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viernes, 12 de abril de 2024

El tajo donde vivir


 

UN AMOR tiene dos visionados. Uno, habiendo leído el libro, y otro sin leerlo, y no estoy seguro de sentirme afortunado por ser de los primeros. 160 páginas puede ser poco para una novela, 130 minutos demasiado para una película. Sara Mesa opta por una aceptable desecación formal, sin florituras, muy al estilo Delibes, para desentrañar un enigma que no es tal, tan sólo la aceptación como cuerpo extraño de una traductora, presumiblemente urbanita, en un pequeñísimo pueblito de La Rioja; tan pequeño que no lo es, sino que pertenece a otro más grande, capital para Mesa, intrascendente para Coixet. Coixet, a la que le conocemos los trucos, "traslada" el texto, para apropiarse del mismo inmediatamente y hacer "su película". El resultado es un film tibio, en tierra de nadie, que funciona muy bien con la novela armonizando el guiñol (no se me ocurre una palabra mejor para la puesta en escena), pero roza la ridiculez cuando la directora decide proponer (cuando no imponer) lo que ella ha entendido, y visto lo visto ha entendido poco y mal. El más difícil todavía, extender una novela cortísima en una película larguísima y que te sobre una hora entera. Los actores bien, y desaprovechados, incluso una Laia Costa que crees tener a tu lado viendo la película... De hecho, y sin tener ningún derecho a hacerlo, yo hubiese ahondado por el personaje del casero, que habría sido más perturbador y arriesgado, además de que Luis Bermejo es tan buen actor que es capaz de dominar un arquetipo tan evidente y desagradecido. Nunca lo sabremos, pero sí que la escena final es una mierda pinchada en un palo, por cursi, por inoportuna y por estar copiada sin ninguna vergüenza del final de una peli danesa en la que la gente bebía mucho...
Ay.
Saludos.

jueves, 28 de abril de 2016

Modulación del fuera de campo



Veo, con pocas esperanzas, NADIE QUIERE LA NOCHE, último film de Isabel Coixet y que, aunque sólo fuese por su rutilante despliegue internacional, amén de sus nueve nominaciones, mantuvo cierto aura de posible ganadora del Goya. No fue así, pero pudo ser. Y es curioso, pero en la primera mitad de esta intensa, casi "herzogiana" película, logró (permítanme el chiste) un "Mi peli sin mí", ya que advertí un pulso y un brío inusuales en el ombliguista cine de la catalana. Es la historia de Josephine Peary, que organiza una imprudente expedición para encontrarse con su marido en un inhóspito punto del Polo Norte, puesto que está convencida de que éste al fin ha logrado llegar al centro del mismo y ser el primer hombre en conquistarlo. Robert Peary es omnipresente en la narración, como motor de arranque o impulso irracional para llevar a cabo lo que en vano los expertos intentan desaconsejar en vano a esta decidida mujer. Pero Peary no aparece, no es él el protagonista, sino su circunstancia, cómo interfiere su epopeya personal con un puñado de vidas al límite en condiciones más que extremas; he ahí el valor del guion de Miguel Barros, sostenido con acierto mientras los personajes se ven arrastrados a un destino fatídico, pero que pierde fuelle en el larguísimo, interminable desenlace, que parece una parodia involuntaria de LA QUIMERA DEL ORO (acepto las risas), pero sin ninguna gracia. Curioso, porque el drama épico le sienta bien a Coixet, y sin embargo el intimista se desgañita por parecer verosímil, y por supuesto que no lo consigue, por mucha grasa de ballena cruda que nos hagan tragar... Y luego está Juliette Binoche, una actriz tan grande que es capaz de echarse sobre los hombros este extrañísimo artefacto y hacer que nos lo traguemos de una sentada y no nos preguntemos cosas raras, que es lo que pasa casi siempre con las películas de Isabel Coixet. Porque le pudo salir mejor... pero también mucho peor.
Saludos.


domingo, 28 de febrero de 2016

Rincón del freak #226: Con el carné caducado



No he podido ver todavía la última película de Isabel Coixet, que estaba nominada en los Goya, pero sí que vi la anterior... Y si me dicen que la ha hecho otro, me lo creo. LEARNING TO DRIVE es poco más que una sucesión de topicazos más o menos reconocibles que intenta ser una comedia "con mensaje", pero que acaba en el cajón de las naderías prescindibles o trabajos alimenticios, que no digo yo que no sea necesario para el mantenimiento de una carrera cinematográfica, pero que a ésta le aporta muy poca cosa aparte del recaudo, y tampoco es que la cosa haya sido un disloque.
A esta película no la salvan (y es sintomático) dos pedazos de actores como Ben Kingsley, en uno de los papeles más ridículos que le recuerdo, y la gran Patricia Clarkson, a la que se le debe reconocer el mérito de seguir obteniendo papeles en Hollywood con su edad. Ambos son, atentos, un inmigrante Sij que trabaja como taxista y dando clases de conducir, y una crítica literaria. Ella está en un traumático proceso de divorcio y él la va a enseñar a conducir como terapia... Efectivamente, es tan tonta como parece...
Saludos.

