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martes, 3 de febrero de 2026

La casa del náufrago


CARTAS DE UN HOMBRE MUERTO es a la ciencia ficción lo que una crónica sin intereses espurios a una realidad que se mueve demasiado deprisa para ser comprendida en su totalidad. Todo lo contrario a lo que tan alegremente consumimos hoy día, imágenes y secuencias tan veloces que no permiten una crítica reposada y ecuánime. Lo tomas o lo dejas, aunque da igual, el propósito no digerir nada para desconocer si es bueno o malo. Lo vemos a diario con el fascismo a cara descubierta de Estados Unidos, que nos ha explotado en las narices como si no lo hubiésemos visto venir; ya lo tenemos aquí, y sólo hay una respuesta, el combate. Konstantin Lopushansky filmó su mejor película en plena crisis nuclear entre las dos grandes potencias allá por 1986; un angustioso, claustrofóbico y nihilista canto de derrota, asumida e inevitable, que representaba a una humanidad diezmada por el cataclismo nuclear, que sobrevive como ratas en bunkers subterráneos. Seguimos a Larsen, un viejo profesor, que no pierde la esperanza de que la humanidad aún pueda resurgir, por lo que envía cartas a su hijo a la superficie, aun sabiendo que no hay posibilidades de que haya sobrevivido al invierno nuclear. Mientras cuida de su esposa enferma, que sólo quiere morir de una vez, es incapaz de encontrar a nadie que comparta sus esperanzas, pues lo toman sólo por un pobre hombre que ha perdido la razón. La paradoja de este extraordinario guion está en esa imposibilidad de que podamos empatizar con este hombre, porque también somos conscientes de que no hay nada que hacer, excepto esperar, languidecer y morir. Igual da para ello un búnker soviético, un resort en Gaza o las calles heladas y manchadas de sangre en Minneapolis...
Saludos.

domingo, 8 de junio de 2025

Rincón del freak #651: La montaña del fin del mundo


 

Hoy, más allá de inmoralidades, transgresiones o frivolidades, vamos con una rareza genuina, por lo que de descubrimiento tiene. "HUKKUNUD ALPINISTI" HOTELL (EL HOTEL DEL ALPINISTA MUERTO) es una desconocidísima coproducción soviético-finlandesa, en la que un apartado hotel, en mitad de un paraje nevado, es el marco de una denuncia: un alpinista ha sido supuestamente asesinado. Hasta allí llega un inspector un poco cascado, que tras indagar un poco (muy poco, la verdad) determina que no ha habido crimen ni víctima. Cuando va a marcharse, un alud le obliga a permanecer en el hotel, donde conocerá íntimamente a unos inquilinos sumamente curiosos, hasta que efectivamente se comete un crimen, superando todas las expectativas del inspector, que cree estar ante una trama mayor de lo que parece. Imaginen una mezcla imposible entre BLADE RUNNER, LA MONTAÑA MÁGICA y DIEZ NEGRITOS, donde las conspiranoias, la ciencia ficción descocada y la intriga se dan la mano en ese no-lugar, al que es difícil acceder, pero imposible salir. Escrita por los hermanos Strugatskiy, parece un borrador de serie B de STALKER, quizá más juguetona, menos grave, pero muy disfrutable en todo caso.
Saludos.

martes, 11 de junio de 2024

Fenomenología del varado


 

Además de ser el protagonista de un film tan mítico como STALKER, al actor Aleksandr Kaidanovsky le dio tiempo, antes de fallecer con sólo 49 años, de dirigir tres películas, entre las que estaba GOST (EL HUÉSPED), que adaptaba el controvertido cuento de Borges "El evangelio según Marcos". Mucho se ha hablado de dicha historia, que identificaba a su protagonista, un culto y misterioso hombre que ha de pasar un tiempo forzoso entre un grupo de campesinos analfabetos, a causa de un fuerte temporal, con una encarnación desorientada y algo petulante de Cristo, aunque todo haga indicar que se trate de un visitante de las estrellas. El film es austero, filmado en escenarios naturales, y busca un pictorismo que logra a medias, objetivando al extraño protagonista en momentos de rutina, mientras recorre el ruinoso castillo donde se hospeda, inmediatamente abandonado por su anfitrión, tomando un baño o comiendo el alimento servido por los expectantes criados, que le piden a cambio unas lecturas que, lejos de instruirlos, ejercen el poder de la conciencia de clase, volviéndose contra su supuesto benefactor. Pese a su corta duración, es recomendable acercarse a este trabajo con paciencia, sin esperar encontrar a Tarkovski, sino a una voz menos elaborada, aunque con mucha de su elocuencia.
Saludos.

