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sábado, 10 de febrero de 2024

Motivos estrictamente personales


 

THE KILLER no es la mejor película de David Fincher, tampoco la peor. Podría ser mala por dos o tres detalles tremendamente gruesos, que ni siquiera encuentran el consuelo del humor. Ésta es una de las películas más circunspectas que he visto recientemente, y es jugársela a que tienes muy claro todos tus movimientos. Es la historia de un asesino a sueldo, aparentemente infalible, pero que falla. Son las consecuencias derivadas de ello, los daños colaterales. Pero ante todo es una crónica interior. Como si Fincher necesitara explicar los motivos por los que el protagonista hace lo que hace, esto produce un extraño efecto de repulsión magnética. No puedes apartar la mirada de lo que está sucediendo, en un trabajo de montaje milagroso, pero las palabras terminan por ser redundantes en un tipo tan lacónico y frío. Por tanto, creo que la narración va por un lado y el espíritu ofrendado de la misma (su "cuerpo inerte y suspendido") por otro, siendo lo primero de prodigiosa agilidad y lo segundo un lastre más propio de principiantes, impropio de su autor. THE KILLER no es nada original, y ni se molesta en ocultar sus referencias, malgastando el homenaje a golpe de cliché. Prefiero quedarme con el trabajo del cineasta ensimismado, quizá sólo preocupado de aportar su grano de arena a un género, el de los asesinos a sueldo, saturado de propuestas a estas alturas. Incluso Fassbender parece estar interpretando un personaje indeterminado, a lo mejor un psicópata creyéndose un asesino, o, peor aún, al revés. 
Película notable, película difícil, película que no hacía falta y película destinada a ser injustamente tratada en su tiempo y reivindicada con lamentos en un par de décadas. Veremos.
Saludos.

miércoles, 3 de febrero de 2021

Premio a la amargura


 

¿Por qué MANK? ¿Por qué Herman Mankiewicz? ¿Por qué filmar como un scent que ya no se va de la ropa? ¿Por qué nos gusta este tipo de cine? Son demasiadas preguntas para un solo visionado de MANK, el último film de David Fincher, lo que nos daría para otra interminable hilera de preguntas para intentar definir por qué lo que queda es una sensación de "obra impecable", al mismo tiempo que sus más de dos horas se nos quedan cortas, o apresuradas, entre una mezcla de sobreentendidos en "modo bonito" (es Netflix) y algunos momentos de altura cinematográfica soberbia (es Fincher). Más allá del doble homenaje, de la imposible figura de Herman Mankiewicz como ese genio que fue el verdadero motor de CITIZEN KANE, y al guion que dejó escrito Jack Fincher, padre del director. Más allá, digo, de la quijotesca circunstancia de ese guionista repudiado y temido, ese outsider que mordía las manos más poderosas de Hollywood, debería estar su crónica fidedigna, la del lento pero inexorable desmantelamiento de la omnipotencia de los grandes estudios. Fincher acierta en otorgar todo el peso a un Gary Oldman que ha nacido para este tipo de papeles, y que sobresale por encima de un reparto desigual, o mejor dicho, mal aprovechado. MANK intenta desdoblarse todo lo que puede, pero le falta más espacio y más perspectiva, pues la empresa es ambiciosa, y queda en un brillante biopic si lo vemos desde fuera. Desde dentro, y con algún visionado más, se recompone como el borracho que lanza su discurso definitivo, en analogía imposible, para que no se nos escape un solo detalle, puesto que su guion copula con el de la obra maestra de Orson Welles, y nos advierte de que a lo mejor, en el colmo del retorcimiento argumental, no era Hearst, sino él mismo...
Saludos.

martes, 13 de octubre de 2020

El metrónomo


 

