE, de Gaspar Noé, es poco más que un blandiporno con genitales en primer plano y luces de estudio fotográfico, pero con un discurso tan vacío que asusta pensar en el futuro creativo del director de joyas como IRREVERSIBLE o SOLO CONTRA TODOS. Noé no va a ninguna parte, pero tampoco lo hace como Brando, no nos hace partícipe de su vacío, y sí de un insoportable (y soporífero) entramado visual que transfigura la imagen viva y expansiva en una especie de fotonovela en movimiento de estética curiosamente anticuada. Es como si, de momento, no pudiese ir más allá, encontrar una historia a la altura de sus exigentes pretensiones formales y dialécticas, por lo que el argentino opta por desecar la trama y prácticamente infantilizarla, para después eyacular destellos de soberbia en tres dimensiones sobre el pasmo de quienes, como es mi caso, nos rasgábamos las vestiduras hace años (demasiados quizá) ante el que considerábamos podría ser el gran renovador de la aburrida escena europea. Espero, sobre todo, que en futuros proyectos sea capaz de ir desprendiéndose del cineasta/enfant gâté que hace tiempo dejó de ser y, al igual que sus absurdos e inmaduros personajes, vislumbre esos otros mundos y esas otras historias que existen más allá de camas desbaratadas y clubes cochambrosos...
Saludos.

viernes, 5 de septiembre de 2014

La mitad del cuarto



CARNE fue el primer aviso de Gaspar Noé, el primer toque de atención tras aquel desasosegante corto que era TINTARELLA DI LUNA. Un mediometraje de 40 minutos en el que se condensaban las principales constantes de su obra mayor, SOLO CONTRA TODOS, y de todo su cine, hecho de incomodidad, sorna apocalíptica y un punto de vista sobre la humanidad de un nihilismo a veces aterrador. Si vieron el largo no les sorprenderá en demasía, pero merece la pena reivindicar este impecable boceto por varios motivos. Entre ellos, la impactante utilización de esos intertítulos que son como golpes en nuestro rostro, como avisos (ustedes mismos si la siguen viendo...); o el feliz encuentro entre el director francoargentino y esa bestia llamada Philippe Nahon, perfecta encarnación del hombre que se traga su misantropía en actos cotidianos y repetitivos, el carnicero de caballos que vive con su hija y que ha trocado los sentimientos por convicciones... digamos que no siempre acertadas. Esta oscura fábula, salpicada de sangre y casquería (más moral que física, es cierto) puede leerse en varios niveles, como cuento de terror, adivinanza con fin del mundo o una historia de amor tan oscura y heterodoxa que resulta imposible tomarla como tal. Y para quienes, pobres incautos, no sepan aún de la existencia de Noé, aquí tienen la mejor oportunidad para ello; un film, ya digo, que sigue desestabilizando conciencias casi un cuarto de siglo después.
Saludos.

miércoles, 23 de julio de 2014

Bastardo #3



Alguien debió prevenir al responsable de la campaña del gobierno francés contra las enfermedades de transmisión sexual, que el designado para el cortometraje iba a ser Gaspar Noé... JuasJuas! Bingo! Noé!... Esto sólo podría pasar en Francia. A usted, reconocida joven promesa del cine patrio, le dicen: "necesitamos reforzar nuestra imagen de país progresista y comprometido con la erradicación de las lacras sociales, como, por ejemplo, el SIDA"... y "usted sólo tendría que filmar un pequeño cortometraje... seis o siete minutos". Y veo a Noé, el tipo que más sonríe del mundo, bigotudo, feliz, dando insonoras palmaditas "¿Cuándo empezamos, gringa?".
El resultado: SODOMITES, o: siete minutos (al menos Noé es rígido con las restricciones temporales) de locura pornográfica malsana y... esperen un  momento... Lo más parecido que he visto a cómo debe ser que se corran en tu cara cincuenta tíos malolientes. Esto no es una mala crítica, es una buena crítica; SODOMITES es exactamente lo que el cine necesita ser para no anquilosarse: intención, contenido y libertad para cohesionarlo ¿Que hay que hablar de lo chungo que es follar sin condón? Venga pues: una mazmorra. Los cincuenta tíos malolientes cascándosela. Una señora inclinada hacia delante y abierta de piernas. Un tipo con máscara de lobo al que tienen que sujetar para que no se desboque. Todo está preparado para una penetración anal. En exhibición. Pero...¡alto! Tenemos un preservativo negro, porque ni siquiera los lobos están libres de la infección... En otras manos, esto ya habría sido más que suficiente; Noé, sin embargo, no para en este golpe de efecto. Efectivamente, su cine consiste en mostrarlo todo, audazmente... Y a fe mía que lo muestra todo.
Brutal, genial, intemporal...
Saludos.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Cómo explicar el fin