domingo, 6 de marzo de 2022

Rincón del freak #497: Las tres noches de la bruja


 

A vueltas con lo de Rusia, no se me ocurre una manera mejor de destensar el ambiente que con algo de cine de dicho país, aunque sería más ajustado decir la Unión Soviética, que fue donde se realizó esta curiosa cinta, hoy de absoluto culto, y que me parece una de esas pequeñas joyas desconocidas. Basada en una historia de Nikolái Gógol, VIY es un fascinante cuento de fantasmas, brujas, y otros seres sobrenaturales, que con muy pocos medios, y en apenas 70 minutos, pone en pie la estrafalaria peripecia de Thomas, un joven seminarista que tiene la mala fortuna de cruzarse con una bruja, en un día de permiso. La bruja le coge manía, lo eleva por los aires, y una vez en tierra es molida a palos por el joven, pero se convierte en una bella joven y Thomas huye despavorido. Al otro día, llega la extraña noticia al monasterio de que una joven recientemente fallecida ha solicitado, como última voluntad, ser velada durante tres noches por este mismo seminarista. Evidentemente, éste sehuele la trampa, pero es literalmente obligado a cumplir esta misión. Una vez allí, le esperan tres noches de espanto, en las que no podrá abandonar un pequeño círculo sagrado a su alrededor, mientras la bruja intenta infructuosamente dar con él. La película es una gozada, sobre todo para quienes disfruten con el festival de efectos rudimentarios, a cual más imaginativo, y un montón de soluciones ópticas que le dan la apariencia de un ballet alucinado, que nos llevarían a un Sam Raimi primigenio. La música, por si fuera poco, estaba a cargo de Karen Khachaturyan, sobrino del genial Aram. Además, me sirve esta reseña para recordar a su protagonista, el gran actor Leonid Kuravlyov, que precisamente fallecía hace escasos dos meses.
Altamente recomendable.
Saludos.

sábado, 26 de diciembre de 2020

El hombre y la tierra


 

Hay crónicas en esto del cine que, de no ser ciertas, serían carne de cualquier melodrama barato. Historias que nos hablan de lo mal que funciona a veces esta procelosa industria, pero también de lo injusta que es la vida. En 1975, Akira Kurosawa no encontraba financiación para seguir rodando, como suena. Uno de los grandes puntales del cine japonés no lograba filmar en su país de origen, por lo que simplemente se marchó, y lo hizo nada menos que a la extinta Unión Soviética, donde era venerado desde hacía años. Allí se embarcó en la que es una de sus mejores películas, y una de las mejores de todo el siglo XX (lo que es mucho decir en ambos casos), DERSU UZALA, que entre otros muchos premios se alzó con el oscar de habla no inglesa (¡a una película de producción soviética!). Me resulta muy complicado resumir una película tan grande, tan inabarcable, pero me es muy sencillo comprender lo bien que Kurosawa entendió el espíritu del libro escrito por Vladímir Arséniev, aquel cartógrafo que a principios del pasado siglo se topó con una persona extraordinaria en el lugar más inimaginable. Aquel hombre diminuto salió de la nada literal, de la inhóspita taiga siberiana, donde tenía su hábitat natural, el de un sencillo cazador que vivía solo desde la muerte de su familia por viruela, y que poseía una sabiduría infinita, siempre en consonancia y absoluto respeto por la naturaleza. La película, prodigiosa, escrita junto a Yuri Nagibin y con nada menos que tres directores de fotografía (su espectacular formato de 70mm sigue siendo imitado hasta la saciedad), es uno de los máximos exponentes, muchos años adelantada a su tiempo, de ese cine tan mal llamado "contemplativo", "paisajista", o simplemente "minimalista". No, porque DERSU UZALA por supuesto que integra el relato en sus rotundas imágenes, con largos planos secuencia rodados en exteriores, atravesados tanto de las disertaciones del personaje de Arséniev, fascinado por la progresiva amistad con el cazador nanai, y los lacónicos pero desarmantes parlamentos de éste, que parece conocer todos los secretos de la naturaleza sin dárselas de ser un hombre sabio. DERSU UZALA es una lección de vida escindida en dos partes, que ejemplifican el proceso de amistad entre estos dos hombres y su posterior despedida, para seguidamente volver a reunirlos algunos años después y culminar con la evidente inadaptación del hombre que ha vivido siempre al aire libre a la ciudad, donde languidece penosamente. 
Tanto en lo ético, lo estético y lo semántico, una obra maestra absoluta.
Saludos.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Vidas privadas #4