viernes, 15 de octubre de 2010

Películas para después del Prozac #5



No sé, hay algo que me aterra en MI VIDA SIN MÍ; quizá la incertidumbre de no saber si se trata de un cuento pesimista narrado de forma optimista o todo lo contrario. Quizá sea la Coixet, que jamás querrá acostarse conmigo aunque me pusiera gafas rosas, sino que huiría con su pavoneo de ojos desorbitados y chascarrillos de todo a cien. Quizá es que a mí, la interpretación que más me gusta de Sarah Polley no es ésta, sino la de DAWN OF THE DEAD (recordadme que hable un día de este peliculón, que se me pasa...); y, sin embargo, lo del cambio de registro no está en lo suyo, no señor... Pero, a ver, a mí no me alegra la vida que me digan que me voy a morir pronto, así que le hago una pregunta a la Coixet, ahora que el novio está mirando para otro lado: ¿a qué huelen esos polvos? ¿a qué saben? ¿cómo me mete usted en la mollera que esa chavala lo está pasando fetén por mucho Ruffalo que ponga ahí?... Seña Coixet... ¡Que se muere, copón! ¡que se muere y hasta luego Lucas!... Ejem... La película, después de todo, no es tan mala, no como otras de su autora; de hecho, me atrevo a decir que es la mejor junto a COSAS QUE NUNCA TE DIJE. El problema es de fondo, es el mismo problema que tiene Díaz Ferrán para hacerse entender entre el pueblo llano; el problema es que lo que para la Coixet es una cosa, para mí, al menos para mí, es otra bien distinta; por eso me cuesta entender su sentido del humor o identificarme con esa catarata de encuentros casuales que, de repente, han de inundar la antes opaca vida de una pobrecita moribunda antes de que ésta se extinga. Como cuento moralista puede pasar, vale, pero como supuesta filosofía y/o estética narrativa me parece repugnante, como esas noticias que sólo da Antena3 en sus informativos, enfocando sólo cuando el prenda se derrumba y suelta el moco.
¿Qué hacer? Son estos tiempos.
Saludos... paparapapá...

sábado, 4 de septiembre de 2010

No lo intenten en casa



Tim Robbins es un tipo que trabaja en una plataforma petrolífera, sufre un accidente y pierde la visión. Sarah Polley es una inmigrante en busca de oportunidades que se apunta a una larga temporada en la plataforma, cuidando a Tim Robbins. Javier Cámara sale haciendo pizzas en la plataforma petrolífera para los grasientos y musculados machos que allí habitan y trabajan; de vez en cuando sale al exterior a sentarse en una butaquita y contar chistes. Leonor Watling sale un par de minutos como si hubiese salido yo. Julie Christie (una de las cinco mujeres más bellas de todos los tiempos) necesitaba financiación para un bungalow en Can Pastilla y contactó con una amiga que siempre está dispuesta a echar una manita. La amiga es Isabel Coixet, alias "nadadesexoanalporfi". Ah, también están las ratas de la cosa esa que se llama Academia del Cine Español, que le dieron cuatro Goyas, director y película incluidos... Produce Almodóvar Bros.
Intrascendente es la palabra que mejor define LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS; una intrascendencia tan nimia como la incapacidad para poetizar en base a una plataforma petrolífera y sus circunstancias y tan impotente como ver dos excelentes actores dejándose todo su talento (Polley y Robbins) para hacer creíble, sustancioso cuando menos, un relato (el guión es autóctono y también se llevó un Goya...) que, una vez hemos visto que todo el mundo, según la catalana, debe tener un trauma por narices, toca rellenar los espacios vacíos, que en este caso ocupan el 90% del film/anuncio/billorda, y que al final, en vez de dejarte hecho polvo te vas de la sala con un cabreo monumental por varias y justificadas razones. Te preguntas: "¿En qué diablos se gasta el dinero la gente?" y añades: "Otra vez me han timado" y peor aún: "Lo malo es que con este dinero estafado la Coixet seguirá haciendo anuncios y...". Sí, iba a decir películas, pero la Coixet ya hace tiempo que cambió de oficio y ahora es la publicista trascendente del reino.
Saludos desde el Golfo de Mexico (que por cierto no he oído a esta señora decir ni mú al respecto).