A colación de lo que se escribió ayer aquí sobre el último film de Clint Eastwood, debo confesar que me entraron unas ganas irreprimibles de completarlo con otro film que, en esencia, habla de lo mismo; sin embargo, ENTER THE VOID, del franco-argentino Gaspar Noé, está en las antípodas formales, existenciales y filosóficas del blandito panfleto del norteamericano. Sin ser su mejor trabajo, Noé efectúa un nuevo paso adelante por la cuerda floja, sin red y los ojos tapados, como a él (y a nosotros) le gusta. ENTER THE VOID es una historia sencilla pero expandida y replegada infinitas veces; la historia de Oscar, un joven que vive en Tokyo junto a su hermana Linda. Oscar vende drogas, Linda es stripper en un club. Oscar es emboscado en un bar, recibe un disparo y muere. A partir de aquí, la intención de Noé es filmar cómo el espíritu de Oscar vaga por todo Tokyo, observando a los demás y a sí mismo; sin reglas temporales ni barreras físicas, nos es ofrecido un desconcertante concierto fluorescente sobre una ciudad asfixiante y caótica, un puñetazo visual y sonoro que deja en pañales lo que habíamos visto de este director, que no busca su público, sino que espera a que sea éste quien encuentre la película. No es lo mejor de Noé por varias razones. Porque es demasiado larga; dos horas y media de luces estroboscópicas, ruidos chirriantes y un constante jugueteo con el ridículo existencialista, que afortunadamente Noé salva con su habitual contundencia narrativa. También le pesa que nos demos cuenta, ya con el film avanzado, de lo poco que nos importa todo lo que le ha pasado a Oscar en la vida, y que Noé rescata en una serie de flashbacks absolutamente inanes. Pero sobre todo juega en su contra la terrible contradicción en la que, bajo mi punto de vista, incurre un nihilista como Noé, ya que, al no poder aceptar la idea del vacío y la nada, decide filmar un "más allá de la vida" que es más severo y radical, pero que no deja de tener ese fondo confortable de esperanza y creencia irracional, algo que a Sartre (y debo citar a Sartre aquí) no se le escapaba que siempre será el colchón defensivo mediante el que nos defendemos de una idea que nuestro cerebro no puede dar como factible: nuestra desaparición absoluta e irreversible, nunca mejor dicho. Aun así, Gaspar Noé sigue siendo uno de los directores de cine más originales y estimulantes de los últimos veinte años; algún día saldrá de su satisfecha automarginación de los cánones habituales; mientras tanto, sigamos quedándonos pasmados.
Saludos descreídos.