Hoy traigo una curiosidad, un film prácticamente olvidado hoy día, pero que en su momento tuvo cierta repercusión, quizá por estar nominado al oscar a mejor película de habla no inglesa en 1982, que era un año en el que las relaciones entre la Unión Soviética y Estados Unidos no pasaban por su mejor momento, o quizá porque el ganador fue Garci... No sé, pero CHASTNAYA ZHIZN (VIDA PRIVADA) fue la última película dirigida por Yuli Raizman, que llevaba casi dos décadas retirado de la dirección y logró su obra más personal ya con 79 años, desmarcándose de su habitual tendencia al panfleto y realizando un valiente retrato social, el de un hombre que es despedido de la fábrica donde lleva toda la vida trabajando pocos años antes de su jubilación. El guion, escrito por el propio Raizman, sigue su deriva y sus sueños truncados, las dificultades para encajar en una sociedad que ya empezaba a cambiar a marchas forzadas y su crisis matrimonial, agudizada por la aparición de una joven viuda en su vida. Una película que aquel año fue considerada la mejor de su país y que quizá haya quedado algo anticuada en su ingenuo tratamiento de un régimen comunista en los albores de la Perestroika, pero al que aún le costaba convencerse de su aperturismo, exactamente igual al personaje espléndidamente interpretado por el veterano Mikhail Ulyanov, con mucho lo mejor del film.
Saludos.

miércoles, 27 de junio de 2018

El color de la forma #13



ARABESKEBI PIROSMANIS TEMAZE (algo así como ARABESCOS EN LOS TEMAS DE PIROSMANI) fue el último cortometraje rodado por Parajanov. Ni un documental, ni una ficción, exactamente como corresponde a la sensibilidad creativa de su autor, una especie de puesta en escena con la que intenta revivir las pinturas de Niko Pirosmanizvili, pintor georgiano de finales del XIX y principios del XX, cuyos retratos parecen fotogramas directamente sacados de la obra del cineasta armenio. Ambas obras y artistas se retroalimentan en un asombroso juego de correspondencias, en los que el colorido, la exuberancia de las formas y el desafío compositivo logran esa sensación de salvajismo, libertad y, al mismo tiempo, profundo respeto por el íntimo significado de lo tradicional. Un corto imprescindible, que, una vez más, Parajanov sacaba adelante sin ayuda ni reconocimiento, apenas apoyado por su círculo más cercano, en un entorno social que siempre le había sido hostil, por la incomprensión y controversia que siempre despertó.
Saludos.