jueves, 19 de noviembre de 2009

Elogio

Una elegía, tengo entendido, es la exaltación del recuerdo que se tiene de una persona desaparecida mediante recursos más o menos poéticos. Lo que Isabel Coixet realiza en ELEGY es otra cosa, y quizá equivocó la palabra, eso es todo. La directora catalana elabora un puntilloso y entregado elogio doble. Por una parte, el elogio a un gran actor, Ben Kingsley, al que rara vez le hacen justicia sus personajes; aquí empieza dando un recital de contención, pero acaba sepultado por lo inane de la historia, envilecido bajo líneas de diálogo de telefilm.
Lo otro es peor, la verdad. No puedes decir que lo que haces es muy inteligente si el 75% de los planos, planos directos, embelesados, casi dulzones, van dirigidos (teledirigidos) a elogiar la belleza de Penélope Cruz, una supuesta actriz de la que el primer comentario siempre es: "¡Qué guapa está!", otro elogio.
A partir de ahí, lo menos que Coixet puede hacer es mantener firme el pulso narrativo de una historia que se supone que debe ser el colmo de la tristeza. Kingsley interpreta a un profesor de universidad que suele tirarse a un montón de alumnas (bravo, machote) en plan kleenex, pero un día se enamora perdidamente de una alumna llamada Consuela... (Dios ¿qué nombre se supone que es ése?). Y se supone también que vamos a asistir a un demoledor compendio de personalidades contrapuestas; por un lado, el maduro profesor víctima de una oscura pasión otoñal, incluyendo sonrojantes escenas de celos; por el otro, la aparentemente inocente alumna que se revela como una curiosa devoradora de hombres, porque realmente no lo es. Se supone también que bajo la herrumbre romanticona, el discurso debe ser punzante, agudo y sutil, otro elogio, al individualismo, que en este caso nunca se cumple. Antes de acabar diciendo lo de que nos han dado gato por liebre, deberíamos fijarnos en un síntoma preocupante: la mayoría de los artistas que pretenden desarrollar cierto síndrome "autoral", terminan, al paso de los años, decantándose por un discurso conservador y cansino, con luces y sombras, sí, pero siempre las mismas luces y las mismas sombras. Le ha pasado incluso a Philip Roth.
Saludos de pollito.

lunes, 20 de octubre de 2008

Voy de negro

Hay películas que simbolizan estados de ánimo; que van más allá (conscientemente) de la imagen y la historia y sumergen al espectador en una atmósfera determinada, que es lo que el director pretende.
Con THINGS I NEVER TOLD YOU/COSAS QUE NUNCA TE DIJE (elijan), la catalana Isabel Coixet pasó de ser una publicista modernilla a ser una directora modernilla. A algunos les suena el término "gafapasta"; a mí no me gusta utilizarlo porque me parece ligeramente despectivo, pero la Coixet es una de esas personas "conscientes" y satisfechas de integrar un modelo de ser y pensar; moderno pero no atrevido, inteligente al mismo tiempo que forzadamente campechano. Así, película y directora se funden en ese nirvana inaccesible que es "la inspiración de lo invisible". Isabel Coixet logra algo impensable para un director con tan poca experiencia en este país: no sólo irse a rodar a U.S.A., sino hacerlo con una película bastante alejada de los parámetros comerciales y, además, con dos actores de relativo peso y talento. Lily Taylor y Andrew McCarthy como representantes de ese cine... vale, sí, independiente, que tuvo su auge a mediados de los noventa y que tuvo, como todo, momentos álgidos y otros menos afortunados. La que nos ocupa hoy bien podría ser todo un estandarte de cierto cie intimista, sobrio y algo ingenuo, que todo se lo juega a una carta y no siempre suele ser la mejor. La historia podría ser casi la misma que en LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS o MI VIDA SIN MÍ, es decir, que si tragedia, que si comedia, que si silencios, que si miradas... No sé, lo veo como una historia que no es tal, que necesita sostenerse en una cierta estética, o la idea de cierta estética pasada por el filtro personal de su autora... Porque por un lado me parece una película muy interesante, pero ya con perspectiva, con los otros dos títulos vistos, sólo se salva porque es anterior, aunque el tema pasa de recurrente a obsesivo y conforma ya un universo propio, que no por personal es más amplio. Un universo que a algunos les parecerá ajeno si lo compara con su propia vida, mientras que otros, entre los que me incluyo, se da cuenta de que una estética nunca ha salvado de la mediocridad la falta de profundidad psicológica, si es que la estética lo que pretende es hacernos creer que dicha profundidad psicológica existe. Una pena, porque, a riesgo de repetirme, veo a la Coixet como integrante de ese disperso grupo de los directores que creen ser autores y no se han rodeado a tiempo de guionistas competentes, no por ésta, sino por las que vinieron después y abundaron sin rubor en los mismos temas.
Saludos y ánimo, que al fin es lunes...
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!