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lunes, 10 de noviembre de 2025

Fliparse


 

Me da un poco de penilla que la última película dirigida por Robert Redford sea una cosa tan indefendible como THE COMPANY YOU KEEP, aunque subsanaremos la afrenta con otro repaso, el de su filmografía como actor, bastante más coherente con la altura de su figura. Estamos ante un telefilm de los cutres, pero repleto de grandes actores y actrices, la mayoría sin saber qué hacer con sus personajes, de tan estereotipados y planos. La trama, estirada hasta lo insoportable, pretende hacernos creer varias cosas que sólo imagino en cuarto milenio. Esto es: Robert Redford es un activista (como debe ser) que tuvo un pasado turbio, pero se ha reciclado en un señor de 76 años que cuida de su hija de 11 ¿? De repente, el FBI le busca, porque han deenido a Susan Sarandon por ¿un asesinato?, y un joven e inexperto periodista de un periódico local (Shia LaBeouf) concluye que ahí hay misterio y conexión, así que Redford se convierte en "el fugitivo". Por el camino, entre sus aventuras, por allí pasan Chris Cooper, Richard Jenkins, Nick Nolte, Brendan Gleeson, Sam Elliott, Anna Kendrick, Stanley Tucci y hasta una pobre Julie Christie más perdida que Spiderman en un descampado. Ninguno de ellos (y es difícil) logra superar el "cameo involuntario", como si le hicieran un favor al productor. Ignoro si la novela es un poco más coherente, pero aquí todo va atropellado, cansado, como si lo dirigiese alguien con 76 años... Y no la hundo porque me da pena constatar que la decadencia no es algo detectable por uno mismo, que ya es el colmo de la tristeza. Además, podría ser carnaza para ultraliberales, que se deleitarían despotricando sobre activistas antisistema con yates y mansiones rurales. Si esa gente viese cine, claro...
No merece la pena, y lo que viene es mucho mejor.
Saludos.

lunes, 3 de noviembre de 2025

En la tierra de los valientes


 

THE CONSPIRATOR pasaba por ser el proyecto más personal y ambicioso de Robert Redford, que perseguía esa "historia americana definitiva" en las páginas menos amables de su propio país. Aquí se parte de un hecho real, el juicio a Mary Surratt tras el asesinato de Abraham Lincoln. Surratt, una mujer humilde, que se ganaba la vida regentando una pensión tras enviudar, fue acusada de encubrir a Wilkes Booth y su grupo de conspiradores, al hospedarse allí en los meses previos al magnicidio. A causa de la ley imperante entonces, no tuvo derecho a un juicio popular, lo que quedaba descartado en tiempos de guerra. El joven y primerizo abogado Fred Aiken, anteriormente un héroe del bando del Norte, es designado como su defensor; pese a sus reticencias iniciales, Aitken conocerá de primera mano los abusos e irregularidades del sistema judicial, más pendiente de ofrecer al pueblo una venganza que de hacer justicia. Y bueno, la película patina estrepitosamente, aun con la sobriedad que Redford impone en su mirada, mostrándose incapaz de levantar una puesta en escena acartonada, incluso errática, con una miríada de personajes sin peso real, rozando en sus peores momentos el docudrama de televisión por cable. Y todo ello con un espectacular reparto, que incluía a James McAvoy, Robin Wright, Evan Rachel Wood, Kevin Kline  o Tom Wilkinson; todos mal dirigidos, sin sentido del ritmo o del espacio, para terminar conformando un fracaso justamente olvidable, apenas recomendable para los incondicionales del "trial-film" canónico. En mi opinión, ni eso funciona, y me permito reivindicar por tanto la más que digna JUROR #2, de tito Clint, que al menos insuflaba algo de sorna irónica a un subgénero creo que sobrevalorado.
Saludos.

lunes, 27 de octubre de 2025

La duda es la madre de la discordia


 