viernes, 24 de julio de 2009

No rebobine, por favor

Y Gaspar Noé lo volvió a hacer (búsquese crítica de SOLO CONTRA TODOS en estas mismas páginas), volvió a dividir a la crítica y al público; así que generó debate, no a una escala significativa, se trata de Noé, no Spielberg, claro. Pero en estos tiempos de asquerosa tibieza no está mal que te tilden de genio o de farsante, sin medias tintas. A la espera de poder ver su nuevo trabajo, grabado en Japón, hoy voy a hablar de su segundo film, otra vuelta de tuerca a la sinrazón y la iniquidad del hombre contemporáneo.
IRRÉVERSIBLE será recordada (lo que no es justo) por la escena que Noé enclavó justo en la mitad y que mostraba cómo un tipo violaba nada menos que a Monica Bellucci en un túnel subterráneo y a tiempo real, sin cortes ni cambios de plano. Una escena de unos diez minutos de duración y que habla a las claras de que Noé es un director que se la juega en cada plano, lo que a veces es magnífico y otras no tanto. Pero quedarse sólo con esta escena sería injusto y sesgado, precisamente porque no creo que sea lo más interesante de la narración, sólo algo que el director debía mostrar crudamente para que pudiésemos comprender qué significa exactamente una película que está contada al revés. La diferencia fundamental entre IRRÉVERSIBLE y, por ejemplo, MEMENTO es que aquí empezar por el final (y el título, claro) responde a la obsesión del franco-argentino por la angustia de que todo está escrito tal y como debe suceder y nada puede reescribirse, incluso en una obra artística. IRRÉVERSIBLE no es una película bonita, no, ni uno va a aprender lección moral alguna; su cometido es de otra naturaleza: golpear al espectador para que éste abra los ojos y vea un espectáculo de podredumbre instalado en esa "normalidad" que creemos vivir cada día. Ahora bien, esto no es BAD LIEUTENANT, y Noé alterna momentos de terrorífica intensidad con otros verdaderamente sonrojantes, de una pedantería pocas veces vista, sobre todo cuando los personajes tienen que abrir la boca y decir algo, es lo peor del film. Mejor le sale un Vincent Cassel enloquecido, en busca del autor de la violación como un caballo desbocado, amén de la crudísima y arriesgada apertura en el club de S&M gay, quizá lo mejor junto a un final desconcertante, como si de otra película diferente se tratase. Hay quien literalmente tuvo que taparse los ojos, estáis avisados.
Inevitables saludos.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Dentro o fuera

Un hombre cualquiera, ni bueno ni malo, perdido en la vorágine de un país inmenso (Francia) que engulle con su fatal peso las mínimas aspiraciones. El hombre ve a su hija correr hacia él con la ropa manchada de sangre y piensa que la han violado; sale a la calle buscando venganza y la encuentra en un inocente que nada tiene que ver con el asunto. El hombre es detenido por agresión; la niña sólo había tenido su primera regla. El hombre es carnicero de profesión.
Lo fascinante de SEUL CONTRE TOUS, del francoargentino Gaspar Noé, es que quizá, aunque sólo se trate de mera probabilidad, nada de lo que ocurre en la cinta ocurra de verdad, es posible que, sobre todo al final, se nos esté sugiriendo que se trate sólo de un estado paranoico de su protagonista, magistral Philippe Nahon. Independientemente de esta personal apreciación, la película es de esas que no se olvidan fácilmente. En un impactante ejercicio audiovisual, cada momento crucial es reseñado con incesantes sonidos off the record que parecen jalonar, explicitar, que el espectador se mantenga en todo momento alerta, que se haga uno con el protagonista y no le juzgue, sino que penetre en su atormentada psique. Luego, una serie de carteles de índole casi propagandística (gigantescas letras rojas y blancas sobre fondo negro) nos van dando una serie de instrucciones a lo largo de este tortuoso periplo; el espectador casi se ve forzado a someterse a un incómodo ejercicio de "ver" aunque no se quiera. Especialmente significativo resulta un momento dado, poco antes de la brutal, casi insoportable, resolución, donde uno de estos carteles nos AVISA literalmente de que tenemos treinta segundos para abandonar la sala... tremendo.
SEUL CONTRE TOUS es realismo sucio, pero no es necesariamente realista. Se tratan los temas cruciales que acucian al hombre moderno (trabajo, inmigración, sexo, alienación), pero no pretende en ningún momento dar lecciones ni directrices; antes al contrario, se trata de un golpe en la boca del estómago cuando nos damos cuenta de que casi todos pensamos igual que un personaje tan moralmente asqueroso como éste. Un personaje abatido, aplastado, cobarde, frustrado, más parecido a una alimaña que a un ser racional... un tipo que, admitámoslo, está más cerca de nuestras biempensantes burbujas protectoras de lo que podríamos creer.
No apta para mentes ni estomagos intolerantes.
Saludos contra todos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!