Por culpa de un programa que me permito recomendarles a todos ustedes ("Todopoderosos", lo tienen en YouTube), caí en la cuenta de que aún tenía pendiente algún film de David Fincher. Entre ellos, PANIC ROOM, que no había vuelto a ver desde su estreno, y de la que guardaba un recuerdo que oscilaba entre la intrascendencia y la apatía. Hay películas a las que merece la pena dar una segunda oportunidad, y esta me lo ha confirmado, sólo hay que saber mirar en la dirección adecuada. Tras esta revisión, me doy cuenta de que no todo en la vida es un buen guion, y que hay historias que funcionan mayormente por las sensaciones que es capaz de acumular en sus escenas. Lo importante aquí es que no hay respiro, y que precisamente es su jugueteo constante con la inverosimilitud lo que le da su fuerza, que proviene de un dominio exacto de los tiempos durante sus casi dos horas, un dato que hay que tener en cuenta, dado que se trata prácticamente de un clímax que dura más de dos tercios del total. Por supuesto que es un film hedonista, y que cada escena está aclimatada para jugar en favor de la tensión, incluso a costa de desmentir la propia psicología del reducido grupo de personajes que la componen. El resto ya lo conocen: Jodie Foster y su hija (una jovencísima Kristen Stewart) se van a vivir a una lujosa casa en Manhattan, y, sin solución de continuidad, ambas acaban pertrechadas en la habitación del pánico de marras, a consecuencia del asalto de tres hombres (Jared Leto, el cantante Dwight Yoakam, y sobre todo un estupendo Forest Whitaker), cuyo objetivo se encuentra, oh casualidad, en esa habitación. Así las cosas, sin el sentido del ritmo y la inventiva visual de Fincher, el guion de David Koepp, en otras manos, habría sido un desastre de los de época. Sin embargo, e insisto, dejando a un lado las incongruencias, que son muchas, el film funciona como un metrónomo, o una maquinaria bien engrasada, y no es poco dados los tiempos que corren. No les engaño, no es ni de lejos lo mejor que ha rodado Fincher, pero como película de suspense tiene no poco mérito.

Saludos.

viernes, 28 de febrero de 2020

Futuro imperfecto



Y si de series hablábamos, una de las más anómalas y sugerentes de los últimos años ha sido LOVE, DEATH + ROBOTS, que Netflix casi logra defenestrar a base de usar esta impresionante recopilación de cortos de animación como un mero "entremés" entre serie y serie. Sin embargo, una vez vistos sus espectaculares 18 episodios (con una duración que va de los 6 minutos a los 16), el artefacto ideado por Tim Miller y David Fincher merece su propio apartado, y bastante más que alguna infumable serie del catálogo. Lo mejor, a mi parecer, son dos cosas: su heterogéneo formato, que incluye muy diversas técnicas de animación, como la saludable libertad a la hora de contar prácticamente cualquier cosa que se pase por la imaginación, muy en la línea de aquellas maravillosos comics para adultos de los setenta y los ochenta. Efectivamente, no es para todos los paladares, y menos para el espectador almibarado por las soeces "recomendaciones" de las plataformas. Sorprende más por ello, por provenir de Netflix, y además por ser casi un extravagante relleno, como una publicidad que no anuncia nada. Pero uno ve maravillas como ZIMA BLUE, en la que un pequeño robot limpiapiscinas nos traslada a un nivel trascendental de conocimiento; 3 ROBOTS, o cómo Woody Allen imaginaría una civilización extinguida (la nuestra), narrada por tres robots que son como niños jugando en un parque abandonado. Pero de destacar, muy por encima del resto, un solo episodio, éste sería MÁS ALLÁ DE AQUILA, posiblemente el mejor guion de ciencia ficción desde Ray Bradbury, lo que combinado con una animación que roza el hiperrealismo, da como resultado una impactante y magnética historia acerca de cuál es la verdadera realidad de una tripulación que acaba de desviarse 124 años luz de su destino inicial... ¿o no?...
Francamente, sea viéndola a trozos o de un tirón, es una gratísima sorpresa, descompensada entre alguno de sus episodios, como no podía ser de otra manera, pero con un pulso interior que es tan estimulante como refrescante.
Muy, pero que muy buena.
Saludos.

