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jueves, 23 de octubre de 2025

El amor trasplantado


 

En MISÉRICORDE, Alain Guiraudie vuelve a su incesante, incontenible baile de cuerpos en movimiento, aparentemente cansados de deambular, locos por encontrar un lugar, su lugar, lo que normalmente no suele salir bien. Guiraudie convierte un anodino pueblecito de la campiña francesa en una especie de caldera de deseos y frustraciones, pecados barridos bajo la alfombra que, en un momento dado, giran hacia el peor escenario posible. Hasta allí llega Jérémie (Félix Kysyl invocando al Stamp pasoliniano) desde Toulouse, diez años después, para asistir al funeral del dueño de la panadería, donde él trabajaba. Inmediatamente, afloran deseos que parecían haber quedado olvidados, pero la figura de Jérémie ejerce de polo magnético incontenible, atrayendo o repeliendo a todo quien caiga bajo un influjo curiosamente involuntario, incluso ingenuo. Estamos en el terreno de ese thriller anguloso y gélido, que presiona a sus personajes hasta que encuentran sus límites, y aquí todo está al límite, de lo ridículo, de lo repugnante, y también de lo tierno, lo confortable. Estos personajes, que parecen habérsele escapado a Bresson, necesitan confesarse (atención a ese cura, no han visto otro igual en pantalla), ser comprendidos, y no siempre lo intentan de la mejor manera, sino brutalmente, en una confusión de los sentidos que nos deja en un fantasmal territorio, donde la realidad puede no corresponder a la verdad, donde este Jérémie, que llega de ninguna parte, es ese fantasma con el que todos quieren estar y ninguno puede poseer.
Puede resultar una experiencia asaltante para quien anteponga principios morales predeterminados a lo que Chabrol definiría como "la oscuridad que no queremos ver".
Saludos.

lunes, 5 de noviembre de 2018

La creación descreída



Lo decimos muchas veces ¿Cómo puede acercarse el cine a la vida real? Yo creo que el realismo es una trampa, casi una falacia, y que no hay nada menos real que el realismo. Por otra parte, esos pequeños"retazos" (me acuerdo de Mekas, que buscaba la belleza a través de la realidad)pueden hallarse por sorpresa en los rincones más insospechados, como las flores que se han abierto paso entre un mar de cemento. RESTER VERTICAL confirma a Alain Guiraudie como un autor insobornable, también imperfecto, dispuesto a asumir la caída y reconocido sólo a medias e incluso incomprendido por sectores habitualmente de vanguardia. Quizá porque su cine no camina en dirección a "lo moderno", sino que parece perplejo ante su propia circunstancia de artefacto único y desamparado ¿Cómo, si no, abordar la historia de un supuesto cineasta que se queda a vivir inmediatamente con una pastora a la que acaba de conocer, para después quedar sunido en la indigencia y al cargo del hijo recién nacido de ambos? Creo que casi nadie ha comprendido esta película, o al menos no han podido ubicarla en su debido contexto, que no es otro que el de la alegoría congelada; un poco a lo que en su momento inició Gus van Sant con GERRY y ahora mismo supone el motor creativo de Jim Jarmusch. Guiraudie nos sume en un absurdo nunca exagerado, sino encogido de hombros, sin respuestas, nada cómico y sí exacerbadamente crítico. Porque esta historia habla, entre otras muchas cosas, de la imposibilidad de ser genuinamente bueno sin caer en la incomprensión de una sociedad acostumbrada a aceptar como natural la maldad; puede que un cierto rasgo de santidad, muy deshilachada, eso sí, pero que vacía la narración de contenido semántico para colocaenos frente a nuestros propios temores e iniquidades. Lo afirmo porque supuestos "críticos de la seriedad" sólo han visto coños filmados frontalmente... Así nos va...
Saludos.

lunes, 17 de noviembre de 2014

La pequeña muerte



Ha terminado el Festival de Sevilla, arrojando un balance final creo que más que satisfactorio, tanto en afluencia como en selección; una vez más, el punto negro lo ha puesto la caótica organización, incapaz de dar cabida a tantísimos cinéfilos y curiosos, mientras que artefactos sin la menor importancia (los que no pertenecían al Festival) se veían obligados a coexistir con los que de verdad le han demostrado a los subnormales de la Academia de Cine y del Ministerio de Cultura que el cine no sólo no ha muerto, sino que con un precio justo y una exhibición acorde con la demanda, está más vivo, fresco y candente que nunca. Son muchos los títulos relevantes que se han dado cita a lo largo de esta semana, interesantísimos los apartados (EFA, con el premio del público; Las Nuevas Olas; Resistencias; S. Screening) y el imponente repaso a la última cinematografía austríaca, afortunadamente con menos Haneke (sólo uno) del previsto y con dos puntos fuertes: las retrospectivas a Heinz Hemigholz y Martin Arnold. No pude ver TURIST, Giraldillo de Oro, pero me basta hacer una simple reflexión acerca de la ganadora del año pasado, L'INCONNU DU LAC: ambas se llevaron antes sendos premios en Cannes, y las dos en la sección "Un Certain Regard", lo que podría verse como una ventaja tanto como un inconveniente. No estoy seguro sobre si Cannes podría ser un buen "mecenas" para un festival que aspira a respirar su propio aire, pero habría que concluir que una vez más han sido las secciones paralelas las que han ganado por goleada a la Sección Oficial.
Sobre la película de Alain Guiraudie, que intencionadamente había pospuesto hasta este momento, debo destacar su extraño sentido de la sobriedad, teniendo en cuenta los dos temas principales sobre los que desarrolla una trama al mismo tiempo apasionante y sosegada. Un lago, donde en verano se dan cita hombres que buscan sexo, amistad o tan sólo mostrarse desnudos sin ser molestados. Por un lado, el lago, espacio único y sometido a los vaivenes del paso de los días, es este escenario en el que ocurren encuentros y desencuentros entre varones; por el otro, un suceso apenas vislumbrado al anochecer por el protagonista, un asesinato del que no hay duda de quién lo ha cometido. A partir de ahí, Guiraudie despliega un magistral juego de impares; el asesinato sirve a su testigo para poder alcanzar su objeto de deseo, mientras descubre el poder de la amistad sin sexo en un hombre solitario que le confiesa su amor sincero. Todo ello trufado de abundantes desnudos masculinos, que jamás se muestran impúdicos, sino llenos de naturalidad, y que sirven como ilustrativos de otra cosa, quizá la confusión de los sentimientos cuando éstos se encuentran en total libertad de ser experimentados sin la incoveniencia de agentes externos y no deseados. Una gran película, sin duda, arriesgada y con un estilo tan insólito que me temo que va a tener tan pocos adeptos como imitadores.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!