miércoles, 20 de junio de 2018

El color de la forma #12



El último largometraje filmado por Sergei Parajanov, junto a su inseparable Dodo Abashidze, fue ASHIK-KERIB, otra fábula maravillosa que mezclaba con sensibilidad incomparable, folklore, comedia, mitología, fantasía, romanticismo y un torrente de poesía visual. Narra la historia del joven del título, que, junto a su hermana y su madre, va a pedir la mano de su joven amada, pero que encuentra una negativa rotunda del codicioso padre, ya que Ashik-Kerib no es más que un pobre bardo sin fortuna. Sin embargo, logra convencer al padre de que logrará hacer fortuna como juglar por todo el país, y que no acceda a un matrimonio de conveniencia con un hombre rico pero cruel. Siguiendo la parafernalia visual empleada en su anterior trabajo, Parajanov redondea una historia tan fascinante en lo visual como cercana en su inocente historia de amor, que además sirve para asistir a un incesante festival de rituales, a cual más elaborado. El último trabajo de un grandioso cineasta, poco conocido en nuestro país, pero cuya leyenda ha ido en aumento a medida que su obra ha sido proyectada en festivales de medio mundo, creando la merecida fama de genuino autor de culto. Sirva como detalle aclaratorio del talante de este hombre, la emotiva dedicatoria que reza en su final a su amado y declarado como maestro, Andrei Tarkovski, que fallecía poco tiempo antes.
Saludos.

miércoles, 13 de junio de 2018

El color de la forma #11



Tras 15 años sin poder rodar, entre cárceles, injurias, ostracismos y otros cautiverios, en 1984, Sergei Parajanov encuentra en su amigo Dodo Abashidze la fuerza necesaria para poder filmar un nuevo film, y contra cualquier pronóstico, Parajanov vuelve a facturar una obra maestra de una belleza estremecedora. AMBAVI SURAMIS TSIKHITSA (LA LEYENDA DE LA FORTALEZA DE SURAM) mantiene las constantes visuales y conceptuales de su anterior obra (recordemos que 15 años las separan), aunque su narrativa se concibe como menos hermética y críptica, llegando a ser incluso convencional, en la manera que el cine de Parajanov puede ser convencional. La historia es fascinante, y cuenta la leyenda de una ancestral maldición que afectaba al pueblo georgiano cuando era atacado por sus enemigos y todas las fortalezas que construía se derrumbaban justo al colocar la última piedra. Pero los orgullosos habitantes de Suram no se daban por vencidos y consultaron a una bruja, cuya solución conllevaba un incalculable sacrificio: el joven más valiente debía emparedarse voluntariamente en una pared de la fortaleza. El film es una verdadera obra de arte, con los habituales encuadres fijos de Parajanov, pero aún más complejos, elaborando una suerte de tableaux vivants, apoyados en la excelsa fotografía de Yuri Klimenko y Sergei Sikharulidze. Una película que le valió un premio a su autor en Sitges y que mostraba al mundo la inclasificable visión de un maldito, a contracorriente, sí, pero quizá más por la controvertida incomprensión que su obra siempre arrastró.
Imperdible.
Saludos.

miércoles, 6 de junio de 2018

El color de la forma #10



Es difícil describir una película como SAYAT NOVA. Quizá sea mejor así. Los soviéticos acribillaron a Parajanov, lo encarcelaron, no le permitieron volver a hacer cine. Quizá haya sido mejor así, el martirio es indisoluble de la creación poética. SAYAT NOVA no es cine, es poesía. Sé lo que cuenta Parajanov, no es la vida del poeta, no es su obra, ni sus convicciones. Es su interior, lo que la gente no es capaz de comprender que es desatado constantemente en el alma sensible, en la mente creadora. Es una pulsión que pugna por derramarse, eyacularse en sangre amando tanto la fragancia como la podredumbre. La reivindicación de Parajanov, de SAYAT NOVA, no es tanto cinematográfica como ontológica. La gratitud es inmensa, devocional, y reafirma la orfandad del séptimo arte, la necesidad de otra voz pura e insobornable.
Maten al carnero, pisen la uva, esparzan las cenizas de un papiro que contenga el último poema de amor. Puede que así entiendan SAYAT NOVA. Escupan en las cuencas vacías de dios, derramen la leche legendaria, sometan su voluntad a la voluntad del niño. Quizá atisben algo del significado de SAYAT NOVA. O mejor sea no entender nada, por temor a quedar ciego para siempre...
Saludos.