viernes, 1 de noviembre de 2019

El porqué de la búsqueda



Seré breve. Si han visto la primera temporada de MINDHUNTER, no se pierdan la segunda. Si no la vieron, están tardando en verla... y después correr a ver la segunda. El artefacto creado por por David Fincher y Joe Penhall se vuelve aún más esquivo, críptico y espeluznante, y, al igual que en la primera, esta segunda temporada vuelve a prescindir de la acción y/o truculencias. Lo bueno es la investigación, la lógica de los acontecimientos y cómo este submundo, oscuro y opresivo, de los asesinos en serie va afectando a los agentes del FBI Ford y Tench, especialmente a este último, que ve a su familia derrumbarse poco a poco, sin que pueda hacer nada. Menos enfocada a las espectaculares entrevistas de la T1, casi la totalidad de sus nueve episodios se centran en la oleada de crímenes que sufre la ciudad de Atlanta, y que al ser todos niños nefros levantan la sospecha sobre algún grupo supremacista. Sin embargo, la realidad termina siendo mucho menos evidente y más aterradora. Los actores, el guion, el ritmo, la música, todo encaja perfectamente para facturar una continuación igual de elegante y elocuente. Una serie en la que, por ejemplo, hay un momento cumbre (antológico, en mi opinión): nada menos que una entrevista con Charles Manson...
No se la pierdan.
Saludos.

viernes, 4 de enero de 2019

La interminable búsqueda del porqué



Permítanme recomendarles una serie, algo que no suelo hacer muy a menudo, pero que en este caso creo que queda totalmente justificado. Creada por Joe Penhall, aunque con el epígrafe inequívoco de David Fincher, que dirige los capítulos cruciales, MINDHUNTER es una de esas extrañas exquisiteces que, de tanto en tanto, les da por aparecer en el momento más inesperado, y posiblemente con la estimulante intención de crear un pequeño seísmo en el panorama de las series, que empiezan a sufrir de ombliguismo extremo. Con un planteamiento insólito, que parte del libro autobiográfico del agente del FBI John Douglas y el escritor Mark Olshaker, se centra en el trabajo de dos agentes que son reclutados para iniciar una especie de "estudio a gran escala" de los más importantes asesinos en serie que se encuentran en prisión, con el fin de elaborar la posibilidad de un indagamiento en el porqué de sus acciones, y así intentar ir siempre un paso por delante del posible criminal. La serie es compleja porque así lo requiere, y ahuyentará a quien busque escenas de acción facilonas e impactantes; en lugar de ello, lo fascinante proviene de los interminables diálogos, y no sólo entre los agentes y los criminales, sino también entre ellos, con otros policías, empleados de cárceles, psicólogos, e incluso con sus propios familiares. Todo ello enriquece la textura de una serie que sabe exactamente el terreno que pisa y lo pone al servicio de una narración de gusto y paciencia infinitos, lo que se agradece una barbaridad en tiempos de urgencia injustificada. Además, los actores están fabulosos, con algunas caracterizaciones simplemente soberbias y sobre las que merece la pena informarse en paralelo. Además de algunos momentos que ponen los pelos de punta prácticamente sin mostrar nada truculento, y que yo me permito enlazar directamente con el camino iniciado por Fincher en ZODIAC, que me parece el precedente más claro de esta fantástica serie, cuyos diez episodios nos han dejado con ganas de mucho más, aunque Netflix (sí, sí, Netflix haciendo buenas series) tiene anunciada una segunda temporada para este mismo año. Esperaremos impacientes...
Saludos.

