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martes, 8 de julio de 2025

La novia vestía de rojo y 2


 

Ponerme con KILL BILL: VOLUME 2 me lleva a dos o tres cosas nada más, susceptibles de ampliación, pero semejando unos brillantes apéndices del film único que podría haber sido. Primero, es una película mucho más dialogada que su predecesora, más atenta a los recodos de unos personajes que se despojan de su lastre como comparsas, adquiriendo un sentido fundamental en la esforzada alegoría que compone sutilmente su protagonista, de un feminismo a martillazos, pero que no deja nada a la interpretación. Haciendo un brillante uso de la fragmentación, Tarantino, más que desordenar los episodios los ordena según la intensidad requerida, aunque su ansiado desenlace culmine en sordina, pero con algunos de los mejores diálogos escritos por su autor. Esta revisitación me ha permitido reencontrar otra joya, el breve monólogo de un sublime Michael Parks, que merece la pena incluso por sí solo. O, evidentemente, el personaje interpretado por Michael Madsen, recientemente desaparecido, y que pasa por ser, junto a quizá Samuel L. Jackson, el actor tarantiniano por excelencia. Madsen era unos de esos secundarios de gran carácter y presencia, cuya mirada desvalida podía esconder a un tipo mortífero pero un poco de vuelta de todo. Quedará en nuestra memoria como aquel tipo que bailaba mientras cercenaba una oreja, o este otro, que llegó a convencer al mismísimo Bill de que había vendido su invaluable katana de Hattori Hanzo "por un puñado de dólares"...
Saludos.

lunes, 7 de julio de 2025

La novia vestía de rojo 1


 

Era lógico, entonces, lanzarse sin excusas al espectacular díptico con el que Tarantino colmaba una espera que se había hecho larga hasta 2003, lo que asumía el riesgo de "no parecer" la película que su autor "debería hacer", injusta coletilla para un renovador tan devoto como dedicado. A mí me pasó, KILL BILL: VOLUME 1 parecía el homenaje que alguien habría hecho a una forma de entender el cine, no "una forma de cine en sí"; una película extrañísima, con momentos geniales y otros sonrojantes, o lo más cerca que Tarantino ha estado del videoclip, porque su estilo sublima el videoclip, convirtiéndolo en una experiencia total, inmersiva, donde imagen y sonido son inseparables. Pero hablando de la película en sí, más de veinte años después, le sigo achacando su fachada de pajote satisfecho, de gozadera megakitsch sin complejos, porque el exceso es delirantemente excesivo, mientras que los momentos de escritura de guion no aportan gran cosa a una historia, por otra parte, muy sencilla de construir, incluso con los habituales saltos temporales, bastante peor ejecutados. Es, más que nada, un regalo invaluable a Uma Thurman, una gamberrada sofisticadamente autoconsciente de su misión evangelizadora, y también un desafío para ciertas tendencias hiperrealistas. Donde otros veían pesarosa gravedad, Tarantino aportaba todo el exceso proveniente del giallo, el spaguetti western y el cine de artes marciales. El podía, por eso, después de tantos años, me ha parecido hasta un pelín mejor que entonces. Aunque ahora que me acuerdo, esto venía a cuento del homenaje a uno de esos secundarios al que también sólo Tarantino podía capturarle su mejor versión. Les emplazo mañana por tanto...
Saludos.

