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sábado, 28 de febrero de 2026

El espejo roto #30


 

PLAYTHING apenas mejora en nada a sus dos inmediaros precedentes en esta, de momento decepcionante, T7. De nuevo una historia confusa, con demasiados datos inocuos, sin aprovechar la excusa argumental de la tecnología retro, en unos 45 minutos que se eternizan sin avanzar lo más mínimo, hasta un desenlace que habría sido ingenioso e impactante si se lo hubiesen tomado en serio, y me da que no. Extraño, porque tienes al gran Peter Capaldi como deus ex machina de su propia historia, la de un informático de la vieja escuela (léase Windows95), asocial y asustadizo, que unas tres décadas después es detenido por un acto banal, pero la policía registra la posibilidad de que hubiese cometido un crimen en la época en la que hacía reseñas para videojuegos baratos de PC. No se engañen, esto no es MINORITY REPORT, sino un guion perezoso y predecible (vaya racha, Charlie), que no tiene ninguna crítica social, su sentido de la comedia es terrible y, curiosamente, ya sabemos lo que va a pasar mucho antes de que pase. Tiene un puntito más por Capaldi y esa vuelta efímera a aquella época que algunos vivimos con devoción, cuando las revistas traían un CD pegado en la portada. Pero es que ni siquiera el videojuego de marras es inquietante...
Ni fú ni fa.
Saludos.

martes, 9 de enero de 2024

Todos los años igual


 

Me ha parecido perentorio establecer una "disonancia paralela" entre dos directores que prácticamente comenzaron su andadura al mismo tiempo, tan sólo para comprobar lo bien que suele sentar la frase "zapatero a tus zapatos". Y es que David Slade sí se ha mantenido fiel a sus dotes de "artesano con talento", que no se cree mejor de lo que puede ser, pero siempre deja perlas de su inventiva visual. En DARK HARVEST, Slade vuelve al espacio único de 30 DÍAS DE OSCURIDAD o HARD CANDY, para introducirnos en uno de esos mundos finitos que tanto juego dan a un relato de terror. Aunque yo no iría tan lejos, porque más que terrorífico este film es juguetón, incluso exhibiendo una sorna que no le sienta mal, por muy inverosímil que se empeñe en transcurrir. En una oscura tradición (que nunca nos es explicada del todo), los jóvenes del pueblo son conminados la noche de Halloween a recorrer las calles de su pueblo, con la única misión de acabar con Jack Dientes de Sierra, un misterioso monstruo que también tiene un objetivo: llegar antes de la medianoche a la iglesia. Es cierto que el guion (basado en la novela de Norman Partridge) divaga bastante, en meandros narrativos que se hacen repetitivos, sin aportar agilidad a una trama que curiosamente parece detenerse cuando aún queda la mitad del metraje, que es otra pirueta, al menos, arriesgada. Es entretenida, es un poco tontuela, sus personajes nos importan más bien poco y lo único que la sostiene es saber qué diantres ocurre con esta bizarra leyenda urbana, que mezcla a partes iguales LOS CHICOS DEL MAÍZ (otra vez King), LA PURGA y una migajita del Shyamalan menos trascendente.
Se puede ver, y no es poco.
Saludos.

viernes, 1 de enero de 2021

Load comillas comillas


 

Siendo hoy un día especial, encaja a la perfección, por ejemplo, el episodio especial que Charlie Brooker ideó para la T5 de BLACK MIRROR, y que nos servirá para comenzar a abordarla a partir de la semana que viene. BANDERSNATCH es un decidido homenaje a una generación (la mía, sin ir más lejos), que creció entre los estridentes ruiditos de esa máquina que se llamaba "ordenador personal", pero que en realidad apenas servía para cargar la miríada de juegos (la mayoría piratas, para qué engañarnos) que poblaba nuestras repisas en formato casete. Ahí, uno esboza una sonrisa cómplice y se deja llevar por aquel tiempo, breve e irrepetible, en el que lo cutre era excelso, y quizá por eso. Luego está la película (es un largo de 90 minutos), irregular, con momentos de brillantez dramática a cargo, de nuevo, de David Slade, pero inmersa en una espiral de repetición constante y excesiva, que busca el efecto de integrarnos en la progresiva locura de su protagonista (muy buena interpretación del joven Fionn Whitehead), pero acaba por saturar una historia que se intuye con mayor potencial del que finalmente esgrime. BANDERSNATCH deja una sensación rara, de poner las cartas sobre la mesa y luego no saber muy bien hacia dónde dirigirse; de momentos arriesgadísimos, en los que la cuarta pared deja de tener sentido, junto a otros directamente chuscos. Supongo que sería una idea que a Brooker le rondaría la cabeza desde hace tiempo, pero no estoy seguro de que Slade fuese el director adecuado para este claustrofóbico vistazo a una mente que se va desarticulando ante nuestros ojos, y que como aquellos juegos que tardaban una eternidad en cargarse, corre el riesgo de que en el último momento aparezca la palabra "error"...
Saludos.