miércoles, 30 de mayo de 2018

El color de la forma #9



En 1967, Sergei Parajanov filmó un cortometraje simplemente titulado HAKOB HOVNATANYAN, que era el nombre de un ignoto pintor armenio del siglo XIX. En apenas diez minutos, Parajanov recrea el estilo pictórico de Hovnatanyan, basado en retratos de la nobleza, y que contienen un extraño aura de tensa calma, al tiempo que denotan una maestría en el detalle inusuales, que el director explora en pequeños encuadres de dichos retratos. Finalmente, decide salir de las pinturas y abrirse a algunos rincones de Armenia, donde filma personas y animales (caballos, fundamentalmente) para encontrar el misterioso silogismo de este pintor, repudiado y sepultado por el tiempo, y que sólo ha tenido algún reconocimiento a mediados del siglo XX, cuando se empezó a valorar su impresionante dominio del retrato. Asimismo, el corto anticipa la gran obra cinematográfica del propio Parajanov, a la que ya empezaba a dar definitiva forma en su inquieta mente, y que será lo que les contemos exactamente en una semana.
Saludos.

miércoles, 23 de mayo de 2018

El color de la forma #8



Resulta imposible, además de inútil, conspirar acerca de qué podría haber llegado a ser KIVSKI FRESKI (FRESCOS DE KIEV) de no haber sido saboteada, mutilada y finalmente prohibida por las autoridades soviéticas, que en pleno 1966 determinaron que aquel amasijo de imágenes (que para algunos se alineaban con el surrealismo y para otros eran el germen de algo totalmente novedoso), compuestas en su mayoría por planos fijos tomados en un estudio, atentaban contra la honorabilidad y credibilidad del régimen... ¿Les suena? Sea como fuese, años después, un antiguo estudiante de cine logró comprar lo que se había salvado del material rodado por Parajanov, ya por entonces muy cuestionado e incluso investigado por el aparato coaccionador del régimen comunista, incapaz de digerir a nadie que no estuviese dispuesto a contar y cantar las "bondades" de lo que no era más que una dictadura. Yo les animaría a ver estos quince minutos en el Tubo, pese a que es cierto que resulta imposible encontrarle un sentido más allá de su poderoso sentido de la composición y su maravillosa y libérrima jerigonza de asociación de ideas. Los artistas, el estado, la represión... Y eso que ha pasado más de medio siglo...
Saludos.

miércoles, 16 de mayo de 2018

El color de la forma #7



Casi todo el mundo coincide en que la verdadera filmografía de Sergei Parajanov comienza con TINI ZABUTYKH PREDKIV (LOS CORCELES DE FUEGO, y también conocida como LA SOMBRA DE NUESTROS ANCESTROS OLVIDADOS), un deslumbrante, vigoroso e inclasificable poema visual acerca del amor, el amor puro, que todo lo puede y todo lo vence. Ya su enclave es complicado, una remota zona rural en los Cárpatos ucranianos a mediados del siglo XIX, un lugar duro y sombrío, dominado por la superstición y el yugo omnímodo de la religión católica ultraortodoxa, y donde las diferencias económicas son simplemente insalvables. Un hombre, efectivamente pobre y ateo, hastiado de su penuria, instiga al potentado local, hasta que éste lo mata en público, quedando impune por su condición social. La familia queda desamparada, aunque a esas alturas sólo la conforman la desconsolada mujer y su hijo Ivan, que, contraviniendo cualquier juicio, experimenta un amor puro e irrefrenable por Marichka, la hija del hombre que asesinó a su padre. Parajanov filma en estado constante de alucinación, y su estilo se alinea con Tarkovski y Jodorowsky, con un primitivismo "sofisticado" y un gusto por la antropología en bruto, con una cámara que no para de moverse o permanece en radical estatismo para extraer unos primeros planos como postales eternas. Es muchas cosas, tanto una lección de vanguardia consecuente, un homenaje a los Hutsul (etnia ignota donde las haya) o un hermoso paseo por esos sentimientos que van más allá del tiempo o las localizaciones geográficas. Hay mucho de eso en una gran cantidad de títulos actuales, pero al lado de esta maravillosa película parecen apenas un manual visual de autoayuda.
Saludos.

