Aún no había aparecido Dario Argento por aquí. Imperdonable por mi parte, así que voy a hablar del maestro del
giallo citando la película que, por motivos más o menos personales, es mi favorita. Se trata de TENEBRE, de 1982, donde se encuentran aunadas todas las constantes del personalísimo cine del director italiano, sus símbolos, sus fetiches, su particular sentido del montaje. La trama no puede ser más ingeniosa: un escritor norteamericano superventas llega a Roma para promocionar su último libro, "Tenebrae", donde se relatan una sangrienta sucesión de crímenes; casi al mismo tiempo, empiezan a ocurrir asesinatos en la capital italiana exactamente iguales a los descritos en el libro. Se abrirá una investigación, se cercará a los sospechosos y las pistas se multiplicarán, pero quizá sólo para desembocar en un callejón sin salida que llevará de nuevo al principio. TENEBRE es un alucinado viaje al fondo de una mente enferma, muy al margen de sus sangrientas secuencias gore marca de la casa; sorprenden muchísimo sus imágenes oníricas, que jamás nos son explicadas, sino que quedan abiertas a cualquier interpretación y que apenas podemos discernir si ocurren en realidad o en el puro terreno mental. Así, Argento se desmarca de las habituales trampas de guión y da una rotunda y retorcida explicación en el desconcertante tramo final, donde la sorpresa está asegurada y las claves van siendo desgranadas con sorprendente destreza, sin que nos sobre ninguna pieza. No es que yo desee comparar aquí el icónico e intransferible universo personal de Argento con las toneladas de bazofias que actualmente nos tragamos (sí, léase SAW) y cuyo nivel de inteligencia todos sabemos por dónde anda; primero porque no hay color, con muchos menos medios, Argento siempre ha tenido su baza fuerte en los guiones, casi siempre elaborados por él mismo y poseedores de un extraño aura surreal que hace que siempre queramos saber más. Todo ello, sumado a su gran inventiva visual, hace que, en mitad de la era digital, veamos el cine del italiano como un exótico compendio de posibilidades, una especie de retorno a los orígenes que, francamente, no viene nada mal en momentos de penuria.
Saludos tenebrosos