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miércoles, 9 de marzo de 2016
Conexiones generacionales
Uno de los problemas más acuciantes que se le presenta a esta adormilada sociedad es la distancia, cada vez mayor, entre generaciones. Esto no sólo plantea un problema de comunicación y empatía. Es lo de menos. Lo peor será llegar a un olvido tan temido por unos como incomprensiblemente deseado por otros. Lo que Alberto Morais propone en LOS CHICOS DEL PUERTO, su tercer largometraje, es de una grandeza moral que por momentos, en este ridículo mundo de tecnócratas y primas de riesgo, roza la ingenuidad. Pero haríamos mal en soslayar una advertencia necesaria tan sólo por su apariencia formal, o: sembremos mientras queden semillas. A medio camino de Bresson (siempre Bresson...) y el primer (asómbrense) Manoel de Oliveira, Morais construye una extrañísima road movie de trasfondo contestatario pero apariencia apacible. Si hay un protagonista éste sería la mirada de Miguel, un chaval que se sorprende ante la demencia de su abuelo, o quizá ante su increíble lucidez cuando habla de un compañero de la guerra que acaba de morir, y al que debe devolverle su chaqueta militar como último gesto de camaradería. La película pierde gran parte de su interés en el trayecto de Miguel y sus dos amigos, pues Morais no explicita ni sugiere, y no se sabe si es más importante la misión y su descabellada responsabilidad o la aventura adolescente. Es una lástima que el conjunto quede finalmente tan tibio, porque se trata de una película que contiene un mensaje importantísimo, que alude a los compromisos entre generaciones y cómo, de perderlos, repetiríamos errores no deseados.
Saludos.
jueves, 15 de octubre de 2015
Las mareas
Hace unos días, me enteré del fallecimiento del intérprete Carlos Álvarez-Novoa, grandísimo actor de teatro que se afincó por aquí tras el gran éxito que supuso SOLAS, de Benito Zambrano. En mi humilde opinión, un actor desaprovechado por una cinematografía que ha ido progresivamente dando de lado a profesionales de talla incontestable por una gilipollez tan vacua como la edad. Al final, supongo, acabarán por hacer películas en las que todo el mundo sea joven... En fin. Mi homenaje hacia él viene de la mano, cómo no, de una película, y una de las escasas en las que Álvarez-Novoa fue protagonista absoluto. LAS OLAS, del vallisoletano Alberto Morais, de contener algo en verdad valioso es, sin duda, la poderosa presencia del actor asturiano, que prácticamente en solitario es capaz de acarrear el peso de una historia que, de tan mínima, casi no existe. Es verdad, éste es un cine minimalista. y que yo he defendido muchas veces desde estas páginas, pero no es menos cierto que la línea que a veces separa lo contenido de lo vacío es demasiado fina y, peor, holgada. LAS OLAS parece querer huir del propósito único, lo que desemboca en una incertidumbre coloquial continua; porque todo comienza con una pérdida, la de la esposa del protagonista, sigue con una huida hacia delante (o ninguna parte), y tras comprobar que un octogenario puede ser un culo de mal asiento, el film termina mostrando esa búsqueda de la que nadie nos había dicho nada. No, no es una película sobre los fantasmas de la Guerra Civil (aunque aquí sí se vean precisamente dichos espectros), sino más bien sobre la incómoda certeza del paso (y el peso) de los años, y me imagino que es muy difícil ser sutil en este país de "grandes verdades" sin resultar cansino. A Morais le falta aún algo para derrotar nuestra resistencia al verbo único, pero le queda toda una interesantísima carrera por delante. Además, él no se olvida de quien lo merece...
Saludos.
martes, 21 de junio de 2011
El cine como lugar
Un lujo. De ninguna otra manera se podría denominar a este documento que caerá, irremediablemente, en el olvido, mientras el baboso consumismo sigue echando tierra sobre la tumba de lo que un día se llamó cine.
¿Qué, si no, es recuperar en poco más de hora y media la esencia de lo que un revolucionario como Pasolini soñó poder hacer mediante el cine, y cómo se estrelló (una vez más) contra un sistema que lo repudió básicamente por ignorancia? ¿Y qué me dicen de aunar los agudísimos pensamientos de Tonino Guerra, punteados con las desmitificadoras anécdotas de rodaje desveladas como si tal cosa por Ninetto Davoli, o los chascarrillos de un amigo de juventud del propio Pasolini, que habla por ejemplo de la pasión que éste profesaba al fútbol? Mucho misterio ha habido sobre las circunstancias de la terrible muerte del cineasta de Bolonia ¿qué mejor que quitar hierro al asunto acercándonos a las personas que más lo conocieron? Todo esto es UN LUGAR EN EL CINE, un documental que se revela fundamental para entender algunas pautas que han llevado al séptimo arte de ser arma de inconformistas a acolcharse en lo que actualmente es. Pero aún ha de depararnos Alberto Morais, su joven director, dos diamantes más; las evocadoras palabras de Theo Angelopoulos, mientras viaja desde Atenas hasta la fatídica playa de Ostia, y que abarcan desde los tiempos míticos de la Antigua Grecia hasta la funcionalidad del hombre moderno y las sociedades que ha creado. Mientras, Víctor Erice desgrana con paciencia qué claves ha tenido el cine como elemento de resistencia, subversión y libertad; sin un gramo de nostalgia, Erice habla claro, sin omitir nada de lo que su amplísima experiencia le ha dotado. Sus reflexiones, sus ataques verbales (furibundos sin perder la calma), fundamentalmente contra las instituciones, se apoyan en el espíritu de Pasolini, al que usa como ejemplo capital de qué debe ser un cineasta comprometido.
UN LUGAR EN EL CINE será entendido dentro de unos años, cuando ninguno de sus "protagonistas" esté aquí ya para advertirnos sobre el conformismo y la barricada intelectual, entelequias posibles, ya ni siquiera enfrentadas, de nuestro convulso tiempo.
Saludos cinéfilos.
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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!