martes, 7 de enero de 2020

Con las tripas fuera



Imagino por qué hay gente a la que no le ha gustado ONCE UPON A TIME... IN HOLLYWOOD. Porque no la han entendido, simple y llanamente. No me refiero al argumento, que es sencillo de seguir, sino a la intención de Quentin Tarantino de postrarse ante los pies de su dios de celuloide, y hacernos partícipes de una declaración de amor tan honesta y entrañable que ni un lanzallamas puede estropear. Tarantino ha decidido ser sutil, y eso no se le perdona al último de los iconoclastas, pero hay algo mucho mejor en esta película que una cansina vuelta a los orígenes, que es acceder por otras vías al mismo grado de satisfacción. Y es una película plagada de viejos amigos, de escenas que podemos reconocer, pero todo parece pertenecer a la tramoya, como cada escena protagonizada por unos memorables Leonardo DiCaprio y Brad Pitt; dos caras de la misma moneda, un star system que ya no tiene sitio para ellos y los empuja, casi sin querer, a esos márgenes de la industria que Tarantino ha amado desde siempre. Por aquí están Sergio Corbucci y Romero Marchent, y Los Bravos, y el desierto de Almería. Pero también Sharon Tate, genial mise en abyme del autor, presentada como un resplandeciente espectro de sí misma, un fantasma al que sólo la magia del cine puede rescatar de su limbo particular. No hay florituras en este Tarantino, y sí mucha autocrítica, y una gran inteligencia para saber qué debe ir en cada plano, para que nada falte y nada sobre, pero también para que el espectador se vea sorprendido en la entrañable peripecia de ese actor de tercera y su doble, posiblemente la pareja más carismática de un ya largo listado de ellas.
No sé, sólo sé que hay que verla. Y no me atrevo a decir que sea su mejor película, probablemente no lo sea, pero sé que es una obra maestra con todas las letras.
Maravillosa.
Saludos.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #33



Se cumplen 25 años del estreno de RESERVOIR DOGS. Un cuarto de siglo de la última verdadera gran conmoción de la historia del cine. Una película tan fundamental que de un plumazo dejó anticuados a sus contemporáneos e indicó gran parte de las claves del cine que estaba por venir. La vi casi de soslayo, en una sesión matinal de unos multicines recién inaugurados, como mi mayoría de edad, y un hambre de cine que desde entonces no ha cesado. Hay poco que contar sobre la ópera prima de Quentin Tarantino que no se haya dicho ya, excepto quizá la esotérica habilidad de su creador (aquí "director" se queda corto) para pigmentar la retina del espectador con unas imágenes, unos diálogos y unos personajes que rezuman iconicidad desde el delirante speech inicial sobre Madonna hasta la mítica escena final del encañonamiento múltiple; desde la identificación con unos personajes cuyos nombres han quedado tras un color hasta el escalofriante (luego ya seña de identidad) momento torture porn. Es un thriller, y de eso hay mucho rodado, pero no habíamos visto uno de estas características hasta que este muchacho desgarbado y locuaz empezó a hablarnos de cine de serie Z, exploitation, Pam Grier y todo lo que vino después. Y ese es el problema, que muchos, demasiados incapaces se quedaron enganchados a Tarantino, con el problema de que para realizar algo semejante no basta con copiar, es necesario poseer un bagaje cultural similar, y eso es complicado... Así nos va.
Obra maestra absoluta.
Saludos.