Hay un rechinar de dientes insoslayable recorriendo todo el metraje de LIONS FOR LAMBS, una película tan ambiciosa  como corta de miras, tan bienintencionada como apolillada en sus preceptos tanto políticos como estrictamente humanos. Tanto en fondo como en forma, Redford da un resbalón en su loable intento por "mostrar cada punto de vista", lo que resulta en un batiburrillo difícil de entender curiosamente por lo naif de su discurso. Y, ya digo, formalmente no hay nada aquí de un autor con cierta sofisticación, rozando el telefilm en cada una de sus tres partes, supuestamente diferenciadas, pero unidas por un mismo cansancio, el que hace ganar elecciones a imbéciles como Trump. Quizá si se hubiese optado por uno de dichos segmentos, en lugar de la vaga trascendencia que resulta de ese insoportable tufo globalizador, que igual nos hace estar en el despacho de un senador republicano, en el de un progresista profesor de ciencias políticas, y hasta en lo alto de las nevadas montañas de Afganistán, tendríamos algo más entretenido y cohesionado. Curiosamente, el gato al agua se lo lleva Tom Cruise, magnífico como un embaucador senador, agresivo y arribista, que aterroriza a una capidisminuida Meryl Streep, en un perverso juego de ataque y seducción, en el que pretende convencer a la veterana y combativa periodista de por qué el gobierno haría lo que haría... cuando en realidad ya está hecho. Sí, la premisa es buena, incluso imaginativa, pero a la película le falta de todo: garra, inspiración y un poco más de oscuridad para ilustrar la cosa esa de las lentejas y las ruedas de molino.
Lo mejor, que sólo dura 90 minutos.
Saludos.

lunes, 20 de octubre de 2025

Bogey days


 

Contra todo pronóstico, me gusta el golf. No es el deporte más popular del mundo, se le suele atribuir (supongo que con razón) un signo elitista que lo aleja de las clases populares, y (esto sí que no lo comparto) tiene fama de ser endiabladamente complejo de entender, y lo es de jugar, pero no deja de ser "gana el que meta la pelotita antes". En este sentido, no recuerdo muchas películas notables sobre golf, pero alguna buena hay, y THE LEGEND OF BAGGER VANCE es de las que mantienen el interés de la manera más complicada. Con mínimos elementos dramáticos, cogidos con pinzas, bordeando una cursilería casi indefendible, Robert Redford levanta una fábula de superación y dignidad apenas con un par de intervenciones de Will Smith, en su salsa haciendo de tipo entrañable, un misterioso caddy que se aparece para darle extraños consejos a un Matt Damon que interpreta a un prometedor golfista, que vive como un vagabundo tras una experiencia traumática en la WWI, pero que es embaucado por su antigua prometida, Charlize Theron, heredera del mejor campo de golf de Savannah, que pretende sortear las deudas tras la muerte del padre y constructor organizando un grandioso torneo entre los dos mejores jugadores, aunque aún debe convencer al tercero. Es, ya digo, una película amable en las formas, con ese anacronismo que le gustaba a Redford, que se inserta en esas epopeyas tan americanas (recuerden F1) del perdedor capaz de sortear sus demonios personales de forma más o menos terrenal. 
Es entretenida, hay un cameo encantador de Jack Lemmon, pero una pizquita de mala leche le habría sentado bastante bien.
Saludos.

lunes, 13 de octubre de 2025

¿Qué tendrá Montana, Montana qué tendrá?


 

Era inevitable que Robert Redford recalara en el melodrama más obvio y recalcitrante, lo que aún retumba, ocupando memes y recursos de mal crítico, en las innecesarias, agotadoras casi tres horas de THE HORSE WHISPERER. Una película con muchas películas dentro, y no todas necesariamente buenas. El arranque, prometedor, nos sitúa en un trauma tremendo, el que sufre la joven Grace (una casi debutante Scarlett Johansson) en un espantoso accidente a caballo, que le cuesta la vida a su mejor amiga, y a ella nada menos que una pierna. Sus padres, altos cargos en Nueva York, son incapaces de reconducir a la joven, que se encierra en sí misma, lo que lleva a su madre (Kristin Scott Thomas) a no sacrificar al caballo, muy malherido tras el accidente, con la esperanza de que la ayude a recuperarse. Para ello recurre a Tom Booker, un experto vaquero con la cualidad de "comunicarse" de alguna manera con los caballos, emprendiendo un largo viaje hasta el remoto rancho donde Booker ni siquiera la espera. No está mal para plantear una historia más o menos interesante, pero Redford se engolosina de su personaje (insoportable de tan perfecto), y decide que para ser la primera vez que se filma a sí mismo a lo mejor había que ponerle sonriendo con un prado detrás y la luz del crepúsculo cayendo suavemente. Ahora en serio, el libro ya era una gilipollez mojabragas de tomo y lomo, pero hay que ponerle mucho empeño y mucha paciencia a una película alargada hasta la exasperación, que va relegando la historia de superación de la pobre Grace en favor de la hijoputez de la madre, que por mucho Redford que sea, hombreee, que iba nada más a curar al caballo...
No recordaba haberla visto antes, y ahora sé por qué.
Saludos.