martes, 20 de enero de 2015

El sentido oculto



Este año he decidido, habida cuenta del poco interés que de momento me suscita, dispersar ligeramente el habitual repaso a los oscar ¿Por qué? Porque es agotador y monótono aglutinar una serie de películas según el criterio de otros que, por añadidura, son tan diferentes a nuestra manera de ver y pensar el cine. Una de las sorpresas, no tan positivas, de este año ha sido el ninguneo a GONE GIRL. Y yo que pensaba que David Fincher había recuperado su olfato de gran narrador, el mismo que le hizo firmar la que podría ser considerada como su única verdadera obra maestra, que no es otra que ZODIAC, con la que ésta guarda no pocas similitudes y comparte algunos interesantes hallazgos. (Todo lo que viene ahora se ve condicionado por la imposibilidad de desvelar multitud de detalles)
GONE GIRL empieza como una película, se desarrolla como lo haría otra y termina revelándonos otra más y aún muy diferente; una polifonía endiablada y difícil de ubicar en el cine americano reciente, apegado a la solidez del relato único y del que Fincher parece querer huir en cada nuevo trabajo, y esta vez le ha salido cara. Al igual que en ZODIAC, este trasvase de incoados y sincopantes actúa a modo de revelación o desenmascaramiento; menos, insisto, en la adaptación de la novela de Gillian Flynn, porque el misterio es menor, y lo que de verdad importa es llegar a comprender por qué los personajes hacen lo que hacen (o mejor, se hacen lo que se hacen). Así, llegados a un punto crucial, y más allá de las dos horas, la película da un curioso vuelco del thriller negro clásico a un terror psicológico sofisticado y advenedizamente amenazante. Buena culpa de ello la tiene el soberbio binomio formado por Ben Affleck y Rosamund Pike, un gran acierto de casting y, indiscutiblemente, la razón por la que este diabólico entramado de desapariciones y engaños pasa en un suspiro y deja al espectador con ganas de más, porque está muy bien contado. De ahí que no sé qué ha pasado con Fincher este año, porque ésta sí es buena.
Saludos.

jueves, 15 de marzo de 2012

Petróleo, sangre y nieve



Hace algún tiempo vi la versión sueca de esto que ahora se llama THE GIRL WITH THE DRAGON TATTOO, y ya dije que me gustó moderadamente y que me esperaba la cosa mucho peor, cosa que se corroboró con las dos siguientes entregas, como no podía ser de otra manera. Ahora llega Fincher, que ya apenas deja un par de destellos de lo que una vez fue y se confirma como lo que realmente es: el relevo generacional perfecto de Ridley Scott. Sólo una cosa es mejor en esta innecesaria versión norteamericana (que por otra parte también se desarrolla en Suecia)... bueno, en realidad son dos. Una es que se entienden mejor las cosas, así que uno se decepciona menos al saber casi desde el principio que es lo mismo de siempre pero con un envoltorio más cuco; lo otro es la excelente música de Trent Reznor, que en los fantásticos créditos iniciales llega a ser hipnótica. Así, uno se pregunta varias cosas respecto a esta película, como si realmente era necesario rodarla, aunque supongo que a los productores de la Columbia eso se la trae al fresco; mientras (y para que vean que no soy tan malo, me digno a comentar parte del argumento), no sé cómo alguien puede encontrar verosímil contratar a alguien para que descubra un secreto que quieres seguir manteniendo en secreto... ¿? Mención aparte merece esa parte final copiada directamente de TESIS... (sí, sí, la de Amenábar) y la cara de bobo de Daniel Craig cuando tiene que tirarse a una chica que, entre ustedes y yo, da más grima que otra cosa... Y, bueno, que es muy larga, y muy oscura... y que Daniel Alfredson debería hacer ahora una versión de MANHATTAN hablada en sueco... no sé si me siguen, pero sería una bonita venganza. No, no la vean si no es estrictamente necesario.
Saludos tatuados.

viernes, 20 de mayo de 2011

Si se te cae la pastilla de jabón...