PD: Atentos a los muchos autohomenajes desparramados por todo el metraje.
PD2: Yo es que si alguien tiene la impensable ocurrencia de poner como música diegética el "Phaedra" de Tangerine Dream...

miércoles, 23 de diciembre de 2020

El espejo roto #17


 

Uno de los motores principales de BLACK MIRROR (si no el principal) es la capacidad de hacer pensar al espectador a cada entrega, invitarle a reflexionar sobre lo que ha visto y el posible reflejo de esa "realidad virtual" en la suya propia. Hay capítulos que me han divertido, otros me han fascinado, algunos simplemente me han aburrido, y otros, como "Metalhead", me han aterrado. Sin embargo, y aludiendo a la susodicha reflexión íntima, he llegado a la conclusión de que más me aterra vivir en una sociedad incapaz de encontrar estímulos sin salirse de la normativa, apelando al incomprensible y muy egoísta lema de "esto no era lo que yo pensaba". Sí, por supuesto, porque David Slade, un director con una potencia visual innegable, y forjada en títulos tan reivindicables como HARD CANDY o 30 DÍAS DE OSCURIDAD, ha volteado la habitualidad distópica de la serie y la ha llevado a su terreno. Y su terreno está compuesto por la concisión, economía de medios y un trabajo estrecho con los actores, que se exacerba en el plano físico. "Metalhead" es un survival en toda regla, como lo era PREDATOR o como lo era DUEL, y como ahí ya está prácticamente todo inventado, es mejor no ponerse a explicar chorradas ni ralentizar el ritmo con tal de engarzar un giro definitivo, que en la mayoría de casos es decepcionante. No sé si Brooker tenía exactamente en mente esta brutal carrera por la supervivencia, pero en mi opinión el cambio sí que le ha sentado muy bien a la serie. Rodada en B&W, y con apenas 40 minutos de duración, contiene un inicio de máxima tensión, un desarrollo frenético y un desenlace que parece más un remanso que una tragedia. No sé qué esperaba la gente, pero sí qué he encontrado yo: un magnífico capítulo y una magnífica actriz llamada Maxine Peake.
Saludos.

sábado, 26 de agosto de 2017

¿Qué puede matar a un dios?



Era necesario, casi indispensable, que en el sugestivo, libérrimo y renovador marco de las series televisivas apareciera el genio creativo de Neil Gaiman. Su extraordinario y desbocado talento apenas ha encontrado acomodo más allá de las páginas del cómic; no lo suficientemente valorado como novelista y prácticamente desconocido en su faceta de guionista, era una noticia que quienes le hemos seguido durante tres décadas hemos recibido con júbilo, pero también con no poca perplejidad. Las expectativas, he de decir, tenían sus reservas, pero AMERICAN GODS es una de las mejores series que uno puede encontrar en el oceánico marasmo en el que se ha convertido la ficción catódica. Extendernos sobre los detalles sería exhaustivo y contraproducente, pues acabaría por desvelar aspectos fundamentales para disfrutar de este, digamos, "thriller sobrenatural", paseo descomunal por la América mitológica, credencial y expansiva, convertida por sí misma en crisol de culturas, religiones y pactos atávicos que cada cual interpreta en su propio beneficio. De esa América de los mayas y aztecas, que una vez fue hollada por vikingos y luego por españoles, que conservaba intactos a los ídolos animales de las tribus del norte, es de lo que trata aproximadamente (y es un término aproximado) la novela original. Pero Gaiman va aún más allá y confronta a aquellos dioses, los que han sobrevivido y los que quedaron enterrados cuando ya no quedó nadie que los idolatrara, con los verdaderos "nuevos dioses", los que incontestablemente rigen el curso de nuestras vidas y a los que, quizá sin darnos cuenta, rendimos una pleitesía incluso más fervorosa y fanática que la de aquellos otros dioses. Ésta es la crónica de la guerra entre deidades más antiguas que el hombre y dichos nuevos cultos, los nuevos dioses que tienen su altar en los mass media, la imparable tecnología e incluso el muy polémico concepto de globalización, encarnado en el personaje más misterioso de todos.
Me resisto a desvelar más para quien no la haya visto aún o no esté familiarizado con los comics o la novela, pero es una serie no sólo deslumbrante conceptualmente (¡esas intros!), sino que está excelentemente interpretada (ojo al omnipresente papel, nunca mejor dicho, del gran Ian McShane) y está repleta de sorpresas, como una convención/cóctel de diferentes encarnaciones de Jesucristo o una viscosa historia de amor necrófilo...
Véanla, son ocho episodios que caen en un fin de semana y se sabe que la segunda temporada está en camino.
Saludos.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Más de lo mismo