miércoles, 9 de mayo de 2018

El color de la forma #6



TSVETOK NA KAMNE (UNA FLOR EN LA ROCA) es, dentro de sus limitaciones, que son muchas, un curioso panfleto que, entre otras cosas, hablaba de la inauguración de una mina en un pequeño pueblo. Las otras cosas son las zalamerías de un joven para con una guapa moza, que sin embargo sólo quiere trabajar en la susodicha mina, mientras los intereses creados van surgiendo en cuanto los poderes fácticos (políticos y sacerdotes, sobre todo) pretenan sacar tajada del ambiene de prosperidad. Sí, en la Unión Soviética el adoctrinamiento era anticapitalista, y en torno a dicha premisa la gente se entretenía con leves amoríos o parcos musicales. No fue Parajanov un adalid válido para dicha cuestión, pero quizá hubiese imposible haber llegado a sus grandes obras sin curtirse en el noble arte del currelo alimenticio.
Saludos.

miércoles, 2 de mayo de 2018

El color de la forma #5



Rodada en 1961, UKRAINSKAYA RAPSODIYA (RAPSODIA UCRANIANA) muestra ya descaradamente la tremenda personalidad de Parajanov, incluso estando aún al servicio de producciones pro-patrióticas e indisimuladamente folklóricas. Ni tan siquiera el muy convencional inicio hace presagiar el desconcertante desarrollo de este canto de amor a la ópera, y más concretamente a sus intérpretes. El film arranca con una joven aspirante a cantante que se presenta a un concurso en París, gracias a su excelente trayectoria en el conservatorio ucraniano (perdón, soviético) en el que ha estado estudiando; inmediatamente, la joven comienza a rememorar su infancia campesina, la influencia decisiva de las canciones que le cantaba su abuelo y los amigos y amores que luego tuvo que dejar atrás para cumplir su sueño. Hasta ahí, nada que no hayamos visto, pero luego Parajanov se desata y realiza un montaje paralelo entre las imágenes de la cantante en plena actuación y los terribles desastres del Frente del Este, con la invasión de la frontera rusa por el ejército alemán y la defensa y resistencia soviética. Una película extrañísima, mucho más de lo que parece en un primer momento, que parte de una premisa convencional para desembocar en un ejercicio de experimentación, aún primitivo, pero que continuaba adelantando al cineasta que estaba por venir sólo unos años después.
Saludos.

miércoles, 25 de abril de 2018

El color de la forma #4



El primer largometraje, propiamente dicho, que Sergei Parajanov dirigió en solitario fue PERVYY PAREN (EL PRIMER CAMARADA), un ligerísimo panfleto acerca de las bondades de la vida campesina en la Unión Soviética. Mezcla de musical y comedia romántica, demuestra que el cine siempre ha estado más allá de las ideologías, y que se puede facturar un producto digno incluso al servicio de un régimen, en este caso el comunista. Y aun con toda la carga ideológica, la "blancura" de los diálogos y lo absurdo del argumento, emerge la mirada (es cierto que aún en ciernes) de un cineasta tremendamente imaginativo, con un sentido de la escenografía adelantado a su tiempo y que parece en constante búsqueda de una estética determinada. Esto sólo se empezaría a vislumbrar de manera parente unos años después, en sus obras más maduras, pero no deja de ser curioso el visionado de pequeñas peliculitas como ésta, realizada a finales de los cincuenta, sobre todo porque supone la constatación de que había cinematografías al margen de la gran industria norteamericana.
Saludos.

miércoles, 18 de abril de 2018

El color de la forma #3



DUMKA fue otro documental dirigido por Sergei Parajanov (esta vez para el Studio Film de Kiev), limitado a la filmación del coro Nacional interpretando diversas piezas, con la soprano B. Roudenka y el tenor M. Yegorov al frente, interpretando temas de Filippenko, Kropyvnytsky o Zhukovsky. En definitiva, un bonito espectáculo para los amantes de la música clásica y un nuevo paso adelante en la gestación del gran cineasta que iba puliendo pacientemente su estilo. Por lo demás, poco más que añadir en esta pequeña rareza de apenas media hora.
Saludos.