miércoles, 2 de marzo de 2016

... Y todos contentos



Efectivamente, han sido los oscar. Cada vez los tengo menos en cuenta, pero esto de tener un blog es como la tontería esa de "nobleza obliga", así que vayamos con las tonterías. Por ejemplo, que si me preguntan (que me preguntarán), en mi opinión tenía que haber ganado MAD MAX, aunque sólo fuera por dar por culo... ¡Y van y la oscarizan más que a otra!... no lo entiendo... ¡Y la mejor película sólo gana ese!... ¿entonces por qué es "la mejor película"?... Y le dan el de director a Iñárritu... ???... Extrañísimo todo, excepto tres cosas: la de animación, la de lengua no inglesa y la de mejor banda sonora. Sí, porque el oscar a DiCaprio me importa un comino, pero el de Ennio Morricone viene a saldar una cuenta que el cine le debía desde hace demasiados años. Y punto.
No sé si THE HATEFUL EIGHT es su mejor composición, pero es muy buena. No sé si es la mejor película de Tarantino (no, no lo es), pero también es muy buena. Y como ya he comentado por aquí tres de las ocho nominadas, pues aprovecho y la cuelo, porque también soy de la opinión de que debía haber estado nominada.
La película en sí tiene cosas muy estimables, como su magnífica ambientación, la habitual fluidez narrativa de su director y guionista, o unas interpretaciones que, aunque algo irregulares, ofrece un gozoso corolario de talentos, con Kurt Russell y Samuel L. Jackson como grandes baluartes y una recuperada Jennifer Jason Leigh, que le coge el punto exacto a su personaje y se destapa integrando por derecho propio la extensa nómina de "féminas tarantinianas". A mí me ha gustado, moderadamente, a trompicones, más en su primera hora que en la última (podía haberse acabado en la segunda), y con un motivo central que a mí me ha entusiasmado y que la emparenta directamente, y más que ningún otro film de su director, con RESERVOIR DOGS, su impresionante debut. Tarantino empapa su verborrea del sentido y la sensibilidad de Agatha Christie, y este western difiere de DJANGO... (para mí muy superior a esta) en qué quiere contar y cómo, es decir, mantenernos comiéndonos las uñas por saber quién es el malo. Y, claro, cuando nos queremos dar cuenta resulta que se han ca4gado a casi todo el mundo, y para eso hay que saber contar bien una historia. Con sus excesos e idas de olla y salidas de tono (nívea felación inclusive), pero con un dominio del espacio único que traspasa la simple puesta en escena teatral y lanza guiños a todos los que suponemos grandes influjos de un director que va a lo suyo, y que te puede gustar o no, pero a estas alturas debe ser considerado un género en sí mismo. Yo creo que lo va a tener en chino para ganar un oscar alguna vez... ¿pero hay alguien que piense que le importa un carajo?...
Saludos.

lunes, 18 de marzo de 2013

Testigo, puente y aldabonazo



Hay ocasiones en las que me resulta mareante y complicado tener que exponer mis razones de forma lo suficientemente práctica como para intentar eludir, lo más posible, la pedantería, el ensimismamiento y, por supuesto, la ridiculez. Así pues, me he sorprendido a mí mismo admitiendo que, si por mí hubiese sido, el oscar a mejor película de este año habría sido para el renacido Quentin Tarantino de DJANGO UNCHAINED. Y todo después de haber abominado su anterior film, que muchos dicen que se parce tanto a éste... No estoy de acuerdo. Si INGLORIOUS BASTERDS era un actor porno mirándose la picha mientras mea, este colosal y morrocotudo homenaje al cine porque sí, al marginado del star system, al lúdico placer de poner en escena lo que te salga de los cojones (y para abreviar, al spaguetti western), es un exquisito embaucador, al que no le hace falta bajarse los pantalones para llevarse a la chica... Ahora bien, la jugada de Tarantino, no por audaz, es menos calculada; resulta complicado quien defienda a capa y espada las directrices (por decir algo) de Corbucci o Castellari (a Leone lo dejo fuera, es otra liga), pero casi más por desconocimiento refractario y desprecio inculto que por urticaria técnica. Esto es lo que Tarantino ha sabido aprovechar meticulosamente, y "su Django" no escatima en órdagos para alcanzar su verdadero fin, que no es otro que traer otra época y otras maneras de hacer cine al aquí y al ahora ¿Cabe, por tanto, mayor acto de insumisión y reto? Más aún cuando DJANGO UNCHAINED contiene una dirección de actores sublime y una narrativa jamás confusa (probablemente estemos hablando del mejor "contador" de historias del cine contemporáneo), y sólo en su tramo final se desmelena en exceso, pero le perdonaría a Tarantino que aguardase un par de horas antes de osgarmar, cosa que en este excelente western ocurre. De hecho, creo que la estatuilla a Christoph Waltz es absolutamente merecida; que Jamie Foxx cumple con creces su cometido de ser "el raro en la sombra", sin alzar nunca la voz; que Leonardo DiCaprio compone a un villano simplemente espeluznante y que Samuel L. Jackson deconstruye la noción que teníamos hasta ahora del apacible criadito negro de la plantación; amén de los emocionantes cameos de Don Johnson y hasta el mismísimo Franco Nero, el Django original. En fin, una película admirable y que se disfruta de cabo a rabo, con unos diálogos deudores de la inolvidable PULP FICTION y que, al menos a mí, me devuelve la confianza perdida (no del todo) en un director único, posiblemente el que más referencias sigue suscitando en este blog.
Y aprovecho para indicar, aparte de que el repaso a los oscars de este año ha concluido, que en adelante nos esperan varios días dedicados al western... digamos "más personal". Nobleza obliga...
Saludos sin cadenas.


