Mostrando entradas con la etiqueta Gracia Querejeta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gracia Querejeta. Mostrar todas las entradas
martes, 3 de febrero de 2015
Tacos y tapetes
Ya no repito más lo de que este blog no sirve demasiado para los homenajes. Pero como lo que no podemos dejar de ser y estar es agradecidos (Rosendo dixit), no íbamos a dejar pasar la oportunidad de mostrar nuestra gratitud a Amparo Baró, recientemente fallecida y con una larguísima carrera que se remonta nada menos que a 1960; aunque, es cierto, con pocos papeles protagonistas. De hecho, no estoy muy seguro de que su pequeña intervención en SIETE MESAS DE BILLAR FRANCÉS sea de lo más relevante que ha hecho, pero (asómbrense) le dio para ganar un Goya, que no digo que no fuera merecido, sino que tampoco parece una gran actuación comparada con otras suyas. Como tampoco creo que sea ésta una gran película; ni lo pretende, ni lo consigue, y creo que ni lo roza de lejos. Se trata de una película "typical Querejeta" (no de su padre, que ese es otro cantar, aunque aquí también produjese), término que se me acaba de ocurrir como ingrato eufemismo para encubrir un no-estilo caracterizado por dos elementos fundamentales: contar historias que no le importan a nadie y conseguir que sus actores, sean quienes sean, se comuniquen todos exactamente igual entre ellos, que vendría a ser con la misma pasión con la que pedirían medio kilo de acelgas. Sí, a mí me gusta Bresson... pero no es el caso. Esto va de unos billares y de una señora que quiere reabrirlos, pero no podría jamás hacerlo si no fuese calibrando el entente que ha de llevarla a reunir a un montón de viejos amigos. Mientras tanto, se distancia de su marido porque es un policía corrupto, asunto que la directora y David Planell resuelven en cinco minutos.
Esto no es EL BUSCAVIDAS... No es EL COLOR DEL DINERO... Y ni siquiera es Bresson... Si la quieren ver que sea, al menos, por Amparo Baró, pero ya les digo que sale poquito...
Saludos.
miércoles, 19 de febrero de 2014
Cáncer de músculos
Me da miedo vivir en un mundo ideado por Gracia Querejeta; un mundo, una vida, donde la normalidad, ser normal (que en teoría debería ser más o menos fácil) se base en una incomprensible homogeneización en sordina. Mi explicación o análisis es que uno puede instalarse en el aburrimiento y la monotonía casi como exorcismo de cualquier "peligroso" vaivén. O: si podemos domar el talento a lo mejor podríamos llegar a una pequeño-burguesía global repleta de gente con la vida resuelta en urbanizaciones y empeñada en mirar con cara de vinagreta y comerse los sandwiches "Club" con tenedor y cuchillo. O: a las sensaciones no se llega mediante el estudio; sí al conocimiento, pero el conocimiento que no se aplica o se orea es más bálsamo que reflexión. Y no, no hay ni una sola reflexión válida en 15 AÑOS Y UN DÍA, una película tan vacía de contenido y tan henchida de forma(lismos)s, que ya avanzada, cuando el espectador se confiesa ya desorientado, le cambian el tercio hacia otra cosa. Y usted no puede empezar prometiéndonos que veremos las vicisitudes de una cuarentona sin éxito en lo suyo y continuarlo con el salvavidas de que su marido le dejó la vida resuelta antes de morir; igual que no puede parar ahí y centrarse ahora en un niñato odioso, un gandul al que podrían darle mucho por ahí, pero que tiene guasa lo bien que se porta todo el mundo con él. Y encima lo mandan a vivir con el abuelo, que es otro busto parlante que vive un feliz retiro en la playa, que hace footing y va a puticlubs, pero que le da lecciones de moralidad a todo quisque... No sé, no entiendo nada, y menos cuando, en el colmo del rebusque, a Gracia Querejeta se le ocurre que podíamos coronarlo todo con un episodio de esa cosa tan terrible que es "Los misterios de Laura".
Afortunadamente Gracia Querejeta no es Dios y rige nuestros destinos. Nunca siete nominaciones y cero premios han suscitado tan poca polémica. Y no me extraña.
Fría como una sopa fría a la que miramos de reojo veinte veces antes de tirarla.
Saludos.
viernes, 18 de marzo de 2011
La realidad se pervierte ante los espejos
Uno de los grandes problemas del cine español reciente es la incapacidad para hilvanar un discurso propio, al margen de si lo que se está contando es real (realista) o exagerado, o lo que sea. En el cine español se es muy dado a tapar carencias, no asumiendo las propias limitaciones, sino sentando absurdas cátedras de composición, afectando esto a personajes, guión, montaje, etc... Llevaba un tiempo queriendo hablar aquí de HÉCTOR, de Gracia Querejeta, la cual vi en el momento de su estreno y rescaté hace unos días sólo para darme cuenta de que todo lo que he escrito antes se le ajusta como un guante. HÉCTOR es una insoportable historia con un magnífico guión; una sucesión de arquetipos televisivos (el eterno retorno del cine español) que lastra el trabajo de los actores, pulverizándolo, convirtiéndolo en una burda caricatura de lo que sólo pretende ser: cine cercano. Querejeta piensa que una historia cercana lo es sólo por estar localizada en el extrarradio, que sus personajes trabajen en una empresa de mudanzas, se tomen cañas en el bar de abajo y miren al infinito con el fondo de una canción de Pedro Guerra... No es una película abominable, tiene momentos de buen cine clásico (la parte final) y un tono constante que le impide caer en la autoparodia. Lo que más interesa a la directora y a David Planell es que los personajes no pierdan la dignidad, que todos veamos que es estupenda la cultura de los 60 metros cuadrados mientras podamos reunirnos los Domingos para hacer una paellita después de que la niña cante en el coro de la iglesia; iglesia de barrio, por supuesto. No hay aquí mirada, sino constatación del propio reflejo, devuelto por los ruegos del "virgencita, que me quede como estoy". Ah, bueno, hay una como historia conductora sobre un chaval que se muere la madre y se va a vivir con los tíos y su padre viene a buscarlo después de muchos años sin verlo... pero vamos, que eso lo tienen todas las tardes en la tele, se llama "culebrón".
Saludos patriotas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!