miércoles, 11 de abril de 2018

El color de la forma #2



El siguiente encargo de envergadura que recibió Sergei Parajanov fue un mediometraje que exaltara las bondades de la artesanía ucraniana, famosa por su inagotable inventiva y perfección técnica. Escultores, alfareros, pintores, orfebres y otros artesanos son los protagonistas de ZOLOTYE RUKI (MANOS DE ORO), un excepcional documental que sorprende al artista en el mismo momento de crear su obra, y que va mucho más allá del simple panfleto nacionalista, donde Parajanov continúa puliendo sus obsesivos encuadres y dando forma, asimismo, a su particular concepción de la puesta en escena, en tanto que estructuración del tiempo y el espacio, mezclando y cotejando los rostros, las vasijas, los tornos y figurillas, las joyas y los lienzos. Una explosión de formas y colores, puro Parajanov.
Saludos.

miércoles, 4 de abril de 2018

El color de la forma #1



Iniciamos aquí un necesario repaso a la filmografía de un cineasta único, dotado de una visión poética que se ha mantenido vigente a lo largo de varias décadas, influyendo decisivamente en la concepción ética y estética de incontables cineastas, sin cuyo legado no habrían ampliado sus fronteras estilísticas. Se trata del director de origen armenio Sergei Parajanov (en adelante usaremos esta traducción de su nombre), un artista (conviene remarcar la palabra) que maridó con una sensibilidad única disciplinas como la pintura, la escultura o la literatura para crear una dimensión absolutamente alejada de los cánones principales de la ortodoxia. Parajanov debutó en la dirección con una deliciosa fantasía de apenas una hora, ANDRIESH, en la que compartía responsabilidades con el ucraniano Yakov Bazelyan, adaptando un libro del poeta Emilian Bukov. La película, casi declamada, contaba la historia del joven Andriesh, un pastorcillo que pierde su rebaño a manos del temible Huracán Negro, una especie de demonio espectral que se divierte fastidiando las vidas de la gente sencilla. Andriesh, ayudado por el poder de la flauta mágica que pertenecía al héroe Voinován, que ha perdido a su amada a manos del mismo demonio.
El film se ve con absoluto agrado y, pese a que la dirección de actores de Bazelyan deja bastante que desear, se intuyen algunas de las constantes del cine que Parajanov desarrollaría más ampliamente en títulos posteriores, como su gusto por las composiciones humanas, los rostros y una puesta en escena deslumbrante. Un film menor en su filmografía, es cierto, pero que avanzaba algo de la importancia de su coautor.
Saludos.

viernes, 5 de febrero de 2016

German. Rodar pese a todo #4



Usted sabe que está ante la obra de un genio por dos razones. La primera es la más frecuente, y viene a constituir una sensación de plenitud difícilmente explicable, por lo que la "genialidad" es el género que alimenta el siguiente estrato, que es, no obstante, el definitivo y el definitorio. Treinta años después de su realización, MOY DRUG, IVAN LAPSHIN (MI AMIGO...) es una película que contiene gran parte, no ya del tipo de cine que German luchó por hacer en condiciones adversas, y que sólo logró, quizá, en su obra póstuma, sino de gran parte del cine que, huyendo de contemplaciones anémicas, es el más vigoroso y estimulante de lo que llevamos de siglo. La adptación de la novela. escrita por su padre, Yuri, en 1937, corrige y aumenta el valor de la misma, añadiéndole una complejidad formal que en su momento descolocó a la censura soviética, ya que no tenían muy claro de qué iba esa enrevesada epopeya familiar en la que, aparte de hablar mucho sobre banalidades, a los personajes tampoco les pasaban demasiadas cosas. He ahí el incalculable valor de MI AMIGO, IVAN LAPSHIN, que parece que habla de los recuerdos de un señor mayor, invocando a los fantasmas de juventud, encabezados por su gran amigo, para acabar conformando una terrorífica crítica al ascenso al poder de Stalin, y de cómo percibió la sociedad soviética el paso de un comunismo bolchevique a una dictadura totalitaria y salvaje. En largos planos-secuencia, German realiza un trabajo de precisión milimétrica, apoyado en la hiperrealista fotografía de Valery Fedosov y la maravillosa música del georgiano Arkadi Gagulachvili. Una película incómoda, extrañamente coral, que a ratos recuerda a Fellini o a Altman, que deconstruye para reconstruir y que, en realidad, nos ponía sobre aviso: German era un genio, pero nadie lo sabía...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!