martes, 24 de noviembre de 2009

Los límites del encuadre en tanto que viñeta

Pues sí, no me miren raro que he repetido por activa y por pasiva que me encanta PULP FICTION; que me parece una de las mejores películas de los noventa y, por descontado, lo mejor que ha filmado Tarantino pero de lejos.
Hablamos de un film absolutamente revolucionario desde el punto de vista discursivo, narrativo; un alarde de montaje lleno de libertad y que en ningún momento se autoimpone las habituales y absurdas ataduras del cine yanqui, sobre todo las provenientes de cómo resuelve Tarantino cada problema que él mismo va creando a lo largo de uno de los metrajes más ágiles e ingeniosos que he visto desde entonces. PULP FICTION es irresistible por infinidad de motivos: por los anteriormente descritos; por un final directamente enlazado con el principio que consigue que acabes con una sonrisa cómplice tras casi tres horas de surrealismo sangriento, desvergonzado y muy muy saludable; por no hablar del generoso rescate que tito Quentin le regala a un Travolta que ya no volvería a ser el mismo desde entonces, un nuevo e imborrable icono. Pero es que si tuviésemos que hablar del resto de personajes tendríamos que rendirnos ante una extraordinaria y múltiple galería de personalidades, a cual más sorprendente. Ahí estaba el converso Samuel L. Jackson, que ve la luz en mitad de un tiroteo; Marcellus Wallace (Ving Rhames), que conocemos a través de un masaje de pies que muchos se quedaron con las ganas de ver; una Uma Thurman despampanante, que se marca el baile con más poca vergüenza de la historia del cine junto a un genial Travolta; Bruce Willis, que protagoniza las dos escenas que más me gustan del film: su impertérrito rostro mientras escucha a Wallace antes de dejarse ganar en el ring y la posterior persecución entre ambos, que viene dada por una serie de sucesos encadenados y que acaba de la única forma que a nadie podía ocurrírsele que iba a acabar. Terminando (aunque me dejo un montón de secundarios igualmente interesantes) con un insuperable Harvey Keitel, que regaló ese Señor Lobo descacharrante y elegante a partes iguales.
En suma, hablamos de un film tremendamente original, que es capaz de trasladar la esencia del cómic pulp de serie B al celuloide, al mismo tiempo que demuestra la capacidad de Tarantino para hacernos creer que cualquier cosa es posible en una pantalle de cine. Una obra maestra seminal y que luego ha sido mil veces copiada, incluso por su propio creador.
Saludos ficcionales.

jueves, 24 de septiembre de 2009

No le deis dinero a un friki (2ª parte)