lunes, 6 de octubre de 2025

De padres e hijos


 

Vaya por delante que A RIVER RUNS THROUGH IT me gusta, porque conserva ese encanto clásico que Robert Redford daba a sus historias, de enseñanza y aprendizaje, lecciones de vida que aquí se muestran con la simpleza del personaje principal contándonos cómo fue su vida junto a sus padres, su hermano y el río que no sólo simboliza ese fluir vital, que personalmente me deja rechinando por exceso de obviedad, sino el punto de encuentro a donde dejarse llevar con sinceridad y pausa. Un río para pescar, y testigo mudo del devenir de estos dos hermanos tan diferentes pero iguales. El mayor, Craig Sheffer, de talante templado y que sólo aspira a graduarse, encontrar un buen trabajo enseñando y casarse con la única chica para la que tiene ojos; mientras, un por entonces incipiente Brad Pitt, el menor sobrevive trabajando en el periódico local de Missoula (curiosamente, la ciudad natal de David Lynch), ahogado por las deudas de juego, pero con un carácter tan rebelde como encantador. No hay mucho más que contar en esta película bonita de ver, incluso con momentos de estupendo cine, que en mi opinión hubiese ganado con menos bucolismo y reforzando la psicología de sus personajes, algo que Redford bordó en su debut, por poner un ejemplo. Una película que parecen fotografías en fila, para que uno escoja la que más le guste, con escenas impecables (las de pesca, por ejemplo) y otras que tienen algo de maestrillo castigando de cara a la pared, de tarta de manzana enfriándose en el alféizar o escaparate de misal en temporada. No dejen, empero, que un pesimista como yo les arruine el visionado de un film, por otra parte, que en ojos del espectador adecuado puede resultar fascinante.
Fantástica fotografía de Philippe Rousselot, por cierto, que aquel 1992 se llevó el premio de la Academia.
Saludos.

lunes, 29 de septiembre de 2025

Sí se puede


 

Te pueden arrebatar todo, pero no la dignidad. Es una frase pintona, casi para ponerla en una taza, pero es una frase con tronco, que palpita y sacude. Robert Redford entiende esto a la perfección en THE MILAGRO BEANFIELD WAR, aquella preciosa fábula en un polvoriento rincón de Nuevo Mexico, que invocaba el rigurosa admiración a John Ford o a McKendrick. Todo comienza con un amanecer (cómo no) y una misteriosa silueta con un acordeón saltando alegremente por los campos, el pueblo, Milagro, donde todos duermen. Amarante Córdova (genial, mítico, Carlos Riquelme), el más viejo de todo Milagro, despierta y da las gracias por tener un día más, pero el ángel Coyote ha decidido hacerle una visita, no porque haya llegado su hora, sino porque también se aburre. A lo mejor porque los puñeteros gringos quieren plantar un campo de golf, allí que no llueve nunca, para dar trabajo dicen. Menos a uno, uno muy cabezón, José Mondragón, que con el mosqueo le da un puntapié a la llave que restringe intencionadamente el acceso al agua, y súbitamente, su reseco campo de frijoles, el que siempre cultivó su padre, se ve regado. Mondragón decide cultivar, lo que desata las iras del empresario, dispuesto a detenerlo a toda costa. Esto es vieja escuela, personajes con peso y entidad, una historia divertida y emocionante, y un punto de realismo mágico para volver acerca de las lecciones vitales de LAS UVAS DE LA IRA o LOS SANTOS INOCENTES. Lo cierto es que UN LUGAR LLAMADO MILAGRO no es tan trágica ni tan fatalista, y de repente te ves sonriendo ante ese sentido del humor tan sano y cercano que destilaba Redford, lejos del frío Star System; y con los ojos humedecidos porque... claro que se puede, siempre se puede...
Hermosísima, preciosa película.
Saludos.

lunes, 22 de septiembre de 2025

La broma infinita


 