Anda que no tenía yo ganas de hincarle el diente (véase foto) a FIGHT CLUB, probablemente la película más sobrevalorada de la historia general y de la personal de un director cada vez más sobredimensionado, cual Ridley Scott relevado, superado y enterrado; y sin embargo... Sin embargo, a Scott le vemos venir, es de la familia, pero FIGHT CLUB es un engañabobos, una detonación controlada en lata con algunas ínfulas antisistema ¿? nihilistas ¿? o anarquistas ¿? Lo que, a poco que uno haya revisado someramente filmografías como las de Jean Marie Straub/Danielle Huillet, Chris Marker, Philippe Garrel o, por supuesto, Godard (curioso. Todos franceses, por algo será), finalmente resulta poco más que un juego, un efecto audiovisual que quizá tenga sus propias intenciones, no lo dudo, pero que me parece evidente que se enclava en el ahogo propio de los trabajos que provienen directamente del corazón de la industria; ojo, que dios (o quien sea) me libre de abominar de la industria, que tantas obras capitales ha producido para el disfrute cinéfilo, el problema aquí no es de fondo sino de forma, porque Fincher, alucinado por los modos de pseudogurú de la prosa de Palahniuk, es incapaz de "crear" una forma, sino que se sirve de no ya lo ya existente, sino, aún peor, lo imperante en ese preciso momento. Para mitigar su asfixia intelectual, el supuesto relato decadente necesita de localizaciones lúgubres, lugares casi inhabitables donde unos sorprendentemente musculosos personajes efectúan los pertinentes pasos de ballet teledirigidos (la industria otra vez), mientras la fémina de rigor observa con mirada lánguida cómo los caballeros se despiezan en pos de la nada... ¿la nada? Teniendo en cuenta que ni siquiera Samuel Beckett logró filmar la nada, que su genio literario se rindió finalmente ante la necesidad humana de rellenar siempre el vacío, que una mera teen movie protagonizada por Brad Pitt pretenda atribuirse algún mérito en tanto que ¿canto generacional insatisfecho? ¿vahído desganado contracultural? ¿o quizá incapacidad crónica para el ensalmo intelectual?, es algo que ya, a estas alturas y con lo que está lloviendo ahí fuera, me produce algo muy parecido a la risilla de compadreo.
Me hubiese gustado hablar de la película como película, pero es algo que haré únicamente cuando su enfervorizada legión de seguidores deje a un lado la militancia y entone cierto discurso crítico. Bueno, y cuando vean alguna película de Straub y Huillet, claro...
Saludos sin jabón.

sábado, 1 de enero de 2011

El imperio de los sinsentidos



Hay una frase que me desarma, ante la que nada puedo decir; evidentemente reza: "Es mejor callarte y parecer gilipollas que abrir la boca y despejar las dudas"... Genial ¿no? Bien, hoy he visto (al fin) THE SOCIAL NETWORK... y David Fincher al fin abrió la boca...
Me pasa con esta oda al arribismo nonsense lo mismo que con aquella ya increíblemente lejana INCEPTION: no entiendo las motivaciones por las que pudiesen llegar a ser necesarios sus rodajes; mucho menos el culto que se les rinde masivamente... ¡Ah, que esto va de Facebook!... Claro, ya lo entiendo; millones de personas poniendo chorradas para que otro tío se forre ¿por qué no iban a ir masivamente al cine también? A lo mejor porque el cine vale dinero... aunque también se puede descargar por internet; de hecho, ese cabroncete con cara de cabroncete que es Justin Timberlake hace aquí del cabroncete ideólogo de Napster... Sigamos ¿Recuerdan THE FIGHT CLUB? ¿sus tonos verdosos...? Sí, también están aquí; también igual que en SE7EN. Y el rollo de las fraternidades con códigos de honor y todo eso... Loor a Harvard, fábrica de mangantes de guante blanco; larga vida a las gilipollescas macrofiestas looney tunes (las llamo así porque jamás aparece una persona mentalmente adulta), donde se dirime casi la mitad del metraje de esta bobada en alta definición. Ah, sí, no podía faltar uno de los platos fuertes del cine comercial de principios de este siglo tan tonto que nos ha tocado vivir: hay una ingente cantidad de personajes que salen, se introducen en la trama y luego desaparecen sin dejar rastro y sin que nadie reaccione preguntando dónde coño se han metido. Por ejemplo esos dos gemelos remeros que es que son para darles con un cenicero en la boca, pero fuerte... ¿De verdad puede alguien comparar esta cosa con CITIZEN KANE?... No puedo creerlo, de verdad. Actores con menos bagaje artístico que la biografía de Alvaro Vitali; un supuesto protagonista incapaz de cambiar el careto de mueble-bar en cada película que hace (y ya ni el peinado); y para colmo, Fincher remata esta "obra maestra" con un boceto/intento poco menos que sonrojante de cine de juicios (Sí, también sale el malo de Falcon Crest y también desaparece misteriosamente), con cero tensión y una especie de obsesión por darle importancia a lo que no la tiene; al menos a mí me la trae floja que demanden a un multimillonario porque (jajaja!)... ¡ya no soy tu amigüito!... ¡chincha rabiña!...
En fin, un absoluto cúmulo de despropósitos del que sólo me ha sorprendido que nadie hable mal de ella y, en el plano positivo, la inquietante música del gran Trent Reznor.
No, ésta no se la recomiendo a nadie... para eso ya tenéis Facebook...
Saludos amistosos.

