Mostrando entradas con la etiqueta Dario Argento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dario Argento. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de noviembre de 2022

Mirando la obra


 

El paso de Dario Argento por Sitges atestigua que el cine del maestro del giallo pertenece a un tiempo y una forma de entender el audiovisual muy pretéritos. OCCHIALI NERI parece un refrito desganado de tantas otras películas suyas; menos contundente, más funcionarial, como dirigida desde un asiento confortable pero desvencijado. Es una más que típica historia sobre un asesino misterioso, aunque Argento ni siquiera se molesta en plantear dudas sobre su identidad, desvelada muy pronto. Y más allá de su previsible argumento, si tuviera que quedarme con algo, debería plantear un juego perverso, que comprende la visión destartalada de un anciano, cuya heroína es una prostituta de lujo de modos agrios, y que queda ciega en un accidente de tráfico. El trasiego de clientes trasnochados, secundarios intrascendentes, labios recauchutados, y un niño chino que no sé qué pinta, acaba por "redondear" esta pequeñísima farsa, ejemplo de por qué, si no se tiene ya nada que decir, es mejor, como dijo el filósofo, guardar silencio...
Saludos. 

viernes, 13 de agosto de 2021

Películas para desengancharse #99


 

Era inevitable tener en este monográfico a Dario Argento, porque no son pocos los que han derramado un rompan filas tras ver algún film suyo. Y no se me ocurría uno mejor que PROFONDO ROSSO, o esa orgía de iconos en fila india, adendas polisémicas y visitas al oncólogo espiritual. Los huevos del señor Argento deben ser como machacadores de nueces, porque hay que estar muy convencido de que se posee el camino correcto para involucrarse en un proyecto así. Menos aterradora que SUSPIRIA, más simbólica que PHENOMENA, este ROJO OSCURO va más allá de la referencia sanguinolenta (elijan entre Titán o Bruguer), para despeñarse por una especie de idiosincrasia cartoonesca, que pretende hibridar la truculencia del giallo acometido desde la perspectiva del relato detectivesco. Nada de eso tampoco. A mí me parece una no-narración en toda regla, o un tirar los dados a ver si sale cara, cruzando los dedos para que la fotografía sea capaz de dotar de sentido a las imágenes (bonito oxímoron, creo). Es de culto porque así lo han querido su legión de fanáticos, y por su sordidez asimilada, como de entrega por fascículos; en el otro lado de la balanza quedamos los escépticos, y los hay más duros que yo. Yo sólo venía a hacer un post no-narrativo, a ver...
Saludos.

martes, 22 de enero de 2019

Sublimación del icono



Las mejores versiones siempre son las que se despegan de su original, y en ese sentido la SUSPIRIA de Luca Guadagnino maneja su propio ritmo desde la periferia argumental que dejaba la de Argento, más ensimismada en su neoexpresionismo que en ser mínimamente inteligible. En realidad, la constante de este film es la incomodidad, como si Argento buscara deliberadamente una especie de extrañísimo "feísmo bello", no antiestético, pero sí gradualmente enrarecido, hasta el punto de prácticamente vaciar la narración, convirtiéndola en una suerte de preámbulos y clímax inagotables. La historia es aproximadamente la misma, solo que el elemento fantástico es ahogado y sustituido por un suspense típico del giallo, del que ya es el gran estandarte. Aquí casi todo son capas superpuestas (e incluso impuestas) de sonidos estridentes, colores chillones, interpretaciones histriónicas y un total desdén por la dialéctica. Sin embargo, el punto fuerte lo sustenta, además de la atmósfera, su estupenda imprevisibilidad, de una libertad de movimientos difícil de encontrar, por ejemplo, en el cine norteamericano de terror de aquella época.
Imperdibles, la angustiosa escena de la habitación de alambres (todo un clásico), la suerte de disfrutar a la gran Joan Bennett en uno de sus últimos papeles y Miguel Bosé en mallas...
Saludos.