Con Robert Redford se da otro aldabonazo a un Hollywood que no va a volver jamás. Estrella rutilante, con un carisma imponente, Redford era ese "indiscutible", un tótem intocable, un valor seguro, la garantía en la inversión y el exponente que precedía a estrellas posteriores como Pitt, Cruise, DiCaprio... Pero también era mucho más, era ese tipo comprometido, que instauró una institución como Sundance, que hoy día no es ni la sombra de lo que él pretendió que fuera. Y también un demócrata convencido, mucho más humilde de lo que su posición en la industria pudiese indicar, lo que reflejó en su faceta como director, coherente con sus inquietudes, y que revelaba a un cineasta verdaderamente dotado y que, como veremos en las próximas semanas, no se ciñó a un solo género. Me parece indiscutible que ORDINARY PEOPLE, su ópera prima, es también su cima como el atento observador de las pequeñas miserias y grandezas del americano medio, en una historia alejada del mero entertainment, emparentándose en una disección social y psicológica que proviene directamente de Richard Brooks o Mike Nichols, aunque aquí se invoca de manera indirecta a Bergman, mientras se adelanta el ácido bisturí de Thomas Anderson o Sam Mendes. No es una película perfecta, hay que decirlo, ni lo necesita; es un grito sordo pidiendo ayuda, el que emerge de un prodigioso Timothy Hutton (que ganó el oscar con 20 años), mientras lucha con los demonios de un intento de suicidio, tras ser testigo de la trágica muerte de su hermano. Película contenidamente coral, distribuyendo con inteligencia a cada secundario, Redford maneja el juego de espejos en otras dos magníficas interpretaciones, un contenido Donald Sutherland como el padre conciliador pero incapaz de contradecir a una Mary Tyler Moore gélida, y por momentos terrorífica, esa madre sin amor para dar... porque cada uno sobrelleva el duelo como puede.
La familia Jarrett podría albergarse en cualquier párrafo de la obra maestra de Foster Wallace, no mucho más allá, apenas como una de esas ventanas de madera impoluta en un residencial de lujo, a través de la cual vemos sonrisas perfectas, mientras se tricha el pollo y el árbol de navidad está a punto de desplomarse...
Saludos.

sábado, 8 de junio de 2013

Saber y ganar



Desde siempre me han atraído esos cúmulos de extrañeza que son los concursos televisivos de preguntas; los buenos porque uno no puede dejar de preguntarse qué clase de bichos raros puebla cada rincón de este país, locomotoras pensantes que asisten impertérritos al bombardeo dialéctico que terminará por coronarlos como sabios oficiales. Los malos porque son exactamente todo lo contrario, y uno se pregunta otra cosa: ¿Es que acaso los eligen por imbéciles? Como curioso es también preguntarse por qué los premios son inversamente proporcionales al grado de dificultad impuesto... Aunque lo más inquietante (aparte de la verdadera edad de Jordi Hurtado) es explicar el insano deleite que la turba-muchedumbre (entre la que, por supuesto, me incluyo) encuentra en si el fulano de turno se lleva el primer premio, por no hablar de los exabruptos que se le dedican al pobrecico que no es capaz de superar la primera fase. Robert Redford realizó hace unos veinte años el que sigue suiendo el mejor acercamiento a este tipo de concursos, un demoníaco entramado que se tituló QUIZ SHOW y que hablaba de muchas cosas y a las que uno debe estar muy atento si no quiere perderse en la superficie de un film que, efectivamente, va mucho más allá en sus pretensiones. Hablamos de un caso real, el de un popular concurso en el que se destapó que su máxima estrella, que respondía preguntas a todo trapo, en realidad no era más que un títere al que daban las respuestas a priori. Ralph Fiennes encarna con acierto a este distinguido profesor universitario, un intelectual que se ve cegado por los focos de la fama y que perderá  su posición social por no negarse a un amaño que incluso podría no haber sido necesario. En el otro extremo, John Turturro compone un excesivo e inolvidable personaje, el del concursante saliente, de extracción humilde y modales poco refinados, que llega a creerse incluso su derecho a disponer de esas respuestas y que, descontento con la solución económica que se le ofrece, optará por tirar de la manta, lo que tendrá un efecto dominó de terribles consecuencias. Al mismo tiempo aguijón de conciencias y espectacular retrato de un tiempo (los años cincuenta) en el que la ingenuidad supuso un negocio en sí mismo, QUIZ SHOW, su director, no puede evitar caer presa de un inusitado ataque de modestia, y uno se queda con la sensación de que, de arañar más, podía haber sido mucho más tremebunda y reveladora.
Saludos cuestionados.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!