Uno de los principales problemas con los que se encuentra un joven realizador, aparte del económico, suele ser el que sigue a esta pregunta: "¿Y de qué hablamos?". Exactamente. Porque no se quiere caer en la frivolidad ni el exceso de celo; y porque ahora mismo ¿hay realmente algún tema de actualidad que sea interesante? La respuesta es sí.
Hace algún tiempo hablé aquí de una película realmente interesante llamada SMOKING ROOM, cuyas grandes virtudes estaban en la agilidad con la que Roger Gual, su joven director, aprovechaba un tema aparentemente nimio (la prohibición de fumar en las empresas) para introducir grandes preguntas sobre los abusos cometidos en el ámbito laboral. Cuatro años después, Gual, ya sin Julio Wallowitz en la co-dirección, vuelve a sorprender con un relato coral donde nada es lo que parece aunque todos sabemos cómo acaba esta historia; la historia del relevo generacional y el intercambio de roles. Lo que antes se atribuía a una generación ahora recae en la siguiente, y siempre será así. Y siempre suscitará un polémico debate, porque cada uno defenderá lo suyo.
En este caso, la excusa es francamente ingeniosa: un grupo de antiguos hippies, ya casados y con hijos rozando la treintena, decide visitar al antiguo líder de su comuna, que vive retirado en el campo. Lo que aparentemente iba a ser un plácido fin de semana lleno de nostalgia acaba con todo el grupo enfrentado (padres impotentes, hijos resentidos, parejas desplazadas, el gurú ex-alcohólico y herido por recuerdos escabrosos) y la necesidad imperiosa de escupir verdades a toda costa, de desvelar lo que se ha estado guardando como "simples juegos de juventud". Los actores, ya digo, se muestran solventes en una difícil tarea, la de convencer de que realmente pertenecen al juego generacional, pero el gran acierto del film es la frescura de un guión que rechaza salir de un marco cerrado para centrarse en los conflictos de los personajes. Al más puro etilo Bergman pero hablando de cosas que a todos nos suenan. Y ya era hora.
REMAKE tampoco apareció en su momento en los goya... ¿y qué más da?
Saludos generacionales.