lunes, 4 de enero de 2010

En el espacio nadie puede oír tus gritos #3

Hay un como empeño por alargar lo que un día fue objeto de admiración general, explotarlo y llevarlo a la autoparodia, despojado ya de su original razón de ser. Esto también le ha ocurrido a ALIEN, como no podía ser de otra forma; y atentos porque para 2011 se espera la definitiva (JaJa) versión del "gran" Ridley Scott... Ahí es ná...
El caso es que esta tercera parte, que se tituló ALIEN al cubo... ¡qué cool!, fue la llegada a esto del séptimo arte de un tal David Fincher, para el que fue menos marrón por ser debutante y no tener que demostrar nada. La "supuesta" novedad de esta tercera parte estaría en una ambientación menos espacial y con las constantes del que luego serían los hallazgos de Fincher, como un retorcido gusto por la suciedad, el desorden y las cañerías que gotean... Luego, se introduce también, aunque no se profundice demasiado en ello, el elemento religioso, desarrollándose la historia en una especie de prisión donde los reclusos se han convertido en fundamentalistas, aunque sus "firmes creencias" se vendrán abajo cuando aparezca por allí la Teniente Ripley, una Sigourney Weaver rapadita por culpa de los piojos.
Y, sí, al cabo de un tiempo interminable, porque la película es leeenta pero lenta, aparece un alien y anima un poco la cosa, pero tampoco tiene mucha importancia. Hay un problema de fondo que acaba por ser insalvable; mientras en la primera los tripulantes de una nave se encuentran involuntariamente con el horror, y en la segunda son los humanos quienes inician una ofensiva de resultados catastróficos, aquí no se ve la motivación, lo que deja la película desangelada, sin entidad. Lo más confortable sería hablar de un absurdo castigo divino en forma de aliens, pero no tengo ganas de devanarme los sesos con estas paparruchas. El declive estaba servido y, aunque tampoco importe mucho, es, de largo, la peor película de Fincher, incluso peor que la última, que ya es decir...
Saludos piojosos.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Trampantojos

THE GAME fue el esperadísimo trabajo de David Fincher tras su aplaudida SEVEN, un film controvertido y audaz que nunca renuncia a su condición de "género" y que pulsa con convicción algunas claves que luego serían perfectamente reconocibles en su cine. Personalmente, prefiero THE GAME a, por ejemplo su sucesora, THE FIGHT CLUB; principalmente por el gusto clásico de la primera frente al despiporre juvenílico de la segunda, de la que nunca he llegado a enterarme exactamente de qué leches iba... Bueno, hablando de ésta, diré que tiene un impactante arranque, que continúa manteniendo la emoción de lo inverosímil, que consigue dotar de veracidad un conjunto que juguetea constantemente con el desastre y que quizá debía haberse jugado el último as en un final que promete mucho más de lo que da, un final más apto para todos los públicos que el de SEVEN, obra maestra de lo macabro. En THE GAME se conjugan las obsesiones de Fincher en una carrera contrarreloj que lleva a Michael Douglas desde lo más alto (es un millonario sin escrúpulos ni emociones) a suplicar por mantener la cordura. Todo ello tras un ingenioso juego de muñecas rusas, desatado y sin aparente control por el curioso regalo con el que su hermano (Sean Penn como un arruinado crápula) le obsequia en su cumpleaños ("¿Qué se le puede regalar a un hombre que lo tiene todo?"). Una especie de "factoría de emociones fuertes" que precisamente tiene su punto más flaco en la reticencia de Fincher en ir un poco más allá y no resolverlo todo de la forma tan convencional que finalmente es utilizada. Desde luego, los entretenimientos han encontrado en David Fincher a su mejor valedor y estilista; mientras esperamos sus próximos proyectos, que no son pocos, no está de más ir recorriendo su excitante filmografía.
Saludos en juego.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Las siete virtudes capitales