Soy consciente de que el título de esta reseña es de las que tiran para atrás, pero estoy seguro de que todo se irá aclarando a medida que la vayan leyendo. 30 DAYS OF NIGHT es una de esas adaptaciones del cómic en las que, aparentemente, parece que nada pueda fallar. Efectivamente: falla. El asunto es el siguiente y lo enlazo con la entrada de hace pocos día acerca de DAYBREAKERS: si el vigor (y este tipo de cine ha de ser forzosamente vigoroso) sólo puede extraerse de una puesta en escena/estética salida directamente del cómic, y deja de lado los motivos referenciales importantes, como el porqué de una situación tan insólita (aunque ya trillada en la gran pantalla) como es que un grupo de vampiros informalmente maqueados se vaya a un sitio tan remoto como Alaska a libar hemoglobina; porque la cosa es cuanto menos divertida: sí, vale que llega un periodo de oscuridad de 30 días, pero... ¡es que se van todos, joder! ¡es que sólo se quedan en el poblado unos cuantos, y algunos porque pierden el avión! ¡es que son vampiros gilipollas!... Calma, calma... A ver, no, es que la cosa va de que es de noche todos los días y salen los vampiros y la gente se esconde y poco más. Hay un héroe mal peinado (Hartnett) un vampiro con cara de ir cada día a Wall Street (Huston) y unos secundarios que, como el director, un tipo que debutó con la estupenda HARD CANDY y luego ha caído en la mediocridad más absoluta, no ha tenido la deferencia de presentar antes, pues como que nos da igual que se los cepillen, vaya. Así que todo queda en algunos fotogramas solventes, gracias sobre todo a la fotogenia de la nieve a media luz y la sangre a raudales, y en un desarrollo planito planito que termina en un final terrible, por lo malo; muy mal rodado y peor resuelto como especie de desesperanza romántica a lo BLADE RUNNER. Así que, hombre, si no tienen nada mejor a mano pueden hacer el esfuerzo de perder dos horas tontamente, pero yo les recomiendo un título que bebe de las mismas fuentes pero que tiene un poderoso mensaje filosófico: THE MIST, de Frank Darabont.
Saludos oscurantistas.

sábado, 19 de julio de 2008

Caperucita feroz

A veces, las cosas son incluso como parecen.
En plena serranía madrileña me encuentro cuando esto escribo. Más: potente urbanización, amanecer con globos y Robert Graves impacientándose cada vez más. O eso o alter ego estivalero, pero viene que ni al pelo.
¡Cuidado! Absténganse los incautos que busquen simple entretenimiento o emociones fuertes..., sobre todo si pertenecen al género masculino. Como dije en la reseña de ayer, todo puede ir peor.
Descubrí horrorizado a un par de lesbianas feministas militantes con una inquietante sonrisota circundante a la salida del cine donde vi HARD CANDY. Madre mía, el declive del imperio machista es ya un hecho, sólo quedan por rodar las cabezas del resto de los hombres y como si nada. Preparémonos pues.
No es ésta una película amable, vale, pero creo que se han pasado con la mostaza. Que el tipo al final confiesa un supuesto crimen..., sí, claro, y quién no; sólo hay que ver la hora y pico precedente y uno se hace responsable hasta de la muerte de Kennedy.
Con todo, HARD CANDY (vaya título porno, por cierto) es una buena película porque siempre quieres saber más (siempre el asqueroso voyeur que llevamos dentro), aunque el grado de repugnancia nos sobrepase (vaya por delante que no quiero meter ningún spoiler innecesario), aunque el tipo al que antes queríamos crucificar pase, en menos de media hora, a ser una injusta víctima con la que nos identificamos inmediatamente.
Lo peor es su innegable estética de videoclip (sólo busquen David Slade en Google), aunque la localización es inmejorable y las interpretaciones, aunque la chica esté un poquito sobreactuada, son sobrecogedoras.
Pero el gran acierto del film quizá sea esa frialdad quirúrgica, tan falta de moral, con la que una supuesta venganza pasa a ser simplemente un crimen previa tortura que acciona los mecanismos más fascistoides de una generación que ha crecido al amparo de lo virtual, y que muchas veces es incapaz de sentir (bonita palabra) qué puede significar otro ser humano. Porque no lo olvidemos, lo que se relata en HARD CANDY pasa todos los días, con otro nombre, con otras identificaciones, pero con la misma bajeza infrahumana.
Pase entonces como escalofrío de celuloide, pero en ningún caso como ejemplo doctrinario.
Inocentes saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!