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sábado, 22 de noviembre de 2025

Woke up, Netflix


 

Sí, mon amis, he visto la segunda (y por lo visto definitiva) temporada de THE SANDMAN, tan sólo por constatar un par de cosas. Primero, siempre en contra de la cancelación; si alguien tiene algo que objetarme, que lea algo sobre un tal Jafar Panahi. Segundo, Netflix es incapaz de incumplir el contrato que tenía ya firmado y estrena la temporada, no fuese a llevársela otra plataforma, porque al fin y al cabo Netflix (como el resto de plataformas) no es más que un ente corporativo que te quiere hacer creer que es una especie de productora, pero no lo es. Después, como un niño que no sabe si lo han pillado robando un dulce, dan cero promoción a una de las series que deberían ser santo y seña, pero ya sabemos que el catálogo de Netflix parece un bol familiar de palomitas, y de las malas. Más, esta T2 es una chapuza muy bien hecha. Me explico y acabo: como tienes que oscurecer a Neil Gaiman, pero eres tan torpe que ni sabes hacerlo, dispersas los episodios sin ton ni son, abandonas el descomunal primer episodio (véase imagen) sin razón aparente, das protagonismo a personajes que no le interesan a nadie, y cuando no te lo habían pedido (es un spoilerazo, pero me la suda), te cargas a Morfeo de la manera más gilipollesca que se te puede ocurrir, sacándote de la manga una especie de reencarnación que no va a ninguna parte, y rematándolo todo con un último episodio que no pinta nada en el cuerpo de la serie. En serio, esto podría haber sido muy grande, un acontecimiento, pero vivimos en un mundo dominado por mongólicos a los que John Ford les daría una colleja pero bien gorda.
Mi recomendación es que vean el primer capítulo y se olviden del resto.
Saludos.

lunes, 16 de diciembre de 2024

Todos juntos otra vez


 

El final de THE SUBSTANCE está conscientemente hipertrofiado, en todos los sentidos. No es sólo que su directora abrace el exceso como única forma de abrochar lo que no es más que una indisimulada patada en los huevos del star system, y sobre todo cómo se ha convertido en una máquina que ignora a las actrices como seres humanos, que como no puede ser de otra manera, cambian con el tiempo. Curiosamente, los mejores momentos de este body horror, con menos horror que patetismo, se encuentran a mi entender en el estilizado y enigmático arranque, donde una estupenda Demi Moore visibiliza, desde el humor paródico a la rabia generacional, todo un abanico de emociones, para que éstas cristalicen en la aparición de la prometedora Margaret Qualley, que es el complemento para este relato que aúna al mito de Frankenstein con Dorian Grey, a Fausto con La Cosa, y no siempre afortunadamente, pero sí con el suficiente arrojo como para tener en cuenta a una cineasta que logra contentar a aficionados de distinto pelaje. Otra cosa son los hachazos de brocha gorda a Kubrick o Polanski, que pueden resultar hasta simpáticos, aunque lo de rubricar a lo Brian Yuzna no lo vimos venir, claro. La impresión final es que esperaba que el film iría por otro camino, menos festivalero y más inquietante, pero no tengo ninguna duda de que éste era exactamente el acabado que Fargeat buscaba, lo que, ya digo, nos mantiene a la expectativa de que decida embarcarse en un guion ajeno y más complejo.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!