No cabe duda de que David Fincher es, actualmente, uno de los puntales del cine norteamericano; uno de esos extraños casos que consigue aunar mágicamente el éxito comercial con el beneplácito de la crítica. Pero si hablamos de SEVEN, su obra más importante hasta la fecha junto, seguramente, a ZODIAC, deberíamos expandir las posibilidades e ir un paso más allá. Y es que vista ahora, catorce años después, SEVEN no es "una película más con cierto esoterismo, pareja policial y loco asesino pero inteligente a la par que retorcido". No. SEVEN fue el film que lo inició todo, y luego vinieron otras doscientas, algunas dignas, otras aberrantes, ninguna a tan alta altura.
Fincher propone al espectador adentrarse en una enigmática tela de araña en la que nada es casual y cada paso del dúo protagonista (Pitt y Freeman sentando cátedra de un cierto estereotipo) está friamente calculado para llegar a uno de los mejores desenlaces de la historia del cine; y no exagero, porque cada vez es más complicado que un final esté a la altura de las expectativas creadas y en SEVEN podríamos afirmar que esas expectativas son sobrepasadas con creces. Toda la urdimbre de los asesinatos "con causa", atendiendo cada uno a un pecado capital, es ingeniosa y mantiene al espectador con ese ansia de querer saber más; la película es entretenida, ágil, y reta constantemente a la inteligencia. Cuando todo esto ocurre y, sin embargo, lo mejor es reservado para el final, es cuando se puede hablar de obra maestra sin problema. Y se hace buena la frase del impresionante Kevin Spacey en su brusca y espectacular irrupción, ya al final, con la que es capaz de justificar sus horribles crímenes y dejar sin argumentos no sólo a los perplejos detectives, que no pueden creer que se haya entregado sin más, sino al mismo espectador, que asiste por primera vez a un desenlace donde todas las claves del género quedan subvertidas por una frase demoledora: "Si quieres que alguien te escuche no basta con darle una palmadita en la espalda, debes golpearle con un mazo".
Impresionante.
Saludos capitales.

jueves, 26 de febrero de 2009

¿Cuota cubierta?

Bien, no se me desmanden que ya hablé ayer de los oscar e iré desgranando poco a poco, film a film, la significativa caída en picado del certamen este año. La primera: THE CURIOUS CASE OF BENJAMIN BUTTON.
"Zapatero a tus zapatos" es un dicho muy útil que no sé si se emplea en el argot anglosajón, pero que a David Fincher le habría ido pero que muy bien. Primero: ¡TRES HORAS! Tres malditas e insufribles horas de "¡Mira qué peazo efectos digitales tengo! La historia, la narración, el sentido del ritmo, incluso las interpretaciones, es lo de menos... tengo máscaras que todo lo tapan. Y lo llevo, precisamente, al terreno que menos le interesa a Fincher, director que, por otra parte, sigo admirando ¿De qué nos habla exactamente esta película? ¿del paso del tiempo? No, puesto que este caso tan curioso es presentado como una enfermedad, muy improbable, pero enfermedad al fin y al cabo ¿Es un ejercicio posmoderno de cine fantástico? Vale, entendámoslo así, pero lo del "Benjamin Button" aventurero, enrolado en mil y un azares ¿no es un poco tramposo? El tiempo como elemento omnipresente, sí; pero también como marco idealizado para "Las aventuras de...", por lo que lo otro, lo del reloj hacia atrás, se me antoja rescatar por los pelos la premisa fundamental de Scott Fitzgerald. Sigamos; no sé si hacia delante o hacia atrás pero sigamos.
Fincher se ha consolidado, sobre todo, por insuflar un extraño aire malsano a obras de corte más o menos clásico. Si obviamos la apocalíptica THE FIGHT CLUB, el resto no es más que su personalísima revisión de Hitchcock, Mulligan, Renoir o Bergman; digamos su "filtro" americano de fin de siglo, pero que funciona y le ha dado prestigio. Aquí, todo esto desaparece. La música es (una vez más) esa pesada longaniza de acompañamiento, ensoñadora, vacua de sentimiento y mil veces repetida. La fotografía es empleada como vehículo ideal para esos personajes ideales (idealizados) incluso en medio de una desgracia. Las actuaciones, ya digo, las vemos a diario en los anuncios de la tele; esas actuaciones costumbristas, deshilachadas y maniqueas de "a cada uno lo suyo". El encargado, normalmente, de arreglar el producto con su ingenio y buen hacer, suele ser el director, pero al fin se le han visto las costuras a Fincher, al director dotado de un sólido y original discurso propio. Con lo bien que le habría salido un cortometraje; con lo bien que habría quedado buen actor de carácter como Jude Law; con lo que hubiese ganado la historia sin esos ridículos momentos de logro y superación patrióticos, más propios de FORREST GUMP, superior a ésta porque por lo menos tiene su gracia, y el sentido del humor es algo que tampoco domina bien Fincher.
En definitiva, un ladrillo de tres horas, hueco, sin gracia, repleto de poses y tics y al que sólo podría salvar el próximo proyecto de David Fincher si es cierto que esta broma pesada no era más que una ingeniosa forma de recaudar. Si esto es así, entonces puedo entender que un tipo con tanto talento se meta en estos berenjenales.
.sodulaS