A ver, me gustaría comenzar aclarando que nada de lo que va a estar aquí escrito va a lograr influir de manera alguna en el éxito masivo que la última trastada... digo película, de Tarantino va a tener ¿Por qué? No sé, da igual; a estas alturas todo vale y nada importa, así que ¿qué más da lo que un anónimo blog decida publicar al respecto?
Bueno, aclarado. INGLORIOUS BASTERDS va a jugar en la liga de las pelis importantes; INGLORIOUS BASTERDS es lo que Tarantino debe entender por "A partir de ahora no sólo me reconocerán hordas de integrantes de la perdida generación X, sus descendientes y alrededores. No, porque a partir de ahora puedo decir que he hecho un film de época, que viste mucho y hará que se olviden de algunos (otros) despropósitos", fin del pensamiento de Tarantino mientras sorbe su Banana Split, acodado en un antro de Scandal Point junto a Danny Boyle, que intenta convencerle de que el futuro está en la India y que explote un poco más su vena cómica, algo que a Tarantino no le hace mucha gracia, ya que él ya introduce todo lo que puede de slapstick y todo eso. Total, que Boyle le mira con su cara de profe de instituto con secretas adicciones y le recrimina haberse cagado en la Historia, además le da el teléfono de Terrence Malick, para que lo contraste y no lo coja si le llama (se ve que Malick está un poco mosca). Tarantino sabe que nunca hará nada con Boyle, pero va a hablar con Lawrence Bender para que pueda contratar otra vez a Brad Pitt con relleno en el mentón, que queda chulo, y de paso podía rescatar a Telly Savalas... (no, Quentin, que está muerto)... ¿McQueen?... (tampoco)... Pero está Tony Leblanc, que hace de mafioso retirado y tartajoso de puta madre... ¿Y Gracita Morales?... (¡Que no, coño!)... Es una diva, ¡una diva!...
INGLORIOUS BASTERDS, 153 minutos. La película del año... o eso es lo que mola ahora mismo, claro.
Saludos bastardillos.

viernes, 2 de mayo de 2008

Teléfono, mi casa

En mi videoclub favorito me encontraba, cuando una extraña sensación me invadió de repente. Me fui de cabeza a "novedades" y me dije: Coño, la última del Tarantino..., ¿por qué no?, igual me sorprende.
Es una pena que este virtuoso del despiece narrativo, verbigracia de un nada caótico montaje anarquista, sólo sea capaz, a estas alturas, de copiarse a sí mismo.
Personalmente, no voy a pedir al ¿creador? del cine garrulo contemporáneo, deudor al mismo tiempo (fíjense qué contraste), de Chuck Norris como del aperturista Sam Fuller, que reinvente el cine, como en su momento, a mediados de los noventa, parecía ser capaz de hacer. El impulso inicial, brutal, que supuso la irrupción en el panorama internacional de RESERVOIR DOGS, mas su fascinante y compleja continuación, PULP FICTION, dejó al iconoclasta de Quentin casi agotado mentalmente. Aún JACKIE BROWN contenía un curioso regusto nostálgico que muy bien podría haber supuesto dos cosas: el cierre definitivo de la factoría tarantiniana o un cambio de registro en busca de nuevos horizontes.
Ni una cosa ni la otra, lo que vino después se encuentra entre lo más sonrojante que he visto en mucho tiempo, hasta desembocar en este último ejercicio onanista a cuatro manos que es GRINDHOUSE/DEATH PROOF, aunque las similitudes con la gilipollez de su homónimo mexicano se queden en los incomprensibles rayajos en la imagen.
Como blockbuster de lujo, la verdad es que se las apaña bien; usar y tirar sin pudor, kleenex cinematográfico de autor e infantil recreación de claustrofóbicos monumentos como CAYO LARGO o EL DIABLO SOBRE RUEDAS (sí, hasta Spielberg es capaz de pasar por encima de esta nimiedad que, de no ser por el nombre acuñado por su director, quedaría como mera anécdota).
Por cierto, hablando de similitudes entre el creador de E.T. y el de KILL BILL, lo peor es comprobar el grado de engreimiento cuasiinfantiloide de este último, al que me imagino en una rueda de prensa contestando a la pregunta "Defíname en dos palabras su pelicula" lo siguiente, en pleno éxtasis creador: "Teléfono, mi casa"...
Sobran los comentarios, al menos por mi parte.
Saludos a prueba de mediocridad, mondo indéfilo.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!