sábado, 21 de abril de 2012

Resta de talentos



Si pudiésemos elegir un título para intentar describir qué diablos puede significar la decadencia en el cine, no como un estudio sobre la misma sino la decadencia misma explicándose inconscientemente, yo no dudaría en señalar al menos uno por encima de los demás, y sería la bizarra coproducción que en 1990 unió a dos talentos tan alejados el uno del otro, como son George A. Romero y Dario Argento. DUE OCCHI DIABOLICI, o TWO EVIL EYES abordaba dos de los más famosos relatos de Edgar Allan Poe, "La verdad sobre el caso del señor Valdemar" y "El gato negro", enclavándolos en la era actual (bueno, en aquellos cochambrosos inicios de los noventa, claro) e intentando darles un giro imposible, primero porque por entonces tanto el italiano como el estadounidense no pasaban precisamente por su mejor momento, pasadas las premuras del giallo y viviéndose la estandarización del "fenómeno zombie". En el primer relato, Romero hace lo que puede con una puesta en escena excesivamente rígida y una nomenclatura exenta de mitos; afortunadamente, su morboso sentido del humor salva gran parte del despropósito, además de esnseñar(nos) a aquella Adrienne Barbeau en todo su esplendor, que no es poco; de traca es la "terrorífica" aparición de un Valdemar ultracongelado y gimiendo por los rincones (el frío le impedía, claro, despegar los labios). En el segundo segmento la cosa es aún peor, Dario Argento se olvida por completo de la compleja estilización que le diese fama y fortuna entre los setenta y los ochenta y recluta a un canijo Harvey Keitel que seguía esperando a Tarantino desesperadamente; le puso boina, camara analógica y una psicología rayana en lo agropecuario... Así, mientras hace sus fotitos con esa expresión tan suya de "podría romperte un brazo o invitarte a un café", se las apaña para esconder el cadáver de una muchacha sin reparar (nosotros sí, querido Dario) que el McGuffin es mejor que no maúlle tanto... en fin, una extrañeza de esas que sólo se pudieron dar en los noventa (recuerdo ir al cine nada menos que una mañana laboral...) y que impulsan a los creadores actuales a una esperanzadora disquisición; y es que cualquier tiempo pasado también pudo ser una puta mierda...
Saludos emparedados.

martes, 4 de enero de 2011

Una décima parte de un total



Aún no había aparecido Dario Argento por aquí. Imperdonable por mi parte, así que voy a hablar del maestro del giallo citando la película que, por motivos más o menos personales, es mi favorita. Se trata de TENEBRE, de 1982, donde se encuentran aunadas todas las constantes del personalísimo cine del director italiano, sus símbolos, sus fetiches, su particular sentido del montaje. La trama no puede ser más ingeniosa: un escritor norteamericano superventas llega a Roma para promocionar su último libro, "Tenebrae", donde se relatan una sangrienta sucesión de crímenes; casi al mismo tiempo, empiezan a ocurrir asesinatos en la capital italiana exactamente iguales a los descritos en el libro. Se abrirá una investigación, se cercará a los sospechosos y las pistas se multiplicarán, pero quizá sólo para desembocar en un callejón sin salida que llevará de nuevo al principio. TENEBRE es un alucinado viaje al fondo de una mente enferma, muy al margen de sus sangrientas secuencias gore marca de la casa; sorprenden muchísimo sus imágenes oníricas, que jamás nos son explicadas, sino que quedan abiertas a cualquier interpretación y que apenas podemos discernir si ocurren en realidad o en el puro terreno mental. Así, Argento se desmarca de las habituales trampas de guión y da una rotunda y retorcida explicación en el desconcertante tramo final, donde la sorpresa está asegurada y las claves van siendo desgranadas con sorprendente destreza, sin que nos sobre ninguna pieza. No es que yo desee comparar aquí el icónico e intransferible universo personal de Argento con las toneladas de bazofias que actualmente nos tragamos (sí, léase SAW) y cuyo nivel de inteligencia todos sabemos por dónde anda; primero porque no hay color, con muchos menos medios, Argento siempre ha tenido su baza fuerte en los guiones, casi siempre elaborados por él mismo y poseedores de un extraño aura surreal que hace que siempre queramos saber más. Todo ello, sumado a su gran inventiva visual, hace que, en mitad de la era digital, veamos el cine del italiano como un exótico compendio de posibilidades, una especie de retorno a los orígenes que, francamente, no viene nada mal en momentos de penuria.
Saludos tenebrosos
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!