domingo, 27 de abril de 2008

El bucle infinito

Miren esta foto. Es un gesto cotidiano, lo hacemos todos los días. Gestos como éste no suelen abundar en la ensimismada industria hollywoodiense; los gestos, las poses, son adecuadas al servicio de una sola causa: entretener. Y es esta negativa a hacer aparecer a los seres humanos como tales lo que ha contribuido enormemente a la progresiva caricaturización de personajes en el cine comercial americano.
Afortunadamente, hay casos excepcionales en los que un director asume su AUTORÏA y avanza abnegadamente hacia la madurez compositiva.
David Fincher tiene todas las papeletas para lavarle la cara al anquilosado parecer de las majors y, de paso, experimentar su propio crecimiento artístico, que no tiene nada de improvisado ni aleatorio. Fincher ha ido urdiendo una trama semejante a la que gusta de presentar en sus películas. Primero la presentación, espectacular al tiempo que comedida (extraño para un norteamericano). Después el mapa de la trama, recóndita, sesgada, quizá con una excesiva tendencia al despiste, pero con un indudable gusto por los detalles; el personaje no sabe, tiene que investigar, se hace humano a los ojos del espectador, harto de ver clones insultantemente autosuficientes. Finalmente el desenlace, lo que le ha hecho un hueco entre los grandes contemporáneos por su incontestable maestría en el arte de la paciencia. Un hito: conseguir que Brad Pitt sufra ante la cámara y que sea creíble.
Mucho de todo esto tiene ZODIAC, su último trabajo hasta la fecha, y mucho más, mucha más envergadura a la hora de acometer los temas definitivos para dotar de credibilidad una historia que, de no ser por esa inusitada madurez, se podría contar enterita en una columna del dominical.
Fincher podía haberse quedado (por enésima vez) con la típica y archirepetida fábula moderna sobre el atormentado asesino en serie, con sus típicas motivaciones de majara incomprendido etc... Pero no, haciendo honor, como dije antes, a su complicado modo de entender las cosas, riza el rizo de tal manera que incluso le cambia el género a la película y (probablemente sin saberlo) crea uno nuevo: el film de metadiscurso inducido. Toma ya!
Los personajes destruyen la idea original y van adueñándose de la misma mediante un proceso que en teoría es sencillísimo pero que a nadie, según parece, le interesa en este mercado de fruslerías. La cosa esa de la humanidad con la que abríamos. No unos atributos bien diferenciales, que resalten las virtudes y defectos, sino virtudes y defectos reales, que son incluso capaces de dañar el "buen" ritmo de la película para ser, en definitiva, un discurso vital coherente, clarificador.
El director-filósofo parece decirse: "Si no se puede no se puede. Quizá otros sí puedan, pero por qué darles paso precisamente aquí si desde el principio elegí qué cartas jugar".
No sé, es posible. El problema consiste en que aunque se siempre se puedan barajar las cartas, ninguna va a cambiar su faz original.
Saludos infinitamente indéfilos...














... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!